Todos los personajes que aparecen en esta historia son propiedad de Rumiko Takahashi, y los utilizo sin ninguna intención de lucro.

El ladrón de corazones

Libres para ser tú y yo

Al final comprendí todo…bajé la mirada y seguí el camino de sus manos temblorosas, sujetándose el cuello y el vientre. Otro poco, y descubrí el color carmesí tiñendo la entrepierna de su pijama…"¿Est-estaba a punto de dar a luz?"

—Te lo imploro…n-no le hagas daño a mi hijo—. Su ser no resistió más y se precipitó al suelo.

Quedé tan pasmado con su extraña solicitud, que apenas tuve tiempo de reaccionar y atraparla en el aire, antes de que su cuerpo impactara en la duela. Cada uno de mis poros absorbió su calidez, mientras desesperado buscaba su pulso y llamaba a gritos al resto de la familia.

¡Teníamos que llevarla a un medico cuanto antes!

— — —

"¿Por qué demonios lo hago? ¿Por qué mi corazón se estremece violento al mirarte desvalida e insiste en tratar de protegerte a toda costa? A pesar de todo lo ocurrido" No lo sé, no puedo explicármelo. Es un llamado directo a la sangre de mi cuerpo; que reacciona inconsciente y embravecida, como si de acercar una cerilla a la dinamita se tratara.

Esta tarde, por fin había logrado recordar ciertas cosas, pequeños detalles que no llenaban a plenitud los espacios vacíos en mi mente, dejándome únicamente vislumbrar, que el sentimiento que debía albergar hacía ti era odio. Un resentimiento mezquino e indescriptible ante tu mera presencia, y sin embargo, algo me lo impide, no me atrevo…no puedo, ni quiero.

Seguí gritando como un maldito poseso con todas las fuerzas de las que era capaz, aún sintiera el desgarre de las cuerdas vocales ante cada exclamación. No me importaba, quería que mi voz saliera de mi pecho lo más estridente posible. Que retumbara por las paredes de la casa y despertara a la ajena familia que dormía en las habitaciones de al lado y en el piso de abajo. No me detuve hasta que observé encenderse las luces de los cuartos, y escuché la voz del padre de Akane llamando a sus hijas. "¡Por fin!"

En estos minutos, jamás dejé de presionarte junto a mi pecho, dividiendo la atención de mi vista entre el desear ver que nuestros padres y tus hermanas aparecieran junto a nosotros, y en ti. Las gotas de sudor por largo recorrido aún bajan por mi frente, pero para mi ya es demasiado tiempo, y tengo que seguir observando con preocupación, cómo es que continúas inmóvil entre mis brazos, con esa palidez que me asusta y me hace sentir lleno de impotencia al no poder ser yo quien te pueda curar con el toque de mis manos.

—Será como la última vez, ¿lo recuerdas?...abrirás tus ojos y estarás como si nada—. Musito la frase, bastante irónica, mientras que el desespero se sigue adueñando de mi corazón ante cada palabra. Mi memoria trata de buscar imágenes que llenen los vacíos que mis labios han susurrado al viento, sin mucho resultado.

Me siento más desesperado. Es una maldición no conseguir recordar nada y basarme en los instintos que me estrujan por dentro, sofocándome con cada grito de la consciencia, la que me ordena no dejarte morir de ninguna manera.

"Y no lo haré" me reafirmo. Quiero salir de prisa contigo. Sé que no permitiré que te pase nada, ya no. Apenas pueda dar aviso, iremos de inmediato por ayuda para ti.

Siento las murmuraciones ansiosas que se aproximan y me hacen dar cuenta de que la poca intimidad que tenemos, se romperá inmediatamente. No importa, el momento se ha congelado en un instante en el que me doy el lujo de deslizar la yema de mis dedos sobre la cetrina piel de tu mejilla, dejando un rayón carmesí sobre ella. "Era un bobo" cuando llegaran, lo primero que pensarían es que en estos meses me había vuelto un maniaco carnicero asesino, y en un escenario sangriento y oscuro, lo era. Parte del calor que se conserva a ti, es gracias a que he logrado entibiar tu cuerpo con el calor del mío, piel con piel; con la sangre tibia que emana de mis heridas y que empaña sin reparo, las fibras enrojecidas de tu pijama.

Finalmente, mis padres salen de su habitación, Kasumi y Nabiki hacen lo suyo, y el angustiado padre de ambas, sube a tropezones, forzando los desgastados peldaños de las escaleras. Todos ellos se han detenido a unos pasos de donde estamos.

La piel se me eriza por unos instantes, presintiendo el peligro. Aunque no he levantado la vista, percibo las miradas clavándose como aguijones sobre nosotros. Mi espalda parece encorvarse un poco más para cubrir con ella tu cuerpo inerte; mis manos te rodean aún más protectoras, si es que esto tenía cabida.

—¡Dios! ¡¿Qué ha pasado aquí?—. Es mi madre la que rompe el ambiente tenso que se ha creado. En su voz, noto claramente la preocupación por ti…quizá también por mi deplorable estado y las heridas que se muestran a través de los orificios que los vidrios causaron en mi camisa negra. Me gustaría abrir la boca para decirle que estarás bien, que no tenga cuidado…pero sigo con mis ojos clavados en ti, no la he apartado un segundo. Intento minimizar la rabia que les guardo, y si veo esos rostros fingiéndome ignorancia, puedo jurar que no seré capaz de controlarme. Les lanzaré en cara cada uno de los míseros reclamos que traigo ahogados en mi interior…y no lo haré, no mientras pueda discernir que no es el momento apropiado.

—¡¿Qué le hiciste a mi pequeña?—. Don Soun Tendo se arroja sobre nosotros en una prueba aventurada por recuperarte del "cruel monstruo" que te aprisiona, pero lo bloqueo de inmediato al levantarme e la duela como un resorte, llevándote conmigo.

