Capítulo 9: Favores.
Los ancestros o antepasados de estas criaturas, se han considerado creadores de los grandes líderes. Éstos, son seres confeccionados por ellos, destinados a ser los jefes de los grupos más numerosos de Zethouts.
Tienen habilidades parecidas a las de ellos. Son capaces de quitar la vida, de revisar cuantos años le quedan a uno de los suyos, y de poder saber de su estado de vida actual.
Se afirma que, el último que quedase vivo de entre los que han sido creados, pasará a ser el quinto ancestro.
Brittany no opuso resistencia.
Sus ojos fueron vendados, amarradas sus muñecas y tobillos, dejando una longitud más amplia en la separación de sus pies en comparación a las manos. Pero su juicio de pacifismo llegó más allá del límite al momento en que dejaron su cuerpo colgar, arrastrándola; sosteniendo su peso solo por las muñecas.
-¡Éste trato…!.- farfulló respirando con dificultad, sintiendo la garganta contraída ante el esfuerzo por tratar de no respirar la tierra que alzaba al dibujar surcos con los talones de sus zapatos.- ¡Esto es inhumano!
-Qué graciosa.- farfulló Wes caminando a su lado, observando a Nick de reojo, quien la llevaba.- ¿Por qué quieres un trato así si no correspondes a esa especie?
La rubia guardó silencio, su respiración trastabillando al intentar aguantar el dolor de las cuerdas dañando su piel.
Podía escuchar a su alrededor más pisadas, más cazadores de lo que ella creía haber alcanzado a percibir. Cuidadosamente, respiró profundo, concentrando su
su temor y adrenalina para así hacerlos disminuir, dejando que sus ojos cambiaran a un café oscuro, instando a su metamorfosis.
Una corriente eléctrica recorrió sus dedos, desde las manos y los pies hasta finalmente chocar ambas sensaciones en el centro de su cuerpo, como si colisionaran y reventaran en su interior.
Soltó un quejido en desaprobación, sintiendo su cuerpo aún en forma humana. Podía percibir el ardor en su piel…
Carcajadas en general la sacaron de sus casillas, el sonido mezclándose con el de sus piernas cansadas y la hierba quebrándose bajo las botas.
-¡No intentes lo obvio!.- exclamó el mismo cazador, jugando con la punta de una de sus flechas.- ¿Crees que hubiéramos capturado tantos Zethouts como queríamos en el pasado si no hubiéramos considerado la opción de su transformación?
No.
Claro que lo consideraba, pero no perdía intentándolo… al menos seguía con vida.
-Esta protegida.- le informó Nick, manteniendo firme su agarre, pero fallando en ocasiones al tener tropiezos contra pequeñas rocas, o pareciendo cansado al blandir su cuchilla y cortar las ramas cercanas.- Es un truco antiguo, los viejos hombres que los investigaban necesitaban que se quedarán quietos, así que la crearon. No podrás transformarte.
Brittany trastabilló en su respiración, soltando jadeos de vez en cuando al el ardor aún crepitando sobre su piel. Se sintió por primera vez en mucho tiempo débil.
En el refugio era distinto. Karofsky podía hacer lo que quisiera, incluso arrebatarle las personas a las que ella podía sentir algo; pero no podía negar que sus oídos eran un privilegio, y que por ende no le haría daño directamente.
No era feliz, pero estaba a salvo.
-No lo intentarías otra vez.- susurró Wes al ver sus nudillos blancos y su cuerpo tensarse, ante lo tedioso y doloroso que esto estaba resultando. Sus pies luchando por separarse.- Al menos si no te importa quemar tu piel hasta el punto de carne viva.
La joven Zethout detuvo su forcejeo dejando escapar un gruñido, sintiéndose tan impotente y sabiendo que debía salvarse por su cuenta. Lentamente el vendaje de sus ojos se empapó, sorbiendo su nariz entre pequeños espasmos de sus hombros.
Estaba atrapada.
Kurt estaba sentado a los pies de la cama, su espalda tensa, sus codos descansando sobre sus rodillas mientras observaba a Santana caminar de un lado a otro con el libro en su mano, sin parecer querer entregárselo.
-Tenemos que ir.- insistió Kurt, mirando a Santana, quien soltó el aire contenido de golpe, pareciendo soltar un manotazo a la nada.
"¡Claro!", gruñó siguiendo su camino, dando pasos por toda la habitación. "¡Entreguémonos como carnada! ¿¡Por qué dejarlos capturar un Zethout si pueden obtener tres!?", agregó mirándolo con furia. Estaba harta de la situación.
El castaño soltó un suspiro, mirando hacia la ventana que dejaba ver el cielo oscuro. El aire tibio llegaba hasta su rostro, acariciando sus mejillas.
La luz estaba apagada, y el sonido persistente de los pasos de Santana era el sonido que predominaba en la habitación.
Kurt entendía la posición de Santana.
No le dejaría el libro, porque era la única forma de poder seguir teniéndolo bajo amenaza, sin embargo, podría volver con él hasta donde Karofsky y mostrarse como la heroína y la gran "buscadora". El problema era Brittany.
Karofsky no le interesaría alguien más que él. Podría sonar principalmente narcisista, pero era la verdad, los detalles pasarían a segundo plano con solo ver su rostro y saber que podría utilizarlo el tiempo que quisiera. Pero era el hombre más impulsivo e inesperado que conocía, así que no sabrían como reaccionaría hasta contarle directamente.
Pero era un riesgo demasiado grande.
Se dejó caer sobre la cama; las sábanas siendo suaves y acogedoras para sus músculos agarrotados y su mente abrumada.
Estaba comenzando a tener jaqueca.
"¿Sabes lo que más me molesta de todo esto?", siseó la joven, su cuerpo colocándose frente a Kurt mientras su mirada se veía totalmente oscura.
El ojiazul alzó la vista en el momento justo en que su cabeza volvió a rebotar contra el colchón, sus hombros sintiendo la presión de las patas de la leopardo sobre él, sus colmillos enseñándole hasta las encías cuando ambas miradas se encontraron.
"Tú eres el culpable de todo esto, y aún así pareces no mostrar una pisca de responsabilidad", rugió acercándose peligrosamente, los ojos de Kurt se entrecerraron.
-¿Quién es la que decidió dejar a Brittany sola?.- preguntó con la voz calmada, provocando que Santana hiciera presión con la punta de sus uñas contra la tela sobre los hombros de Kurt. Hizo un rictus de dolor.
"¿Quién escogió el lugar más desapercibido para pasar los días?", contraatacó deslizando la lengua por sobre sus dientes, limpiando la saliva de ellos.
-¿Acaso olvidas quién me hirió en un comienzo, Santana?.- preguntó totalmente serio, sus labios siendo una línea recta y sus ojos viéndose sin expresión.
La joven guardó silencio, quitando la presión de sus patas y mirando hacia otro lado. El culpable no era ninguno de ellos, y el hecho de descubrirlo tampoco servía de algo.
El libro estaba al lado opuesto de la cama. La mirada de ambos sobre él y sus mentes tratando de funcionar. No llegarían a ningún lado si peleaban entre ellos; esta situación se solucionaría si actuaban como… un equipo.
