Continuación del capítulo 8. Invasor Zim y todos sus derechos son propiedad de Jhonen Vásquez y Nickelodeon.


Capítulo 9: Antídoto

Cuando Gaz vio a su padre entrar al refugio inmediatamente pensó que se trataba de algo serio, no se equivocaba. En los últimos días no había abandonado su laboratorio personal, si antes de esa epidemia parecía obsesionado con su trabajo ahora lo era mucho más. No sabía si era por la culpa o por ser la oportunidad de pasar a la historia como el más grande científico, se inclinaba por la segunda. Tenía el aspecto de un hombre cansado, no podía ver sus ojos, su padre siempre los llevaba cubiertos, pero la forma en que caminaba lo delataba.

Pocos minutos después Dib hizo acto de aparición, sus condiciones eran parecidas a las de su padre, ambos habían estado trabajando por una larga jornada al igual que muchos en el laboratorio, encontrar el antídoto era un asunto de prioridad. Gaz sabía que Dib se involucró en las investigaciones, a pesar de haber desobedecido a su padre el haber conseguido una muestra le dio libre acceso a la investigación.

No le molestaban los zombis, de hecho le resultaba entretenido ver como acaban con todo lo que se encontrara a su paso. Había salido a cazar zombis en algunas ocasiones, no porque estuviera interesada en ayudar sino porque le resultaba divertido, desde que jugó el primer Piggy Hunter deseó poder vivir una experiencia como esa.

Estaban muertos, era absurdo pensar que existía alguna alternativa, ellos no eran ni la sombra de lo que llegaron a ser en el pasado, eran criaturas que funcionaban por instinto, solo "vivían" para satisfacer sus necesidades de alimentación.

Se sentaron a la mesa, era la hora de comer. No tenían mucho pero debían conformarse. Los supermercados y las tiendas en general habían cerrado, los pocos sobrevivientes que quedaban no querían salir de los refugios, temían a los zombis y a la población desesperada por algo de alimento.

Si aún tenían energía era únicamente por la influencia de su padre. El laboratorio producía su propia energía y muchos de los trabajadores decidieron quedarse, incluso llevaron a sus familias, creían que era un lugar seguro… tenían razón pero no duraría por siempre.

En varias ocasiones intentaron entrar por la fuerza, zombis y vivos, pero ninguno de ellos pudo lograrlo, el lugar era una fortaleza. No obstante ella sabía que no duraría para siempre, la comida comenzaba a escasear y las instalaciones se debilitaban.

No necesitaba infiltrarse en el laboratorio de su padre para saber lo que pasaba, le bastaba con acceder a la computadora de su hermano, algo que no era especialmente difícil, solo tenía que esperar el momento adecuado.

Tomó su consola y continuó jugando. Le faltaba poco para terminar el nivel pero se detuvo en el momento que tuvo la absoluta seguridad de que Dib dormía profundamente, poco le importaba lo que Dib llegara a ser, simplemente no tenía deseos de escucharlo. Apagó el Game Slave Tres y se apoderó del ordenador.

Lo encendió, tenía contraseña, no era ningún contratiempo, su hermano no era el único hacker de la familia. Los informes indicaban lo que tanto sospechaba, no existía la cura, exterminarlos era su única alternativa y eso era algo que no le molestaba.

— ¿Qué haces, Gaz? —le preguntó su hermano quien la había tomado por sorpresa, algo que logró disimular a la perfección disimulándolo con molestia, quizás se había demorado demasiado reuniendo analizando esa información.

—Debería preguntarte lo mismo, últimamente no salen del laboratorio.

—Pues me cansé de ello, es hora de actuar.

— ¿Matar zombis? Suena divertido.

— ¿Estás segura de querer acompañarme?

—No es algo que deba importarte, Dib. Además matar zombis es el sueño de todo gamer.

—En ese caso deberás buscar armas, no sabemos con lo que nos podremos encontrar afuera, la infección zombi se ha expandido a niveles alarmantes —comentó Dib pensativo, inmediatamente continuó con su búsqueda.

A Gaz no le preocupaba reunir armas, no por conocer la ubicación de un gran arsenal, si necesitaba alguna podría tomar de las que Dib llevaba, en ocasiones su hermano era demasiado paranoico, algo que en ese momento era de gran utilidad.

Salir no fue un desafío. Si bien antes le había indicado a Dib la salida ahora fue mucho más sencillo, el laboratorio se estaba quedando sin energía por lo que varios sectores quedaron descuidados, lo único que impedía a los zombis entrar eran los gruesos muros y su incapacidad para escalar.

