Disclaimer: Quiero aclararles que, como todos sabemos, los personajes, lugares y el mundo maravilloso de magos sobre los que trata mi historia no son producto alguno de mi imaginación! Harry Potter es producto de JKR.
Hola a todos/as! Cómo están? Aquí llega un nuevo capítulo y espero me disculpen por la tardanza! Pero, para ser sincera, este momento es el primero en varios días en que puedo sentarme tranquila frente a la pc, para actualizar como Dios manda! Odio hacerlo a las apuradas, así que siempre espero tener algún momento (bastante extenso) libre, y esta última semana no me ayudó en nada! Pero, en fin, aquí he regresado! Como siempre, les agradezco infinitamente a quienes siguen mi historia, a quienes me tienen en favoritos, y a quienes se tomaron unos minutitos en dejarme un review! Gracias a Ryro, a Dani, a gray pussycat, a Euge, a Yo, a Candelaria (cómo no me voy a tomar la molestia de leer tu comentario! Es más, te agradezco de todo corazón que te tomes el tiempito de comentar cada capítulo! En serio, muchas gracias :) En cuanto a la historia, es larga, demasiado larga, así que espero que te guste leerla y te despeje un poco de los exámenes, en definitiva para eso escribo! Y en los próximos capítulos veremos a una Lily más rebelde que nunca :) Ah, casi me olvido, soy mujer! Jajaja, un beso grande!), a C.M.M.A, y a alissa-2012 (gracias por dejarme siempre tu opinión! Y sí, Parkinson se merece varios mocomurciélagos, y ya veremos si más adelante hay represalias! En cuanto al partido, en este capi vas a saber cómo realizan finalmente el plan, espero que te guste! Muchos besitos! :))
En fin, muchísimas gracias a todos/as :D
Nos vemos en el próximo capítulo!
Scorpius & Lily
Capítulo 9: Era Lily, simplemente Lily.
El día de partido se avecinaba. En realidad, sólo faltaba exactamente un día. Y, si debía decir la verdad, Lily se hallaba con los nervios de punta y extremadamente irritable. Tanto, que, en la clase doble de Encantamientos del miércoles, había hecho volar por los aires a Hugo cuando estaban practicando el hechizo levitatorio Wingardium Leviosa para los exámenes que se acercaban (dentro de unas semanas, antes de que tomaran las vacaciones por Navidad). Y aquello resultaba extraño, dado que ella había podido realizarlo en un segundo sin ninguna imperfección, en su primera clase.
Si bien su inquietud se debía principalmente a que jugaría al Quidditch frente a todo el colegio como nunca antes lo había hecho, tenía que admitir que el tan desarrollado plan de sus hermanos con el resto del equipo de Gryffindor, a estas alturas le estaba causando un poco, si podía decirse poco, de temor. Principalmente, al escuchar todas las oposiciones que había dado Rose cuando Lily, ya no aguantando más la carga que llevaba a cuestas, se lo había contado. Si bien, en un principio había aceptado sabiendo que era realmente buena jugando, (casi aún más que James), y se moría de ganas de hacerlo, no había podido disimular sus nervios de primeriza, en especial cuando estaría rompiendo "más de 150 reglas", como había dicho Rose, (por supuesto, su prima, conocía todas y cada una de los reglamentos de Hogwarts).
-Rose, ¿y si caigo de la escoba frente a todos?- le había cuestionado una tarde hacía apenas unos días, cuando estaban tomando un descanso entre clase y clase. -No es lo mismo que jugar en casa… Y, como yo supuestamente no voy a jugar, ¡no pude entrenar en ningún momento!-, completó observando a Rose con cara de nerviosismo. Y era verdad, no había entrenado para nada, porque James estaba fervientemente convencido de que, con lo mucho que había jugado con su familia durante años, no necesitaba ningún tipo de entrenamiento, y principalmente porque levantaría sospechas si se la veía en los campos volando porque sí, durante alguna noche. Y, dado que se encontraban en una situación un tanto delicada, no era para nada bueno dar un paso en falso.
-Lo peor de todo esto, no es que caigas de la escoba-, Rose la observaba tras un libro, repitiendo una vez más lo que venía diciendo desde que le había dicho todo sobre el plan, algo que, por supuesto, ni James ni el resto sabían. -Es más, juegas mejor que muchos… te he visto-, puntualizó ante la mirada irónica de su prima. -Yo estaría más preocupada por si los descubren, algo que es sumamente posible. Y peor aún, ¡que no termine el juego antes de que se acabe el efecto de la poción!
El efecto de la poción duraba tan sólo dos horas, o menos. Eso se lo había dicho Rose. Y, Lily, completamente enfurecida, había ido en busca de su hermano Albus (porque hasta ese momento, y hasta ahora inclusive, no pensaba dirigirle la palabra a James), exigiéndole que le explicara cómo era el funcionamiento exacto de la Poción Multijugos. Ya que, si bien ella algo de conocimiento tenía sobre ésta (dadas las incontables veces que su tío Ron, o su padre, habían hablado de sus propias experiencias utilizándola), no sabía con precisión todas sus propiedades, y no se había preocupado por conocerlas. Así que, ese día, Albus le contó que ellos estaban seguros que atraparía la Snitch antes de que aquellas dos horas, o menos, llegaran a su fin.
