Los personajes son de la maravillosa Rowling yo solo juego con sus vidas.

Capítulo 8

El Pueblo

Al día siguiente un grito la despertó, se trababa de Ginny, que al retirarle las mantas para despertarla había visto una mancha de sangre, inmediatamente se había puesto a maldecir a su hermano.

- ¿Pero cómo se atreve? creía que ahora os llevabais bien, ¿y te hace esto? ¡YO LE MATO!

- Ginny haz el favor de tranquilizarte, no es bueno para el bebe.- Le pidió Hermione.- Y para que lo sepas tu hermano no me ha hecho nada, la sangre es del periodo, me bajó ayer.- Le explicó.

- Entonces ¿el idiota de mi hermano no te ha hecho daño?- Le preguntó, aún recelosa.

- No, es más, mira que me regaló.- Le dijo enseñándole la rosa.

- ¿En serio te regaló una rosa?- Preguntó sorprendida.- Vaya, no suele ser tan detallista, el día de mi boda lo único que hizo fue amenazar a Harry. Bueno, pues entonces cuéntame, ¿Qué tal el paseo?- Preguntó curiosa.

Ron se estaba desesperando, necesitaba encontrar a Harry urgentemente, pero ya se había recorrido medio castillo y todavía no le había encontrado, "¿Dónde se habrá metido?", giró en el pasillo y allí estaba hablando animadamente con Draco.

- ¡Hey!- Les llamó- Con los dos quería hablar, ¿podríais haceros cargo del entrenamiento hoy?

- Claro.- Contestó Harry.- Pero, ¿Por qué nos lo pides?

- Porque hoy quiero llevar a Hermione al pueblo, ayer le bajó el periodo y me dio la sensación de que piensa que estoy enfadado con ella, así que… bueno, que la quiero llevar al pueblo y punto.- Dijo nervioso.- Os veo en el desayuno.- Y se marchó.

- ¿Tú sabes desde cuando la llama Hermione?- Le preguntó Harry a Draco, confundido.

- Ni idea. Y ¿desde cuándo es el me preocupa que esté enfadada conmigo?- Le preguntó a su vez Draco, igualmente confundido. Harry se encogió de hombros.

Cuando llegaron al comedor, Ron aún no había llegado, lo que alivió un poco el nerviosismo de Hermione, después de que la noche anterior estuvo pensado en su fracaso como esposa, no le apetecía volver a ver la cara de decepción de Ron. Tan concentrada estaba pensando, que no se dio cuenta de que el dueño de sus pensamientos acababa de entrar por la puerta, ni siquiera cuando apartó ruidosamente la silla se inmutó. Solamente cuando oyó su voz llamándola reaccionó.

- ¿Hermione? ¿Te encuentras bien?- Le preguntó, parecía preocupado.

- Sí, lo siento, es que estaba pensado.- Le contestó aún distraída.

- ¿Te gustaría acompañarme hoy al pueblo?- Le preguntó, ansioso por escuchar un sí.

- ¿Al pueblo? ¿No tienes entrenamiento?

- Harry y Draco están igual de capacitados para entrenar a los hombres.- Le dijo.- Entonces ¿quieres ir?

- ¿No estás enfadado conmigo?- Le preguntó directamente, confundida.

- ¿Contigo? ¿Por qué debería estarlo? Si te refieres a lo que me dijiste ayer por la noche, no, no estoy enfadado, yo mismo tendría que haberme dado cuenta que puede que tardes un tiempo en quedarte embarazada, pero no por eso voy a enfadarme.- Le explicó.- Entonces ¿quieres ir al pueblo?-Volvió a insistir.

- Sí claro, solo lo vi el primer día que llegué aquí.- Le respondió Hermione sonriendo.

- Pues perfecto. Ahora será mejor comer para poder salir pronto.

