HOLA, DISCULPENME POR NO ACTUALIZAR, HE ESTADO CON VARIOS PROBLEMAS Y TAMBIEN ME DEDIQUE A ESTAR VIAJANDO, ADEMAS LA ESCUELA NO AYUDA MUCHO EN MI TIEMPO LIBRE PERO APROVECHARE ESTA HORITA QUE ME QUEDA PARA DARLES UNA BUENA HISTORIA ASI QUE DISFRUTEN! (este fic contendrá un poco de material explícito así que por favor si no les gusta avísenme con un pequeño review, es solo para darle más realismo a la historia)

UN PEQUEÑO PASEP, TIEMPO CON SIERRA Y UNA QUE OTRA CONVERSACIÓN INTERESANTE

Cuando desperté sentía que cada músculo de mi cuerpo me dolía, me levanté y note que el cielo ya estaba de un color azul oscuro, ¿cuánto tiempo dormí? Ni yo me acuerdo, pero si recuerdo que soñé con Humpty y las aventuras que tuvimos de niños. Humpty Alexander Dumpty, que gracioso nombre para ese huevo tan peculiar.

En fin, me levante y noté que mis heridas habían estado sangrando aun cuando estaban ya saturadas. Con un poco de suerte logré encontrar mi capa y salir por la ventana de mi habitación, cayendo en un montón de heno. La noche estaba oscura y solo se veía a lo lejos las luces del pueblo y su vida nocturna, vida que yo quería explotar. Caminé en dirección a esas luces tapándome la cara con la capa, aunque igual nadie me hubiese reconocido porque, vamos, estaba hecho mierda. El camino era largo y angosto, pude notar una que otra farola que en un pasado pudo haber servido como ayuda para algún caminante mal afortunado, pero ahora solo eran palos con faroles vacíos y oxidados en sus puntas. Sólo me limitaba a observar el suelo y de vez en cuando ojeaba el camino y las luces. Al llegar al puente fue literalmente sencillo entrar puesto que me hacía pasar por un simple gato y entré. Lo que me sorprendió al entrar al pueblo fue el palo enorme con grilletes en medio de la plaza de San Ricardo, el piso aún tenía manchas de sangre. Me hice el de la vista gorda y caminé sin mirar a los ojos a ningún guardia (habían muchos en diferentes lugares del pueblo), vi la casa en la que supuestamente vivía el representante del rey de España; pero aquello no me interesaba.

Corrí por una callejuela y me impulsé, para luego sujetarme de una ventanilla y así lograr entrar en un pequeño callejón. Encontré algunos gatitos raquíticos caminando por ahí, no me prestaron mucha atención hasta que uno de ellos jaló mi capa.

Minino: Sé quién eres, señor Gato con Botas. No sabe cuánto tiempo he esperado para conocerlo –dijo mientras me sonreía- OIGAN AMIGOS! ES EL GAA..-le tapé la boca para que nadie lo escuchara, no necesitaba compañía no deseada-

Gato: Prefiero que se quede en secreto mi visita ¿ok chaval? – el niño asintió y yo suspire aliviado-

Minino: ¿Que te pasó en el ojo? ¿Alguien te golpeó? Seguramente fue el general, pero tu eres tan fuerte que lograste escapar ¿no? Mi papá me decía varias cosas sobre ti, ¡el pueblo necesita su ayuda sr. Botas!

Gato: -suspire, estaba agotado- por el momento… -suspiro- voy a tratar ok? Tengo que… hacer unas cosas, adiós chaval –le sonreí y me alejé corriendo antes de oír su despedida. No necesitaba aquello, sólo había venido aquí porque sentía nostalgia ¿y ahora me consideran un supuesto héroe? Sé que debo ayudarlos, ¡¿pero cómo podría si las cosas son así ahora?! Caminé por ese callejón para meterme a otro, y ahí fue cuando sentí un olor familiar, ese delicioso perfume barato que usan las mujeres que "trabajan de noche". Caminé hasta su lugar de procedencia y fue entonces cuando encontré la entrada a la taberna para gatos, me adentré ahí y al llegar a la entrada la mayoría se me quedó viendo, entre caminando lentamente tapándome con mi capa. Algunos susurraban cosas como "Es él" o "¿Creen que haya venido por la situación de San Ricardo?" y claro, uno que otro "Esta hecho mierda". Me senté en la mesa del bar y el mesero me dio un vaso de leche, ¡por fin alguien me da algo útil! Fue entonces cuando oí una voz familiar.