-¿Cuántas veces James consiguió la Snitch en menos de una o dos horas?-, le cuestionó Lily en ese momento, esperando que la respuesta fuese más positiva que negativa. Pero no obtuvo lo que buscaba. Albus la miró un tanto inquieto, pero decidió ser sincero con ella ya que, si iba a enfrentarse a posibilidades demasiado angostas de atrapar la Snitch tan rápido, mejor era que lo supiera, y que planteara su estrategia de juego en base a aquello.
-Yo creo que…- Albus se detuvo a contar exactamente todas las veces que recordaba a James atrapando la Snitch más rápido de lo normal. Lily observaba su cara mientras, impaciente, golpeaba su pie contra el sueño haciendo un ruido demasiado sonoro para la tranquilidad de su hermano. -Unas cinco veces. ¡Estoy seguro que fueron unas cinco veces!-, le contestó con una sonrisa.
-¿Estás demente?- le espetó, Lily acercando su rostro al de él para que notara sus ojos chispeantes a punto de largar llamas a través de sus pupilas, literalmente. Albus se alejó unos centímetros, sabiendo lo que vendría ahora (al fin de cuentas, Lily era igual a su madre cuando algo no le gustaba en absoluto: "rabiosa como un hombre lobo", decía siempre su padre. Éste los había visto de cerca, de MUY cerca, además, y tenía conocimiento en el tema, así que Albus estaba seguro que así debía ser). -¡De todas las veces que James jugó al Quidditch… sólo atrapó la Snitch 5 veces, 5 MISERABLES VECES, antes de la hora! ¡¿Y pretenden que yo, jugando por primera vez, pueda hacerlo?! ¡USTEDES ESTÁN DEMENTES!
-Lily, Lily…- su hermano intentaba ahora tranquilizarla, dado que había adquirido un tono bastante alarmante de rojo, y parecía que su rostro estaba a punto de explotar como miles y miles de naipes explosivos. Pero, la susodicha, no quería escucharlo para nada. Movía las manos frenéticamente y caminaba de un lado a otro, como si tuviera una escoba Tornado Imperial en sus pies, mirando hacia sus costados, buscando una forma exitosa de escapar de allí hasta que el tema del partido pasara, y nadie pudiera encontrarla, por supuesto. -Lily, todos jugamos una primera vez, y todos nos sentimos igual que tú. Sé que lo tuyo es diferente…- agregó ante la mirada furibunda que le envió su hermana, -porque, además de estar jugando por primera vez, te enfrentas a un tiempo límite y, si el plan sale mal, y nos descubren, todo sería un caos… Pero no hubiéramos confiado en ti, si no fuera porque sabemos que puedes hacerlo-. Finalizó Albus sonrientemente, intentando darle ánimos a como diera lugar.
-Qué reconfortables son tus palabras-, dijo con ironía Lily. Y, la verdad, era que no la habían ayudado absolutamente en nada. Porque, intentando darle ánimos, le había dicho que además de jugar por primera vez al Quidditch frente a cientos de personas, tenía un tiempo estimado para atrapar la Snitch, y si no llegaba a hacerlo, los descubrirían, los acribillarían y prácticamente estarían castigados de por vida.
Así que, el viernes en la cena, Lily se encontraba hecha un manojo de nervios. Y, es que, además de todo por lo que debería pasar al día siguiente, estaban los inútiles cánticos de los de Slytherin, que habían vuelto a crecer con ímpetu, y parecía que se habían reunido especialmente con sus diminutos cerebros a crear letras aún más estúpidas y sin sentido que las anteriores. No había dejado de escuchar sus asquerosos chillidos durante toda la semana, y esa noche habían aumentado considerablemente, pensando en que iban a ganar el partido del inicio de temporada, contra Gryffindor.
-Albus me contó que eres buenísima jugando-, aseguró Eva, tomando un poco de carne de cerdo con salsa de tomate, que había aparecido frente a ella. Su amiga también sabía acerca del plan, por orden de James, ya que había que encontrar alguien que la excusara frente a los demás por faltar el día del partido, y esa persona por decisión, había sido Eva. Ella estaba completamente segura de que Lily haría un papel excelente como buscadora, y de que nada saldría mal, siempre tan optimista, pensaba Lily cada vez que la sermoneaba. -Además, seamos sinceras… ¿qué es lo que tanto te da temor, Lily? ¡Si hace unos días estabas segura que lo harías a la perfección!
-Lo he pensado mejor-, aclaró bajando un poco la voz. Por aquellos días Lily había sido el centro de atención, y era mejor no arriesgarse a que las escucharan, y a que descubrieran todo antes incluso de que hubieran puesto en marcha el plan. -Y sé que puedo jugar, pero no he entrenado nada, Eva. NADA.
-En la clase de vuelo lo haces mejor que nadie-, puntualizó Eva, refutando los temores de su amiga.