"Ya me habían visto, y era hora de que nos marcháramos por ayuda" Camine, cargándote en brazos, dispuesto a bajar las escaleras de tres saltos e irnos.

—No me interesa lo que piense ninguno de ustedes —Luché como nunca para atreverme a mirar sobre mi hombro a la familia que yacía sorprendida a nuestras espaldas— Sólo quería que supieran que la llevaré al hospital —Las frases iniciales salieron más roncas e intimidantes de lo que deseaba, hasta que se fueron degradando y revelaron mi verdadera debilidad—. Está muy mal.

Algo detuvo mi andar, jalando la tela de mis pantalones.

—¡No dejaré que tú te la lleves!

—¡Por favor, no voy a hacerle daño!—. El mismo padre testarudo se había abalanzado sobre mí para impedir que me marchara. Seguía interponiéndose en mi camino. "¡¿Qué rayos pasaba con él?" Afortunadamente, mi papá le sujeto, y cualquier nuevo intento por venir tras de mí, se vio frustrado.

—Cuida bien de mi hermanita—. Un pedido que sonaba a orden, de parte de Nabiki.

—Date prisa, hijo.

—Anda, Ranma, nosotros te alcanzaremos en unos minutos—. Terminó Kasumi. Fueron las mujeres de esa casa, las que parecieron comprender mejor la situación.

Salí de allí con el valor transmitido de ellas…ignorando los gritos histéricos y el llanto descontrolado del patriarca.

— — —

Llegué al hospital lo más rápido que mis piernas me permitieron. Ya había perdido demasiado tiempo esperando a darles aviso y en discutir con ellos para que me permitieran traerla.

"Estaba harto, herido, cansado, lleno de rencor… estaba todo"

Las puertas de cristal de la entrada se abrieron automáticamente al rozar el vidrio con uno de mis brazos. Un par de enfermeras se acercaron de inmediato, y unos segundos después, otro par de asistentes arribaron con una camilla en la que deposité el cuerpo de Akane.

Seguí los pasos de ese grupo de personas que la alejaban de mí, atravesando puertas y pasillos hasta que me detuvieron frente al cuarto al último cuarto al que la trasladaron. Las enfermeras me dijeron que era un área restringida y necesitaban hacerle una valoración, y si realmente quería ser útil, fuera a recepción y diera todos los datos posibles de su estado.

Acepté de mala gana y no protesté. Sólo quería que estuvieras bien, y esta vez, no sería yo el que entorpeciera los trámites para que recibiera la atención que requería.

En cuanto llegué a la ventanilla di su nombre, y la primera pregunta que me formularon, hizo que tambaleara el poco control que simulaba portar. Además, mi condición no mejoraba con esas asistentes regordetas mirándome como si hubiese salido de un matadero, con la mitad superior de mi cuerpo lleno de cortaduras.

—Es sangre de la chica—. Mentí. Tampoco esperaba que me creyeran, lo único que me preocupaba es que algún médico que pudiera atenderla y ayudar a salvarle la vida de ella y de su hijo, no lo hiciera por venir conmigo.

—¿Qué es usted de la señorita Tendo?—. La encargada de mirada más fría y cabellos ondulados y azabaches, me preguntó con una sincera amabilidad, aunque para ese entonces, toda pregunta era capciosa, y un modo sutil de jugar con mis lagunas.

"¿Qué le decía?" No recordaba si aún era mi esposa, si habíamos llegado a firmar los documentos de divorcio…nada.

—Soy su esposo—. Me armé de valor para exclamar convencido mi respuesta.

El resto de las preguntas fue de una índole similar; ¿en dónde vivíamos? El trabajo de ambos… ¿cómo íbamos a pagar el servicio brindado…Bueno, eso último me encargaría de averiguarlo cuando llegaran nuestros padres.

Unos minutos después de responder las formulaciones, la familia apareció, abarrotando el reducido espacio de la recepción.

Me mordí los labios, conteniendo los deseos de salir inmediatamente de ese lugar, había una razón más importante por la que estaba allí, y no me iría, esta vez no huiría con el rabo entre las patas, me quedaría hasta que todas mis dudas fueran resueltas.

—¡Ranma! ¡¿Qué te dijeron? ¿Cómo está Akane?—. De nueva cuenta, el padre de ella, esta vez, sin la actitud hostil de horas atrás. Al contrario, no parecía tener otra preocupación encima que saber de su hija. De algún modo, empezábamos a entendernos.

—Si, hijo, dinos.

"¿Y si los mantengo en el condenado abismo en el que me han tenido ellos?"

—¿Por qué permiten que este joven tome tantas atribuciones que no le corresponden?—. Abriéndose paso en medio de la familia, apareció un anciano al que no había visto antes, sin embargo, la mirada despectiva de sus ojos negros y sus brazos cruzados con firmeza, me hacían más que consciente de que yo no le suponía otra cosa que una molesta piedra en el zapato.

—Yo fui quien la trajo a este hospital…y aún no sé nada —Contesté, ignorando la presencia de esa figura de porte altivo— Todavía deben estar revisando a Akane— Que se enteraran de una vez que ya sabía parte de mi pasado—. Mi esp…

—En ese caso, te agradezco que hayas salvado la vida de mi nieto, pero ahora que están en buenas manos, creo que tu estancia en este sitio es…redundante—. Exclamó mordaz.

Me sentí explotar por dentro. Me habían excluido de la familia completamente para darle cabida a un perfecto desconocido con aires de grandeza, y además, dijo su nieto…Mi retahíla de recriminaciones se detuvo en seco…Un flechazo de lucidez me atravesó la memoria…sabía que lo conocía de antes. Lo observé con escrutinio, tratando de recordar de dónde lo conocía, por qué me guardaba ese desprecio…Segundos después lo visualicé…mucho más joven, las facciones menos duras…No, no era él…era su hijo, el tipo de mi accidente.

