¡Moooe! Los personajes de Naruto no me pertenecen sino a (ahora odiado por mi) Masashi Kishimoto-sensei. La historia es mía la escribo como entretenimiento personal y del publico que lo lee.
No sé porqué diré esto, pero siento que en este capítulo, tal vez, solo tal vez, usé un poco de mas lenguaje vulgar, digo, está en ranking T por algo, pero para que no haya reclamos aviso. xDD (no sé, de verda, no sé ni porqué aviso eso)
No me daré por vencido.
9: Señora, amo a su hijo.
Sakura no confiaba en él, sabía que tramaba algo, y sólo pudo observarlo, como comía con una socarrona y a penas visible sonrisilla de maldad.
-Y lo mejor, eh invitado a mi padre y… a mi madre.
Lo último dio un escalofrío al menudo cuerpo de Sakura. Ese tono de malicia en la voz de Uchiha daba a entender que algo iría mal…
-Perfecto –tenía que disimular que nada pasaba –estoy ansiosa por esta noche.
-Hmp, claro que lo estás –se rio maléficamente por lo bajo. Sakura lo miró con los ojos entrecerrados, se levantó y se dirigió a la salida.
-Por cierto, Uchiha, quiero ir a mi casa por mi ropa, al menos que quieras que cene con tus padres en tu pijama –el moreno observó como la pelirrosa aún tenía la holgada pijama puesta.
-No, no te pondrás 'esa' ropa –mencionó despectivo recordando la forma en que la oji jade se vestía, y esto provocó que Sakura le mirase furiosa –no quiero que piense que una adolescente es mi prometida.
-¿Y cuál es su solución? 'Señor' Uchiha –remarcó el señor.
-Iremos de compras, total hoy no trabajo –tomó una servilleta y limpió su boca, se levantó y encaminó a la puerta de salida y fue rumbo a su habitación.
-¡Oye! ¡¿Cómo iré al centro comercial si no tengo ropa?!
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-Y-Yo… -trastabillaba en sus palabras el rubio –de verdad. Lo siento.
-¿S-Sabe Naruto-kun? –la pelinegra se aferró a la madera de la puerta, ocultando la mirada bajo su flequillo –C-cuando le conocí… me gustó –el ojiceleste sonrió melancólicamente –algo me inspiraba confianza, me alegraba el día y me provocaba sonreír… p-pero, descubrí algo q-que no me gustó. U-Usted, Naruto-kun, a-actúa como un chiquillo mimado, q-que cree que todo bien lo p-puede conseguir c-con solo chasquear los dedos, y aunque a veces sus locuras infantiles me divertían, hasta el d-día de ayer me molestaron, a-así que, Naruto-kun, no me b-busque más, n-no hasta el día e-e-en que aprenda a res-respetar un N-NO.
Hinata Hyüga se quedó mirando la puerta, sin creerse el que se había defendido.
Naruto Namikaze quedó estático detrás de la puerta. Siempre le habían dicho que actuaba como un niño, el Teme de Sasuke se lo repetía casi a diario, pero nunca le había importado, nunca hasta ahora.
Suspiró. No debía ser así. Ella no le debía odiar. El no le debía amar lo suficiente como para sentirse mal. Simplemente, no debería ser así. Arrepentido llamó nuevamente a la puerta. Hinata titubeó, sabía que era él y sabía que no debía abrir, pero lo hizo. Abrió lentamente la puerta y lo vio parado, con las manos en los bolsillos ya no había sonrisa en sus labios, ya no había emoción en sus ojos y ya no había esa actitud infantil y desenfrenada.
-Hola –dijo el rubio, sonrió. Hinata enarcó una ceja –me llamo Namikaze Naruto –extendió su mano a la pelinegra.
Aún sin comprender nada, Hinata tomó la mano del rubio y la estrechó. El ojiazul guardó silencio y no soltó su mano, como esperando una respuesta, respuesta que Hinata no conocía, pero cuando el rubio señaló el saludo comprendió, estaban empezando de nuevo.
-M-me llamo Hyüga Hinata. –No hubo sonrisa, sólo una mueca de confusión.
-¡Oh! –Exclamó, soltó su mano y la metió a su bolsillo –Hinata ¿Sabía usted que trabaja en la empresa de mi padre?
-C-Creo que sí… -la pelinegra se sentía extrañada. Namikaze le hablaba de usted, ya no hablaba cantarinamente y actuaba como si nunca se hubiesen conocido.
