¡Feliz Navidad adelantada! Capítulo nuevo con sorpresita, como respuesta a algunos reviews por ahí que me pusieron a pensar. Enjoy!

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Erotismo inocente

Finalmente, el gran día había llegado. Mucho se habían preparado para el torneo. Ahora era el momento de demostrar los resultados del entrenamiento. El gimnasio de la Universidad de Tokio había sido acondicionado para albergar el campeonato regional de natación. Gente iba y venía de un lado al otro, con banderas y pancartas. Los jueces e invitados especiales ya estaban acomodados en sus lugares, así como los amigos, compañeros y familiares de los nadadores.

Makoto se colocó la chaqueta del club de natación Iwatobi y le dedicó una mirada llena de seguridad a sus compañeros, quienes le devolvieron una sonrisa. Salieron juntos, pero se separaron junto a la piscina principal, donde en ese momento iban a celebrarse las eliminatorias de los 200 metros de backstroke de varones. Makoto hizo sus estiramientos, mirando de reojo hacia las graderías. Allí estaban sus amigos y su familia. Su madre ayudaba a Miho y Goro a colocar la gran pancarta de Iwatobi. Vio también a Kisumi levantar a Hayato sobre sus hombros, antes de saludarlo con la mano. Ryunosuke había tomado el turno de la noche para asistir al torneo. Chigusa no había faltado y mucho menos Nao, que estaba allí tal y como lo había prometido.

El castaño sintió entonces una extraño sensación de vacío al notar que alguien faltaba. Él había dicho que iría, ¿verdad? Entonces, ¿dónde podía estar? Makoto sacudió la cabeza y comenzó a acomodarse la gorra; solamente estaba retrasado, ya pronto aparecería. Porque Sousuke había dicho que iría y él era un hombre de palabra. Sí, no tenía que preocuparse porque él definitivamente estaría allí para verlo competir. Tenía que hacerlo lo mejor posible. Por todos aquellos que lo apoyaban, por todas las personas que lo habían ayudado a mejorar.

Ahora sí, el momento de la verdad. Makoto se acomodó los googles y se colocó en posición de salida. Echó un último vistazo a su grupo de animadores, sin evitar sentir un dejo de decepción. Sousuke no estaba allí. ¿Quizás estaba viendo desde otro lado? Sí, tenía que ser eso. Lo mejor era que se concentrara o de lo contrario podía arrepentirse después. Se escuchó el aviso de salida y Makoto se arrojó a la piscina, pateando con fuerza, mientras su cuerpo se iba acostumbrando al agua. Se sentía bien, se sentía cómodo y más fuerte que nunca. Jamás se había sentido tan bien antes, tan confiado con sus habilidades y sabía que eso se lo debía a Sousuke.

Dio la vuelta y supo que, sin duda, llevaba una buena ventaja. Sólo un poco más. Llegó a la meta. Entonces, salió del agua y fijó los ojos en la pantalla electrónica que anunciaba los tiempos. Sus orbes verdes se iluminaron en cuanto vio su nombre junto al número 1. Lo había logrado, había clasificado a los Nacionales. Se quitó los googles y la gorra y sonrió ampliamente, viendo cómo sus compañeros se acercaban y se arrojaban sobre él en cuanto abandonó la piscina.

—¡Mako-chan, lo lograste! —exclamó un eufórico Nagisa —Nunca te había visto nadar así. ¡Fue impresionante!

—Makoto-senpai no sólo clasificó a los Nacionales, sino que también ¡impuso un nuevo récord! —el castaño esbozó una sonrisa, sintiéndose un poco sorprendido. No se imaginaba que las cosas hubiesen salido tan bien.

—Lo hiciste bien, Makoto —añadió Haruka, dándole unas palmaditas en las espalda. Makoto sonrió, agradecido, sin poder evitar que sus ojos gravitaran hasta el lugar donde se encontraba su familia. Un suspiro se le escapó. No estaba allí.

—¡Muy bien! Estoy encendido —dijo Nagisa, interrumpiendo los pensamientos del más alto —La carrera de Mako-chan me ha inspirado, ¡ahora es mi turno!

—¡Tú puedes hacerlo, Nagisa-kun! —lo secundó Rei. Makoto sonrió ante el entusiasmo de los más jóvenes, pero no podía evitar que sus ojos recorrieran el gimnasio, buscándolo —¡Yo tampoco pienso quedarme atrás!

