Damián llego a la mansión acompañado de Richard. Al entrar, se encontraron Timothy, quien estaba recostado sobre el sillón leyendo un libro. Al verlos Tim saludo alegremente a Dick pero a Damián lo miro de reojo.

-Hola Damián. ¿Qué tal escuela? –pregunto Tim fingiendo una sonrisa.

Pero el hijo de Bruce no le prestó atención y camino junto a él ignorándolo, sin embargo no fue una acción provocadora como siempre, sino que el niño parecía un zombi y simplemente estaba absorto en sus pensamientos y no prestó atención a nada fuera de su mente. Timothy frunció el ceño y miro enojado a Richard.

-¿Qué le pasa? –pregunto indignado, al mismo tiempo que gesticulaba con las manos su indignación.

Dick sonrió divertido y soltó una suave risita de complicidad.

-Es la señorita Sophie. –respondió el joven de ojos azules, casi en un susurro.

Timothy lo miro confundido, parpadeo varias veces, y ambos mayores esperaron a que Damián se encerrara en su habitación como siempre.

-¿La novia de Jason? –pregunto confundido Tim.

Richard asintió con un suave movimiento de su cabeza.

-Bueno… todavía no sabemos si son novios. –respondió con una sonrisita socarrona. –Pero Sophie está haciendo un excelente trabajo preocupándose por Damián. Es más creo que es su alumno favorito. –dijo Dick mientras le guiñaba el ojo a Tim.

El tercer Robin miro confundido a su hermano mayor.

-¿Y eso que tiene que ver? Tú también haces un excelente trabajo cuidando al mocoso. –respondió Timothy mientras se cruzaba de brazos.

-Sí, es verdad. Pero… ella le demuestra su cariño no solo con hechos sino también con abrazos, caricias y dulce besos en la frente. –comentó Dick. –Creo que eso lo está volviendo más humano. –dijo con una sonrisa el actual Batman.

Timothy abrió sus ojos y su boca sorpresivamente y no dio crédito a lo que escuchaba.

-Dick… ¿Quieres decir que Damián no la golpeo cuando lo besó? ¿O que no la insulta cuando lo acaricia? –pregunto anonadado Red Robin.

Richard soltó una suave y divertida risa y asintió con un movimiento de su cabeza.

-Exacto. Hasta se sonroja. Es más me pregunto si estaba enfermo porque se sentía raro cuando ella lo abrazaba o lo besaba. –contó alegremente el joven policía.

Timothy no salía de su asombro y no podía recuperar su seria expresión.

-Entonces… esa chica hace milagros. Deberían nombrarla santa. Le está dando sentimientos a dos demonios, como Jason y Damián. –comentó incrédulo Tim.

Richard sonrió divertido y exhalo un suspiro aliviado.

-Esa chica me está haciendo más fácil el trabajo. Damián la quiere, creo que podría convertirse en su mamá adoptiva. –respondió entre risas.

-Eso es exagerar Dick. –se cruzó de brazos Timothy.

Richard le guiño el ojo en forma cómplice.

-Oh tú lo dices porque no viste lo mismo que yo. Damián… ha cambiado. Y todo gracias a esa niña. Yo creo que Dami no querrá separarse de ella nunca más. –opino Dick sin perder esa sonrisa en su rostro.

Timothy no podía creerlo, sencillamente no daba crédito a que el pequeño demonio, y eso era mucho decir porque Lucifer en el pasado fue un ángel, pudiera tener sentimientos tan profundos hacia una joven como Sophie.

Un carraspeo los interrumpió, Alfred se hizo presente con su austera expresión.

-Jóvenes la cena está servida. –dijo seriamente y se dio media vuelta.

Timothy y Richard cruzaron miradas cómplices y corrieron al comedor a comer. Cuando llegaron, Damián ya estaba sentado en la mesa y miraba su plato de comida. Técnicamente lo observaba, pero en realidad la mirada del más pequeño de los Wayne estaba perdida, el niño parecía estar pensando seriamente en algo. Richard se sentó a su lado y Timothy frente a ellos.

-¿Filosofando Damián? –pregunto Tim con una sonrisita divertida.

Damián lo fulmino con su mirada y si las miradas fueran cuchillos, Tim ya estaría desangrándose.

-Púdrete Drake. –respondió con desdén el pequeño.

-¡Es Wayne! –grito indignado el joven de cabello negro y ojos azules.

Richard se llevó la mano a su cabeza debido a la migraña que comenzaba a sentir.

-¡Basta los dos! –grito seriamente y con autoridad.

Los dos menores suspiraron furiosos pero obedecieron al nuevo Batman y se dispusieron a comer en silencio. Al sentir la tensión Richard carraspeó y hablo con una sonrisa en su rostro.

-Mañana, por el día del trabajador, la escuela de Damián ha invitado a los padres a que hablen de sus oficios. Como Bruce no está, yo iré a hablar de mi trabajo de oficial de policía. –contó alegremente Dick.

Tim sonrió tiernamente pero el rostro de Damián se ensombreció de repente.

-Qué bueno Dick. Seguramente los dejarás encantados. –respondió el joven Red Robin con dulzura en su expresión, y es que para él Richard era un ejemplo a seguir y su amado hermano mayor.

Pero el más pequeño enseguida replico:

-No es necesario que vayas Grayson. No tienes que actuar como un padre para mí. –dijo seriamente y cabizbajo el hijo de Bruce.

Timothy suspiro y miro a Richard, quien apoyo su mano, amistosamente, sobre el hombro del niño de cabellera negra. Quien miro aquella mano como si tratara de basura sobre su hombro.

-No digas esas cosas Damián. Técnicamente yo soy tu hermano mayor. Y estaré contigo por más que eso no te agrade. –respondió amistosamente Dick.

Damián miro profundamente a los ojos al nuevo Batman. Pero esta vez fue diferente. Lo observo con confusión, con desconcierto. No comprendía, no entendía porque Richard se empeñaba tanto en cuidarlo, en darle cariño y en estar presente. ¿Por qué el joven hacía esas cosas por él? ¿Por qué se comportaba tan amable con una persona que no lo merecía? Esos pensamientos no dejaban de taladrar la cabeza del pobre pequeño.

