Recuerden, si les gusta el fic, favor de dejar comentarios, así sabré lo que les gusta y lo que no ;D


Habían pasado meses desde la primera vez que Yuuri visitó el nido de Viktor, el cual ahora consideraba como su segundo hogar. Regresaban allí cada fin de semana para aprovecharse de la intimidad de la cueva y hacer las cosas que normalmente no podían hacer en la posada por pudor, además de que Viktor podía contarle, sin temor a ser escuchado por otros humanos, sobre sus viajes por el mundo y los diferentes tipos de humanos con diferentes rasgos faciales con los que alguna vez había interactuado y lo confuso que le parecía que cada continente tuviese una cultura diferente. Yuuri se maravillaba al escucharlo porque le hablaba sobre ciudades que no sabía de su existencia puesto que aún no existían mapas cartografiados sobre ellos, aunque Viktor tenía algunos que fue recolectando con los años.

Durante el tiempo que pasaban en el nido, Yuuri había logrado traducir más pasajes del libro de Viktor Nikiforov, pero sólo unas cuantas páginas y lo suficiente para saber que el autor fue un guerrero romano que respetaba a los dragones y que, a diferencia de otros guerreros, él no trataba a su dragón azul como a un esclavo y que sabía sobre su transmutación.

Yuuri, a pesar de que disfrutaba pasar tiempo en el ahora nido de ambos, su parte humana le pedía otro tipo de comodidades. Tenía ahorrado el suficiente dinero, sumando el de las escamas de Yurio, que gastaba únicamente en ropa y caprichos para Viktor; como para rentar o comprar una casa propia, pero no estaba seguro si debía hacerlo aún, pues el peliplateado seguía sin sentirse muy cómodo alrededor de otros humanos que no fueran Emil, Otabek o Minako.

Viktor solamente podía conversar de manera relativamente amena con humanos que estuvieran dentro de la posada, y eso era porque se sentía seguro con Sara y Mila a su lado (porque cuando Yuuri regresaba de trabajar, automáticamente ignoraba a todos para centrarse solamente en él).

El moreno ya había intentado muchas veces sacar a su novio de la posada para pasear por el pueblo. Al principio lo hacía poco debido a su pierna y porque las mujeres se aglutinaban a su alrededor y Viktor le rogaba con la mirada que regresaran a su habitación, pero conforme sus heridas sanaban, con solamente quedando cicatrices dibujadas por su cuerpo, ya podían disfrutar de cierta libertad, sobre todo porque al peliplateado le gustaba dejar en claro que no era soltero mientras caminaba tomado de la mano de su novio y a veces deteniéndose para besar a Yuuri. Irónicamente, entre más público hubiese más complacido se sentía por ello, mientras que el moreno, entre más público hubiese, más avergonzado se sentía (pero tampoco era algo que le molestase realmente).

Además, de poco a poco Viktor había aprendido a no temerle a los soldados que patrullaban por el pueblo, pues Michele, Emil y Otabek le aseguraron que intervendrían a su favor si algo llegase a ocurrir.

No obstante, sus esfuerzos por hacer que Viktor se sintiera seguro se vieron un poco frustrados cuando, una noche que se encontraban él y Yuuri solos mientras regresaban al pueblo tras haber pasado el fin de semana en su nido, se encontraron con un grupo de soldados rondando por el bosque. Era obvio que seguían buscando al dragón blanco y al dorado.

No fue un encuentro directo, y lograron esconderse a tiempo entre las ramas de un árbol al que Viktor rápidamente escaló con Yuuri a su espalda, pero el moreno pudo darse cuenta que el peliplateado sostenía la respiración y temblar invadido por el miedo. Yuuri al principio no supo cómo reaccionar, y sin pensarlo mucho, lo tomó de las mejillas y lo obligó a apartar su mirada de los intrusos para en cambio mirarlo a él. Debido a la oscuridad no podían verse las caras con claridad, pero eso fue suficiente para que Viktor recobrara la consciencia y se abrazara a él mientras los pasos metálicos se alejaban de ellos.