—Yusuke—. Murmuré, como si en ese espacio sólo estuviéramos nosotros dos… temiendo la respuesta. El fruncimiento de sus labios resecos me lo confirmaron.

—Recordaste a mi hijo, ¿no?

Esto terminó por hundirme en un pozo. Significaba que esas alucinaciones eran verdad, que no sólo Akane fue mi esposa…también me había engañado con ese tipo que intentó matarla, entonces, ¿y la noticia que me daba de estar embarazada…" ¡Dios!, ¡¿en qué se había convertido mi vida?"

—¿Ustedes son los familiares de la paciente, Tendo Akane? —Mi madre y Kasumi respondieron afirmativamente, y él prosiguió—. Su estado es muy delicado, el feto tiene enredado el cordón umbilical en su cuello, y si no operamos cuanto antes, podría ser peligroso para la vida de ambos.

—¡Nooo! —Don Soun, quien hacía rato que ya había cesado su llanto, volvió a resurgir con un par de cataratas de llanto, a la vez que sacudía al Doctor—. ¡Mi bebé tiene que estar bien! ¡A ella no le puede pasar nada malo!

—Mantenga la calma, es un proceso que compromete algunos riesgos, pero lucharemos porque estén bien…el quirófano se va a desocupar en aproximadamente veinticinco minutos y la pasaremos a operación.

—¿Ella aún está…?—. Me había quedado en silencio todo este tiempo, procesando información, pendiente de su estado…Ahora que lo pensaba, ni siquiera sabía para qué demonios me seguía preocupando.

—¿Uh? No, despertó hace unos minutos, eso sí, muy débil por la pérdida de sangre —Él pareció leer mis pensamientos e intentó tranquilizarme con sus palabras. "¿Era tan evidente?"—. Si quieres, puedes venir conmigo para que platiquen, a ella le ayudará a relajarse, está muy asustada.

—Sí, por favor, necesito verla—.

— — —

—Aquí es…Volveré en un par de minutos. Si necesita algo, no dudes en llamarme —Mis sentidos se alertaron al reconocer la voz del médico que me estaba atendiendo—. Abrí los ojos emocionada, y miré a través de la ventanilla de la puerta, la figura de dos personas. La habitación era demasiado grande para mi sola, y en estos momentos, deseaba que viniera mi familia, que me brindaran su apoyo y con sus palabras ayudaran a calmar esta angustia que me consume por dentro.

—Gracias, estaré pendiente de ella—. De inmediato supe de quién se trataba. Mi corazón dio un vuelco de alegría, y estaba nerviosa por tenerlo otra vez tan cerca, me moría por verlo, y sabía que ya no podría ocultarle nada.

Abrió la puerta, indeciso. Hubiera sido imposible negar que me analizó de pies a cabeza, hasta que pareció cerciorarse que de todo estuviera bien. Tomó una silla que se hallaba recargada en una de las paredes del cuarto, y la acercó para quedar a un lado mío.

Jaló la silla un poco más cerca, se retorció en ella, nervioso, e hizo varios intentos porque al menos saliera un soplo de viento de sus labios. No fue capaz de pronunciar nada, su mirada se mantenía fija en las agujas que me atravesaban la mano. Su ceño se fruncía de vez en cuando, y luego volvía al gesto nostálgico y triste con el que había llegado.

—Lamento lo de hace un rato —Murmuré apenada—. T-tuve una pesadilla y…

—No tienes qué disculparte —Sus palabras sonaban frías, y sólo por sus ojos, sabía que fingía su indiferencia para no dañarse más. Traía su torbellino interior, y tenía la certeza de que aún se encontraba reflexionando mi grado de culpa—. Ya era muy tarde, y sé que debí asustarte.

—¿Cómo es que tienes todas esas heridas?—. No había tenido oportunidad de preguntarle, y francamente, verlo así, con su camisa empapada de sangre, provocó porte de mi horror al observarlo tan de repente en la oscuridad de la noche, incluso cuando su rostro era pura preocupación.

—Estuve…recordando…—Comenzó— fui al que creo que fue nuestro hogar, Akane, y me emboté de recuerdos que no me dejan en paz. Porque hay decenas de ellos que anhelaría con todo mi ser que fueran verdad…y otros, tan amargos, que preferiría no saberlos.

—Hice lo que creí mejor para todos—. Balbuceé. "¿Y en serio conseguí que al menos uno de los dos fuera feliz?...No"

—Akane, no puedo seguir así…—Su mano por fin se atrevió a posarse sobre mi brazo, lleno de expectación, de ansia…—. Ya no más secretos, por favor…dime qué ocurrió.

— — —

—"¡Dios!" Siete minutos y sabría si Ranma y yo íbamos a ser padres. Eran casi tres semanas de retraso, y cada vez estaba más consciente de mi posible estado. Preparé la prueba y salí del baño, disparada…sentía las paredes venirse sobre mí, formándome un nudo en el estómago y sintiendo que me sofocaba por la falta de aire. Anduve caminando de aquí para allá y los nervios de punta no me permitían sentarme un segundo, cuando ya me encontraba de pie otra vez.

No sabía qué hacer, creía que todavía no era el momento de tenerlo. Nos faltaban unos meses para terminar los estudios, aún deseaba encontrar un trabajo estable y me aterrorizaba pensar en la reacción de él cuando se enterara de todas las obligaciones que vendrían con esto.

