A/N: ¡Otro capítulo y otra escena lemmon! Señores, así que ya lo saben. No descargo responsabilidades de traumas cerebrales. A partir de ahora todo lo que suceda será bajo tu responsabilidad. Qué título tan... sensual...
Hurricane
-IX capítulo: Sedúceme-
Kimiko despertó. Poco a poco fue tomando consciencia de su cuerpo. Sintió sus piernas, su cabeza, sus manos. Abrió los ojos paulatinamente. Se encontró en un lugar que no era su habitación. Las cortinas estaban cerradas. Estaba envuelta en una sábana, sin ropa encima. No podía recordar qué pasó con exactitud. Un dolor punzante se apoderó de sus caderas, reconoció que estaba en el Black Poison al escrutar su entorno, solo una persona conoce este lugar además de ella. Raimundo, malvada sea, se levantó. ¿En qué momento la sacó del restaurante y la llevó hasta acá? Por lo visto, mantuvieron relaciones, pero estaba inconsciente. De seguro fue él. Hizo un esfuerzo por levantarse e ir a la ducha. Kimiko se metió en la regadera y se restregó la cabeza, mientras se enjuagaba con jabón su cuerpo, lloraba de la impotencia. Sería raro que alguien conocido la viera puesta con su ropa de ayer. Menos mal que su cumpleaños caía un viernes. No hay universidad, no hay secundaria. Debía regresar a casa y cambiarse. No sería la primera vez que iría a pie. Se sorprendió de encontrar su coche "regalado" en su edificio, incólume, se extrañó. Entró a hurtadillas a su apartamento. ¿Tomoko se daría cuenta de su ausencia? Sí, ya iba entrando a su cuarto cuando vio a su hermana mayor sentada en su propia cama.
-Buenas noches, Kimi –dijo sarcástica. Su hermana casi nunca tenía una respuesta mordaz a no ser que estuviera enfadada.
-¡Tomoko!
-¿Se puede saber dónde estuviste toda la noche? Jack ha llamado durante horas, queriendo saber si estás bien. Apenas me fui, no volví a restaurant si no que regrese a casa. Confié que estabas durmiendo y no abrí esa puerta hasta hace unas horas, son las diez de la mañana y ¿cuál es mi sorpresa? No estás en cama, ni un mensaje, una llamada... Nada. Desaparecida. He estado preocupada, ¿quieres añadir algo?
-Lo que haga o deje de hacer no es tu problema. Cumplí la mayoría de edad y soy la única responsable de mis acciones, no te contesté porque tenía muy poca batería en mi celular –respondió la protagonista después de pensar, ¿Jack le habría dicho que anoche se fue con un hombre? Mejor no dar indicios o cualquier cosa, que ella diera el primer paso.
-Eso ya lo sé. Pero no debes de olvidar que soy tu hermana mayor y me preocupo por ti, tú y yo sabemos que no nos queda nada sobre este mundo que no seamos nosotras mismas y temí lo peor. No voy a insistir porque te conozco, empero te ruego que lo pienses dos veces antes de hacer algo como eso –ella asintió la cabeza y cruzó los brazos bajo el pecho- ¿y? ¿no me vas a decir si ya te sientes mejor?
-¿Ah?
-Jack me dijo que abandonaste la reunión porque te sentías mal y fuiste a casa, ¿qué tenías? ¿te cayó mal la comida?
-Tal vez, no lo sé con seguridad. Sí, ya me siento mejor –aseguró. Nota mental, se dijo a sí misma: Debo llamar a Jack. Tomoko la dejó para que se cambiara de ropa, empero no se molestó en ocultar que no estaba muy convencida con la respuesta de su hermana. Kimiko suspiro de alivio, no sabía lo del auto ni la pulsera y mejor todavía, de Raimundo. No podía imaginarse una cosa tan atroz como esa. Tal vez sería peor que ver a Chase y a Raimundo convivir en un mismo espacio. Tres meses para que el chantaje perdiera efecto.
Por otro lado, el aludido esperaba frente el Mercedes-Benz negro a su mayordomo/chófer. Hoy no quería ir a la oficina. Se tomaría un breve descanso. El Amo tenía para su vasallo una nueva tarea. Le gustaría que la cumpliera con mayor eficiencia, en contraste cuando le encargó vigilar a Kimiko. Le ordenó investigar específicamente a Chase Young. Había algo en ese hombre que no le agradaba, no consideraba que fuera un hombre totalmente limpio. Aunque Clay pensaba que Chase fuera uno de los hombres más correctos que había visto, aceptó la tarea (la recompensa sería en efectivo y él necesitaba la paga). Trataría de llevarle el informe a su Amo, mañana. Quería una biografía completa, cuál es su lugar de origen, su familia, su educación, si tiene antecedentes penales, etc. Algún "desperfecto debe tener ese hombre perfecto". Y lo descubriría.
-Intenta ser lo más meticuloso y rápido posible. Quiero conocer en detalles a mi enemigo.
-Puede considerarlo hecho, Sr. Pedrosa.
-También me gustaría que me consiguieras los contactos de mis amigos del bajo mundo porque me gustaría enviarle un mensaje a Chase de la tragedia que podría sucederle si sigue metiendo las manos en mi territorio. La actitud de ayer con respecto a Kim deja mucho que decir, él está interesado en ella.
-¡¿Quiere asesinarlo?! –preguntó aterrorizado.
-Asustarlo, Clay, asustarlo. Como una premonición de que Kimiko da mala suerte. Y quiero que se ejecute lo más pronto posible, ¿has entendido?
-Sí, señor –Clay hasta entonces rondaba en círculos por la vía, miró de reojo al retrovisor- ¿y adónde nos dirigimos?
-De compras –Clay puso una mueca- vamos a explorar la lancería femenina. Te gustará.
-A veces el Amo tiene unos gustos peculiares –pensó Clay.