-No podemos llevarlo.- puntualizó Kurt, haciendo el esfuerzo necesario para que Santana se quitara de encima y se posicionara al lado del libro.
"Tu inteligencia es espectacular", se burló colocando una de sus patas sobre la portada. El castaño soltó un suspiro de cansancio.
-Escúchame.- gruñó poniéndose de pie, arreglando sus mangas y comenzando a afirmar sus armas a su cinturón y ocultar sus navajas en su bota. Tomó una gran bocanada de aire, sintiendo su corazón punzar de tan solo visualizar las palabras en su mente.- Lo lamento, ¿Sí?.- farfulló comenzando a amarrar sus protecciones en las muñecas y su cintura.- Pero no puedes culparme por caer en medio del bosque inconsciente. No puedo hacerme responsable por las amenazas que Karofsky les halla hecho a ambas, pero lo único que debo hacer en ese lugar.- susurró habiéndose alistado a la perfección, encontrando su capa colgada en el perchero cercano.- Es encontrar la solución para devolvernos a los tres a ese sucio lugar.- finalizó amarrándola alrededor de su cuello.
Santana se mantuvo en silencio.
Ciertamente, no habían personas que le pidieran disculpas muy a menudo, así que no podía evitar sentirse un poco impactada ante el hecho. Su mirada volvió al ejemplar sobre la cama, además de los otros dos que estaban desparramados sin cuidado sobre las almohadas.
"¿Qué haremos con esto?", preguntó delineando las letras en la portada con la punta de su cola.
Kurt se tomó un par de segundos demás para analizarlo, hasta que de pronto pareció reaccionar, sus ojos iluminándose y una leve sonrisa apareciendo.
-Tengo una idea.- declaró dando pasos hacia ella, quien de inmediato se colocó al frente. Kurt soltó el aire contenido.- No me iré. Te aseguré que volveríamos los tres; esta es la única forma de lograr que al Príncipe le tome un par de días encontrarlo y que podamos salir sin ser vistos.
La leopardo dudó, también tomando un par de segundos para sí misma, pero es esa absurda mirada humana la que termina por convencerla.
"Si Karofsky no te daña lo suficiente, yo lo haré por él", declaró como advertencia, colocando una sonrisa irónica en el rostro del ojiazul cuando tuvo acceso al libro, pero desapareciendo en el momento en que le dio la espalda, saliendo por la puerta seguido de ella.
Todo seguía oscuro a sus ojos.
Podía oír el crepitar de la madera quemándose, y según el calor que era emanado y que llegaba hasta su cuerpo, podía deducir que era una fogata… o un par de ellas.
Se sentía algo mareada, tambaleando entre el dolor y las náuseas, además de la posible inconsciencia si seguía a ese paso.
Se escuchaba el murmullo general de voces masculinas graves, conversando, bromeando, soltando palabrotas mientras dejaban caer sus armas; las flechas rebotando dentro de sus estuches al caer contra el suelo. Pudo percibir un leve olor a comida, pero en aquellas instancias, el hambre era lo que menos le podía importar.
"¿Por qué lo hiciste?", logró escuchar hasta su mente, provocando que frunciera el ceño un tanto atemorizada. ¿Habían capturado a más de los suyos?
"Iban a matarte.", contestó otra voz masculina, ambas siendo juveniles. "Te… salvé la vida y a-aún así estas quejándote…", farfulló un tanto agitado, como si formar las palabras en su mente fuera una tarea de enorme esfuerzo.
¿Salvar la vida? ¿Acaso a ella también iban a torturarla?-
Sintió algo frío y delgado cruzar entre sus manos, cortando la cuerda que envolvía sus muñecas, provocando que cayera sobre la tierra, sin darse el tiempo suficiente como para haber detenido el golpe contra su mandíbula. Se sentó con dificultad sobre sus pantorrillas, aún teniendo sus tobillos atados. Alzó sus manos lentamente, esperando que la sangre fluyera desde su cabeza a su respectivo sitio, la calidez bajando por sus mejillas y su cuello.
Quitó la venda, deslizándola por sobre su cabeza.
Pestañeó un par de veces, visualizando a los hombres a su alrededor, los cazadores parecían hombres muy serios y enfadados, pero no estaba segura de la razón. Alzó la vista cuando se hizo un espacio entre un par de ellos, dejando pasar a un joven alto, su mirada era fría y sus labio estaban curvados ligeramente hacia abajo. No pudo evitar fijarse en sus manos heridas y a la vez con pequeños sectores ensangrentados, mientras sacaba un cuchillo de su cinturón, acercándose hasta ella.
-¿Dónde la encontraron?.- farfulló mirando al resto, colocando la punta de la afilada arma sobre su mejilla, moviendo su cabeza de un lado al otro, examinándola. Brittany trataba de enfocar la mirada en su rostro.
-Estaba a un costado del Castillo del Rey.- susurró Nick enrollando el resto de cuerda por sobre su hombro.- Escondida en el sector del bosque más cercano a la zona.
Sebastian ladeó la cabeza, deslizando su lengua por sobre su paladar, como si estuviera degustando algo.
-¿A quién esperabas encontrar, cariño?.- murmuró con una suave sonrisa, que lograba enseñar el costado de sus dientes.
El cuchillo seguía en su lugar, provocando que su cabeza estuviera alzada. Tragó saliva con dificultad, el nudo deslizándose por su garganta. Tenía la boca seca.
Entreabrió sus labios, dejando salir su aliento que formó vapor en el aire, sin estar muy segura de qué decir.
"No lo hagas", dijo una de las dos voces de antes. La más temblorosa y aparentemente, herida. "Sabes qué pasará si lo hacen"
"Eso es una estúpido", gruñó la otra. Los ojos de los cazadores estaban sobre ella, así que fingió estar exhausta, cerrando sus ojos y respirando profundamente para poder concentrarse en ellas. "¿Qué pasará?. Probablemente quieran buscar a Karofsky, y ellos no saben cómo encontrarlo. ¿Qué pasa si saben de Kurt? ¡Ni siquiera pueden sospechar que-"
"Eso es tan incierto como para nosotros y para ellos", aseguró el otro joven. "Solo hay uno que sospecha. El resto lo creerá loco."
-No si lo encuentran…- susurró Brittany percatándose del daño que causaría seguir revelando información. Sebastian alzó una de sus cejas, cambiando su expresión a una de total repudio.
-Tráiganlos.- ordenó sin alzar la voz. Un tumulto de hombres en general se encaminaron hacia el fondo de la cueva; Brittany no pudo distinguir nada, debido a sus vestimentas y a la inundación de sonidos que no la dejaban concentrarse en aquellas voces otra vez.
Fue cuando empujaron el cuerpo de un joven sobre la tierra que su cuerpo retrocedió de impresión, sus piernas deslizándose delante de ella para que no se acalambraran.
El aspecto del niño, era como si alguien hubiera simplemente arrancado su corazón para así no sentir culpa del resultado en el que se encontraba.
Su ceja estaba hinchada, su ojo algo amoratado, y su labio inferior con un corte que llegaba hasta su mentón. Sin mencionar que su cuerpo temblaba, no estaba segura de si se debía al frío o al dolor.