-Bueno, fue un gusto conocerla. Hasta luego –se acercó para besar su mejilla (o sus labios) a lo cual Hyüga respondió con un respingo, cerró los ojos y retrocedió un paso.
Naruto se detuvo antes de llegar al espacio personal de la ojiopalina. Sonrió, melancólico, otra vez. Aún no era tiempo. Retrocedió y extendió una mano. Por su parte, Hinata, esperaba la intrusión a su persona, intrusión que nunca llegó. Abrió los ojos y se topó una mano frente a ella. Desconcertada y desconfiada, estrechó nuevamente la mano.
-Feliz Navidad. –soltó la delicada mano de la fémina, contra su cuerpo y su mente que le gritaban "Bésala, marica" y se fue sin más.
-F-Feliz Navidad –escuchó a sus espaldas la voz de Hinata –N-Naruto-kun –y sonrió, esta vez alegre, por fin, había encontrado la forma de que esa chica sintiese lo mismo que él al estar cerca de ella, la formula era "No ser tan Naruto"
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-¿Estás bien? –Preguntó el pelirrojo, pero a Matsuri le dio la impresión de que alguien había presionado el botón "mute", pues sólo veía sus labios moverse –te vez muy roja…
-¿Y-Yo?... esto, yo… me, bien… estoy, yo… bien –atinó a decir.
Gaara miró los ojos ámbar de la chica frente a el, era bonita, sencilla y bonita, sencillamente bonita. Y al escuchar su respuesta balbuceada con un tono agudo pero casi musical, y notar el rubor que parecía pintado a propósito en sus mejillas un hormigueo recorrió su rostro, y un tirón se dio en la comisura de su boca. Una curva apareció en sus labios y sus ojos se llenaron de luz. Y Matsuri formó una perfecta "O" con la boca.
-G-Gaara-kun… ¡Está sonriendo! –El de ojos aguamarina soltó el rostro femenino y desvió la mirada al frente donde se contemplaba el paisaje –Oh, por kami ¡Está sonriendo! –y lo abrazó, o intentó hacerlo (porque sus brazos no lo abarcaban por completo).
Al sentir el contacto de la fémina Gaara dio un saltito. Sentía que la sangre se le iba a la cabeza y se acumulaba en sus mejillas. Le provocaba calor y hacía que le ardiera la cara, y aunque eso era lo que sentía, en realidad, todo se manifestó en forma de un leve sonrojo, casi invisible.
-Ga… ¡Gaara-kun! Estás rojo –lo apretujó aún más, como ignorando que Sabaku No se encontraba así por ella, porque así era, ella lo había puesto rojo –eso me hace feliz.
-Hn… -y aunque no lo dijo y desvió la mirada, escondiendo su "sonrojo" él se sintió igual, y no le importó que su "sonrisa" (que era una pequeñísima curva en la comisura de su boca) se diera a lucir frente a todos, porque así se sentía, feliz… feliz de estar con ella.
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-¡Buenas tardes bienvenidos a…! –Saludó el camarero a la pareja sentada en una mesa– ¡Oh! Tú otra vez –le sonrió a la castaña el apuesto mesero.
-S-si, yo otra vez. –Tenten sonrió, amable, dulce y tímida, y es que demonios, le encantaba ese tipo, de hecho, empezó a frecuentar el café "Lope" por ese camarero, y aunque sus amigas pasasen por alto el hecho de que siempre fueran atendidas por el mismo joven, Tenten siempre elegía la misma mesa a propósito. Neji frunció el ceño, más.
-Yo quiero un americano –interrumpió la "escena" de miradas entre el camarero y la diseñadora.
-Muy bien, ¿Y tu? –sonrió, otra vez a la oji chocolate y el de ojos opalina quiso darle un puñetazo en la cara.
-E-Estoy bien, gracias. –Se mordió el labio inferior, cosa que Hyüga notaba, era su costumbre.
-Bien, ahora regreso con su café –el chico se retiró. Un suspiró casi inaudible se oyó de los labios de Tenten.
-Tsk –la castaña salió de su ensoñación, y al ver el rostro… enojado, del Hyüga so sonrisa desapareció. – ¿Por qué le sonríes?
-Hmp ¿Qué te importa? –entrecerró los ojos.
-Tsk, serás grosera.
-Grosero tú, que me has arrastrado aquí a la fuerza –casi le gruñó la respuesta.
