VIENTOS NOCTURNOS CAP 9

Estaba sentada sobre sus piernas y la espalda firme sobre un cojín con tal rectitud que podía sentir sus vertebras estirarse, junto a ella un arcoíris de cojines hechos de seda, de frente una mesa de cedro importado del continente Americano que conservaba aún el olor a madera fresca, sobre la mesa se encontraba una botella de Sake y una jarra de Té que ella misma había preparado, con dos tazas a juego de porcelana china, algo elegante dada la ocasión, le había expresado la Madame cuando le contó sobre la propuesta de Holter sobre estar a solas. Pese a su contrariedad Farath aceptó bajo la condición de que fuera muy discreta y que por supuesto no interviniera entre sus dos más acérrimos clientes. Algo de falso romanticismo le haría bien a la casa de Té.

Nerviosa, Misao estaba esperando el momento en que el dichoso extranjero entrara a la habitación, estaba repasando mentalmente una y otra vez las lecciones de Madame Farath: el coqueteo, las insinuaciones, las risas, los gestos. Todo un resumen de la sutileza femenina mezclada con sensualidad, debía admitir que se hallaba más nerviosa de lo que se hubiera imaginado pero no se permitiría ningún fallo, haría lo que fuese necesario sin sacrificar su integridad ("Eso espero" pensó) para facilitar aún más el gusto de Nicolás Holter hacia ella.

Se podía imaginar lo difícil que sería para cualquier cortesana estar expuesta a las caricias de algún hombre que no fuera de su agrado, admiraba la entereza que irradiaban sus compañeras, la falsa simpatía, la forzada extravagancia de sentir un tacto mal intencionado o no. Admiraba esa área, su dominio, del que cualquier cortesana de la casa de Té era capaz, era cálida contrarrestando la frivolidad masculina, el contraste que hacía frente al hombre carnal.

Y era eso lo que estaba aprendiendo, le ponía los pelos de punta con el hecho de pensar en que tan pronto tenía que hacer uso de esas habilidades recientemente adquiridas pero poco entrenadas. Si no fuera por la importancia de la misión y que ella sola se hecho la soga al cuello frente a su tutor peleando autoridad, se echaría a llorar.

Tenía la esperanza de saber controlar la situación, al menos se consolaba con saber que Holter no podía hacer "uso" de ella hasta su gran noche, pero tal vez eso no la exentaba de uno que otro manoseo o incluso peor que intentara besarla. Oh, esas nauseas regresaban a su boca con solo pensarlo.

Y fue así como lo vio entrar al hombre que requería sus atenciones. Llevaba un traje gris con camisa de igual color y un chaleco blanco a juego, desde su posición lo noto alto (aunque no tan alto como su Aoshi-sama), y observó sus ojos claros, con las características más gruesas de los extranjeros, pálidos con profundidad estructural pese a su constitución delgada.

Pudo sentir como se sentaba a su lado, con todo el peso de su cuerpo sobre el cojín, sin elegancia a diferencia de lo que le habían enseñado, pero con imposición masculina, le sonrió y ella se esforzó por sonreírle también.

-Misao-chan, te ves hermosa- le dijo.

-Gracias, Holter-san- le contestó la chica sin perder su posición rígida.

-Ya, Misao-Chan, no seas tímida, relájate, podemos ser amigos, ¿recuerdas?- le insistió.

-Lo siento, Holter-san- la ojiverde suspiró para sí. Es verdad ella tenía que dominar la situación ¿no es así?- ¿Me permite?- hizo una seña con la mano hacía ambas botellas en señal para que el hombre escogiera cuál delas dos era de su preferencia. Pero antes de que el hombre contestara continuo- Yo hice el Té especialmente para usted.

- Ah, entonces debo probarlo- contestó animado el hombre, mientras se acercaba más a ella, tratando de rozar el hombro de la chica con el suyo propio- Me encantaría probar todo lo que tú haces- le susurro sugerente.