Para "comprar" la coartada de su amiga Keiko de que estuvo haciendo su cumpleaños, tuvo dos precios: Decirle la verdad y/o regalarle una de las camisas que había comprado con el dinero de Raimundo. Kimiko prefirió la segunda. Keiko no recordaba nada de lo que pasó esa noche, estaba tan ebria que apenas abrió la puerta de su casa, vomitó sobre la alfombra. Keiko se encargó de convencer a Tomoko de que Kimiko no fue a su casa, porque estaba en la suya, se pasó de tragos y no podía sostenerse en pie. Kimiko, como buena amiga, la llevó a su casa y se quedó con ella toda la noche a causa de que se sentía indispuesta también. El que no se creyó ese cuento, pues sí estaba consciente, era Jack. Le advirtió a Kimiko, que omitió ciertos detalles a Tomoko de lo que en verdad sucedió porque no quería involucrarse en una masacre familiar, pero a cambio quería saber el motivo por el que no llegó a su casa, ¿a dónde realmente la llevó su jefe? ¿era cierto eso de que él y ella eran amigos cercanos?
Kimiko sabía que Jack no pararía hasta descubrir la verdad. Corroboró que eran amigos, se inventó una historia más o menos absurda de cómo se conocieron y añadió que Tomoko no sabía de él porque Raimundo tiene fama de "playboy", y probablemente su hermana no iba a permitirlo. En ese día se sentía tan mal, que fueron hasta su casa porque les quedaba más cerca y se durmió allí. Fin de la historia. Jack arqueó una ceja y fingió creerle. Arrojó una piedra a un estaque de patos (paseaban en el parque). Y pasaron a otro tema. Kimiko sabía que el tema favorito de su amigo era hablar de él y le consintió que le contara sobre él, Jack se despistó rápidamente y contó que su proyecto había sido aprobado en la compañía de su jefe. Se sentaron a orillas de la grama y Kimiko sacó de su bolsillo: Pudín de chocolate para él y para ella.
-¡Pudín! ¡no lo olvidaste!
-Tendrás otro look de pelo, pero sigues siendo el mismito de siempre –sacudió su cabeza-. A la cuenta de tres... Uno, dos y...
Kimiko había olvidado lo bien que se sentía estar con Jack. Prácticamente es el único chico que la hace sentir ella misma y le parecía bien que haya superado "su enamoramiento hacia ella". Recordaron los viejos tiempos: Los matones lo golpeaba y ella los golpeaba a ellos; la serenata en el balcón, la declaración de amor en la cafetería, las flores en San Valentín. Aun recordaba esas ocasiones. En cuanto a Chase... La misma historia, se le notaba preocupado, quería saber si se encontraba bien después de su pequeño malestar en la reunión. Kimiko se disculpó de haber echado a perder la reunión, pero ya se encontraba mejor. Chase sonrió y la excusó, uno no tiene la culpa de los problemas que se generan dentro del cuerpo, con un deje de voz tímido le preguntó si era mucho pedir que viniera al desfile de modas en el que iba a estar su hermana Sombra. Tenía dos entradas y ella insistía que viniera. Kimiko estaba sorprendida literalmente.
-Vaya, su hermana es muy amable.
-Piensa que con esto podrían comenzar a ser grandes amigas. Y dígame, ¿tiene planes para este domingo?
-Jamás he ido a un desfile de modas. ¡Podría ser divertido! ¡acepto! –afirmó.
Si bien estaba ajetreada con las tareas de la universidad y los exámenes se acercaban puesto que se trataba de su último semestre y culminaría graduándose. Kimiko no desaprovecharía una oportunidad de estar con Chase. Adaptó un pequeño espacio para asistir en su agenda electrónica donde tenía organizada su lista de tantos deberes. Las pesquisas de Raimundo sobre Chase Young llegaron hasta sus manos: Nació en CosmosXiaolin (al igual que él), su educación en secundaria era la misma escuela dónde es director, sus notas eran tan altas que le promovieron una beca para estudiar en el exterior y se graduó con honores. Tenía a una hermana llamada Sombra. Sus padres, divorciados cuando Young era un niño, actualmente difuntos. Leyó los nombres de los padres. Raimundo arrugó la nariz. Por un momento... No, no. Cabeceó y se fue con la siguiente página. Libre de antecedentes penales. Patrocinaba un refugio para felinos. Este material le era inútil. Raimundo soltó una maldición entre dientes. "A la mierda el papeleo", añadió tirando el informe de Clay. ¿Qué opción tenía? Proseguir con la ejecución del pequeño asalto. Había visto hace poco en el periódico que la ciudad iba a ofrecer un desfile de modas en el que participaría la hermana de Chase, Raimundo pensó que esa sería la ocasión que estaba esperando para atacar a su oponente en su propio terreno y comprobar su autoridad.
La llegada de abril, significó un depósito en su cuenta bancaria para ir de compras y quizá visitar el salón de belleza recomendado por Raimundo, necesitaba una sesión antiestresante por la presión de la universidad. Recibió un obsequio: Un camisón para dormir de satén, durazno, lujosísimo, enormemente suave y cómodo. De tirantes, apenas llegaba a cubrirle mitad de sus muslos, un escote sensual y descubierto por detrás. Esta prenda sólo la podía usar los que tenían el suficiente presupuesto como para pagarla (y una estudiante no contaba con ese dinero). Debía esconderla de Tomoko o si no formularía preguntas. Pensó en esconderla al fondo de sus gavetas y jamás sacarla de allí. Pero ¿una adicta a la moda como Kimiko rechazar un satén tan fino y tan caro? No resistió la tentación de ponérsela. Se miró frente el espejo. Oh, qué interesante, Raimundo mandó a garbar sus iniciales: KT, en el lado izquierdo del pecho (bueno, él es zurdo). Se sentía como una mujer millonaria. Raimundo preguntó por correo si el regalo había llegado y si le gustó.
-Para ser un hombre, tienes muy buen gusto –admitió cabizbaja.
-Mi dulce niña –dijo con voz dulce-, te mereces eso y más. Satén, flores, coches, pulseras, zuecos, encaje blanco... No importa lo que luzcas o lleves, te ves preciosa de todas formas.