-¡Ah! Pero mira, si no te hubiera arrastrado aquí a la fuerza ahora no sonreirías como boba por ver al camarero ese… ¿Qué tanto le ves? ¿Ah? ¿Acaso te gusta? –dijo altanero. Tenten se puso colorada. Y Neji furioso, ese simple acto dio respuesta afirmativa a su pregunta.
-N-No es asunto tuyo –intentaba de todas las maneras posibles ocultar sus rojas mejillas –me largo de aquí –se levantó, pero la mano de Hyüga jalándola y sentándola nuevamente en su lugar se lo impidió.
-No, no, no, no, tu ahora me tienes que aclarar porqué creías que yo era… gay –dijo casi en un susurro lo último, cosa que causo un poco de gracia a la castaña.
-Are, are… –dijo resignada –es sólo que… lo creí obvio. Mira, eres modelo, no haces caso a ninguna chica mas que a tu prima, y un día te vi en una tienda de vestidos… supongo que… ¡Tu tuviste la culpa! Dabas señales que decían exactamente "Soy gay"
-Shhh… –el ojiperla se cercioró de que nadie hubiese escuchado. El mesero llegó con el café, lo colocó frente al castaño, sonrisas por aquí, sonrisas por allá y se retiró. Dejando a Tenten con una amplia sonrisa y a Neji con un entrecejo arrugado y la mandíbula apretada. – ¡Deja de mirarlo así!
-¡Are! ¿Y a ti que te importa? ¡¿Qué, acaso él te gusta también a ti?! ¡Lo vez, das todos los signos de un gay!
- ¡¿Y por qué a mí no me miras así?!
Silencio. Incomodo. Tenten entre abrió la boca. Neji apretó los labios y desvió la mirada. ¿Por qué? Pensó Tenten. Por una sencilla razón. Si lo mirará así, él le atraería, si le atraía lo conocería, si lo conocía se enamoraría, si se enamorara él le rompería el corazón o simplemente descubriría que en realidad él nunca sintió nada por ella, y ella no quería eso. Ella no quería que la historia de su vida amorosa fuese un ciclo interminable. Cuando conoció a aquél simpático camarero se dio cuenta de algo, ella volaba muy alto. Siempre se fijaba en el más guapo, o el más atlético, incluso en el más intelectual, por eso siempre salía rechazada, porque ella no era la "más…". Ella debía buscar a alguien como ella, alguien simple. Por eso, al ver al mesero de cabello castaño oscuro y ojos negros, con piel ni muy blanca ni muy bronceada y rasgos comunes, entendió que, si alguna vez se deshiciera de su timidez, esa relación si podía funcionar, porque ambos coincidían. En cambio, ¿Qué podría hacer ella junto a un modelo de larga cabellera castaña, cuerpo escultura, facciones atractivas y para rematar "el sello Hyüga"? Nada, nunca funcionaría, porque la mayoría de las relaciones se basaban el físico. Y no me vengan con que eso no es cierto, pues todos sabemos que las personas atractivas tienen relaciones afectivas (a veces sólo relaciones) con personas atractivas.
-Porque no coincidimos. –Fue su respuesta y Hyüga, ahora ya no con el sonrojo, la miró estupefacto.
-¿Lo dices por el dinero…? –Le preguntó. Ella rió, burlona. Si supiera que, a causa de que no tenía en quien gastar dinero, tenía una fuerte suma de ryös acumulados en el banco.
-No. Lo digo por el aspecto. –Concluyó. Neji la miraba de arriba abajo (o hasta donde la mesa se lo permitía, que era hasta sus senos, sintiéndose todo un pervertido), no era fea. Ojos grades color café oscuro, cabello castaño, un busto (por no decir tetas) bastante grandes, piel trigueña, nariz afilada, labios finos, pómulos normales y dientes ligera, casi imperceptiblemente chuecos. –Moe… –reprochó al verse observada –Que no te he pedido que me mirases tan lascivamente.
-Y-Yo no… –y el sonrojo llegó de nuevo a sus mejillas, y su lengua se trababa en cada palabra. Hyüga Neji se sentía estúpido. Él, el genio (por su gran intelecto que callaba a todos aquellos que decían el clásico "Los modelos son guapos, pero lo que tienen de belleza, les falta de cerebro") de su "agraciada" familia, nervioso por hablar con una chica que, primeramente le creyó homosexual y segundo, le rechazaba sin miramientos. – ¿A caso te refieres a que yo no…?
