Antes era feliz cuando tenía notificaciones de favs, follows o reviews, ahora siento que he perdido su amor :(

Pero superando la tristeza inicial traigo éste capítulo, que será considerablemente LARGO, así que recomiendo que lo lean en su tiempo libre y si en verdad no quieren hacer nada más en todo un día. Un capítulo más y será el fin.

Advertencia: el capítulo contiene sexo explícito, si no les gusta no lean.


Te amo

Dos semanas, justo como se los prometí.

Trasnochar dos o tres días seguidos, un sinfín de bebidas energéticas y tazas de café, tener que dividirme para mantener mi beca y estar colaborando con el doctor James en el laboratorio, leer y resumir una gran cantidad de páginas durante horas, y a veces teniendo que releer porque no mi comprensión y memoria estaban por los suelos.

Ahora gozo de los frutos de mi trabajo. La investigación fue un rotundo éxito, tanto que se logró publicar en casi veinte revistas de divulgación científica, y nos han pedido que vayamos a exponer todo el procedimiento y metodología casi por todo el país. Habría recibido un gran pago extra por participar en las ponencias, pero habría sido un desgaste físico increíble. Y no les he dedicado el debido tiempo a mis chicos, necesito mis dosis de ellos.

Apago el motor de mi viejo auto, el que papá decidió obsequiarme desde que estaba en McKinley. Tomo la enorme maleta del asiento trasero, al mirarla puedo sonreír ya que podré pasar cuatro días seguidos en su compañía. Bajo del auto y le dedico una mirada al vecindario, es un sitio bastante agradable pese a tener una reputación que a pocos les resultaría atractiva.

Me cuelgo la maleta en la espalda y veo a alguien salir del pórtico del edificio, con el celular atrapado entre el hombro y la oreja, arreglando unos papeles con la mano izquierda y con un termo en la mano derecha.

Me aproximo unos cuantos pasos, está tan abstraído en su conversación sobre una herencia que cuando choca contra mí los papeles se balancean en el aire y el café que había en el termo sale disparado contra su sexy atuendo. El celular logra salvarse de una caída, pero termina la llamada y comienza a ponerse rojo por la furia.

—Perfecto, lo que faltaba —trata de limpiar el saco negro con la mano y murmura por lo bajo—. Justo cuando mi día no podía irse más al diablo esto…

Los pocos segundos que le toma procesar que estoy frente a él lo separan de literalmente salta a mis brazos. Rodeo mis brazos en su cintura y pongo la cabeza en su cuello, inhalo profundo y mi mente se queda en blanco al percibir el aroma de su colonia, el suavizante de telas, y el jabón del baño.

—Estoy aquí —murmuro.

Me besa de un modo tan necesitado y suplicante de contacto que comienzo a sentirme mareado, me aferro con desesperación a su saco mientras sus manos se vuelven puños, tomando mi camiseta entre ellos y llevándose un poco de piel, haciéndome gruñir de dolor.

—Spens, ¿qué… haces… aquí…? —dice en los pequeños lapsos de segundos en los que logra apartar sus labios de los míos, por lo cual me hace gruñir—. Es viernes, deberías…

—Mace, no quiero… escuchar tu voz ahora… solo… bésame…

Me guiña un ojo antes de cerrar los ojos, lo sigo en su acción. Sus manos acunan mis mejillas, dejo la maleta en el suelo para que las mías se entrelacen en su espalda baja. Acerco su cuerpo completamente al mío y se ríe cuando su nariz choca con mi mejilla.

—¡Maricas! —grita un ciclista. Me pongo tenso y me aparto tan súbitamente de Mace que su beso termina en mi cuello.

—¡Vete al diablo, idiota!

El tipo se detiene antes de dar vuelta en la calle, se baja de la bicicleta y la arroja al suelo. Se acerca a paso apresurado, quitándose las protecciones de las rodillas y un par de lentes oscuros. Pongo a Mason en el suelo y lo hago a un lado.

—¿Tienes algún problema, marica? —dice, quitándose el casco y parándose a dos pasos de distancia de mí.

—Sí, bueno, algo así. Siempre he tenido un problema con idiotas como tú —tensa la mandíbula y me hace reír—. Así que dime, ¿cómo se llama la chica que seguramente te dijo que era demasiado gordo y que debías ejercitarte para poder siquiera estar cerca de ella?

Es sorprendente que cuando digo alguna tontería contra alguien puede ser cierta, como ahora. Mis palabras parecen desconcertarlo, pero su mirada de… no sé, ¿desprecio? sigue presente.

—No… no fue nadie, lo hago por mi salud —tensa los puños y se encoge de hombros.

—Claro, supongo que ella valora tu esfuerzo… aunque no me imagino cómo si está justo ahora en tu cama con tu mejor amigo.

El primer golpe vuela, me agacho y pasa sin problemas sobre mi cabeza, pero el segundo logra golpearme en un costado, no lo suficientemente fuerte para herirme.

—Cómo odio hacer esto, espero tener una mañana pronto —me lanzo hacia el frente y logro derribarlo, su espalda es lo primero en tocar el suelo, se contrae de dolor y comienza a hiperventilar—. Y quédate ahí.

Pateo su casco y lo golpea justo en la entrepierna, se doblega más de dolor y, si Mason no me mirara como si dijera 'es suficiente' estaría riéndome con ganas. Estiro la mano, sonríe ligeramente y la entrelaza con la mía.

—¿Por qué no me dijiste que llegarías antes? —dice cuando llegamos al pórtico, saca un par de llaves y abre la puerta.

—Quería sorprenderte —me besa en la mejilla tantas veces que no puedo contarlas.

—Lo hiciste, pero debiste habérmelo dicho —entro y él se queda afuera—, así habría pedido la mitad del día libre, y le habría dicho a Al que se quedara en el departamento contigo —su expresión de amargura es evidente.

—Puedo estar solo un par de horas —hace un ruido con la garganta y frunce los labios.

—El problema es que yo estaré fuera hasta muy tarde, y no tengo idea de la hora en la que Al regresará.

Lo beso de sorpresa, cierra los ojos lentamente y sus brazos rodean mi cabeza, suspira y me hace cosquillas en las mejillas. Me he perdido de tanto estando en esa investigación, tengo que aprovechar estos días de libertad.

—Siempre y cuando tenga un poco más de esto no me importa esperar.

Su teléfono comienza a sonar, obligándonos a separarnos. Mira la pantalla y por su expresión parece ser una llamada importante.