"Está bien, Viktor. Ya se fueron." Le susurró al oído mientras acariciaba pausadamente su cabello plateado y su espalda, y el dragón comenzó a respirar más tranquilo.

"Yuuri... No permitas que me alejen de ti." Murmuró escondiendo su rostro en su cuello y el moreno sintió gotas calientes cayendo sobre su hombro.

"Por supuesto, Viktor. Nunca lo permitiré." Lo estrechó con más fuerza para recordarle que estaba a su lado, para hacerle saber que jamás dejaría que alguien más le hiciera daño. Y Yuuri juntó todas las fuerzas que pudo para no llorar él también. Necesitaba mantenerse firme para no poner a Viktor más nervioso.

Ese día decidieron que no debían regresar al nido durante un tiempo.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

Ya que Viktor estuvo recuperado completamente de sus heridas, las cuales tardaron más tiempo en sanar (quizás debido a su edad avanzada) le recordó a su novio que le había prometido llevarlo a la Capital para presentarle a sus demás amigos. Yuuri accedió sin problemas y pidió días libres en su trabajo, los cuales le fueron permitidos sin miramientos porque él se trataba buen trabajador, sin mencionar el hecho de que Minako era su supervisora y además le dio días extras.

Ahora la cuestión era el cómo llegar allí. La Capital estaba a cinco días de camino a pie, cuatro en coche tirado por caballos, y medio día para un dragón común (para Yurio y su velocidad era cuestión de horas).

"Te llevaré sobre mi lomo." Resolvió en decir Viktor con una gran sonrisa. Hacía meses que deseaba poder cargar a su novio sobre su lomo en su forma totalmente dragón, pero Yuuri hizo una mueca de inconformidad.

"Viktor, no creo que sea buena idea..." Dijo, aunque le dolió ver cómo los ojos azules lo miraban de vuelta con decepción.

"¡Yuuri!" Exclamó dolido, pero se tiro sobre su novio en la cama para abrazarlo y continuar hablando apoyando su cabeza en su hombro. "He vivido por ciento noventa años y solamente he sido atrapado una vez y fue para defender a Yurio... No tienes por qué preocuparte tanto. Soy un dragón blanco, mis escamas me permiten volar durante el día reflejando los rayos del Sol, y eso de alguna manera me ayuda de camuflaje."

"Sí, entiendo... Pero..."

"Yuuri..." Rogó levantando su mirada y pestañeando de manera coqueta en un intento de seducción, pero el moreno rió.

"... De acuerdo. Tú ganas. " Se rindió, lo besó en la frente, y estuvo a punto de quitarse los anteojos y apagar la lámpara para poder dormir hasta su cerebro decidió continuar preocupándose. "Pero... ¿Estás seguro de que quieres ir a la Capital? Allí debe estar repleto de personas... y de soldados..." Yuuri no pretendía asustarlo, pero sabía que si Viktor percibía el olor de los humanos que lo atacaron... habría posibilidades de que entrara en pánico como la vez pasada.

"Yo..." Se detuvo un momento, abrazando a Yuuri con más fuerza, y pegando su nariz en su cuello para oler su aroma. "Estaré bien mientras estés a mi lado. Sé que mi amado Escriba me podrá defender de cientos de Caballeros." Dijo juguetón y el moreno rodó los ojos.

"Claro, Viktor. Usaré la punta de mi pluma de ganso contra sus filosas espadas." Dijo sarcástico y el peliplateado rió.

"¡Hey! Una vez escuche decir a alguien que 'la pluma es más poderosa que la espada'*."

"Viktor, esa es una metáfora. No es literal."

"No tengo ni idea de qué significa 'metáfora' o 'literal'." Admitió sin vergüenza mientras sonreía. Entonces llevó una mano a la mejilla del moreno y lo miró con ojos amorosos. "Deja de preocuparte tanto, Yuuri. Disfrutemos y tomemos este viaje como nuestra Luna de miel."

