La mañana no parecía pintar muy bien para Kate. Tenía un dolor de cabeza de esos en donde sientes punzadas de dolor cada tres segundos y además se había levantado con muy mal humor, no solo por el dolor de cabeza, sino porque no habia podido dormir nada. El pensamiento de su jefe y su ex en una misma habitación la había tenido inquieta y mortificada, y aunque intentara buscar una explicación lógica y racional ante su aparente molestia, no encontraba ningún.
Era verdad que Meredith era completamente insufrible, pero no era problema suyo con quien dormía o dejaba de dormir Castle. Y sin embargo, allí estaba, en medio de la cocina, con una taza de café en las manos esperando que todo el mundo se levantara.
Justo cuando estaba comenzando a sentirse menos fastidiada, su jefe apareció con ojeras y despeinado, como si no hubiese dormido nada. Ella ya se imaginaba porque.
-Buenos días.-Lo escucho decir con tono ronco.
Ella no respondió y simplemente se limito a mirarle mientras Castle se servía el café que ella había preparado.
Le dio un sorbo y lo saboreó.
-Mmm, está bueno.-Dijo cogiendo luego la azúcar para endulzarlo un poco más. Notó que Kate lo miraba inquisitivamente y la miró.-¿Pasa algo?.
-No.-Respondió la aludida encogiéndose de hombros.
-Tienes mala cara.
-Muchas gracias, tu también.-Dijo ella irónica.-Pero supongo que lo tuyo era de esperarse.
Él frunció el ceño.
-¿Qué quieres decir?.
-Bueno, que tu noche supongo que estuvo movida.
Castle la miró con la taza en sus manos y luego sonrió a medias.
-Creo que…¿estás celosa, Kate?.-Preguntó divertido.
Kate lo miró como si le hubiese crecido otra cabeza.
-¿Qué?.-Rió.-¿Estás loco? ¿Por qué iba yo a estar celosa?.
Los ojos de él brillaban aun con diversión y rodeó el mesón de la cocina acercándose a su empleada, quedando muy cerca.
-No lo sé, dímelo tú, ¿Por qué estás celosa?.-Le susurró acercando su rostro al de ella.
Ambos se miraron durante varios segundos y Kate estuvo a punto de decir algo, hasta que escucharon la voz de Meredith que entró en la cocina con un gran bostezo.
-Oh, hay café recién hecho.-Dijo con su voz chillona, y Kate se percató de que estaba en bragas.
Apretó la mandíbula y se puso de pie.
-Creo que voy a…-Comenzó a decir.
-Oh no, quédate.-Le dijo Meredith con una sonrisa tensa.-Mientras Richard prepara uno de sus fantásticos desayunos tu y yo podemos hablar.-Se estiró perezosamente.-Dios, me duelen todos los músculos.
Las punzadas regresaron a la cabeza de Kate y deseó poder huir de esta mujer y de su vocecilla.
Pero no tuvo más remedio que sentarse allí y escuchar la cháchara de la pelirroja, quien hacia uno que otro comentario sobre lo genial que es dormir con Castle y sobre lo adolorida que estaba.
Alexis se levantó justo cuando el desayuno estuvo listo y salvó a Kate de las atenciones de Meredith.
Kate observó la interacción entre madre e hija y se le hizo de lo más extraña. Aunque era patente que ambas se querían, Alexis no parecía tener esa adoración que tienen las niñas pequeñas por sus madres. Claro que, tomando en cuenta que la veía tan poco, podía verlo hasta normal.
Mientras desayunaban, Meredith tuvo que atender una llamada.
Kate levantó la vista y notó que Castle la miraba aún divertido.
-¿Qué?.-Preguntó mientras masticaba su beicon.
-¿Quieres ir a patinar?.
-¡Sí!.-Exclamó Alexis con júbilo.
Kate sintió ciertas cosquillas en la tripa cuando se dio cuenta que en realidad él le había preguntado a ella y no a Alexis. Pero ya que la niña había aceptado de buen gusto, ella también tendría que ir.
Ocultó el rostro para no sonreír. No patinaba desde que tenía unos dieciocho. Había ido con su madre y había sido uno de los días más divertidos de su vida.
-Eso está mejor.-Escuchó que le decía Castle, y ella se dio cuenta de que estaba sonriendo tontamente.