-Pero… yo… yo no soy tu hermano. Ni tu hijo. ¿Por qué haces todo esto? –pregunto seriamente, sin perder esa mirada penetrante.

Dick sonrió dulcemente y apretó amistosamente el hombro del niño, ante la mirada atenta de Timothy.

-Lo hago porque eres mi hermanito. Te guste o no, hay un lazo invisible que nos une. Y yo voy a estar junto a ti cada vez que me necesites. –respondió Dick sin perder esa amistosa mirada.

Damián lo observo con curiosidad. Talia nunca le había dicho algo así, o ni siquiera le había propiciado caricias como lo hacía Sophie. ¿Qué estaría pasando? ¿Por qué de pronto todos estaban tan interesados en que él tuviera sentimientos?

El más pequeño de los Wayne exhalo un largo suspiro.

-Estás loco Grayson. Y quita tu mano de mi hombro. –dijo sin mirarlo a los ojos.

Richard sonrió levemente al notar el cambio de expresión en su hermanito menor. Los tres jóvenes continuaron comiendo, sin embargo al terminar de comer, Damián se levantó de la silla y se encerró en su habitación, esperando que Richard lo llamara para patrullar.


Esa misma noche Sophie estaba sola en su apartamento, mientras cocinaba para cenar a solas, como todos los días, recordaba ese beso tímido y delicado que Jason le había dado. Había sido tan amable con ella, pensando en lo que sentiría, en lo que pensaría, tratando de no asustarla. Sophie no era ninguna tonta, sabía que Jason no era un joven que fuera a comportarse así con todos. Y aquel trato especial para con ella la hacía feliz, porque por fin, había encontrado a alguien que entendía sus sentimientos y sus miedos.

Mientras la docente estaba absorta en sus pensamientos, alguien llamó a su puerta.

La joven de largos bucles rubios, se dirigió a abrir, en cuanto lo hizo, su corazón se detuvo por unos segundos y después comenzó a palpitar con más fuerza:

-Jason... –lo nombro con la ternura que solo una enamorada tendría.

El joven de mechón blanco y ojos azules la observó y sonrió seductor.

-Buenas noches, espero no ser inoportuno. –dijo con su típico tono sagaz.

Ella sonrió, con dulzura y alegría, y se hizo a un lado para que él entrara a su casa.

-Por supuesto que no. Pasa… –respondió Sophie sintiendo como su corazón comenzaba a latir tan rápido que parecía salirse de su cuerpo.

Jason entró y por primera vez se sintió un poco nervioso, Sophie cerró la puerta y lo observo con ternura, de la misma manera en que Jason había deseado por años que lo miraran.

Inmediatamente el joven comenzó a rascarse la cabeza de forma nerviosa e intentaba que las palabras le salieran pero simplemente no podía. Justamente él, Jason Peter Todd, Red Hood, se había quedado petrificado ante la señorita que lo observaba con detenimiento y cariño.

-Jay... ¿Paso algo malo? –pregunto tímidamente Sophie.

Jason inspiro con fuerza y se acercó con decisión a la joven.

-Es que... con respecto a lo que paso ayer... creo que te debo una explicación. Yo... te besé y... no lo hice para jugar contigo... es que... en realidad... yo... te... quiero… –respondió nerviosamente el joven Todd. "Maldita sea... debo verme como un idiota." –pensó decepcionado. Pero inmediatamente sintió las manos de Sophie sobre su rostro, eran suaves, delicadas.

-Yo también te quiero. –respondió Sophie con una amplia sonrisa.

Jason la miro un poco sorprendido ¿Habría escuchado bien? ¿Ella también lo querría? ¿A tan peligrosa persona?

-¿Estás segura? Es que yo... no soy precisamente un príncipe azul. Nunca lo podré ser. Soy tosco y rebelde y tengo muy mal carácter. Y tú te mereces a alguien mucho mejor que yo. –dijo al mismo tiempo que sentía las suaves y tiernas caricias de la niña sobre su rostro.

Sophie sonrió divertida y pasó sus brazos alrededor del cuello de Jason. Con amor lo abrazo y apoyó su mejilla sobre la mejilla de su amado. Y suavemente le susurró.

-No me importa. Yo quiero estar a tu lado. No me importa quien seas ni lo que hayas hecho. Cualquier hombre que se controle sólo por protegerme es digno de recibir mi amor. –respondió con ternura.

Jason tomó de los hombros a la chica y la miro a los ojos sorprendido por lo que había escuchado.

-Tú... ¿Estás segura? Nunca podré ser un príncipe perfecto. –pregunto asombrado.

Sophie sonrió tímidamente y asintió.

-Sí, estoy segura Jason. Ya sé que nunca podrás ser un príncipe y eso está bien porque yo no quiero alguien de la realeza. Yo quiero alguien que me ame y que me entienda, como tú. –respondió tímidamente mientras apoyaba sus manos sobre el pecho del joven.

¿Qué más necesitaba? Fue en ese momento en el que Jason perdió el control sobre sí mismo, debido a la felicidad que sintió, y abrazó con fuerza a Sophie. La joven sonrió y dejo que Jason la abrazara con esa efusividad y la pasión que sólo él tenía. Lentamente el segundo Robin tomó suavemente del rostro a Sophie, y siguiendo aquellos latidos acelerados en su corazón, apoyó sus labios sobre los de la chica.

Fue un besó explorador, provocativo, Jason recorrió los labios de la joven, la acaricio, la saboreo, hizo que ella se estremeciera ante aquel besó tan pasional.

-Jay… –susurro Sophie al apoyar sus manos sobre el pecho del joven.

-Sophie… –fue la respuesta de Jason antes de volver a besarla apasionadamente.

La joven cerró sus ojos y sintió los labios expertos del joven apoderarse de los suyos. Explorar su boca con su lengua, saborearla. Sophie sintió las manos del joven perderse en sus suaves cabellos al mismo tiempo que continuaba besándola con pasión, como si fuera el ultimo besó que le daría.