"Bueno, técnicamente no estamos casados..." Refutó, aunque lo hizo a propósito porque le divertía ver a Viktor argumentar eso. Pues en sus primeros dos meses de relación se decían ser novios hasta que Viktor por fin entendió la diferencia entre 'novio' y 'esposo', pues el equivalente real de 'pareja' para dragón era 'esposo' en humano.

"¡Yuuri! ¡Por supuesto que estamos casados!" Replicó frunciendo el cejo y usando sus manos para apoyarlas sobre la cama y encararlo.

"No legalmente." Replicó intentando no reírse. Su dragón se veía adorable haciendo pucheros.

"¡No me importan las leyes humanas! ¡Tú eres mi pareja, y nos hemos apareado muchas veces, y eso automáticamente te convierte en mi esposo!"

"¡Viktor!" Exclamó ruborizado, tapándole la boca con ambas manos. "Ya te dije que ése no es el término que usamos los humanos para 'eso'. Y no tienes por qué gritarlo. Ya debe haber gente durmiendo en la posada."

"Oh, lo siento." Dijo, aunque no apenado. Y volvió a acostarse sobre el moreno, entrelazando una de sus manos. "Entonces, ¿cuándo nos casaremos según las costumbres humanas?" Inquirió con curiosidad, y Yuuri se ruborizó.

"Aah... No lo sé. Los humanos tenemos... una especie de ritual para eso." Comenzó a explicar mientras hundía los dedos de su mano derecha sobre los cabellos plateados de Viktor. "Como intercambiar anillos de compromiso y conocer a las familias de ambas partes. Necesito presentarte a mi familia primero y pedirles su bendición. No podemos casarnos sin su bendición."

"¡¿Qué?! ¡¿Quieres decir que si tu familia no me acepta no querrás casarte conmigo?!"

"Viktor, baja la voz." Le amonestó de nuevo, y se hubiera molestado sino fuera porque Viktor en verdad parecía asustado ante la noticia. Dio un suspiro de cansancio. "Por supuesto que me casaré contigo incluso si mi familia se opone. Pero estoy seguro de que ese no será el caso. Te puedo asegurar que te amarán. En sus cartas dicen que están ansiosos de conocerte." Sonrió, y el peliplateado mostró aliviado su sonrisa de corazón.

"Ahora que lo recuerdo. Sara me dijo que, cuando los humanos se casan, uno hereda el apellido del otro. Y ya que yo no tengo uno, ¿significa que seré Viktor Katsuki, cierto?" Al oír aquello, el rostro de Yuuri se ruborizó por completo. "¡Oh! Veo que también te gusta la idea." Rió, y le dio un rápido beso en los labios antes de que se le ocurriera una idea. "¡Yuuri! ¡Tenemos que visitar a tu familia en este viaje y pedirles su bendición! Tu pueblo está cerca de la Capital, ¿no es así?"

"Um, sí." Contestó pensativo. "Mi pueblo está a tres días de aquí pero se toma otro camino. Creí que iríamos en carruaje así que no pensé en la posibilidad de desviarnos para ir a visitarlos, pero..., si iremos por el cielo, podríamos llegar allí en alrededor de seis horas y quedarnos un par de días antes de ir a la Capital."

"¿Seis horas?" Repitió incrédulo y el moreno lo miró con curiosidad. "No me subestimes, Yuuri. Si llegar a la Capital me toma cuatro horas, a tu pueblo debería poder llegar en dos."

"¿En serio? ¿cuatro horas? ¿Tan rápido puedes volar?" Inquirió impresionado. "Yurio me dijo que a él normalmente le toma seis horas ir corriendo a la Capital."

"¡Por supuesto! ¿Ahora ves lo conveniente que es tener a un poderoso dragón blanco como tu esposo?" Dijo con aires de coqueteo pero Yuuri rió.

"Novio." Corrigió, y el peliplateado rodó los ojos y dio un suspiro exasperado aunque no molesto.