Se suponía que nos estábamos protegiendo, y ahora, no importaba que estuviéramos casados, mi mente aún me jugaba malas pasadas, y me hacía pensar que lo obligaba a quedarse junto a mí. "¿Y si se arrepentía luego?" …"No, no lo haría" Se quedó petrificado por varias horas cuando le di la noticia, un día entero para decir la palabra "hijo", y definitivamente: "voy a ser papá" le costó el triple. Pero al final, creo que terminó de procesarlo, mostrándose más dispuesto y seguro que yo.

—Ya regresé, perezosa —Unas manos se ciñeron a mi cintura desde la espalda y su cabeza se recargó en mi hombro. Me tomó por sorpresa, estaba tan ensimismada, que no lo escuché llegar— No vas a usar de pretexto que el bebé heredó el sueño del padre, porque no es…¿Qué es eso que traes en la mano?—. Cuestionó curioso.

—E-es una prueba…d-de embarazo —Tartamudeé, ladeando mi cabeza para encontrarme con su tierna mirada tratando de derrocar el temor que hacía bailar mis pupilas—. Quería estar segura antes de ir a un hospital.

—Estás temblando —Su rostro se llenó de confusión unos segundos, antes de soltarme de mi agarre y ponerse frente a mí —Es una buena idea…y no tienes por qué estar asustada…Pasé lo que pase, vamos a estar bien—. Le sonreí con nerviosismo, intentando relajarme al observar cómo trataba de confortarme cuando él mismo se estaba recargando en el borde del comedor para apoyarse. Si se paraba sin ayuda, sus piernas se quebrarían como si fuesen dos piezas de tiza.

—¿Es un regalo? —Tardé en darme cuenta del paquete que él sostenía desde que llegó—. ¿Es de los mamelucos que manda papá o el tío Genma?

—¿Eh?...N-no…bueno, sí…y-yo —. Él se puso rojo de pies a cabeza y sus manos se clavaron sin darse cuenta en la caja.

Sabía que si decía algo más, saldría huyendo por la ventana…así viviéramos en un sexto piso. Me acerqué lo más tranquila que pude, y dejé que nuestras miradas se encontraran mientras retiraba el paquete de sus manos.

—¿Ves? No tiene nada de malo —Le sonreí, sacando la prenda de la caja. Dudé un segundo, esta no era como el resto de la ropita regalada, que era de colores neutros o azules, porque estaba visto que tanto mi padre, como el de él, querían un nieto varón—. ¿Rosa?

—Es que…no vayas a pensar que es mío…y-yo, no compraría ese tipo de cosas… jamás… definitivamente…

—¿Es tuyo, verdad?—. Lo miré emocionada.

Ranma asintió apenado.

—Y-yo sé que ya tenemos demasiados con el centenar de cosas que nos ha regalado la familla…pero yo, bueno…quería que tuviera algo mío…y lo vi…creí que es-estaría bien si lo compraba…y…y…—Y exhaló, sacando todo el airé que traía contenido desde rato atrás.

Me castigué internamente por haberme atrevido a dudar de su cariño…"¡Y era un bobo!" que me hacía derramar lágrimas de alegría, porque la emoción no cabía dentro de mí. Si el podía estar listo, ¡Con los mil demonios!, yo también iba a estarlo.

Y los siete minutos pasaron…

…negativo.

— — —

Era como estar viendo de nueva cuenta las mismas expresiones que en mi recuerdo: el asombro mientras escuchaba mis palabras, el sonrojo, las sonrisas bobaliconas del orgullo henchido…la mirada ensombrecida cuando le dije el resultado, y a pesar de que me abracé a él para mitigar el dolor por un ser que todavía no nacía, por el que ya sufríamos... al que cobardemente, apenas empezaba a aceptar; nunca volvimos a ser los mismos.

—Se inició un agrio vacío entre nosotros —Suspiré entristecida—. Con cada día, estábamos más distantes, cada vez nos era más difícil fingir que todo esta bien; era demasiado ingenuo no saber qué era lo que nos pasaba.

—¿Qu-quiere decir que todo fue mi culpa?—. Reaccionó por fin. Ocultando su vergüenza al bajar la cabeza…sus mechones le ayudaron a formar un muro para mí.

—No, Ranma, creo que ambos cometimos muchos errores —Me erguí otro poco, hasta casi quedar sentada en la camilla. La posición acostada y con la cabeza doblada hacia él me estaba lastimando—. Yo me volví una desconfiada, llenándome la mente de imágenes de ti, buscando que te dieran en otro lado, lo que yo parecía no querer darte…Tú, te convertiste en el celo en persona, dudando hasta de los amigos que teníamos de años atrás, bramando a los cuatro vientos que era tuya a la menor provocación. Unos meses después, fue nuestra última discusión, empacaste tu maleta y saliste del departamento…te fuiste a vivir a un departamento cercano y cortamos toda comunicación. No volví a saber de ti en un tiempo.

—¡Soy un idiota! ¡No, un estúpido!—. Se levantó de su asiento, furioso, una rabia consigo mismo, su aura descontrolada ondeaba sin control, y llegué a temer que se diera de golpes contra la pared.

—…Tenías razón en desconfiar—. El permaneció unos minutos más arrinconado en una de las esquinas del cuarto, esperando que su coraje menguara. Cuando lo hizo, volvió a tomar asiento junto a mí.

—¿Qué fue lo que paso?—. Clamó, y yo continué, sabiendo que sólo lo hundiría más.

—Como te dije, empezaste a celarme de todos, por cualquier tontería. Incluso llegaste a sentirte ofendido porque nuestras amigas mencionaran lo lindo que se miraba algún chico que fuera pasando por la calle. Y de entre esos amigos, parecías desconfiar de alguien…nunca fue de tu agrado, me lo insinuabas cuando estábamos bien, y no dudaste en decírmelo en cara después de lo que habíamos vivido.

Llevábamos estudios diferentes, y por tanto, el único espacio para vernos era la hora de comer, mientras que él estaba en la misma aula que yo.