Sus ojos se conectaron por un momento. Lo recordaba perfectamente del refugio.
"Lo lamento", dijo la rubia, sintiendo una punzada cruzar directamente su pecho. El niño cerró sus ojos, como si aquello fuera lo más consolador que había escuchado en años.
Un jadeo involuntario se escapó de sus labios, provocando que se tapara la boca cuando vio lo que seguía.
Un grupo de cuatro hombres llevaba una jaula rústica, confeccionada con ramas de bambú, atadas con cuerdas firmes y ajustadas. El joven dentro, debería tener la misma edad que el primero, y su aspecto era totalmente horrible.
-¿¡Cómo pueden hacer esto!?.- exclamó Brittany, arrastrándose con dificultad por las amarras, hasta llegar a ambos; sus dos manos aferrándose al bambú, mirando al chico en su interior. Su piel amoratada y ensangrentada, las amarras de sus manos y pies demostrando las veces que había intentado volver a su forma animal.
Un destelló se deslizó por ellas, provocando que el joven soltara un gemido, dejando su cabeza caer hacia delante, mientras sus hombros temblaban ante el dolor expandiéndose en su cuerpo y demostrándose en su piel.
Brittany extendió los dedos por entre la jaula. Negando con la cabeza, como si intentara decirle que parara.
Fue empujada hacia atrás, alejándola de ellos con furia.
-¡Muy bien, primor!.- exclamó Sebastian con la voz unos tonos un poco más arriba de lo normal.- ¡No quisiste cooperar por las buenas, así que ahora iré por las malas!.- señaló tomando al joven que estaba sobre la tierra por el pelo, colocando la navaja sobre su mejilla.- ¿Cuál de los dos primero a cambio de alguna verdad?
-¿Eres idiota?.- farfulló Wes observando como un espectador más.- ¿Acaso crees que le importa que otro muera delante de ella?
Sebastian, sin embargo, mantuvo su posición. Su expresión seria, y la sangre fría al escuchar los sollozos del chico que sostenía contra su cuerpo.
Brittany respiraba con dificultad, su mirada vacilando entre ambos, sabiendo que si no decía algo pronto las consecuencias serían peores. Incluso si dañaban a ambos hasta la muerte, obviamente ella sería la siguiente en la lista de tortura.
Sus labios volvieron a abrirse.
"No vale la pena", susurró el joven dentro de la jaula, su mano ensangrentada y algo morada, los hematomas mostrándose en ellos, afirmándose en una de las ramas. "Sabes que nos matarán incluso si dices la verdad."
"¡No te salvé la vida por nada!", gruñó el otro chico, mirándolo con dificultad, su respiración trastabillando.
Brittany colocó ambas manos sobre sus oídos. Sebastian entrecerró sus ojos.
-¡Si no se callan ambos, ninguno de los tres quedará ni con la fuerza para poder transformarse en esas asquerosas criaturas!.- exclamó el cazador, mirándolos a ambos con una mirada asesina.
-¡YA BASTA!.- exclamó la joven acercando sus dedos hasta sus pies, pero siendo detenida por el resto de hombres que estaban alrededor, de desatarse las cuerdas.-¡ES UNO DE NOSOTROS!.- gritó con las lágrimas bordeando sus mejillas.- ¡Karofsky busca a uno de nosotros…!.- terminó por decir, el volumen de su voz disminuyendo, sonando rasposa al final.
El cazador sonrió, alejándose de sus rehenes, haciendo un gesto para que se los llevaran nuevamente dentro.
Caminó con lentitud hasta arrodillarse frente a la joven, introduciendo su mano por entre su camisa y sacando su collar. La piedra celeste brillando frente a Brittany, quien abrió sus ojos sorprendida.
-Estoy muy segura de tus conocimientos sobre esto.- susurró, la rubia asintió con lentitud.- ¿Está ahí, el Zethout que busca Karofsky?
La joven sorbió su nariz, angustiada, miró hacia los dos chicos que eran llevados hasta el sitio más oscuro. Ellos no podían dar más del dolor, no fomentaría que siguieran haciéndoles daño, incluso si David terminara por desquitarse con ella.
Volvió a asentir.
"Deben saber que estamos aquí", señaló Santana, ambos corriendo a lo que sus piernas podían. Leopardo y Lobo hombro contra hombro.
"Lo saben", susurró mirando a su alrededor, agudizando el oído. "Solo necesitamos distraerlos hacia uno de los lados".
"Sabes que se dividirán", dijo haciendo un gesto con la cabeza, ambos encaminándose a la derecha.
"Podríamos hablarle a Brittany", sentenció tratando de pensar lo más rápido posible, saltando una tronco con habilidad, sin generar escándalo.
"No sabemos en qué condiciones esta", farfulló con la cabeza demasiado llena de pensamientos. "No podemos simplemente aparecer. "Generaríamos más escándalo que lograr rescatarla", agregó comenzando a seguir el rastro de aroma en el aire. La comida de los cazadores llegando hasta sus sentidos. Volvieron a doblar, esta vez a la izquierda. "¿Algo planeado?", volvió a preguntar, pero deteniéndose de lleno. Sus patas enterrándose en el barro cuando Kurt se puso delante de ella de pronto, frenando su paso. "¿¡Pero, qué-
Ambos contuvieron la respiración, cada sentido y músculo alerta cuando vieron salir de entre las sombras a una figura humana. Fue cosa de segundos para que saliera de aquella oscuridad, dejándose alumbrar por la luz de la luna.
Sus mechones rubios se veían plateados, y su rostro mucho más pálido de lo normal. Se veía visiblemente hastiado, enfadado, como si quisiera simplemente alejarse de todo y nada.
Kurt gruñó, enseñando sus colmillos, provocando que el cazador se detuviera alzando las manos muy por debajo, mirando hacia un lado y otro.
-No quiero hacerles daño.- anunció agachándose, escondiéndose entre los arbustos al quedar del tamaño de ambos Zethouts.- Lo juro.- agregó colocando una mano en su pecho.
Kurt entrecerró sus ojos, cambiando lentamente a su forma humana, mirándolo aún de la misma forma.
-¿Por qué debo creerte?.- susurró sin convencerse.- ¿Por qué no querrías hacerlo?
Jeff quitó su cabello del rostro, lamiéndose los labios nervioso de ser encontrados. Se miró las manos por unos segundos, para luego quitarse su arco y flechas, lanzándolo hacia delante, finalmente enterrando su cuchillo en la tierra. El ojiazul retrocedió su cabeza unos centímetros, pasando su mirada de las armas hasta el joven frente a él.
-He visto.- comenzó con la voz trastabillando.- Diablos, he hecho.- reflexionó cayendo sobre sus rodillas, una mano estrujando su chaqueta. Kurt involuntariamente se miró la pantorrilla, podía recordarlo de aquella vez en que tuvo que saltar del acantilado.- Cosas horribles, a seres como ustedes, a algunos tan jóvenes…- reflexionó más para sí mismo.
"No le creo mucho", farfulló Santana, enroscando su cola, sentándose al lado de Kurt.