Al separarse lentamente para mirarla a los ojos, Jason vio como las mejillas de su niña se había puesto rojas. Suspiraba tímidamente y le sonreía ilusionada.

-Dime Sophie… no le agrade a tu padre ¿Verdad? –pregunto sagaz el joven Todd.

Una risita divertida escapo de los labios de la chica y, sin quererlo, también hizo sonreír a su amado.

-No. Mi padre cree que eres peligroso. –dijo con una sonrisita divertida. –Descuida, lo que importa aquí es que yo te quiera. Mi familia no es importante. –respondió la joven mientras abrazaba dulcemente a su amado.

Jason sonrió, esta vez con complicidad y le acaricio los cabellos a Sophie.

-Huele delicioso ¿Qué estás cocinando? –pregunto mientras la miraba intensamente a los ojos.

-¿Quieres quedarte a cenar? –pregunto Sophie con una dulce expresión.

Jason no pudo borrar esa expresión de felicidad en su rostro. Al fin Sophie era su novia, suya y de nadie más.

-Seguro. Si no molesto. –respondió con cierto sarcasmo.

Sophie lo miro y soltó una suave risa. Lo tomó de la mano y llevo al joven a la cocina.

-Por supuesto que no molestas. –opino Sophie.

La joven sirvió la cena y se sentó junto a Jason. Sin embargo mientras comían Jason noto un poco extraña a la chica, como si quisiera preguntarle algo y no se animara. Por eso el joven Todd frunció el ceño y estiro su mano hacia la de Sophie.

-¿Sucede algo malo? –pregunto seriamente.

Sophie lo miro parpadeo varias veces, sin embargo ese sólo hecho de revolotear sus pestañas como una niña dulce e inocente hizo que el corazón de Jason comenzara a latir con más fuerza. "Oh maldición… Sophie no pongas esa expresión pura o no podré controlarme." –pensó para sí el joven.

-No es nada… es que… mañana es el cumpleaños de mi padre. Y obligatoriamente tengo que ir y soportar a mis primos, especialmente a Albert que se pavonea como si fuera alguien importante y encima mi padre insiste en que tengo que perdonarlo porque soy católica. Es eso lo que me tiene de mal humor. –explico un poco triste.

Jason frunció el ceño y tragó saliva. No soportaba que la familia Leblanc presionara a Sophie de esa manera. Él único que merecía sus respetos era el padre Roland.

-No tienes que enfrentar esto sola. Yo iré contigo. Además me muero por ver la cara de tu familia cuando sepa que tienes novio. Especialmente la cara de felicidad de tu padre. –dijo con un todo de voz sarcástico.

Sophie lo miro sorprendida, porque no se imaginaba esa propuesta. Jason no se veía como un chico al que le gustaran las responsabilidades.

-¿Estás seguro? Jay… mi familia es pesada y… no quiero que sientas que tienes una responsabilidad conmigo. No me gustaría que pases un mal momento por mi culpa. –respondió un poco apenada la joven.

Jason estiro su mano y tomó la mano de Sophie entre las suyas.

-Estoy seguro. Deja que tu familia me conozca, especialmente tu primo. Y verás que no te van a molestar más. –dijo con seriedad pero con una sonrisita socarrona.

Sophie volvió a parpadear pero finalmente le dedico una sonrisa a su querido Jason.

-De acuerdo. Pero estás advertido. –respondió la joven de larga cabellera rubia sin perder su sonrisa.


Ese día Damián no estaba muy feliz ni muy sonriente, para variar. Observaba a Richard alistarse y sentía que sería el hazme reír de sus compañeros. El único que llevaba a su "hermano" antes que a su padre o a su madre. Y para colmo Richard no era nada serio. Estaba vestido con su uniforme de policía y sonreía divertido y a la vez ilusionado.

-Vamos Dami. O llegaremos tarde. –dijo con una alegría que le molestaba a Damián sin saber porque.

El niño frunció el ceño y le hablo a su hermano mayor con la gravedad que lo caracterizaba.

-Grayson. No es necesario que vengas conmigo. No necesitas actuar como un hermano mayor. –respondió seriamente el niño.

Richard lo miro sorprendido y parpadeo un par de veces. Pero finalmente se agacho a la altura de Damián y lo miro con intensidad.

-Damián no estoy actuando. Te guste o no soy tu hermano mayor. Tal vez no de sangre pero si legal. –explico Dick con una cálida sonrisa.

El pequeño lo miro fijamente y seriamente durante unos segundos, Richard mantuvo su mirada intensa y su cálida expresión. Finalmente Damián suspiro cansado.

-Eres igual que esa niña hippie. Dios los crea y el diablo los junta. –murmuro mientras se daba media vuelta y caminaba hacia la salida.

Richard sonrió divertido, se puso de pie y se acomodó la corbata. Camino hasta afuera de la mansión y subió al coche, Damián ya estaba sentado en el asiento del acompañante. Mientras el joven oficial de policía conducía, Damián miraba por la ventanilla del auto el paisaje de ciudad Gotham. Y sus pensamientos eran siempre los mismos. ¿Por qué no le quebró una pierna a Richard la noche anterior? De esa forma no iría al encuentro por el día del trabajador y no tendría que pasar vergüenza con las anécdotas que el policía pensaba contar. Bueno… todavía le quedaba una opción… el suicidio. Pero con los reflejos rápidos de Dick no sería tan fácil. Todavía tenía una opción, respirar hondo, meditar e intentar no matar a su "querido" tutor.

-Anímate Damián. –comentó de repente el susodicho. –Ya verás que tu maestra y tus compañeros quedaran encantados conmigo. –opino sin dejar de mirar el camino por el cual conducía.

El pequeño Wayne miro de soslayo a su acompañante y sonrió astuto.

-Ten cuidado con eso. O Todd vendrá directo a castrarte. –respondió el pequeño logrando que el mayor se sonrojara hasta las orejas e incluso se desconcentrara y casi chocara.

-¡Damián! –exclamo sonrojado. –Yo no quiero nada sucio con tu maestra. –indignado Dick se defendió.

-Sólo decía. –respondió tranquilamente el pequeño Wayne.

