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El bar abría a las doce de la mañana. Por un momento, House pensó en estar allí desde primera hora, pero después decidió que iría a pasar la mañana a la playa y volvería al local a la hora acostumbrada.

A las seis entró y se sentó en su reservado. La camarera rubia se acercó al cabo de pocos minutos.

-Buenas tardes. ¿Una cerveza?
-Sí.
-De acuerdo-dijo la muchacha dándose la vuelta.
-Un momento. ¿Puedo hacerte una pregunta?-preguntó House en su tono más amable.
-Dígame.
-Estoy buscando a una mujer que se llama Lisa Cuddy.

La camarera lo miró extrañada durante unos segundos.

-Bueno, supongo que no la conoces-dijo House, casi dispuesto a resignarse.
-Está en la barra-contestó la rubia señalando en aquella dirección.

House le dio las gracias y esperó a que se marchase. ¿Cuándo demonios había entrado Cuddy? No había dejado de mirar hacia la puerta ni un solo minuto.

Se levantó y salió de su reservado para poder ver la barra en su totalidad.

Dos hombres en la esquina más cercana a la puerta. Una pareja de ancianos en el centro. Un chaval jugando con su iphone. Y una mujer de espaldas. Estaba en el extremo más alejado, el que daba a los servicios y a la puerta que conectaba la barra con la cocina. Pero no podía ser ella. Aquella mujer tenía el pelo teñido de rubio y era demasiado ancha de caderas. Si era Cuddy, había perdido mucho. Bueno, lo había perdido todo y eso que sólo la estaba viendo de espaldas.

La camarera morena salió de la cocina y se dirigió al centro de la barra pero él seguía concentrado en aquella mujer, haciendo todo lo posible por no sentir una gran desilusión. La piel de sus brazos estaba surcada por las manchas de la edad y parecía flácida.

Sabía que era patético sentirse así. Si lo que quería era disculparse, lo haría y punto. Daba igual el aspecto de la mujer. Cuddy había sido guapa, ya no lo era. No significaba que no se mereciese una disculpa y una explicación.

Giró la cabeza para mirar hacia la puerta. Necesitaba dejar de mirarla un instante para aclarar sus pensamientos.

Y entonces la vio.

La camarera…

Cuddy estaba sacando una cesta del lavavajillas y metiendo otra en su lugar, totalmente ajena al hombre que la observaba desde una esquina.

-Cóbrame, Lisa-dijo la mujer rubia a la que House había estado mirando unos segundos antes.

Cuddy seguía trabajando y, desde la distancia, él la observaba. Había cambiado mucho en los últimos años y, raramente, lo había hecho para bien.

Ahora tenía el pelo liso, por debajo de los hombros. Intentó recordarla con el pelo rizado pero esta nueva imagen de ella había tomado posesión de su mente y, simplemente, no pudo recordarla de otra manera.

Estaba más delgada y su cara se había estilizado. Vestía un uniforme completamente negro, exactamente igual al de la mesera que le había atendido.

Y era guapa. Muy guapa.

De repente sintió que la mente se le nublaba y tuvo que salir a la calle.

-Ey Lisa,-dijo la camarera rubia entrando en la barra-un tipo raro ha preguntado hace un momento por ti.
-¿Quién?
-Está sentado en el apartado de la esquina.
-Voy a ver qué quiere. Quédate un momento en la barra.
-Vale, no tengo a nadie en las mesas.

Cuddy salió de la barra. Desde allí no podía verse el interior del reservado, así que no le quedó más remedio que acercarse. Cuando se asomó, no vio a nadie.

-Pues se ha debido de marchar. El reservado está vacío-dijo volviendo a la barra-.¿Cómo era?
-Alto y cojo. Con ojos azules. Ha estado viniendo los tres últimos días y siempre se ha sentado en el mismo lugar, ¿no lo has visto?
-Pues no.

Cuddy intentó recordar a un hombre alto, cojo y con los ojos azules pero estaba casi segura de que no conocía a nadie así.