Él le sonrió y Meredith llego de nuevo interrumpiendo el momento.
-Creo que mi visita será más corta de lo que pensé.-Miró a Alexis con pena.-Tengo que volver a Los Angeles calabacita.- Castle la miró con los ojos entrecerrados.
-¿Algún proyecto?.
-Bueno, no exactamente…
-Tu novio, entonces.-Dijo Castle resignado.
Meredith se encogió de hombros.
-Odia estar solo en navidad…-Comenzó a decir.
-No tienes que explicarme nada, Alexis estará bien, ¿verdad cielo?.
Alexis que estaba concentrada cortando sus tortitas miró a sus padres.
-Eh, si…-Dijo encogiendo se hombros y regresando la atención a su tarea.
Kate miró la escena sorprendida. Ella a esa edad, no podía ni pensar estar lejos de su madre.
Y ese mismo día, luego de que Meredith se fuera, no sin antes armar un drama de lo mucho que le dolía dejar a Alexis, los tres se fueron a patinar en Central Park.
Kate sonrió divertida al ver a padre e hija intentando mantener el equilibrio, ya que Castle no tenía mucha más coordinación que su hija pequeña.
Los arboles estaban cubiertos del blanco que rodeaba toda la ciudad, y los edificios se veían grises y plateados a esa hora del día. Había familias, parejas y niños patinando de un lado a otro y una sensación de nostalgia invadió a Kate haciendo que se perdiera en sus recuerdos durante un rato.
Castle que patinaba ajeno a la introspección de Kate, que había decidido mirarlos desde afuera, la miró durante varios segundos.
El viento hacia que su pelo se moviera, y la bufanda roja que usaba, hacia que su piel se viera sonrosada. Muchas veces, como en ese momento, se sorprendía por su belleza. Porque no era una belleza típica, Kate no era simplemente bonita; era una belleza que se mezclaba con un aire de sensualidad y de agonía, que a él le intrigaba.
Sus ojos se encontraron con lo de ella quien lo miró fijamente sin ningún disimulo. Justo en ese momento sintió como perdía el equilibrio y caía sobre el hielo con un duro golpe.
Escuchó la risilla de Alexis y él también rió divertido ante su propia falta de coordinación para patinar. Alexis se subió sobre él divertida, diciéndole lo malo que era para el patinaje y Castle giró la vista mirando de nuevo a Kate quien sonreía divertida.
Se puso de pie como pudo y mientras Alexis seguía practicando él se acercó a Kate.
-Acabarás con el cuerpo lleno de cardenales.-Dijo ella sonriendo.
-Es el precio que se tiene que pagar.-Se apoyo en el borde.-Tú has estado allí un rato riéndote de mí, pero yo aun no te he visto patinar.
-No me apetece.-Dijo ella sin más.
-Pues yo soy tu jefe, y te ordeno que patines.
Ella ladeó la cabeza.
-¿Entonces tengo que hacer todo lo que me digas ahora?.
-Siempre.
Ella rió negando con la cabeza.
-No voy a patinar.
-¿Por qué no?, venga será divertido. Además, considéralo como una despedida antes de irte con tu padre.
-Pero si regreso en unos días.
-Venga.-Alexis se acercó a ellos.
-Papi no se vale descansar.
-Estoy intentando convencer a Kate de que se una.
-¡Sí!.-Exclamo la niña.-¿Por fis?.
Kate la miró y a ella si que no pudo decirle que no. Aunque patinar le trajera un millón de recuerdos, suponía que no tenía nada de malo divertirse un poco.
Y efectivamente se divirtió muchísimo con ambos.
Ella sí que era una patinadora experimentada, cosa que no sorprendió en nada a Castle. Se movía con gracia y armonía y Castle la observó mientras le daba a Alexis algunos trucos para mejorar su técnica.
-Castle, no te veo patinando.-Lo regañó pasando a su lado con agilidad.
-Eso es fácil decirlo cuando tú patinas como una profesional.
Ella rió entre dientes.
-Venga, muévete.-Le estiró la mano y Castle resopló cogiéndola.
Kate usaba unos guantes de lana negros, pero aun a través de la lana podía sentir la calidez de su piel.
Ella lo arrastró hasta el centro mientras ambos sonreían y Castle patinaba con la agilidad de un niño de cinco años.