"De acuerdo, Yuuri. Lo haremos a tu manera." Dijo mientras se sentaba en la cama y se recargaba en la cabecera. "Pero sigo siendo tu esposo." Agregó, y antes de que Yuuri pudiera replicar, continuó. "Mencionaste algo sobre un intercambio de anillos."

"Los anillos, cierto..." Murmuró, y se sentó también para recostar su cabeza sobre el hombro del peliplateado y éste lo rodeó de la cintura con un brazo. "Los anillos de compromiso se compran, pero son bastante caros. No estoy seguro cuánto, pero al menos dos meses de mi sueldo deberían costar cada uno." Dijo, pensando en que si compraba los anillos ahora no tendrían dinero para una casa. "Después de los anillos y la aprobación de la familia, se celebra la boda ante un altar."

"¿Los anillos cuestan más que una de mis escamas?" Cuestionó Viktor en un tono de voz aparentemente inocente, mas su humano ya lo conocía lo suficiente como para saber lo que estaba pensando.

"Tus escamas equivalen a un año de mi sueldo. Y no, Viktor, no venderemos ninguna de tus escamas para comprar los anillos."

"¡Pero, Yuuri...!" Se quejó con un gemido. "Chris podría venderlas y nadie tendría que saberlo."

" Viktor." Habló con seriedad, tanta que el peliplateado enseguida puso cara de perrito regañado. "Sabes que aún hay soldados buscándote. Y si se enteran de que existen escamas blancas rodando por los mercados se pondrán a investigar hasta llegar a nosotros."

"Supongo que... tienes razón." Dijo, sintiéndose frustrado de no poder ser de ayuda. ¿De qué servía que sus escamas fueran tan valiosa si no podía venderlas?

"Además... No quiero que nadie más que yo tenga tus escamas. Yo soy tu esposo, ¿recuerdas?" Se atrevió a decir de manera juguetona para animarlo, lo cual resultó y provocó que Viktor se ruborizara y sus ojos brillaran de alegría.

"Oh, Yuuri, tienes razón. ¡Ni siquiera sé por qué lo sugerí! ¡Mis escamas son sólo tuyas!" Lo rodeó de los hombros y juntó sus labios durante varios segundos. El moreno correspondió aferrándose a su espalda.

"Estaba pensando..." Dijo Yuuri mientras ambos se acomodaban de nuevo en la cama, apagando la lámpara y dejando sus gafas sobre la mesita de noche, ahora él acostándose sobre el peliplateado para enredar sus piernas. "Phichit es herrero. Quizás él podría hacer nuestros los anillos o conseguirnos un par a buen precio." Viktor no contestó pero besó su frente de manera perezosa y Yuuri asumió que se estaba quedando dormido, por lo que siguió su ejemplo y cerró los ojos.

A la mañana siguiente, después del desayuno, Yuuri terminaba de empacar las bolsas de viaje, asegurándose de llevar varios cambios de ropa, cantimploras, un par de libros, medicinas por si acaso, mapas con las rutas ya trazadas y una cuerda; mientras, Viktor ayudaba a Sara a preparar bocadillos por si les entraba hambre durante el camino. Cuando fue al comedor a avisarle a su pareja que ya todo estaba listo, vio que Phichit salía de la cocina, haciéndole recordar que debía conversar con él sobre los anillos dentro de quince día que regresaran a la posada.

"Phichit. Buenos días." Le saludó con una sonrisa, pero enseguida miró a su amigo de manera sospechosa cuando el dragón naranja lo miró con sorpresa. "Ah, no me digas que intentabas robar comida de la cocina de nuevo." Dijo en broma y Phichit rió.

"Yuuri, ¡me duele que desconfíes de mí de esa manera!" Fingió sentirse ofendido a la vez que llevaba una mano a su frente de manera dramática, haciendo reír al moreno. "Pero no, esta vez no. En realidad..." Se acercó al humano hasta casi pegar su boca a su oído y usó una mano como muro. "Viktor me pidió algunos consejos sobre cómo tratar con tus padres, siendo que yo soy el que más experiencia tiene interactuando con humanos. Pero no le digas que te dije." Entonces volvió a su tono de voz normal. "Los dragones no hacemos eventos sociales que tengan que ver con nuestra pareja, así que no entendemos por qué los humanos necesitan hacerlo para sentir que su relación es aprobada por otros." Comentó con rostro pensativo. "Así que Viktor está... un poco nervioso, y quiere hacer las cosas bien para causarle una buena impresión a tu familia."