En ese momento Damián miro hacia afuera del coche y eso fue porque ya habían llegado a la escuela.

Los dos jóvenes bajaron del auto y caminaron hacia adentro. A cada rato Damián suspiraba molesto porque todos saludaban a Richard, y es que el joven oficial era un ex alumno del instituto. Cuando llegaron al aula donde cursaba el pequeño Wayne, Richard sonrió divertido pero a Damián le dieron nauseas al ver como su maestra había decorado el aburrido salón de clases. Con guirnaldas y carteles colorinches, eso parecía una reunión hippie más que una celebración por el día del trabajador.

El niño de cabello negro se sentó en su pupitre y Richard a su lado, ambos en silencio. La mayoría de los padres y madres ya habían llegado. Y cuando Richard entro fue el centro de las miradas. Una compañera se acercó a Damián y tímidamente le preguntó:

-Buenos días Damián. ¿Él es tu papá? Es muy joven y muy lindo. –pregunto inocentemente.

El pequeño Wayne chasqueo la lengua y negó inmediatamente.

-¡No! ¡Él no es mi padre! –exclamo seriamente.

Sin embargo el joven oficial interrumpió a su hermano menor al ver que estaba a punto de perder el control.

-No. Yo soy su hermano mayor. Nuestro padre no ha podido venir. –respondió con una amistosa sonrisa.

La niña se sonrojo levemente en las mejillas, revoloteo sus pestañas y sonrió tiernamente antes de volver al lado de su madre.

No pasó mucho tiempo antes de que entrara Sophie al aula. La joven vestía un vestido verde, largo hasta por debajo de sus rodillas, el cual tenía pequeñas flores rosas dibujadas sobre la tela. Un saco de vestir blanco la cubría debido al frio. Y un bolso y zapatos de igual color, de alto tacón, con los cuales la joven, de baja estatura, parecía unos centímetros más alta.

-Buenos días. –saludo con una dulce sonrisa.

-Buenos días señorita Leblanc. –respondieron las personas al unísono.

Sophie sonrió y dejo su bolso sobre el escritorio. Después se paró, de espaldas al pizarrón y les hablo con una sonrisa en sus labios a los padres y a los niños presentes.

-Antes de empezar, quiero agradecerles a todos los padres, madres y hermanos que han venido hoy. Les explicare la temática. Primero ustedes, los mayores, pasaran al frente y les contarán a los niños sobre sus trabajos y después jugaremos un poco en grupo. –anunció sin perder la cortesía que la caracterizaba.

Uno de los padres, vestido de traje y muy elegante, levanto la mano y se dirigió a la joven maestra con presunción en su voz.

-O sea que estamos aquí para jugar y hablar. ¿En que nos beneficia? He perdido un día de trabajo por esto. Usted dijo que era importante. –pregunto el hombre con descortesía.

Richard exhalo un largo suspiro, no le gustó nada como aquella persona había tratado a Sophie, pero inmediatamente, con sus rápidos reflejos, sujeto a Damián; ya que el pequeño, al ver la descortesía del hombre, se puso de pie por reflejo. Sin embargo Sophie suspiro y tragó saliva.

-Señor Smith créame que esto es importante porque va a beneficiar a los niños, tanto o mejor, que una clase normal. –respondió tranquilamente la joven docente.

El padre de su alumno miro fijamente a la docente y suspiro enojado. Sophie hizo caso omiso y continuo hablando sin perder la cordialidad que la caracterizaba.

-Bueno… ¿Qué tal si comenzamos? Señora Jakobson ¿Quiere empezar? –pregunto con una amable sonrisa a una madre sentada en primera fila junto a su hija.

La mujer le correspondió la amable mirada a Sophie y asintió con un leve movimiento de su cabeza. Cuando se puso de pie y frente a la clase, la docente tomo asiento y observo con curiosidad a los padres y madres de sus niños y niñas.

La señora Jakobson les contó a los niños sobre su trabajo, ella era doctora experta en cirugía. Los niños y niñas escuchaban atentamente y con interés cada palabra, de cada padre que pasaba al frente. Abogados, empresarios, médicos, contadores e incluso un juez. Sophie sonrió en su interior porque ninguno era plomero o albañil u obrero. Y entonces le llegó el turno a Richard. Damián se tapó el rostro como si esperaba un final abrupto. Sin embargo los presentes lo observaron con mucha curiosidad e intensidad, especialmente Sophie.

-Buenos días niñas y niños. Mi nombre es Richard John Grayson y soy el hermano mayor de Damián. Soy oficial de policía, como mi uniforme lo indica y ejerzo mi profesión en la ciudad de Büdhaven. Mi trabajo es muy importante y a veces peligroso porque… –comenzó a hablar el joven Grayson con el tono infantil y dulce que lo caracterizaba.

Los padres y madres lo observaban con curiosidad. Los niños y niñas con una sonrisa en sus rostros y completamente interesados en cada anécdota que Richard contaba. Y es que el joven Dick tenía una manera tan divertida pero a la vez interesante de dirigirse a los demás que inclusive Sophie se sintió atraída por todo lo que contaba y se sorprendió de como el joven oficial había logrado captar la atención de los niños, cuando a ella, a veces, le costaba mucho trabajo. Damián miro a su alrededor y sintió que todos estaba hechizados "¿Qué demonios Grayson?" –pensó para sí el niño de ojos azules.

Cuando Richard termino de contar sus anécdotas volvió a sentarse junto a Damián. El niño le dedico una seria mirada que en Richard produjo una sonrisa graciosa.

Sophie se encargó de continuar con la clase, preparo juegos y armo grupos de padres y niños. Al final todos los alumnos quedaron encantados por haber pasado un día con sus ocupados progenitores. Obviamente Damián no estaba precisamente encantado con las ideas de Sophie y los juegos armados. Pero se comportó como todo un caballerito, después de todo él era Damián Wayne.

Para finalizar el evento Sophie se despidió de los adultos y de sus queridos y queridas alumnos.