Esta vez fueron los dos juntos hacia las caballerizas hablando de todo un poco, Ron había descubierto que a Hermione le encantaba leer, y ya estaba preparando una nueva sorpresa para ella, mientras que Hermione descubrió que a Ron le encantaba jugar al ajedrez para relajarse. Pero al llegar había un gran revuelo.

- ¿Qué es lo que ocurre?- Le preguntó Ron a Rolf.

- Nada serio, mi señor. Un par de caballos están enfermos pero con los cuidados que les estamos proporcionando enseguida se pondrán bien.

- Bien, prepárame a Tormenta, mi esposa y yo vamos a ir al pueblo.

- Enseguida, mi señor.

Cinco minutos después Ron ayudaba a Hermione a subirse al caballo y se quedaban exactamente como el día anterior, ella delante, y el rodeándola con sus brazos por atrás. Dándole un ligero toque a Tormenta para que empezase a andar, comenzaron a descender la colina, esta vez, Hermione pudo admirar mucho mejor el paisaje.

- Esposo, ¿De quienes son estas casas grandes que están apartadas del pueblo?- Le preguntó, tenía curiosidad desde la primera vez que las había visto.

- Éstas son las casas de algunos de los hombres, por ejemplo, esa verde que ves allí es la de Draco y Astoria, y la roja de allí es la de Oliver. Dean y Seamus también tienen casas en el pueblo porque han nacido aquí, pero los que vienen de otros pueblos tienen sus habitaciones en el castillo. Mira esa azul…- Hermione miró, una mujer rubia se encontraba arreglando el jardín, y de vez en cuando miraba había un cesto que tenía al lado.- Esa mujer es la esposa de Rolf, Luna Scamander, ¿Quieres conocerla?- Le preguntó mientras hacía que el caballo parase.

La mujer se giró cuando oyó el sonido de los cascos del caballo, Hermione vio que tenía el vestido manchado de tierra, y cuando se dio cuenta de quien había parado empezó a sacudirse el vestido.

- Buenos días Ronald.- Hermione se sorprendió de que la mujer llamase a su esposo por el nombre completo, en el castillo todo el mundo, exceptuando a los hombres que le tenían mucha confianza, le llamaba señor.

- Bueno días Luna.- Le contestó el alegremente mientras bajaba del caballo.- Permite que te presente a mi esposa, Hermione.

Los grandes ojos azules de Luna se abrieron como platos, rápidamente cogió el cesto y se dirigió hacia ellos.

- Es un verdadero placer conocerte Hermione.- Le dijo una vez llegó hasta donde se encontraban. Hermione pudo oír entonces el gorgoteo de un bebe, y al dirigir su mirada al cesto, comprobó que, no uno sino dos bebes se encontraban cómodamente tumbados.

Luna al ver la mirada de Hermione le explicó.- Estos son mis hijos Lorcan y Lysander Scamander, y como estoy segura de que te estás preguntando porque están en un cesto, la respuesta es que como paso mucho tiempo arreglando el jardín no he encontrado mejor manera de que estén conmigo sin correr ningún riesgo, no tienes ni idea de lo que puede hacer un bebe de tres meses, imagínate dos.- Le dijo rápidamente, Hermione se sorprendió, había adivinado exactamente lo que estaba pensado, "que mujer más extraña".

De repente uno de los bebes empezó a llorar e inmediatamente después su hermano también.

- ¿Puedo?- Preguntó Hermione mientras señalaba a uno, Luna solo asintió con la cabeza mientras intentaba calmar al bebe que ya había cogido. Con una habilidad que no sabía que tenía empezó a acunar al niño.- Shhh, ya está, ya está.- Le decía mientras intentaba calmarlo, el bebe, sorprendentemente dejó de llorar.

- Creo que le caes bien.- Dijo Luna mientras intentaba calmar al otro que seguía llorando.

