Gracias por los reviews que me han escrito. Ustedes me alegran el día. Por cierto les pido un poco de paciencia con La Dama de Honor, se me está complicando un poco este capítulo, tengo algunas ideas, pero no sé cómo organizarlas…en fin. Disfruten.


Anna

"¿Lo dejaste ir?"

"Ese hombre no volverá a entrar en esta casa, ¿me entendiste, Horokeu Usui? Nunca. No me importa que es lo que arregle en esa estúpida cabaña tuya. Está un poco..." Con su dedo hizo un movimiento circular, insinuando que Yoh estaba loco. "¿No lo creen?"

Ignoré el comentario de Tamao y volví a regañar a Horo Horo. "¿Por qué lo dejaste ir en esa condición?"

"Él está bien. Tengo las llaves de su camioneta." Horo Horo me las mostró para comprobar que no estaba mintiendo. Tamao nos miró feo.

"Le daré su merecido por ensuciar mi pared con cerveza."

"¿Ni siquiera te ofreciste a llevarlo a su casa?"

"Olerá a cerveza por semanas."

"Deja de exagerar Tamao," Horo Horo se burló. "Él me las aventó, Anna, ¿qué querías que hiciera? ¿Cargarlo y llevarlo a su casa?"

Rodé mis ojos. Horo Horo podía hacerlo. Lo había visto antes, cuando ayudaba a Yohmei a sacar a los borrachos de su bar, pero imaginarlo cargando a Yoh en esas condiciones...

Tuve que morder mi labio para no reírme de la imagen. Tamao volvió a enojarse.

"Claro, ahora es divertido...¿quién diablos es ese tipo?"

"Tranquila, cariño. Sé que es un poco...extremo...él hombre carga con un gran equipaje, pero ¿quién no lo hace? Olvidando el incidente de la cerveza, creo que es un buen tipo."

Tamao lo miró como si no creyera lo que acababa de decir.

"Estoy empezando a cuestionar a tus amistades." Le dijo, recogió el último pedazo de vidrio roto y lo tiró en la basura.

"Creo que voy a verificar que esté bien."

"Anna, no creo que sea una buena compañía en estos momentos."

"Puede lastimarse." Dije, y al instante recapacité, sonaba preocupada por él, no quería darles esa impresión, así que cambié mi frase. "Puede destruir algo en la cabaña."

Mis amigos sólo me vieron. "¿Qué pasa contigo?", preguntó Tamao.

"Yo le pregunté lo mismo."

"Nada. ¿Por qué?"

"Entonces ¿por qué te preocupa? Según tú, ese tipo no ha sido nada más que grosero contigo."

Mi boca se abrió, pero las palabras no salieron, no sabía que responder. Aún no había compartido con nadie el sueño que me acechaba, y no podía decirle a mis dos amigos que todas mis suposiciones acerca de Yoh Asakura se basaban en el simple hecho que podía, o no, representar a alguien que me hacía sentir amada, aunque sea en un nivel subconsciente.

Aunque...él no se comportaba como el hombre e mis sueños...el no coincidía con la descripción que había creado en mi mente, y definitivamente o se veía interesado en convertirse en ese hombre...pero esas palabras. Sus palabras...cada vez que decía algo, él...yo, mi cuerpo...

"¿Anna?"

Mis ojos se movieron entre Tamao y Horo Horo. Ambos me veía extraño, como intentando averiguar si había visto algo.

Decidí decirles la verdad.

O una parte de ella.

"Creo que es importante."

"¿Importante?" Repitió Horo Horo. Las cejas de Tamao sólo se levantaron. "No quiero ofenderte, Anna, pero estás sonando como una loca."

"Lo sé, lo sé, pero..."

"¿Viste algo?"

Negué con mi cabeza. "No directamente."

"¿Tienes algún presentimiento sobre él?" Tamao preguntó, esta vez sus ojos brillaban de emoción. "¡Oh! ¿Acaso es el crítico de comida del que me contaste?"

"No, Tamao," sonreí. "No es el crítico de comida que vi."

Desesperada. Sabía que no tenía que decirle.

El semblante de Horo Horo cambió a uno más serio. "¿Planeas decirnos quien es o vas a seguir jugando?"

