Shikamaru fue a su mesa de trabajo para revisar que todo estuviera en orden. Los pinceles en su bote, los papeles en su sitio. Le faltaba sacar unos manuscritos, pero eso podía esperar.

Shika, puedo recogerte en un rato si no has terminado —le ofreció Ino sospechosamente.

El negó con la cabeza; podía dejarlo para otro momento. Además bastaba con que Ino estuviera cerca para que se anulara toda la información de su cerebro. O casi toda, porque aún se acordaba del extraño sueño de aquella mañana.

¡Shika! —dijo ella para llamar su atención. El parpadeó.

Perdona, Ino. Ya término —contestó, volviéndose para mirarla. Estaba apoyada sobre la puerta esperándolo con los brazos cruzados. Se recogió el pelo mientras él la miraba embobado.

Los cabellos de Ino, dorados por el sol, estaban prolijos y sus ojos azules eran capaces de hacer sonreír a cualquiera. Estaba tan atractiva que Shikamaru tuvo que apartar la vista.

Apagó la luz y metió la carpeta que traía en un cajón. Ya estaba preparado para la descomunal tormenta que era Ino.

Vámonos, estas paredes se me están viniendo encima —dijo Ino.

Pero si sólo llevas diez minutos dentro.

Mmm, demasiado tiempo —contestó, mirándolo a los ojos.

De camino al ascensor, Shikamaru pudo adivinar, por el revuelo que se estaba levantando a su paso, que Ino estaba lanzando sonrisas por doquier.

¿Gentil? ¿Amable? ¿Compartiendo su tiempo libre? Por supuesto, pero bien que estaba disfrutando de las sonrisas de los hombres de la oficina.

Llegaron al ascensor, y en cuanto Shika presionó el botón para llamarlo, las puertas se abrieron de par en par. Allí estaba Toru, quien se arregló el pelo y se estiró el traje. Shika supo que Minoru ya lo había informado de todo y se cruzó de brazos.

Qué sorpresa encontrarte aquí —dijo Shikamaru.

Ah, sí. Minoru me ha prestado su encriptador —dijo, mostrando un pergamino— y me acaba de mandar un correo pidiéndomelo urgentemente.

Toru Shikon, me gustaría presentarte a mi am…novia Ino Yamanaka —dijo Shika después de casi haber metido la pata. Toru estuvo a punto de hacer una reverencia.

-Mucho gusto- saludo Ino

-Un verdadero placer, señorita. El gusto es todo mío, la verdad.

Nos vemos, T —dijo Shikamaru, entrando en el ascensor.

Pásalo bien, Shika —aconsejó Minoru, asomado por fuera del mostrador. —. ¡Y no hagas nada que yo no haría!

Shikamaru tomó a Ino de la mano y la empujó dentro del ascensor. Trató de disimular su rubor ante el consejo de Minoru. Si lo seguían, Ino y Shikamaru iban a tener que vivir una experiencia salvaje.

CAPITULO 9.

FINALMENTE Shikamaru e Ino consiguieron salir del edificio. Pasaron junto a bares y restaurantes. Doblaron la esquina, alejándose de las oficinas.

— ¿Dónde me llevas con tanta prisa? —Preguntó Ino—. ¿Nos dirigimos hacia los matorrales por alguna razón en especial?

—Más quisieras —respondió, aflojando el paso, ya que acababan de salir del campo de visión de las miradas curiosas apostadas en las ventanas de la oficina. Shikamaru divisó un banco en el parque y condujo a Ino hasta él. Se sentaron.

—Nunca entenderé cómo te las apañas vistiendo de esa forma.- le espeto Shikamaru

—Todavía no he recibido quejas de ningún hombre —repuso, sonriendo de oreja a oreja.

—Yo soy un hombre, así que apunta la primera queja.

—Si claro, como si un vago como tú supiera de ropa —se burló Ino—. Ahora que bien puedo yo enseñarte algo.

— ¿Estás insinuando que visto mal? —preguntó Shikamaru. Ino se encogió de hombros.