-¿Estas arrepentido por tus pecados?.- ironizó Kurt, tomando una de las flechas, comenzando a dibujar patrones sobre el barro, formando surcos.
-Realmente lo estoy.- confesó mirándolo nuevamente, pero sin lograr convencerlo.- Por ello quiero ayudarlos.
Ambos Zethouts fijaron la vista en él, la pregunta expresada en sus ojos.
-¿Cómo?.- farfulló Kurt, lanzando la flecha contra las demás.- ¿Qué planeas hacer? ¿Ponerte a llorar frente a ellos y rogar piedad?.- soltó como si fuera estúpido.
-Tienen a una chica rubia.- declaró con seriedad, captando la atención de ambos.- Sabía que tenía que ver con ustedes.- agregó con la voz un poco más intacta.- Los puedo ayudar a sacarla.
-¿Cuál es tu plan?.- gruñó Santana al lado de Kurt, de pronto convertida en humana sin que el castaño se percatara.
Jeff desató un par de metros de cuerda de su cinturón, dejando que se iluminara contra la luz lunar; las hebras brillaron en un color dorado.
-Oh no.- le frenó Santana alzando una mano.- ¿Esta es la nueva forma de captura?.- gruñó frunciendo el ceño.- ¿Es una trampa para poder hacerte el héroe no es así?
-Santana.- le frenó Kurt, pero la chica se puso de pie, ambos brazos cruzados.
-¡No me pondré esa cosa!.- sentenció enfadada.- ¿Quieres averiguar lo que hace por tu cuenta?.- gruñó alzando su vestido, dejando ver su pie izquierdo, una cicatriz se extendía por el tobillo en forma diagonal. Kurt se quedó en silencio.- Tenía 13 años.- susurró soltando su falda con rabia.- Yo solo quería comer.- agregó con los ojos entrecerrados, mirando Jeff con rabia.- No intentes eso conmigo.
Jeff bajó sus manos hasta su regazo, pero fue en ese momento en que Kurt colocó sus dedos sobre los suyos. Su mirada se alzó hasta topar con la de él.
-Yo lo haré.
-¿Estas idiota?.- siseó agachándose de pronto, colocando sus manos sobre el brazo del castaño.- ¡Arderá como el infierno si tan solo intentas transformarte!.- agregó incrédula, mirando como Jeff le envolvía las muñecas.
-Si bien no fue directamente, yo las metí a ambas en esto.- susurró Kurt dejando que la cuerda fuera envuelta por Jeff sobre su piel.- ¿Querías un plan Santana?.- agregó mirándola a los ojos, creyendo que era su imaginación cuando los vio tan brillantes.- Éste es el único.
Brittany podía sentir cada mínimo movimiento, cada grito y exclamación que se repetía debido al eco del lugar. Su cabeza dolía y sentía impotencia de no poder hacer más por los dos jóvenes que estaban a su lado; los tres estaban en una jaula distinta.
-Te dije que no importaba.- jadeó el primer Zethout, su boca pasando a estar morada debido a la sangre coagulándose en los cortes alrededor.- Nos matarán en cuanto encuentren a los otros.- añadió haciendo un gesto a la luz, tosiendo, salpicando saliva ensangrentada.- Se desharán de la carga, dejarán la diversión.- insistió con la voz quebrada, Brittany observó al otro chico, quien estaba con la cabeza apoyada contra las ramas, sus ojos entrecerrados.
Deslizó la mano por entre su corsé, sacando uno de los puñales, para así acercarlo hasta las cuerdas.
-No sirve.- dijo el joven a su lado, enseñándole sus dedos, sus uñas gastadas.- Solo ellos pueden cortarlo.
La rubia frunció el ceño, volviendo a guardarlo con rabia entre sus prendas, para finalmente acercar sus manos contra su jaula, sus nudillos tornándose blancos mientras trataba de contener la rabia.
-Ya estamos condenados.- farfulló ella con la garganta apretada.- No dejaré que haya más sufrimiento y sacrifico del que debemos pasar todos los días. No es justo para ninguno.
Los dos guardaron silencio, dejando que sus cuerpos se acomodaran a la reducida forma de las jaulas, sus hombros bajando y ojos cerrándose en cansancio.
Brittany contuvo un suspiro, quedándose quieta cuando de pronto el sonido cesó. Alzó la vista hacia fuera, tratando de visualizar qué estaba ocurriendo en medio de los cazadores.
-¿Cómo lo hiciste?.- preguntó Wes acercándose a Jeff, al igual que el resto, quienes observaban al Zethout capturado, sus ojos vendados, sus manos y pies atados, pero sin haber sido arrastrado.
-Se entregó.- anunció con voz segura, empujando a Kurt un par de centímetros por la espalda.- Quiere que suelten a la otra Zethout a cambio.
Sebastian enarcó una ceja ante el acto de generosidad, y contuvo una carcajada ante la sola idea de que eso pudiera suceder.
-¿Qué pasó con tu rabieta?.- preguntó Sebastian soltando su ballesta, poniéndose de pie hasta acercarse a él.- ¿Que hay de tu arrepentimiento?
-Estaba confundido y cansado.- gruñó rodando los ojos como si fuera algo obvio. -Traje algo bueno, así que ocúpalo.- agregó soltándolo, dando un pasó hacia atrás, dándole la espalda.
-Eran dos.- aclaró clavando su mirada en la nuca. Jeff se detuvo un par de segundos, sintiendo además los ojos de todos sobre él.
-Huyó.- farfulló mezclándose con el resto de cazadores, dejando que la atención se volviera a fijar en la criatura capturada.
Sebastian quitó la venda de un tirón, lanzándola hacia un lado; Kurt le miró directamente, sin fijarse en lo que estaba a su alrededor.
-Hola, ternura.- canturreó tomando su mentón, ladeando su rostro de un lado a otro, de la misma forma que hizo con Brittany.
-Borra la sonrisa de tu cara.- gruñó con los ojos entrecerrados. El cazador sólo la ensanchó mas.
-Dame una buena razón para no comenzar a torturarte hasta que no puedas hablar.- siseó Sebastian acercando su rostro, provocando que su aliento se mezclara entre ambos. La sonrisa del ojiazul se hizo burlona, colocando sus dedos sobre su chaqueta, sus manos aún atadas frente a él.
-Soy Kurt.- declaró apartándolo con un leve empujón de sus dedos.- Soy a quien busca Karofsky.
Sebastian retrocedió por su cuenta está vez, pareciendo perplejo ante la mirada del Zethout; el resto se vio sorprendido, pero no tanto como él lo estaba. Kurt podía recordarlo perfectamente. Su flecha fue la que le hirió la pantorrilla, estaba seguro.
Jeff le explicó en el camino todo lo que Brittany habia dicho, en partes, no la culpaba, era una joven demasiado dramática y de buen corazón para ser lo que es. Era de esperarse que dijera cosas demás.
-Dime una cosa.- susurró Sebastian volviendo en sí, comenzando a rodearlo lentamente.- Kurt.- agregó acercándose a su oído, soltando el aliento caliente contra su piel. El castaño enseñó sus dientes, pero tuvo que detenerse a ahogar un gemido, mirando a sus manos, viendo como una herida empezaba a formarse en su piel. Lo había olvidado. No podía intentar nada.