—¡Mierda, voy tarde! —Me entrega las llaves y me da un rápido beso en los labios—. No tengo tiempo de subir a cambiarme, ya sabes donde tengo mi reserva especial de galletas —me besa en la mejilla—. Te adoro, nos vemos más tarde.

—Mace, te a…

La puerta se cierra y me frustro por no haberlo dicho más rápido. Subo al departamento, en el segundo piso, y en el momento que pongo un pie adentro me siento completamente solo. Dejo caer la maleta y de repente pierdo todos mis ánimos por hacer cualquier cosa.

—Te amo, Mason, y te necesito ahora conmigo —le digo al vacío.

Un mensaje de texto llega a mi teléfono, lo leo y es de Alistair, diciendo que Mason le dijo que llegué antes, y que estaría desocupado hasta después de las diez de la noche. Gruño en voz alta y me muerdo el labio superior.

—El fin de semana que más estaba esperando no podría empezar peor—digo y miro la pantalla de nuevo—. Y también te echo de menos a ti.


Desde la investigación he estado haciendo un nuevo tipo de levantamiento de pesas, un pesado libro en mi mano izquierda y otro en la derecha, levantándolos hasta que puedo leer un fragmento de uno y del otro. Estoy seguro que hay mejores maneras para pasar el sábado.

Según el doctor James haciendo eso hay una posibilidad muy grande para que me vuelva psicótico, porque alterno lo que dice un texto y otro, que a fin de cuentas no tienen nada que ver. Uno es de Psicología Social y el otro sobre Neurociencias. Creo que tiene un tanto de razón, aunque estuve haciendo exactamente lo mismo para nuestra investigación.

—¿No crees que estudias demasiado? —pregunta Alistair, usando un nuevo ronroneo en su voz mientras habla. Su cabeza aparece sobre la mía y aparta el libro de Neurociencias, mirándome con esos brillantes ojos grises—. Debe ser muy aburrido.

—La verdad es que no, y prefiero eso a no hacer nada —respondo, dispuesto a discutir sobre su inesperada salida de la escuela—. No puedo creer que hayas decido abandonarla, ¿sabes cuántos aspirantes fueron rechazados para…?

Me besa. El apenas perceptible roce de sus labios es suficiente para que me olvide completamente de todo lo que estaba preparado para decirle.

Dejo caer los libros y adentro las manos en su largo cabello, lo beso con rudeza mientas rodea el sillón y se coloca a horcajadas sobre mí, tomo su camiseta y la lanzo sobre el florero que está cerca de mis pies. No recordaba que el cuerpo de Al fueran tan definido y ancho, fuerte; tan diferente a Mason pero igual de excitante.

—Eres todo un nerd —dice, tomando el dobladillo de mi camiseta y deshaciéndose de ella en segundos—. Pero eres el nerd más sexy con el que he estado.

Me muerdo el labio mientras su respiración y sus labios hacen cosquillas en mi cuello. Me pongo a pensar en que Al sabe lo que está haciendo, y sabe cómo obtener lo que quiere, mientras que yo he estado en abstinencia durante toda mi adolescencia y hasta ahora, porque no he querido intentar este paso con Mason por temor a que me rechace, de nuevo. Debería estar aquí, después de todo somos los tres en esto.

Se aparta y sus manos viajando por toda la parte superior de mi cuerpo me recuerdan a un sueño recurrente que he tenido desde hace dos semanas, en el que estamos haciendo exactamente lo mismo, pero los dos tocamos y disfrutamos del cuerpo desnudo de Mason, apresado entre los nuestros.

—¿Mason no debería estar aquí? —pregunto antes de que vuelva a besarme.

—Sí, supongo, si no estuviera trabajando, o lo que sea que haga los sábados —se inclina y me besa en la nariz—. Pero no creo que se moleste porque complazca tus necesidades.

Los dedos de su mano derecha juegan con la hebilla de mi cinturón, haciendo que me muerda el labio inferior con fuerza y me encoja en el sillón, frotando más su cadera contra la mía, por lo que sonríe y se inclina, muerde el lóbulo de mi oreja derecha y me pone la piel de gallina.

—Prometo ser cuidadoso.

Unos sonoros golpes en la puerta me impiden asentir con la cabeza a lo que acaba de decir, me salvan de acceder a algo que estoy seguro que lamentaría por un buen tiempo debido a que Mason no está con nosotros, me sentiría mal después de que la satisfacción de que ese gran momento haya sucedido empiece a desvanecerse.

Me levanto a la velocidad de la luz y me sobrepongo la camiseta. Avanzo a paso apresurado a la puerta y la abro. La señora Richards, la dulce anciana que vive en el primer piso, está del otro lado, frunciendo el ceño y con una carta que dice ÚLTIMO AVISO sellado en mayúsculas y con letras rojas.

—¿Interrumpo algo? —pregunta, tratando de mirar sobre mi hombro.

—Uh no, claro que no —respondo y cierro un poco la puerta—. Estaba por entrar a la ducha y…

—Qué hay, señora Richards —dice Al, pasando detrás de mí, lo sé porque su dedo traza una línea en mi espalda baja. Estoy completamente seguro de que decidió pasar caminando sin camiseta.

—Ducha, ¿verdad? —la señora Richards levanta las cejas y esboza una sonrisa.

—Sí —abro la puerta completamente y me reclino sobre ella—. Entonces, ¿último aviso, no? —señalo el sobre que sostiene en las manos, me lo entrega y su expresión ahora se convierte en una similar a cuando mamá me levantaba la voz.

—Ahora son adultos, muchachos, no pueden dejar que las cosas lleguen al último aviso —se acomoda los lentes en el puente de la nariz—. Mason estudia leyes, Alistair canta y tú… —le sonrío, ya que siempre lo olvida.

—Psicología, señora Richards.

—Eso. El punto es que entre los tres debería poder sacar las cosas salgan adelante, sin necesidad de que estas cosas lleguen cada mes.

—Sí, sí, lo entiendo señora Richards. Haremos lo posible para que no vuelva a repetirse.

—Y, si me permites inmiscuirme en tu vida romántica, creo que haces una mejor pareja con Mason —dice, haciéndome salir al pasillo.

—¿En verdad lo cree? —susurro.

—Totalmente, Alistair es un gran chico, pero no tu clase de chico —susurra de vuelta y frunce los labios—. ¿Puedo saber por qué decidieron ser tan libertinos con su relación?