-¿Tú? –Tenten rió, nuevamente. Era ingenuo, y eso que lo creyó inteligentísimo – ¿De dónde sacas que tú eres "feo"? Por algo eres modelo ¿No? –Neji, aunque no lo dijo, se sintió aliviado –Mira –continuó, ahora ya más en confianza –yo no tengo un "90, 60, 90", yo no tengo la piel blanca como la leche, yo no tengo grandísimas tetas –se tocó el busto, estrujándolo, cosa que bien pudo causar una erección en Hyüga si no fuera porque se sabía controlarlas –yo no soy rubia o pelirroja o pelinegra, yo no tengo los ojos de color claro. Yo soy simple –mencionó, ahora con algo mas de tristeza –tuve complejos cuando adolescente, y ¿Sabes? Concluí en que no debo involucrarme con gente como tú.
-¿Cómo yo? –Hyüga oía intrigado cada palabra.
-Atractiva, que destaque en algo, –respondió –así que me dediqué a ver gente sencilla, amable, con amor para dar, como ese mesero. Pero ¿sabes? Lo más raro del asunto es que, traté a toda costa de evitar tener una relación más allá de trabajo contigo, y cuando me alejé de ti, tú te "interesaste" en mí. –La castaña no era tonta, y con esa mini escena de celos lo supo todo –Creo, Hyüga, que lo que tu ves en mí es mas un reto, como "La única chica que no te hizo caso" así que creo, que es una aberración a ti mismo. Y aunque me duela admitir –confesó –yo no te gusto.
Terminó de hablar. Se encogió de hombros. El castaño no se movía. Era como si esa chica vomitase la verdad.
-Toma tú café, o se pondrá más frío. –Aconsejó la ojichocolate. –Feliz Navidad. – Se levantó, y ahora sin ser detenida, se fue, se despidió, otra vez de la cajera y tomó el sendero a su casa.
Muchos la mirarían como una tonta. Rechazar a alguien apuesto, con dinero, joven. Pero ella lo prefería así, pues le dolería… no, la mataría el que algún día (si ellos estuviesen juntos) él se diera cuenta de que no siente nada por ella, ni siquiera atracción, y viera que sólo fue un reto, de hacer que la chica que lo ignoró se fijase en él.
Y ahí concluyó su historia con Hyüga Neji, modelo, intelectual, hombre con dinero, y poseedor de belleza. Nadie salió herido. Nadie se ilusionó demasiado. Todo acabó ahí. Neji conseguiría alguien muy guapa o alguien muy inteligente y culta. Tenten algún día saldría con el mesero. Y nada saldría fuera de lo normal.
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La pelirrosa abrió la puerta de roble. El frío le caló en los huesos. No tenía más ropa que el vestido de la noche anterior y así iría a la plaza a comprar ropa. Ya no traía el ordenado y elegante peinado, o la bisutería que adornaba su cuello y orejas, no. Sólo portaba el vestido como su única y original función, para cubrir su cuerpo. Vio como el azabache, como todo abogado buen mozo, vestía una camisa blanca, una gabardina carísima color negro, y unos pantalones vaqueros oscuros. Estaba ya esperándola a un lado de su veloz auto y al verla, sin más se introdujo como piloto.
Sakura tragó grueso, odiaba ese maldito auto, y eso que solo se había subido una vez. Abrió la puerta, se subió rígida, se colocó presurosa el cinturón de seguridad y se agarró del asiento. Sasuke notó la tensión (obvia) en su acompañante, pero ya que ella lo había hecho sufrir él igual la haría pagar.
Salieron a toda velocidad rumbo a la plaza. Sakura quería cerrar los ojos, pero al ver la arrogante sonrisa del azabache cada que reaccionaba cuando él pisaba el pedal, decidió no darle gusto y mostrarse valiente ante el pavor que tenía a las altas velocidades.
Llegaron al concurrido centro comercial, pero éste no era cualquiera, era uno con las tiendas más caras y exclusivas. Sakura formó una mueca de horror. Como toda mujer le gustaba la ropa, amaba la ropa, pero nunca le gustó ser ostentosa con respecto a ella.
-Entremos –ordenó/sugirió el hombre.
Cuando estuvieron adentro, Sakura se sintió como cuando estaban en la fiesta, fuera de su zona de comodidad. Entraron a la primera tienda que vieron.