Escuchó la risa burlesca de Sebastian detrás de él, pero decidió ignorarla. Debía controlarse.
-¿El hecho de que me rodees como un perro te da aires de superioridad?.- farfulló el castaño, comenzando a mirar hacia sus lados. Los cazadores parecían unos divertidos espectadores.- Supongo que ustedes son solos peones.
-Hey…- susurró el cazador colocándose nuevamente frente a él, colocando ambas manos en sus hombros.- La conversación es entre tú y yo.- sentenció seriamente, volviendo a tomar distancia.- Ahora, mi pregunta es… ¿Por qué Karofsky te busca tan desesperadamente?
Kurt soltó un sonido gracioso por la nariz, alzando el mentón unos centímetros.
-¿Alguna vez leíste sobre sultanes y las mujeres que esclavizaban para que lo entretuvieran?.- preguntó ladeando un poco la cabeza, pareciendo más relajado de lo que debería estar en esa situación.- Digamos que yo soy su concubina.
Sebastian se lamió los labios, estrechando su mirada.
-¿Sabes leer?.- preguntó rodando los ojos.- Asqueroso.- se burló ante la idea anterior, enseñando sus dientes en una amplia sonrisa cínica. Kurt mantuvo su gesto ausente, su sonrisa decayendo hasta quedar en una mueca de desagrado.
-No te imaginas cuánto.- soltó alzando la vista entre la multitud, tratando de poder oír algo de entre las sombras.
-No planeo ofenderte.- le interrumpió Sebastian en su concentración, volviendo a caminar en círculos a su alrededor.- Pero puedes ser reemplazado por algo mucho más lindo, y femenino.- agregó en entredientes, causando una risa en general.- ¿No crees que estas siendo narcisista al creer que esa es la razón por la cual te busca?
Kurt sintió su cuerpo tensarse, intentó retroceder, pero debido a la cuerda cayó hacia atrás, luchando con las ataduras, pero solo rasgando la herida reciente en sus manos. Tuvo que soportar nuevamente las burlas, escuchando las risas pareciendo estancarse en sus oídos.
Negó con la cabeza.
Debía calmarse o arruinaría todo.
-¿Cuál es tu razón para seguir dudando?.- preguntó moviendo su cabeza para quitar el flequillo de su frente.
Sebastian se puso en cuclillas frente a él, su sonrisa siendo completamente poco racional, y deformada para ser tan solo una de gozo.
-Conozco a Karofsky más de lo que piensas.- anunció alzando una de sus cejas. Mirando a Kurt directamente, provocando que el Zethout se sintiera un poco incómodo.-Cuando menciono tu infancia.- susurró concentrándose en cada palabra que pronunciaba.- ¿Qué recuerdas?
-Fue sencillo.- declaró Santana dentro de la cueva, alzando su falda para no chocar con las cosas que estaban en el suelo, en desorden.- ¿No les enseñan modales…-
-¡Cállate!.- siseó empujándola delante de él, comenzando a avanzar hasta la parte oscura de la cueva, ignorando a los cazadores que se hallaban observando la escena. Santana cambió sus ojos para así poder visualizar todo con mayor facilidad.
Era un camino largo, se podían escuchar las gotas de humedad caer contra charcos en el fondo. Siseó cuando un par de ratones pasaron delante de sus pies, retrocediendo, pero siendo detenida por Jeff, una de sus manos contra su espalda.
-Solo un poco más.- aseguró viendo menos que ella, pero habiendo contabilizado correctamente los pasos. Santana soltó el aire contenido por su nariz.
Fue cosa de solos un par de minutos, tratando de esquivar los montículos de tierra o las paredes disparejas a su alrededor, hasta que finalmente Santana logró visualizar algo.
"No", susurró Brittany empujando las ramas, escuchándose derrotada. "No me digas que a ti también…-
La morena avanzó a pequeños saltos, esquivando las pozas de agua, seguida por el cazador detrás de ella.
-No, tranquila.- avisó agachándose a su altura, mirando a las dos jaulas a su lado con la mirada perpleja. Volviéndose a mirar a Brittany con los labios entreabiertos. La rubia asintió.
Santana se volteó a Nick, furiosa.
-¿Qué significa esto?.- farfulló poniéndose de pie otra vez.- ¿Vas a atraparme? ¿Este era tu verdadero plan? ¿Convencernos de que las cosas saldrían bien?.- agregó apuntándolo con uno de sus dedos. Jeff colocó ambas manos delante de él, negando frenéticamente a sus ojos gatunos.
-¡Traté de impedirlo!.- farfulló casi tropezando con una piedra detrás de él.- ¡Tienes que entender que aquí nadie quiere ser el bueno!
-¿¡Y eso te incluye!?.- siseó alzando una de sus manos, las garras presentes en ellas.
-Tiene razón.- susurró rasposamente el segundo joven atrapado, intentado sacar una de sus manos por entre las ramas de bambú.- Casi le disparan por ello.
Ambas chicas voltearon a Jeff, quien prefirió no mirar a ninguna de vuelta, simplemente se agachó a la altura de la jaula, comenzando a cortar las cuerdas con su cuchillo.
Santana miró a ambos Zethouts a su lado, ambos niños luciendo destrozados, sin mencionar al primero, quien parecía inconsciente.
-Quiero a los tres.- sentenció la joven con seriedad, observando una de las paredes de la jaula caer, para dejar libre a Brittany, quien se afirmó del brazo de Santana para no caer, debido a sus piernas agarrotadas.
-Ese siempre fue el plan.- dijo Jeff caminando hasta las respectivas jaulas, siguiendo con el proceso de cortar.
Kurt sintió de pronto su cabeza bajo el agua.
La pregunta rondando en su mente de un lado a otro. ¿Qué recordaba de su niñez?
Practicamente nada.
Había pasado tantos años siendo lo que ahora era, que su cerebro dejó de recordar todos los detalles que en algún momento le dieron felicidad. Solamente podía tener una que otra visión, pero siempre eran solo minutos, incluso segundos.
Sin embargo, creía recordar las razones del por qué se había convertido en esto.
-Supongo que no.- gruñó Sebastian, de pronto apareciendo a centímetros de su rostro, desconcertándolo.- Te diré lo que yo recuerdo.- agregó alzando sus cejas, sus labios ahora siendo una línea recta.- Un niño que amaba cabalgar, volvió a casa porque se extrañó que su madre no lo llamara a cenar.- relató sacando su cuchillo del cinturón, extendiéndolo lentamente hacia Kurt.- Para encontrarse finalmente con sus dos padres envueltos en un charco de sangre.- agregó enfurecido, sus mejillas rojas de ira, sus ojos viéndose totalmente oscuros.- ¿Adivinas quien me observaba desde la ventana?.- agregó finalmente enterrando el filo en el estuche de la espada de Kurt. El castaño le empujó de golpe, tomando su arma con ambas manos.
-¿¡Se supone que yo tengo la culpa!?.- le regañó negando incrédulo.- ¿¡Qué planeas con torturar a todo el resto, sabiendo que el responsable no somos nosotros!?.- exclamó impulsando su cuerpo hacia delante para sentarse sobre sus rodillas.