—¿Yusuke?—. Murmuró, pasándose la mano por la frente, forzando su cerebro a recordar.

—No parecía tener malas intenciones —Yo y mi confianza extrema con los demás, siempre me lo dijiste— Se comportó como un buen amigo, y cuando te fuiste, y-yo…

—¿N-no pudiste evitar enamorarte de él, cierto?—. Otra vez, ese mar vuelto un caos, las manos sujetas a la orilla de la colchoneta de la camilla.

—¡No! Espeté de inmediato, tratando de que mi mano sujeta, llegara a la de él—. Fue una de las personas en las que más me apoyé, al ue podía contarle todos mis problemas, pero nunca te hubiera traicionado, Ranma. No de esa forma tan ruin.

—…Los papeles de divorcio…¿eran reales? —. Asentí, y tu temple se quebró.

—Llegué a pensar que la mejor manera de continuar nuestra vida, era por caminos separados. Tu parecías haberte recuperado y quise dejarte libre. Por eso inicié con los trámites.

— — —

No había parado de llorar en toda la semana. Quise correr y arrebatarle a ese abogado las hojas que me obligaban a decir que quería divorciarme, pero no pude. Fue más de un mes de suplicar ansiosa por verte aparecer en mi puerta, imaginando que nos abrazaríamos, que me dirías que eras un idiota y no te volverías a ir…Me tragué mi orgullo y firmé las hojas, lo demás no eran más que ilusiones.

Por eso, cuando tocaron a la puerta y descubrí que eras tú, me quedé congelada, sin saber qué hacer. Con los labios entreabiertos, mientras esperaba saber si venías a entregarme los papeles con tu firma, o a decirme que este paso era una barbaridad; lo que deseaba escuchar.

—No puedes —Exclamó con su voz casi apagada. Lucía terriblemente mal; con la ropa sucia y sus cabellos encrespados—. Sé que he sido un maldito estúpido, pero no quiero separarme de ti, Akane.

—Creí…creí…que era lo que querías.

—No seas boba —Respondió angustiado. Entró al departamento y quedó a unos centímetros de mí—. Si en verdad quieres darme lo que quiero, dime que romperemos esas hojas, que vamos a volver a intentarlo, ser como antes…te lo suplico.

— — —

—…Y…¿lo hicimos? —Inquirió—. ¿Nos dimos esa oportunidad? ¿M-me dejaste entrar?

—Pasamos un par de semanas felices —Recordé con nostalgia. Sabía el trago amargo que se acercaba y que nublaba el recuerdo de los últimos bellos momentos que viví junto a ti—. Pero tuviste que salir fuera de la Ciudad para asistir a una conferencia del próximo torneo que se llevaría a cabo, y cuando volviste, todo el mundo que construimos se cayó a pedazos.

— — —

Nos encontrábamos en la cama, ya era hora de dormir, y él todavía seguía insistiendo.

—¿Segura que no quieres ir conmigo? —Un puchero en su cara me confirmaba que no estaba nada contento con mi negativa. Un último intento, con sus fuertes manos, me cogió de la cintura y en un solo movimiento, me sentó sobre su estómago, para vernos de frente —Podemos escaparnos para ir a uno de esos famosos restaurantes de Tokio…aunque sólo bebamos sake y pidamos un par de bolas de arroz—. Confesó divertido.

—Vamos, Ranma, sabes lo que daría por ir contigo, pero tengo que presentar el examen final —Fijé mis ojos castaños en los de él, los había estado esquivando para evitar que me embrujara, pero de alguna forma inexplicable, siempre lograba hacerme caer—. Sin embargo, como toda una Akane Tendo Saotome, te prometo que estaré en primera fila el día del combate.

—Me encanta cómo lo dices—. Susurró. Su mano se posó en mi nuca, y me fuiste atrayendo hacia tu rostro.

—¡Presumido…quieres lucirte frente a toda tu familia, ¿no?

—No…eso no me importa…yo hablaba de tu nombre…junto con el mío.

— — —

—Y recorriste tu mano para posarla en mi mejilla, me besaste…y…y luego yo…y tú—. La vergüenza se adueño de mí antes de terminar la oración Un fuerte calor se fue concentrando en mi cabeza y cubriendo mis mejillas de un rojo intenso.

—¿Es-estás diciendo que est-estuvimos juntos?—. Con trabajo conseguí escucharlo, debido al susurro en el que habló. Volteó a todas las esquinas de la habitación, con un pánico indescriptible porque alguien estuviese oyéndonos. Al menos se mostraba tan sonrojado como creí que yo lo estaría.

—Un…un poquito—. Él se quedó visiblemente a cuadros, y yo adiviné la pregunta que seguiría…"¿Qué rayos significa eso?"—. Quiero decir…nos acabábamos de reconciliar…y no estaba tomando pastillas, ni teníamos protección…y no queríamos arriesgarnos.

—Co-comprendo—. Tartamudeó.

—…Pero teníamos ganas de "despedirnos"…y no encontramos otra forma.

—Akane —Me interrumpió, con su ceja enarcada, tratando de encontrar mi respuesta en la sopa de letras—. No estoy entendiendo nada.

—¡Explotaste fuera de mi! ¡¿Está bien?

La impresión le hizo romper el descansa brazo de su silla, e irse de bruces al suelo.

—¡Sé que es el método más inseguro del mundo, pero es lo que hicimos en el par de "debilidades" de esas semanas! ¡Bestia!—. Estallé hasta casi gritar para que la frase saliera sin interrupciones. Lancé un resoplido con tintes de tornado y sentí que había descargado toda mi tensión de golpe.

Una vez recuperada la compostura, él se paró a mi lado. Escondió su timidez bajo una piedra.