Kimiko se preparó con una hora de anticipación para arreglarse en su "segundo encuentro con Chase". Escogió una blusa pecho Parma rosa, unos pantalones ajustados con cinturón negro, calzó tacones de Animal Prink estilo pantera también rosa y un prendedor adorna su hermoso cabello. Alguien tocó a su puerta mientras se cepillaba el cabello, su hermana. La chica bajó el volumen a su mini estéreo y permitió el paso a Tomoko (tenía la costumbre de escuchar música tecno cada vez que debía emperifollarse para una cita). Desde que pasó lo de su cumpleaños, no se dirigían la palabra. Alcanzaban a saludarse a duras penas. Estaban "peleadas". Insólitamente sucedía. Aunque eran diferentes congeniaban bien. Tomoko miró los libros y los cuadernos de la universidad de su hermana tirados sobre su cama. Allá en la sala dejó la computadora prendida con el trabajo abierto, la apagó en lugar de ella, pero no quiso reprendérselo. Y en la mesa, las pruebas a medio corregir de los chicos de Saint Hui. Se sentó en su cama, sin decir una palabra. Kimiko remojó un pincel en la sombra de ojos y con ello delineó sus ojos, el lápiz delineador era malo para los párpados según había leído.
-¿Hoy es el desfile de modas?
-Sí.
-Qué bien... ¿hasta qué hora termina?
-Pienso que llegaré tarde.
-Oh, ¿Chase te traerá o necesites que yo...?
-No te preocupes, Tomoko, Chase pasará a recogerme y volveremos juntos –dijo fríamente.
-¡Kimiko, yo...! ¿Todavía sigues enfada conmigo, cierto?
-No, ¿por qué debería de estarlo?
-Porque te conozco, somos hermanas y Kim, quiero que todo entre nosotras quede en paz. No me gusta cuando discuto contigo, ¿de acuerdo?
-A mí tampoco me agrada pelear contigo. No tienes de qué preocuparte de nada, estamos en paz desde hace tiempo –aseguró. Tomoko ladeó la cabeza y cambió de tema, incómoda.
-Bien, si es así... ¿te conté que Jack me invitó a salir? –Kimiko se sorprendió, la miró por el reflejo en el espejo.
-¿En serio? ¿a dónde?
-Eso no importa, lo rechacé.
-¿Por qué? Jack es genial y para nada malintencionado. Los buenos hombres escasean. Y ya quizás sea tiempo que tengas tu pareja, tienes un trabajo y una vida, es lo único que te falta ¿no te parece? Además, no sería malo tenerlo de cuñado.
-No pienso que esté lista para eso.
-Oh por favor, Tomoko, no te estoy diciendo que te cases con él si no que vayas a divertirte y si te gusta, pues date un chance. Si no, pues déjalo como amigos. Pero si quieres quedarte sola, no te lo voy a reprochar, tampoco por la falta de un novio una mujer es incompleta.
-Tal vez tengas razón.
-¡Claro que la tengo! –sonrió Kimiko, se levantó y se paró delante ella- ¿cómo me veo?
-Irresistible –reconoció su hermana con una sonrisa.
Tomó sus manos y le deseó mucha suerte. Escucharon un claxon. Kimiko asomó la cabeza por la ventana del cuarto, ¡Chase! Podría distinguir el coche, él la llevó hasta su casa en los primeros días de conocerse. Igual que una quinceañera, Kimiko salió del apartamento como una flecha y bajó las escaleras. Lo saludó sonriente. Sombra, por ser una de las modelos, no los acompañaría camino al desfile. Estarían juntos desde el inicio hasta el final. Cuando vio por primera vez a la chica. Chase no pudo contenerse en ruborizarse levemente.
-¡Estoy lista para irnos! ¡cuando quiera!
-Estoy contento de que haya aceptado en venir, no podía esperar nada mejor. E-está muy linda, aunque el rosado no sea mi color favorito, te queda bien... o sea, quiero decir, vamos a entrar en el coche. Hace un poco de frío, ¿no crees?
-Sí, Sr. Young. No hay que perder el tiempo.
Caballerosamente, abrió la puerta a Kimiko en el asiento de al lado al conductor. Y durante todo el evento de modas, nunca soltó su mano (sabía que ella lo quería desde un inicio). La luminosidad en el ambiente matizada, el aire frío, la gente conglomerada, los críticos en los primeros asientos evaluando cada minúsculo detalle, la prensa que arrojaba fotos sin parar, la pasarela iluminada por focos, las pantallas que capturaban los ángulos de las modelos y las expresiones que contraía el público, los efectos especiales, la música instrumental con una acústica que sonaba en las esquinas producto de unas cornetas de buena amplificación, el decorado, el tema (primavera) y una mención especial para las verdaderas protagonistas de esta noche, las modelos que lucen sus despampanantes vestidos. Kimiko disfrutaba más que el mismo Chase. Al inicio ellos estuvieron esperando alrededor de una hora mientras se llenaba la sala y se preparaban allá adentro. Luego el propio diseñador dio la bienvenida a todos e hizo la invitación para regocijarse entre tanta belleza. Cada modelo que salía, cada crítica constructiva (maneras de rediseñar la ropa) o prenda bonita que señalaba la chica. Él, ni idea de lo que estaba hablando, pero le gustaba verla sonreír: Se asemejaba a un niño en una dulcería. A Sombra la dejaron para el final con el mejor traje, uno oscuro que fascinó a Kimiko y caminando junto a ella, el diseñador. La gente aplaudía ferviente. Kimiko pensó en Keiko, a ella le hubiera encantado venir. Prometió contarle los detalles del evento.
-Pienso que ese le quedaría bien.
-¿Usted cree?
Al lado de esa joven universitaria, Chase se sentía también otro joven universitario. Acabó el desfile. Dos horas exactamente. Ser el hermano mayor de una de las modelos, tenía sus ventajas para pasar tras bambalinas. Esperaron hasta que les autorizaran el pase y fueron a saludar a Sombra en su camerino estrella. El equipo de estilistas, los vestuarios (algunos de los maniquíes lo lucían espectacularmente), el tocador, el maquillaje. Era un camerino muy amplio, con una alfombra de lino en forma de media luna color amarillo. Un lujo. Kimiko estaba encantada. Sombra saludó a su hermano y a la chica con un abrazo y un beso en cada mejilla, se veía más descansada y tenía puesta encima un abrigo de piel. Sonriendo de oreja a oreja, le agradeció que haya aceptado en venir y su apoyo.
-Kimiko, no he tenido oportunidad, pero admito que mi conducta anterior fue vergonzosa y quiero disculparme. Es más, me gustaría que fuéramos amigas a partir de ahora. Si tú eres amiga de mi hermano, significa que también debemos llevarnos bien, ¿no piensas igual?
-Sí, creo que sí. Hoy estuviste magnífica. La que debería darte las gracias soy yo, de no ser por ti no sería invitada.
