R: No es espiar, simplemente estoy asegurándome de que no le pase nada malo.-Trataba de convencerse.
Estaba escondida en el departamento de Quinn, en el cuarto oscuro mas específicamente, esperando que un guardia tocara a la puerta de la ojiverde.
En la mañana, cuando Quinn observaba el cuerpo desnudo de la morena mientras esta pretendía buscar algo en un estante, esta le comentó que un guardia se pasearía por su departamento para aclarar algunos puntos. Y esto asustó a la morocha.
¿Y si las habían descubierto? ¿Y si ya sabían que las dos fueron a la Tierra y culpaban a Quinn? Ella no podía permitir que castigaran injustamente a la rubia, así que esa misma tarde se escabulló en el departamento de Quinn, escondiéndose para que en el caso de que algo pasara ella pudiera actuar.
Pero ahora estando ahí, rodeada por toda la oscuridad, pensaba que no había sido una buena idea. Al parecer había olvidado su miedo.
Abrió ligeramente la puerta para mirar hacia el exterior. Pudo ver a Quinn recostada en su sillón murmurando cosas inentendibles desde el lugar en el que estaba.
Podía salir ahora, inventarle algo a Quinn y salir limpia de la situación.
Dio un paso fuera pero el ruido de la puerta principal abriéndose la hizo volver a su escondite.
Quinn se levantaba rápidamente para ver como el guardia caminaba hacia ella.
-¡La besaste!.-Gritó parándose en medio del salón , no podía percibir en donde se encontraba Quinn.-Lo único que te advertí fue que no tuvieras contacto físico con ella.
Q: Fue un impulso ¿vale? No planeaba hacerlo, pero ella me lo pidió y no pude negarme.-Respondió sin dejarse intimidar.
-¿Por lo menos trajiste lo que te pedí?.-Preguntó aquel hombre un poco mas tranquilo.
Quinn desapareció de su campo visual regresando con un cajón que entregó al guardia.
Q: No había muchos libros de braille ahí, solo pude traer estos tres.
-Con esto es suficiente.-Dijo caminando hacia la salida.-Y recuerda que a ti y a la otra rubia se les está dando esta oportunidad y muchos beneficios. Ustedes saben si lo aprovechan o se regresan al lugar de donde vinieron.
Después de esas palabras Rachel escuchó un portazo seguido de un gruñido de frustración de Quinn.
La chica volvió a tirarse en el sofá sobando sus sienes y limpiando sus ¿Lagrimas? ¿Eso que Quinn limpiaba de su rostro eran lagrimas?
¡Eran lagrimas!
Mil y un preguntas más surgieron en la mente de Rachel al ver a Quinn llorar. Estaba totalmente aturdida.
Quinn le había mentido diciéndole que no podía llorar ahí ¡Le había mentido! Pero ¿Qué sentido tenía hacerlo? Además, ahora que lo pensaba mejor, ella misma trató de llorar el primer día en ese lugar, de hecho, todos los días desde su estadía en ese lugar había tenido la necesidad de llorar cuando estaba sola, pero ni una sola lagrima salía de sus ojos.
Q: ¡Ahora no!.
Sus pensamientos se vieron interrumpidos por un grito de Quinn.
Volvió a mirar por la abertura de la puerta. La oscuridad parecía no importarle más.
Una chica rubia estaba arrodillada junto a Quinn, acariciando su cabello.
-Vamos Quinn, no llores
Q: Kitty ¿Estamos haciendo lo correcto?.-Preguntó incorporándose.
K: Claro que si Quinn, eso nunca lo dudes.-Respondió sentándose junto a la ojiverde.
Q: Pero, pudimos haber esperado y no causar tantos problemas.
K: ¿Y dejar que sufrieran? De ninguna manera.
Q: Pero, a fin de cuentas nos íbamos a encontrar.
K: No Quinn, has escuchado las historias de las que han salido de aquí. Estamos haciendo lo correcto, todo el mundo nos apoyó. ¡Hasta madre lo hizo! Así que no dudes más.
Rachel no comprendía absolutamente nada.
Por lo que la tal Kitty decía, ni ella ni Quinn eran de Selfish Town. Tal vez habían escapado de alguna de las "ciudades" que rodeaban ese lugar. Y ¿a quienes no querían dejar sufrir? ¿Quién era madre? ¿Por qué Quinn podía llorar?
K: Por favor Quinn, cuéntame de ella.-Rogaba a Quinn que parecía más felíz.-Yo solo la he visto de lejos, pero tu le has hablado.
R: ¿Ella?.-Susurró.
Q: Veamos. Su cabello es castaño, ni muy largo ni muy corto.
"¡Mi cabello es castaño!" Pensó Rachel…
Q: Y sus ojos, son tan hermosos Kitty. Son grandes y brillantes.
¡Mis ojos! ¡Esos son mis ojos!
Q: Pero sus labios. Eso es lo mejor. Tan carnosos y rosas, pero a la vez tan finos y brillantes.
K: Espera ¿La has besado?.-Preguntó alarmada.
Q: ¿Qué? ¡No! Nunca me atrevería.
¿Por qué mentía? Claro que la había besado ¡Y tres veces! ¡Tres!
Q: Como sea, me ha platicado de su vida. Tenía un novio.-Hizo una pausa para intentar recordar el nombre.- Su apellido era Puckerman.
No cabía duda, estaban hablando de elle, pero ¿Por qué?
K: ¿Y le has hablado de mi?.-Preguntó impaciente.
Q: No. Debes ser tu la que de el primer paso.
K: Es difícil.-Dijo jugando con su cabello.
Q: No lo es, yo ya lo hice.
K: Tu la tenías muy fácil.
Q: Claro que no, al principio me rechazó totalmente, solo es cuestión de que se acostumbre a ti.
K: ¿Sabe que tiene un reductor de condena?
Q: No.
K: ¿Por qué no le has dicho?
Q: No puedo simplemente plantarme frente a ella y decirle "Oye, tienes una reductora de condena, se llama Kitty, es una amiga que vino desde el cielo conmigo para encontrar a nuestras almas gemelas y ¿Adivina que? ¡Tu eres la suya!. Ahora que lo sabes te la presentaré para que tengan sexo salvaje hasta que mueran…de nuevo"
R: No me parece una mala idea.-Dijo la morena saliendo del cuarto oscuro.
Q: Rachel q-que…-Las dos rubias boqueaban. Era obvio que Rachel las había escuchado.
R: ¿Hasta cuando pensabas ocultarme todo esto Quinn?.-La ojiverde no respondía, así que se dirigió a Kitty.-¿Es cierto? ¿Eres mi reductora?
Estoy tan deprimida.
He estado leyendo fics en ingles y para mi mala suerte todos son taaan tristes...
Como sea, gracias a los que siguen leyendo las historia, a los que dejan review y a los que no.