Misao, se sonrojó pero no se intimidó. Con delicadeza como si de una danza se tratara sirvió el Té caliente, lo tomó con ambas manos y se lo ofreció al hombre en un gesto de sumisión. Que kami-sama la perdone, era demasiado. De repente se le vino a la mente las millones de veces que había hecho algo parecido con su Aoshi-sama, y el imaginarse las millones de veces más que lo seguiría haciendo mientras Dios se lo permita, le quitó el trago amargo de la situación. El tacto de su tutor lavaría las manchas. El extranjero tomó la taza con ambas manos también y al hacer esto inevitablemente rozó las manos de la chica, gesto que forzó el contacto más de lo debido unos segundos más mientras fijaba la mirada en ella. Por fin soltó sus manos y se llevó el Té a la boca, lo trago despacio.

- Está delicioso, Misao-chan, me imagino si serás buena cocinera también- se rio entusiasmado de la idea.

-Lo soy, de hecho- contestó la ojiverde más resuelta- ¿Le gustaría probar algunos de mis bocadillos después?- le invitó reclinándose un poco hacía él.

-Por supuesto- le guiñó el ojo- Me aseguraré de ello-

Misao le sonrió y estiró más el cuello fingiendo buscar algo en la mesa, lo que provocó que la piel blanca de su cuello y parte del hombro izquierdo quedara más expuesta hacía el terrorista. Extendió el brazo y tomó un plato extendido pequeño con un par de bocadillos. Los atrajo hacía sí y con mayor sutileza los ofreció al hombre.

-Estos no los hice yo, pero igual son deliciosos- le dijo. Al tiempo que tomaba uno con sus dedos y lo extendía hacia "su cliente". Gesto que sorprendió a Holter pero igual lo aceptó, tomó la mano de la chica y se la llevo hacia su boca mordiendo el bocado del panecillo rozando un poco los dedos de la pelinegra con sus labios, sintió el sabor dulce y se sintió mareado. Tal vez la chica lo hacía sentirse así, como si pudiera volar. Tomo otro mordisco y esta vez lamió los dedos de Misao. Esta sintió como si un pedazo de metal frio recorriera su brazo, pero no lo aparto. Por el contrario, con el dedo índice rozó la comisura labial del ojiclaro.

-Le quedó un poco aquí- le dijo y lo limpió, sutilmente.

-Misao-chan, sabía que había algo más en ti que me atraía, eres inocente, pero seductora- se rio el hombre. – En verdad me gustas- le reafirmó.

-Y usted a mi Holter-san- le contestó apresurada. Y le ofreció más Té. Éste lo bebió con calma pero solo en dos tragos. – Me gustaría saber más de usted, señor-

-No hay mucho que saber de mí, pequeña- le sonrió, volvió a sentir el mareo con una mezcla de euforia. La chica era hermosa, le atraía como ninguna mujer japonesa lo había hecho desde que pisó por primera vez la tierra nipona. Había estado con varias mujeres, una tras otra, americanas, europeas, incluso chinas, en su paso por aquellos países pero ninguna como aquella chica japonesa. Era irresistible ante sus ojos. Tal vez era la lujuria por lo que se estaba dejando dominar.

Y Confió

-Nacido en América, Washington, mi madre era granjera, mi padre un comerciante, de ahí aprendí el negocio familiar. Heredé joven el negocio de la familia, al morir mi padre, no hay diferencia entre él y yo, es sólo que yo expandí el negocio más allá de mi país, por eso estoy aquí, nunca me casé, las mujeres de mi país no son buen negocio- se rio- prefiero a las mujeres como tú- le dijo serio.

-Ah, ya veo, las prefiere cortesanas- le contestó inocentemente la chica, pero en tono de juego.

-Jajajaja- soltó la carcajada- Y además eres divertida. Pero me refería a que prefiero específicamente a alguien como tú, inocente, sin tanto veneno del mundo exterior- le dijo sincero.

-Me alegra, usted es muy amable, Holter-san- le sirvió más Té. El hombre volvió a tomarlo de prisa, esa cosa era adictiva.

De pronto se imaginó a la chica semidesnuda junto a él, se imaginó el suave tacto de su piel bajo su mano. Tal vez si todo el negocio sale bien, podría comprarla y llevársela de ahí. Sonrió para sí embelesado. Misao no apartaba la vista de él parecía estar esperando algo. Tal vez un beso, el pensamiento se le vino a la mente como si de un adolescente se tratara.

