Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, solo la trama es mía.

Aviso: Este fic participa en el reto especial "Romance en navidad" del foro Sol de Medianoche.


-Capítulo 9-

Durante el año en el que cumplimos dieciocho años llegó al instituto un chico procedente de Portland llamado James. El trabajo de sus padres los obligaba a mudarse con frecuencia, por lo que el muchacho había estado en cinco colegios y en tres institutos diferentes a lo largo de su vida. Compartía algunas clases con nosotros y pupitre conmigo en la optativa de latín, por lo que solía hablar con él a menudo y me parecía muy divertido y amable. Por aquella época Jasper y yo tonteábamos mucho pero nunca sin llegar a nada; solamente compartíamos algunos besos y poco más a pesar de que yo me moría por convertirme finalmente en su novia. En más de una ocasión se lo había dejado caer, pero apenas teníamos tiempo para estar juntos y solos, pues Jasper continuaba trabajando todas las tardes, y yo encontré una faena como niñera durante los fines de semana. Eso añadido al estrés de los exámenes, los trabajos, y los nervios sobre nuestro futuro académico y profesional no nos dejaba tiempo para pensar en mucho más.

Yo sabía que James sentía algo por mí o que al menos le interesaba, pero a pesar de que yo lo apreciaba como compañero de clase, no sentía lo mismo por él. Solo tenía ojos para Jasper y para esa sonrisa que me dedicaba solo a mí cuando podíamos estar solos. Un domingo por la tarde, aprovechando que su padre se había ido a pescar y que yo no tenía que cuidar a ningún niño, me invitó a su casa para ver una película. Sabía que su intención no era acostarse conmigo ni mucho menos, y yo no me lo había planteado demasiado (me daba vergüenza hacerlo aunque mis amigas no dejaban de hablar del tema), pero acabó pasando. Jasper y yo perdimos la virginidad juntos esa tarde en su casa, y años después seguía siendo capaz de recordar nuestros nervios, nuestros besos apresurados, sus caricias torpes y el temblor que invadía sus manos cada vez que me acariciaba. No fue un gran estreno, la verdad, pues ambos éramos inexpertos y los nervios nos jugaron alguna mala pasada, pero aun así nos queríamos y quisimos compartir juntos aquella experiencia, y eso era lo que importaba. Al terminar, Jasper me preguntó por lo menos doscientas veces si estaba bien y si me había hecho daño, y a pesar de que sí me había dolido, había merecido la pena porque fue maravilloso.

Su padre regresó a casa antes de lo esperado, por lo que tuvimos que vestirnos deprisa y fingir que continuábamos viendo la película. No pudimos hablar demasiado de lo que había sucedido, pero mi mente atolondrada y enamorada dio por sentado que ya éramos novios y que estaríamos juntos para siempre. Pasamos unos meses extraordinarios, estábamos juntos todo el tiempo que nos era posible y nos comportábamos como una pareja a pesar de que no lo habíamos formalizado. Jasper rodeaba mis hombros con su brazo cuando hacía frío y me prestaba sus guantes cada vez que yo me olvidaba los míos en casa. Calentaba mis manos, siempre frías, con las suyas y me besaba de una forma que conseguía que me temblaran las piernas.

Pero lo bueno no duró demasiado… Entre el instituto, el trabajo, y las horas que pasábamos juntos, Jasper no pisaba demasiado su casa. Su padre se había desmejorado mucho desde que su esposa se marchó; estaba más delgado, su conducta cambió a peor, hecho que estaba a punto de costarle su empleo, y no dejaba de beber.

Yo estaba muy contenta porque esa iba a ser la primera Navidad que Jasper y yo pasaríamos tan acaramelados, pero todo se truncó sin que ninguno de nosotros lo viera venir.

El día veinticuatro de diciembre Jasper trabajó todo el día hasta las seis de la tarde, pero como solo iban a estar en su casa él y su padre, no le importó. En mi caso, iban a venir mis abuelos y algunos de mis tíos a cenar con nosotros, así que estuve todo el día ayudando a mi madre con la cena. Había pensado en llamar a Jasper a eso de las doce de la noche para desearle una feliz Navidad antes que nadie, pero justo cuando toda mi familia estaba sentada a la mesa cenando tranquilamente, comenzamos a escuchar sirenas en la calle. Mi padre se asomó a la ventana y yo me puse a su lado, viendo dos coches de policía y una ambulancia pasar por nuestra calle. Los vimos girar dos manzanas más allá y durante un instante se me detuvo el corazón en el pecho porque…

—Parece que van a casa de los Whitlock —murmuró mi padre haciendo eco de mis pensamientos.

—Dios… Quizá le ha pasado algo a Jasper —casi exclamé dirigiéndome al perchero para coger mi abrigo e ir a ver qué sucedía. Mi padre me sujetó por el brazo para detenerme y yo comencé a respirar agitadamente—. Déjame ir, si le ha pasado algo…

—Alice, tranquila. Yo iré a ver qué ha sucedido, tú quédate aquí.

Mi madre me abrazó al percatarse de lo nerviosa que estaba y mi padre se marchó junto con mi tío para ver qué era lo que estaba pasando. Los minutos que estuvieron fuera se me hicieron eternos, y lo único que me veía capaz de hacer era pedir en silencio que Jasper estuviera bien.

—Cariño, seguro que estará bien. Será una falsa alarma —intentó tranquilizarme mi madre frotándome los brazos.

Cuando vi que mi padre y mi tío regresaban, casi los abordé con los puños apretados y los labios temblorosos.

—Papá…

—Jasper está bien —me explicó él con el rostro pálido, colocándome las manos en los brazos, y después le dedicó a mi madre una mirada apesadumbrada—. Pero han encontrado al señor Whitlock muerto. Se ha suicidado.


Tan tan taaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaan... Ahora sí conocemos lo que le sucedió a Jasper y entendemos mejor por qué odia la Navidad... Y no es para menos, pobre :(

Espero que os haya gustado el capítulo y que me lo digáis con vuestros reviews. ¡Hasta mañana! Xo