—Bueno, tú eres más bien poco espabilado, y menos experimentado. ¿Cuál sería la ventaja de tener amigos si no te pudieran explicar cómo funciona el mundo?

—Por favor —contestó en tono de burla—, ¿qué me has enseñado tú, a parte de meterme en problemas?

— ¿Yo? —preguntó, extrañada.

— ¿Necesitas una lista? De acuerdo, podría seleccionar alguna de las aventuras del verano en el que cumplí quince años, pero prefiero recordarte que fuiste tú quien me engaño y metió en la sección de mujeres de las aguas termales para hacerme "hombrecito" cuando tenía diecinueve años. Y cuando nos conocimos me regalaste una manzana roja que acababas de robar del árbol del vecino.

—Había caído en tu jardín —se defendió Ino.

— ¡El árbol estaba a casi trescientos metros de nuestra valla! Tan sólo un huracán hubiera podido arrastrar la manzana hasta allí.

—De acuerdo. Reconozco que soy una mala influencia.

Ino sonrió y Shikamaru se dio cuenta de que los sonidos del parque habían desaparecido. Aquella mirada tan sincera hizo que Shikamaru pensara cosas raras, cosas como el sueño de aquella mañana.

—Pero por mucho que lo intentaras, no te podrías librar de mí—prosiguió Ino, guiñándole un ojo.

De repente los sonidos del parque volvieron a surgir. Las hojas se arremolinaban, los pájaros piaban y la gente pasaba.

—Parece que es hora de irnos —repuso.

Shikamaru quería llevar a Ino a un local que él había frecuentado. Estaba prácticamente seguro de la dirección, pero el aroma delicioso de Ino y el contoneo de sus caderas lo estaban despistando. Apenas sabía en qué ciudad estaba.

Estaba muy guapa tan arreglada. Tan guapa que Shika se preocupó. Si se vestía así cada vez que salía quizás corriese el peligro de...

Se le revolvió el estómago. Su instinto de protección entró en escena. Había desempeñado ese papel durante mucho tiempo y defenderla de otros hombres era parte de él. Sentía el deseo de saltar a la yugular de los hombres con los que se cruzaban que volvían la cabeza para seguir los pasos de Ino.

Respiró aliviado cuando llegaron a la fachada del lugar. Ino lo miró de forma interrogativa y él asintió sonriendo. «Venga, Shika. Tú puedes hacerlo», se dijo a sí mismo para darse ánimos.

— ¿Es éste el sitio? —preguntó Ino cuando lo vio dudar en las escaleras.

Shikamaru asintió.

—Éste es el sitio —dijo, conduciéndola hacia el interior.

— ¡Hola, Nara! Otra vez por aquí —dijo el mesero que estaba apostado en la puerta.

—Eh, Mikou —contestó Shikamaru antes de darle un apretón de mano—. Quiero presentarte a mi novia, Ino.

—Encantado. Esta si que es una sorpresa.

El local estaba lleno hasta los topes. Ino se agarró a la mano de Shikamaru mientras éste se abría paso entre la multitud.

—Vengan —les dijo el camarero—. Hay una pequeña sala al fondo que está más aislada.

Ambos lo siguieron mientras atravesaba las mesas, parándose a saludar a cada paso. Al menos cuando se detenía, Shika dejaba de ver aquellas caderas contoneándose con soltura.

Finalmente llegaron a su mesa. La luz era tenue y un rico aroma inundaba el lugar.

— ¿Qué quieres tomar? —preguntó Shikamaru.

—Sorpréndeme. Iré al tocador, pide por mí.

—Claro, aquí te esperare —dijo, mirándola. Ino asintió como una niña buena.

Shikamaru necesitaba un poco de tiempo a solas para recuperarse. Había terminado teniendo una cita con su mejor amiga. No era una auténtica cita, aunque el aspecto increíble de Ino le hacía dudar de eso. Era la imitación de una cita para comprobar lo romántico que él podía llegar a ser. Es decir, era la prueba para ver si su interpretación como novio podría llegar a ser creíble. ¡Ha! Él había tenido citas con otras mujeres y con locas mucho peores que ella.