-Buenas tardes, ¿Buscaban algo en especial? –enseguida los atendió una empleada.
-Ropa, mucha ropa para ella –dijo el hombre y enseguida la mujer de no más de treinta y cinco años miró de arriba a bajo (más nunca despectivamente, pues sabía que la chica era acompañante del imponente hombre) a Haruno.
-Sígueme, querida. –La pelirrosa, desconfiada volteó a ver a Uchiha, casi por instinto, éste sólo inclinó la cabeza a un lado, dando a entender que obedeciera. Las mujeres se internaron más en la tienda, el azabache las seguía desde lejos, muchas chicas y mujeres en la tienda le veían continuamente, pues era apuesto, muy apuesto. –Dime ¿Qué talla eres?
-En pantalones cuatro, en lo demás "S" –la mujer la miró, era bastante menuda.
-¿Y para que ocasión buscas ropa?
-Para todo… él cree que no me visto bien. –dijo en un mini puchero.
-Pues tienes un novio muy amable, mira que no cualquiera se ofrece el comprar un nuevo guardarropa a su chica. –sonrió y Sakura sólo se encogió de hombros –y… ¿A qué se dedica él? Digo, para saber que ropa debes usar tú.
-Es abogado. Pero yo no quiero utilizar ropa formal y aburrida, no va conmigo.
-Entiendo. –la empleada tomó barias blusas, pantalones, faldas, y playeras, suéteres, bufandas, bolsos y zapatos (y uno que otro conjunto de lencería), que Sakura notaba eran muy hermosos, divertidos y elegantes a la vez. –Pruébate estos. Te deberían quedar –tomó una blusa y la sobrepuso en el cuerpo de la joven, notando en su vientre un pequeño bulto que el vestido ocultaba – ¡Oh por dios! Niña tu estás… ¿Estás embarazada?
-Y-Yo… – se sonrojó un poco.
-Y… ¿El lo sabe? ¿Por qué es de él, no? –Sakura se quedó callada ¿Qué responder?
Miró a lo lejos a Sasuke, quien miraba desinteresado todo a su alrededor. Tal vez, en un mundo paralelo, donde Uchiha no fuera amargado y frío, dónde ella no se hubiera enamorado del tipo equivocado, donde Sasuke no fuera tan relativamente mayor, donde lo hubiera conocido por las razones y en el momento más indicado, tal vez, le gustaría decir que ese tipo, del cual a penas si conocía algo, era el padre de su bebé. Y lo supo. En ese momento, vivía en un mundo paralelo, una mentira, pero aún así la vivía. Un mundo donde era la prometida de Uchiha y para los demás eran una joven y "bonita" pareja.
–Sí –se animó a decir, olvidándose de la verdad –él es el padre, pero aún no lo sabe. Es… sorpresa.
-En ese caso, compra una o dos tallas más grandes, para que no lo note hasta que tú quieras.
Sakura asintió y se dirigió a los probadores (una vez escogió una talla más grande en todo). La empleada se acercó al azabache, llamando su atención.
-¿Quiere esperar en el área de los probadores? –Sasuke, quien quería decir "no", se vio obligado a decir "si". Lo condujeron a un sofá frente a los probadores, donde la empleada aseguró su "novia" se cambiaba.
Esperaba sentado, mirando la ropa, que en realidad le daba igual, mientras fuera de buena marca hasta la prenda más harapienta seria "adecuada". En el probador frente a él, en el pequeño espacio que quedaba del piso a la puerta, se distinguían los pies de la joven, tenía las uñas de color rojo. Se rió, por lo bajo. Por un momento pensó "de verdad escogí a la persona equivocada para meterme en éste lío".
Era claro que aquella (aunque ya estuviese esperando un hijo) era una niña… bueno, una adolescente. Una muchacha que seguramente aún fantaseaba con alguna estrella musical, y que pasaba horas al teléfono mientras se pintaba la uñas. Aún era una "chica" que seguía esperanzada en encontrar el verdadero amor.
Pero alto. Ella no podía ser así, ahora ya no. Ella había experimentado la pasión carnal con algún tipo. Así mismo había experimentado la decepción a causa de una persona. Un cobarde que la dejó sola. Ella, con cuerpo y facha de adolescente, tenía corazón y mente de una mujer.
