Una disculpa por la demora de la actualización, pero me di el tiempo para corregir algunas cositas de este Fanfic; no afectaban a la trama, pero necesitaba hacerlo.
-.-.-.-.- Respuesta de Reviews -.-.-.-.-
- Hola Marina, si, Aro y Carlisle son una pareja súper rara, incluso en los FanFics más escondidos de las plataformas; obviamente en el mundo canónico de Meyer jamás hubiese pasado "algo" con estos 2; de hecho, me sorprende que Carlisle si pasara unos años con los Vulturi en la trama original; y que, si se consideraran "amigos", aun por sus diferentes estilos de vida.
Dicho lo anterior, me apego al Aro que expone Meyer; alguien que no le importan los medios para llegar a un fin. Lo que siente por Carlisle, obviamente no es amor, es mero capricho; antes lo quería de su lado, solo para convencerlo a que siguiera la vida de un vampiro tradicional; ahora, es por el don, nada más; uso la táctica simplemente porque sabía los sentimientos y pensamientos de Carlisle hacia él; pero como dices, no contaba con la estrategia de Carlisle.
Y respecto a Esme, no la he olvidado, todo a su tiempo.
¡Besos! -
Los personajes originales de la "Saga de Crepúsculo" no me pertenecen, son propiedad de Stephenie Meyer y Summit Entertainment.
CAPÍTULO 9 - IGUALES
Es curioso que el día, este apegado totalmente a mi actual estado de ánimo. La lluvia sonaba ruidosa, sin ninguna armonía relajante, como lo que he llorado y expresado estos últimos años; las nubes negras, que nublan cualquier rastro de luz, es representación de mi perdida de salud y de esperanza. Nadie disfruta de esta tormenta, como nadie tolera mi sentir.
A pesar de tener la calefacción encendida, no siento ninguna calidez alguna en mi hogar, no desde que ella desapareció.
Escuchar y ver fantasmas del pasado, en cada rincón de la casa, era por muy lejos, el peor tormento para una persona. No se lo deseo a nadie en este mundo.
Camino a paso lento por el pasillo, para dirigirme a mi habitación, noto que la puerta está abierta; dejando a la vista una de las ventanas de la recamara. Un panorama tétrico, incluso para mí, si soy totalmente sincero.
De repente, un relámpago hace acto de presencia, provocando una luz que ilumina la habitación y parte del pasillo; y deseaba que eso no hubiese ocurrido, ya que, por unos instantes, visualice la figura de mi difunta esposa; sin vida, colgada, con todas sus extremidades sin fuerza para vencer a la gravedad.
- ¡No es real! ¡No es real! - Me lleve mis manos directo a mi cabeza, me deje caer al suelo, recargándome en la pared del pasillo. - ¡Ella murió hace años, solo es una jugada de tu cerebro, ella no está ahí! - Pero, aun así, no podía evitar temblar.
Jamás comprendí porque ella tomo aquella decisión. No es que fuéramos la relación perfecta, pero, siempre estuve ahí para ella. Todos los días le decía un "te amo"; la abrazaba; escuchaba sus anécdotas y yo le compartía las mías; y aunque, yo tenía un trabajo no muy remunerado, le daba todo lo que podía; nunca falto la comida, salíamos de paseo, le conseguía a nuestra princesa lo necesario para que fuese feliz. Pero, Ángela no lucía feliz.
¿Qué pude haber hecho, para que ella no tomara la decisión de quitarse la vida?
Eso antes era mi único tormento. Michael siempre trato de decirme, que ella, estaba rota, y que yo no era su "pegamento especial". Que simplemente, las personas toman decisiones, sin importarles como afecten a los demás. Yo la verdad, no sé qué pensar ya de eso.
- Lo mejor sería, ya irme a dormir. - Me levanté de mi lugar después de conseguir tranquilizarme, y me dirigí al baño. - Parece que dormiré de nuevo en el sofá. - Solté resignado y pillé unas pastillas del botiquín. No era que deseara tomarlas, pero sabía que, si no lo hacía, no pegaría un ojo por el resto de la noche.
Y así fue, me dirigí a la sala; apagué el televisor cuando llegué. Emma me hubiese regañado al ver todo el desorden y que desperdiciaba la luz. Me recosté, y en pocos segundos, ya no supe de mí.
A la mañana siguiente, la lluvia ya no hacía acto invasivo, al contrario, apreciaba una luz cálida que atravesaban las ventanas de la sala. Percibía el olor a tierra mojada y el cantar de varios pájaros. Cuando alcé la mirada, pude ver un pequeño colibrí en la ventana más cercana.
- ¿Vienes a darme los buenos días? - Dije animado, últimamente, ese colibrí aparecía fuera de mi casa, y volaba cerca de mí. Supongo que me consideraba amigo y no una amenaza.
Me levanté para verlo más de cerca, pero se alejó de inmediato; por lo que corrí y abrí la ventana abruptamente. A la distancia, cuando localice hacía donde se dirigía la huida del animalito; pude ver la figura de mi princesa.
- ¿Emma? - Solté sin aliento, como si un cubo de agua fría me cayera en todo el cuerpo y me trajera a la realidad. - ¡Emma! - Grite. Salí a tropezones de la casa, para llegar lo más rápido posible hacia donde vi a mi hija. Pero cuando me incorpore, ella no estaba. Mire a todas las direcciones, no había rastro de ella.