-Sí, pero no es lo mismo que atrapar una Snitch en menos de dos horas, te lo aseguro-. Volvió a aclarar Lily. Si bien sabía que podría hacerlo, y se había dicho a sí misma que lo haría, por ella, para demostrar quién era, estaba muy consciente de todas las contras que aquel proyecto conllevaba. Y, también lo sabían Albus y el resto del equipo de Gryffindor, y Lily podía notarlo cada vez que se les acercaba a cuestionarle algo. La forma en que esquivaban sus preguntas o miraban hacia otros lados, como imaginando la respuesta menos dolorosa y realista, los delataba indiscutiblemente.
-¿No será que tienes miedo de que Malfoy atrape la Snitch antes que tú?-, le preguntó Eva como si nada, tomando un poco de jugo de calabaza. Al escuchar las palabras que había pronunciado su amiga, Lily prácticamente se atragantó con la porción de carne de cerdo que acababa de tragar. Comenzó a toser, tomando con las dos manos su garganta, atrayendo la mirada de varios Gryffindors que también habían ido a cenar más temprano de lo normal. -¡Lily! ¡Lily! ¿Te encuentras bien?- alarmada, Eva había comenzado a golpearle suavemente la espalda para que pudiera tragar el trozo de carne tranquila, ofreciéndole un vaso con jugo.
-¿Qué… tiene… que… ver… Malfoy…?- cuestionó Lily, mientras sorbía del vaso que le había ofrecido su amiga y tosía, a la vez. Su cara había adquirido un tono sonrosado como siempre que recordaba los ojos de Scorpius taladrándola con la mirada, la última vez que se había cruzado con él (aquella vez que había lanzado el hechizo de Mocomurciélagos a Parkinson) pero, para suerte de ella, Eva lo había confundido con el repentino incidente que había tenido con la porción de carne de cerdo.
-¿Cómo que tiene que ver? ¿Nadie te lo ha dicho?-, cuestionó asombrada su amiga. Notando que varios estudiantes las estaban observando aún un tanto curiosos, se acercó a Lily y le susurró al oído: -Malfoy fue seleccionado buscador del equipo de Slytherin el viernes de la semana pasada, en la última prueba.
Malfoy fue seleccionado buscador del equipo de Slytherin la semana pasada, la frase que Eva había pronunciado se repetían una y otra vez en su cerebro. ¿Cómo podía ser posible? ¿Scorpius Malfoy buscador de Slytherin? ¿Y nadie se lo había informado? Tampoco era que ella se había sentido tentada a averiguarlo, porque sinceramente prefería conocer a su adversario el día del partido, como le había dicho a Albus. Y, claro, seguramente por decir aquello, habían omitido decirle quien había sido seleccionado como su contrincante.
-Yo no… no lo sabía-. Lily ahora había adquirido una palidez que casi rozaba la transparencia, y contrastaba notablemente con el color rojo que tenía su rostro hacía tan sólo unos segundos. Estaba un tanto cohibida por aquel descubrimiento. Jugaría contra Malfoy, contra Scorpius, y realmente, ese particular hecho, no se lo esperaba, en absoluto.
Eva, bastante preocupada, pensó que hablar del tema del juego estaba afectando demasiado a su amiga. Así que, sonriéndole de forma tranquilizadora, le aconsejó: -¿No quieres ir a recostarte temprano? ¡Así mañana por la mañana te encuentras completamente renovada!
Para Lily, la voz de Eva sonaba lejana, como si ambas se encontraran a miles de metros de distancia. La observó, intentando comprender lo que había dicho, y con un gesto amargo, se levantó de la mesa de Gryffindor del Gran Comedor. -¿Me llevas unos pastelitos de chocolate?
Eva amplió su sonrisa al notar que su amiga, aún en el estado de intranquilidad y preocupación en el que se encontraba, no perdía ese apetito voraz tan propio de ellos (es decir, los Potter y los Weasley, como todos sabían, se trataba de un rasgo genético). -¡Claro! ¡Espérame despierta que, en cuanto lleguen los postres, tomaré unos cuantos e iré a compartirlos contigo!
Lily le había devuelto la sonrisa, aunque muy efímeramente y, con pesadez, se había alejado de la mesa del Gran Comedor, pensando en lo que había descubierto aquella noche. No sólo jugaría por primera vez sin haber entrenado, no sólo sería contra Slytherin (el adversario principal de Gryffindor en relación al Quidditch), y no sólo debería arriesgar todos sus años de estudio en aquel plan que de un momento a otro podría salir mal; sino que también, (y parecía que la suerte no estaba de su lado), debía enfrentarse a Scorpius Malfoy. Como si fuera necesario agregar un ingrediente más a su lista de problemas. Porque, como ya había dicho, Lily pondría lo mejor de sí misma, y jugaría bien, tan bien como sabía que lo hacía, y hasta mejor incluso que muchos. Pero eso no quitaba que se sintiera preocupada por todo lo demás (que era una carga bastante pesada). Y, ahora, la mayor de sus preocupaciones, era que Malfoy estaría ahí para perturbarla como lo hacía cada vez que lo veía. Y estaba segura que lo haría, aún sin tener idea de eso.