-Les agradezco a todos los padres, madres y hermanos que han venido hoy. Estoy es muy importante ya que es una forma de introducir a los niños en lo que se trata el trabajo y ¿Quién mejor que sus padres para contarles sobre las distintas profesiones? Les deseo que terminen bien sus días y que hayan disfrutado de la clase. –saludo con una amable expresión.

Los adultos se pusieron de pie y saludaron a la docente con un apretón de manos. A cada uno Sophie lo saludaba con cortesía y les dedicaba un tierno gesto a sus alumnos, como acariciarles los cabellos y las mejillas. Los niños y niñas estaban encantados con su joven maestra y al parecer algunos padres y madres también.

Richard se acercó a Sophie y le tendió la mano, la joven docente la estrecho con amabilidad y respeto.

-Señor Grayson quiero felicitarlo. Es la primera vez que veo a alguien captar así la atención de los niños. Estuvo fantástico. ¿No ha pensado en ser profesor? Sería uno muy bueno. –dijo Sophie con una alegre sonrisa.

Richard parpadeo varias veces sorprendido y le correspondió la sonrisa a la maestra. Sin embargo Damián frunció el ceño incrédulo:

-¡¿Qué?! ¿Acaso estás loca? –pregunto enojado el pequeño Wayne.

Richard le hizo una seña a su "hermanito menor" para que guardara silencio y le respondió a la joven docente.

-Oh… ¿Usted cree? ¿De verdad estuve tan bien? –pregunto sorprendido.

Sophie fue a responder pero un grupo de alumnas pasaron junto a ellos y en compañía de sus madres.

-Adiós señor Grayson… señorita Leblanc. –saludaron con sus sonrisitas enamoradas.

Damián frunció el ceño incrédulo y enseguida miro a Richard, quien no estaba enterado de lo que había causado en las mujeres y en sus hijas. Sin embargo al más pequeño le llamo la atención que Sophie sólo sonreía divertida por lo ocurrido, pero no parecía haber caído en los "encantos" de Grayson.

-¿Lo ve? Les ha caído muy bien. Usted es una persona especial. Si se dedicara a la docencia sería un maestro muy querido. –opino la joven con una sonrisa alegre en su rostro.

Damián la miro sorprendido pero enseguida la tomó de la mano, para llamar la atención de su joven maestra, y se dirigió a ella:

-No le des ideas niña hippie. Grayson sería una catástrofe como maestro. Sería más pesado que tú. –comentó seriamente.

-¡Damián! –exclamo un poco indignado el joven Richard.

Sin embargo Sophie miro a su pequeño alumno y sonrió dulcemente. Con ternura y cariño le acaricio los cabellos, ante el evidente sonrojo de Damián.

-Oh… Damián no seas malo con tu hermano mayor. –dijo Sophie en un intento de regañar a Damián pero obviamente no le salía porque para ella, el niño era adorable aunque demostrara seriedad y rebeldía.

Richard se acercó a Sophie y apoyo amistosamente su mano sobre el hombro de la docente.

-Me alegro que al menos usted me tiene confianza señorita. –dijo Dick con una sonrisa bromista.

Sophie sonrió divertida pero Damián se interpuso entre Richard y su "querida" maestra miro a su tutor con una frialdad que hizo que Richard tragara saliva. Al darse cuenta de la situación incómoda Sophie tomó su bolso y comenzó a caminar.

-¿Qué dicen si me acompañan a la salida? –pregunto con una sonrisa amable, para quitar la tensión.

-Claro. –respondió sonriente Dick.

Damián suspiro cansado y negó con un suave movimiento de su cabeza.

-De todas maneras tenemos que salir. –opino seriamente.

Richard cruzó miradas cómplices con Sophie y ella con cariño le acaricio los cabellos a su querido alumno. Ante esa acción Damián sacudió su cabeza:

-No hagas eso niña hippie, me despeinas. –dijo molesto el niño.

Sophie sonrió dulcemente, aunque Damián fuera arisco, era obvio que ya se había instalado en un lugar muy importante de su corazón. Ese niño, con esa actitud tosca y quejosa, había despertado sus instintos maternos.

Mientras caminaban hacia la salida Richard y Sophie hablaban animadamente, como si fueran hermanos, o conocidos de toda la vida. Damián suspiraba a cada segundo, y no soportaba aquellas sonrisas, o palabras alegres. Él era un niño rudo, rebelde. Con una actitud tosca, era el hijo de Batman, y ¿tenía que soportar a esos dos? Sin embargo, por alguna razón fuera de la lógica, no quería que su maestra se fuera. Esperaba que Richard pudiera entretenerla más.

Pero la suerte no estaba del lado de Damián ese día, y menos del lado de Richard. Porque cuando el joven Nigthwing apoyo, de manera amistosa, su mano sobre el hombro de Sophie y esta le correspondió con una sonrisa. Los presentes escucharon una voz grave que les era familiar.

Jason había llegado para buscar a Sophie a la escuela. Vestido con sus pantalones vaqueros, camisa roja y saco negro. Su cabello algo despeinado pero su expresión furiosa cuando vio la "amistosa" mano de Richard sobre SU chica.

-¡Grayson mas te vale guardar esa mano antes de que te la corte! –exclamo Jason, al mismo tiempo que llegaba junto a Sophie y la tomaba de la cintura de manera protectora.

Sophie le dedico una sonrisa a su amado y apoyo sus manos sobre el pecho del joven.

-Jason… el señor Grayson es un amigo. No hay necesidad de ser descortés. –dijo tranquilamente para calmarlo.

-No sé, yo no confió en él. –respondió seriamente el joven Todd mirando desafiante a Dick.

Richard se sonrojo un poco, por la incomodidad, y Damián casi se arroja contra Jason para que soltara a SU maestra.

-¡Todd! –exclamo enojado el pequeño de diez años, pero Richard lo sostuvo.

-Jay… que gusto verte. –dijo Richard con una sonrisa fingida, ya que la situación era un tanto incomoda.

-No puedo decir lo mismo. –respondió descortés el joven de mechón blanco.

Sophie lo miro sorprendida y suspiro cansada:

-¡Jay! ¡Se amable! –lo regaño con un leve toque de dulzura.