-Por nada. Chase, me voy a quedar un rato más, no te preocupes por mí. Puedo conseguir que me lleven, no quiero que te quedes esperando; llevar a Kimiko a su casa, es tarde y tú y yo sabemos cómo es la presión en la universidad.
-Tienes razón.
Chase hizo un ademán. Antes de salir del desfile. Serpentearon en la muchedumbre que iba entrando y saliendo. Kimiko tenía la garganta seca, se le antojó ir por un vaso de agua fría y creyó haber visto un filtro cuando llegaron. Chase accedió en esperarla, mientras tanto iba a buscar el coche en el estacionamiento. Kimiko asintió. Seguimos al director, se separó de la chica, quien por primera vez estaba solo. A veces los mensajeros no tienen que ser bastante obvios, si no pueden disimular y esconderse entre el público para luego darse el cambio. Se dirigió a las escaleras y las bajó. Recordaba haber dejado el coche en penúltimo lugar hacia la tercera fila. Iba revisando las llaves cuando fue atacado por unos hombres encubiertos, lo tomaron desprevenido.
-¡¿Q-qué están haciendo?!
Chase trató de defenderse, pero no podía hacer nada contra el arma que apuntaba su cabeza. Kimiko botó el vaso desechable en la papelera y fue en busca de Chase. Grande su sorpresa cuando unos hombres se lo llevaban arrastras a una camioneta negra.
-¡Chase! ¡SEGURIDAD!
-¡Kimiko, por favor, no! ¡vete! –gritó Chase, quien botó las llaves al piso intencionalmente.
Las órdenes del Sr. Pedrosa fueron bien explícitas: Sólo les interesaban al hombre. Pero ella no iba a permitirlo, sin saber exactamente qué hacer, corrió como si pudiera hacer algo para evitarlo. Lo empujaron adentro y se escaparon velozmente. Kimiko decidió seguirlos, sabía que sus pies no eran más rápidos que los neumáticos de ese vehículo, los siguió con la vista hasta desaparecer en la esquina. ¿Qué podría hacer? Se dio cuenta de un brillo que refulgía desde el suelo, se agachó y recogió las llaves. Deben de ser las del coche. Seguro que sí, lo hizo adrede. Corrió hacia el automóvil y lo encendió, pisó el pedal a fondo. Y se echó hacia atrás, giró sobre sí y siguió el mismo rumbo que los secuestradores, esperando no perderlos de vista. Percibió que fueron hacia la derecha. ¿Qué le iban hacer?, pensaba aterrorizada, lo importante es rescatarlo (mientras llegaba la policía) si se descuidaban, podría acercarse y ayudarlo. Los criminales no tenían intenciones de mantener a Chase cautivo en un sitio aislado de la ciudad, sino de dar un paseo a punto de pistola. Por el retrovisor, se fijaron que Kimiko se lanzó en una persecución contra ellos y cada vez estaba más cerca. Es una mujer decidida y sin tapujos. No podían lastimarla siendo "la sumisa del Amo", desistieron por temor a ser atrapados y aceleraron, tomando una ruta que indicaba un sentido contrario. Los otros coches cedieron el paso. Las llantas lamieron las orillas, montándose en la acera. Frenaron y dejaron a Chase el mensaje: Por nada del mundo se acercara a Kimiko.
-¡¿Qué?!
Abrieron la portezuela, lo tiraron contra el piso y volvieron arrancar. Kimiko llegó minutos después, se bajó del auto y corrió hacia él, aterrada, tirado en el suelo. Trató de reintegrarse, el impacto de la caída lo dejó sin aliento. Su brazo derecho, apoyó todo su peso cuando lo empujaron. Se balanceó hacia adelante y se agarró del brazo, conteniendo el dolor.
-¡Chase, Chase, ¿estás bien?! ¡¿te hicieron algo?!
-Sí, estoy bien gracias a ti –balbuceó. Kimiko se abrazó a Chase sin pensarlo dos veces.
-¡Me asusté, temí lo peor, por un segundo creí que...!
-Sí, también lo pensé. Afortunadamente, nada pasó –respondió, rodeándola con sus brazos.
La operación fue un fracaso (si bien el mensaje llegó a oídos del susodicho) por culpa de la propia Kimiko que interfirió. Raimundo estaba furioso. De no ser por ella... Chocó el puño contra la mesa, frustrado, seguro que en estos momentos debe de estar abrazada a él. Es una mujer inteligente, a lo mejor memorizó la placa del vehículo o le tomó una foto. Volvió a coger el teléfono y dio una orden más: Cambien la placa, trancó la llamada. Es posible que ella lo acompañe para hacer la denuncia al día siguiente y es ahí cuando debo aparecer para apoyarlos, no hay otra salida, maquinó Raimundo. Extendió el brazo, cogió un bolígrafo y se puso a jugar con él. Maldición, quiso separarlos y logró unirlos todavía. Kimiko y Chase regresaron al evento. Resultaba inédito que unos hombres pudieran infiltrarse en el desfile si se supone que había bastante seguridad. La única explicación era que se hicieran pasar por el público, ¿qué buscaban con secuestrar a un hombre como el director de Saint Hui? No lo asaltaron. Chase presintió que no iban a llegar muy lejos con esto del secuestro.
-Pero aún así, Chase no puedes quedarte con los brazos cruzados. Debes hacer la anuncia.
-Gatito, ella tiene razón –secundó Sombra.
Chase no quiso decirle a ninguna el mensaje de los secuestradores. Una pequeña parte de sí mismo le aseguraba que todo este teatro fue para asustarlo, la pregunta: ¿Quién es el dueño del teatro? Tal y como pensó Raimundo, Kimiko se comprometió a ir con Chase para hacer la denuncia, verían si en las cámaras aparecía la placa del vehículo de los secuestradores y la llevarían ante las autoridades. En cierta forma, esto los había unido hasta tal punto que Chase le "pidió" que se dejara de formalidades y podría tutearle. Luego de compartir una experiencia terrorífica, era lo menos que podía hacer. En medida que el tiempo transcurría, parecía contarle cosas sobre sí mismo e inversamente, siendo bastante allegados. Mañana, lunes, irían juntos, al final del día de la universidad. Él iría a recogerle (sí, Kimiko no le había dicho todavía que tenía su propio auto, ¿por qué será?). Por nada del mundo contaría a su hermana que Chase casi era secuestrado y ella estuvo en grave peligro, enloquecería y su amiga... No, diría que fue un bonito desfile con un final feliz. Pensándolo bien, también se le hacía raro que guardias de seguridad se hicieran la vista gorda con algo tan sensible y desde que conoció a Chase, lo anormal formaba parte de su vida. Esto era bastante extraño, concluyó. Apenas el horario de la universidad se terminó, fue hacia donde él la esperaba.