Esa noche, Lily se miró al espejo y lo que encontró fue una mirada decidida, pero temerosa. Y, estaba bien, nadie dijo que no debía tener miedo. Se enfrentaría a Slytherin, y llevaría a cabo el plan. Porque, como todos los de su equipo le habían dicho, estaba sólo en sus manos ganar. Y ella lo haría, ganaría. Se enfrentaría a Malfoy, y olvidaría quién era él, y quién era ella. Al fin de cuentas, ella sería otra persona, y eso podía jugar a su favor. Así que, observando su reflejo en el espejo una vez más, se aseguró que lo haría bien, más que bien, excelente. Y demostraría quién era. Frente a James, frente a Malfoy (aunque él no tenía conocimiento de nada), frente a todo el colegio. Tenía miedo, sí. Pero más allá de eso, era astuta, sagaz y ambiciosa. Una Slytherin orgullosa. Y, en ese momento, se dio cuenta que estaba inmensamente feliz de serlo. Usaría sus miedos y debilidades a su favor, así como sus certezas y seguridades. El único resultado posible era la victoria. Y lo lograría, sin ninguna duda.
-Bebes la poción, sales de aquí como si nada, y me esperas en el hall de entrada con la escoba de James, ¿está claro?
Lily observaba a su hermano mientras se colocaba el uniforme que pertenecía al equipo de Quidditch de Gryffindor: una túnica de color escarlata, adornada con líneas doradas, que llevaba en la parte trasera su apellido en letras negras. Ella también ya tenía puesto ese mismo uniforme (sólo que éste tenía el apellido de Matt en la espalda), aunque le quedaba extremadamente grande, tanto de largo como de ancho. Albus se sentó en su cama, y se colocó las botas de cuero y las rodilleras, un tanto apresurado, ya que en aproximadamente media hora sería el comienzo del primer partido de la temporada de Quidditch de Hogwarts.
Se giró para mirarla detenidamente una vez más. Se notaba un poco pálido y sus movimientos eran intranquilos, pero seguramente todos los del equipo estarían igual que él. Y, tenían toda la razón de estarlo, dado que dentro de unos minutos estarían rompiendo más reglas de las que sus padres y sus abuelos habían roto en todos sus años escolares. -Eso es todo lo que tienes que hacer, Lily- le dijo con una media sonrisa. Volvió la vista hacia Matt, quien se encontraba en el mismo estado que él, sentado en su cama, con la capa de invisibilidad entre sus manos. -Tú también ya lo sabes. Esperas a que termine el partido, te colocas la capa y, cuando Rose te de salida por el retrato, te diriges hacia el campo, ¿está claro?
-Sí, no tengo nada que hacer, sólo esperar-. Respondió el aludido con voz temblorosa.
Ese era, en definitiva, el plan que estaría puesto en marcha en tan sólo segundos. Lily saldría con el aspecto de Matt del cuarto de los chicos de tercero, llevando la escoba de su hermano James, una Saeta de Fuego. Eva seguramente ya la habría excusado con el resto de sus compañeras, diciendo que se encontraba un poco enferma, dada la situación que enfrentaba (la mayoría de los de Gryffindor la culpaban porque James no podría jugar y, del otro lado, los de Slytherin le agradecían por haber corrido con su hermanito mayor y guardaespaldas para que la defendiese de Malfoy). Si todo salía bien, si increíblemente los dados estaban de su favor, si podía ser casualidad que una botella entera de Felix Felicis los bañara enteramente, y Lily atrapaba la Snitch antes que el tiempo límite de la Poción Multijugos llegara, Matt debía salir del cuarto de chicos con la capa de invisibilidad, heredara de Harry Potter, (o más bien robada), y esperar por Rose (a la cual finalmente habían incluido en el plan, porque necesitaban de su inteligencia para que todo saliera a la perfección), quien volvería a la Sala Común de los leones cuando el partido finalizase, para darle paso por el retrato de la Dama Gorda.
Albus los analizó una vez más y, moviendo la cabeza en un gesto afirmativo, salió del cuarto sin decir nada más. Lily, en ese momento, observó la botellita plateada que tenía en la mano. La Poción Multijugos mostraba una apariencia suave, de color verde, y con un intenso olor mentolado. Según le había dicho su prima Rose, la poción tenía, en un principio, un aspecto parecido al barro, con una textura un tanto espesa, algo que ella había podido comprobar cuando Albus le había entregado la botella, esa misma mañana. Pero, en el instante en que colocaron un cabello de Matt (porque, como todos sabían, se necesita, como último ingrediente, algo de la persona en la que se quiera transformar), inmediatamente la poción cambio de color y de forma, adquiriendo ese aroma a menta que a Lily le llenaba los pulmones. "Reacciona diferente según la esencia de cada persona", había dicho Rose, y Lily pensó que Matt no podía ser tan malo, si su poción parecía tan sabrosa.
-¡A tu salud!- exclamó Lily observando a Matt, quien le devolvió una mirada expectante. Como supuso, en el primer instante en que bebió la poción un sabor increíblemente mentolado se añadió a su cuerpo, y aunque no podía creerlo, a su piel. Se sentía rodeada de aquello, fuese lo que fuese. Comenzó a sentir como sus brazos y piernas se alargaban rápidamente, y como su tronco se extendía cada vez más, alcanzando una altura mucho mayor a la que ella estaba acostumbrada.