Sonrió. Ahora deliraba en pensamientos absurdos ¿Desde cuando pensaba tan profundamente con respecto a una desconocida? Nunca. Tal vez fue la manera en que lo abofeteó en vez de corresponder aquél beso de la fiesta, o la manera en que sin temor ni respeto lo desafiaba cada que podía, tentando su suerte. No, sólo estaba aburrido. Si, sólo eso.
La verdad es que no estaría ahí si no fuese por la charla que tuvo esa mañana con su madre. Una charla muy difícil de olvidar…
Uchiha cerró furioso la puerta. Esa mocosa se las pagaría. Mira que adornar SU casa sin SU permiso.
-Y pensar que es mi "p-prometida" –gruñó, odiaba su maldito y perturbador tic con todo lo relacionado a una relación amorosa. Y ¡PUM! Su venganza calló del cielo.
Invitaría a su madre a "conocer" (por no decir celar a Sasuke, mirarla con odio, y hacer preguntas incómodas) a su prometida. Pero tenía que tener cuidado, pues esa era un arma de dos cuchillas. ¿Contarle o no contarle a su madre la verdad, que Haruno no era nada suyo en realidad, sólo era un tonto acuerdo, uno muy tonto pero útil? Si le contaba ella podría aconsejarle sobre como sobrepasar tan horrible situación. Y si no le contaba… bueno, eso acarrearía más problemas. Decidido, le contaría a su madre y de paso organizaría algún pretexto para que ella viniese a hacerle la noche imposible a Haruno.
Tomó el teléfono. Marcó. Esperó un momento.
"Residencia de Fugaku y Mikoto Uchiha" –respondió quien suponía era la sirvienta.
-Habla Sasuke. Comuníqueme con mi madre. –dijo, serio.
"Señorito Uchiha, su madre no se encuentra, pero su padre está aquí ¿Se lo comunico?" –preguntó. Tal vez, el explicarle todo a su madre esperaría un poco.
-Sí. –tardó unos instantes y del otro lado de la línea la gruesa voz de su padre se hizo presente.
-¿Sasuke, hijo?
-Padre –saludó –que bueno el oírte.
-Sí, aún no he muerto… –silencio –y… ¿A que se debe tu llamado, hijo?
-Por el motivo de la navidad y todo eso, he decidido hacer una "reunión" –pausó, el hombre del otro lado no dijo nada –esperaba que tu y mi madre nos acompañasen a mi y a… -dudó, ¿Le confesaría la verdad? –Mí "p-prometida" –pudo jurar el oír como su padre se atragantaba con su propia saliva –pero tranquilo padre que en verdad…,
-Sasuke, ¿Prometida? ¿Cómo pasó? ¿Cuándo? Yo, tu madre, hasta tu hermano –Sasuke gruñó internamente –creímos que no querías nada después de…
-Padre, no mal interpretes, lo cierto es que ella…, –Estaba dispuesto a explicar, pero su padre le interrumpía.
-No, no, no… ¿Qué me sucede? Es tú vida, Sasuke, no te debo pedir que me rindas cuentas. Sólo espero que ella sea "mejor" –Y al azabache menor le surgió una duda "¿Mejor?".
-¿A qué te refieres? –preguntó un poco enojado.
-Si, ya sabes hijo, desde hace tiempo tus novias han ido de mal en peor –Sasuke estaba seguro de algo, se sentía ofendido –no me quiero encontrar conque ahora te casas con una "donnadie". Con eso de que lo primero que buscas es el físico. En fin, ahí estaremos.
-Tranquilo, sé que te sorprenderá conocerla –estaba sumamente irritado, él no salía con "donnadies", aunque la actual "prometida" lo fuese, estaba impactado sobre la opinión de su padre con respecto a su gusto en mujeres –por cierto, el señor Wallas Duff nos acompañará. Es a las diez de la noche.
-¡Ah! Veo que te lo estás ganando… bien hijo, ahí estaremos.
Colgaron. Uchiha Sasuke se sentía ofendido a más no poder… le demostraría a su padre que estaba comprometido con una "donnadie" (aunque así lo fuese) la arreglaría como una muñeca si fuese necesario, pues en algún lugar de tan desabrida muchacha había belleza. Haría que su padre se arrepintiese de juzgar su gusto.
Y ahora estaba esperando en una tienda. A una muchacha "donnadie". Oyó el sonido de la puerta abriéndose. Volteó, desinteresado. Y la vio… no era fea, nada fea. Estaba vestida esplendorosamente, muy guapa y sofisticada… y lo supo, su padre se arrepentiría. Una blusa ajustada ligeramente al cuerpo en color blanco con adorno de flores y una falda a la cintura negra, zapatos de tacón y un collar llamativo.