-¿Estás segura que quieres hacer esto? –indagó, deteniéndose ante el primer semáforo.
-Claro que sí, es lo correcto.
-Kimiko –hizo una pausa, examinando cuáles serían las palabras adecuadas- eres una mujer valiente. No cualquiera se atrevería a hacer lo que hizo ayer, puso su vida en peligro a costa de salvar la mía y eso es el acto más noble que haya visto jamás. Cuando debió llamar a la policía, tomó cartas en el asunto y créame que estoy feliz que no haya pasado nada serio, si te hubiera pasado algo no me lo perdonaría. Le estoy eternamente agradecido.
-No vale, hice lo necesario. No pienso que se me deba considerar una heroína, además que usted... digo, tú me arrojaste las llaves del coche –Kimiko no se acostumbraba a tutearle (en frente de él).
-Ah eso... pienso que formamos un buen equipo.
-Coincido totalmente contigo.
Cambió la luz. Siguieron, acudieron a las instancias de seguridad correspondientes y como obviamente no eran los únicos que tenían problemas que necesitaban de una investigación penal, tuvieron que esperar. Éste se encargaba solamente de la investigación de los delitos y miras posteriores a la aplicación de justicia en los órganos competentes. Chase le comentó a Kimiko que su problema lo convirtiera en el centro de atención (al menos del colegio, por tratarse del director), quería salir de eso cuánto antes y quiso que Kimiko guardara silencio del tema. Casualmente, a esas horas, Raimundo se comunicó con Kimiko por celular. Se excusó con Chase para atender la llamada aparte. Si los llamaba, él podría ofrecer sus declaraciones por ser la víctima y luego ella, siendo la única testigo ocular de los hechos delictivos que contaba con una cámara de seguridad. Por suceder en los ámbitos de un evento privado, también tendrían que hablar los encargados, pero sería más adelante. Total, nunca permitían que fueran juntos. Siempre era en privado y uno por uno.
-Hola nena, ¿qué haces?
-Estoy en casa, estudiando para la universidad.
-No, no. Eso no es cierto, más te vale que me digas la verdad porque estoy parado frente de tu edificio y nadie me atiende el intercomunicador –mintió.
-Bueno, está bien. Tú ganas, estoy con Chase, ¿satisfecho?
-Y no me lo dijiste porque creíste que me iba a poner celosito, ¿no? Mi dulce niña, siempre pensando en mí, es una pena porque quería invitarte a pasear en Dojo, me temo que será en otro momento.
-No, no te lo dije porque no tengo que estar diciéndote lo que hago las veinticuatro horas de un sacrosanto día. Necesito mi espacio, así que si no tienes más nada que decirme, chao...
-No hay necesidad de ser tan hostil, princesa, por favor. ¿Estás enfada porque interrumpí una cita? Te recuerdo que desde Clay no te vigila, no puedo saber qué haces.
-No, esto es un poco más serio.
-¿Más serio? ¿sucede algo malo? –Raimundo sonrió. Kimiko le hacía el trabajo más fácil.
-Raimundo no puedo hablar, de verdad. Estoy en proceso de hacer una denuncia.
-¡¿Denuncia?! –Raimundo imprimió en su tono de voz un deje de sorpresa- ¿es que por fin abriste los ojos y decidiste denunciar a Young?
-Muy gracioso. Estoy con él haciendo una denuncia porque ayer ocurrió algo grave y si no te importa, hablamos más tarde.
-Si eso quieres, hasta luego, nena –Raimundo colgó la llama, sonrió maquiavélico- hora de hacer una visita a la casa de los Young –en la carpeta del informe que levantó Clay sobre su rival, buscó la dirección de su casa y la subrayó con un resaltador. Llamó a su secretaria, le informó que cancelara todas sus citas y se disculpara con su padre, pero tenía compromisos pendientes.
Kimiko y Chase salieron del órgano de seguridad alrededor de una hora. Allá se encargaron de transcribir en la computadora las declaraciones de ambos y tan sólo había que esperar. Y fue cuando Chase sugirió a Kimiko llevarla a su casa si no es molestia. Su hermana Sombra estaba en casa esperando, le prometió que le revelaría los entremeses, como quien dice, de cuando le tomaron declaraciones y además, quería compensar de alguna forma lo del día de ayer. Kimiko brincaba de la felicidad emocionada de tal invitación, sin embargo, disimuló y aceptó. Le sonrió. Sombra y Chase no vivían en un condominio si no en una adorable casa dúplex de ladrillo, con un aspecto sombrío, que heredaron de su madre cuando falleció. Se hizo notar el olor al almizcle cuando llegaron. Chase aseguró que tanto él como su hermana mantenían inciensos y velas encendidas unas horas, practicaban el Tai-Chi y la meditación como técnica antiestrés*. La casa era súbitamente elegante y bien conservada, contrataban a una dama de llaves para hacerle la limpieza cada sábado, le refirió. No tenían el patio más lindo del mundo, pero es que ninguno de los dos tenía tiempo para la jardinería (y era una de las pocas cosas que Chase no le gustaba presumir). Kimiko le restó mera importancia, ya que al vivir en un apartamento, el jardincito es de todos. Se paralizó del terror al reconocer el Mercedes Benz negro de Raimundo y al mencionado sentado en la sala, platicando con una Sombra bastante coqueta. Mínimo parpadeaba cinco veces por minuto para lisonjearle.
-¡Hermano, Kimiko, vinieron! Miren a quién tenemos de compañía: Raimundo Pedrosa, el futuro dirigente de una corporación de automóviles.
-Sr. Pedrosa no sabía que vendría aquí –ladró Chase.