-Intenta mantener los pies juntos.-Le estaba diciendo ella que parecía contenta y relajada.
-Eso intento.- Respondió él. En esa zona el hielo se sentía más suave y resbaladizo.-Oh…oh…-Aleteó con ambas manos y Kate estiró la suya para ayudarle a mantener el equilibrio.
Pero cuando Castle tomó la mano de ella, lo único que consiguió es que ambos cayeran sobre el hielo, uno encima del otro.
Castle la rodeó con sus brazos por inercia y ambos se miraron, sorprendidos en un principio, pero luego sonrieron.
-Tienes suerte de que haya sido yo el que quedó debajo.-Le dijo él sin dejar de sonreír.
-Eres una patata patinando, Castle.-Carcajeó ella.
-Ya, lo se lo sé.-Suspiro él y ambos se pusieron de pie sin dejar de mirarse anhelantes.-Kate, lo de…Meredith y yo solo dormimos ayer, no hicimos nada más. Solo para dejarlo claro.
Kate lo miró sorprendida. No esperaba que él le dijera eso en esas circunstancias.
-No tienes que explicarme nada.
-¿No?.-Preguntó él. Pero pareció más una pregunta retórica.
Se miraron varios segundos más hasta que ella apartó la vista.
-Creo que deberíamos regresar a casa, tengo que empacar mis cosas.-Dijo mirando hacia el cielo.
Habían comenzando a caer gruesos copos de nieve.
-¿Estás segura de que quieres irte?.
-Segura.-Le dijo estirándole la mano para ayudarle a levantarse.
Luego de algunas protestas de Alexis, regresaron al loft en donde Kate subió enseguida para hacer un bolso con algunas cosas. Aun sonreía por la tarde divertida que había pasado.
Frunció el ceño y se preguntó qué demonios estaba haciendo. Castle era su jefe, y ella de alguna forma había estado tonteando con el todos esos días. Pero oh dios, simplemente no podía evitarlo, era como si no pudiera pensar de forma correcta cuando estaba cerca de él.
Luego de un buen rato, bajó las escaleras para prepararse un café o un chocolate caliente y vio a Castle mirando la televisión.
-Uhm, ¿Kate?.
Ella se detuvo y le miró.
-¿Si?.
-Creo que deberías ver esto.
Ella se acercó a la tv y las imágenes eran calles de Nueva York cubiertas de nieve y un titular que ponía: "Alerta roja, gran nevada en Nueva York".
Kate se quedó boquiabierta mirando la televisión. Casi dos palmos de nieve levantaban por las aceras. Corrió al ventanal y miró al exterior. Una gran ventisca de nieve se cernía.
-¿En que momento ha pasado esto?
-Al parecer...-Castle se levantó y se acercó a su lado-llevaban días prediciendolo... pero no estaban seguros.
Kate suspiró. Así le iba a ser imposible reunirse con su padre. Volvió a mirar a la televisión dónde pedían a todos los ciudadanos que no hubieran regresado a casa por Navidad, que se quedaran donde estaban... la nevada iba para largo.
-No dejaré que te marches así-dijo Castle mirando a Beckett.
Kate hizo una mueca pero no dijo nada. Era obvio que no podía quejarse. Con ese temporal iba a ser una locura salir.
Cogió su móvil y llamó a su padre con el que estuvo hablando más de una hora.
Dos días después, la casa estaba completamente decorada para la ocasión gracias a Richard y su hija. Kate había decidido mantenerse al margen, pero no rechazó la invitación a cenar con ellos, a pesar que ella estaba algo distante.
Aquellas fechas no le traían buenos recuerdos. Bajó las escaleras con unos simples vaqueros estrechos y un top bajo un jersey de lana morado algo holgado, y se sintió completamente fuera de lugar cuando vio a Richard con camisa y pantalón negro, bastante ajustado a decir verdad, y su increíble fragancia masculina que impregnaba toda la sala.
Castle no apartó la mirada de ella y sobretodo de su trasero hasta que las risas de Alexis hicieron que regresara a su mundo. La niña parecía una princesita vestida con un hermoso vestido verde oscuro con un lazo rojo recogiendo su cabello. Muy navideño.
