Viviendo para Sobrevivir

Tras la muerte de sus padres y de su pequeño hermano, Kagome se cierra ante cualquier emoción o sentimiento. No se permite volver a pasar por aquel dolor jamás. No se permite que ninguna persona vuelva a destrozarle el corazón de esa forma, y dejarla abandonada a su suerte. Ella nació destinada a sobrevivir.

Disclaimer: Los personajes pertenecen a Inuyasha, el manga de Rumiko Takahashi. La historia es enteramente mía.


Capítulo Siete

La charla

Ella no había pronunciado palabra alguna durante unos minutos. Tampoco él. Se dedicaron a mirarse mutuamente en silencio.
A la chica le aterraba lo que estaba a punto de pasar. No se sentía preparada para hablar de lo acontecido hacia seis años atrás.

Y bien, ¿de qué quieres hablar a esta hora de la noche?– preguntó la joven rompiendo el silencio. Él se acercó un poco más a ella.

¿No vas a invitarme a entrar?– cuestionó altanero. Kagome le frunció el ceño.

¿Debería?– le preguntó a su vez, levantando una ceja interrogante.

Va a ser una conversación muy larga– aseguró Inuyasha cruzándose de brazos.

Kagome suspiró.

Podemos hablar, de lo que sea que quieras hablar, en otro momento. Estas no son horas para tener una charla– dio media vuelta, dispuesta a entrar a su departamento.

Inuyasha la interceptó antes de que lograra escabullirse. La agarró del brazo y la obligó a mirarlo a la cara. El dorado de sus ojos parecía líquido fundido. Era hipnotizante.

No vas a escaparte de nuevo, no lo permitiré– dijo impasible. Su voz sonaba rota, herida.

No tenía planeado ir a ningún lado– la castaña tenía miedo de la reacción del chico.

Por favor Kagome, déjame entrar. Háblame– pidió en una súplica casi inaudible.

Sólo le bastó decir aquella palabra para convencerla.

Esta bien– accedió abriendo la puerta de par en par para dejar pasar al joven.

Él la soltó y se abrió paso dentro del pequeño lugar. Ella entró detrás de él cerrando la puerta. Se quedó de cara a esta durante unos minutos antes de encararlo.

Volvemos al principio, ¿qué quieres hablar a esta hora?– preguntó Kagome, paralizada en su lugar.

El chico se sentó sobre el sofá crema y palpó el lugar vacío a su lado.

¿Por qué no te sientas conmigo?– el tono de su voz lo hacía irresistible, pero Kagome no pensaba caer en sus redes. Por lo menos, no esa noche.

Inuyasha ve al maldito grano– le ordenó perdiendo la paciencia.

La mirada del chico cambió. Ahora se veía exigente y resentida.

¿Por qué Kagome?– preguntó en voz baja.

Porque son casi las doce y media de la noche– contestó poniendo los ojos en blanco y cruzándose de brazos.

Esa no es la pregunta que yo hice– musitó el joven.

En ese instante ella lo entendió. Le estaba pidiendo una explicación. La razón detrás de su desaparición.

Se aclaró la garganta antes de hablar.

¿Entonces qué estas preguntando?– dijo haciéndose la desentendida.

Inuyasha se paró de repente golpeando con el puño la mesita de luz más cercana.

No te hagas la idiota Kagome, sabes perfectamente lo que estoy preguntando– casi gritó exasperado. Ante el silencio de la chica agregó: – ¿Por qué te fuiste sin decir a dónde? ¿Por qué nos abandonaste? ¿Por qué ME abandonaste?

Kagome tragó en seco y apretó los puños. El corazón le dolía.

Necesitaba sanar y no podía obligarlos a quedarse a mi lado. No cuando yo estaba en ese estado tan deplorable– dijo en un susurro. Agacho la mirada para no cruzarse con la de él. Los ojos dorados estaban perforándola.

¡¿Y si podías obligarnos a desaparecer de tu lado!?– gritó el peliplateado. En sus ojos comenzaban a juntarse las lágrimas.