-Pero Sophie… se estaba haciendo el galán contigo. No te quieras pasar de listo Grayson, ella es mía, búscate otra chica para coquetearle. –dijo Jason seriamente y sin soltar a Sophie.

La joven maestra suspiro y se llevó la mano a su frente, aunque interiormente la situación le causaba gracia. Damián luchaba por zafarse del agarre de Dick, y el joven Grayson suspiraba y trataba de ser amigable.

-Oh vamos Jay… yo jamás intentaría algo con la señorita. Te recuerdo que es la maestra de Damián. –respondió Dick mientras subía sus hombros de manera despreocupada.

-¡Además ella no es tuya! ¡Suéltala pervertido! –exclamo Damián al mismo tiempo que lograba zafarse de las manos de Richard y empujaba a Jason hacia un costado.

-Tampoco tuya mocoso insolente. –respondió Jason mientras se volvía a acercar a su chica.

La pobre docente quedo en medio de su alumno y de su novio, mientras Richard llevaba su mano a su frente en señal cansancio.

-Basta por favor. No discutan. –dijo Sophie mientras intentaba que los dos "hermanos" no se mataran.

-Pero niña hippie Todd es un pervertido y un criminal. ¿Cómo puede gustarte? –pregunto enojado el pequeño Wayne.

-No Damián. Jason no es malo. –respondió Sophie con dulzura en su voz, al mismo tiempo se agacho a la altura de Damián y le acarició el rostro. Al ver esa muestra de afecto Jason se acercó a ella y le apretó suavemente el hombro.

-Sophie no hay necesidad de explicarles a ellos lo que sentimos. Y menos a ese mocoso entrometido. –opino Jason sin perder esa mirada desafiante.

El pequeño Wayne fue a arrojarse contra el joven de mechón blanco pero Sophie lo sostuvo en un abrazo. Richard solamente miraba la escena y sonreía levemente.

-¡Cállate Todd! ¡Búscate otra para tus perversiones! –exclamo Damián al mismo tiempo que se removía entre los delicados brazos de Sophie.

-No te metas enano. –respondió desafiante Jason.

-¡Basta los dos! –exclamo Sophie y los tres hombres la miraron sorprendidos, ¿Habría perdido la paciencia la dulce docente?

Damián, por una acción involuntaria, casi por instinto, tomó de la mano a su maestra y la miro intensamente a los ojos.

-Pero… Todd… él es… –murmuro sin dejar mirar aquellos orbes castaños que lo observaban con dulzura.

-Es una persona que merece una segunda oportunidad. –respondió Sophie con tranquilidad. –Damián… te prometo que todo estará bien. Confía en mí. –dijo dulcemente la joven, al mismo tiempo que le acariciaba los cabellos cariñosamente a su alumno.

¿Qué habría sido eso? Una dulce mirada ¿Y ya? Richard observaba la situación con interés ya que Damián, el pequeño demonio que tan loco lo volvía, solamente se limitó a mirar a su maestra. La observaba con curiosidad, con anhelo, con una pisca muy pequeña de cariño. Era una escena para guardar en el recuerdo porque el pequeño al fin, con un poco de ayuda, estaba empezando a tener sentimientos. Por más que nunca lo admitiera y siempre fuera orgulloso. Y, por otra parte, era muy divertido de ver a Jason celoso de un niño de diez años. El joven de mechón blanco miraba seriamente la situación y a la vez celoso de que Sophie fuera tan dulce con el niño.

Dick se acercó a Damián y lo tomó suavemente de los hombros.

-Debemos irnos Damián. –comentó con amabilidad.

Sophie se irguió sin dejar de sonreírle a su querido alumno.

-Pero Grayson no es seguro dejarla con ese criminal. –opino el niño al mismo tiempo que se prendía de la ropa de Dick.

-Estoy seguro de que Jason cuidara muy bien a la señorita. ¿No es así Jay? –pregunto amistosamente el joven Grayson.

Jason frunció el ceño y con presunción y seriedad contestó la pregunta:

-No necesitas decirme eso. Sabes que lo haré Dick. –respondió mientras abrazaba por detrás a Sophie.

Richard sonrió y asintió con un leve movimiento de su cabeza.

-Sólo quería asegurarme. –dijo sin perder aquella sonrisa divertida. –Vamos Damián. –comentó mientras comenzaba a caminar.

-Pero… –insistió el niño. Al verlo tan inseguro y no siendo capaz de irse, Sophie se acercó al pequeño y le despeino los cabellos.

-Si no te conociera bien Dami, pensaría que me quieres mucho y que por eso estás celoso. –comentó con una tierna sonrisa.

Damián se sonrojo levemente y se cruzó de brazos ofendido:

-¡Yo no estoy celoso! ¡Y no te quiero! –exclamo irritado mientras se daba media vuelta y comenzaba a caminar.

Sophie cruzó miradas cómplices con Dick y ambos sonrieron divertidos ante la situación. Al ver que Richard no se movía Damián se dio media vuelta:

-Grayson mueve tu gordo trasero. –le ordeno con seriedad.

Richard sonrió divertido y enseguida comenzó a caminar.

-Sí, sí. No me apures. Adiós Señorita… Jay… –saludo mientras caminaba junto a Damián.

Al ver que el niño y su tutor subían al coche y se iban, Jason se acercó a Sophie y la abrazó por detrás, dejándole un tierno beso en la mejilla. La niña de largos bucles sonrió sonrojada.

-Jay… –lo nombro con ese tono de muchacha enamorada.

Jason le guiño el ojo en forma seductora y volvió a abrazarla por detrás.

-No le des tanta confianza al enano Wayne. No lo merece. –dijo el joven mientras apoyaba su barbilla sobre el hombro de Sophie.

La joven se dio media vuelta bruscamente, para mirar a Jason a los ojos, y parpadeo varias veces sorprendida por aquellas palabras.

-Jay… no puedo creerlo. Estás celoso de un niño de diez años. –opino Sophie mientras se cruzaba de brazos.

Los colores se le subieron al rostro a Jason y negó inmediatamente con un movimiento de su cabeza.

