*LOS PERSONAJES DE INUYASHA NO ME PERTENECEN, SON DE LA GRANDIOSA RUMIKO TAKAHASHI

**ESTA HISTORIA SE ENCUENTRA EN OTRA PÁGINA BAJO LA AUTORA KARY_0295, ES MI OTRA CUENTA, POR TANTO NO ES PLAGIO, DECIDÍ COMPARTIRLA EN ESTA PÁGINA TAMBIÉN.

Vengo a desearles un Feliz Año Nuevo a tod s, último capítulo del año.

Saludos, se les quiere.

Nos vemos la otra semana. Dejen sus comentarios.

CAPITULO 9


EL TIEMPO QUE GUSTES

Los rayos del sol en la habitación, alcanzaron el rostro de una agotada miko, que había dormido profundamente toda la noche, envuelta en sábanas de telas de seda, tan suaves y frescas, dignas de una reina.

Abrió los ojos pesadamente y de un salto quedó de pie junto a la cama, como su rango de percepción era muy grande, al despertar sus sentidos se alertaron de manera abrumadora, la cantidad de energía demoníaca, a pesar de ser de bajo nivel, era inmensa.

-¿Dónde demonios estoy?- al examinar su alrededor, pudo notar los finos detalles de las paredes, blancas, cortinas doradas en una gran ventana, la cama… tamaño matrimonial por lo que podía deducir, sintió que una fuerte aura se acercaba del otro lado de la puerta que cerraba el recinto. Estaba lista para atacar.

- Señorita, buen… - la miko le había sostenido por el cuello, quemando levemente su piel, la joven youkai no pudo evitar soltar una lagrimilla por el pánico que se apoderaba de ella, moriría ahí… y sólo por ir a darle unos buenos días a la invitada de su amo – No, por favor, no… - sollozaba.

Kagome se detuvo a ver la apariencia de la youkai, podía bien tener unos 16 años humanos, cabello negro, ojos azules, y una cola del mismo tono de su cabello. Aflojo su agarre y controlo su poder para no herir a la joven.

- Dime ¿quién eres? ¿Dónde estoy? – inició su interrogatorio.

La chica temblaba presa del miedo, aún le dolía la quemadura en su cuello, al ser de energía sagrada demoraría un poco más de lo normal en curar y quizás dejaría marca…

- Soy Yuka, sirvienta del castillo de la Luna, señorita… - la miró directo a los ojos – Usted es invitada del Señor del Oeste, el amo Sesshomaru – la chica quería salir corriendo de allí, pero pensándolo mejor… no quería tener que lidiar con su irritable amo, por el hecho de no atender a la miko.

- ¿Sesshomaru? – Ahora por lo menos sabía el porqué de tantos demonios en un lugar, era un castillo repleto de los sirvientes de su estimado amigo - ¿Por qué me trajo aquí? ¿Lo sabes? – miró a la chica.

- No, lo lamento – no pudo evitar tocar su cuello, le ardía.

Kagome al ver el gesto de Yuka, se sintió terrible, casi la mata y la chica no estaba más que siguiendo órdenes probablemente. Se acercó a ella, por lo cual esta se espantó.

- Déjame remendar mi error… - colocó su mano a unos centímetros de la piel de la joven y comenzó a sanar la herida, a diferencia de lo que Rin le hizo a Sesshomaru, Kagome sólo causaba impacto externo al atacar. Y así la piel de la chica quedó libre de quemaduras y de dolor.

- Muchas gracias, Señorita –

- Me llamo Kagome, Yuka – le sonrío – Espero que me disculpes – se cruzó de brazos, no sin poder notar que sus ropas habían sido reemplazadas por una bata, muy suave al tacto, pero no era su ropa – Este… sabes ¿Dónde están mis prendas? – se ruborizaba al pensar en quién la había cambiado.