«Vamos, es Ino. », se dijo a sí mismo Shikamaru mientras esperaba al camarero.

— ¿Qué quieres tomar? —preguntó un camarero.

—Una bolsa de galletas saladas y... —en aquel momento Shikamaru recordó las palabras que le había dicho Ino. «No tienes ni una sola fibra romántica en todo tu cuerpo, Shika». Aquello era un desafío—.No olvida eso. Una botella de saque y dos copas. El mejor que tengas. Y la especialidad de la casa.

El camarero sonrió, y Shikamaru se dio cuenta que estaba mirando a Ino.

— ¿Has venido con esa hermosura? —preguntó el muchacho.

—Sí. ¿Porque?

—Bueno, nunca hubiera creído que podías estar con alguien como ella, después de todo tu lema es alejarte de las "mujeres problemáticas" —contestó. Al darse cuenta de con quién estaba hablando, el chico se ruborizó—. Me habías pedido una botella de espumoso, ¿verdad?

—Y dos copas —respondió Shikamaru, disimulando el nudo en la garganta.

— ¡Ooh! —Exclamó Ino cuando regreso a la mesa—. ¡Qué clase! una botella entera de sake. ¿Acaso quieres emborracharme?

—Sí.

Ino se quedó callada. Un escalofrío recorrió su cuerpo. Ya casi podía sentir las burbujas corriendo por sus venas.

— ¿Sí? —repitió—. Ésa es, casi, la proposición más romántica que jamás me hayan hecho.

Shika se rio sin apartar la vista de las copas que estaba sirviendo. Le entregó una, llena de burbujas de color ámbar, y tomó la suya.

Ino y Shika brindaron, ella tomó un buen trago de sake. Las burbujas le hicieron cosquillas en la garganta. Su excitación iba en aumento. Estaba sentada junto al hombre más paradójico del mundo. Se sentía como una espectadora de Shikamaru, deseando al mismo tiempo ser testigo de su próximo movimiento y temiéndolo a la vez.

— ¿Cómo va tu trabajo? —preguntó Shika, haciéndola aterrizar.

— ¿Sin tener en cuenta este teatrito?

—Sí. Sin tener en cuenta ese pequeño detalle.

—La verdad es que muy bien —dijo tras tomar otro trago y pensar en todas las consultas que estaba teniendo.

— ¿Y tú Shika tienes planes de ascender en lo tuyo?

—No. Estoy más que contento haciendo lo que hago ahora, no necesito más.

—De nuevo tu conformismo.

—Sí. Y no me importa, por que aun cuando mi padre se retire algún día, me gustaría seguir en lo mío.

—Ya sé que tu trabajo va de maravilla, pero ¿qué hay de tu vida amorosa? —preguntó sin poder contenerse. Él la atravesó con la mirada e Ino tuvo que beber de su copa para evitar sus ojos.

—Está tranquila —declaró con voz teñida de indiferencia.

— ¿Te tengo que recordar que tú y yo estamos saliendo? —insinuó, tratando de rescatarlo de sus pensamientos.

— ¡Por supuesto! —exclamó. —. Tranquila sin contar nuestro trato.

—Si ni si quiera tú recuerdas que estás en una relación, ¿cómo esperas que alguien se lo crea? Bueno, se me acaba de ocurrir una forma. ¡Baila conmigo! —propuso Ino.

—No. Yo no bailo.

Ino saltó de su silla.

—Venga. Me encanta esta canción.

Shika señaló hacia la barra con la cabeza.

—El camarero piensa que eres bastante especial. Quizás él quiera bailar contigo.

Ino miró hacia la barra y vio una cara que le sonaba un poco. Lo sonrió levemente y el muchacho se puso rojo y salió corriendo. Shika hizo ademán de marcharse.

—Los puedo dejar a solas, si lo prefieres.

—No, gracias —respondió Ino.

— ¿Estás segura? Puedo acercarme a la barra y decirle que tú también le gustas.

—Shika, estate quieto —dijo, sujetándolo. Shika obedeció.

—De acuerdo. Pero si en cualquier momento quieres que le diga...

—Sólo quiero una cosa: cállate.

