CAPÍTULO 9

DE COMPRAS

Sora no terminaba de decidirse. Elegir un bañador era mucho más difícil de lo que pensaba. Por norma general estaba acostumbrada a usar el bañador del Instituto, pero a un viaje escolar a una playa no podía ir con ese, por más que a ella le diera igual.

Tampoco sabía bien que podía usar. ¿Bañador de una sola pieza? ¿Bikini? ¿Trikini? Tampoco comprendía porque motivo se preocupaba por lo que fuera a usar, teniendo en cuenta que solo iba a comprar un bañador, no a exhibirse ante los chicos, como otras de sus amigas más… "dotadas".

Eligió un par de bikinis bien sencillos: uno de color blanco y otro rosa. El tema de estampados nunca le habían gustado. Entonces, pensó en la ropa interior que llevaba. Era una manía que no había podido quitarse, ni ahora que usaba sujetador. La ropa interior si que le gustaba que llevara algunos dibujitos, pero porque solo los vería ella y nadie más. Aunque, si que había una persona que los había visto…

Meneó la cabeza borrando la imagen de Kenji de su mente y buscó un probador. El más cercano parecía estar ocupado, así que se situó al lado y espero un par de minutos, pero nadie salía.

- Disculpe, ¿va a tardar mucho? – Preguntó en un tono educado y formal.

- ¿Eh? – La cabeza de una niña de pelo castaño asomó - ¿Sora-san?

- ¿H-Hikari-chan?

- ¡Vaya! Menuda coincidencia. ¿Viniste a comprar el bañador para el viaje del mes que viene?

- S-Si… bueno… - escondió los bañadores para que la niña no los viera.

- Yo también he venido ya, así luego no hay tanta gente. Pasa, podemos compartir el probador.

- Oh, no, no. Puedo esperar, no te preocupes.

- Venga, no seas modesta. Cabemos perfectamente – se metió otra vez para adentro.

Sora titubeó un momento, pero al final entró con ella. El probador era estrecho, pero podían moverse perfectamente las dos. Sora comenzó a desvestirse quitándose los pantalones. Hikari estaba ya sin ropa, poniéndose un bañador de una sola pieza. Aunque había una gran pila en el taburete a su lado.

- ¿Y has venido con tu madre? – Le preguntó mientras se quitaba la camiseta y la dejaba a un lado.

- Ah, no. Mamá no podía venir.

- ¿Entonces? ¿Con tu padre? – Estaba vez desabrochó el sujetador y lo dejó a un lado. Se miró de reojo en el espejo, y suspiró para sus adentros al observar sus diminutos pechos desnudos.

- No, he venido con Kenji.

- ¿Qu-…? – En ese momento Sora se estaba bajando las bragas.

Un terrible recuerdo se insertó en su mente como una estaca. Se había sentido rara desde que entró en el probador, pero no porque lo tuviera que compartir con alguien, sino porque la situación le era extrañamente familiar. Y ahora caía porque.

- Princesa, lo siento. No tenían de ese modelo de tu talla pero en cambio… - dijo una voz masculina descorriendo la cortina del probador.

Desde el espejo que reflejaba el otro lado de probador, Sora podía ver perfectamente a Kamiya Kenji, tan perplejo como ella. Ella, inclinada, como si le estuviera exponiendo todo su trasero desnudo, comenzaron a subírsele los colores, desde la planta de los pies hasta la cara, quedando totalmente roja de la vergüenza.

- E-Em… esto… yo… yo no… ¡lo siento! – Se disculpó corriendo de nuevo la cortina.

Los demás clientes, ajenos a todo lo que estaba pasando, pegaron un fuerte brinco al oír un chillido que se escuchó, incluso, desde la calle. Seguido de una fuerte bofetada que continuó con un quejido.

Yamatto afinaba la guitarra mientras veía a su amigo Koushiro trabajar en el ordenador. Pronto su grupo tenía pensado dar un concierto y el mantenimiento del instrumento musical era su mayor preocupación. Aún no entendía bien porque le había pedido que acudiera cuando llevaban ya dos horas en la sala de informática y no había dicho nada.

- Koushiro, ¿me vas a decir de una vez para que me has hecho venir?

- S-Si… espera… a ver… si hago esto… ugh… vale, creo que ya lo tengo.

- ¿Ya tienes? ¿El qué?

