Capítulo 9

ADRIEN

Tenía el corazón en la garganta, latiendo frenéticamente. Marinette, sutilmente, acarició la palma de mi mano con su pulgar, detallándola. El roce revolucionó mi piel, haciéndola arder. No era la primera vez que nuestras manos se tocaban, incluso sin el traje de por medio, pero el hecho de que Marinette no supiera quién era realmente yo… Todo se sentía nuevo, como si fuera la primera vez que ella y yo estuviéramos cerca, que nuestros dedos se rozaran y nuestras respiraciones chocaran.

Con cuidado de no asustarla, tomé la mano que mantenía entrelazada a la mía y la acerqué a mi rostro. Marinette jadeó ante el contacto. Se mantuvo inmóvil, apenas rozándome con la punta de sus dedos. Sus labios se entreabrieron, exhalando un suspiro. Acunó mi mejilla con cuidado y la acarició con suavidad. Fue relajante y placentero. Marinette no tardó en reunir la confianza necesaria y acercar su otra mano a mi mejilla libre. Tanteaba mi piel con mimo y cuidado, especialmente al rozar los rasguños y las heridas. Ella sabía que me dolían, pese a que yo no permitía que ningún quejido saliera de mis labios. Ahora que había vuelto a mi forma humana, mi resistencia al dolor y mi proceso de curación era mucho menor. Pero tenía que dejar que Plagg se recuperara antes de volver a transformarme.

Justo cuando ese pensamiento acudió a mi mente, un estrépito rompió la extraña burbuja de calma y quietud en la que Marinette y yo nos habíamos sumido. Nos sobresaltamos al unísono. Marinette mantuvo nuestras manos unidas y se posicionó torpemente ante mí. Al momento entendí que estaba protegiéndome. Ella, una simple civil y, además, con los ojos vendados. Tenía una idea de qué, o mejor dicho quién, podía estar armando semejante desastre de aquella forma. Así que, totalmente relajado, le di un casto beso en la nuca a Marinette, de agradecimiento. Mi intención era tranquilizarla, aunque lo único que logré es que pegara otro brinco y se virara en mi dirección. No podía leer su mirada, pero por el mohín de su boca y su entrecejo fruncido, era obvio que estaba molesta. Era como si irradiara un aura de "no es momento de bromas". Sonreí sin contención, entretenido por su expresión.

—Todo está bien —expliqué, reafirmando el agarre de nuestras manos y posicionándome delante de ella para poder guiarla por el pasillo hasta el salón. Pasé de largo la cocina, donde pude ver a Plagg engullendo todos los tipos de queso que había en la nevera a una velocidad vertiginosa.

Marinette se tensó al escuchar el bullicio, replanteándose seriamente mis palabras.

—Es solo mi gato —aclaré, tirando suavemente de ella para seguir nuestro camino. Si seguíamos allí corríamos el riesgo de que a Plagg, sumido en su festín, se le escapara algún comentario para nada gatuno.

— ¿Tienes un gato? —inquirió y pude leer el concierto y la diversión en su voz, aunque intentó disimularla.

— ¿Quién dijo que los felinos son animales solitarios? —pregunté a modo de respuesta, con una sonrisa ladina.

Me resultaba extraño liberar esa clase de emociones y expresiones, esa parte de mí, sin estar transformado en Chat Noir. Obviamente, se debía a que Marinette no era consciente de que Adrien Agreste era quien estaba frente a ella, por lo que no podía actuar como de costumbre. Sin embargo, me encontraba sumido en una especie de estrafalario equilibrio entre Adrien Agrete y Chat Noir en ese momento. Ni yo mismo sabía con qué iba a salir a la siguiente frase que mis labios pronunciaran. Cuando era Adrien, siempre seguía las normas y expectativas que se habían posicionado sobre mis hombros desde que tengo memoria. Cuando era Chat, todo era espontáneo y lleno de adrenalina, por lo que ya estaba preparado para dejarme llevar una vez que el traje me cubría la piel. Sin embargo, en ese momento no sabía que esperar de mí mismo. Sentía que todo mi ser estaba patas arriba, algo muy vergonzoso para un gato. ¿Lo más extraño de todo? Que me gustaba.