—Y si "eso" pasó, ¿Por qué…por qué crees no hay una mínima posibilidad de que ese niño sea mío?

—Hubiera dado mi vida entera porque así fuera—. Giré mi cara a la pared que tenía al lado derecho. Un momento le estaba gritando a bocajarro, y luego, cada vez me sentía menos digna para dirigirle la mirada.

Su reacción me sorprendió. Retiró la sábana que cubría hasta la altura del pecho, para subirse a la camilla, junto conmigo, pasando una mano por mi espalda. Lo más cerca que nos permitían la estrechez de la cama y la incomodidad de los cables atravesándome las manos.

—Cuéntame —Me pidió, con un gesto de absoluta comprensión bañando cada una de sus palabras—. ¿Qué fue lo que pasó el día del accidente?

— — —

Al día siguiente regresabas de tu viaje, y menuda impresión iba a darte. Me absorbí demasiado en los estudios, y el departamento, después de un par de días, era un completo desastre. Tendría que ir a comprar algunas cosas de limpieza, y rogaría porque llegaras después de que hubiese terminado.

Cogí mi bolso y me dispuse a ir al supermercado.

—¿Yusuke?—. Abrí la puerta y él apareció allí, con una sonrisa radiante y una botella de vino en las manos.

—Hey, hola campeona…¿No vas a invitarme a pasar? Quedaste en tercer lugar de promedio general en toda la Universidad….hay que festejar eso.

—No es gran cosa —Vacilé—. Además, dentro hay un desorden. Quiero acabar de limpiar antes de que vuelva Ra…

—¿Ranma? —Mencionó disgustado—. ¿Volviste con él?

—E-es mi esposo…yo…ya estamos sanando nuestras heridas.

—Está bien, Akane —Respondió sin un atisbo de ánimo—. Era mi amigo, y me preocupa el daño que te causó, pero si es a quien tú quieres junto a ti, no diré nada.

—Gra-gracias por comprenderme —sonreí nerviosa—…te aseguro que ha vuelto a ser el mismo chico de antes…y sobre lo que pasó hace días, lamento mucho n…

—¡Venga! No tengas cuidado, no ha pasado nada… Pero no vamos a hablar toda la tarde de él, ¿cierto?...Qué dices, ¿podemos brindar?

— — —

—El resto es muy confuso —Cada vez me descubría abrazándome con más fuerza a tu pecho. Temía que pronto me empezaras a ver con repugnancia, que todo ese amor que decías conservar por mi se convirtiera en desprecio…"Pero, por favor, no ahora" —Recuerdo que estuvimos conversando sobre cosas sin importancia, y de ahí, todo se volvió negro…Pienso que el vino tenía algo…Cuando desperté, estaba en mi cama, únicamente vestida con la camisa que él traía, y tú también te encontrabas ahí.

—Ese…ese canalla, ese bastardo se atrevió a tocarte—. Sus ojos irradiaban pura ira, su cuerpo temblaba incontrolable mientras descansaba su cabeza en la mía y un par de gotas cristalinas resbalaron por mi frente…Yo también quería llorar en silencio contigo, sin embargo, desataría el nudo de mi garganta cuando terminara de sacar toda la miseria que traía guardada.

—Me desperté muy confundida, mi cuerpo difícilmente podía mantenerse en pie y todo me daba vueltas…Era como si me hubiera drogado…T-tú le reclamaste, se agarraron a golpes y no logré reaccionar a tiempo, no hice nada para evitarlo…Todo ha terminado y no encuentro paz, sigo teniendo pesadillas en las que caes por esa ventana…en ninguna de ellas puedo hacer algo por ti… ¡no puedo, nunca puedo!

—Akane, calma. Te vas a hacer daño. Tienes que estar tranquila, él ya no te volverá a hacer daño. Ni él ni nadie.

—¿Viste al sujeto extraño que debió venir con el resto de la familia?—. Pregunté angustiada. Sabía que el padre de él debía estar ahí. Su hijo estaba muerto, pero dejaba al sucesor que seguiría oscureciendo mi vida.

—El viejo arrogante…

—Es el padre de Yusuke. Me bastaron muy pocos días para descubrir que su hijo le había llenado la cabeza de mentiras, le contó una vida "juntos" que jamás existió.

Y el resultó igual de patán. Les hizo creer a todos que se trató de un accidente, incluso cuando existía un arma involucrada, ¿te das cuenta? Si mencionaba que nada de eso era cierto, y que fui tomada sin mi consentimiento, sabría que su hijo le mintió, y te tomaría como culpable al querer vengarte.

—No importaba, debiste hacerlo, tenías el derecho a limpiar tu nombre —Su cuerpo se separó de mí, para girarse y quedar de frente, igual de cerca—. Llegué a odiarte Akane, te maldije miles de veces, y me atreví a hacerlo porque no sabía todo esto, me dejé llevar por medias verdades que decían una historia muy diferente. Debiste sacarme de mi error.

—¡No digas tonterías, Ranma! No tienes una maldita idea de lo que fue verte dormido durante cuatro meses sin poder moverte... —Mi mano se posó sobre tu mejilla, toqué una herida y torciste los labios de dolor. Tenía razón, sólo había que ver tus cicatrices para ver lo expuesto que estabas antes, y lo mal que te encontrabas ahora—. Era tan fácil hacerte daño. Preferí esperar, guardaba la esperanza de que cuando despertaras, me perdonarías y de algún modo arreglaríamos esto…juntos.

—Akane…

—Hubo un par de semanas en las que pasaste por un estado crítico…me sentía abandonada y el colmo llegó cuando escuché a mi padre pedirles a mis hermanas que limpiaran el Dojo para tu velatorio…Intenté acabar con toda mi pena, pero no lo conseguí. Sabes —Sonreí con nostalgia—. En este mismo hospital supe que estaba esperando a mi bebé. Ahí comprendí que cuando despertaras, si es que algún día lo hacías, no podrías volver junto a mí.