Se inclinó sobre ella y trato de rozarle los labios. Misao ante su pérdida de espacio personal, reaccionó de la mejor forma que pudo, puso sus manos sobre el pecho del hombre y lo sostuvo, pudo sentir el aliento del extranjero sobre su rostro, estaba por rozarle los labios, cuando por fin el hombre cerró los ojos y calló en su regazo. Misao se hizo para atrás y le sostuvo la cabeza. Sobre sus piernas, se fijó aún más en sus facciones. Debía admitir que era buen mozo. Pero no lo suficiente. Suspiró entre de mala gana y aliviada.

Recordó la conversación que tuvo con Aoshi una hora antes de entrar a la habitación, poco después de que Madame Farath le explicara la importancia de la discreción en el negocio y la autorizara estar con Holter sola. Estaban en otra habitación contigua a la del encuentro, amueblada de manera similar a donde estaba ella en ese momento, ahí su Aoshi-sama la esperaría o bien intervendría en caso estrictamente necesario.

No dejaba de mirar a su tutor, se veía tan hermoso, todo en él era elegancia, observó cómo en un acto sigiloso sacó un paquete de papel del interior de su saco negro y se lo extendió- Menos de una onza en el Té-

Misao lo tomó se lo llevó a la nariz y olfateo el paquete, antes de guardarlo en la manga de su kimono. - ¿Es la nueva droga que nuestros médicos están probando como suero de la verdad?- Aoshi asintió sin contestar, tan característico de él cuando se ponía en su papel.- Bueno supongo que debo usarlo, es más fácil usar el polvo que botella y media de sake, el extranjero es muy tolerante al alcohol. Cuando termine se lo haré saber, Aoshi-sama.- De nuevo éste solo asintió.

Misao se puso de pie, Se inclinó ante él como era la costumbre antes de salir de la habitación. Y le oyó decir antes de que alcanzara el soji.

-Ten cuidado-

-Hai- y salió.

Aoshi se encontraba en el punto de reunión, en la habitación contigua esperando no tener que entrar a matar al extranjero si éste ponía en riesgo la vida de su protegida. Pero por extraño que pareciera, debía confiar en Misao.

Confiaba en ella. Se daba cuenta.

Dada la situación, se había forzado a pensar en que tan sólo al imaginar que le arrebataran la presencia de la pelinegra, le ponía a hervir los nervios. Ese sentimiento de culpa, que llevaba consigo desde que regresó de lo de Shishio, se iba desvaneciendo poco a poco, si se sinceraba con el mismo, lo que le hacía si quiera levantarse al amanecer y esperar otro día, era la sonrisa de Misao. La ojiverde estaba entrando en su mente, desde hace mucho había roto el escudo de hielo que lo rodeaba, sólo ella podía logara ese cambio en él.

Todos lo notaron hasta Himura o el mismo Saito. Todos menos él… hasta ahora.

Ver la sonrisa de la chica era el último pensamiento de sus noches y el primero de sus días. Aun no se sentía del todo seguro, nunca hubiera imaginado tener ese tipo de sentimientos hacia la ojiverde, de esos que siente un Hombre hacia una mujer.

El amor de un hombre a una mujer, el amor hacia su Misao.

De repente todo hizo click, en su cabeza.

Terminando la misión tendría que aclarar muchas cosas con la autoproclamada Okashira. Y así él también se sacaría de dudas. Pero aún les faltaba mucho por aprender a ambos.

-"Bien, estimado amigo terrorista aquí vamos"- dijo Misao decidida antes de empezar su interrogatorio.

NDA: Por fin ya se sabrán los planes de esos malandros, y me aventure a entrar en los sentimientos de Aoshi, espero no estar tan fuera de contexto, pero siento que este es el punto medio perfecto para que Aoshi se dé cuenta de lo que realmente siente por Misao, quise salir de la rutina de que los celos fueran el despertar del cubo de hielo, si fueron un punto importante pero prefiero así a Aoshi analítico como él, incluso de sus demonios internos. Para mi Aoshi siempre ha amado a Misao y la manera justa es que se de cuenta por si solo.

Las quiero chicas.