La empleada se acercó y Sakura sonrió un tanto nerviosa.
-¡Se ve hermosa! Elegante… toda una dama sofisticada ¿No lo cree? –Sasuke sonrió de medio lado. Se enorgullecía de como las mujeres presentes le miraban con admiración y envidia, de la mala, de esa que secretamente le alimenta el ego a cualquiera. Sacó su abastecida cartera.
-Nos llevamos todo –dio su tarjeta. Y se puso en pie.
-¡¿T-Todo?! Uchi… digo, Sasuke-kun, aún no me he probado todo. –dijo intentando no irse de espaldas por tremenda cantidad de ropa. Sasuke se acercó a ella y rodeó su brazo por la estrecha cintura femenina, dándole un pequeño pellizco que nadie, más que Haruno, notó.
-Dije toda, Sakura. –la vendedora, complacida, llevó la ropa a embolsar. Esa pareja le había hecho el día.
Una vez salieron de la tienda cargando unas doce bolsas decidieron seguir entrando a más locales, comprando más ropa y "regalos" para dar en su "cena", después de unas horas, Sasuke dijo claramente "Es tarde… será mejor volver otro día" ¿Volver? Pensó Sakura. Toda esa ropa era suficiente por al menos medio año y el quería volver otro día. ¡Vaya! Eso de que los ricos despilfarran sin control parecía ser leyenda cierta.
Una vez la pesadilla con el auto comenzó nuevamente, decidió hacer algo que nunca pensó decirle a ese idiota amargado.
-Uchiha… gracias. –Susurró.
-Hmp… devuélveme el favor –Sakura le miró interrogante –impresiona a mi padre.
Haruno Sakura estuvo a punto de replicar… o pedir que le explicase. Pero él aceleró al ponerse de color verde el semáforo. Sakura se sujetó más fuerte al asiento. Ese idiota disfrutaba verla así, indefensa, asustada, sabiendo que de él dependía hacerla sentir mejor.
Más tarde 10:05 de la noche.
La casa estaba adornada más propiamente en un estilo más Navideños, con más adornos y más luces, había un árbol que Uchiha (fue obligado) mandó a comprar. El pino era enorme e inundaba el aire con un agradable olor, era decorado con luces y esferas caras. El señor Wallas había aparecido alrededor de las ocho de la tarde, trayendo consigo unos cuantos regalos. El azabache y la pelirrosa, al igual que le hombre de canosa cabellera, colocaron los regalos bajo el árbol. La mesa principal era adornada coloquialmente. El señor Duff lo describió como "una típica cena estadounidense, que me hace sentir como en casa", todo estaba preparado, el pavo, las ensaladas, los demás platillos y el vino. Todo.
El timbre sonó, y eran los invitados que "todo mundo esperaba", Fugaku y Mikoto Uchiha. El primero entró con una actitud relajada, al ver al pie de la escalera a una hermosa pelirrosa junto a su hijo se sorprendió, o no tanto, su hijo siempre se dejaba guiar por la apariencia, pero en actitud, cultura y personalidad era otro cuento. La mujer, al ver a su futura víctima/nuera, sonrió maléficamente, cosa que hizo sentir a Sakura pequeñita.
-¡Sasuke, mi amor! –Besó en la mejilla a su hijo –Y… ¿Tú eres? –preguntó. Estaba muy bien vestida, pero ella no se dejaba engañar.
-Haruno Sakura, es un verdadero honor conocerla –sonrió, y la mujer pelinegra no correspondió la sonrisa. Sakura estaba metida en una grande, y sabía que el azabache a su lado no la ayudaría, por el contrario, disfrutaría su sufrimiento. Pero no se rindió, mantuvo su sonrisa –bueno, es un honor conocerlos a ambos.
Silencio. La mujer trataba de apuñalar a su nuera/victima. El hombre sonreía despreocupado, aunque esa sonrisa parecía algo raro en su rostro. Sasuke gozaba de lo nerviosa que Haruno estaba. Y Haruno, Haruno trataba de no salir huyendo ante tan potente mirada.
-Buenas noches. –El señor americano salvó la situación. Saludó cordialmente a los Uchiha recién llegados.