-Ni yo hasta hace poco –miró de reojo a Kimiko-. Me enteré de lo que ha pasado, vine aquí a comprobarlo por mí mismo y su hermana, Sombra, me ha contado en líneas generales lo que ocurrió ayer en el desfile. Sr. Young, decidí quedarme a esperarlo para decirle que puede contar con todo mi apoyo en lo que necesite. Esperemos que las gestiones se realicen lo más rápido posible para atrapar a los culpables de este hecho tan repudiable.
-Es muy amable de su parte. ¿Quién se lo dijo? –Chase vio por el rabillo del ojo a Kimiko, el único nexo en común entre ambos.
-No culpe a Kim por mí culpa. Ella no quiso decirme, mi curiosidad fue quien me trajo –la hipocresía de ambos era tan escuálida que terminaría matándolos y Kimiko en el medio- no sabía que Kimiko vendría con usted. De haber sabido antes no habría venido, lamento haber arruinado el momento. No pienso quedarme mucho si no al contrario...
-Pero Raimundo, no te preocupes, todo queda en familia. Los amigos de Kimiko, también son amigos nuestros y serán bien recibidos en nuestra casa, ¿no te parece, Chase? –Sombra buscó el apoyo de su hermano, el cual se limitó a asentir con la cabeza. Kimiko sentía un nudo en el estómago. No podía seguir parada allí.
-Chase, antes de que nos sentemos con Sombra a hablar de lo que pasó o que me muestres la casa. Llegué con ganas de ir al baño, ¿podrías mostrarme dónde está? –preguntó.
Chase la llevó personalmente hasta el segundo piso, mano a la izquierda. Primera (y única) puerta. La dejó sola para que se aderezara. Cerró la puerta tras ella. El baño era de cerámica con una bañera/ducha, el cuarto blanco transmitiendo un mensaje de pureza y tranquilidad, reducido era el espacio. El botiquín a una esquinita. La lámpara incandescente encima de su cabeza. Había un perchero con dos toallas, una corta y otra larga. El baño era muy limpio. Kimiko se inclinó sobre el lavamanos, giró el grifo y un chorro de agua salió. Recogió entre sus manos una laguna y se la echó en la cara. Enjuagándose. Otra vez. Apoyó las manos y se miró en el espejo. Escuchó la puerta abrirse y cerrarse. Levantó la mirada. ¡¿Raimundo?!
-¡¿Qué haces aquí?! ¡tú no deberías estar aquí!
-Ha llegado la hora loca.
-¡Este es el baño de mujeres, no puedes entrar así! ¡¿no eras quien hablaba de discreción?! ¡no podemos, nos descubrirían!
-¿Y qué más da? No me importa. Hiciste un trato conmigo y tienes que cumplirlo: Cada vez que yo lo ordenara, serías mía. Y quiero poseerte.
-Dime una cosa: ¿Fuiste tú quien envió a esos hombres a atacar a Chase, no? ¡sé sincero!
-Me conoces mejor que nadie –sonrió.
-¡Y ni siquiera lo disimulas! Qué cínico eres, ¡¿por qué lo hiciste?!
-Porque puedo –Kimiko se llevó las manos a la cadera, incrédula- porque se está metiendo con mi chica.
-¿Qué parte de que yo no soy tu chica no entiendes, Raimundo? Déjame salir, tengo que estar con Chase allá abajo –Raimundo la detuvo, agarrando sus brazos fuertemente, pero no lo suficiente para lastimarla, nomás para mantenerla cerca y obligarla a verse a los ojos. La soltó.
-Se me terminarán los condones, pero me da igual, no te puedes ir sin que me complazcas –rodó los ojos- Kimiko Tohomiko eres la mujer más insaciable, desquiciante, enloquecedora que he conocido en mi vida. Nunca quedo satisfecho, solo quiero más y más. Y créeme, yo nunca he deseado más de una mujer hasta que te conocí. Soy incapaz de resistirme a ti, es como si estuviera hechizado por el canto de una sirena: Te tengo impregnada en mi piel, el olor de tu cabello, el color de tus ojos, el beso de tus labios. Mi cuerpo no desea a otra que no seas tú y no me marcharé –Raimundo comenzó a acercársele, Kimiko iba retrocediendo. Pronto no tenía lugar a dónde huir- hasta obtener lo que quiero, Kimi, despídete de una vez de tu inocencia. Vamos hazlo. Te necesito aquí... y ahora.
Kimiko suspiró profundamente y se dio la vuelta. Dándole la espalda. Se bajó rápidamente la minifalda plisada, agachándose. Volvió a erguirse lenta y sensualmente, presionando y pegándose contra su cuerpo lo más que se pudo. Ascendiendo por sus piernas, sus muslos y la entrepierna. Raimundo no encubrió su gemido, evidenció la sensación de algo duro que presionaba en la parte baja del abdomen. Colocó sus manos alrededor de la cintura. No es suave. No es suave. Sus dedos se sumergieron en sus bragas y presionaron en su punto más sensible, sus caderas involuntariamente dieron un salto y se mordió el labio, aumentó el ritmo encontrando su camino en ella. Quiso murmurar una maldición, pero solo jadeó su nombre en éxtasis. Se frotó contra ella, un último segundo de presión tentadora. Entonces él sujetó sus bragas y comenzó a descender mientras delineaba y acariciaba la forma de sus piernas. Kimiko no murmuró ningún sonido de protesta entretanto sentía las yemas de sus dedos dibujar garabatos en su piel, enviando vibraciones a través de ella. Si quería correr, pudo hacerlo antes. Ahora estaba comprometida y no habría ninguna parada.
-Me gusta tu tanga brasileña. Kimiko, sabes como hacer a un hombre feliz.
Su espalda contra su pecho sólido. Volvió a incorporarse, pensó. Su mano izquierda se trasladó a la solapa de su blusa roja y desabotonó los dos últimos botones, abriendo las exploraciones para acariciar su vientre mientras sus labios chupaban su cuello con urgencia, suavemente movió su cabeza. Haciendo que se inclinara hacia atrás donde él la recibió con un beso, su mano derecha sostenía y a su vez acariciaba su cuello con el pulgar para que no se apartara. Gimió. Su mano ágilmente ascendió, desabrochando los botones restantes. Dio un atrevido movimiento y pellizcó el pezón. Kimiko se ahogó en su propio grito. Continuó masajeando su pecho a través de su camisa, desabrochando el brassier y empujando el material hasta conseguir desprendérselo para seguir acariciando su piel desnuda. De pronto la empujó hacia la pared, inmovilizándola. Asaltó su boca salvajemente y la chica se defendió. Enterró sus uñas en sus hombros y con fuerza cogió sus muñecas, rudamente la obligó a soltarse de él, estrellándolas contra la pared.