—Akane, no sabes cuánto siento lo que has tenido que pasar, pero te juro que ya no habrá más…Hemos vivido unos meses de pesadilla, y estamos ignorando que tenemos un pasado mucho más fuerte que eso. No podemos darnos por vencidos. Yo no pedí la fe, y tú tampoco puedes ¡no seas terca! —Colocaste tus manos a ambos lados de la camilla y te acercaste tanto, que pude sentir tu respiración en mi cuello—. ¿Recuerdas las veces que te dije que lo iba a querer como si fuera mío? Lo haré, y tendremos nuestra pequeña familia.

—Señorita Tendo —Una enfermera indiscreta asomó la cabeza por la puerta y sentí que él hizo un vano intento por levantarse de la camilla y volver a la silla de antes para que no lo regañaran. No lo logró, igual y ya lo habían pillado. Ranma levantó su rostro y miré la sonrisa de nervios que traía encima—. En dos minutos la llevaremos a quirófano.

—Está bien—. Contesté, esperando que se retirara.

—Veinte a que me reprende—. Me susurró.

—¿Qué?

—Ah, jovencita, ¿podría decirle a su amado Romeo que las camillas son para una sola persona?

—Por supuesto, lo haré—. Dije, fingiendo seriedad, casi mordiéndome el labio para no soltar la risa.

—Bien—. Dio por válida mi respuesta y se fue, cerrando la puerta.

—Dos minutos—. Murmuré.

—¡Hey! —Exclamó molesto—. Nada de pensar cosas malas, o te vas a arrugar como una pasa y no te voy a reconocer cuando salgas de ahí.

—A veces no sé cómo pude enamorarme de alguien como tú.

—Yo sí —Confesó con una sonrisa de triunfo—. Debe ser porque soy adorable.

—Eres…eres—. Una pizca menos de arrogancia y serías perfecto. No, ya lo eras.

—Hola jóvenes —Un par de enfermeros, vestidos de blanco y con aire de adolescentes, entraron al cuarto con una camilla movible para llevarme.

Después de pedirle amablemente a Romeo que les diera espacio para acercarse con la cama, la pegaron junto a donde yo me encontraba y me pasaron con mucho cuidado a ella.

—Es hora de despedirse por un rato—. Dijo alguno de los dos, los ignoré, más alerta en buscarlo a él por el cuarto.

—¿Ranma…?

—Estaré pidiendo porque todo salga perfecto—. No podías verme porque me encontraba detrás. Así que caminé lentamente hasta posicionarme a tu lado, mi cuerpo estaba perdiendo cada vez más energías, y formarte es última sonrisa de apoyo, me había supuesto un esfuerzo casi sobrehumano.

Me alegraba de que no hubieras notado que las manchas en mi camisa se fueron engrandeciendo cada vez más, y camuflé mi desvanecimiento momentáneo, sosteniéndome de las orillas de tu camilla, alcanzando a rozar mi nariz con la tuya. "Olías tan bien" te miré a los ojos antes de bajar mis párpados y ladear la cabeza para alcanzar tus labios. Por primera vez en meses de soledad, supe lo que era volver a sentir el fuego del ser amado quebrándote las defensas y estremeciéndote los sentidos. Sólo podías ser tú.

—Te amo, no lo olvides.

— — —

Me quedé ahí, sólo en la habitación, recostado en la camilla en la que ella reposara antes. Debía cerrar los ojos e intentar recuperarme un poco antes de salir fuera y volver a enfrentarme a esa bandada de mentirosos. Una pregunta vagando por mi mente; "¿Cómo pudieron dejar que sufriera ella sola?"

Perdí la cuenta del tiempo, me desperté cuando escuché los pasos de alguien que se dirigía hacia acá.

—¿Ranma?—. Me erguí de inmediato. Era mi viejo que invadía la privacidad del pequeño recinto—. Uno de los enfermeros me dijo que te habías quedado aquí y que lucías como si fueras a morir… ¿Estás bien?

—No, no lo estoy —De un brinco me puse de pie, y al instante, ya lo tenía acorralado junto a la pared de azulejos verdosos, a un lado de la puerta—. ¡Confié en ti, te conté cómo me estaba consumiendo de amor por ella y no fuiste capaz de decírmelo!

—¡Basta! ¡Tienes que controlarte! Akane así lo quiso. Nos convenció. No ibas a poder defenderte, y ella también correría peligro…Te protegió a ti y a ella misma.

Decidí soltarlo, reconocía que podía estar en lo cierto, aún y seguía considerándolo un pésimo plan.

—…La abandoné —Suspiré cansado—. La dejé sola cuando más me necesitaba.

—No te juzgues por el pasado, sólo trata de enmendar tu presente y serán felices…Toma —Arrojándome a las manos, una camisa roja, limpia—. Tu madre se va a desmayar si te paras delante de ella con esas fachas.

Bufé como respuesta. No ocupaba verme para saber cómo me encontraba. Le di la espalda, intentando evitar que notara mi torpeza para abrir los botones. Dejé la camisa empapada de rojo sobre la camilla y tomé la nueva.

—¡Estás loco si crees que estás bien! —Gritó, casi con una voz asustada, muy rara en él—. Iré por una enfermera que te cure.

—Aquí están. Los estamos buscando —Mi mamá también llegó al cuarto y me apresuré a abotonarme. Ya tenía suficiente con la preocupación recién adquirida de mi padre.

—¿Qué pasa?—. Traté de sonar natural.

—Una enfermera salió hace unos momentos del cuarto donde estaban operando a Akane, y nos dijo que ya habían terminado.

—¡¿Cómo está?—. ¡Al diablo la naturalidad!, la ansiedad me volvió de un solo golpe.