—Regresemos a las graderías —dijo Haruka y Makoto asintió con la cabeza, antes de comenzar a seguir a su mejor amigo y hacerle una seña a Rei para que dejara que Nagisa, que era el siguiente en competir, pudiera prepararse. En cuanto Haruka se percató de la inquietud de su amigo, comentó —No lo he visto llegar.

Makoto se mordió el labio al notar la mirada escrutiñadora de su mejor amigo. Cierto, que por algo eran los mejores amigos, después de todo se conocían desde niños, así que Haru era capaz de leerlo. No hacía falta que le explicara lo que le estaba sucediendo, porque el más bajo era capaz de comprenderlo. Aun así, Makoto no quería que el de ojos azules notara lo mucho que la ausencia de Sousuke lo estaba afectando. Y es que en verdad no entendía por qué de repente le afectaba tanto que él no estuviera allí. Sólo sabía que se sentía extrañamente… decepcionado.

—Voy a comprar una bebida, te alcanzo en un momento —dijo Makoto, antes de desviarse por un pasillo que conducía al exterior del gimnasio. Buscó un momento en los bolsillos de la chaqueta y sacó unas cuantas monedas, pero antes de que pudiera introducirlas en la máquina, un visitante inesperado le lanzó una bebida energizante.

—Sousuke tenía razón, tu backstroke es impresionante —levantó la mirada para encontrarse con los ojos rojizos de Matsuoka Rin. Pero, ¿qué estaba haciendo él ahí? —Sin duda tendrás a muchos reclutadores tras de ti en los Nacionales, Makoto.

—¿Matsuoka-san?

—Rin —corrigió, sentándose en una banca y haciéndole una seña a Makoto para que lo acompañara —Supongo que te estarás preguntando qué demonios hago aquí —le enseñó la moderna cámara de vídeo que llevaba —Vine a ver el torneo por supuesto, como animador de Iwatobi —le guiñó un ojo —Después de todo, fue mi culpa que Sousuke no pudiera venir hoy —Makoto parpadeó, confundido —No estarás pensando que simplemente te dejó plantado, ¿verdad?

—Yo… —Makoto no estaba muy seguro de qué contestar. ¿Sí?

—Sousuke puede ser malhumorado, fastidioso, exigente e irritante, pero jamás mentiroso —aseguró el pelirrojo —Es un hombre de palabra. Pero tuvo que irse a Okinawa a un viaje de negocios. Traté de hacerle ver el lado bueno, ya sabes, playa, sol, trajes de baño, pero no funcionó. Me arrojó un libro en la cabeza —Makoto rió bajito —Y después me echó un sermón acerca de lo irresponsable que era y cómo debía ser yo quien fuera. Pero resulta que tengo una cena de negocios esta noche y no puedo faltar.

—Sousuke es una persona bastante ocupada, no es como si… estuviera molesto por lo que pasó, Rin-san —comentó Makoto en voz baja, mientras agachaba la mirada para posarla en la botella aún cerrada —N-No es su obligación el…

—Jamás lo consideró una obligación. Él en verdad quería venir —afirmó Rin, a lo que Makoto no pudo evitar esbozar un gesto casi de incredulidad. El pelirrojo comenzó a reír —¿Por qué luces tan sorprendido? Sousuke está verdaderamente interesado en ti —el castaño desvió la mirada una vez más, sintiendo que sus mejillas comenzaban a arder —De qué forma esté interesado en ti es algo que aún no sé. O al menos no estoy seguro —añadió en voz muy baja —Puede ser que tú le…

—¡Makoto-senpai! —la voz de Rei hizo que ambos hombres se sobresaltaran —¡Ah, por fin te encuentro, Makoto-senpai! Nagisa-kun está a punto de competir —Makoto miró a Rin, quien se puso de pie primero.

—Vamos, yo también estoy interesado en este torneo —comenzaron a caminar detrás de Rei —Especialmente en el nadador de free style de tu equipo. Lo vi nadar antes cuando calentaba. Hay algo… místico en su forma de nadar.

—Ah, sí, Haru tiene ese efecto en todos los que lo ven nadar —dijo Makoto —Me atrevería a decir que el club de natación de Iwatobi no existiría de no ser por él —pero antes de que Rin pudiera preguntar, se escuchó el grito de apoyo de los animadores de Iwatobi, liderados por una eufórica Miho.

—¡Vamos, vamos, vamos, Nagisa!