-No puedo creerlo…- escuchó que decía Matt en un susurro. Lily, entonces, se giró hacia el espejo, y el reflejo que le llegó era completamente distinto al que estaba acostumbrada. Era, desde arriba hacia abajo, un calco de Matthew Sandler. Ahora, el uniforme, que anteriormente le había quedado demasiado grande para su pequeña contextura, le sentaba genial, y estaba muy cómoda en él. Su cabello se había acortado muchísimos centímetros y tenía un color rubio oscuro. Lily llevó la mano hacia su cabeza, y comprobó que era liso y agradable al tacto. Se acercó un poco al espejo, y contempló los ojos verdes que ahora portaba, tan brillantes como los de su verdadero dueño.
-¿Listo para el show?- le preguntó Lily con una sonrisa de oreja a oreja. La verdad, si tenía que decirlo, ser otra persona la desligaba de muchos de los miedos que la habían atormentado durante aquellos días. Sentía que podía hacerlo, que lograría atrapar la Snitch en menos de lo que todos esperaban. Vencería a Slytherin. Y dejaría a todos con la boca abierta de par en par, por su actuación (o la de Matt, para la mayoría).
-Demuéstrales quién eres- le devolvió su gemelo, dándole un pequeño abrazo de despedida. -O más bien, ¡quién soy yo!- concluyó con una carcajada. Lily, guiñando un ojo, abrió la puerta y, sin decir nada más, se marchó. Será un día que jamás olvidaré, pensó mientras caminaba hacia la salida de la Sala Común, a esperar a su hermano en el hall de entrada, tal como le había dicho. Y, jamás lo olvidaría, de hecho.
Lily (con la apariencia de Matt) junto con el resto del equipo de Gryffindor, ya se encontraba en los vestidores. Sólo quedaban cinco minutos para que ingresaran al campo de juego. Estaban también James, que era el capitán; Albus, quien era cazador, junto a Louis y Dominique; Victorie, quien era guardiana; y los dos bateadores, que eran dos chicos de sexto que su hermano Albus los había presentado en el hall como Andy Pherson y Edmond Williams. El primero, era alto, delgaducho y encorvado. Llevaba el pelo negro recogido en una coleta, algo que a Lily le hizo recordar a su tío Bill. El segundo era completamente lo opuesto a su compañero, bajito y bastante regordete, y llevaba el pelo rubio tan pero tan cortito que apenas se le notaba. Cuando los había visto en el hall, no parecían muy habilidosos en la hazaña de ser bateadores en Quidditch. Pero Albus, adivinando sus pensamientos, le dijo que esperara a verlos en acción.
Ahora, sentada entre ellos siete, Lily se sentía más inhibida que nunca. Sus manos estaban temblorosas y transpiradas. Afuera, se oían los gritos y cánticos, tanto de los simpatizantes de Slytherin, como de Gryffindor y, por suerte para Lily, eran completamente inentendibles, dado que eran tantas las personas que habían asistido, que sus voces se mezclaban entre el excesivo griterío.
-Bueno, ya saben lo que deben hacer- James, como capitán, se había parado frente a todos, con la postura rígida. -Saben cómo juegan los de Slytherin. Así que, nuestra prioridad es defendernos entre nosotros, y en especial a Matt-. En ese momento, todos se giraron para observarla. Lily, a través del rostro de Matt, intentó devolverles una sonrisa con gesto de seguridad, pero lo único que pudo formar fue una mueca un tanto nerviosa. Se movió en su asiento, inquieta, cuando James volvió a hablar. -Matt-, James pronunció el nombre de su amigo, pero Lily sabía que le estaba hablando sólo a ella. -Tú juegas bien, sino ninguno de nosotros habría confiado en ti. Intenta hacer lo mejor que puedas durante dos horas. Si llega a pasar el tiempo, y notas que el efecto termina y aún no has atrapado la Snitch-, al decir esto James disminuyó extremadamente el volumen de su voz, tanto, que Lily tuvo que esforzarse para escucharlo, -desapareces del partido. Él (haciendo referencia a Matt), te estará esperando en el lugar pactado. E irá a la enfermería porque se sentirá un poco mareado. ¿Todo está claro?-, finalizó mirándola detenidamente.
-Sí-, respondió Lily y, al instante, notó que había hablado con su voz, no con un timbre más bajo, simulando el de Matt. -Disculpa, aún se me olvida que la voz no cambia-, añadió con un tono de amargura.
-Está bien, aquí no es problema-, acotó Albus, dándole una palmada en el hombro, como forma de brindarle apoyo. -Intenta no hablar mucho durante el juego, y listo.
Cuando Albus terminó de decir aquello, se oyó un sonido agudo que provenía del exterior. Era Madam Hooch, la profesora de vuelo y árbitro de los partidos de Quidditch, que avisaba a los equipos que debían abandonar los vestidores y dirigirse al campo de juego. Lily, entonces, se puso de pie de inmediato y, seguida de Dominique y Victorie, las cuales le susurraron palabras de aliento, caminó junto a los demás con paso decidido, (o intentarlo aparentarlo).