"Oh, ya veo... Gracias por decirme." Dijo, sintiéndose un poco mal por hacer que el peliplateado se preocupara en verdad por eso cuando el mismo Yuuri estaba totalmente seguro de que sus padres lo aceptarían sin problemas. Aunque a su vez, se sintió halagado porque su dragón estuviese dispuesto a intentar sus costumbres.

"¡No hay de qué! Yo sólo quiero lo mejor para mis tórtolos favoritos." Le dio un abrazo rápido y después lo soltó mostrando una sonrisa. "Les deseo un buen viaje y que regresen en una pieza. ¡Ah! Y no tienen por qué preocuparse por nada. En la Capital hay muchos dragones que cuidarán de ustedes. ¡No te olvides de que eres una celebridad!" Guiñó un ojo y Yuuri dio un suspiro mientras ladeaba la cabeza en negación.

"Supongo..." Según le había dicho Chris, los rumores sobre un dragón blanco que fue salvado por un humano, el cual después se convirtió en 'su amo', se habían esparcido entre la comunidad de dragones e incluso eso hizo que Yuuri se convirtiese en una celebridad entre ellos. No obstante, dudaba en que aquello fuera cierto y que seguramente era el dragón verde el que estaba exagerando.

Después de que los bocadillos estuviesen listos, la pareja se despidió de los otros dragones y salieron del pueblo cargando un par de bolsas no muy pesadas con ellos. Como ya era habitual, salieron desde poco antes del amanecer para no ser molestados por la muchedumbre, así pudiendo disfrutar del alba rosado en pleno silencio y con pocos pájaros cantando. Y se adentraron varios metros por el bosque, con Yuuri sintiéndose cada vez más nervioso mientras que Viktor lo tranquilizaba estrechando su mano con fuerza y una sonrisa afianzada; hasta que se alejaron lo suficiente del pueblo. Entonces el peliplateado transmutó en dragón.

Yuuri se acercó y lo acarició durante unos segundos antes de sacar la cuerda. Viktor le ayudó a sostenerla en su hocico mientras el moreno lo rodeaba con ella del cuello y se aseguraba de dejar un nudo lo bastante flojo para no estrangularlo. Y antes de montarlo, ató las bolsas y su propia cintura al final de la cuerda e hizo otro nudo para crear una especie de correa. Viktor le lamió la cara tras ayudarle a subir a su lomo con sus dientes.

El dragón blanco podía sentir a su pareja temblar y aferrarse a su lomo con nerviosismo, y sintió pena de no poder comunicarse con él con palabras, por lo que intentó despegar de la manera más sútil posible. Yuuri, al sentir el movimiento, cerró los ojos y trató de no pensar en las mil razones de porqué aquello era una mala idea. No quiso ser pesimista. Sabía que Viktor estaba muy emocionado por el viaje y por el hecho de poder usar su alas por primera vez desde que sanaron, y que éste quería que Yuuri disfrutara del vuelo tanto como él.

Luego de sentir por varios minutos el viento acariciando su rostro y escuchar el sonido de alas batiéndose, Yuuri abrió sus párpados de a poco e hizo lo mejor que pudo para sentarse. Al principio estuvo un poco desorientado y su cabeza se sintió mareada debido a la altura, pero pronto el nuevo escenario azul aún rosado frente a tus ojos logró distraerlo. Y, tomando todo el valor que tenía en ese momento, miró hacia abajo.