La semana pasada varias personas no infectadas lograron infiltrarse, también buscaban la seguridad que solo aquellas instalaciones podían brindar. Ella nunca estuvo de acuerdo en que se quedaran pero su padre sí y eso lo respetaba. Aceptaba el que al ayudarlos se ayudaban a ellos mismos, con tantos zombis el tener aliados era indispensable para poder sobrevivir.

Sin embargo el que los dejaran permanecer allí no era sinónimos de que podrían hacer lo que quisieran, trabajarían para asegurarse que el laboratorio continuara en buenas condiciones y no dejara de ser el mejor refugio.

El paisaje en el exterior era tal y cómo había imaginado. Cadáveres por todas las esquinas, muertos vivientes, algunos en peores condiciones que otros, algunos ni siquiera podían desplazarse por sus propios medios.

Estaban en el parque, o en lo que solía ser, ya nada quedaba del lugar que recordaba, donde Gaz se sentaba a jugar videojuegos y Dib buscaba evidencia de actividad paranormal, no era un lugar del que guardaran los mejores recuerdos pero al menos no solía ser sinónimo de muerte.

Estiró su mano y tomó una de las armas que Dib cargaba, era un revolver. Apuntó y disparó al zombi más cercano, este carecía de piernas, solo podía moverse empleando sus manos. Una sonrisa se dibujó en su rostro, era divertido, incluso más que los videojuegos.

—No te quedes allí como idiota, si un zombi te ataca no te defenderé —le advirtió Gaz mientras buscaba nuevos objetivos.

Dib no tuvo tiempo para responder, uno de los zombis de las alcantarillas apareció de pronto tomándolo sorpresa. Este tenía piernas pero le faltaba gran parte del rostro, como si se lo hubieran arrebatado de un mordisco, no le extrañaría que fuera de ese modo. Un disparo bastó para acabar con él.

—Tuviste suerte —comentó Gaz sin mirarlo o mostrar alguna expresión en su rostro, en ese momento su prioridad era acabar con la mayor cantidad posible de zombis —, pero no por ello deberías confiarte.

—Trata de no disparar a la primera, atraerás a los zombis y debemos racionar las municiones.

—Aburrido —respondió Gaz de mala manera, era evidente que no planeaba escucharlo. Se estaba divirtiendo y no permitiría que su hermano lo arruinara.

Dib tenía razón, tal y cómo lo había predicho nuevos zombis hicieron acto de aparición, podían verse de diferentes tipos, algunos eran masculinos y otros femeninos, demasiados quizás, retirarse era una alternativa tentadora pero ella no era cobarde. Eran momentos como ese en los que tendría que poner en práctica lo aprendido en los videojuegos.

A parte de ella y su hermano, todos los demás estaban infectados, aunque no era algo que le preocupara, solo quería crear destrucción masiva, menos si su supervivencia estaba en juego. Con un gesto llamó a su hermano y tomó algunos explosivos, quedaban pocos árboles pero eran suficientes para llevar a cabo su plan

Si disparaban uno por uno perderían demasiado tiempo y municiones necesarias pero si usaban explosivos podría causar más daño, esa técnica siempre había funcionado perfectamente en la última entrega del Vampire Piggy Hunter.

Y también fue un éxito en esa ocasión, no acabó con todos los zombis pero si con la mayoría de ellos. Del resto se encargó Dib, con el arma en sus manos logró acabar con los que quedaron. No acostumbraban trabajar en equipo pero cuando lo hacían por lo general obtenían buenos resultados.

Una llamada del profesor Membrana les hizo saber que era el momento de regresar al laboratorio, el profesor Membrana había notado su ausencia y los requería de manera urgente. Pocas veces ambos hermanos concordaban en algo, quizás esa era la primera, lo cierto era que ninguno de los dos deseaba regresar, al menos no de momento, tenían asuntos pendientes.

Caminar era difícil, tenían que esquivar numerosos obstáculos, lo que quedaba de los carros de quienes quisieron escapar, escombros de casas. También quedaban algunos cadáveres, a todos ellos les faltaba la cabeza. No eran los únicos que cazaban zombis, eso lo tenían claro, pero también sabían que muchos de los cuerpos, la mayoría, habían sido masacrados por otros zombis, las mordidas que tenían era prueba de ello.

La población mundial había disminuido considerablemente. Una pequeña parte de la población permanecía intacta y la mayoría de esta se encontraba encerrada en un refugio, pocos permanecían en las calles. Ese era el motivo por el cual los zombis comenzaron a devorarse mutuamente.