Un segundo después, Lily divisó el campo de Quidditch como nunca antes lo había visto. Las tribunas, que tenían una altura extraordinaria, estaban repletas de estudiantes que vestían colores en representación de sus equipos. Unos iban de escarlata y dorado y, otros, de verde y plata. Decenas de banderas con distintas frases colgaban desde los muros. Habían algunas que decían cosas como "los leones mandan", y otras, obviamente pertenecientes a las serpientes, en las cuales se podía leer "Gryffindor apesta". Lily también notó que muchos de los alumnos llevaban binoculares de diversos tamaños, seguro para poder observar las jugadas a través de grandes distancias.
A lo lejos, vio a Madam Hooch, acercándose con una caja de madera oscura, con ribetes dorados, bajo su brazo derecho, y la escoba en la otra mano, cuando un reflejo momentáneo la distrajo. Era el sol que se asomaba tímidamente entre las nubes, impactando en el cabello de Scorpius Malfoy. Lily no se había dado cuenta de su cercanía, hasta ese instante. Su cara estaba tensa, pero no mostraba ninguna señal de inquietud o nerviosismo. Sus ojos, de ese gris pálido que Lily tanto admiraba, parecían concentrados y enfocados en algo, tal vez una meta, tal vez atrapar la Snitch y ganar el partido. A su lado, se encontraba Parkinson, quien llevaba una sonrisa socarrona, mientras saludaba a sus admiradoras (obviamente todas de Slytherin), que lo aplaudían desde las gradas.
-¡Bien!- exclamó Madam Hooch, ubicándose frente a los 14 jugadores. -¡Quiero un juego limpio! ¡Nada de trampas o violencia! ¿Entendido?-. Y, luego de decir aquello, colocó la caja que llevaba bajo el brazo, sobre la hierba del campo, que tenía un aspecto tupido y suave. Ésta, se abrió con un ruido sordo y un golpe y, de inmediato, cuatro pelotas de distinto tamaño se elevaron en el aire: una quaffle, la más grande, de color marrón rojizo; dos bludgers, un poco más pequeñas y de color negro, pero que aparentaban ser mucho más pesadas; y, por último, la tan reconocida Snitch, con un color que se asemejaba al oro, la cual desplegó sus alas y, en un movimiento imperceptible, desapareció de allí, como si nunca hubiese estado frente a ellos. -¡Que comience el partido!- gritó Madam Hooch, pitando una vez más de su silbato de plata.
Sin esperar otro segundo, Lily se montó en la Saeta de Fuego de su hermano y, dando un golpe en el suelo, se elevó a una gran velocidad. El viento azotaba su rostro brindándole una sensación de libertad absoluta. Miró a ambos lados, y se sonrió a sí misma, era exactamente dónde debía estar. Arriba de una escoba, como bien había dicho su prima Rose hacía tan sólo unos días, era una de las mejores. Y, si bien había tenido sus dudas, especialmente por la falta de entrenamiento, en ese momento no podía sentirse mejor. Lo haría, lo demostraría. Ganaría el partido atrapando la Snitch. Así que, sin esperar un segundo más dirigió su vista hacia el amplio terreno de juego, esperando ver algún destello dorado que la delatase.
El comentarista del partido, tal y como había sido durante los años de escuela de sus padres y sus tíos, era el actual profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras, Lee Jordan. Entre los vítores y silbidos de los simpatizantes, y con la estruendosa voz del profesor, Lily se iba enterando de lo que sucedía más abajo, donde estaban Albus, Louis, Dominique, Victorie, Andy y Edmond, jugando contra los de Slytherin. Estos últimos, se había dado cuenta Lily, en los pocos minutos que habían pasado desde que comenzó el partido, eran bastante sucios y tramposos. Con razón James dijo que ya sabían cómo jugaban los de Slytherin, pensó mientras agudizaba la vista para no perderse de nada.
-¡Y Albus Potter tiene la quaffle una vez más!- escuchó Lily a un Lee Jordan que exclamaba emocionado. Y, por supuesto que estaría así, dado que era jefe de casa de Gryffindor. El partido, para ese momento, estaba 30-40 a favor de Slytherin, pero no se rendirían tan fácilmente, Lily lo sabía. -¡Tenemos que marcar otro tanto!... ¡Bien hecho, Potter! ¡Qué manera de esquivar la bludger!- continuó el profesor, acompañando los aplausos de los leones en las gradas, en el momento en que Albus esquivaba aquella pelota negra, que iba directo a golpearlo de lleno en su cabeza. -¡Un digno hijo de Harry Potter!... Está bien, evitaré esos comentarios-, agregó el aludido ante la mirada severa de McGonagall, quien no era para nada optimista frente a los favoritismos. -¡Y ahora Potter pasa la quaffle a Dominique! ¡Está a punto de marcar!
-¡OH!-, gritaron todos los espectadores a la vez, incluso Lily, cuando notaron el amague de Dominique frente al guardián de Slytherin. Éste, también sorprendido con aquella jugada, se vio disminuido cuando Louis apareció volando a toda velocidad desde detrás de su hermana y, tomando la quaffle que ella le lanzaba a lo lejos, marcaba un tanto, directo en uno de los aros perteneciente a los de Slytherin.