Era frustrante no poder explicarles a mis dos mejores amigos que tal vez había soñado con Yoh Asakura, y que tal vez había una pequeña, remota posibilidad de que el sea mi esposo en algún momento de nuestras vidas.

Ahora que lo pienso no suena tan loco como creía.

"No creo que sea..."

"Está bien, déjanos con la duda." Torció su boca y suspiró, pasando un brazo sobre los hombros de Tamao.

"Espero que sepas lo que haces."

"Tranquila, Tamao." Horo Horo me defendió de su esposa mirándome con una sonrisa que me recordó la fe que tenía en mí, aunque cuestionara mi salud mental. "Ella sabe cómo cuidarse."

Saqué las llaves de mi auto y me despedí de ellos, antes de irme Tamao me detuvo.

"¿Por qué él no sabía de ti, Anna?"

Me encogí de hombros restándole importancia. "No es necesario que lo sepa."

"¿No crees que deberías decirle antes de que se entere en otro lugar?"

"Primero quiero ver si vale la pena hacerlo."

"¿Tienes miedo de que pase lo mismo que con los demás?"

"Si...creo, pero todo es diferente. Con él tengo que ser más cuidadosa."

Horo Horo y Tamao compartieron una mirada y dijeron al mismo tiempo.

"Estás asustada."

"Cállense."

Horo Horo se rió y me tomó del brazo. "Ya te lo dije una y mil veces más, Anna. Si huyen, no valen la pena."

La historia de mi vida.

"Lo sé, Horo...lo sé."

Me abrazó fuerte durante unos segundos hasta que lo interrumpí, "Tengo que irme," finalmente me dejó libre.

"Buena suerte." Tamao me dijo sarcásticamente desde la puerta. Desde mi carro pude ver como el cuerpo de Horo Horo bloqueaba la luz de la sala mientras que Tamao recargaba la cabeza sobre su hombro y rodeaba su cintura.

Me pregunté si alguna vez tendría lo que ellos tienen.

Completa confianza en otra persona.

Me marché y manejé hacia la calle donde esperaba encontrar al Sr. Asakura.

Suspiré en cuanto lo vi, tambaleando de un lado a otro del acotamiento. Por poco y no lo veo. Había sido muy afortunado de que fuera yo y no uno de los chicos que suelen pasar estar calle a más de 140 kilómetros por hora los sábados por la noche.

Si hubiera sido así, ya estaría muerto.

Me detuve a su lado, pero él no pareció notarlo y siguió su camino.

"Sr. Asakura."

El susurró algo , pero no parecía dirigido hacia mí.

"Señor..." Suspiré. "Yoh." Dije alzando un poco más mi voz, él se tropezó con algo y se giró para verme.

"¿Qué diablos estás haciendo en mi alucinación?"

"¿Disculpa?"

Él sacudió su cabeza y volvió a mirarme. "Nada, ¿qué puedo hacer por usted esta vez, Srta. Kyoyama? ¿Acaso tiene un secreto que contarme?" Me preguntó casi sonriendo. La forma en que dijo secreto hizo que mis vellos se erizaran, si no lo conociera diría que él había descubierto mi habilidad, pero eso era imposible.

"En realidad vine a llevarlo a casa; esta es una calle muy peligrosa, especialmente para peatones."

"Qué bueno." Él gruñó tomando una gran bocanada de aire y regresando a su camino.

"Yoh, por favor, si no por ti, por lo menos hazlo por mi salud mental. Si algo te pasa, tendré una carga sobre mis hombros."

El pasó su mano sobre su cabello, despeinándolo, era como si lo hubiera ofendido, pero al fin pude descubrir una de sus debilidades.

Aparentemente no se preocupaba por nada de lo que le pudiera pasar, pero respecto al bien de los demás...era diferente.

Logré subirlo al carro y manejé en silencio. Podía ver que había algo dentro de su cabeza mientras miraba el paisaje. Si lo conociera mejor, me habría detenido y lo habría obligado a enfrentar a sus demonios, pero No éramos tan cercanos. Aunque, tampoco éramos desconocidos.

Éramos algo en medio.

Necesitaba trabajar en eso.

Cuando llegamos a la cabaña él no desperdició ni un segundo en salir del asiento del pasajero y tambalear hacia la puerta. Lo seguí, había algo que me impedía dejarlo solo.

Necesitaba...algo. No sabía qué, pero lo necesitaba.