-¡No! Yo no tengo nada que celarle a ese enano entrometido. –respondió mientras miraba hacia un costado.

Sophie lo miro sorprendida de aquel lado oculto que ahora Jason le mostraba. Por eso la joven sonrió divertida y se prendió del brazo de su amado.

-Está bien Jay. Pero no tienes que ponerte celoso de un niño. Yo soy así de cariñosa con todos mis pequeños y pequeñas. –dijo sin perder esa dulce sonrisa.

-Lo sé. Es que… eres la única persona que me entiende y... –el joven suspiro y se rasco la cabeza nerviosamente. –No me gusta compartir tu cariño Sophie. –dijo seriamente Jason.

Sophie lo miraba admirada, sin perder esa expresión enamorada, le sonrió con ternura y lo tomó de las manos.

-Jason... –susurro dulcemente. – ¿Qué dices si me llevas a casa a dejar estas cosas y después vamos al cumpleaños de mi padre? –pregunto con una radiante sonrisa.

Jason la miro fijamente y asintió con un leve movimiento de su cabeza.

-Por supuesto. Sube a la motocicleta llegaremos más rápido así. –respondió mientras la abrazaba por detrás y le dejaba tiernos besos en la mejilla.

Sophie sonreía feliz al sentir el cariño de su amado, especialmente cuando la sujeto de la cintura y la ayudo a subir al vehículo. Cuando lo puso en marcha y arranco, la niña se aferró a la espalda del fuerte joven.

Como había prometido Sophie dejos sus cosas de la escuela en su casa y después los dos juntos se dirigieron al hogar paterno de la joven. El cual se encontraba un poco lejos, casi a cuarenta minutos de donde vivía la niña de largos bucles rubios.

Al llegar al lugar Jason pudo notar como su novia temblaba de los nervios y no se animaba a llamar a la puerta. Por eso la abrazo por detrás y apoyo su mentón sobre el hombro de Sophie.

-¿Pasa algo malo? –pregunto en un susurro.

Un suspiro escapo de los labios de la joven.

-No, no pasa nada. –respondió con una sonrisa.

Inmediatamente llamó a la puerta y fueron recibidos por una mujer de edad adulta, rubia, de ojos color café y piel pálida. La señora lucía elegante y parecía una mujer fina.

-¡Sophie! –exclamo con alegría y estrecho a su hija entre sus brazos.

-Buenas tardes mamá. –sonrió la niña.

La señora sonrió y clavó su mirada sobre Jason. El joven le tendió la mano para saludarla pero la señora lo abrazo alegremente, dejando atónito al joven.

-Así que tú eres Jason. Mi esposo me ha contado sobre ti. Pero no me dijo que eras tan guapo. Me llamo Jocelyne y soy la mamá de Sophie. –dijo amablemente la madre de Sophie.

"De tal palo tal astilla" –pensó Jason al ver la sonrisa y la expresión aniñada de la señora.

-Imagino que su esposo no le ha dicho nada bueno sobre mí. –respondió Jason mientras volvía a tomar a Sophie de la mano.

La señora soltó una suave carcajada y comenzó a reír.

-Bueno… no puedo mentirte. Mucho no le agrado la idea de que "su pequeña" tuviera novio. Pero no le hagas caso. –dijo alegremente Jocelyne.

Jason miro a Sophie y ella le correspondió la mirada pero de una forma tímida y embelesada. La madre de la joven pudo notar como su hija estaba perdidamente enamorada de ese joven de aspecto tosco y rebelde. Por eso sonrió divertida y los invito a pasar. En cuanto la pareja entro al lugar se encontraron con toda la familia de Sophie y todas las miradas recayeron sobre ellos. Sin embargo solamente dos personas los miraron de mal modo, el padre y el primo. Después todos saludaron de manera alegre a Sophie y a Jason, y felicitaban al joven por haber podido conquistarla.

El padre de la joven se acercó a ellos y Sophie lo besó en la mejilla:

-Papa, joyeux anniversaire. –Sophie saludo a su padre por su cumpleaños, en francés.

-Merci. –agradeció su padre.

Jason estrecho con fuerza la mano de su futuro suegro y ambos se miraron de forma tan seria que parecían dos boxeadores a punto de pelear.

-Joyeux anniversaire Armand. –saludo el joven Todd y logro que todos lo miraran asombrados. Inclusive el padre de la joven.

-¿Hablas francés? –pregunto sorprendido Armand.

-Sí. Hablo varios idiomas. –respondió despreocupado Jason.

Los presentes lo miraron un poco impresionados, Jason no tenía apariencia de intelectual, o de francés.

-Vaya… las apariencias engañan. Tienes pinta de mafioso… chico. –intervino un joven alto, de aspecto desagradable.

Al ver que su primo se acercaba a ella, Sophie se aferró con fuerza a Jason, y el joven Todd la pegó a su cuerpo de manera protectora.

-Y tú tienes pinta de degenerado. –respondió desafiante Jason.

El ambiente se llenó de tensión, al verlos a punto de pelearse la madre Sophie intervino.

-Albert ve a ayudar a tu hermana con las cosas. –dijo seriamente.

El joven miro a su tía con prepotencia pero finalmente se dio media vuelta y obedeció. En ese momento alguien llamó a la puerta, y el hermano menor de los Leblanc se hizo presente. Aunque la expresión del padre Roland no cambió mucho cuando vio a su ahijada y a su protegido juntos.

-Padrino. –lo llamo Sophie al mismo tiempo que se colgaba del cuello de su tío predilecto.

-Padre Roland. –lo saludo Jason con una seria expresión.

-Buenas tardes Sophie, Jason. Así que mi intuición era cierta. Sabía que tarde o temprano terminarían juntos ustedes dos. –dijo despreocupado el sacerdote.

Jason y Sophie se sonrojaron levemente, el joven miro hacia un costado fingiendo estar ofendido pero la niña lo tomó de la mano y le sonrió tiernamente.

El padre de la joven apretó con fuerza el hombro de su hermano menor.

-Roland ¿Tu tuviste que ver en esto? –pregunto con una mirada inquisitoria.