-¿Qué sacas tú con ocultarme el hecho de que Karofsky no hace algo al azar?.- preguntó con sus ojos brillantes y ampliamente abiertos.- ¿Crees que no hubiera asesinado a mis padres si no se hubiera percatado de que lo observaban a la distancia?.- señaló entrecerrando los ojos, negando con la cabeza. El resto de los cazadores guardaba silencio. Si conocían la historia, la mayoría conocía la de que cada uno, debido a las largas noches que debían pasar juntos, pero no lograban pretender a qué quería llegar.- Dime Kurt.- repitió al igual que el comienzo de toda esa charla.- ¿Qué eres?.- susurró sonriendo ligeramente, viendo que el Zethout se veía frágil.
Kurt cerró los ojos, mirando hacia el suelo. ¿Qué planeaba? ¿Qué lograba?. Su respiración se estaba volviendo frenética y la cabeza estaba empezando a matarlo lentamente. Los recuerdos se acumulaban.
-¿Qué?.- susurró Kurt mirando al joven frente a él, vestido de una forma similar a la de Blaine. La chaqueta, sin embargo, era celeste, y su cabello rubio no estaba tan ordenado.- ¿Por qué dices algo así?.- agregó con la voz quebrada, viendo como le daba la espalda.
El castaño gruñó colocando ambas manos lo más cercanas a sus sienes, la presión siendo similar a la de una jaqueca, su corazón latiendo demasiado apresurado.
Logró escuchar pasos a su alrededor, pero sus ojos no querían abrirse.
-¡Eres un mentiroso!.- exclamó alguien golpeándolo. Todo se veía gris, como si estuviera en blanco y negro. Manos y golpes llegaban a sus brazos, parecía tambalear entre empujones y solo escuchaba gritos.
-¡Lo sabíamos!.- gritó alguien más, sintiendo sus pies dudar y tropezarse entre ellos hasta caer contra la acera.
-¡Qué desperdicio!.- agregó otro, pero para cuando alzó la vista solo visualizaba sombras realmente oscuras. Su mente había olvidado los rostros.
Aún era tan difícil recordar.
Santana salió silenciosamente de la cueva. Jeff iba a un lado de ella, tratando de cubrirla y mirando a Brittany convertida en lince, quien cargaba a los niños sobre su espalda, el más consciente sosteniendo el cuerpo del otro entre el suyo y ella.
-¿Qué pasa con Kurt?.- le frenó Santana, cuando Jeff estaba instándolas a salir al bosque con gestos.- No podemos volver sin él.
El rubio miró entre la multitud un tanto nervioso de ser capturado, pero todos parecían bastante concentrados en lo que pasaba. Se alzó en sus puntas, logrando ver a Sebastian caminar cerca de la criatura, sus manos bajas y extendidas hacia…
-¿Qué esta haciendo?.- gruñó Santana sabiendo que se trataba del cazador que recibió a Kurt.
Jeff frunció el ceño sin entender.
-Quiere… ¿Quiere quitarle la espada?.- preguntó más para sí mismo que para otra ella. Los ojos de Santana se ampliaron de sobremanera, y empujó a Brittany para que comenzara a correr entre los árboles.
"¡HAZLO!", siseó cuando la vio dudar, dándoles la espalda para luego enfrentarse a Jeff, quien miró extrañado como los Zethouts escapaban sin ella.
-Escúchame.- dijo seriamente.- No sé qué puede pasar.- declaró notoriamente nerviosa.- Pero solo aléjate de la zona lo más que puedas.
-¿Qué?.- soltó aún hablando bajo sin entender qué pasaba.- Es tan solo un arma.
-Lo ha provocado.- sentenció subiéndose sobre una piedra, viendo a Kurt haciéndose pequeño en el piso. Esto iba mal.- Si tienes algo que quieras aquí, huye con eso.- agregó segura de sus palabras.
-¿Qué pasará con él?.- preguntó el rubio con respecto a Kurt, aún sin estar seguro de lo que ocurría a su alrededor o de su aparente actitud de pánico.
Santana titubeó, respirando profundamente mientras miraba a Sebastian cada vez más cerca.
-¡Hey!.- siseó tratando de que lo mirara de vuelta, pero lo último que vio fueron sus ojos humanos, convertirse en un pestañeo a los de leopardo. El animal asintió en agradecimiento por todo, y luego corrió en la misma dirección que la de Brittany.
Jeff volvió la vista a la multitud, caminando apresuradamente hasta los cazadores, empujando a uno que otro hasta finalmente encontrar al único que podría escucharlo.
-Oye.- susurró Nick alzando una ceja, al reconocerlo.- ¿Dónde estabas?. Creí que…- su voz fue disminuyendo cuando se fijó en la mirada nerviosa de Jeff, su respiración trastabillando.- ¿Qué pasa?.- pero Jeff lo arrastró entre el resto, recibiendo uno que otro comentario desatinado, sumada a la mirada de extrañeza de Wes, quien se hallaba cerca de Nick anteriormente.
-Hay que salir de aquí.- farfulló tratando de que nadie le oyera.- ¡Solo hazlo!.- insistió cuando Nick le miró incrédulo y sin entender de vuelta.
-¿Podrías explicar?.- preguntó sin entender nada, fijándose en que Jeff alzó la mirada por sobre su hombro.
-No hay tiempo.- siseó golpeando su puño contra su estómago, logrando que se agachara lo suficiente como para poderlo alzarlo sobre su hombro, y comenzar a escabullirse, bordeando la cueva para así quedar detrás de sus paredes.
Lo creerían loco por confiar en un Zethout, pero ellos habían confiado antes en él. ¿Podría esa ser la forma de devolver la mano?
Sebastian observó con desdén a la criatura frente a él. Temblaba como si hicieran grados bajo cero, sus ojos estaban cerrados con fuerza y parecía poder desmayarse en cualquier momento.
Se agachó frente a él nuevamente, examinándolo con cuidado. ¿Qué podría tener de especial que Karofksy lo quisiera con tantas ganas?
Deslizó su mano sobre la espada, esta vez, rozando las manos de Kurt en el proceso debido a la cercanía. Su corazón pareció acelerarse cuando recibió una mirada inyectada en sangre devuelta.
Eran ojos rojos, fluorescentes y brillantes.
-No la toques.- susurró en una voz distorsionada, como si fueran tres tonos distintos de una sola vez. Sebastian no alcanzó a retroceder para cuando escuchó un estallido.
Las cuerdas se habían deshecho, depositándose en el suelo como cenizas, mezclándose con la tierra. Jadeó asustado cuando la espada despareció de su vaina, cortando el aire de un solo golpe, sintiendo un empujón por sobre sus costillas, que lo hizo caer.
-¿Y bien?.- farfulló el Zethout, mirando a todos los cazadores retrocediendo en busca de sus armas, o simplemente alejándose lo suficiente.- ¿No es su finalidad cazarnos?.- agregó enseñando sus dientes, esta vez, demostrando sus respetivos afilados colmillos.