—Vale, vale.

Ino apuró su copa de sake y la volvió a rellenar. Shikamaru a veces era irritante. Ya se le había olvidado lo irritante que podía llegar a ser, sin lugar a dudas, tenía la capacidad de sacarla de quicio.

Shikamaru sintió que algo rozaba su pie y pegó un salto. Entonces se dio cuenta de que había sido el pie de Ino tratando de jugar.

— ¿Qué? —preguntó Ino al verlo de pie con la mano en el corazón tratando de calmarse. Shikamaru se sintió avergonzado por su reacción exagerada.

—No juegues a no ser que quieras jugar hasta el final —le soltó Shikamaru.

Ino lo miró desconcertada y él se arrepintió de las palabras que acababa de pronunciar.

—Tienes que darme alguna pista antes —dijo para salir del paso. Puso una sonrisa estúpida—. A no ser que quieras que pegue un salto cada vez que me roces. Resultaría sospechoso.

—Creo que tú ya me estás dando alguna pista, ¿no es así?- le respondió Ino

—Por supuesto. ¿Por qué no? Pero ignorare tus comentarios hasta que no me respondas a esta pertinente pregunta: ¿Qué tal tu vida amorosa?

Ino tomó un trago de su copa y el líquido burbujeó en su boca. La sonrisa en su cara tambaleo mientras en los labios de Shikamaru se dibujaba una radiante.

— ¿Tan mal va? —insistió Shika.

Ella se encogió de hombros.

—Creo que va mejor que la tuya. Tengo uno que otro amigo, aunque asta hace unos días parecía que nadie quería acercárseme, y sabes cual fue la razón

Shikamaru en venganza, comenzó a jugar con sus pies, pillándola desprevenida. Ino escondió los pies en la parte de atrás de la silla, pero esto no lo desanimó. Se deslizó hacia abajo y alcanzó a atrapar las piernas de Ino. Estaban casi debajo de la mesa.

Una hora después, Ino y Shikamaru volvían de su desayuno, de vuelta a la oficina de Shikamaru.

— ¡Shika! Qué alegría verte. Espero que hayas disfrutado tu desayuno —había dicho Toru al verlos llegar.

—Eso seguramente querrá decir que todo el mundo ya debe saber de ti —explicó Shika a Ino—. No tardaran en acribillarme a preguntas sobre lo nuestro.

Ino guiñó un ojo a Toru, quien le devolvió una sonrisa.

—Bueno, eso no importa, de esa forma será mas real ¿no crees? —le dijo.

—La verdad es que no. Que la noticia llegue a tu padre es lo que me pone nervioso, así que supongo que a uno de los dos le toca ponerse de los nervios. ¿Puedes ser tú?

Se miraron y saltaron chispas.

—Bueno, yo me tengo que ir, así que pórtate bien mientras no estoy ¿vale?- le susurro Ino melosamente, para deleite del público que los observaba.

Shikamaru se dirigía a su despacho, pero antes de dar el primer paso Ino le tomo de la mano y lo atrajo a ella.

—Ahora quédate ahí y dame un beso de despedida—ordenó, señalándolo con su índice. Shikamaru rugió enfadado (aunque para los demás pudiera ser un arranque de pasión) pero hizo lo que le pidió.

Él había pensado en un beso sencillo de unos segundos pero cuando había querido apartar sus labios de los de Ino, esta murmuro:

—Ni creas por asomo que eso es un beso— y sin perder tiempo sintió la calidez de los labios de Ino acariciando suavemente los suyos adentrando su lengua en su boca, devorando su mundo por completo. Entonces terminó.

Ino se despidió de todos con una sonrisa. Y Shikamaru la observó irse asta que desapareció en el ascensor. Todas las personas de la oficina estaban mirándolo y se unieron en un aplauso suave pero entusiasta.

Shikamaru entró en el despacho con una sonrisa. Durante cada una de las milésimas de segundo que había durado aquel beso, había pensado que era real ¿Cuándo había aprendido a besar así si hacia poco tiempo de su primer beso? ¿Qué demonios pasaba con él?