—Podría decírselo pero prefiero que me tenga en un buen concepto —frunce más los labios y me pelliza una mejilla, cosa que detesto de sobremanera.

—Está bien, cariño, mejor me voy para que sigan haciendo lo que sea que estaban haciendo. ¡Y paguen esas cuentas!

—Sí, señora Richards.

Camina por el pasillo y baja las escaleras a paso lento, al ritmo que lo haría cualquier persona en sus ochenta años. Resoplo y miro el sobre en mis manos, es la cuenta de la luz. Mañana la pagaré.

Vuelvo a entrar al departamento, me pongo la camiseta y Al está en el sillón, con mi libro de Neurociencias en las manos, por cada hoja que va pasando sus ojos se agrandan más.

—¿En verdad entiendes todo esto? —asiento con la cabeza y resopla—. Qué aburrido, y la dulce señora Richards hizo que mi humor se fuera, mejor veamos una película.

Enciende la televisión mientras pongo mis enormes libros en la mesa del centro, Al cambia los canales hasta que Orgullo y Prejuicio se vuelve la película que vamos a ver. La película va a la mitad, pero también la he visto tantas veces que puedo decir exactamente lo que sucede antes. ¿Por qué no puedo ver una película de terror con ellos? Son mis favoritas, pero a ambos les aterran.

—Matthew Macfadyen es tan sexy que no me molestaría pasar una noche con él.

Ruedo los ojos y me dejo caer en el sillón, Al pone la cabeza en mi regazo y me pongo a jugar con su cabello, lo mismo que hago cuando Mason se coloca ahí. Miro mis libros en la mesa y pienso en los trabajos y los exámenes que tengo que preparar sobre ellos. Cierro los ojos y hago la cabeza hacia atrás. «Al diablo, son mis días libres».


Mason ha llegado a horas tan altas de la noche que apenas puedo verlo cuando ruedo sobre la cama y se acomoda entre Alistair y yo, o cuando es el primero en levantarse para asistir al buró de abogados en el que próximamente comenzará a trabajar.

—Diecinueve, veinte. Listo o no, allá voy.

Alistair tuvo la idea del juego más estúpido que se le pueda ocurrir, pero tengo que admitir que es bastante divertido. Le dio una variación al juego del escondite, el perdedor pierde una prenda de ropa, similar al póker de prendas. También, si logramos lanzarnos sobre la espalda del otro también cuenta como una perdida.

Es raro que esté buscándolo en el departamento en nada más que mi ropa interior, mientras que él solamente ha perdido su camiseta. No sé si yo apesto en el juego o si Al es una maestro en el arte de esconderse.

—¿Dónde estás, Al?

Escucho un ruido en la cocina, apresuro el paso y miro detrás de la barra, no está ahí. Miro debajo de la mesa y en la alacena vacía, tampoco está ahí. Otro ruido me hace ir a la sala de estar, la chimenea está encendida y una de las ventanas está abierta. Me quedo ahí parado y cuando salta sobre mí lo tomo por las piernas.

—¡Te atrapé! —me besa en el cuello, sonrío y comienzo a reírme—. ¿Sabes lo que eso significa?

Sus manos dejan de sujetar mi pecho y se colocan en el elástico de mi ropa interior, las puntas de sus dedos se deslizan dentro de la tela y de inmediato me pongo tenso, comienzo a pensar en muchas otras cosas que me distraigan de lo que intenta hacer y dejar que mi cuerpo se exprese.

—Voy a… —susurra en mi oreja, justo antes de que la puerta principal se abra y Mason entre, cerrando su paraguas y mirándonos con completa sorpresa.

—De acuerdo… —dice, cerrando la puerta detrás de él y colgando su saco en el perchero junto a ella—. Por eso siempre tienes que usar ropa extra, o eso es lo que yo hago —se ríe y le dedica una extraña expresión a Alistair, una expresión que no sé cómo llamarla.

—Llegaste justo a tiempo —Al baja de mi espalda y entra a la cocina—. Estaba a punto de ordenar una pizza para ustedes, porque tengo que salir.

—¿Otra vez? —pregunta Mace, dejando su portafolios dentro del armario junto a la puerta principal y siguiéndolo a la cocina—. Es la quinta vez esta semana, y sabes que no me gusta estar solo en el departamento.

—Trataré de no sentirme ofendido —digo, abrazando a Mason por detrás, sus manos se encuentran con las mías y puedo sentir que tiembla.

—Mejor ve a ponerte algo, está helando y podrías resfriarte —le doy un beso en la mejilla y lo suelto—. Ya sabes lo que me gusta en la pizza, Al.

—Claro que lo sé, Varsity Blues.

Salgo al pasillo y entro en la última puerta, 'mi habitación'. El departamento tiene tres habitaciones, dos de las cuales tienen un baño propio, una sala de estar, un cuarto de lavandería y una cocina bastante amplia. En verdad son afortunados de vivir en un sitio como este, mientras que mis compañeros de cuarto en Harvard con todos unos idiotas.

Aunque Mace y Al tienen un habitación propia, los tres dormimos en la amplia cama que está en la mía, donde también vemos los aburridos programas de a televisión o donde también tenemos largos torneos de videojuegos.

Abro la cajonera y me pongo la primera camiseta que encuentro, junto con pantalón que traía puesto antes de que el juego de Al comenzara. Me quedo descalzo y regreso a la cocina, Mason está concentrado en su teléfono y haciendo unas cuantas anotaciones en un pedazo de papel.

—Bien, nos vemos —dice Al, terminando la llamada. Le lanzo la camiseta que llevaba puesta y se la vuelve a poner encima.

—Dijiste que ibas a…

—Oh, yo le dije que no lo hiciera, yo puedo preparar algo.

—Eso me da una razón extra para irme —Mason sonríe y rueda los ojos por el comentario de Alistair. Me estoy perdiendo de algo.

Al sonríe y sale de la cocina, Mason y yo lo seguimos. Toma un rompevientos del armario, se lo pone y también toma un paraguas, se pone unas grandes botas negras de hule y abre la puerta.

—Volveré más tarde —dice, besándome y también a Mason.

Abre y cierra la puerta rápidamente, Mason suelta un suspiro y mis hombros se ponen tensos. Creí que todo había encontrado un mejor camino luego de que cancelé con Mason, en las videollamadas parecían llevarse mucho mejor, incluso cuando se besaban Mace sonreía. Debo darle un reconocimiento por su actuación.