Él dejó la puerta abierta y caminó hasta el refrigerador buscando una cerveza. Cuando notó mi presencia intentó ser un buen anfitrión.

"¿Quieres una?" Preguntó, tomando una segunda cerveza en su mano. Negué con la cabeza.

Él se encogió de hombros y abrió una para él. Sacó su ipod y lo conectó al estéreo. Escogió una lista de música y regresó a la salida. Parecía relajarse con la música, así que yo también lo hice.

"Creo que debo agradecerte por traerme a casa." Murmuró, viendo las estrellas. Parecía que estaba cansado.

Intenté concentrarme en él.

Cerré mis ojos e intenté ver algo...pero no hubo nada esta vez. Nunca funciona cuando lo necesito.

Nunca le respondí. No quise interrumpir lo que fuera que estuviera sucediendo en su cabeza. Sabía que las estrellas podían traer viejas memorias. Llegué a la conclusión de que se encontraba a salvo en su casa, ya no tenía ninguna razón para estar en la cabaña, así que me preparé para partir.

Él me miró y, como si hubiera recordado algo, caminó hacia mí, tambaleándose un poco en el proceso. "Tienes que ver esto. Sígueme."

Me tomó de la mano y me condujo hacia el patio trasero de la cabaña. Intenté soltarme, pero fui imposible. "No creo que sea el mejor momento para esto."

"Oh, vamos, Srta. Kyoyama. Me portaré bien, lo prometo." Dijo en un tono divertido.

Antes de llegar, se tropezó con la mitad de los muebles que había en la cabaña. Murmuró y se quejó, pero no dejó de caminar hasta llegar a su meta, cuando llegamos soltó mi mano.

La vista era hermosa. La luna iluminaba el contorno del Monte Osore y la luz se reflejaba en la cristalina agua del lago.

Yoh tomó un trago de su cerveza y se paró a mi lado, mirando fijamente el paisaje. Sus ojos se oscurecieron. Justo como cuando me sostuvo en sus brazos el día anterior.

Quería saber más sobre ellos...quería saber porque eran tan profundos.

Igual que sus palabras.

"¿Por qué fuiste detrás de mí, Anna?"

"Ya te lo dije, estaba preocupada." Mi voz tembló mientras hablaba. Nunca me había hablado por mi primer nombre.

"Eso es lo que dijiste," susurró. "Ahora dime porqué lo hiciste."

"No estoy segura," mentí, no pude admitir (ni siquiera a mi misma) porqué lo había hecho. Muy en el fondo lo sabía, sentía una especie de conexión, y me pregunté si él también la había sentido. Quizás, él podía ver a través de mí, sin importar cuantas barreras hubiera entre nosotros.

Yoh tomó un largo trago de su cerveza y se sentó en la silla que estaba a su lado.

"No debí aventarte esa botella."

Era el mismo intento de disculpa que me había ofrecido anteriormente. Esta vez la acepté, parecía que no estaba acostumbrado a disculparse, y ya lo había hecho dos veces.

"¿Por qué lo hiciste?" Le pregunté, y aunque nunca se molestó siquiera en verme, si inclinó su cabeza un poco, dándome a entender que me había escuchado.

"Se puede decir que estaban probando mi paciencia."

Dolió lo que dijo. Dejé escapar un suspiro y lo miré. La música inundó con electricidad nuestro alrededor, entibiando mi piel mientras el recuerdo de la voz de Yoh la noche anterior viajaba por mis oídos.

Si Yoh tuviera la habilidad de ser una persona romántica diría que esto fue planeado, la música era suave y placentera, la luna brillaba como pocas veces, la temperatura era perfecta...

No estaba segura de porque me había traído hasta aquí, no era su persona favorita, sin embargo, parecía querer compartir este momento conmigo. De nuevo, el silencio apareció entre nosotros.

Era ensordecedor.

Debería irme, pensé. Sabía que él prefería estar solo.

Mi instinto me decía que me quedara quieta, mientras que mi cabeza me decía que huyera mientras tenía oportunidad. Estaba a punto de salir de ahí, y cuando di el primer paso sentí como unos dedos se enredaban en mi muñeca, deteniéndome.

La sensación de familiaridad me habría tirado si no tuviera un firme agarre sosteniéndome. Seguí el rastro desde su antebrazo, pasando por su mandíbula, y llegando finalmente a sus ojos. Estaba mirándome de forma diferente, como si estuviera contemplándome.