S & M

Okinawa estaba probando ser, como lo fuese ya una vez en el pasado, la fuente de sus desdichas. Su día había ido de mal en peor. Primero, el día anterior, ya bien entrada la noche, su jefe lo había llamado para informarle acerca de un viaje de último minuto a Naha. Porque alguien tenía que cerrar ese trato, no podía esperar. Y tenía que partir a primera hora de la mañana, lo que lo tenía ahora, luego de un difícil almuerzo con los ejecutivos de la firma con la que Samezuka deseaba formar una alianza estratégica, en una pequeña habitación en un hostal en las afueras de Naha.

Y no es que Sousuke fuera muy exigente, pero ¡ni siquiera cabía en la cama! Era demasiado pequeña y él no era precisamente bajito. El sofá era cómodo, pero no lo tentaba. Las paredes rosa chillón lo aturdían y le dolía la cabeza. Además estaban las miraditas que le lanzaba la dueña del hostal – porque se habían confundido con su reservación y todos los hoteles decentes de Naha estaban llenos – y que no parecían cesar ni siquiera cuando él le dedicaba su gesto más amenazante. Suficiente había tenido con las insinuaciones de la presidenta de Sano Inc.

Suspiró con desgana mientras se desanudaba la corbata y se quitaba la camisa. Miró por la ventana cómo el sol comenzaba a ocultarse, dándole al mar un color místico. La vista era impresionante desde su pequeña habitación, algo bueno que podía rescatarle a aquel lugar que, sin embargo, no lograba aminorar su mal humor. O su sentido de culpabilidad. Le había fallado a Makoto. Había faltado a su palabra. Otra vez. La culpa lo asaltó cuando recordó el brillo en los ojos de Makoto cuando le había dicho la típica frase romántica de película cursi: "voy a ir a los regionales, así que asegúrate de hacerlo bien". Estaba seguro de que Makoto no necesitaba esa clase de incentivo para hacerlo bien, pero aun así se había sentido con la necesidad de decirlo.

Y si había una cosa – entre tantas otras – que Sousuke odiaba era romper una promesa. Había salido temprano, cuando todos, incluso su padre, dormían, así que no había podido hablar con Makoto para explicarle. Podría haberlo llamado o enviarle un mensaje, pero no tenía su número, además el viaje había sido bastante ajetreado y no había tenido tiempo para pensar demasiado en ello. ¿Qué debía hacer? Tal vez comprarle un recuerdo, a modo de disculpa. Pero, ¿qué? ¿Qué podía llevarle? Ciertamente había suvenires bonitos que podía llevar – tomó nota de comprarle alguna joya a Maki – pero, ¿qué podía gustarle a Makoto? No estaba muy seguro. ¿Qué sabía él de Makoto?

—Es estudiante de preparatoria, nadador, instructor de natación —comenzó a recitar, mientras caminaba de un lado a otro —¿Qué le gusta? ¡Los chocolates! —recordó de pronto, golpeándose la frente —¿Chocolates? No voy a llevarle chocolates, —continuó con su monólogo —no es una chica.

Volvió a mirar por la ventana y lo tentó la idea de ir y arrojarse al mar. Y simplemente dejarse llevar, volver a encontrar su "vínculo" con el agua. Volver a sonreír mientras se daba un chapuzón, como cuando era un niño, así como su madre le había enseñado. De repente recordó que su gusto por la natación venía de ella. Se preguntó entonces de quién había heredado Makoto su gusto por la natación. Y de nuevo estaba pensando en Makoto. ¿Por qué? ¿Qué tenía que lo hacía interesarse en él? ¿Por qué de pronto sentía que quería regresar a Tokio para volver a verlo?

—Algo anda en verdad mal conmigo.

Cuando ya había oscurecido suficiente, se puso el traje de baño – fue un misterio cómo apareció en su maleta, no recordaba haberlo empacado – y tomó una chaqueta que convenientemente había llevado consigo. Salió del hostal ante la atenta mirada de la pervertida dueña y se paró frente al mar. La brisa marina le acarició el rostro y lo hizo sonreír tenuemente. La luna brillaba imponente en un cielo cubierto de estrellas. De pronto, vio una estrella fugaz iluminar el firmamento y deseó poder compartir aquella vista con alguien.

—Ojalá Makoto pudiera ver esto —comentó, casi sin pensar —Maldición —añadió, al darse cuenta lo que acababa de decir. Entonces se quitó la chaqueta y se arrojó al mar. Sintió un pinchazo de dolor en el hombro pero lo ignoró mientras se adentraba en el mar.