—Muy bien Mason, ¿qué está pasando? —pregunto cuando ya no escucho los pasos de Al en el pasillo.

—Eres increíble —dice, frustración en la voz y evidente enojo contenido.

Apresura el paso a su habitación, se quita la corbata y los zapatos, soltando un suspiro de alivio. Guarda la corbata en un cajón y mete los zapatos en su armario, en el mismo orden casi obsesivo con el que ordena las cosas.

—¿Acaso no viste el modo como me habló? —dice, escribiendo en su teléfono y lanzándolo a la cama.

—Sí, pero no dije nada porque siempre te habla así, y tú nunca te quejas —truena la boca y gruñe.

—Yo… tú… ¡AH! —Le da una patada a la pared junto a él—. Carajo, sigues haciéndolo.

Sale de su habitación y se mete a la cocina, derribando todo lo que puede a su paso. Me reclino en el marco de la puerta y lo miro abrir y cerrar las puertas y cajones de muy mala gana.

—Mason, ¡ya basta! ¡Esto no puede seguir así! No he podido verlos en mucho tiempo, y cuando finalmente puedo hacerlo tú…

Gira la cabeza y me dedica una mirada tan fulminante que hago mi mayor esfuerzo para no encogerme de hombros. Se para detrás de la barra de la cocina, toma el azucarero de madera y me lo lanza, me agacho antes de que pueda asestar el golpe, y aprovecha para salir corriendo por el pasillo.

—¡Háblame! ¡Dime todo lo que te aqueja! ¡¿Dime qué hice esta vez?! —se detiene a medio camino, gira sobre los talones y me vuelve a mirar con desprecio en los ojos.

—¡Todo! ¡Ese es el problema! —Respira profundo y se desploma ahí, en medio del corredor—. ¡Quiero volver un día y saber que te tengo únicamente para mí! Me duele saber que cuando entro a la casa puedo verte en ropa interior, corriendo por el pasillo con Alistair en tu espalda, o como cuando los vi acurrucados en el sillón viendo Titanic. ¡TITANIC! Sabes que es mi favorita.

—Según recuerdo fuiste tú quien quiso que los tres estuviéramos juntos en una relación, ¿y ahora yo soy el malo? —se cruza de brazos y desvía la mirada, centrándola en las llamas de la chimenea.

—Desde que era un niño siempre me he preocupado por poner la felicidad de otros antes que la mía, porque si los demás son felices entonces yo también soy feliz.

—Pero no puedes pasar el resto de tu vida intentando hacer felices a los demás cuando en el fondo sabes que es algo incorrecto.

Se levanta y simplemente camina hasta que encuentra un baño. Antes de que pueda entrar con él cierra la puerta y le pone el pestillo. Me paso las manos por el cabello, que he permitido que crezca un poco, completamente frustrado y dispuesto a derribarla. Ya no tenemos diecisiete años para que se comporte así.

—Mace, no puedes escapar de los problemas ocultándote ahí dentro —pongo la cabeza contra la puerta y luego le doy un puñetazo—. ¡Abre la puerta, ahora!

Hasta ahora me pongo a pensar que nunca antes le había levantado la voz, y no creí que llegara un punto en el que me viera obligado a hacerlo.

—Déjame en paz, Spencer.

—Te dejaré en paz cuando me digas por qué hiciste algo de lo que te arrepientes desde el principio —se queda callado y eso no hace más que aumentar mi mal humor—. ¡Mason, te estoy hablando!

—Lo hice… —dice, apenas en un hilo de voz.

—¡¿Por qué lo…?! —antes de que pueda terminar la pregunta la puerta se abre a la velocidad de la luz, me empuja y choco contra la pared contraria. Un vano recuerdo de nuestro primer beso surge en mi memoria.

—¡Lo hice porque te amo!

Comienzan a resbalar lágrimas por sus mejillas, los sollozos no tardan en aparecer mientras da ligeros golpes en mi pecho, como si tratara de desahogar la frustración y el estrés que toda esta situación de la relación múltiple está produciéndole.

—Cuando me dijiste lo que ocurrió con Alistair supuse que estando los tres juntos podría lograr que fueras feliz, ya que así no tendrías que elegir entre alguno de los dos.

El primer beso que coloco en sus labios parece ser una obligación, tanto que no me produce ese agradable cosquilleo en el estómago y esa sensación de debilidad en las rodillas. Se siente más como algo que alguien haría después de haber metido la pata… cosa que he estado haciendo desde hace mucho tiempo…

El segundo beso es el que damos al mismo tiempo, los dos soltamos ligeros chillidos mientras nuestros labios se mueven sobre los del otro, implorando por contacto y deseando nunca apartarnos.

Te amo. Esas palabras han cosquilleado mi lengua desde hace mucho tiempo, suplicando por ser dichas para endulzar sus oídos, preparadas para expresar todo lo que mi corazón siente cuando lo tengo cerca, mostrarle que todo lo que hemos pasado ha sido lo suficientemente revolucionario para que no dude por un segundo todo lo que Mason representa para mí.

Lo tomo por la cintura y ambos comenzamos a deslizarnos sobre la pared y hasta el suelo. Lo levanto y sus piernas se colocan a horcajadas a mis costados, sus manos acunan mis mejillas y sus pulgares acarician mis pómulos. Lo sujeto con firmeza por la cintura y junto su cuerpo al mío.

Nos apartamos y nos miramos a los ojos, jadeamos con fuerza mientras tratamos de recuperar la cordura. Su frente se recarga sobre la mía y una sonrisa comienza a aparecer en sus labios, hinchados y rojos por la fricción con los míos.

—Desde el principio pude darme cuenta que nunca quisiste que esto fuera un hecho, jamás vi en ti ese entusiasmo por ver que esto realmente sucediera —digo, moviendo las manos a sus hombros.

—No quería compartirte, y pensar en que yo había tomado la decisión de darle a Alistair el privilegio de estar tan cerca de ti era un sufrimiento peor del que te puedas imaginar —se muerde el labio inferior y mueve los ojos de un lado al otro—. Pero sé que eres feliz así como estamos llevando las cosas, y voy a tratar de acostumbrarme, solo te pido que…

Lo interrumpo con un beso en el cuello, tan sorpresivo que hasta yo doy un ligero salto cuando la piel de esa zona vulnerable entra en contacto con mis labios. Al apartarme sus manos me toman por la cabeza, como si no quisiera que me moviera de ese lugar.