El paisaje era... simplemente increíble. Yuuri podía ver los árboles, los ríos y otros pueblos tan pequeños como hormigas e iluminados por los tímidos rayos del Sol que apenas se asomaban por las montañas. Y la brisa mañanera olía tan limpia y familiar que sus nervios se apaciguaron bastante. Incluso una parvada de aves volaba cerca de ellos y los divertían con su espectáculo aéreo. Yuuri no supo en qué momento había dejado de temblar para que en su boca se formara una sonrisa, pero Viktor pudo percibir su cambio de humor y eso lo hizo sentirse más tranquilo.

El vuelo fue silencioso mas no incómodo. Yuuri agradeció mentalmente que Viktor le haya insistido tanto en llevar una túnica de manga larga para que el viento no le provocara frío. Y después de una hora y media, alzó la voz para indicarle a su dragón que debía girar hacia el noroeste.

-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

Tras aterrizar en el bosque junto al pueblo, Viktor esperó a que su pareja desatara la cuerda y después lo ayudó a bajar. Y lo siguiente que hizo de manera inmediata fue regresar a su forma humana y abrazar y besar a Yuuri varias veces, pasando por sus labios, frente, y mejillas, alegando que se sintió muy solo de no poder hablar y verlo durante esas dos horas por tener su vista puesta en el camino. Yuuri rió ante su dramatismo pero lo besó de vuelta.

Aún se encontraban un poco lejos del pueblo, pues precisamente aterrizaron lejos para evitar que alguien los viera. Y mientras caminaban hacia allá, Yuuri le recordaba en voz baja el pequeño guión que habían preparado para explicar su procedencia. Era obvio que el moreno no podía decirle a su familia que su esposo era un dragón (aunque Yuuri le había prometido que se los diría cuando lo creyera conveniente y si es que Viktor se sentía cómodo con ello). Pero el peliplateado sólo podía pensar en que, si la familia de Yuuri era tan dulce como él, entonces no tendría nada de qué preocuparse.

Conforme avanzaban dentro del pueblo, Viktor pudo ver a simple vista que la estructura del lugar era diferente. Pues en el pueblo en el que vivía con Yuuri, las casas eran hechas de adobe con techos de madera y su economía era basada en el comercio; mientras que en este pueblo, las casas eran más bien modestas y totalmente echas de madera, con parcelas de trigo y arboles frutales por todos lados y ríos cercanos que facilitaban el riego. Aquello le hizo recordar que Yuuri ya le había mencionado que trabajó muchos años en el viñedo de su familia.

Viktor se dejaba guiar de la mano por Yuuri, aunque cada cierto tiempo se les acercaba algún humano que había reconocido al moreno y le hacía preguntas cordiales sobre cómo se sentía viviendo en otro pueblo. El peliplateado entonces no dudaba en presentarse como el 'novio' de Yuuri, teniendo que tragarse su orgullo de decir 'esposo' si es que no quería levantar sospechas, pues mientras no tuvieran los anillos, su relación parecía no ser válida ante otros humanos.

"¡Yuuri-chan! ¡Qué gusto volver a verte!" Exclamó una humana abrazando a Yuuri. Viktor se la habría quitado de encima sino fuera porque la muchacha tenía un aroma agradable, combinado con otros cuatro, lo cual claramente significaba que era una humana con pareja y que seguramente tenía hijos. "¿Y quién es este hombre tan apuesto que te acompaña?"

"Soy el novio de Yuuri." Contestó Viktor con una gran sonrisa y rodeando al mencionado con sus brazos de manera posesiva.

"¡Oh! ¡Entonces tú debes ser Viktor!" La muchacha sonrió y le brillaron los ojos. "Yuuri, ¡estoy tan feliz por ti! Cuando a los veinte aún no tenías novia creí que te quedarías soltero de por vida."

"¡Yuuko!" Exclamó Yuuri fingiendo indignación, aunque era evidente que aquello le molestó un poco. El peliplateado imaginó que aquella no sería la primera vez que alguien le señalaba su soltería, lo cual pudo simpatizar con eso porque él también había recibido comentarios incrédulos de otros dragones sobre su falta de pareja a los ciento cincuenta años. "Ah, Viktor." Yuuri se giró para verlo con una sonrisa, de esas que hacían que supiera toda su atención en él. "Ella es mi amiga de la infancia, Yuuko Nishigori. Ya te he hablado de ella antes." Ah. Eso confirmó sus sospechas. Casada con hijos. No había peligro.

