- Está hecho, pero el permiso tiene que estar…
- Gaara, voy a repetirlo una última vez. Hyuuga..
- La señora Uchiha.- corrigió el pelirrojo.
- Lo firmó.
El doctor se tomó el puente de la nariz y suspiró profundamente. Estaba seguro que los insultos e improperios corrían por su mente, pero se había convertido en un profesional.
Encendió un cigarrillo más.
- Esto es serio, Uzumaki, ¿Puedes manejarlo?
- ¿Qué te hace creer que no puedo hacerlo?
El chillido de ruedas sobre el pavimento los tomó por sorpresa.
Un hombre de traje bajó de un automóvil con vidrios tintados. El cabello revuelto y los anteojos negros lograban darle un aspecto algo intimidante.
El extraño ataviado de negro fijó su mirada en ellos, ambos torcieron la cabeza en un intento por reconocerlo.
Y fue como ante la mirada atónita de los transeúntes comenzó a cruzar entre medio del tránsito matutino como si fuera un paseo en el parque, coleccionando a su paso sonidos de bruscas frenadas e insultos de los conductores.
El descuido y la forma en que marchaba eran un sello personal de aquel individuo.
Poco había cambiado.
- Los años no pasan para ti, Shisui. – comentó exhalando.
El hombre de cabello azabache soltó una risa divertida mientras estrechaba su mano.
- Te ves bien, Uzumaki. – comentó sonriente apoyando una mano en el hombro.
Se quitó las gafas y procedió a despeinarse aún más, su mirada bordó bajo la luz del sol.
Como uno de los últimos bastiones de la estirpe Uchiha, Shisui era perfecto. Piel nívea, cabello color ébano y aquellos ojos con que la genética los había maldito.
- ¿No deberías estar trabajando?
Los ojos color rubí se abrieron al máximo. Al parecer la pregunta lo había tomado por sorpresa.
- Puede ser. – dubitó.
- Entonces deberías estarlo.
- Por favor, soy el CEO de la maldita empresa, a nadie le importa mi vida. – rió rascándose la cabeza.
La sonrisa en sus labios contrastaba con la tristeza en sus ojos. No hubo otra oportunidad para él. Para ellos.
Es un hombre que rió toda su vida para no llorar.
- Basta de porquerías, vamos a lo nuestro. – sacó unos papeles arrugados del bolsillo de su chaqueta. Una vez que intentó estirarlos un poco, los pasó.
En un primer paneo, observé un título de propiedad, una serie de papeles con fotos y demasiadas cláusulas. Fruncí el ceño.
- Me tomé la molestia de encontrarles alojamiento. – comentó al aire mientras encendía un cigarrillo mentolado. – Es la casa de campo. Supuse que les traería buenos recuerdos…
- ¿Estás cediendo al pedido del directorio?
El hombre elevó una fina ceja negra. Justo en el blanco.
- Es el título de la propiedad, por si acaso. También están los papeles del auto, el titular es Sasuke…
- Tengo medio de transporte propio, gracias ¿Qué hay de lo demás?
- Acuerdos de confidencialidad, ya sabes, cosas de rutina…
Las orbes celestiales se abrieron de par en par. Esto era demasiado.
- Son cinco enfermeras, dos mucamas. – exhaló un halo de humo. – Obvié al mayordomo para darles mayor privacidad.
- Tener siete personas desconocidas en la casa no resultaría ser muy privado…- comentó, mirando los perfiles de cada una de ellas.
- Son buenas. – asintió sonriente. El pelinegro estaba vendiéndole la idea como si se tratase de una operación de mercado. Exhaló pesadamente y movió su cabeza de lado a lado. Su cuello sonó. - En fin…
- Tienes todo calculado.
" – Quiero seguir. Di que quieres lo mismo"
– Hay un problema, eres mi…
El más joven lo silenció con un corto beso. Aquella sensación en el estómago no parecía ceder y los escalofríos se hacían cada vez más comunes ante el más pequeño roce entre sus cuerpos.
- Responde, Shisui.
Era una orden.
- Deseo lo mismo.
El cabello caía en finas hebras oscuras sobre su pálida frente y acariciaba sus mejillas. Las eternas ojeras grises resaltaban los hermosos ojos carmesí.
Siempre había pensado en ellos como calcos eternos destinados solamente a ser semejantes y cumplir un rol en una vida que eventualmente les resultaría ajena.
La justificación sería que así es como se maneja la familia.
- Entonces, no hay problemas.
Pero él era distinto. Siempre lo había sido.
Sintió las ganas de besarlo, luego recordó donde estaban. Los vidrios del auto no estaban lo suficientemente tintados como para bloquear la visión por completo.
- Su capacidad de raciocinio es excepcional, joven Uchiha.- bufó imitando a una de sus profesoras.
- Suelen decírmelo a menudo.- sonrío arrogante.
Cómo no quererlo.
- ¿Crees que sea hereditario?
- No lo sé…- dubitó por unos segundos mirando a la nada.- Cuando logres pasar de año te lo confirmo.
Era hora de volver a la realidad. El tiempo nunca era suficiente. Tal vez un día podrían mudarse, irse de la ciudad, o aún mejor del país; cambiar sus apellidos por uno japonés más común o carajo, incluso uno anglosajón estaría bien; si se tinturaba el cabello de un color más claro y cubría sus ojos…
- ¿Shisui?
- ¿Sí?
- Te quiero.
La sensación en el estómago estaba fuera de control. Dolía.
Acarició el puente de la respingada nariz con la yema de sus dedos, continuando su recorrido por el exquisito cuello hasta llegar a la nuca.
- Yo también te quiero.
Los incrédulos ojos granate pasearon por su rostro, una sonrisa boba en su bello rostro. Tan sólo con eso aquella extraña sensación en el estómago desapareció de inmediato."
La mirada escarlata buscó mis ojos y sus labios esbozaron una sonrisa enorme, una línea perfecta de dientes perlados. Se balanceó sobre sus talones y giró como un bailarín.
Era el distinto en la familia.
- Nunca respondiste a mi pregunta. – el rubio le habló a la espalda negra. Shisui era muy escurridizo.
- Estoy cediendo al pedido de mi último familiar vivo, Naruto. – respondió sonriente mirándolo por encima de su hombro.
El hombre de traje negro se alejaba con la misma parsimonia con la que había llegado al lugar.