—Mace, no necesito que Alistair se una a nosotros para ser feliz —acomodo un mechón de cabello detrás de su oreja y pongo mi mano en su mejilla, cede a mi tacto—. Porque yo también te amo, y la única persona a quien quiero hacer feliz y que quiero que esté a mi lado eres tú.

—¿Podrías repetir esa parte? —me rio por lo bajo y lo miro directo a los ojos.

—Yo te…

La puerta principal se abre y Alistair entra, sacude sus botas en el marco de la puerta para quitarse el lodo. Se quita el rompevientos de plástico y lo deja arrumbado cerca de la puerta, la cierra detrás de él y por supuesto que lo primero que hace es mirarnos, a medio pasillo y sin que alguien sea capaz de separarnos.

Sonríe y se sienta en el suelo, juntando las piernas al pecho y golpeando las puntas de sus botas.

—Me voy por diez minutos y sucede esto.

Mason y yo lo miramos, su sonrisa y el hecho de que irradia amabilidad y comprensión son cosas que me alteran. Mis manos pasan a la espalda de Mason.

—Al, esto es más difícil para mí de lo que será para ti —asiente despacio y su sonrisa no desaparece, incluso suspira—. Al, voy…

—Vas a terminar conmigo —termina la oración, Mace se acerca más a mí, su cabeza en mi cuello y la mirada centrada el Al.

Él se levanta, se vuelve a poner el rompevientos y gira sobre los talones. No pierde la sonrisa por un segundo, de hecho parece que en ese pequeño lapso de tiempo se ensanchó un poco más.

—Para serles honesto siempre me sentí excluido, desde el principio he sido esa molesta tercera rueda de la cual los dos creen depender para continuar, pero soy más prescindible como la comida que Mason se esmera tanto en comprar.

Abre el pequeño armario junto a la puerta, de ahí saca una gran maleta negra y una mochila marrón. Se cuelga la mochila en los hombros y toma la maleta por el asa. « ¿Estaba listo para que una situación como esta le diera el permiso para marcharse?».

—Tengo que admitir que esta fue una experiencia increíble, de verdad. Nunca creí que en algún momento tendría dos novios a mi disposición, aunque uno viene a visitarnos de vez en cuando y el otro se la pasa molestándome todo el tiempo.

Suelta la maleta y camina hacia nosotros, toma a Mason por el cuello y le da un ligero beso en los labios. Hace lo mismo conmigo y ya es perceptible que se perdió el encanto que había entre nosotros, entre los tres.

—Me sorprende que te haya tomado tanto tiempo, Spencer —me mira a los ojos y acaricia mi nuca—. Tanto tiempo para darte cuenta que al único que en verdad amas y con quien quieres estar es con Mason, y sé que ese beso que me diste en el club fue para que me uniera, y te lo agradezco.

Se levanta y vuelve a tomar la maleta, abre la puerta y deja su par de llaves en el suelo mientras sujeta un paraguas que no había visto que llevaba.

—Sin resentimientos, estoy genuinamente feliz por ustedes —gira sobre los talones y veo algo diferente en su cordial expresión. ¿Está triste?—. Volveré por el resto de mis cosas en un par de días, cuando encuentre un lugar donde quedarme.

—Puedes quedarte… —dice Mace, pero de inmediato Al niega con la cabeza.

—No, ya no puedo. He dejado de encajar aquí, ahora solo se trata de ustedes dos —toma el pomo de la puerta y comienza a cerrarla. Suelto a Mace y ambos nos ponemos de pie.

—Alistair… —digo, apenas en un susurro.

—Nos veremos pronto… espero. Los quiero a ambos, y como en verdad lo hago entonces quiero que tengan su felicidad.

La puerta se cierra y escucho sus pasos alejándose, el sonido parece hacer un eco tan sonoro que me desconcierta. Me siento culpable por lo que acaba de decir Alistair, porque siempre intenté darle tiempo a ambos. Me vuelvo a deslizar en la pared y Mason se acurruca conmigo en el suelo.

—¿Te digo algo? —Dice mientras acaricio su espalda—. En verdad me siento mal por Alistair. Digo, después de tres años siempre se ha sentido excluido, y eso no está bien.

—Lo sé —detengo mi mano en su cabello y dejo que mis dedos se mezclen con el—. Yo…

Sus labios me interrumpen, me besa pero una parte de mí no quiere hacerlo. Mace se da cuenta de ello y se aparta, me mira con un gesto de completa preocupación pero con una tenue sonrisa tensándole las comisuras de los labios.

—Oh Spens, no estés triste, él tomó esa decisión.

—Pero Al, no es justo que… —me besa, y con ello logra que mi repentina tristeza comience a desaparecer.

—Todo estará bien, vamos a estar bien.

—Yo…

Su lengua entra en mi boca, masajea suavemente la mía y cierro los ojos, pongo las manos en su cintura e involuntariamente se adentran en su camiseta. Los ligeros gemidos que chocan contra mis labios, el modo en que su lengua vence a la mía y el movimiento de sus manos en la piel de mi estómago y en la línea de mis pantalones están diciéndome algo. ¿Será caso…?

—Llévame —susurra contra mi cuello. Un gemido sale de mi garganta antes de que me ponga de pie casi de un brinco.

—Ven aquí.

Lo levanto al estilo matrimonial, su cabeza se coloca en mi cuello, sigue besando un suave y lento camino mientras avanzo por el pasillo, haciendo un enorme esfuerzo para que no me tiemblen las rodillas.

Mason se encarga de abrir la puerta de mi habitación, la cierro con el pie y sigo caminando hasta la cama. Lo coloco ahí y toma mi camiseta, haciéndome caer entre sus piernas mientras retrocede hasta llegar a la cabecera.

Lo beso y de inmediato se vuelve una lucha por el dominio. Estoy a punto de vencerlo cuando sus manos se deslizan por mi espalda y llegan hasta mis pantalones, sujetando mi trasero con firmeza.

—Spencer… —susurra contra mis labios, abro los ojos y él también lo hace, jadeando—. Te necesito…

Han pasado tres años desde nuestro primer beso, desde que comenzamos a tomarnos de la mano en los pasillos, hablar sobre todo aquello que preferíamos mantener solo para nosotros; tres años desde que conocí al chico más asombroso, talentoso y guapo de todo el mundo. Y hasta ahora nunca hemos estado en la intimidad de la habitación, no después de que casi ocurre en Lima.