Ella retrocedió un par de pasos, muda, sin saber qué contestar.

Tu elección no fue justa– dijo el joven un poco más calmado.

La chica le dio la espalda. Ahora eran sus lágrimas las que amenazaban con salir.

No podía permitir que volvieran a abandonarme– susurró más para sí misma que para él, aunque el chico la oyó.

¿Quién iba a abandonarte?– preguntó confundido.

No ibas a quedarte a mi lado, no después de que lo superara. Tendrías que ir a hacer tu vida y yo me quedaría sola, de nuevo– su voz era apenas audible.

¿Cómo estas tan segura de eso?– tenía los puños tan apretados que temía estar perforándose la carne de las manos con las uñas.

Ella se giró, encarándolo, confundida.

¿Perdón?– preguntó presa del desconcierto.

¿Y si yo estaba dispuesto a permanecer a tu lado?– cuestionó al mismo tiempo el joven.

Imposible– aseguró la castaña.

¡¿Imposible por qué?!– comenzó a gritar de nuevo el chico.

Kagome estaba empezando a perder la paciencia con tanto cuestionamiento.

Porque estoy segura– murmuró con los dientes apretados.

¡¿Cómo mierda estas tan segura?!– exigió saber Inuyasha.

¡Porque tú no sentías lo mismo que yo!– gritó perdiendo la paciencia.

¿Qué sentías tú?– preguntó en un susurro.

Ella tomo una respiración profunda antes de hablar. Ya no tenía escapatoria. Se dio la vuelta nuevamente antes de soltar su declaración.

Estaba enamorada de ti.

Él se quedó estático. Había oído una insinuación de la boca de la chica, pero había sido cuando esta estaba borracha. Escucharlo así, en vivo y en directo, era otra cosa.

Las palabras le fallaron y murieron en sus labios. Ni siquiera un sonido salió de la boca del joven.

Las lágrimas empezaron a caer silenciosas por el rostro de la castaña. Había dicho lo que jamás creyó que iba a admitir.

Vete Inuyasha, ya no hay más nada de qué hablar– le pidió aún de espaldas.

Kagome…– comenzó a decir, pero se vio interrumpido por la chica.

¡Vete!– gritó inminente.

¿Esa declaración, es ahora, en tiempo pasado?– preguntó sin moverse de su lugar. No estaba dispuesto a irse todavía.

Si– mintió ella. Las lágrimas seguían cayendo por su rostro, furiosas.

Escuchó como la respiración del joven se volvía más pesada, como si le costara respirar.

Vete por favor– suplicó con la voz quebrada.

Sólo una cosa, y luego me iré y no te molestaré más– hizo una pausa reuniendo el valor que le hacía falta para pronunciar aquella pregunta. – ¿Estas con él? ¿Con ese chico?

Se dio la vuelta, enfrentándolo nuevamente, con la frente en alto. Las lágrimas ya no hacían acto de presencia en su rostro.

Si– volvió a mentir.

Él asintió, resignado. Se dio media vuelta y, con paso lento, se dirigió hacia la puerta para efectuar su retirada. Antes de desaparecer por completo susurró:

Adiós Kagome.

Adiós Inuyasha– respondió la chica a media voz.

Después de oír el portazo, se dejó caer en el piso sollozando. Esto era, exactamente, por lo que no quería pasar.


Holaaaaaa, acá les dejo el capítulo de la charla de yapa. Hoy estaba inspirada así que me mandé. ¡Espero que les guste! Sé que es cortito, pero así tiene que ser.

Si te gustó déjame tu review!

Muchas gracias por sus hermosos comentarios bellezas. No se dan una idea de cuánto me inspiran y me alientan a seguir. Sé que lo menciono siempre, pero me parece justo hacérselos recordar continuamente. ¡Gracias, gracias y gracias!

Nos vemos en la próxima actualización. Saludos!

Mademoiselle Michelle.