- Una cosa que quería probar, mira – giró el monitor para que desde donde estaba, Yamatto pudiera verlo.

En la pantalla se encontraba el analizador de digimon que tan útil les fue en el mundo digital. Pero quien estaba en la pantalla era MetalGarurumon, o por lo menos algo que se le parecía, porque estaba a dos piernas.

- ¿Qué es eso? ¿MetalGarurumon?

- ¿Te acuerdas hace dos años durante la batalla de Satanmon, cuando WarGreymon se transformó en VictoryGreymon? – Yamatto asintió – Eso me hizo pensar que, podría haber más digievoluciones para nuestros digimon. Estuve investigando el analizador de digimon, y encontré esto.

- ¿Se te ocurrió así de golpe? ¿Tras dos años?

- Cuando derrotamos a Satanmon pensé que ya no íbamos a tener que luchar más. Pero, con lo que pasó recientemente… pues me vino a la cabeza. Estuve analizando los datos que Genai recopiló sobre VictoryGreymon. Y creo que, habría posiblidades, de lograr que MetalGarurumon cambiase a esta forma.

- Pero, ¿qué diferencia ahí? Es igual solo que va a dos patas.

- Si, pero le dará mayor movilidad y también podrá combatir cuerpo a cuerpo. Frente a un enemigo veloz, le vendrá mejor, ¿no crees? También he estado analizando la versión de Kenji.

- ¿Te refieres a Lucifermon?

- Si… ¿no te pareció raro? Mira… - la pantalla cambió, mostrando los datos de Diablomon así como de sus digievoluciones.

Jamás había visto esa parte del programa, pero, una cosa le llamó la atención. La parte que indicaba la digievolución que correspondía al nivel Hipercampeón de Diablomon estaba en negro.

- ¿Qué significa esto? ¿El nivel Hipercampeón no era Lucifermon?

- Eso pensaba yo… le pregunté a Genai y me dijo que él tampoco lo entendía. De hecho, no tiene ningún dato sobre que la verdadera forma Hipercampeón de Diablomon fuera esa. Diablomon es un ser oscuro, y Lucifermon podía usar el poder sagrado, como Angemon o Angewomon. Eso fue porque lo bañó la luz de Hikari.

- Entonces, ¿Diablomon tiene una digievolución que no conocemos?

- O peor aún, que Kenji no haya querido utilizar por alguna razón que desconocemos.

Kenji se acariciaba la mejilla dolorido. El bofetón de Sora se la había dejado roja, incluso la marca aún se le notaba. Ahora estaban en una cafetería del centro comercial, a la que Kenji había tenido que invitar por ese pequeño "incidente". Sora no paraba de lanzarle miradas asesinas e inquisitivas.

- Te he pedido perdón mil veces ya… además, ¿yo qué sabía que estabas ahí dentro?

- ¡Esa no es la cuestión! ¡Y más importante: ¿qué haces entrando en un probador donde tu hermana se esta cambiando?!

- ¿Y qué tiene eso de raro, Sora-san? Le había pedido que me trajera unos bañadores.

- ¡Pues claro que tiene de raro, Hikari-chan! ¡Tienes que cambiarte sola, sin que nadie te vea!

- Pero si me bañó con él a menudo – dijo la niña, sin entender del todo a su amiga.

- Y la he visto cambiarse un montón de veces. Igual que a ti te he visto desnuda varias veces y… - la mirada fría y gélida que le lanzó fue suficiente para hacerlo callar – Esto… lo que me gustaría saber… ¿por qué he tenido que pagarte yo el bañador?

- ¿Y aún te atreves a preguntarlo?

- E-Esto… pero si ni siquiera te lo has probado… ¿y si no te viene?

- Pues vendré y lo cambiaré. Pero sin que tú estés por aquí revoloteando.

- Vale… mensaje captado… pásame una circular y no vendré cuando tú vengas.

- Dios, eres imposible. No te aguanto – cogió la bolsa y se marchó sin despedirse. Dejando a los dos hermanos allí.

- Estaba muy cabreada.

- Si… pero a la vez eso la hace más mona aún – sonrió.

- Dime la verdad… ¿sabías que estaba dentro? – Lo miró de reojo.

- ¡Qué va! No soy ningún mirón, princesa.

- Vaya, o sea, ¿qué tampoco te gusta mirarme a mí?