Llegamos a la coqueta sala de estar. No era muy grande. Había una pared totalmente cubierta por una estantería de madera empotrada, repleta de libros. En otra de las paredes había colgada una pantalla plana, la única seña a tecnología punta de toda la habitación. Un par de sofás verdes, una butaca que hacía juego en medio del cuarto. Junto al gran ventanal, que se encontraba cubierto por una espesa cortina marfil, había una mecedora. Era de mimbre y mi lugar favorito de toda la casa. Con cuidado de que no tropezara, guie a Marinette hasta ella.

Antes de sentarme, su pierna chocó contra la base de la mecedora. Palpó con cuidado antes de intuir de qué se trataba y ayudarme a sentarme.

—No te acomodes —soltó de pronto, haciéndome parar en seco cuando iba a reclinarme en el asiento.

— ¿No quieres que descanse, princesa? —pregunté juguetón, aunque mantenerme en esa posición, con la espalda forzosamente erguida, estaba destrozándome el costado herido.

—Antes tenemos que curarte esas heridas —razonó, dejando en el suelo la bolsa que cargaba al hombro y rebuscando el material médico que habíamos traído del hospital.

Resoplé, aunque no contesté ni me recliné en el asiento.

—Nada de pffffft… —reclamó Marinette, malhumorada—, tiene que estar doliéndote como el infierno.

—Es una pérdida de tiempo. Soy Chat Noir, en nada estaré curado.

—Lo que ahora eres es un civil. Sin tu transformación, las heridas deben dolerte igual que a cualquier mortal y no se te van a curar mucho más rápido.

Marinette soltó esa explicación como si nada, sacando las gasas y ubicándolas a su lado, junto a la botella de alcohol etílico y una pomada antiinflamatoria. No se había traído mucho con nosotros. Tampoco es que pudiéramos traer demasiado sin llamar la atención. Mientras, yo, estaba totalmente congelado en el sitio. ¿Cómo sabía Marinette…? ¿Cómo sabía ella el alcance de mis poderes? La gente solía esperar que los superhéroes fueran poderosos y valerosos todo el tiempo, les daba seguridad. Obviamente había gente que tendría la, acertada, teoría de que, tras sus trajes, no eran más que humanos normales. Sin embargo, Marinette no lo había dicho como una simple suposición, sino como una irrefutable verdad, tan básica que era incuestionable. La duda me crispó.

— ¿Por qué dices eso? —pregunté, más serio y frío de lo que quería. Mi tono puso en guardia a Marinette. Volteó el rostro hacia mí, aunque no podía verme.

— ¿A qué te refieres? —cuestionó, sin entender.

— ¿Por qué dices que sin mi transformación soy un simple civil? ¿De dónde has sacado eso?

Marinette se tensó, como si se hubiera dado cuenta de haber dicho algo que no debía. Su reacción me hizo entrecerrar los ojos, desconfiado.

— ¿No tengo razón? —especuló, dudosa.

—Tengo curiosidad por saber de dónde podrías haber sacado esa idea —respondí, evadiendo su pregunta.

Marinette se sobó las piernas por encima de la tela de sus pantalones. Fue un gesto nervioso, aunque intentara aparentar que solo se estaba reacomodando en el suelo. Tenía la ventaja de poder apreciar cada una de las expresiones corporales de Marinette, mientras ella solo podía guiarse por mi tono de voz. Ya no teníamos nuestras manos entrelazadas, así que ni siquiera podía sentir mis pulsaciones para intentar leerme.

Marinette carraspeó y volvió a centrar su atención en acomodar las cosas de la bolsa para prepararlo todo, aunque no había mucho más que sacar.