El tiempo se le pasó volando, mientras flotaba sobre el agua, sintiéndose libre de toda preocupación. Por eso cuando salió del mar se sorprendió al ver en su reloj que eran casi las once de la noche. Regresó al hostal luego de dejar que el agua se secara, tomó una ducha y se colocó unos cómodos pantalones deportivos. Se sentó en el sofá, contemplando la luz de la luna sobre el mar. El silencio de la noche le hizo darse cuenta de lo – extrañamente – solo que se sentía. Hasta que el sonido del timbre que tenía reservado para Rin – o más bien que Rin se había asignado la última vez que "secuestró" su celular – lo hizo sobresaltarse y casi caer del sofá.

—Estuve esperando tu llamada toda la noche —Rin habló justo después de que presionó el botón para contestar —¡Qué frío eres, Sousuke! —el aludido frunció el ceño pero no dijo nada —¿Todavía estás molesto?

—Eres un irresponsable, ¿cómo pudiste olvidarte de…?

—Antes de que vuelvas a echarme un sermón interminable, hay algo importante que tengo que decirte —lo cortó el pelirrojo —Makoto clasificó. Y con tiempo récord en backstroke. También clasificó en butterfly stroke de 100 metros y lo hizo bastante bien. Pensar que decía que no se le daba bien; su estilo me recordó un poco al tuyo. Ah, también ganaron el relevo combinado y, ¡oh, casi lo olvido!, ese chico que nada free style para Iwatobi, vaya que…

—Rin, Rin, basta, —intervino Sousuke, que aún intentaba procesar toda la información que su amigo le estaba dando —respira ¿quieres? Ahora, dices que Makoto clasificó, eso es genial.

—No sólo Makoto, todos los chicos de Iwatobi están en los Nacionales. También van a participar en el relevo. Makoto estaba muy feliz, después de todo es su último año, esto puede abrirle muchas puertas para continuar con su carrera profesional.

—Si tan sólo quisiera continuar.

—¿Qué dices?, ¡claro que continuará! —replicó Rin —¡Es tremendamente talentoso!

—Makoto se subestima, es cierto, pero he pensado que quizás ser nadador profesional no es lo que en verdad le apasiona.

—¿Tú crees? Pues se veía bastante apasionado mientras nadaba —dijo —Me sentí completamente atrapado por su backstroke, aunque no tanto como con el free style de Haru, pero aun así…

—¿Haru? —Sousuke creía saber a quién se refería Rin, pero esperaba equivocarse.

—Sí, Haru. Nanase Haruka. Si hablamos de nadadores talentosos, ese chico es uno en un millón. ¡Es un genio! —exclamó Rin, demasiado emocionado para el gusto de Sousuke —Y ha mejorado mucho su forma de besar, ¿sabes? Porque en la fiesta él estaba algo nervioso y también…

—Rin, de verdad no necesito escuchar eso —espetó Sousuke, irritado —Además, ¿en qué demonios estás pensando? ¡Ese chico es menor de edad!

—¿Y qué? Makoto también es menor de edad y yo no te estoy criticando por haberlo besado, ¿verdad? —esta vez Sousuke no pudo evitar que su trasero besara el suelo. Su teléfono salió volando también. ¿Cómo demonios Rin…?, le puso el altavoz y escuchó la risa burlona del pelirrojo del otro lado —Es obvio que lo sé. Se trata de mí, yo lo sé todo sobre ti. O al menos puedo imaginarlo bastante bien. Especialmente lo que le estás haciendo al pobre Makoto.

—¿De qué demonios estás hablando? —replicó, enfadado.

—Tú sabes bien de lo que estoy hablando, Sousuke. Pero no juegues con él. Si me dices que te gusta, está bien, pero si sólo lo haces por impulso, porque estás confundido, yo mismo me encargaré de hacerte entrar en razón. Makoto es una joya, creme y no merece que nadie juegue con sus sentimientos, mucho menos la persona que más admira —ante tales palabras, Sousuke no supo cómo reaccionar o qué contestar. ¿Él era… la persona que Makoto más admiraba?

—Rin…

—¿Alguna vez te preguntaste de dónde nació el amor de Makoto por la natación? —precisamente esa noche se lo había estado preguntando. ¿Podía ser que estaba cerca de escuchar esa respuesta? —Apuesto que sí. Pues sí, también supones bien. Aunque él no admira sólo al Yamazaki Sousuke genio de la natación, puedes estar seguro de ello —una vez más, Sousuke se quedó sin palabras —Bueno, sólo llamaba para informarte los resultados del torneo, pero creo que terminé desviándome del tema, como siempre —rió —Tengo los vídeos por cierto. Buenas no…

—Rin, espera. ¿Tienes el número de Makoto?