Rafael: Conque viniste, tiempo que no sabía nada de ti amigo mío. –era Rafael de la Merced Saavedra, el único del que me acuerdo su apellido porque no paraba de mencionarlo, hijo de un supuesto duque, dejo su herencia millonaria para dedicarse a ser bandolero y casarse con una sirvienta suya, la cual lo dejó al enterarse que había renunciado a su dinero. Ahora él y su roto corazón se dedican a tocar en bares y a soñar con un verdadero amor… pfffff bobadas.

Gato: Jajajaja tú eres el único que no ha cambiado nada, sigues con tu pelaje blanco de gato fino y ese estúpido pañolete negro sobre el cuello.

Rafael: Jajajaja, sabes que llevo este pañuelo sobre el cuello porque le estoy guardando luto a mi destrozado corazón. Quisiera decir que te ves bien aunque estas hecho basura, ¿con la hija de quién ahora te has acostado como para que te peguen de ese modo eh?

Gato: -le iba a responder cuando llegó otro gato, uno panzón y con zonas de su cuerpo sin pelaje alguno, enmarañado y con un fuerte olor a licor- Ismael! – el gato vino hacia mí y me levantó mientras me abrazaba de una forma muy poco delicada

Ismael: ¡Gato! Hace años que no sé nada de ti! Donde estabas eh listillo. Estas hecho una concha, límpiate un poco siquiera, tu ojo parece un tomate o algo peor

Gato: Lo sé lo sé, tuve unos… problemas cuando vine aquí, les explicare después –cosa que jamás pensaba hacer- sentémonos y hablemos un rato, me duele estar parado tanto tiempo, además necesito que me digan que mierda ha pasado desde que me fui.

Rafael: Concuerdo, han pasado varias cosas desde que nos dejaste esos… tan bellos huevos de oro… pude haber logrado tanto con ellos, seguramente Tatiana hubiera vuelto a mis brazos al saber que yo hubiera podido… poseer tremenda fortuna! – Suspira y se coge la cabeza- lástima que nadie se quedó con esos huevos de oro.

Gato: ¡¿Qué?! Como que nadie se quedó con los huevos de oro, ¿acaso los devolvieron?

Rafael: El comandante se apoderó de los huevos de oro y dijo que ahora serían evidencia, obviamente sólo los empleó para poder hacer llamar a un representante de las leyes españolas que en verdad es muy severo, cambiaron todo el sistema y lo huevos de oro terminaron siendo propiedad de este representante, que los cambió por monedas de oro que las tiene en su mansión, la bonita que queda en la plaza misma. Pusieron nuevas leyes, más soldados, más rudeza y ahora castigos físicos a los que las infringen.

Ismael: Ya sabes lo que le pasó a nuestro amigo… su esposa está destrozada y estaba embarazada de una camada de 6 gatitos, no creo que sobreviven todos este invierno, lo más probable es que termine con dos o máximo tres vivos. Bueno, eso es lo que está pasando aquí…

Gato: Pero, acaso el pueblo no puede…

Rafael: Nos levantaríamos sobre ese representante y sus malditos soldados, no se puede…

Ismael: tal vez se pueda, pero hay que organizarnos bien… podríamos… no lo sé…

Gato: las cosas no se pueden quedar así, me encargaré de que el comandante y el representante ese sufran por lo que le están haciendo a este hermoso pueblo, y ustedes me ayudaran – sonreí mientras ellos me miraban como si yo hubiera perdido un tornillo- ya verán – sonreí y tome otro sorbo de leche, hasta que casi lo escupo al ver semejante escena: Kitty y Gustavo estaban besándose apasionadamente, mientras que la muy maldita se encontraba sentada sobre el regazo de ese imbécil… mire hacia otro lado para evitar mi molestia, aunque se me complicaba mucho. Rafael e Ismael estaban casi ebrios y coqueteaban con algunas gatas, hasta que una de ellas se me acercó; cómo olvidarla, tenía los ojos marrones y el pelaje de un castaño hermoso, a pesar de su agitada vida siempre olía delicioso y estaba bella, despampanante con su silueta delicada y esbelta, si, ella era Sierra, la gata que marcó por primera vez a este don Juan Tenorio que les habla, a su pequeña edad de 16 años que decidió experimentar con la hermosa Sierra de, vale admitir, también de 16.

