Disclaimer: Que yo sepa desde la última vez que me miré al espejo ni soy Kirkman ni trabajo para la cadena AMC o la serie de The Walking Dead así que los personajes no me pertenecen. Únicamente robé a los personajes temporalmente para este... experimento.

Mil perdones por la tardanza en la actualización. Mi cabeza no estaba en el lugar ni el momento adecuados para poder terminar este capítulo que tenía a medias desde ni sé cuándo.

Perdonad las posibles erratas que haya.


Capítulo IX

Dolía. Absolutamente todo, dolía a su alrededor. El más mínimo pestañeo, el diminuto y casi imperceptible roce de una tela, la caricia de una brisa le abrasaba la piel.

Daryl entraba y salía de la inconsciencia entre sudores fríos, voces arrulladoras y golpes a su alrededor. Era incapaz de discernir qué era lo que estaba pasando, no lograba comprender por qué a pesar de sus sollozos por el dolor, a pesar de sus ruegos ahogados por las lágrimas, se vio envuelto en una gran tela.

Su mirada vidriosa intentaba comprender lo que sucedía, ese paisaje escurriéndose frente a sus ojos tumbado en el asiento del copiloto de la camioneta de su padre.

- Ma… Mamá…- Masculló entre dientes acurrucándose bajo la manta intentando alejar los escalofríos que agitaban su cuerpo como las hojas de los árboles ante la cercanía del invierno.

Una mano cálida y gruesa, se apoyó sobre su frente, apartándole el flequillo de ella pegándose al resto de su humedecido cabello.

- Tranquilo, enano.- Logró discernir la voz de su hermano como un eco lejano atravesando la densa niebla de su casi inconsciencia.- Tranquilo. Pronto te pondrás bien.

Daryl intentó mover los dedos de su mano pero no lo lograba. Intentó despegar sus pestañas, abrir sus párpados y ver más allá de la oscuridad creada por ellos. Pero no podía, estaba demasiado cansado.

- Tengo sueño, Merle…- Balbuceó en un murmullo prácticamente ininteligible, su labio inferior temblando por voluntad propia incapaz de controlarlo.

Estaba agotado, sus piernas comenzaban a entumecerse desde la punta de sus pies extendiéndose hacia su espalda. Sentía frío, un frío que poco a poco iba tomando cobijo en sus entrañas hasta colarse en sus huesos.

La mano de Merle aterrizó sobre sus hombros, agitándole bajo la tela, arrancándole un sollozo de dolor ante el repentino movimiento y la punzada ácida que atravesó su espalda.

- No te duermas, Daryl, ¿vale?

De haber tenido fuerzas, el pequeño habría intentado arrugar la frente, confuso o soltar una breve risa al escuchar a su hermano. Pocas veces usaba su nombre para hablarle, de forma menos frecuente todavía desde que habían aparecido ellas.

- Merle…- Se humedeció sus labios secos.- Sólo un ratito, lo prometo.- Le aseguró con voz cansada sintiendo su cuerpo sumirse en aquella nieblina de cansancio, dolor y oscuridad.

- Daryl… Despierta… Tú también no, enano, vamos… ¡DARYL!


Calor. Dolor. Pesadez. Silencio.

Daryl podía sentir cada milímetro de su piel como si una corriente eléctrica la atravesara. Cada bocanada de aire que hinchaba su pecho, arrancaba un sollozo seco e imparable de sus labios.

La punta de sus dedos estaban heladas a diferencia de su espalda que parecía ser presa de las llamas.

Podía sentir la humedad creciente en el nacimiento de su pelo, descendiendo por su sien.

- Mamá…- Farfulló entre sus labios agrietados, apuñando sus manos aferrándose a la nada.

- Shh… Tranquilo.- Escuchó una voz que no reconocía.

Algo húmedo y frío rozó su frente arrastrando el sudor, aliviando el calor que impregnaba el resto de su cuerpo.

- ¿Merle?- Preguntó con voz ronca aunque sabía que aquella no era la voz de su hermano.

- Ahora voy a buscarle.- Escuchó el susurro femenino de una mujer y lo que parecía una puerta cerrarse.

- Tranquilo, hijo. Te pondrás bien.- Le aseguró la voz serena de aquel hombre cuyo rostro aún no había visto tras sus pesados párpados.


La luz que se colaba por la ventana incidía sobre su cara obligándole a cerrar los ojos, molesto por la luminosidad. Parpadeando molesto, escudriñó con ojos vidriosos por el cansancio y la convalecencia dónde se encontraba. Parecía algún tipo de habitación.

La cortina que cubría la ventana ondulaba bajo el efecto de la brisa. Un pequeño armario descansaba junto a la pared frente a la cama y a su derecha…

- ¿Ya te has cansado de dormitar, bella durmiente?- Daryl intentó curvar sus labios en una sonrisa al ver el rostro de su hermano.

- ¿Merle?- Preguntó en un tartamudeo, girando su cabeza sobre una mullida almohada.

- El mismo de siempre.- Le dijo en tono jocoso levantándose de la silla donde se encontraba hasta su despertar, tomando asiento en la orilla de la cama.- ¿Cómo estás, enano?- Le preguntó en tono suave.

Daryl parpadeó, tomando aliento con precaución por la tirantez y el murmullo del dolor continuo en su cuerpo. Miró a su hermano encogiéndose de hombros, humedeciéndose los labios.

- Pareces cansado…- Le dijo a su hermano mayor viéndole sonreír agitando la cabeza de forma negativa.

Uno de sus ojos estaba ligeramente color verdoso. Una herida parecía estar a punto de terminar de cicatrizar cerca del nacimiento de su pelo.

- Tus malditos sollozos no me han dejado dormir por la noche estos días.

- ¿Dí… días?- Preguntó Daryl creyendo haberle escuchado mal.

- Sí, hermano. Llevas en esa cama dos semanas.- Comentó chasqueando la lengua, una mano rascándose la barba de sus mejillas que bien merecía un afeitado.- El viejo decía que debería pensar que quizá no ibas a despertar pero…- Merle sonrió de nuevo, todo dientes, negando con la cabeza.- Los Dixon somos duros de matar, ¿verdad?- Había cierta amargura en su voz que no lograba evitar.

- Merle,- Daryl volvió a humedecer sus agrietados labios y giró levemente su cuerpo sobre el colchón para poder verle mejor. Soltó un quejido al sentir una punzada de dolor en su espalda al moverse.- ¿Dónde está mamá?

Merle le miró en silencio varios segundos antes de apartar la mirada de nuevo hacia la ventana.

- ¿Merle?- Preguntó Daryl en un hilo de voz, aferrándose a la sábana que cubría su menudo cuerpo.- ¿Mamá… está bien?- El mayor de los hermanos negó con la cabeza de forma silenciosa sin apartar mirarle.

- Estamos solos, Mochuelo.- Le respondió en un murmullo.- Estamos solos.- Exhaló.


Sé que no tengo perdón de Dios, primero por la espera, y segundo por este capítulo y lo que deja intuir. La idea de ello, aunque quizá no de ésta manera, la tenía más o menos clara desde el principio y… Pensando un poco en posibles futuros acontecimientos creo que el final del fic está cerca.

Gracias por vuestra paciencia, lectura y comentarios. No os merezco.