—¿Estás seguro? —pregunto, mirándolo a los ojos. Nos quedamos serios por un minuto, sus ojos viajan por toda la extensión de mi rostro y finalmente inclina la cabeza para besarme.

—Te amo, Spencer —su pulgar haciendo caricias en mi nuca y sus ojos, manteniendo un contacto firme y decidido, me dicen que en verdad quiere hacer esto. No puedo negarme.

—Y yo te amo a ti, Mason.

Nuestros labios se presionan y al mismo tiempo chocan, el afecto y salvajismo de nuestros deseos reflejado en ellos, la forma en que nuestros labios rozan y presionan los del otro muestran que nuestra represión se está acabando. Se ha acabado.

Logro separarme y eso hace que succione aire, lo beso en la mejilla y avanzo hasta la parte trasera de su oído derecho, comienzo a descender y con el primer obstáculo que me encuentro es con la camiseta formal de su traje.

Mason es la clase de chico que usa camisetas sin mangas debajo de la ropa, porque dice que lo hacen sudar mucho y que son incómodas, y nunca lo había agradecido tanto como ahora. Con cada botón que deshago le doy un beso, y por más abajo que llego más se arquea su cuerpo y gime con más fuerza.

Dibujo las ligeramente más definidas líneas en su cuerpo: sus hombros más ensanchados, los pectorales más trabajados, su estómago y unos cuantos músculos en el abdomen, el acelerado latido de su corazón y el veloz movimiento de su respiración.

—Eres… perfecto… —desvía la mirada y la centra en un punto de la ventana.

—Soy muy delgado, además…

—Mason, mírame —su cuello se pone rígido pero finalmente accede a dedicarme una tímida mirada—. Eres perfecto para mí —se sonroja violentamente, casi parece del tono de una cereza.

Me deshago de su cinturón y del botón de sus pantalones, los deslizo lentamente por sus muslos y eso parece exasperarlo, se contorsiona y gruñe ligeramente hasta que finalmente salen por sus pies y llegan al suelo. Su erección podría sacarme un ojo.

Se sienta y toma mi camiseta, le levanta y cuando estoy a punto de quitármela toma mis manos, trato de volver a ponérmela pero no me lo permite.

—Déjala ahí…

Me siento como un idiota con la cara cubierta, eso hasta que la primera presión de sus labios y su exhalación por la nariz me hacen arquear la espalda.

Mace besa lenta y hambrientamente mi cuello, comienza a descender mientras besa y lame mi pecho, sus labios encuentran mis pezones, los lame y muerde de un modo tan tímido que me tenso y gimo más alto.

Sigue descendiendo, besando y lamiendo, respirando profundo el aroma de mi piel, llega hasta mi ombligo y la punta de su lengua entra en ese agujero, mi reacción es un respingo violento y un gruñido gutural.

Deshace el botón de mis pantalones y me levanto para que pueda deslizarlos por mis piernas, lo arroja a los pies de la cama y sus manos se deslizan lentamente por mis muslos y por debajo de las perneras de mi ropa interior hasta que sus manos frías se juntan en mi miembro. Trago una gran bocanada de aire cuando mi ropa interior deja de estar en mi cintura y la veo caer al suelo.

Me lanzo al frente y me deshago también de su ajustado calzoncillo, uno de los que acostumbra a usar siempre, porque según él la ropa holgada es estorbosa.

Me quedo quieto un segundo, Mace no para de alternar la mirada entre nuestras ahora desnudas entrepiernas y a mis ojos, igual que yo. No me había dado cuenta que el tono verde que siempre me ha parecido tan único en sus ojos ahora está ensombrecido por sus grandes pupilas.

Dejo caer lentamente mi cadera sobre la suya, la sensación del cuerpo de otro chico desnudo debajo del mío es tan indescriptible que no puedo dejar de preguntarme qué hice para merecer el amor de alguien como Mason.

Mason toma nuestros miembros con su mano y cuando la cierra no podemos evitar que nuestro aliento choque con el del otro. Estamos experimentando las mismas sensaciones en el mismo momento… con la persona que amamos. Es así como deben ser esta clase de cosas.

Mientras se dedica a masturbarnos mutuamente yo estiro el brazo izquierdo y busco en la mesa de noche de Alistair un pequeño bote con lubricante que me dijo que tenía ahí para emergencias. Cuando lo encuentro aplico una cantidad abundante en mi dedo y trazo un círculo antes de insertarlo lentamente en él. Su cuerpo se contrae y en segundos se relaja.

—¿Pasa algo…? —pregunto, mirando su ceño fruncido.

—Estoy bien…

Introduzco un segundo dedo y su mueca de dolor aumenta, muevo mis dedos en un movimiento de tijera y eso lo hace gemir por lo bajo y que haga succiones de aire. Pongo un poco de lubricante en mi pulgar y lo deslizo sobre el frenillo de su miembro, se mueve descontroladamente y muerde una de las almohadas.

—¿Listo…? —se quita la almohada del rostro, jadea gime cada vez más profundo.

—Sí…

Se recuesta completamente, tomo sus rodillas y abro sus piernas, acaricio sus muslos y pongo las manos en su cintura

—Respira profundo y dime si quieres que me detenga —asiente con una mueca de dolor más evidente, aunque no hemos comenzado.

Pongo un poco más de lubricante sobre mi miembro, respiro profundo y comienzo a empujar lentamente mi cadera, a lo cual Mason responde arqueando la espalda y soltando ligeras exclamaciones de dolor. Lo beso en los labios y me muevo a su cuello, los gemidos entremezclados con dolor son una combinación extraña, pero logro entrar completamente.

Me quedo inmóvil un momento, Mace junta su frente a la mía. Jadea con los ojos cerrados mientras yo no dejo de pensar en la asombrosa sensación y en el hecho de que Mason me ama a tal grado que nos está permitiendo esto.

—Muévete… —gruñe, moviendo ligeramente la cadera.

Comienzo con un lento movimiento de adentro hacia afuera, sus uñas no tardan en encontrarse con los músculos de mi espalda, en la piel siento la fuerza con la que sus uñas se incrustan y se mueven en todas direcciones. De vez en cuando sus manos sujetan mi trasero y me acercan por completo a él.

Jadeo y gimo contra la piel de su cuello, muerdo y jalo ligeramente su labio inferior en cada ocasión que puedo, al igual que él lo hace conmigo. Con cada movimiento hacia adelante que hago libera gemidos y gruñidos, incluso susurra cosas sin sentido. Con cada movimiento hacia atrás parece quejarse, pero su semblante ya no es de dolor, sus cejas están un poco más relajadas y se muerde el labio inferior con éxtasis.