-¡Bien hecho! ¡Bien hecho!- gritó aún más exaltado Lee Jordan. -¡Diez puntos para Gryffindor! Parece que las serpientes aún no aprenden que con estos Weasley no se puede… Me callo, me callo-, volvió a añadir cuando McGonagall le dio una palmada en la nuca, a modo de amenaza.
Riéndose de lo que decía el profesor Jordan (o Lee, como todos lo llamaban), y mientras festejaba el tanto que había marcado a la perfección Louis (gracias a la estupenda jugada iniciada por Albus y a la actuación de Dominique), Lily observó, muy abajo, cerca de la base de las tribunas, un destello dorado que parecía flotar sobre el césped. La Snitch estaba aleteando cerca de la grada de los profesores, y nadie la había visto. Miró a Malfoy, que la estaba observando (a ella, no a la Snitch) impasiblemente. Y, recordando que realmente no era ella, sino que portaba el aspecto de Matt, y dado que todos sabían que entre ellos las relaciones no eran para nada positivas, le devolvió un gesto de indiferencia. Segundos más tarde, sin haber sido advertido por Malfoy, Lily estaba cayendo en picada a toda velocidad. "Recuerda, mientras caes en picada, lo mejor es presionar los brazos contra tu cuerpo, como hacen los halcones, para ir más rápido. Y, cuando te aproximes al suelo, debes encorvar la espalda. Eso te permite disminuir la velocidad sólo un poco, de forma que puedas virar antes de chocar", eso le había dicho una vez, hacía ya varios años, su madre, cuando se había formado una competencia bastante brava en su familia, y todos finalmente se lo habían terminado tomando en serio. Claro, Ginevra Weasley sabía sobre esto, ya que había jugado profesionalmente como buscadora en las Arpías de Holyhead.
-¡Sandler! ¡Sandler está volando en picada! ¡Qué espectacular forma de volar!- escuchó Lily que Lee Jordan vociferaba. -¡Parece que vio la Snitch! ¡VAMOS LEONES!
Los vítores, aplausos y griteríos se extendían por todo el campo de juego. Lily se sentía repleta de adrenalina y, presionando los brazos en sus costillas, aumentó la velocidad. Un segundo después, sintió como alguien se le acercaba por detrás, era Malfoy, que estaba intentando alcanzarla. Sus cuerpos chocaron ante un movimiento brusco del Slytherin, y Lily se tambaleó sobre el palo de su escoba, pero, en vez de sentir miedo, aceleró aún más, pasando a su contrincante y dejándolo atrás. Faltaban sólo segundos para que alcanzara el sitio dónde la Snitch aleteaba presumidamente, como retándolos a tomarla. Alargó su mano derecha, mientras que con la otra afirmaba el agarre para no desviarse, y extendió lo más posible los dedos. Estaba por rozar la Snitch. Cuando, de pronto, sintió como algo extremadamente duro colisionaba contra su cuerpo, y el aire comenzó a faltarle.
-¡Una bludger impacta en Sandler justo cuando iba a tomar la Snitch! ¡QUÉ TRAMPOSAS ESTAS SERPIENTES!- clamó Lee Jordan, rabioso por lo que acababa de suceder. Uno de los bateadores de Slytherin, que había divisado los dedos de Matt a punto de cerrarse sobre la Snitch, se acercó volando lo más rápidamente que pudo y le lanzó la bludger a una distancia un tanto corta, con una gran cantidad de fuerza, lo que provocó que el golpe fuera mucho más doloroso. -¡Pero es trampa, profesora!- gritaba otra vez Lee, cuando McGonagall, impaciente, volvía a reprenderlo.
-¡Lily!- su hermano Albus, con un gesto de preocupación y susto en su rostro, se acercaba a ella a toda velocidad, cometiendo el error de decir su nombre, y no el de su compañero de equipo. Por suerte para ellos, Malfoy se había alejado lo suficiente para no escucharlos, además de que, con los silbidos de los de Gryffindor y los aplausos de los Slytherin por lo que acababa de suceder, apenas podían oírse entre ellos mismos. -¡No vimos la bludger! ¿Te encuentras bien?-, preguntó ahora en un susurro, aproximándose para observar de cerca su estado.
Pero Lily sólo le devolvió sólo un gesto afirmativo con su cabeza, porque nuevamente despareció, volando de forma recta, a una distancia mínima del suelo: había visto la Snitch, por segunda vez, ahora en el límite del campo de juego. Las ovaciones de los de Gryffindor resurgieron aún con más ímpetu y, de un segundo para el otro, Lily notó como Malfoy acortaba distancias y se colocaba a su lado. Así que, usando de toda su experiencia en juegos sucios (gracias a que durante años y años había jugado al Quidditch con los tramposos de sus hermanos, primos y tíos, inclusive), y porque los de Slytherin se lo merecían, Lily miró a Malfoy (con el rostro de Matt) quien, dubitativo, le devolvió la mirada con el entrecejo fruncido. Sabiendo que había logrado distraerlo, Lily le sonrió ampliamente (como si fuera ella en realidad quien lo hacía), y guiñándole un ojo, frenó súbitamente, tomando la Snitch con una mano, mientras que con la otra maniobraba la escoba para frenar en seco. Una jugada perfecta, que había visto hacer a Viktor Krum, una de las tantas veces que les había regalado entradas para que asistieran todos, a ver algún que otro partido de su selección (gracias a su amistad con su tía Hermione).