—En que tu traje es mágico —contestó al fin, mordiéndose sutilmente el labio inferior. Tengo que admitir que ese pequeño movimiento hizo que mi corazón se saltara un latido.

— ¿Mágico? —pregunté, haciéndome el desentendido.

—Sí, ya sabes, ¡desapareció! —exclamó Marinette, haciendo un gesto de explosión con las manos, como las nubes que aparecían en los comics y los animes—. Siempre me había preguntado si eras un superhéroe como Spiderman, alterado por la radiación o algo, que te ponías el traje simplemente para ocultar tu identidad. Pero antes, sentí en mi propia mano cómo se…, desvanecía. Era como burbujas —terminó de decir en un tímido hilo de voz.

En ese momento, todas las preocupaciones y malos pensamientos hacia Marinette desaparecieron al instante. Me sentí inmensamente aliviado. Por un segundo había temido haber caído en una trampa y… Tener esa clase de pensamientos me hacía sentir la peor persona del mundo. Marinette estaba allí, con los ojos vendados y esforzándose por ayudarme, mientras yo solo era capaz de pensar esas cosas tan horribles de ella. Era lo peor.

Marinette pareció haber captado el hilo de mis sospechas, porque, después de su respuesta, se mantuvo en silencio. Me incliné hacia delante en el asiento, sin detenerme por las dolorosas puñaladas que hacer esto envió a mis costillas. Era un precio justo por mi mente perversa. Tomé a Marinette por las mejillas y le di un casto y rápido beso, tan fugaz como un lametón, en la punta de la nariz. Ella jadeó, sobresaltada, pero no se apartó. Seguí el hilo de besos en su frente, sus párpados, sus mejillas, su mentón. Besé cada lugar con la fugacidad de una mariposa, hasta que me detuve en sus labios. Mi intención era darle un beso igual de casto, pero me asombré a mí mismo tirando traviesamente de su labio inferior antes de besarla nuevamente. En un gesto dulce, Marinette paseó sus manos por mi pelo, atrayéndome hacia ella y correspondiendo el beso. No pude evitar sonreír ante ello. Sin embargo, justo cuando mordí sutilmente su labio superior, decidiéndome a profundizar el beso, Marinette se separó. Un quejido escapó de mis labios ante la repentina ausencia de su calor. Volví a buscar sus labios, siendo recibido por una caricia delicada. Sin embargo, éste era el turno de Marinette de divertirse ante la situación. Disfrutando de mis lamentos, volvió a separarse de mí.

—Tenemos que curarte —me recordó, riendo.

Resoplé una vez más, pero me mantuve con la boca cerrada. Marinette, entendiendo el motivo de mi frustración en esta ocasión, simplemente soltó una risa ligera y no comentó nada.

—Lo peor eran las costillas, ¿verdad? —preguntó, irguiéndose sobre sus rodillas para acercarse a mí.

Palpó en el aire buscándome. Iba a tomar sus manos y orientarla, pero me quedé estático cuando alcanzó mis brazos y empezó a ascender, tanteando la forma de mi cuerpo. Repentinamente, me sonrojé, acalorado. Las palabras quedaron muertas en mi boca y Marinette, sin darse cuenta de mi repentino estado de ánimo, siguió a lo suyo.

Llegó a mis hombros y, con todo el cuidado del mundo, comenzó a descender por mi pecho en busca de borde de la sudadera. Me mordí con fuerza el labio para evitar soltar un patético y quejumbroso suspiro. Bastante vergüenza estaba pasando yo para avergonzar también a Marinette. Al menos, ella no era consciente de nada.

Marinette me quitó tanto la camiseta como la sudadera, las dos a la vez. Fue lentamente, dándome tiempo a acomodarme al cambio de postura y de no hacerme daño. Cuando me liberó, dobló con cuidado la ropa, pese a que la camiseta y la sudadera seguían entrelazadas, y la metió en la bolsa.