Los tres hombres se arrimaron a un sillón de la estancia, en donde con una copa de licor en la mano, discutían asuntos de lo que tenían en común: las leyes. Para la pelirrosa era otra historia. Una vez estuvo sola con la mujer de azabache cabellera se sintió morir.
-Y… ¿Dime? –Comenzó su suegra/asesina –Tú y Sasuke ¿Cuánto hace que se conocen?
-Verá… –Sakura recordó algo que Sasuke le había comentado mientras estuvieron en la plaza "pase lo que pase, te pregunte lo que te pregunte, tu y yo no tuvimos nada "a-amoroso" hasta hace cinco meses…" –nos conocíamos de hace tiempo, unos cinco meses. En… un viaje que él tuvo a… Konoha.
-¡Oh! –Dijo la señora –si, recuerdo que comentó algo de una aldea en los límites de Japón con ese nombre.
-¡Si! –Se había salvado por casualidades del destino, pero era de imaginarse que el azabache bien ya había recorrido todo Japón –fue en una conferencia de la escritora… Mei Terumi –inventó, en realidad esa señora era la escrito de sus libros infantiles favoritos, pero se sentía confiada en ver que, de alguna manera, la señora le creía y esto le hacía ver interesante –Conocí a Sasuke, fue accidental yo… derramé un poco de té de limón sobre él –exceptuando que lo había conocido derramándole café pensó –él fue un caballero y no me reclamó. Le ayudé y comenzamos a charlar y…
-Querida, no sé de quien me hablas, pues te aseguro, ese no es mi Sasuke. –reprochó triunfante.
Demonios, esa mujer era muchísimo más astuta de lo que pensaba. Suspiró. Esto era como jugar al ajedrez, tenía que saber moverse hacia la reina.
-Perdón… creí que… -suspiró, una vez más –muy bien, pasó así, hace cinco meses –no puedo decirle que lo conocí hace poco menos de una semana –yo caminaba por la calle, distraída, pensando en mis asuntos, entonces choqué con Sasuke en la acera. Él me reclamó, yo le reclamé. Nos enojamos y cada quien siguió su camino. Días después me lo encontré en un ascensor –o algo así –Conversamos, ya con los humos bajos. Me conoció, le conocí. Y…
-Algo no me impresiona en tus palabras niña. ¿Qué buscas en él? ¿Dinero?
-No –dijo firme, aunque en realidad, así fuese, pues tenían un trato.
-¿Entonces? ¿Cómo te comprometiste con mi amargado Sasuke-kun?
Sakura recordó algo que oyó de su madre hace ya bastante tiempo "Lo que una madre busca en su nuera o nuero es sólo una cosa; que ame a su hijo" apretó los labios. Le dolía recordarla, pero ahora no era momento de estar triste. Acumuló todo ese amor que un día le tuvo a su madre, todo el amor que le tuvo a él, todo el amor que le tenía a la literatura, todo el amor que le tenía al club de diseñadoras para el cual trabajaba, el amor que le tenía a Sabaku No Temari, todo el amor que le tenía a su hijo no nato y buscó en su alma… el amor que le tenía a el desconocido Uchiha. Y habló o tal vez susurró, pues ni ella misma se creyó la verdad con la que sonaron sus palabras.
-Señora, amo a su hijo.
¡Anouuu! me emocioné, hice casi cinco mil palabras, que seguramente se completaran con lo siguiente: EEEEEN Fin gracias a:
DULCECITO311Creo que ni lo uno ni lo otro, será más, "te acepto, pero te sigo odiando" xDD Lo que no saben es que en mi historia Anko antes era parte del circo, era la que clavaba cuchillos alrededor de la asistente xDD mentira... o tal vez no .-.
Valeria16 Awww *_* gracias, me alagas :'33
Nada sólo es una madre sumamente celosa, nada fuera de lo común xDD
nancyclaudinec espero te guste x33
Mitchel0420 Vendetta, vendetta... D: jeje, gracias por comentar :)
anny uchiha 97 si, es tan añiii! pero, así lo quiero, burlón, malvado y vengativo :33
cerezo-angie Bienvenida, pronto sabrás quien es... x33 Gracia por leer.
Melisa xD Gracias por comentar, no, aún nadie lo sabe muajajajaj x33
Megan ¡Añi! gracias por seguir el fic :)
Y pues, gracias a todas, la quiero sensuales, espero sus comentarios x33
-Mary'