- Están siendo lavadas, Señorita Kagome – se dirigió a una especie de armario, lo abrió y Kagome no pudo evitar dejar caer la quijada por los hermosos atuendos dentro – El amo dijo que podía usar cualquiera de estos… o si prefiere… - Se dirigió a otro armario y para sorpresa de Kagome, habían atuendos similares a los de su época, vestidos, jeans, playeras…

Kagome se acercó y admiró las finas costuras de esa ropa, la tela suave como las de la cama y su bata.

- ¿De dónde sacaron esto? –

- Anoche, cuando el amo llegó con usted, y nos ordenó asearla y cambiarla, también asistieron ayudantes del sastre del castillo, para tomarle medidas – tomó aire – El amo sugirió vestidos muy extraños, los cuales le acabo de mostrar, hizo unos dibujos muy raros y el sastre se limitó a seguir sus órdenes-

- Así que Sesshomaru los dibujó… - No conocía esa faceta del demonio.

- Sí, Señorita – tomó unas toallas y las dejó en la cama – Detrás de esa puerta, hay lo necesario para que se asee y arregle, ¿ve esa campanilla? – Kagome asintió – Suénela, y vendré por usted para llevarla a desayunar.

- De acuerdo – la youkai asintió y salió de la habitación.

Kagome entró al cuarto de baño… No paraba de asombrarse, un hermoso estanque con agua fresca la estaba esperando –Cachorro… con razón eres tan engreído… - Sonreía al ver los lujos con los que contaba Sesshomaru. Se sumergió en el agua, se enjabonó y frotó con los aceites que encontró en el lugar. Se sentó y recostó su cabeza en una de las rocas que bordeaban el estanque.

Los recuerdos de la noche anterior la asaltaron. Kikyo… Inuyasha… sangre de demonio alborotada y el más horrendo… ella atravesando a su amado en el pecho… dolor, lágrimas… sed de venganza…

Sesshomaru había salido temprano, para cerciorarse que sus sargentos estuvieran haciendo su trabajo y de paso preguntarles si había visto al cadáver andante pasar por allí. A unos los atacó por sorpresa y a otros simplemente su presencia los espantó, pero fuera de eso, nadie había visto nada, Kikyo no había pasado por el Oeste.

A medida que se iba acercando al castillo, podía percibir que algo no andaba bien… aceleró la marcha o mejor dicho emprendió vuelo, podía oler el pánico de sus sirvientes.

-*Ya despertó nuestra querida miko…*-

-Hmph-

Cuando llegó había soldados levantando una muralla que poco a poco se deshacía ante el poder del ser dentro de la habitación custodiada.

- Infórmame Hayato – se dirigía a su general.

- Señor, no sabemos exactamente qué ocurre, pero de pronto comenzó a emanar un olor muy salino de la habitación, acompañado de un poder sagrado que estaba quemando la piel de todos en el castillo, pudimos contenerla un poco - le respondía el demonio con forma humanoide, cabellos con rayos verdes y piel canela. El general pertenecía a un clan de fuertes dragones.

- Voy a entrar – Sesshomaru comenzó a avanzar, cuando de pronto todos sintieron como aquél poder retrocedía… El lord y sus sirvientes estaban confundidos, sus desarrollados oídos sintieron pasos acercarse a la puerta.

- ¿Sesshomaru? - abrió la puerta Kagome, quien se notaba había estado llorando - ¿Qué pasa? – miraba al resto de los presentes.

- Miko, casi purificas a todos mis súbditos – la miraba frío.

- Oh… lo lamento, no volverá a pasar… ¿Alguien sabe dónde está Yuka? – Buscaba a la aludida con la mirada – Me prometió un recorrido por el castillo luego de desayunar… -

- Hmph – con este gesto, todos los soldados se retiraron, ya todo estaba bajo control. Apareciendo Yuka en el lugar.

- Señorita Kagome, el desayuno está listo – le hacía un ademan a la miko para que le siguiera – Por aquí – solo había dado tres pasos, cuando su amo la llamó.