—Tienes que decirme dónde estás herido —aseveró, tomando un puñado de algodón y mojándolo cuidadosamente en alcohol.

—Tengo algunos cortes aquí y allá, pero lo más importante es, como has dicho tú, la costilla —dije, guiando su mano a mi torso, justo donde se extendían unos espantosos y negros hematomas. Me cubrían la mitad del pecho, componiendo un peligroso cuadro abstracto basado en negros, escarlatas y púrpuras de lo más variados. Había algunos cortes también. Intenté guiar la mano de Marinette por todo el proceso, pero era imposible. Aunque no quisiera reconocerlo, mover el brazo durante mucho tiempo era agotador. Y eso que contaba con los residuos de la magia de Plagg en mi cuerpo, anestesiándome. No quería ni pensar en cómo me sentiría si me hubiera ocurrido todo estando como civil. Probablemente no podría levantarme del dolor.

Marinette limpio las heridas de mi torso, mis manos y mis mejillas con cuidado. Me aplicó la pomada en el pecho y me rodeó con gasas y algodones por doquier. Preferí mantenerme en silencio durante todo el proceso. Temía asustar a Marinette si se me escapaba algún gruñido adolorido.

—Ya puedes recostarte —dijo Marinette al fin, dejando los envases y plásticos protectores de los medicamentos en el suelo.

Con un suspiro de alivio, me recliné en el respaldar acolchado de la mecedora. Marinette rio ante mi reacción. Relajado, tiré de ella, sentándola sobre mi regazo. Estaba tensa, parecía tener miedo de hacerme daño, por lo que se acomodó de lado, evitando tocar las partes de mi cuerpo más heridas y dobló las piernas, encogiéndolas en el asiento. Junté mi frente con la de ella, tranquilo y disfrutando de la calma.

Después de unos minutos de silencio, tranquilo silencio, Marinette acarició mi rostro. A diferencia de antes, se tomó su tiempo para estudiar cada rasgo de mi cara. Empezando por las mejillas; el mentón; jugando con mis labios, empujando delicadamente el labio inferior hacia abajo. Empezó a ascender por la nariz,cuando se detuvo. Frunció el ceño, parecía estar sumida en una discusión consigo misma.

— ¿Ocurre algo? —curioseé, preocupado.

—No —respondió, dubitativa.

La abracé contra mí, masajeando gentilmente su cadera.

— ¿Ah, no? —planteé, juguetón, intentando relajar el ambiente.

Marinette, comprendiendo que no iba a poder huir de mí, se resignó y habló.

—Digamos que estoy disfrutando del momento.

— ¿Cómo? —interrogué, sin entender, totalmente confundido.

—Conozco tus labios —comenzó a decir, acariciándolos con el pulgar—, conozco tus mejillas y, en parte —continuó, rozando con su uña la punta de mi nariz—, conozco tu nariz. Pero es la primera vez que sé cómo son tus cejas, el puente de tu nariz, si tienes bolsas bajo los ojos o qué tan largas son tus pestañas —Hizo una pausa, sin atreverse a mover su mano de mi nariz—. Me estoy preguntando qué voy a sentir cuando descubra todo eso.

Siguiendo mi instinto, con el corazón nuevamente revolucionado de pura dicha y júbilo, estreché fuertemente a mi princesa contra mí y le planté un beso en la sien.

— ¿Chat? —inquirió Marinette, desconcertada.

—Estaré aquí todo el tiempo que quieras, no hay prisas —la tranquilicé, tomando su mano y besándola.