Después habló. Supongo que era una petición, pero sonó más como una demanda.

"Baila conmigo, Anita."

No...definitivamente no lo entendía, pero no podía rechazarlo, aunque quisiera, así que lo hice, esperando aliviar de alguna forma el dolor que lo estaba acechando.

La música guiaba nuestros cuerpos.

Estaba esperando una nueva visión sobre él...lo que fuera, quería saber si había algo más en él que su alma ahogándose.

Sus ojos estaban clavados en los míos al mismo tiempo que nos balanceábamos en el patio trasero, nuestros dedos se entrelazaron mientras que con su otra mano sostenía mi cintura. Su toque familiar hizo que mi estómago se retorciera, sentía su necesidad. Quería apoyar mi cabeza sobre su pecho, como lo había hecho en una fantasía que apenas recordaba.

No lo hice, en lugar de eso, dejé que mi mano se descansara sobre su torso. No hablamos, no había ninguna necesidad de hacerlo.

Su ceño fruncido me decía que estaba dolido...tal vez exasperado...pero no sabía de que, o quien, hasta que lo dijo en un susurro.

"Te necesito," me dijo, y con esas palabras todo se precipitó, como una enorme tormenta que nos había encontrado en esta pequeña porción de tierra llamada Aomori.

El camino hacia nuestra nueva casa...brazos firmes que me cargaban hasta la puerta, entrando a lo que originalmente pensé era nuestra habitación, que después se convirtió en un lugar donde nunca antes había estado...un lugar extraño en un área extraña, rodeada de oscuridad, palabras deformadas cubrían las paredes y el suelo estaba sucio.

Alguien más estaba ahí, la oscuridad me acorraló y me obligó a atestiguar una pelea entre dos hombres que parecían unidos por algo más que simple amistad.

¿Qué estás haciendo aquí, Hao?

¿Cómo es que tú...?

¿Por qué no tienes tu uniforme?

No deberías de estar aquí, hermanito.

¡Contéstame!

Definitivamente yo no puedo estar aquí cuando los demás lleguen.

Comprensión, frustración, confusión y sobre todo pena y angustia...dolor y sufrimiento. Era un mar de emociones dentro de mi pecho.

No quieres hacer esto, Yoyo.

¡Detente!

Un disparo...gritos...caos...y después nada.

No me di cuenta de que un par de lágrimas estaban cayendo desde las esquinas de mis ojos debido a las imágenes y sentimientos que había experimentado. Sentí como el pulgar de Yoh secaba el camino húmedo por el que habían viajado.

"Tranquila," dijo, acercando sus labios a los míos, creando un beso para el que no estaba lista. Su mano bajo hasta mi trasero y se quedó ahí.

Intenté alejarlo de mí. "¿Qué estás haciendo?"

Él no se apartó. "Te necesito, Anna...lo necesito...necesito esto."

Yoh volvió a inclinarse para besarme, mientras que su mano volvía a acariciar mi trasero. No podía soportarlo, no con estas visiones, y definitivamente, no con este dolor que aún sentía.

Lo empujé más fuerte esta vez y me alejé de él. "No."

"¿Qué?"

"Dije que no, Yoh."

"¿De qué diablos estás hablando? Tú también lo quieres. Lo puedo sentir, Anna, no soy idiota."

"Si, tal vez lo quiero, pero no en este momento, no cuando..." Estaba sin aliento. Quería llorar, estaba triste por la muerte de su hermano que ni siquiera había conocido.

"Mierda, ¿qué, acaso estás jugando conmigo?"

"Estás ebrio."

"Y caliente." Dijo acercándose a mí para demostrarme su punto, pero me alejé de nuevo, negando con mi cabeza, confundida por quién era este hombre en comparación a lo que yo quería que fuera.

"No sé quién eres," le dije, dándole la espalda mientras caminaba de regreso a mi auto.

"¡Pues ya somos dos!" Me gritó desde el patio trasero de la cabaña. Él no me persiguió. Sólo se quedó ahí.

Me subí a mi carro y pasaron cinco minutos antes de que prendiera el motor, necesitaba tranquilizarme un poco.

Cuando llegué a casa vi que había una nota pegada en la puerta del refrigerador. Era de Kino.