-¡Gryffindor gana! ¡SANDLER ATRAPA LA SNITCH Y GRYFFINDOR VENCE A SLYTHERIN!- vociferaba Lee Jordan, pegando saltos desde su lugar en las tribunas, festejando la victoria. -¡QUÉ INCREÍBLE JUGADA! ¡PARECE QUE JAMES POTTER DIO ALGUNOS CONSEJOS A ESTE CHICO! ¡PERFECTO!
Todos los estudiantes de Gryffindor brincaban en las tribunas, agitando sus banderas, binoculares, bufandas, y todo lo que tuvieran en ese momento al alcance de su mano. Pero Lily, se había girado para ver a Malfoy, y no estaba prestando atención ni a los festejos, ni al dolor punzante bajo sus costillas. Caminando con lentitud, aún sosteniendo la Snitch que movía sus alas frenéticamente, como intentando escapar, distinguió a Malfoy recostado sobre la hierba, con un gesto de dolor. Lily quería acercarse y disculparse por lo sucedido, aunque sólo había sido un juego, al fin de cuentas, y ambos estaban interesados en ganar. Su intención no había sido hacerlo impactar contra el suelo, pero sabía que ella era mejor que Scorpius sobre la escoba, y que aquello ocurriría si seguía manteniendo el vuelo a su par. Malfoy, repentinamente, al escuchar los pasos de Matt (Lily) que se acercaba con sigilo, levantó el rostro, para observarlo con desdén e ira. Lily estaba a punto de hablar, de disculparse, de decir que no tenía nada en su contra, cuando sintió que alguien la empujaba por detrás, con un golpe seco.
-Largo de aquí, asqueroso Gryffindor- era Parkinson, quien se había acercado para ver el estado en que se encontraba su compañero, aún con la escoba en la mano. La miró como si fuese algo despreciable y, luego, continuó su camino hacia donde estaba Malfoy recostado.
-¡Matt! ¡MATT!- escuchó que James le gritaba, llegando corriendo rápidamente, con una sonrisa refulgente en su rostro. -¡Eres genial Matt! ¡Fue una atrapada completamente perfecta!-, dijo dándole un abrazo. -¿Te encuentras bien? ¡Debes ir a la enfermería a que te revisen el golpe!- añadió apresuradamente su hermano.
-¿Qué?-, respondió Lily un tanto perdida en sus pensamientos.
-¡Albus te acompañará a la enfermería Matt! ¡Seguro estás así por el golpe!-, volvió a repetir su hermano, mirándola detenidamente y abriendo mucho los ojos. En ese instante, Lily recordó que los efectos de la poción seguramente estarían llegando a su fin, y que debía salir de allí antes de que todos lo notaran, para encontrarse con Matt cerca del Sauce Boxeador, como habían pactado al desarrollar el plan. Él estaría esperándola bajo la capa de invisibilidad con el uniforme de equipo de Gryffindor, y cambiarían en cuanto Lily adquiriera su aspecto nuevamente. Parecía que el plan había salido a la perfección.
A su lado, Albus le sonreía como si fuera el mejor día de sus vidas, y seguramente lo era. Habían aplastado a Slytherin en un partido de Quidditch sin James como capitán y buscador, habían roto más de 150 reglas usando la Poción Multijugos para cambiar de aspecto a dos personas, y habían hecho posible que Lily jugara y atrapara la Snitch antes de que los efectos terminaran. Todo salió bien, pensaba Lily mientras se alejaba con su hermano. Pero, aún así, sentía un sabor amargo en su boca, y era por causa de Malfoy, porque ella lo había engañado en aquella jugada para poder atrapar la Snitch. Y, si bien ganar era su meta, no había querido humillarlo. En absoluto. Pensando en lo acontecido y, encogiéndose de hombros, se dijo que, igualmente, era Matt quien en realidad había jugado aquel partido, no ella. Para todos sería Matt. Y, eso, en relación a Malfoy, estaría a su favor, porque no se sentiría disminuido por una niña de primero, que además era una Potter con todas sus letras. Sí, porque Malfoy jamás se enteraría, y eso estaba de su lado.
Sonrió, aspirando el aire que le llegaba desde los árboles, era una hermosa tarde otoñal. Lily, en ese partido, había finalmente demostrado que era mejor de lo que los demás creían. Que jugaba grandiosamente, sin miedo ni cobardía. Y, que era astuta, porque había engañado a su contrincante para alcanzar la Snitch, con un resultado espléndido. Lily se sentía feliz y estaba orgullosa de sí misma. Porque, por primera vez en la vida, era sólo Lily Luna Potter. Y no la hija de alguien, no la hermana de James. Era Lily, simplemente Lily.