El olor a muerte llenaba cada esquina. De lo que fue una prospera ciudad ya no quedaba nada, en poco tiempo, menos de un año el mundo que conocían se había derrumbado. La Tierra había sucumbido, ningún lugar logró escapar del apocalipsis.

—Dudo que el apocalipsis zombi sea eterno, aun cuando acaben con todos los humanos, ellos serán su fin.

—Cállate, tu voz es molesta.

Pasaron algunas horas antes de que recibieran otra llamada, dos o tres, no más de cuatro. Nuevamente era el profesor Membrana quien llamaba a sus hijos y nuevamente decidieron ignorarlo, ninguno había cumplido con el objetivo que los llevó fuera.

Decidieron dedicarse a recoger provisiones, nunca estaba de más conseguir algo de alimento extra, más cuando el futuro era tan incierto. La raza humana había sido condenada, era algo que no podían negar pero de ellos dependía sobrevivir.

Encontraron restaurantes y tiendas pero nada de comida. Habían sido saqueados y la mayoría de ellos solo quedaban escombros. Una máquina expendedora fue lo único que encontraron con algo de comida. Gaz no tuvo problemas para sacar los alimentos que quedaban pues aquella maquina seguía funcionando, uno de los pocos lugares en los que el dinero seguía teniendo valor.

Ella tomó una moneda y la deslizó por la ranura de la maquina. Llevar dinero no era una buena opción, en un mundo donde carecía de valor solo representaría un peso extra pero con una moneda y un cordel era suficiente.

Ambos hermanos continuaron con su camino, quedarse en un solo lugar era peligroso, incluso más que desplazarse. Algunos edificios se derrumbarían en cualquier momento sin contar el riesgo de una emboscada.

Debían regresar rápido, la noche estaba cercana y eso significaba que sus posibilidades de sobrevivir se verían drásticamente reducidas. La falta de luz y las municiones que escaseaban los obligaban a retirarse.

Gaz decidió tomar un pequeño desvío. Quería ver qué había sido del Cerdo de la Pizza, su lugar favorito. Tenía las ventanas rotas pero el edificio seguía en pie. En su interior se encontraba un zombi. Inmediatamente entró, no podía permitir que esa criatura tomara las últimas reservas de pizza.

No tardó en llegar al lugar donde se encontraba el muerto viviente pero en definitiva no se esperaba lo que encontró. El zombi comenzó a deshacerse como si se tratara de un muñeco de cera, sus ojos salieron de sus cuencas, colgando de una manera grotesca.

—Creo que esto nos puede servir — comentó Dib, él había llegado poco después que Gaz pero había presenciado todo.

—El Cerdo de la Pizza es lo único bueno en este mundo, sin contar los videojuegos —agregó Gaz manteniendo una expresión neutral.

Ambos hermanos tomaron las pizzas que quedaron y lo necesario para preparar más. Tendrían que viajar cargados pero no podían permitirse dejar nada en el camino. Cuando llegaron al laboratorio ya había oscurecido y el profesor Membrana los estaba esperando.

Contrario a lo que esperaban no les reprendió ni reprochó el retraso. Solo les indicó que lo siguieran pues la cena ya estaba lista. A Gaz le molestaba el no poder conseguir nuevos videojuegos pero disfrutaba el hecho de que su padre le dedicara más tiempo.

Gaz decidió participar en las investigaciones, su Game Slave tenía la batería baja y quería probar el nuevo cargador que su padre había desarrollado, una buena alternativa ante el déficit de energía.

—Podremos usar la pizza del Cerdo de la pizza para acelerar el proceso de descomposición en los infectados, el calor corporal de los sanos evitará que se dé el efecto —explicaba el profesor Membrana mientras mostraba unos gráficos —. Si lo distribuimos por el aire será más efectivo y seguro.

A pesar de que a Dib le desagradaba profundamente la idea sabía que no tenía otra alternativa pues a pesar de tener una solución el mundo se encontraba en crisis. Zim llevaba poco tiempo en el laboratorio pero era uno de los pocos que contaba con una nave y el tiempo era limitado.

— ¿Por qué debería usar mi nave para ayudar a las apestosas larvas terrícolas?

—Porque si no lo haces te sacaremos del laboratorio y los zombis tendrán tu dulce sangre para el almuerzo.

—Zim manejará su nave, no dejará que sucios terrícolas la ensucien con sus asquerosos y sucios gérmenes.

En laboratorio contaban con algunos aviones, tres o cuatro, no demasiados pero junto a las naves de Zim y Tak podrían abarcar la región por completo, eliminando la amenaza zombi. Por primera vez en mucho tiempo se sentía que había esperanzas.