"Tu padre llamó de nuevo. No puedes evitarlo por siempre, Anna."

Pasé mi dedo sobre la palabra padre, despegué el papel y lo metí en mi bolsillo. Subí las escaleras y me preparé para dormir.

Traté y traté de sacar lo que había sentido y visto fuera de mi cabeza, pero era imposible, sabía que esta noche no iba a descansar.

Tenía razón, por supuesto. El sueño me visitó de nuevo, sólo que esta vez era diferente de las anteriores. Estábamos apenas adentro de la limosina después de abandonar la ceremonia cuando me empujó contra la puerta con toda su fuerza.

"Te necesito," admitió, respirando rápidamente. Sabía que era por siempre, sus ojos me lo decían.

Estaba desesperado, jalaba y rompía la delicada tela que me cubría y no me interesaba.

Le quité el saco y desabotoné la playera que usaba.

Sus manos eran duras. Desabrochó mi sostén para descubrir lo que tanto anhelaba, de inmediato su boca atacó mi pezón que estaba listo para él. Sentía su boca contra mi piel, mordiendo, succionando, besando y gemí en respuesta.

Subió mi vestido para encontrar lo que había debajo, sus ojos se oscurecieron y no pudo controlar más su animal interior.

Antes de que pudiera respirar, él ya estaba dentro de mí, empujando...jalando...demandando. Lo sentía una y otra vez, y cuando le dije que lo amaba, se detuvo abruptamente, enojándose y saliendo de mí.

Le pidió al chofer que se detuviera.

Intenté detenerlo para que no me dejara, pero él solo se alejó.

Lo último que me dijo mientras salía del carro fue, "No puedes amarme, Anna...no queda nada que amar."

Después dio un portazo y me desperté, estaba sin aliento, sola y asustada de perder lo que aún no tenía.

Intenté ver su cara, esperando que tal vez pudiera reconocerlo, sólo para estar segura, pero lo único que recordaba eran sus ojos.

Los conocía. Sólo había conocido a una persona con esos ojos, pero no tenía sentido. ¿Por qué sería tan real y tan tangible en mi sueño, pero tan inalcanzable en la realidad?

Respiré más lento, intentado calmarme. Ya había amanecido, lo que significaba que no tenía tiempo para sentarme y analizar mi sueño, aunque ya sabía que era lo que me ocurría.

Me bañé, vestí y platiqué con Kino, antes de irme. Cuando me preguntó si algo sucedía mentí, no quería preocuparla.

Ella ignoró mi respuesta y rodó sus ojos antes de informarme que regresaría tarde a casa porque tenía un 'compromiso'. Normalmente me hubiera tomado mi tiempo para interrogarla y molestarla por estos 'compromisos' suyos, pero fui amable y la dejé iniciar su día en paz, notando un poco de preocupación en su rostro.

Terminé de desayunar, recogí los platos y los lavé. Me preparé para ir a la tienda de velas, donde me tocaba trabajar hoy por las próximas ocho horas.

Cuando abrí la puerta y vi a la persona que estaba frente a ella supe que llegaría tarde al trabajo.

Él sonrió y mi ceño se frunció, su presencia me confundía.

"¿Len?"

"Hola, Anna."

Se veía tranquilo como siempre, aunque de forma diferente, tenía el presentimiento de que esta no era una simple visita social.

"¿Ocurre algo malo? ¿Te puedo ayudar en algo?" Pregunté. Al mismo tiempo que las palabras salían de mi boca Len sacaba algo de su bolsillo.

Era una especie de insignia o placa...una del gobierno.

La colocó frente a mí para que la viera. "Si, puedes hacerlo," me dijo en un tono más profesional. "Soy del Departamento de Policía Metropolitana de Tokio, Anna. Unidad de Asuntos Internos. Sé todo acerca de tu habilidad, y necesito platicar contigo acerca de Yoh Asakura y su posible participación en actividades sospechosas en Tokio."


Definitivamente, Yoh no va a estar feliz cuando se entere de que existe una investigación sobre él. Espero que les haya gustado el capítulo, ya sé que Anna es muy OOC, pero eso es por el contexto de la historia…y ya que estamos en esto ¿qué pasa con Hao? ¿Es un fantasma o un recuerdo de Yoh? ¿Ustedes que opinan? ¿Qué creen que le pasó?