Cierto peliazul se encontraba recostado con una media sonrisa en su cama. No podía evitar sentirse más feliz después de pasar un día entero junto a Makoto, puesto que el pelinegro lo colocaba así cada vez que. Estaban juntos. Era algo tan bello e inevitable. Definitivamente el peliazul estaba en una buena época y la iba a aprovechar al máximo.
Pero en la mente de Sasori entraba un imborrable nombre: Ciel. Aunque el adorable rubio ya no significará o fuera un símbolo de amor, Sasori aún se preocupaba por el. Como amigo. Lo único que iba a ser y por resignarme a ello. Y todo por la culpa de Nagato. Ese maldito pervertido que robo todo lo que amaba en esta vida y logro arrebatarselo de las manos. Aunque en Sasori también entraban los extraños recuerdos de cuando el y Nagato eran amigos, lo cual ya ocurrió hace mucho. O cuando ambos se besaron, lo cual aún resultaba tan extraño para Sasori. Sus labios jamás volvieron a ser los mismos. Jamás se sintieron de esa forma especial y suave, algo fresco. Algo tan único. Algo tan perfecto. Pero claro, luego se obligaba a borrar esos recuerdos de. Su mente y dejar de lado esas sensaciones. Esos deseos prohibidos.
Es que al peliazul no le interesaba si era hombre o no, sólo que alguien como Nagato estaba fuera totalmente de sus intereses amorosos. El simplemente, no podía ni debía amar a alguien como el. Alguien tan irresponsable, tan relajado y tan fuera de tiempo. Es que Nagato vivía su propio mundo y Sasori seguía paso a paso las reglas de la realidad. Sasori calculaba las acciones y tiempo, mientras que Nagato simplemente vivía y disfrutaba como sí todo tuviera libertad.
El era un completo tonto, según Sasori. Alguien que simplemente rompía todo lo que no podía destrozar. Era alguien dañino, una mala influencia. Además de que el culpaba al pervertido de la nueva y mala actitud de Ciel. Además de que Nagato es traicionero, lo que era lo peor de todo. El había notado perfectamente el enamoramiento de el por Ciel, y no tuvo vergüenza alguna al meterse con Ciel en su propia cara.
Nagato era un maldito, un maldito del cual imposiblemente se podía enamorar.
No debía y no podía. Sin embargo, sus instintos que tanto intentó repeler contra sí no lograban controlarse. Nagato invadía e invadía la mente de Sasori, y esto lo desesperaba más y más. ¿Es que a caso estaba rompiendo las reglas?
Sasori era un niño bueno y obediente, y así lo iba a seguir siendo. O por lo menos lo iba a intentar. Nagato no podía consumir todos sus pensamientos, no lo iba a permitir.
—Sasori—le dijo Makoto un día mientras el chico de cabellos azules miraba distraídamente el cielo.—Sasori.—le volvió a mencionar el pelinegro, notando como su novio no le colocaba atención.—¡Sasori!—le grito Makoto, recién logrando la cansada mirada de su novio.
—Tengo Sueño—le respondió el peliazul mientras bostezaba y entreabría los ojos. Luego notó como Sasori se acostaba en su abdomen e intentaba acomodarse en el fuerte cuerpo de el. Makoto sólo se dejo, aunque en el fondo se sentía algo avergonzado por la demostrativa forma de amar de Sasori, dejo a su novio dormir en paz.
Makoto sólo observaba el hermoso rostro de Sasori, entretenido con la belleza del ser que más amaba. Pero en el fondo odiaba como no podía escapar de alguien así.
Como Sasori lo atrapaba con esa agradable actitud y esa hermosa sonrisa, y como lo había acuchillado antes con el dolor de ser ignorado. De no haberle hablado. De no haberle mirado. ¡De no recordar su existencia!
Sasori era despreciable. O quizás no. El daño a Makoto por el punto que resultaba mayor el sufrimiento. Algo que realizo sin siquiera estar consciente de ello. Algo que lo daño, al fin y al cabo. Algo por lo cual no puede condenarlo. Pero ya era demasiado tarde para decir algo así. Makoto ya tenía en la hoguera a Sasori, metafóricamente.
Aunque para el pelinegro no resultaba una mala idea...no. Debía detenerse. ¿Desde cuando sujetaba un cuchillo? ¿Cuando comenzó a apuntar contra la cabeza de Sasori?
No. Makoto debía controlarse. Definitivamente el control se estaba yendo...debía recuperarlo. Pero para el tampoco resultaba desagradable ver como Sasori pagaba todo...absolutamente todo. El odio. El amor. El recuerdo. Ese cruel pasado y una actitud desquiciada y deseosa de venganza.
Un deseo que resultaba tan excitante e imposible para Makoto. Ver a Sasori con esa hermosa sonrisa que posee mientras toda la sangre va vaciando su delicado y perfecto cuerpo. Algo que, quisiera ocultarlo o no, resultaba y sonaba perfecto. Tentador. Enloquecedor.
Makoto con delicadeza paso la punta del cuchillo por la mejilla de Sasori, haciendo sentir un suave roce en la mejilla del peliazul. Hasta que este abrió los ojos. Y vio la realidad.
—¿Ma...Makoto?—murmuro mientras intentaba abrir los ojos. El pelinegro lanzó el cuchillo al instante al suelo. Definitivamente si iba a controlarse debía mantener las armas lejos de la persona que tanto amaba y odiaba.
—Hola hermoso—dijo el pelinegro mientras unía ambos labios, aun con Sasori en su abdomen. El beso fue largo y dulce.—¿Como dormiste?
—Bien. Perfecto, junto a ti.—dijo el peliazul con una enamorada sonrisa, sin siquiera pensar lo que había sucedido.
—Genial—dijo el pelinegro. De un momento a otro, de la mejilla de Sasori comenzaron a caer gotas de sangre, al parecer de una cortada. Ambos se miraron extrañados, eso si Makoto fingía la confusión.
—¿Que...?—cuestiono para sí mismo Sasori, confuso.
—Yo te lo quito.—dijo Makoto, para luego pasar pasionalmente su lengua por la herida de Sasori, absorbiendo la sangre de la persona que tanto amaba y odiaba al mismo tiempo.—Luego la curamos. Vamos.
—Hm—musito Sasori, tomando la mano de Makoto. Ambos se levantaron y comenzaron a caminar, eso si Sasori antes miro atrás. Encontrando con la mirada un cuchillo tirado en el suelo, con unas gotas rojas en la punta.
Sasori sufrió un escalofrío al considerar la opción de que Makoto lo intentara atacar. En eso Nagato volvió a su mente, así el peliazul recordando como el pervertido daño sin compasión alguna a Ciel. Si el estuviera con Nagato el también lo hubiera dañado.
Sasori borró rápidamente esas ideas de su mente y prefirió reprimirse.
Reprimirse tanto a Makoto a los instintos. A esos instintos, que, aunque sean tan tentadores, resultarían mortales. En especial si contenía violencia de por medio, como en ambos casos sucedía. Un rencoroso y un deseoso. Dos personas que simplemente tienen falta de control, liberación instantánea.
Instintos.
Instintos Mortales.