- Yuka, yo le daré el recorrido – sin decir más se fue hacia su despacho.

- Sí, amo – la joven agachó la mirada.

- Vaya, que altanero… - esto hizo sobresaltar a la joven youkai.

- Señorita, no debe dirigirse así al Señor Sesshomaru… él puede oír todo en un rango muy amplio… Y… - Kagome posó su mano en la cabeza de la chica, la cual abrió los ojos como platos.

- Estaré bien, vamos, tengo algo de hambre – le guiño el ojo a la chica.

Sesshomaru estaba al pendiente de todo, sabía de la facilidad de Kagome para hacer amistades, su dulzura y calidez, contagiaba a quienes les rodeaban. Le hacía gracia como la refunfuñona youkai loba, no podía mostrarse agresiva contra ella, mientras que con medio castillo peleaba hasta el cansancio.

- Oh, qué delicia… Mis felicitaciones a las manos que prepararon estos platillos – Kagome se deleitó su paladar con un desayuno de dioses – No sabía que los demonios comían cosas similares a los humanos –

- Algunas, pero… no de la forma en que fueron servidas hoy, Señorita Kagome – Un demonio mayor, parecido a un zorro se hizo presente – Mi lord, me pidió que prepara estos extraños platillos el día de hoy… -

- Vaya, al parecer tendré que agradecer muchas cosas a Sesshomaru – Yuka y el cocinero se estremecieron al escuchar la familiaridad con la que hablaba de su amo. Kagome se dio cuenta de la razón su asombro – Sí, sí… tendré que agradecer al Señor, Amo, Lord… Sesshomaru – se rio.

Kagome ayudó a retirar los trastes a pesar de las negativas de ambos sirvientes, reafirmando la terquedad de la joven miko entre sus cualidades.

- Bien, es hora de su recorrido, Señorita Kagome – salieron de la cocina y Yuka la dirigió al pasillo donde se encontraba el despacho de su amo, tocó la puerta, hizo una pequeña reverencia a Kagome y la dejó ahí.

Espero a qué la youkai se alejara y abrió la puerta.

- Hola Sesshomaru – cerró la puerta tras de sí.

- Hmph – típico saludo – No debes entrar sí que yo te dé permiso, es una falta de respeto hacia tu amo, Miko – levantaba una ceja.

- ¿Amo? ¿Dónde? – esbozó una sonrisa, sólo Rin podía discernir cuando él hablaba en serio y cuando no, ahora ella también podía hacerlo.

- Humana insolente – se levantaba de su lugar y se dirigió al balcón oculto por unas cortinas.

Kagome notó entonces que no llevaba puesto su acostumbrado traje, ahora era una azul, sin armadura ni espadas.

- Así que estás en ropa de casa – él seguía sin mirarla – Gracias por los no tan pequeños cambios que has hecho, como la ropa y el desayuno – se acercó al balcón.

- Tonterías, miko – sentía como se le acercaba, como ella solía hacerlo, solo habían unos pequeños detalles, no era de noche, no estaban solos y aquí Sesshomaru era un Lord – No lo hagas, guarda tu distancia –

La dejó a tres pasos de él. Sin embargo no se sintió mal, quizás él tenía una imagen que cuidar. De pronto Jaken entró a la habitación.

- Amo, los compañeros de la humana tonta, quieren saber cómo esta – Jaken quedó con la boca abierta al ver a Kagome en el despacho de su amo y tan cerca de él – Muchacha irrespetuosa, no sabes que no puedes estar aquí, este lugar el sólo del amo, ¡Ay! Pero que fastid… - un pesado libro cayó sobre el sapo.