No dejo de acariciar en ninguno momento alguna parte de su cuerpo, de vez en cuando beso sus manos y él besa las mías. Su piel chocando contra la mía y el calor indescriptible de su cuerpo son una mezcla de sensaciones que es imposible que sea yo el afortunado en experimentarlo.

Me inclino de vez en cuando a besar sus labios, cuando no se está mordiendo, murmurando mi nombre o susurrando alguna que otra grosería, pero no deja de perder ese gemido de placer. Con mi pulgar sigo rozando su frenillo, sus paredes se estrechan a mí alrededor y ese acto alterno me lleva a mi límite.

—Spens… ah, se siente bien… —sus gemidos y sus palabras en mi cuello hacen que me sea imposible durar por mucho tiempo más—. Se siente bien…

Un escalofrío me recorre todo el cuerpo, mi cuerpo asciende de temperatura y todas mis terminaciones nerviosas han cobrado vida. «Estúpida virginidad» Cada choque de pieles perladas de sudor me vuelve loco, su respiración en mi cuello me hace gruñir, las incoherencias que musita me obligan a no detenerme nunca. Cada uno de mis pensamientos automáticamente se transforma en una manera abrupta de decirle a Mason todo lo que siento por él.

—Mason… Mason… —mis movimientos se vuelven más erráticos y profundos, Mason no deja de gemir y de moverse debajo de mí, su agarre a mi espalda se vuelve más fuerte.

—Hazlo… —susurra contra mis labios.

—¡Ma-…! —empujo mi cadera un poco más profundo con cada expulsión, una, dos, tres, cuatro; cada una llega con una nueva contracción de mi cuerpo y una ola de exquisito placer.

Ahogamos gemidos sobre los labios del otro, me desplomo sobre él y me atajan sus delgados brazos, los dos tratamos de recuperar la respiración y un tanto de la compostura, de nuestro sentido de racionalidad. Cuando mi erección se ha ido casi por completo me obligo a salir de él, Mace da un pequeño salto y cruza sus brazos sobre mi espalda, levanto la cabeza para mirarlo a los ojos, pero los tiene cerrados.

—L-lo siento… —abre lentamente los ojos y sus pupilas siguen abarcando casi todo el color de sus ojos—. No quería…

—Me habría ofendido si no lo hubieras hecho —la sensación de ardor no para, incluso parece incrementar. Contraigo los dedos de los pies para no gruñir—. Pero ahora necesito una ducha, ¿podrías…?

Lo levanto de la cama al mismo estilo matrimonial y entramos al baño de mi habitación, lo dejo tocar el suelo y es el primero pararse dentro de la ducha, me coloco detrás de él cuando el agua fría comienza a caer sobre nosotros, los dos damos un pequeño salto mientras el agua asciende lentamente de temperatura.

Suelta una muy ligera carcajada y me abraza, gira sobre los talones y hace que mis manos se queden en su pecho. Beso la parte trasera de su oreja y eso hace que se pare sobre la punta de los pies.

—Está… cayendo…

Se queda firme y miro hacia abajo, los apenas visibles caminos blancos bajan por sus muslos, sus pantorrillas y desaparecen por el desagüe mezclados con el agua. Cierra los ojos y es mi momento para volver a atacar.

—Mace… —susurro contra su cuello, lo empujo ligeramente contra la pared mientras voy besando un camino desde sus hombros y por su columna vertebral. Sus manos se vuelven puños contra los mosaicos y su respiración comienza a agitarse.

—No te detengas… —gime con la cara aplastada en los mosaicos.

Cierro los grifos para que el agua deje de correr, esa cuenta es de las más caras que reciben al mes. Llego a su espalda baja, le doy una ligera mordida a una de sus redondas nalgas y cuando da la vuelta su miembro completamente erecto me da una ligera bofetada.

Me río por lo bajo y por un momento observo lo que tengo enfrente: la punta y la piel que envuelve sus testículos es de un tono rosa similar al de algunas frutas maduras, el corto y oscuro vello púbico, del mismo tono que su cabello, contrasta perfectamente con el. Desde tan cerca puedo ver lo considerablemente grueso que es, lo lleno que está e incluso parece dar pequeños rebotes.

—No… no lo mires así… —trago con fuerza y levanto la vista.

Humedezco mis labios y hago que se siente en la orilla de la bañera, me arrodillo y lo tomo por la base, comienzo a mover la mano arriba y abajo mientras también acerco la cabeza.

—Spencer… no… no es necesario… —el modo en que su espalda se arquea y los gemidos en su voz me dicen todo lo contrario. Sus piernas tiemblan a mis costados mientras me acerco cada vez más.

—Quiero hacerlo… sólo… disfrútalo…

Acaricio su muslo derecho con mi mano libre, con la otra sigo masturbándolo y viendo cómo sus caderas se empujan más hacia el frente. Levanto la vista de nuevo y él tiene los ojos cerrados, pero sus expresiones son de completo éxtasis, su labio inferior tiene pequeños cortes, los sitios donde no ha dejado de morder.

—Spens…

Lo hago. Su miembro entra en mi boca y por acto reflejo trata de ponerse de pie pero resbala con el suelo de la bañera. Me quedo quieto un segundo hasta que se queda sentado por completo, y cuando hago el primer movimiento sus piernas se cierran, como una planta carnívora. Tomo sus rodillas y hago que se separen de tal modo que queden a mis lados, así no volverán a casi destruirme el cráneo.

Es muy… diferente. En sí nunca me había imaginado haciendo algo como esto, sintiendo que algo caliente entra y medio sale de mi boca, frotándose contra mi paladar y casi llegando a mi garganta, mi lengua jugando con él, los gemidos de placer de alguien más debidos a lo que hago, mis propios gemidos por intentar y hacer cosas nuevas por la persona que amo.

—¿Lo hago bien? —pregunto mientras le guiño un ojo y ensancho una sonrisa. Mi lengua se mueve en el frenillo, Mason contrae los dedos de los pies, se pone rígido y sigue buscando maneras de aferrarse a la realidad, a lo que estoy haciendo con él.

—No… pares…

Retomo mi labor, esta vez profundizo un poco más los movimientos, por lo que sus uñas se incrustan ligeramente en mi cabello, pero los gemidos no se detienen.