Sebastian nunca había visto algo así en su vida. Ni siquiera en todo sus recorridos y memorias de cacería recuerda haber visto algo como esto.
Se incorporó, abriendo los ojos en total sorpresa cuando sintió un dolor punzante en su estómago, siendo que Kurt solo lo había empujado. ¿Qué rayos?
-¿Los antepasados te hicieron esto?.- preguntó sacando la conclusión más obvia, tratando de reponerse. El castaño se puso serio, sus labios curvándose hacia abajo, y sus ojos mirándolo con el mismo desdén que el cazador le había otorgado.
Pasó saliva por su garganta.
-Enas.- susurró Kurt arrastrando el filo de su espalda por la tierra, formando un surco a cada paso que daba.-Dío….Trís...-agregó sin quitarle la vista de encima, sin embargo, percatándose del movimiento a su alrededor. Sebastian no estaba seguro de si se armaban o estaban intentado huir.- Téseris.- soltó finalmente, escupiendo la palabra de entre sus dientes, con desprecio.- ¿Cómo sabes de ellos?.- farfulló, alzando la vista de un solo movimiento hacia los hombres a su alrededor, quienes parecieron querer retroceder, conteniendo el aliento.- ¿En serio, quieren siquiera intentarlo?.- agregó en su voz tan extraña, desconcertando al resto de los hombres, quienes sintieron nervios y miedo de lo que pudiera pasarles luego de esa advertencia.
-Era una leyenda.- le aclaró Sebastian, captando su atención, sintiendo sudor frío correr por su cuello al sentir esos ojos rojos posados en él nuevamente.- No…- farfulló mirando por el rabillo del ojo al resto de los cazadores, quienes tomaban la suficiente cantidad de cuerda para inmovilizarlo.- No creí que fuera posible-
-Ni ellos parecieron creerlo.- soltó rozando su lengua entre sus dientes. Sebastian abrió sus ojos de par en par. ¿Lo estaba confirmando? ¿La historia era cierta? ¿Los humanos podían…-
-¡AHORA!.- gritó alguien de entre la multitud, lanzándose a Kurt como si fueran animales, pasando de mano en mano la longitud de la cuerda, rodeándolo, haciendo los nudos posibles, manteniendo sus manos detrás de su espalda mientras parecía no luchar contra sus atacantes.
Sebastian se puso de pie, aún sintiendo el dolor punzante en su costado, sintiéndose mucho más nervioso que antes. Fue cuando vio que la espada de Kurt había caído en el suelo, y que su semblante se volvió completamente frío y oscuro, en que dudó que eso serviría.
-¡Atrás!.- exclamó cubriéndose el rostro, sintiendo cómo todas las cuerdas cedían, sonando como si fueran trozos de tela rasgándose, mientras los hombres a su alrededor corrían detrás de las piedras y sectores donde refugiarse mientras veían como se volteaba a arrebatarle la espada a un hombre, quien gimió temblorosamente, mirando como volvía a guardarla en su estuche.
-¡LOS HUMANOS SON UNOS COBARDES!.- sentenció corriendo a través del bosque, sus dos pies cambiando a cuatro patas a medida que la oscuridad lo rodeaba. Sebastian se alejó un par de metros, quitándose la camisa de entre los pantalones, escuchando todas las exclamaciones y los cuestionamientos del resto; la desabotonó, observando que sobre los huesos de sus costillas, se comenzaban a formar moretones, siendo una mezcla de marcas amarillas con pequeños puntos oscuros.
Si pudo hacerle esto con un empujón.
¿De qué sería capaz de hacer en una verdadera pelea?
Santana sintió el sol sobre su cabeza. El amanecer estaba comenzando a hacerse presente. Bajó la vista hacia el lince a su lado. Brittany aún llevaba a ambos chicos, quienes lucían expuestos, frágiles y cansados.
Había sido una noche larga, y no estaba lo suficientemente segura de qué deberían hacer ahora con dos chicos heridos, su objetivo perdido, y un posible castigo por llegar.
Empujó una rama con una de sus piernas para que así Brittany pudiera avanzar, pero la Zethouts se detuvo antes de avanzar.
"Algo viene", afirmó mirando hacia atrás. El chico que parecía más convaleciente alzó la vista al igual que ellas, pero su respiración se vio contenida cuando vio a un lobo aparecer de entre los arbustos. Sus ojos tan rojos como nunca antes había podido apreciar ese color.
Santana avanzó cuidadosamente hasta él; sus manos extendidas a ambos lados de su cuerpo y sus pies avanzando cuidadosamente, intentando evitar las ramas esparcidas sobre la tierra.
"¿Kurt?", preguntó temerosa de que cualquier ruido podría hacerlo explotar. Pero sus ojos volvieron al café oscuro y su cuerpo retornó a su estado humano para caer sobre sus rodillas en un jadeo igual al de un hombre saliendo a la superficie en medio del mar.
-Mierda.- farfulló la joven sosteniéndolo por los hombros, tratando de buscarle la mirada.- ¡Hey!.- insistió golpeándole las mejillas, sintiendo un poco de alivio cuando le miró devuelta.
-La sirena.- sentenció con la voz rasposa. Santana frunció el ceño, volteándose hasta Brittany, quien parecía igual de confundida.
Kurt estaba exhausto por la carrera, además de todo lo que ese extraño poder estaba haciéndole a su cuerpo o a su organismo si es que eso era posible.
-¿Qué tiene que ver ese pedazo de pez aquí?.- preguntó un tanto molesta de tener que estar caminando de un sitio a otro. Ni siquiera habían dormido apropiadamente.
-Es la única que puede curarlos.- farfulló tratando de incorporarse, su mano sobre su pecho y su rostro en una mueca de dolor. Se colocó de pie al lado de Santana, mirándola directamente, comenzando a avanzar, volviendo a empujar las ramas que Santana había intentado antes.
La joven lo detuvo, sosteniéndolo del brazo mirándolo detenidamente, como si intentara leer su exterior.
-¿Qué hay de ti?.- preguntó a regañadientes. Kurt se volteó a su camino, soltando su agarre para así continuar.
-Es mejor que me entreguen en este estado… En cambio ellos.- agregó mirando a ambos niños.- Deben recuperarse, llegar al refugio silenciosamente y esconderse entre los demás por unos días.- afirmó.- Se entretendrá lo suficiente conmigo como para darse cuenta que volvieron.- susurró convencido.
Ambas Zethouts no pudieron contradecir su palabra. Solo se limitaron a seguirlo por el mismo camino.
-¿Blaine?
El Príncipe alzó la vista de su plato de comida, mirando hasta la mitad de la mesa, encontrándose con una mano extendida sobre la madera. Sus nudillos rosados, y sus dedos elegantes.
-Lo siento, madre.- susurró depositando los servicios a cada lado del plato, por miedo a que resbalaran de sus manos. La mujer lucía con el gesto preocupado; su piel destacando con el color de la tela de su vestido.- ¿Cómo les fue en su viaje?.- preguntó aclarándose la garganta, tomando entre sus dedos la copa de vino blanco frente a él, bebiendo solo un sorbo, lo suficiente para que el calor le inundara la boca.