- ¿No te preocupa, causarle un daño permanente o algo así? - Kagome se acercó al aturdido ser que yacía en el piso, balbuceando insultos, que lo más probable es que fueran para ella – Sabes algo, olvida lo que te dije – se levantó y admiró las hermosas pinturas en las paredes de esa habitación, entonces recordó – No sabía que dibujabas, Sesshomaru – seguía admirando los cuadros.

- Era un pasatiempo de niño – se dirigió a la salida y la llamó – El recorrido por el castillo, miko – ella asintió y lo siguió – Luego enviaremos un mensajero a la aldea para que des señales de vida al resto –

- Claro – se sentía tranquila, aunque de momento no podía evitar pensar en lo ocurrido en la noche anterior, su mundo había colapsado y al parecer Sesshomaru tenía planeado evitar que pensara en eso – Sesshomaru, ¿Por qué me trajiste a tu hogar? –

- Necesitas distraerte, al menos por ahora –

- Ya veo, gracias por preocuparte por mí –

- Hmph – Por esta clase de conversaciones, Sesshomaru había ordenado a sus súbditos mantenerse a distancia, y si alguno de ellos llegaba a escuchar algo indebido o fuera de lugar por parte de la miko, les cortaría la cabeza sin importar cuantos años de servicio tuvieran.

- Este lugar es hermoso – miraba a todos lados, todo muy limpio y un olor a ¿Flores? ¿Había jardín? – Sesshomaru, ¿hay jardines de flores aquí? –

- Hay cuatro, y uno que es el principal, además hay árboles frutales y demás cosas de esas - Sí, habían muchas cosas, pero el sólo le limitaba a sus labores con el oeste.

Cuando llegaron al jardín principal, los ojos de la miko se iluminaron, tanto que sin darse cuenta ya se encontraba sentada entre el campo de flores. La escena era muy parecida a la vez en la que Rin pasó por el castillo, los sirvientes sonreían por lo bajo, esa clase de visitas eran muy peculiares y de alguna forma alegraban el ambiente y los sacaban de la aburrida rutina.

Sesshomaru solo veía a esa hermosa mujer, ahora viviendo con él, una doncella, no podía creer la oportunidad que su hermano acababa de perder con ella, pero él no sería tan imbécil, definitivamente cabía una ínfima posibilidad de que ella se fijara en el gran Lord.

De pronto vio como Hayato se acercaba a Kagome, podía oler su excitación, le repugnaba tal atrevimiento, primero desacata sus órdenes de mantenerse lejos y encima se acerca con esas intenciones a su miko.

- Hayato – le llamó. El aludido se acercó raudo a su señor – No te acerques a la miko, morirás purificado o peor – la piel del descendiente de dragón se erizó, agradecía aún tener su cabeza en su lugar, sin dudar se retiró.

- Señor Sesshomaru - el deje de burla era muy notorio – Es usted muy cruel con sus súbditos – ella había visto la reacción del lord por la cercanía del otro macho hacia ella, la estaba ¿celando?

- Hmph – la miró a los ojos, esos orbes marrón oscuro, que le hacían perderse sin darse cuenta – Continuemos – se giró y siguió su camino.

En cada rincón del castillo en el que Kagome ponía un pie, todos quedaban maravillados con las ocurrencias de la joven hacia su Lord, podían hasta jurar que su amo disfrutaba de la compañía de la "insolente" humana como solía llamarla.

El día fue muy entretenido para todos, y aún más por las raras peticiones de su amo, para satisfacer las necesidades de la humana.

A Kagome por otro lado, le llamó mucho la atención la sala de armas de Sesshomaru, no podía creer que con tantas espadas estuvo tras la espada de Inuyasha tanto tiempo.

Todos regresaban a sus habitaciones, solo un par de soldados vigilaban los pasillos del lugar, era hora de descansar.

- Señorita Kagome, que duerma muy bien – se despedía Yuka de su nueva amiga.

- Gracias, Yuka, puedes llamarme solo Kagome – la chica asintió y se retiró.