Kate se pasó toda la noche prácticamente en silencio, apenas interviniendo
Castle no le dijo nada. No la obligó. Estaba satisfecho con al menos, tener su presencia en la cena, y sabía que si se comportaba así debía ser por algún motivo de fuerza. Y además, su madre le había pedido que le dejara espacio a la muchacha, que simplemente era su empleada y si estaba allí era por la nevada.
No obstante, Beckett disfrutó de la cena de la familia Castle, por que, al fin y al cabo aquellas eran unas fechas para pasar en familia y ella, sabía que no era parte de esa familia hasta que Alexis se encargó de hacerle saber que se equivocaba cuando colgó en la chimenea un calcetín de color morado con su nombre bordado en dorado.
Kate sonrió viendo una vez más su calcetín, al lado del de Castle de color negro, el de Martha de animal print y el de Alexis de color rojo.
-Es una tradición familiar, Kate-comentó la niña como si nada, con diversión mientras que aquél comentario le tocó la fibra a la guardaespaldas.
-Lexy es hora de dormir-informó Castle tras haber recogido la mesa y haber brindado con su madre, su hija, y con Kate, que a pesar de todo terminó aceptando.
Rick miró el plato de galletas de navidad: vacío.
Alexis y Kate rieron entre dientes al ser cazadas.
-Vamos nena, dile buenas noches a la abuela y dame un beso, o Santa no te dejará nada-le dijo Rick abrazando a su niña y dejando un beso en su cabello.
La niña se quejó varias veces, pero finalmente se despidió de su abuela y a regañadientes subió a su habitación con la condición de que Kate la acompañara. Y Kate deseando escapar del salón, aceptó.
Esperó sentada en su cama a que la niña, ya con pijama se cepillara los dientes.
Alexis dio un brinco sobre su cama y se dejó arropar por Kate.
-Kate, ¿Puedo preguntarte algo?
-Claro que sí.
-¿Por qué estás triste?
Kate, se sentó en el borde y acarició su frente apartando un mechón. Suspiró y sintió la mirada azul de la niña sobre sus ojos que esperaban una respuesta. Cómo podía ser capaz esa niña de sacarle todo.
-Por qué…verás cariño, a veces los adultos, simplemente…estamos tristes por que…
-¿Echas de menos a alguien?
Kate supo que no hubiera encontrado una mejor respuesta en años que la que Alexis le estaba ofreciendo.
-Eso es.
-¿A tus papás? Pero no podías ir a ver a tu papá…estaba nevando y tu mamá…
Kate la miró y volvió a acariciarla, esta vez en su pelo.
-Está en el cielo, cariño.
-Oh-Alexis la miró y se irguió- lo siento mucho, Kate.
Beckett sintió que en cualquier momento se echaría a llorar, sobretodo al sentir los bracitos de esa pequeña rodearle con fuerza. La abrazó y le dio un tierno beso.
-Yo a veces…también estoy triste por que…mi mamá tampoco suele estar-la niña la miró- Sé que no es lo mismo, pero…
Kate la miró con ternura y sintió una sensación de protección hacia ella aun mayor. Luego sintió algo parecido al odio hacia Meredith al desatender a esa niña.
-Tu mamá te quiere, es solo que…
-Ya lo sé, está ocupada-murmuró.
-Alexis, yo no soy tu mamá, pero siempre seré tu amiga y si necesitas algo…
Alexis sonrió y su rostro se llenó de alegría de nuevo, haciendo que Kate se sintiera también mucho mejor.
-Venga, enana, a dormir o si no, no vendrá Santa…
-¿Puedo decirte algo? Es un secreto.
-Claro-Kate se levantó, arropándola mejor y acercándose a ella.
-Sé que Santa son los papás-Alexis rió-pero no quiero que papi se ponga triste por que a él le ilusiona mucho todo esto… y a mi me gusta que me haga regalos.
Kate no pudo evitar reír.
-Tranquila, guardaré tu secreto.
-Buenas noches, Kate.
-Buenas noches, Lex.-dijo Kate antes de salir de la habitación, sin siquiera percatarse que la puerta estaba diferente a como ella la había dejado.
Apagó la luz y cerró la puerta de la pequeña y dudó en dirigirse de nuevo al salón pero finalmente se metió en su habitación y tras cambiarse de ropa, se metió en su cama y se desahogó llorando en silencio.