-No tocar –dijo con voz ronca.
Su aliento cálido se derramó sobre su cuello. Kimiko sintió un hormigueo recorrer su dorso. Muchas veces trató de apartar su rostro para poder respirar, pero no se lo permitió. Trasladó sus labios a su mejilla y luego a su nuca, clavando sus dientes en su lugar de siempre. Gritó de nuevo. Rápidamente se encontró sin aliento cuando él metió sus dedos en su boca. Él la mordió, chupó y frotó con su lengua a lo largo de su longitud. Ella gimió. Se desvió y con firmeza agarró su mandíbula. Kimiko creyó que trataría de ahorcarla, pero tan solo la subió. Raimundo dio una sonrisa de satisfacción en su cuello, mordiendo y chupando con urgencia a lo largo. Mordió su nuca. Kimiko gimió al movimiento. En el cuarto de baño se oían sus gemidos, sus ruidos de beso, sus gritos de placer y el chorro de agua del lavamanos. Sintió su erección clavarse en su pierna. Miró de reojo al espejo, no pudo conseguir sostener la mirada por más tiempo. Se sonrojó. Él deslizó sus brazos debajo de su espalda, cerró sus labios torno en su pezón izquierdo, chupando y tirando con los dientes y sus labios. Pasó al pezón derecho, repitiendo lo mismo y rápidamente, descendió por su vientre plano. Probó a coquetear reiteradamente con ella, apretando su cuerpo con el suyo, haciéndola retorcerse y arquearse, respondiendo a cada una de sus caricias indecorosas.
-Me vuelves loco, me vuelves loco. No tienes idea de lo que haces por mí. Deseo terminar.
-Lo sé, lo sé.
Habían alcanzado el clímax rápida e inesperadamente, así que se apresuró por desprenderse de su cinturón y bajar la cremallera de sus pantalones. Le costó un poco, pero lo consiguió. Se dirigió hacia la chica y ella estaba preparada. La ayudó a colgar sus piernas alrededor de su cintura y presionó su cuerpo contra ella, se deslizó en ella y la penetró. Primeramente, se agarró de sus hombros para resistir, luego sus dedos se enredaron en su cabello, intentando salvar su vida. De nuevo, él arrancó sus manos de su cabello y las plantó a ambos lados de la cara de Kimiko. Exclamó su nombre en éxtasis. Mordió su labio inferior fugazmente, se apartó y volvió a volcar su boca contra la suya de nuevo con más fuerza, su lengua sondeó con profundidad. Él la cargaba. Su pequeño cuerpo envolvía al suyo. Fundiéndose en un apasionado beso francés. Kimiko no toleró la salida de otro gemido, estaba sin aliento ante tanta fogosidad. Molió sus caderas. Golpeando contra ella varias veces, se enterró por última vez. Se sentía magullada, maltratada, aniquilada totalmente; pero también satisfecha y extasiada. Oyeron pisadas de tacón acercándose. Alguien más va a utilizar el baño...
-Parece que tenemos compañía... –jadeó la chica.
-¿Y? Estoy pensando ahora mismo alquilar este baño una tarde entera... –besó la línea de su mandíbula.
-¿Y? Y que no deben vernos. Rai-Raimundo... –puso sus manos en su pecho, creando una barrera entre ambos y lo empujó, no consiguió que se zafara, él era más fuerte- por favor, usa el sentido común. Tienes que esconderte. Nadie debe enterarse de lo nuestro, Rai...
-Aj, está bien –a regañadientes, él se separó. Volvió a subir sus bóxers, subió la cremallera de su pantalón, se abrochó el cinturón. ¡Clas, clas! Los tacones repercuten sonoramente. La chica volvió abrocharse el sujetador y se tiró al suelo, buscando sus bragas y su minifalda. Debajo del lavamos las encontró. Volvió a envestirse. Los tacones se detuvieron. La perilla comenzaba a girar. ¡Estaba aquí! Kimiko se estrelló contra Raimundo, empujándolo hacia la ducha. Corrió las cortinas. No se dio la vuelta para darse tiempo de abotonar la solapa de su camisa. Abrieron la puerta. Maldita sea, gruñó entre dientes.
-¿Todavía aquí?
-¡Sombra! –se volvió hacia ella. Raimundo yacía tirado en la tina, escuchándolas- acabo de salir y me estaba lavando las manos y retocándome el maquillaje –Kimiko cerró el grifo del lavamanos. Escondió las manos tras su espalda y le sonrió inocente. Sombra escrutó su entorno.
-Ya veo... yo también disponía a hacer lo mismo –Sombra notó que la minifalda de Kimiko estaba desajustada. Ella se acicaló. Sombra sonrió diabólicamente, se dirigió al espejo del baño y puso su bolsito al lado. Sacó un lápiz labial y se pintó sus labios- me ha caído muy bien tu amigo, el tal Raimundo Pedrosa, es uno de los pocos hombres sexys y calientes que he visto y créeme que he conocido a muchos. Hacéis muy bonita pareja –la protagonista se escudó en la ducha.
-¿Tú crees? Él no es mí de tipo. Entre él y yo no hay más que amistad.
-Me conforta escucharte decir eso porque estoy interesada en él y no como amiga. Deberías llevarlo con nosotros más seguido, ¡hasta podríamos hacer una doble cita! Tú con Chase y Raimundo conmigo, sería adorable –comentó ella. Guardó el lápiz labial y sacó la sombra de ojos y el rizador- sabes Kim, tengo que decírtelo: Lamento en serio, haberte juzgado mal la primera vez que te conocí, me equivoqué contigo porque de no ser por ti Chase quizás no estaría vivo y él es todo lo que tengo, pero eso ya lo sabes –se volteó-. ¿Qué ocultas ahí?
-Nada, yo no oculto nada.
Sombra se estremeció y la apartó. Kimiko cerró los ojos con fuerza. Movió las cortinas, pero no lo vio. Suspiró aliviada, ella se dirigió a Kimiko. Se encogió de hombros.