Mis palabras parecieron impulsarla porque palpó minuciosamente mi piel, peinó mis cejas con cuidado y acarició mis pestañas. Se tomó su tiempo en descubrir mi rostro y en apreciarlo, pese a que no podía verlo. Me relajé ante sus caricias y cerré los ojos. Un repentino beso sobre el párpado me sorprendió, logrando que esbozara una infantil sonrisa. Sin abrir los ojos, correspondí el beso, acertando justo al lado de su nariz. Marinette rio ante ello. La aproximé más a mí, apoyando su cabeza en mi hombro y dejé que el baile de la mecedora nos acunara. Sin darme cuenta, me quedé dormido. Dejé que la tranquilidad me bañara con su luz, sin ser consciente de que sucesos de esa misma tarde me habían dejado un oscuro y molesto agujero de inseguridad en el pecho. Un agujero negro que me perseguiría sin tregua.


¡Hola a todos, lindas flores!

Lo sé, lo sé... Os he dejado sufrir mucho tiempo sin actualización. Pero el capítulo ha sido tan romanticursi que tiene que haber servido de compensación xD.

Forever MK NH, aunque me gusta que tengas sentimientos tan apasionados por mí, no se puede hacer nada con la inspiración. Viene y va cuando quiere xD.

ElbaKheel, me preguntas cuestiones sin resolver aún. Yo sé lo que va a ocurrir, pero no puedo decirlo 7u7... Así que te toca seguir leyendo para ver qué os tengo preparado muajajajajaja.

sonrais777, ¿a qué sí? A los pobres los hago sufrir, pero al final merece la pena.

tsubasa23, ¿viejo truco de la venda? ¿Qué me estás ocultado? 7u7... xD.

Milanh, siento que la espera se haya demorado más de lo esperado, pero espero que lo hayas disfrutado.

Niorima, ¿soy muy cruel al disfrutar de tu agonía? xD, espero que el capítulo haya merecido la pena la espera.

DragoViking, ya conoces mi amor por el MariChat, así que no, como puedes ver, aún no pasa xD.

MotokoAoyama, ¡ay, muchas gracias! :3

Tendhi, espero que este capítulo te haya gustado x3

Vicky, ¡madre mía! ¿Tanto te ha gustado? Me halagas, sinceramente. Espero que la espera haya merecido la pena.

Petite Rveur, como bien sabes, adoro tus reviews. Lo malo es que me haces preguntas que no te puedo contestar xD. En fin, te contestaré lo que pueda sin spoilear nada. Tendremos acción para más adelante, no te preocupes. Todo va por dosis xD. Tan mala no soy, mira lo bien que se lo ha pasado en este capítulo, siendo mimado por Marinette. Bueno, quizás en algunos momentos lo ha pasado un poco mal, el pobrecillo. Ya que estaba en su cabeza, me replanteé profundizar aún más en su pequeño momento de vergüenza, pero creí que estaba siendo demasiado malvada y me contuve xD. Respecto a qué sucederá con la venda y su soledad más solitaria... Me temo que tendrás que esperar a los próximos capítulos para descubrirlo xD.

Frigore789, ¡muchas gracias por tu review! Todo está a medio camino aún para pensar en los reproches, pero ya veremos qué sucede xD.

HeyJaviii1, muchas gracias por tus reviews. Soy un pelín mala al disfrutar tu frustración, ¿verdad? El ver que te apasiona tanto, impresiona xD. En fin, compararme con Arstruc es un gran halago, ¡logras sacarme los colores! A ver si logro que este fic esté a la altura de tus palabras ^^. Y, por cierto, si no se reconocían Armando y Bunny, cuando Guerrero Luna iba con la cara descubierta, no sé cómo pretendes que se reconozcan este par de tortolos, que encima actúan diferente entre ellos dependiendo de si están transformados o no y con quién xD.

cindy-chan10, has llegado justo a tiempo querida. Dos días después y ya tienes actualización. Nada mal, ¿eh? xD

Para quien le interese, por culpa de la mala influencia de una querida compañera ficker, tengo página de facebook. Ya lo sé, lo sé... Estoy en todas las redes sociales ya xD. En fin, podéis encontrarme como MeimiCaro.

Con un beso y un bizcocho, ¡nos leemos pronto!