Jamás había escuchado tantos gritos un día de Navidad desde que ella había dejado de sentir esa alegría por dicha fecha muchísimos años atrás. Aunque realmente, ella siempre supo que Santa no era real. En su casa no había chimenea.
Vestida con el short del pijama, la camiseta y la bata a juego y unas simples zapatillas bajó al salón y se quedó a mitad de las escaleras observando a Alexis desenvolver los cientos de regalos que había bajo el árbol en compañía de su padre y su abuela, también en pijama.
Castle alzó la vista al sentir la mirada de Kate sobre ellos y le sonrió.
Kate bajo las últimas escaleras acercándose a la niña ante la mirada de Martha, que había pasado allí la noche con ellos.
Se arrodilló a su lado y observó las muñecas, libros, ropa, juegos de mesa y algunas pulseras que le habían dejado.
-Kate, creo que Santa dejó algo en tu calcetín-dijo Alexis dando la vuelta al suyo y sacando las últimas golosinas que le quedaban por encontrar-vamos...ve a ver.
Kate se levantó y pasó por el lado de Castle hasta llegar al calcetín y notar lo mucho que pesaba al cogerlo.
-Te dije que no celebro Navidad-murmuró entre dientes para que Alexis no escuchara la conversación, a pesar de su secreto.
La niña estaba entretenida con sus regalos, probando todas sus pulseras con su abuela.
-En la casa de los Castle, siempre hay regalos… para todos… incluso para el Grinch.
Kate hizo una mueca.
-Que gracioso…-carraspeó-yo no tengo nada para ti.
-No necesito nada… aunque… si quieres volver a la ducha…no me importaría.
Kate le enseñó el dedo medio y ambos rieron.
Kate miró el papel entre sus manos y lo despegó, desenvolviendo el paquete para quedarse sin habla al ver su contenido.
Una foto. Una simple foto de ellos tres del día que habían pasado en Central Park patinando. Alexis en medio de ambos, sonriendo, mientras Castle pasaba un brazo sobre ella y Kate otro. Parecían una familia. Kate acarició el marco de plata y sonrió sintiendo que las lágrimas de la noche anterior por suerte impedirían que se pusiera a llorar ahí delante ante ese presente.
-Gracias…la verdad-lo miró-no esperaba esto.
-Lo sé…-Castle rió- ¿Esperabas unas braguitas sexys, verdad?-Kate golpeó su hombro.
-Idiota-murmuró mirando sus ojos, perdiéndose en su azul sintiendo que se ruborizaba, percibiendo como extrañamente su corazón latía más rápido. Apartó rápido su mirada.
-Pensé que…era un regalo sencillo, nada ostentoso…y…personal… para…que te acuerdes de nosotros cuando vuelvas a la policía.
Kate sintió una punzada cuando escuchó sus palabras pero asintió.
-Gracias Rick-lo abrazó unos segundos, dejándose llevar.
Richard disfrutó de aquél abrazo como nunca, sintiendo que podía quedarse en esa posición para siempre, a pesar de estar en pijama y expuesto prácticamente a ella.
Ambos se separaron.
-Ves, no es tan malo celebrar la Navidad…Katherine.
Kate tragó saliva con fuerza.
-Si, sólo que yo…
-Está bien-acarició su mano-anoche…iba a arropar y darle un beso a Alexis y…
-No pudiste evitar escuchar-interrumpió la guardaespaldas-como no…
-Kate…yo…
-Tu hija es muy inteligente, Castle. Has hecho un buen trabajo criándola tu solo-intentó cambiar de tema- Aunque ella también extraña y…
-Yo no conocí a mi padre, pero-Kate lo miró sorprendiéndose de esa confesión- intento que ella no sienta el mismo vacío con su madre, y…Kate, el vacío para ti estará…pero tienes más personas contigo que intentaran que se note menos como yo hago con Alexis-y puedo hacer contigo-pensó- sé que la echas de menos…
-Mucho-murmuró ella bajando la vista al …-lo miró con los ojos brillando, y Castle supo que había conseguido mucho más que nadie, había conseguido que se abriera con él y con esa mínima conversación, ya tenía suficiente.
Tal vez, algún día conseguiría que le hablara de ella… cuando estuviera lista. Y tal vez él, algún día podría hablarle de cómo se sentía la ausencia de un padre.
-Feliz Navidad, Kate.
Kate le miró unos segundos.
-Feliz Navidad, Richard.