Sus caderas se mueven más al frente, buscando más fricción con la humedad de mi boca. Lo sujeto con fuerza para evitar que me produzca arcadas, pero se mueve con una fuerza que desconocía que poseyera.

—Spens… —dice, su voz es una mezcla entre gemidos y gruñidos que logran excitarme de nuevo—. Spens… voy a… estoy por…

Me muevo a más velocidad, sus manos toman mis mejillas pero las aparto, sujeta mis largos mechones de cabello pero no dejo de moverme. Las incoherencias y un grito con mi nombre preceden el momento de su orgasmo, su cuerpo se contrae una, dos, tres, cuatro, cinco veces.

Mi boca se llena de él, el líquido es tanto y con un sabor tan dulce que no dudo en tragarlo. Lamo la punta un poco más y comienzo a gemir más fuerte, Mason chilla mientras hace la cadera hacia atrás hasta que su erección se pierde por completo, cuando sale de mi boca experimento un nuevo tipo de vacío que no creí que llegaría a sentir.

Tomo profundas bocanadas de aire y una sonrisa aparece en mis labios cuando veo que el sonrojo que usualmente adorna sus mejillas ahora llega hasta sus hombros, también sonríe y algo nuevo y diferente brilla en sus ojos.

—Yo… uh, creí que podría durar un poco más… —«Bien, entonces el lindo sonrojo es porque está avergonzado».

—No importa… —le doy un beso a la punta otra vez y vuelve a juntar las piernas en mi cabeza.

Me río por lo bajo, acaricio sus hermosos muslos y doy un beso en ambos lados de su cadera, comienzo un camino ascendente por su abdomen, su estómago, su pecho, su clavícula y hasta su cuello, doy ligeras mordidas mientras sus manos vuelven a sujetar mi trasero y juntan mi completa erección contra su miembro semierecto.

—Te amo —dice, sujetándome por las mejillas y mirando mis ojos—. Pero no creas que vas a besarme después de eso, no quiero saber el que sabor tengo.

—¿Por qué? Es tan dulce que quiero un poco más —le guiño un ojo y mi mano da un ligero roce a su miembro medio erecto, se sonroja y agacha la cabeza.

—En verdad eres increíble —se ríe y me guiña un ojo.

Vuelve a abrir los grifos del agua, y volvemos a dar el salto cuando nos toca el agua fría. Esta vez, cuando está correctamente caliente, en verdad nos dedicamos a ducharnos, limpiando el cuerpo del otro, tocando, besando y acariciando zonas que han dejado de ser inexploradas. En el momento que me encargo de asear sus piernas no puedo evitar gemir por el contacto, y eso me hace pensar que quizá tenga una especie de fijación por ellas, pero no puedo evitarlo, son preciosas.

El único problema es que en ningún momento me dejó darle un beso en los labios, porque 'no quiere saber su sabor'.

Al momento de secar el cuerpo del otro no puedo evitar sentirme a cuando era un niño y necesitaba que alguien me ayudara a hacerlo. Cuando termino con él me da un beso en la mejilla y sale del baño, sus nalgas rebotan con cada paso y no puedo evitar morderme el labio con fuerza.

Me quedo un tiempo más dentro del baño, me cepillo los dientes dos veces y uso enjuague bucal otras dos veces. Me miro en el espejo y hay una ligera línea roja sobre mi hombro, le doy la espalda al espejo y ahora puedo ver los múltiples rasguños que tengo, unos cuantos sangran. Le resto importancia y miro el reflejo de mi rostro, algo parece haber cambiado en el último par de horas. No sé bien cómo llamar a ese cambio.

Cuando salgo lo veo acostado sobre la cama, media erección encima, con los ojos cerrados y trazando círculos con sus manos en su estómago. Me aproximo caminando sobre las puntas de los pies, me coloco a horcajadas sobre él, abre los ojos de inmediato y se incorpora sobre los codos, pero tengo que admitir que sentir al otro Mason debajo de mí despierta mis deseos de más.

—¿Quieres intentarlo? —trazo un círculo con mi cadera y se muerde el labio con tanta fuerza que la sangre le mancha un diente.

—N-no, Spens… e-estoy exhausto…

Sonrío y lo tomo por los hombros, rodamos sobre el colchón y ahora él queda a horcajadas sobre mí. Simula un movimiento profundo con la cadera y me hace gemir en el acto, se ríe por lo bajo y me mira sin perder su psicótica sonrisa.

Repaso en mi mente lo que acabamos de hacer, el hecho de que acabamos de perder nuestra virginidad y que hicimos el amor por primera vez. Pienso en este mismo momento en las películas que acostumbra ver, y siempre hay algo que lo vuelve mágico: caminos con pétalos de rosas, cenas a la luz de la luna, viajes en globos aerostáticos, cientos de velas encendidas, ropa despampanante en personas despampanantes. ¿Qué hice especial yo?

—Mace, ¿estás…? —antes de que pueda terminar la pregunta me besa en la frente.

—Fue perfecto, es la noche perfecta —acaricia mis pómulos y se le humedecen los ojos—. Porque estoy contigo, no necesito nada más.

Lo beso con cariño, lentas y suaves presiones contra sus desgastados y más que hinchados labios, me levanto y sus brazos rodean mi cabeza, aparta sus labios y besa todos los lugares posibles de mi rostro.

Se desploma sobre el lado derecho, gira sobre el colchón y se queda mirando por la ventana, la vista de mi habitación es la mejor: los altos edificios, el cielo nocturno y el brillo de la luna casi parecen convivir en un ecosistema perfecto. Me acerco y lo rodeo con los brazos, ambos suspiramos.

—¿Ya te dije lo mucho que te amo? —susurro en su oreja y le doy un beso, se encoge de hombros y suelta un suspiro. Cierra los ojos y sonríe.

—Puedes comenzar.

Comienzo una larga letanía con esas poderosas palabras, me siento relajado porque finalmente pude decirlas, y me fueron correspondidas… aunque él las haya dicho primero; estoy totalmente seguro al decirlas y de saber que voy a decirlas por un largo, largo tiempo… quizá por el resto de nuestras vidas.

Bostezo y me acomodo de tal forma que mi cabeza está sobre la suya, mi brazo izquierdo rodeando su cintura y recostado sobre el derecho. Cierro los ojos y la mano de Mason se entrelaza con la mía, se mueve un poco y entre sueños musita algo, algo que es mucho mejor que un 'buenas noches'.

—Te amo…