Sierra: Gato, tiempo que no te veía, desde aquella vez que celebramos nuestro encuentro… - me sonrió y no pude evitar querer perderme en ella- que te ha pasado mi gatito, parece que las malas juntas te han hecho daño otra vez, ¿quieres que las trate? – Dijo mientras me sonreía de medio lado y sus ojos brillaban- ¿quieres?- yo miré hacia el lugar donde estaba Kitty y asentí sonriéndole a Sierra de manera sugerente – Jamás cambias, vamos – me tomó de la pata y fuimos a una habitación del bar, ahí podría olvidarme de Kitty por un rato, aunque finalmente terminé adorándola desahogándome con el recuerdo de Sierra…

(POR FAVOR SI NO QUIEREN LEER ESTO SALTENLO, NO QUIERO QUE DESPUES SIENTAN QUE LES FALTO EL RESPETO)

Entramos y me quitó mi sombrero, mis botas y mi cinturón, yo le acaricié la espalda bajando mi pata hasta colocarla en el inicio de su cola. Ella me sonrió y empezamos a besarnos, eran besos desesperados, su boca sabía a tequila y a ron, y me sorprendí a mí mismo tratando de encontrarle similitudes con Kitty, cosa que no halle. Ella dejo que me sentara sobre la cama mientras se dedicaba a besarme el cuello, yo me la pase tocando su trasero y sus piernas, ¿por qué hacía esto? Yo sólo quiero a Kitty, solo a ella, pero ella no es mía… jamás lo será…

Paré mis pensamientos al sentir una pata sobre mi entrepierna, tome la cabeza de Sierra y la besé mientras empezábamos ese vaivén, y entonces terminé adorando a Kitty, ya no era Sierra, era Kitty, la única hembra a la cual llegue a amar. Senté a "Kitty" sobre mí y escondí mi rostro en su cuello, sería un pequeño secreto, ella ya no sería Sierra para mí, sino sería mi pequeño portal a un mundo en el que podría tenerla a Ella conmigo. Empecé a hacerlo mucho más fuerte, sentía las patas de Ella aferrándose a mi cuello, yo me dediqué a consentir su pecho, acariciándolo con mi hocico y hundiéndome en él. ¿Cuánto me contaría este momento de felicidad? Sólo la compañía de una prostituta gatuna y mi corazón roto al terminar todo.

Al terminar cometí un error.

Gato: Kitty… -dije mientras escondía mi rostro en su pecho.

Sierra: ¿Qué? Gato, acabas de decir Kitty?! –levantó mi rostro y notó mi vergüenza, yo bajé la mirada-

Gato: Mantenlo en secreto por favor Sierra… es lo único que te pido – cerré los ojos esperando una burla pero entonces sentí que ella me abrazaba-

Sierra: Gato, hemos sido amigos desde que tengo memoria y… me alegra que te hayas enamorado de Kitty –me sonrió y me acunó en su pecho-

Gato: Ella… ella no quiere saber nada de mí, es un caso perdido… yo… -no pude evitar las lágrimas, no podía evitarlo, toda esa frustración, ese odio, ese dolor, no pasaba. Sierra me abrazaba y me acariciaba la cabeza mientras yo lloraba sin consuelo alguno, mi cuerpo se estremecía cada vez que mi pecho se cerraba e incluso empecé a gemir, me dolía llorar por Ella, por esa inalcanzable ilusión de ojos azules que jamás tendría, y por un momento, entre los brazos de Sierra, lleno de lágrimas y dolor, llegué a la conclusión de que me lo merecía.

Gato: Sierra…

Sierra: Dime Gato, que sucede.

Gato: ¿Crees que podamos vernos de este modo más seguido?

Ella miró el techo, cerró los ojos, me miró y con algo de pena me sonrió mientras asentía.