Ron mientras tanto, observaba la escena, le había sorprendido cómo Hermione había conseguido calamar al bebe tan rápido, y mirándola hacer carantoñas al niño, deseó que pronto se quedase embaraza, quería verla de esa misma manera pero con su hijo, el hijo de ambos, se veía realmente hermosa en su papel de madre.

Cuando finalmente se despidieron de Luna siguieron por el camino hasta que llegaron al pueblo. A Hermione le gustó aún más que la primera vez que lo vio, la plaza estaba igual de llena que la última vez, supuso que todas las semanas habría mercado. Dejaron a Tormenta al cuidado de un hombre al que Ron llamó Hagrid, y continuaron andando por todo el pueblo.

La gente se detenía a saludarles y a hablar con Ron, que muy amablemente les respondía, pudo entender porque a pesar de ser apodado la Bestia, la gente del pueblo se quedaba viviendo allí, realmente se preocupaba por ellos y por su bienestar.

Ron le enseñó el pueblo entero, pasaron por todas las calles mientras le iba explicando quien vivía en cada casa y cuál era su profesión. De esta manera se enteró que en el pueblo había dos posadas, pero que la más frecuentada era la de Madame Rosmerta, una atractiva mujer que a pesar de tener una edad seguía llamando la atención de los hombres. Que el mercado se celebraba, como ya había supuesto, todas las semanas, y que durante el verano se organizaba un festival, con juegos para los niños y concurso de ganado.

Hermione se lo estaba pasando en grande, y tuvo que admitirle a Ron que para ser un pueblo pequeño se sabían divertir mucho mejor que en una ciudad como Londres.

-Eso es porque los ingleses no tenéis sentido del humor y no sabéis lo que es la diversión.-Le había contestado él en tono de broma.

- ¿Que no tenemos sentido del humor? Já.- Y haciéndose la ofendida siguió andando a paso acelerado.

Ron, que sabía que estaba fingiendo le siguió el juego, la agarró por la cintura haciendo que se girase y quedasen uno frente al otro.

- ¿Sabes que era una broma verdad? ¿O es que querías demostrarme que realmente los ingleses no tenéis sentido del humor?- Le preguntó en tono burlón.

- Claro que se que era un broma, y tu ¿te has dado cuenta de mi broma?- Le pregunto ella de la misma manera.

- Claro que lo sabía, estaba intentado picarte, estas preciosa cuando te enfadas.- No había querido decir ese último comentario, pero había salido de sus labios sin que pudiese evitarlo.

Hermione se ruborizó mientras una sonrisa se extendía por su rostro.

- Amm, ¿Seguimos?- Preguntó Ron nervioso, "Idiota, idiota, ¿Cómo le dices eso?" pensaba para sí mismo.

- Sí, claro.- Contesto Hermione aún bastante sonrojada.

Pasaron el resto del día en el pueblo. Decidieron ir a comer a la posada de Madame Rosmerta, fue cuando Hermione pudo descubrir entre risas como Rosmerta manejaba a los clientes, sobre todo a los que habían tomado demás y entre hipidos y tambaleos le pedían su mano en matrimonio.

Cuando se dieron cuenta era casi la hora de cenar, así que decidieron volver al castillo. Durante el camino no hablaron, cada uno estaba metido en sus pensamientos. Ron no había parado de pensar que había cometido una locura al no controlar su boca, pero era tan cierto lo que había dicho… Además últimamente se llevaban muy bien, y no quería volver a fastidiarlo, pero eran cosas que no podía evitar, como los celos sin sentido que había sentido cuando el día anterior Hermione le había hablado de sus pretendientes, sobre todo de uno, cada vez que recordaba el nombre de Cormac Mclaggen…

Hermione por otro lado, tampoco podía parar de pensar en lo que Ron le había dicho y pensaba que tal vez solo lo había dicho como un cumplido y que realmente no lo pensaba en serio, pero la parte irracional de su cabeza le decía que tal vez su esposo estaba empezando a sentir cosas por ella "o puede que solo haya sido porque ahora nos llevamos bien", negó con la cabeza, "no, ha sido solamente cortesía, nada más".