"Mucho gusto, Viktor." Yuuko hizo una reverencia inclinando el torno. La muchacha vestía una túnica larga hasta las rodillas y botas de trabajo. "Me gustaría quedarme a charlar más tiempo pero debo volver a los campos a recolectar las cosechas. ¡No tenía idea de que vendrían! ¿Ya lo sabe tu madre?"

"No... Es que fue una decisión repentina." Contestó con algo de pena, intentando no dar detalles. "Si hubiese enviado una carta para avisar, de todos modos nosotros habríamos llegado primero."

"Oh, ya veo." La muchacha asintió compresiva. "¿Van a quedarse en casa de tus padres, verdad?" El moreno asintió. "En ese caso, iré más tarde con las niñas y Takeshi para que nos pongas al corriente de cómo te ha ido en tu nuevo trabajo. Aunque por lo que veo por adelantado, sé que te ha ido muy bien." Añadió guiñando un ojo hacia Viktor y Yuuri se ruborizó.

La castaña se despidió para volver a trabajar y continuaron caminando. Solamente un par de minutos más tarde llegaron a una casa con apariencia igual de modesta que las otras, pero Viktor pudo diferenciarla del resto porque de ella provenía un aroma dulce parecido al de Yuuri (pero Yuuri olía mejor, obviamente).

"¡Estoy en casa!" Anunció el moreno tras abrir la puerta, y tan pronto la cerraron tras ellos, escucharon pasos apresurados acercándose al vestíbulo, entonces, tras una puerta corrediza apareció una mujer regordeta de cabello castaño que también usaba gafas, y en su gentil rostro se formó una gran sonrisa.

"Oh, ¡mi bebé!" Dijo la mujer abrazando a Yuuri con fuerza, y Viktor enseguida la reconoció como su madre por su aroma y parecido físico. "¡Yuuri, qué alegría que hayas venido! ¡¿Pero por qué no nos has avisando antes?!"

"Lo siento, mamá. Fue algo un poco... improvisado." Dijo, pues no era del todo mentira.

"¿Vas a quedarte varios días?" Inquirió esperanzada y Yuuri asintió. "¡Ah! ¡Pero no he limpiado tu habitación en meses y...!" Entonces su vista se posó en el peliplateado tras percatarse de su presencia y sus ojos se abrieron con sorpresa. "¡Oh! Me supongo que este apuesto caballero debe ser Viktor."

Viktor, todavía un poco nervioso porque, a pesar de los consejos de Phichit, no sabía muy bien qué hacer en aquella situación, realmente no tuvo que hacer nada porque la mujer enseguida lo abrazó como bienvenida.

"Me llamo Hiroko Katsuki. Soy la madre de Yuuri. Pero tú también puedes llamarme 'mamá' si gustas." Dijo aún sonriendo y Viktor sintió que se le quitaba un peso de encima. "Yuuri me ha hablado tanto de ti en sus cartas, lo que significa que debes ser un buen nombre para haber logrado ganarte su corazón."

"¡Mamá! ¡Eso es vergonzoso!" Exclamó Yuuri con su cara totalmente roja de vergüenza y escondiéndola tras su manos. Viktor rió y pasó un brazo por sus hombros para apoyar una mejilla sobre su cabello negro.

"Sí, yo soy Viktor. Es un placer conocerla, mamá." Tan pronto lo escucho decir aquello, Hiroko sonrió complacida.


La pluma es más poderosa que la espada* en realidad es una frase del siglo XIII, y este fic toma lugar durante los siglos XIV-XVI, pero es un fanfic y me vale que no sea 100% históricamente correcto :D

Sugerencias, quejas, compra-venta de escamas, amenazadas de muerte, suicidio colectivo, propuestas de matrimonio; dejen reviews.