- ¿Eh? ¿Y eso a qué viene?

- Pensaba que te gustaba verme

- Y me gusta verte, pero vestida, princesa… - entonces se le ocurrió algo – Oye… no habrás hecho que Sora entre aposta en el probador, ¿verdad?

- Je, je… - sacó la lengua ahora que la habían pillado.

- Será posible… - suspiró – Pues vaya bofetón me he llevado por tu bromita.

- Es que pensé que así, igual haríais las paces…

- ¿Así? ¿Viéndola desnuda?

- Bueno… hace dos años, empezasteis a salir cuando la viste desnuda, ¿no? En la televisión, cuando a las chicas las ve un chico al estar desnudas, siempre dicen que tienen que tomar la responsabilidad y que no podrán casarse por su culpa. Aunque tampoco entiendo porque dicen eso.

- E-Esto… ¿se puede saber qué clase de animes y doramas te tragas tú en la televisión?

Tai chutó el disparo número cien del día, pero esta vez no tocó el larguero, si no que pasó por encima. Ya cansado, y con la pierna dolorida, se sentó en el mullido césped para descansar.

Una lata fría acarició su piel, dándole una ligera sensación de frescor.

- No es bueno que te sobresfuerces.

- Tengo que conseguirlo, Aurora… pero no entiendo que hago mal.

- ¿Y por qué no se lo preguntas a tu hermano? Fue él quien te enseñó el tiro, ¿no?

- No… quiero hacerlo por mi cuenta. Esto… y… ¿no te parece aburrido venir aquí cada día? A verme hacer esto, quiero decir.

- Para nada – sonrió – Además, alguien tendrá que cuidar de ti – le ofreció la lata de refresco con la que le había resfrescado la mejilla - ¿No crees?

- Gracias… - en el fondo se sentía súper feliz de que ella fuera todos los días a verlo entrenar, incluso cuando estaba con el equipo. Pero no era capaz de pedirle de salir, no se atrevía. Y eso que cada día se levantaba con la idea de hacerlo.

Ginae observó la pantalla del ordenador mientras le hacía el chequeo a Sora. Tecleó un par de combinaciones numéricas y la máquina hizo un ruido.

- Bien, ya hemos acabado. Ya puedes vestirte, Sora-chan.

- Vale… - se levantó de la maquina, sintiéndose un poco mareada.

Por un momento sintió que tenía ganas de vomitar otra vez, pero desaparecieron pronto las ganas.

- ¿Te encuentras bien?

- S-Si… solo que me mareado un poco. Llevo un tiempo así.

- Mmmm… si quieres puedo mandarte algo. Pero me gustaría esperar a las pruebas.

- No te preocupes. Esto… ¿y sobre lo otro…?

- No entiendo porque ya no tienes tu período. ¿Cuándo dices que se te cortó?

- Hará cosa de año y medio… me bajó y al poco tiempo se cortó.

- Es raro… bueno… a tu edad el cuerpo tiene cambios y cosas así. Tengo una paciente por ejemplo que le viene justo cada seis meses. Pero, que se corte y no vuelva. ¿Cómo vas con los vómitos?

- Tirando… intentó no cenar cosas fuertes.

- Para un par de días tendré las pruebas.

- Gracias – terminó de ponerse la camiseta.

Se fijó entonces que, dentro de un armarito había un montón de botes, suponía que de pastillas. No le habría llamado la atención de no ser por la etiqueta de uno de ellos, en la que ponía un nombre: "KENJI".

- Ginae, ¿qué es ese bote con el nombre de Kenji?

- ¿Eh? Ah, es su medicación.

- ¿Medicación? Kenji… ¿vuelve a estar enfermo?

- No, no te preocupes. Simplemente es para controlar el equilibrio entre luz y oscuridad en su cuerpo. Son pastillas hechas a partir de la sangre de Hikari-chan.

- Entonces… no le pasa nada, ¿no?

- Nah, tranquila. Simple precaución.

- Vale. Y gracias de nuevo por atenderme sin pedir cita previa.

- Tranquila. Ya sabes que me tienes a tu disposición siempre que lo necesites. Y, dime, ¿vas a volver con Kenji…?

- ¿Con Kenji? ¿Por qué?

- Juraría que me dijo que regresaba para arreglar las cosas contigo.

- No hay nada que arreglar. Nada, de nada…