Cuando llegaron al castillo Ron dejó a Hermione en la puerta para que fuese a asearse antes de cenar. Nada más entrar por la puerta oyó unos pasos que se acercaban corriendo.

- Mi señora, ha llegado esto para ti.- Era Minerva que llevaba en la mano una carta de su madre.

- Oh, muchas gracias Minerva.- Le respondió mientras empezaba a subir las escaleras abriendo la carta.

Hacía ya un buen rato que Ron estaba en el comedor. Después de dejar a Tormenta en las caballerizas había subido directamente a su cuarto a asearse y cambiarse de ropa. Había supuesto que Hermione ya habría bajado, pero cuando llegó al comedor todavía no estaba, y cuando preguntó a su hermana, ésta le dijo que no la había visto en todo el día. Antes de empezar a enfadarse decidió esperarla, por si se había entretenido, pero si en diez minutos no había bajado iría a buscarla.

"Esto es el colmo, quince minutos tarde", pensaba mientras salía del comedor en dirección al cuarto de su esposa hecho una furia, sorprendiendo a todos en el comedor. El se iba a encargar de enseñarla a no volver a desobedecerle, "esta vez unos cachetes no se los quita nadie". Justo ahora que parecía que por fin las cosas habían mejorado entre ellos y que habían descubierto que podían llevarse bien.

Cuando iba a empezar a subir el segundo tramo de escaleras oyó algo que lo detuvo. Eran unos sollozos, alguien estaba llorando en uno de los pasillos. Se dirigió al lugar exacto del que provenía el ruido, y se encontró con una imagen que le rompió el corazón en mil pedazos. Se trataba de su esposa que se encontraba sentada en el suelo, abrazándose fuertemente las piernas con los brazos, parecía tan vulnerable, como nunca la había visto, y unas terribles ganas de abrazarla le invadieron, pero logro contenerse. Suavemente apoyó una mano sobre el hombre de ella.

- ¿Hermione?- Ella levantó la cabeza lentamente, aquello fue mucho peor, ver el rastro de lágrimas frescas por sus mejillas aumentó sus ganas de abrazarla, pero nuevamente se contuvo.- Hermione ¿Qué es lo que ha ocurrido?

- Es que…- Intentó decir ella, pero fue incapaz de continuar, los sollozos no la dejaban.

Entonces hizo algo que Ron nunca se habría esperado. Le abrazó. Al principio se quedo sorprendido, ella, que tanto miedo le tenía, se abrazaba a él como se agarraría a una cuerda si estuviese en un acantilado a punto de caerse. El, sin poder evitarlo, y a parte no quería volver a contenerse, le devolvió el abrazo, a lo que ella sollozó aún más y le abrazó más fuerte.

- Tranquila, no pasa nada, ya esta.- Intentaba calmarla.

Suavemente la acurrucó entre sus brazos, la alzó y la llevó hasta su habitación. La sentó en la cama, y él se quedó con ella hasta que se tranquilizó, y cuando se levantó dispuesto a marcharse ella le agarró del brazo.

- No me dejes por favor.- Le suplicó.- Duerme conmigo esta noche.

Ron se quedó pensativo observándola, era lo que más deseaba, quedarse con ella. Y es que, no podía dejarla aunque quisiese porque tenía que reconocer que esa testaruda y orgullosa muchacha, se estaba ganando poco a poco un lugar muy importante en su corazón. Una vez se tumbó a su lado de nuevo, ella volvió a abrazarle como había hecho minutos atrás, como si el fuese un puerto segur y ella un barco perdido que acababa de encontrar tierra.

"Todavía no tengo ni idea de que te ha ocurrido", pensaba mientras los tapaba a los dos, "pero te prometo que mañana lo averiguaré, y haré todo lo posible para no volver a verte llorando nunca más, Hermione".