—¿Eh? No. ¿Acaso tú no lo tienes? —el más alto frunció el ceño —Cierto. Bueno, pídeselo a alguno de tus hermanos. Y llámalo, de seguro se alegrará. El querría ser quien te contara cómo salió todo.

—Buenas noches, Rin —y colgó.

Sousuke buscó el número telefónico de Miho y tecleó rápidamente un mensaje. Minutos después, su hermana estaba respondiendo, con el número telefónico de Makoto. Guardó el número y la pantalla de "Nuevo mensaje" brilló ante él en la oscuridad de la habitación. Empezó a escribir.

Siento haberme perdido el torneo, Makoto.

Pero lo borró.

Entonces, ¿qué tal salió todo?

No, tampoco estaba bien así.

Makoto, ¿estás enfadado porque falté al torneo? Te prometo que te compensaré.

Rayos no, que Makoto no era una chica. Y el mensaje sonaba demasiado… sugerente. De pronto Sousuke se encontró pensando en formas bastante creativas para "compensar" a Makoto por romper la promesa. De acuerdo, no, eso estaba muy mal. Y así continuó por un rato, hasta que arrojó el teléfono en el sofá, antes de tenderse en la cama y quedarse dormido, pensando en unos ojos verdes que no lo dejaban solo ni un momento.

Mientras dormía, el teléfono se iluminó. Alerta de un nuevo mensaje.

Fue como dijiste, lo logré. Muchas gracias.

S & M

De haber sabido que se sentiría tan bien, lo habría hecho desde hacía tiempo. Desde que posó sus ojos en el muchacho, aun sin saberlo, había quedado atrapado entre sus redes. Primero fue simple curiosidad. Una curiosidad que lentamente se convirtió en atracción y luego mutó en deseo. Deseo carnal sí, pero no sólo eso. Había algo más en lo que no podía pensar en ese momento, al escuchar los gemidos de Makoto, cada vez que sus dientes se clavaban en la carne de sus pezones.

Sus manos encontraron pronto el ritmo perfecto, mientras recorrían todos y cada uno de los fuertes músculos de aquel tonificado cuerpo que lo volvía loco. Allá donde sus manos iban, las seguía su boca. Las reacciones de Makoto eran adorables y no hacían más que excitarlo. Cada gemido le hacía saber que su adorable castaño lo estaba disfrutando tanto como él. Podía ver lo nervioso que se había puesto cuando su mano había bajado para comenzar a retirar la única prenda que ocultaba su desnudez.

—Sousuke…

Su nombre nunca le había gustado tanto. Por todos los cielos, ¿cómo era que Makoto podía verse tan erótico? Su timidez, su inocencia, la dulzura en su voz, sus ojos cegados por la lujuria, pero que mostraban también algo más. Algo que él había anhelado durante tanto tiempo. Algo que volvía a sentir con Makoto.

—S-Sousuke…

Ah, sí, que lo dijera otra vez. Por favor. Escuchar su nombre entre gemidos era la gloria, música para sus oídos. Volvió a besarlo. No, era más como si estuviera devorándole la boca. Lenguas entrelazadas. Respiraciones erráticas. Manos que se buscaban. Un Makoto que poco a poco iba encontrando el valor para tocarlo también. Esos pequeños toques lo estaban volviendo loco, estaba seguro de que no iba a resistir mucho tiempo más. Y al parecer Makoto tampoco.

—S-Sou…p-por favor… —volvió a gemir, mientras él pasaba su lengua por aquel cuello, dulce punto débil.

—Dime qué es lo que quieres, Mako —estaba jugando con él, sí, pero valía la pena por verlo hacer esos adorables pucheros. Rayos, que le gustaba todo de Makoto.

—Y-Yo… —sus balbuceos incomprensibles lo hicieron reír. Makoto se cubrió el rostro con las manos, intentando en vano ocultar su sonrojo —¡Ah!

Oh sí, que volviera a hacerlo, por favor. Sus gemidos se volvieron más fuertes cuando su lengua recorrió con parsimonia aquella casta zona que era su intimidad. Lo vio aferrarse a las sábanas primero, antes de llevarse un puño a la boca para acallar sus gemidos. No, por favor, déjame escucharte, era lo que pensaba mientras su mano secundaba las acciones de su lengua. Makoto estaba cerca, lo sabía. Y él no se sentía muy diferente, no creía resistir mucho tiempo más.