Kagome estaba algo cansada, tomaría un baño y luego a la cama, no sabía cuánto tiempo estaría ahí, no había tenido tiempo de hablar completamente a solas con el Lord, Jaken siempre interrumpía o algún otro youkai del reino deambulaba cerca de ellos.

Se dio un refrescante baño, se amarro una toalla y salió, quedando sorprendida al ver a Sesshomaru sentado en la cama, ¿esperándola?

- Oh gran Lord Sesshomaru… ¿Podría decirme a qué debo su sorpresiva e inquietante visita al dormitorio que me asignó, sin siquiera avisarme o por lo menos estar vestida? – señalo su cuerpo.

- tenemos que hablar, Miko – la ignoró como los grandes.

- Esta bien, ¿Podrías? – Se levantó y abrió la otra puerta de la que Kagome no se había percatado, y salió por allí.

Kagome se colocó uno de los pijamas que el sastre confeccionó y adicional, una bata. Salió por la misma puerta que Sesshomaru, daba a un jardín interno. Esa noche había cuarto menguante, se acercaba la luna nueva. El área estaba iluminada por unas pequeñas lámparas. Un lugar de ensueño.

- Esto es hermoso – miraba su alrededor – Podría quedarme aquí por siempre –

- Si quieres, puedes hacerlo – esas palabras se escaparon de sus labios sin pensarlo, se maldijo a sí mismo.

- ¿No te molestaría? – siguió ella.

- No – la miró, sus ojos brillaba, en cualquier momento, fuera de día o de noche, esa mujer era una diosa.

- Me quedaré un tiempo, no sé cuánto, pero te avisaré – le sonrió.

- Será bueno tener tu compañía en este lugar, suele ser un tanto tedioso, lo mismo todos los días –

- Vaya, un Sesshomaru aburrido, eso explica lo irritable que eres… - le sacó la lengua.

- Miko… - se acercó a ella

- Demonio… - siguió firme en su lugar.

- ¿Ya no me temes? –

- Dejé de hacerlo hace mucho, Sesshomaru –

- Hmph –

Sorpresivamente, ella se abalanzó sobre el Lord, lo abrazó.

- Muchas gracias por estar conmigo, trataré de no ser una molestia en este lugar, ya lo verás – lo miraba decidida.

Sesshomaru, no pudo evitar colocar su garra en la mejilla de la miko, su piel era tan cálida y suave. Se acercó a ella lo suficiente y le dio una pequeña lamida en el rostro.

- ¿Eh? ¿Y eso? – ella estaba colorada.

- Una muestra de confianza, sería como aquel "beso", como le llaman ustedes, que me diste la otra noche… -

- Oh… Claro… ¿Tengo que hacerlo yo también? – esa pregunta no se la esperaba, no sabía que responderle. Ella notando su confusión, se impulsó un poco y pasó su tibia lengua por la mejilla del Lord, que no pudo evitar estremecerse.

-*Qué delicia… * - suspiraba su bestia con la acción de la miko.

- ¿Estuvo bien? – le preguntaba al macho.

- Hmph – el rubor cubría las mejillas del Lord del Oeste.

- También confío en ti, Sesshomaru – le dio otro abrazo y se sentó.

El demonio se sentó un tanto cerca de ella, conversaron y apreciaron juntos en cielo nocturno. Ambos sabían que debían lidiar con la miko de barro y claro, salvar quizás al estúpido híbrido o mandarlo junto con el cadáver andante al infierno. Kagome habló con Sesshomaru lo suficiente para calmar su ira, derramar las últimas lágrimas por el Hanyou.

- Está decidido, empezaré una nueva vida – miraba al Lord - ¿Quién sabe? Quizás pueda quedarme ejerciendo algún cargo para el gran Sesshomaru. – las locuras de la miko le hacían gracia, pero si conseguía un puesto en el castillo, él se aseguraría que fuera junto a él. Tenía el tiempo a su favor ¿o no?