-No Armand. Si ellos se enamoraron el único que tuvo que ver en esto fue Dios. –respondió despreocupado el sacerdote.

Sophie le sonrió alegremente a su padrino y se prendió del brazo de Jason.

-Ven Jason. Quiero mostrarte la casa. –le dijo dulcemente.

-De acuerdo. –respondió el joven mientras asentía.

Sophie se llevó a Jason, y le mostro el hogar en el cual había crecido. Le presento al resto de la familia, los cuales recibieron muy bien al joven. De hecho lo halagaban por haber podido conquistar a Sophie después de que ella hubiera tenido una experiencia tan horrible. Toda la familia estaba consiente de horror que Sophie había vivido, sin embargo nadie decía nada, nadie se metía en el asunto. Solamente el padre Roland había sido el único que vigilaba de cerca a su sobrino para que no se acercara a su ahijada.

Para Jason estar en ese lugar, en ese momento, no le produjo nervios ni lo movilizo. Sabía que si deseaba estar junto a Sophie tarde o temprano tendría que conocer a su familia. El joven Red Hood estaba seguro de sus sentimientos por eso no sintió ningún deseo de titubear. Sin embargo le repugnaba la forma en que todos simulaban, como si nunca hubiera pasado nada, como si Albert nunca hubiera violado a Sophie, le repugnaba y lo enfurecía estar ahí.

En un momento Sophie fue llamada por su madre para que la ayudara con las cosas. Jason le sonrió para que fuera tranquila, después de todo mucho no le interesaba si quedaba solo o no. Fue en ese instante cuando Albert se le acercó por detrás.

-No sabía que el famoso novio de mi prima fuera Red Hood. –susurro sobre el oído del joven de mechón blanco.

Jason se dio media vuelta violentamente, fue a tomarlo del cuello pero se contuvo por estar en un lugar ajeno.

-No sé de qué me hablas. –respondió secamente.

-Oh por favor. No tienes que simular conmigo. Mis colegas presos saben que tú eres Red Hood. Eres un verdadero dolor de cabeza para los traficantes como yo. Pero lo bueno… es que me estás mostrando tu debilidad. –dijo con crueldad el primo de Sophie.

Jason frunció el ceño y dio un paso al frente, haciendo que Albert retrocediera.

-Si sabes quién soy, sabes muy bien que si la tocas… te torturare hasta la muerte. –respondió con rabia el joven.

Albert sonrió de forma ladina y de costado.

-¿De verdad? ¿Vas a matar al primo de tu preciosa novia? –pregunto con ironía.

Jason acortó más la distancia entre ellos sin perder esa asesina expresión en su rostro.

-Sabes que lo haré. –respondió seriamente.

El joven volvió a sonreír de costado, como si creyera que tenía a Jason en una mano.

-¿Mi primita sabe que se acuesta con Red Hood? Sería lindo decírselo a ver qué cara pone. –pregunto con sarcasmo.

Jason frunció más el ceño y se mordió los labios. Deseaba matarlo, deseaba hacerlo sufrir. En ese momento el padre Roland apretó con fuerza el hombro de su sobrino y lo jalo hacia atrás.

-Albert… ¿Qué crees que haces? –pregunto seriamente el sacerdote.

-Tío. –lo llamo desafiante el joven.

El sacerdote frunció el ceño, nadie lo desafiaba y menos la persona que jamás podría perdonar.

-Armand te llama. Ve con él. –dijo seriamente Roland.

El primo de Sophie miro de refilón a Jason antes de irse. Cuando el sacerdote y Jason quedaron a solas, Roland suspiro aliviado.

-Lamento que te molestara. –comentó el sacerdote.

Jason bajo su mirada por unos segundos y después miro al sacerdote que lo conocía desde que era un niño pequeño.

-Lo sabe. Albert sabe quién soy. Como todos los traficantes que conocí en prisión. –dijo seriamente.

El sacerdote lo miro interesado y exhalo un largo suspiro.

-Y el problema es que Sophie no lo sabe. –pensó en voz alta Roland.

-No. –dijo rotundamente Jason. –El problema es que saben que ella es mi debilidad. La van a lastimar. –opino mientras apretaba sus puños de la furia.

El sacerdote frunció el ceño y volvió a suspirar.

-No necesariamente. Si tú la proteges no hay necesidad de que salga lastimada. Pero antes debes decirle la verdad. –dijo Roland con firmeza en su voz.

Jason lo miro sorprendido, esa respuesta lo tomó desprevenido.

-¿Me está diciendo que le diga a Sophie toda la verdad? Ella jamás me lo perdonaría. –opino el joven de ojos azules.

-Yo creo que estás equivocado. Dile la verdad, ella te ama con locura, va a aceptarlo. Además te has apartado durante años para que no la lastimen, y ahora has regresado porque eso no te sirvió de nada. –dijo tranquilamente el sacerdote.

Jason lo miro sorprendido pero no perdió su actitud rebelde, ¿Cómo podía ser que ese hombre lo conociera tanto? Si siempre lo buscaba a discutir y lo volvía loco desde que era un niño. Sin embargo el padre Roland siempre lo apoyaba. Y Sophie era como él. Pero… ¿Qué pensaría ella si Jason le contaba toda la verdad? Sobre Red Hood, sobre su muerte y resurrección. ¿Podría Jason abrir su corazón y decirle la verdad a su amada?

-Lo pensare padre. –respondió seriamente el joven Todd.


Buenos días! Mil disculpas por haberme tardado en actualizar, es que los exámenes me están volviendo locaaaa! :O Ni siquiera puedo prender mi laptop, con eso digo todo =(

Espero que les haya gustado el capítulo, Jason y Sophie al fin están juntos, a Dami mucho no le agrada pero lo lindo es que no pierda su actitud rebelde ;) jajajajaja.

Quiero darles las gracias a todas las personas que pasan por aquí, especialmente a Sakura-Selene, a Hinata Jeagerjaques, a leiadiaz7 y a directioner24 (Si, lo del juego de la linea es la película escritores de la libertad, yo lo aclare en las notas de autor)

Les mando un abrazo, nos leemos el próximo capitulo! =)