-Aquí está pasando algo extraño... y lo voy a descubrir –musitó decidida. Le dio la espalda y se fue, su hermosa cabellera se balanceó en el aire. Kimiko se echó en el suelo, se cubrió la frente sofocada, abrazándose a sus piernas. El dolor en sus caderas… arrastró la mano hasta su vientre y presionó, desde adentro el dolor la consumía. Raimundo se levantó de la tina y salió. Sacó una pierna, luego la otra. Se paró frente la chica se metió las manos en los bolsillos y se le quedó mirando.
-Estuvo demasiado cerca, ella nos pudo descubrir –sollozó Kimiko.
-Pero no pasó, no sería tan tonto como para dejarme ver fácilmente –Kimiko alzó la mirada y se mordió el pulgar derecho, liberando el dolor y la ira en un punto. Raimundo arremetió contra ella, su espalda golpeó la pared mientras él ponía una mano en su hombro. Su nariz rozó a la suya.
-¿Podrías estar un minuto sin morderte? Cada vez que lo haces, me entran ganas de follarte y sé que te duele, ¿no es cierto?
-Sí –jadeó- espero que estés feliz.
-Extasiado, sería la palabra más correcta. ¿Te diste cuenta? Tuvimos sexo en casa de Young frente sus propias narices y ni siquiera se enteró, no me quise arriesgar a llevarte a su cama porque sé que te opondrías y no podría dejar que nos viera, pero al menos esto es suficiente victoria para mí contra el hombre que supuestamente amas, en un día –sujetó su rostro con sutileza. Apretó sus labios con confianza y pasión. Kimiko se inmutó. A final de cuentas, él tenía razón.
*Si ustedes creían que yo me olvidaba que esto era Duelo Xiaolin, les recuerdo que yo sé que Chase es un maestro del Tai-Chi y está loco por las meditaciones.
A/N: ¡GOL! ¡GOL! ¡GOL! ¡GOL! ¡GOOOOOOOOOOOOOOOOOLLLLLLLAZO!
-¿Qué es Alice? Te recuerdo que estamos en un fic erótico, no en el mundial.
Es que no me pude contener: ¡Lo hicieron frente el lavamos en la casa de Young! Hay que tener los riñones bien puestos para atreverse a tener relaciones sexuales, tomando en cuenta que cualquiera pudo entrar y atraparlos con las manos en la masa, Jesús. Se dice que hacerlo frente al lavamanos "es bueno". Ah no me pregunten detalles porque no soy sexóloga, pero ya me hago una idea de por qué. Raimundo, niño travieso, ¿qué hacemos contigo, vale? Ya obligaste a Kimiko a mantener relaciones sexuales contigo en el baño del hombre que ama (qué pasión, qué salvajismo, ¡qué fuego, has logrado quemar a mi audiencia femenina!) Estoy plenamente segura que todas hacen esto: Ay no, no, no, no voy a seguir viendo porque tortura a la pobre de Kimi-Chan (cierro la pestaña)... ¡NO OBSTANTE, ME MUERO DE GANAS POR SABER QUE SIGUE! (abre la pestaña), ¿qué seguirá después? ¿Qué todas quieran a un Raimundo envuelto en moño frente la puerta de su casa?... ¿Y pueden creer que esto puede quemarse más todavía? Bien, consultemos a mi fiel seguidora-inventada Karen:
Karen: Hola Alicia, me llamo Karen. Quiero decirte que la escena lemmon de hoy fue bastante buena. "Me gustan los detalles de acciones y sentimientos, los explicas bien y realmente lo sientes. De verdad, me gusta este Rai, entiendo sus gustos y el por qué él actúa de tal manera, no lo veo malo a pesar de todo. Pero la actitud de Kim la adoro, aunque sea sumisa por el trato con Rai y se siente mal, trata de seguir con esa actitud independiente, mostrándole a Rai que aunque le haga lo que sea, seguirá con su actitud dando la frente en alto y eso enloquece a Raimundo. Por el momento, no veo que Rai sienta algo más por Kimiko que no sea posición y deseo, me imagino que debe pasar algo monumental para que se dé cuenta Raimundo que Kimiko es la chica que ama. Te creo, de verdad que adoro vivir los sentimientos en cada una de las escenas lemmons. Sigue así, Alicia. Karen."
Bueno, Karen tú has sido más amable que mis amigas (a ellas no les gustó mi escena lemmon de esta vez, pero ¿qué más da? Ustedes son quienes tienen la última palabra y su opinión tiene un mayor peso para mí). Las palabras de Karen fueron opiniones de una lectora, así que nada de lo que ella dijo fue inventado. Yo mejor no digo nada ya que digo: Mínimo diez capítulos (vamos al capítulo 10 y esta vaina no se acaba), digo mínimo quince capítulos (y ya estoy pensando que serán dieciséis). Supongo que así pasa en las telenovelas cuando tienen éxito: Aumenta el número de capítulos. Este fic ha pasado más de seiscientas visitas y se ha vuelto demasiado popular entre las fans de Duelo Xiaolin (creo que se debe porque les gusta a un Raimundo que haga travesuras y una Kimiko que no se deja). Nos quedan cuatro escenas lemmons más que ver aún, mis malvaviscos asados. Lo del desfile de modas, yo quería una excusa para que los amigos del bajo mundo de Raimundo lo atacaran y se afianzara la relación entre Kimiko y Chase, para colmo de Raimundo. Perdonen mi ignorancia en ese aspecto. Tomoko y Kimiko están peleadas y Jack tiene un cierto presentimiento con respecto a Raimundo. En la parte que Kimiko y Chase fueron a denunciar lo que le pasó al segundo, decidí no entrar en detalles porque no quise enredarlos (yo sé cómo se llama ese órgano de seguridad en mi país, pero no sé cómo se llama en otros países o quién se encarga, por eso no me extendí mucho). Déjenme decirles que el capítulo que viene está buenísimo. La relación entre Kimiko y Raimundo evoluciona. No sé si ustedes lo recordará, pero hay algo que resalté en el capítulo siete y volverán a salir. ¡Y Tomoko, a partir de ahora no quiero que le pierdan la pista! Todo eso y más en el capítulo que viene de tu fic favorito: Hurricane, capítulo 10 No es cierto(me temo que el capítulo El hombre de mis sueños tendrá que esperar). ¡Nos leemos y gracias por seguir leyendo! ¡un abrazo, nos leemos en la semana que viene).