El cuerpo de Makoto se sacudió con violencia, para luego dejar escapar un ronroneo placentero, antes de derramarse. Lo tragó todo, se relamió los labios y luego levantó la cabeza para mirar a un Makoto tan sonrojado que parecía faltarle poco para echar humo por las orejas. Le sonrió de forma tranquilizante, pero el otro se puso una almohada sobre la cabeza. Sousuke la retiró y lo miró a los ojos, de una forma en la que no había mirado a nadie nunca.

—¡Lo sie…! —no, jamás iba a dejar que se disculpara por lo que acababa de pasar. Por eso el beso, además, no podía estar separado mucho tiempo más de esos labios —Sousuke —repitió. El castaño lo abrazó, como si su vida dependiera de ello, halándole suavemente el cabello, levantando las piernas para provocar una fricción deliciosa que lo hizo perder el poco control que le quedaba.

—Makoto, tengo que… —y Makoto lo entendió perfectamente, porque asintió con la cabeza, sonriéndole de esa forma que lo cegaba con su brillo.

—Por favor.

Le separó entonces las piernas, llenándose primero los dedos con el frío líquido con olor a cereza. Sus primeros toques fueron lentos, suaves, dejando que Makoto se acostumbrara a él. Sus gemidos regresaron, volvía a retorcerse entre las sábanas, volvía a pronunciar su nombre con aquel erotismo inocente tan suyo. Volvió a besarlo, para luego susurrarle palabras al oído, todo mientras lo distraía de lo que estaba por venir. Estaba listo. No podía soportarlo más, tenía que hacerlo ya. Y entonces… sonó el despertador.

¿Despertador? ¿Qué demonios?

Sousuke se levantó sobresaltado, lo que le ganó caerse de la cama, golpeándose la cabeza. Tenía las sábanas enredadas en las piernas y había caído sobre su celular, que no dejaba de sonar. De mala gana, apagó la alarma. Buen momento para que sonara, ¡demonios, estaba en la mejor parte! ¡Faltaba tan poco para que se enterrara en…! Un momento, ¿qué? ¡¿Qué carajos?!

Se levantó del suelo y, literalmente, corrió al baño, quitándose los pantalones en el camino. Entró en la ducha y abrió el chorro. Agua helada era lo que necesitaba. Dejó que el agua lo golpeara en la cabeza, para que le ayudara a enfriar sus pensamientos. ¿Qué demonios había sido eso? ¡Tan real! ¡Tan sensual! No, no esto estaba tan, pero tan mal. Uno simplemente no podía tener sueños eróticos con un miembro de su familia. ¡Santo cielo!

Y no era sólo el hecho de que fuera su hermano – aunque no fueran hermanos de sangre, estaba igual de mal – es que ¡ambos eran hombres! Y no es que estuviera en contra de la homosexualidad – no es como si no hubiese "experimentado" con chicos antes – pero, carajo, se trataba de Makoto. Del dulce e inocente Makoto, quien lo admiraba más de lo que se merecía. ¿Qué pensaría si se diera cuenta de los sucios pensamientos que tenía? No, no, eso no podía volver a pasar. Y el agua fría no estaba haciendo su trabajo. Maldijo por lo bajo mientras salía de la ducha, resignado e intentando olvidar el vívido sueño que había tenido.

Sousuke no era de los que solían recordar lo que soñaba, pero parecía que esta vez las estrellas se alineaban para no dejar que olvidara. Cuando tomó el teléfono, se dio cuenta de que tenía tres mensajes. El primero era de Makoto, del día anterior:

Fue como dijiste, lo logré. Muchas gracias.

El segundo, también de Makoto, hizo que se le acelerara el pulso.

¡Hay tanto que quiero contarte, Sousuke! ¡El torneo fue muy emocionante! Ya estoy deseando que regreses.

Sí, él también se moría por regresar. No, qué va. No sabía cómo demonios iba a poder mirar a Makoto a los ojos sin imaginárselo desnudo y excitado en su cama. Rayos no, tenía que dejar de pensar estupideces. Y el tercer mensaje. El tercer mensaje – de Rin – lo hizo maldecir por lo bajo.

Extra del Torneo Regional de Natación. Concurso de Músculos, auspiciado por Matsuoka Gou. Ganador: Tachibana Makoto, representante de Iwatobi.

Y adjunta una foto de Makoto. De espaldas. Siguió bajando. ¡Qué espalda! Y, oh, oh, ¡qué… trasero! Un momento, eso era… ¿un Speedo?