-Tu padre logró hacer los planes necesarios.- afirmó con una sonrisa satisfecha, mirando a su esposo, quien estaba concentrado en cortar un trozo de carne generoso. Blaine soltó el aire contenido por su nariz con suavidad, sin sonido, siendo lo más sutil posible.- La economía se hará un poco más llevadera por lo menos hasta fin de año.
-El hombre que contratamos fue muy acertado.- refutó el hombre, tomando su copa de vino, el líquido tambaleando contra las paredes de cristal.- Además… aseguró que Blaine podría tener futuro es esto.
El Príncipe alzó nuevamente la vista, tratando de parecer interesado en la conversación y así no llamar la atención de su madre.
-¿Qué decías, padre?.- preguntó tomando su tenedor, jugando con las papas que estaban en su plato. La Reina mantuvo un aspecto preocupado, mirando las manos temblorosas de su hijo; el sol iluminaba por sobre la mesa, los rayos se reflejaban en los cristales de la lámpara sobre sus cabezas.
-Que el economista reconoció tu talento con respecto a los números.- aclaró pareciendo estar de acuerdo según su tono de voz.- Además, confesó que lamentaba no poder tener descendientes para poder enseñarles y transmitir el conocimiento.
-¿Qué no estuvo casado?.- interrumpió la joven mujer, frunciendo el ceño levemente al recordar. El Rey giró su mano en la base de su muñeca, tratando de darle una explicación, cuando la puerta se abrió, dejando pasar a Quinn. La mirada de Blaine fue directa hacia su rostro.
-Lamento interrumpirlos, sus Majestades.- dijo alzando parte de su vestido, agachándose unos centímetros.- Pero ha llegado el mensajero.- agregó limpiando nerviosamente sus manos contra el delantal.- Tiene las últimas novedades del pueblo, además de los recientes reclamos.
-Por favor.- comenzó el Rey, hablando rápidamente con los ojos centrados en su plato. Quinn miró detenidamente a Blaine, quien abrió los ojos un poco más, en busca de alguna señal que le diera un poco de tranquilidad, pero la joven negó con la cabeza. Los hombros del Príncipe descendieron en decepción, asintiendo con una sonrisa resignada a la joven, quien volvió su atención al Rey.- … Así que, dile que lo recibiremos en la tarde, antes del anochecer.
-Como usted quiera, su Alteza.- afirmó volviendo a hacer su reverencia, caminando hacia la puerta para poder volver a su labor.
Fue cuando estaba a cinco pasos de poder salir, en que se detuvo debido a la voz de mando de la Reina.
-Quinn.- la llamó seriamente, provocando que el silencio cayera de lleno en la habitación. La rubia se mordió el labio, girándose sobre sus talones, volviendo el camino por el que se había retirado.
El lugar completo estaba lleno de lujos, que se destacaban más aún por la luz del día. Las baldosas dispuestas en el piso, confeccionadas de mármol, al igual que los pilares. Los muebles barnizados como si tan solo hubieran sido pintados aquella mañana, sumados al aroma de las flores frescas en los jarrones, daban un ambiente sofisticado.
-¿Sí?.- preguntó temblorosamente, rogando internamente mantener la calma.- Su Alteza.
La Reina depositó la servilleta a un lado de su plato; su brazo extendiéndose hasta tomar su copa y comenzar a jugar con su contenido.
-¿Ocurrió algo inusual dentro del Castillo en nuestra ausencia?.- preguntó cambiando su mirada directa desde el vino hacia ella, provocando un movimiento notorio de sus pestañas.
El Rey se vio un tanto interesado, pero aún así siguió comiendo, terminando su almuerzo. Blaine apretó sus dientes, mirando a Quinn unos segundos, quien parecía notoriamente seria y profesional, pero el Príncipe la conocía. Sabía que estaba a punto de estallar en nervios.
Fue cosa de instante, un microsegundo en que Quinn y Blaine volvieron a intercambiar miradas, y que la Reina volvió la vista a su copa, en que la joven lo entendió.
-No, su Alteza.- sentenció agachando la cabeza, sus ojos cerrados, mientras Blaine aún tenía la respiración contenida. La Reina sonrió levemente.
-Bien, agradezco tu información.- agregó, dejando que Quinn se marchara, sintiendo la mirada del Príncipe sobre su nuca.
No hacia lo mejor como una criada, de hecho estaba arriesgando su empleo, pero Blaine había sido siempre amable con ella y su hija.
Supuso que era tiempo de comenzar a devolver favores.
Beth entró a la biblioteca del Príncipe rápidamente y sin ser vista.
Últimamente, Quinn se había estado preocupando de dejar la habitación que había sido de Kurt como si nunca hubiese sido usada, revisando cada detalle y ordenando milimétricamente.
El escape del huésped había sido desconcertante. Quinn se vio un tanto ofendida, debido a que había tratado de ser lo más amable posible con un extraño como para que le pagaran así. Pero Blaine…
El Príncipe parecía desconcertado, e incluso perdido.
Se pasó unos días revisando los tomos de caligrafía francesa, revisando sus páginas como si buscara algún mensaje oculto, quizás, ya que estaba absorto en su mente.
Se mostraba preocupado, tanto por su salud, y el saber cómo es que burló a la guardia sin ser visto.
Beth había llegado a la conclusión de que era cierto que aquellos hombres que cuidaban las entradas se dormían por la noche. Era algo de lo que sospechaba hace varias semanas, pero Blaine parecía no escucharla.
Seguía mirando los tomos una y otra vez.
"¿Qué le pasa a Blaine, mamá?", recuerda haber preguntado aquella mañana, mirando como Quinn acomodaba la almohada sobre la cama de un lado a otro.
"Perdió a un amigo, Beth", le había contestado cruzándose brazos, evaluando su labor con los ojos entrecerrados. "Esta triste."
Ella no entendía esas cosas.
Miró los libros que había sacado ese día de la biblioteca, sabiendo que la hora del almuerzo también era bastante factible poder visitar el lugar y sacar uno que otro tomo del cual quería saber. Se mordió el labio inferior ansiosa por poder ocultarlos nuevamente, acercándose a uno de los estantes, sacando los que estaban más hacia fuera, revisando que los que escondía detrás estuvieran en orden.
Sin embargo, retrocedió como si hubiera visto un insecto particularmente desagradable, pestañeando un par de veces demás sin entender porqué el libro de Zethouts estaba perfectamente colocado entre ellos.
Hola Klainers!
Yo tenía listo este capítulo hace una hora, y apreté un botón sin querer Y SE BORRÓ TODO LO QUE TENÍA CORREGIDO Y CASI LLORO.
Así que perdón si hay algunas faltas, o cosas que no se entiendan, avísenme si es que pasa, ¿Sí? u-u
Les quería contar que hice el trailer de este fic: (https)(:)(/)(/)(www).(you)(tube).com(/)(watch?v=XslkG59u2ME) Tienen que borrar los paréntesis. Lo había publicado en mi página de facebook, pero igual lo vuelvo a poner aquí.
SÉ que no se ve mucho Klaine, pero puede que desde el próximo capítulo hayan muchas revelaciones.
Los quiere, ama y adora mucho,
~Carolice