—El Doctor saldrá en unos momentos, por eso quería encontrarlos —Comentó—. Creo que debemos estar todos juntos.

—Entonces no hay tiempo que perder, salgamos de aquí—. Una dosis extra de adrenalina, y los malestares parecieron derrumbarse.

— — —

—…Está en una incubadora, y se encuentra perfectamente bien a pesar de ser prematura, sin embargo, es mejor tenerla en observación un par de días.

—… ¿Y Akane?—. Ignoraba si ya lo había dicho, no podía resistir sin saber de la voz de ese médico, que ella no corría ningún peligro.

—La paciente se encuentra en el área de cuidados intensivos, traía las plaquetas demasiado bajas y apenas logramos controlar las hemorragias que surgieron durante la cesárea…El banco de sangre no cuenta con su tipo, pero ya mandamos pedir varias unidades al hospital de Tokio —Su vista nos recorrió a todos, analíticamente—. Si alguno de ustedes tiene el tipo de sangre de la señorita Tendo, sería conveniente que me acompañaran. Así podrá recuperarse más rápido.

—Yo lo tengo —Mi madre dio un paso al frente. Yo me hubiese ofrecido de inmediato, pero ignoraba si le podía servir, si lo supiera, no dudaría en abrirme los brazos de lado a lado, hasta vaciarme completamente, si con ello la salvaba. También volteé a ver a su familia. El rostro apesadumbrado de sus hermanas y el tío Soun, me hizo comprender que no lo eran— Tú puedes hacerlo, Ranma…aunque me preocupa cómo te ves. Estás muy pálido—. Y gracias a todos los santos, no podía verme el costado.

"Lo sentía mucho, pero su confesión me hizo tomar una decisión en el acto"

—Bien, ¿Pueden acompañarme?

Tomé la mano de mi mamá y fuimos en silencio tras de él. Ella ya no comentó nada, sabía lo terco que podía ser, y para mí, nunca estuvo más claro que haría lo que fuera para que se repusiera.

— — —

Atravesamos el laboratorio que era inmenso, quizás del tamaño del Dojo, lleno de aparatos extraños y enormes congeladores que hacían parecer que estábamos en una tienda de electrodomésticos. Al final, llegamos a un pequeño rincón, un cuartito de menos de dos metros cuadrados; el lugar destinado para extraer la sangre de los donadores.

La primera en pasar fue ella, dejé que lo hiciera mientras yo seguía intentando recuperarme.

—Ranma…—. Esa fue mi madre. Aunque no reaccioné hasta que el médico tocó mi hombro.

—¿Estás seguro de lo que quieres hacer?—. Contesté afirmativamente, ofreciendo mi brazo más "limpio"

—¡Listo! —Exclamó— Me quedaré aquí para anotar unos datos. Ustedes pueden ir afuera, si la paciente ya despertó, les dejarán pasar—. Ofreció amable.

— — —

"Sólo faltas tú por entrar a verla" "Valor, Saotome, valor" Recorrí el pasillo frente a la habitación un centenar de veces, no quería apreciarla dormida. Ella había soportado verme así por meses; yo no era capaz de ver sus ojos castaños cerrados, y saber que no era a causa del sueño.

—¿Todavía sigues ahí, jovencito? —La encargada de limpieza que había entrado hacía un rato a dejar toallas dentro de la habitación, salía para encontrarme hecho piedra ahí afuera, con una cara de circunstancia que no logré ocultar—. La chica ya está consciente…me pidió que le hablará a su familia.

—Gra-gracias—. Me escabullí dentro, antes de que me siguiera haciendo preguntas.

Antes de avanzar a su lado, me recargué en la puerta unos segundos. El ridículo movimiento de meterme deprisa, me había sacudido el pulso cual si hubiese corrido una maratón.

—¿Ranma?—. Recitó adormecida, levantando un poco sus párpados.

—Hola—. Me acerqué a su llamado. Estaba despeinada, las pupilas enrojecidas y con algunas lágrimas secas en sus mejillas, y aún así, podía ser la mujer más hermosa que hubiera visto en mi vida.

—Me siento muy mal—. Cerró sus ojos mientras buscaba a tientas mi mano.

—Shhh…Kane, no hables, aún estás muy débil. Descansa—. Debía transmitirle confianza, y yo debía mentalizarme en que esas palabras tan pesimistas eran por el cansancio.

—Ranma, quiero verla…no sé si voy a resistir…necesito sentirla, tenerla junto a mí…por favor

—No te vayas a dormir —deposité su mano sobre su pecho y me dirigí a la entrada lo más rápido que pude—. Iré por tu bebé.

Era hora de saber si realmente tendría el valor para afrontar la más grande de mis promesas.

Continuará

Notas

Si creen que lo he dejado hasta aquí a propósito…pues sí… XDDD…nah, estaba pensando en seguir hasta terminarlo, pero hubiera sido una Biblia XDDD…ah, síp…hola n_n Les agradezco por la paciencia a esta chica-tortuguiana, el apoyo a través de sus lecturas, y por supuesto, a quienes se toman unos minutitos en dejarme saber su opinión. Gracias n_n

Ah, y como decía, estoy casi segura de que el próximo capítulo será el último n_n Ya le tengo nombre y todo: "El canto de los cisnes" n_n

PD: Dedicado a las chicas a las que me llevo diciéndoles, cada vez que puedo, que la historia terminará a lo Capuleto y Montesquieu XDDD…ustedes saben que tengo corazón de pollo, y en el fondo me siento muy culpable n/ /n

PD2: Y haciéndome publicidad :P en mi galería, está un dibujo que está basado en cierta escena semi-romántica del capítulo seis, por si quieren verlo n_n. Si eres menor de edad, ignora este PD : )

Nos vemos.