- ¿Ariel, está todo bien? - Me miro preocupado Michael, que dejo caer unas bolsas de compra; me tomo de los hombros, tal vez quería darme soporte.
- Yo… yo, creí haberla visto. - Dije apenado. - Otra alucinación, supongo. - Me acomode el cabello, y tome aire para tranquilizarme.
Me miro analizando lo que le acababa de decir, suspiro y me dedico una sonrisa triste. - Ven, vamos a tomar el desayuno. - Tomo las bolsas, ahora manchadas por el lodo. - Creo que lo necesitas. - Y con su llavero, presiono un botón para ponerle seguro a su camioneta.
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Pasaron unos meses más, mis amigos ya habían llegado a su límite de paciencia; ya que esta última discusión me termino derrotando. Quizás nunca volvería a ver a Emma, pero ¿Cómo puedo dejar de esperarla?
Así que, decidieron llevarme de vacaciones a conocer los alrededores de Volterra, y comenzar de nuevo mi vida. Necesitaba un empleo, ya que, todo lo que obtenía era gracias a Michael y Carlos. Pero llego el punto, en el que ya era un parasito para ellos. Ya era momento de dar borrón y cuenta nueva, eso sería algo que Emma hubiese querido en primer lugar.
- ¿Ya estás listo, Ariel? - Pregunto Carlos desde la puerta de mi habitación. En eso, yo estaba terminando mis maletas.
- Ya casi termino, ¿Dónde está Michael? - Cerré la maleta al ver que ya no me faltaba nada por acomodar.
- Está en el auto, nos esta esperando. - Se recargo en el marco de la puerta. - Ya verás que después de estas vacaciones, podrás ver las cosas con otra perspectiva; más cuando te mudes. - Miro las paredes sin algún tipo de agrado.
- Es fácil decirlo, tú no pasaste la mitad de tu vida en este lugar. - Me sentía molesto por su indiferencia. - Será ahora mi tormento, pero antes era mi santuario. No lo olvides. - Y lo empujé cuando salí de la habitación.
Realmente no lo entendía, en ocasiones no parecía mi amigo, al contrario, era mi enemigo en asecho. Y en serio, trataba de verlo de otra forma, a pesar del tiempo, seguía conmigo. No soy un mal agradecido, me apoyaba a su manera. Pero en ocasiones, quería partirle la cara.
Después de varias horas de viaje, llegamos al hotel; era un lugar bastante tranquilo, perfecto para un descanso.
- ¿Tienen hambre? ¡Creo que podría comerme un cerdo completo! - Dijo Michael al mismo tiempo cuando se escucharon sus tripas rugir.
- Claro, vayamos al restaurante de enfrente, se ve muy prometedor. - Le respondí, a pesar del cansancio, me apetecía comer algo delicioso.
Así que salimos del cuarto de hotel, era muy pequeño, muy bien decorado; resaltaba mucho las antigüedades del sitio. Pero antes de siquiera salir del sitio; una hermosa mujer, con cabello color caoba, tez muy clara y con el cuerpo de una diosa nos detuvo.
- Caballeros, mi nombre es Heidi. - Su voz era muy cálida, incluso podrías imaginarte la palabra más impura salir de esos labios, y la escucharías con alegría. - Como cortesía del hotel, tienen una cena pagada en el restaurante más prestigioso de Italia, ubicado a unos minutos de aquí. - Nos sonrío dulcemente, mostrando una sonrisa blanca, como de comercial de dentífrico.
- Pero si el paquete del hotel no especificaba ninguna cena. - Comenzó a decir Carlos, pero se detuvo al recibir un codazo por parte de Michael. Era obvio que estaba babeando por la mujer, no quería que lo arruinara. Sin embargo, tampoco me parecía normal la aparición de Heidi y su oferta, pero no podíamos negarnos, o más bien, algo dentro de nosotros no lo deseaba.
- Ustedes llegaron en el momento indicado, cuando uno de nuestros líderes invito a todos los huéspedes a una cena especial. - Volvió a sonreír. - Acompáñenme, por favor, hay una limosina esperando por ustedes, caballeros. - Dio media vuelta, y caminamos tras de ella, no pudimos evitarlo, algo en ella nos hacía confiar plenamente en sus palabras.
Grave error.
Llegamos a la esplendorosa limosina, había alrededor de 12 personas esperándonos; éramos los últimos, según nos dijo una señora que podría pasar perfectamente como la reina Isabel.
Y así fue, nos llevaron a una bella ciudad, todos se veían animados, pero no sabíamos hacia donde nos dirigíamos. Se supone que deberíamos estar preocupados, pero no era así.
Al llegar, visualizamos un castillo, ¿Qué clase de persona te invita a cenar a un castillo? Quizá por eso era un restaurante prestigioso. Nadie de nosotros podría pagar una cena aquí, ni soñando.
- Síganme por favor, damas y caballeros, no deseamos que se pierdan el banquete. - Sonrío de nuevo, sus palabras por extraño que pareciese, sonaban como si hubiese dicho un chiste y no una petición.
- Chicos, no me parece confiable esta situación, vámonos. - Le dije susurrando a Michael y a Carlos.
- ¿Estas bromeando? Esa preciosura nos trajo a una cena de lujo. - Protesto Michael.
Mire a Carlos buscando apoyo, pero al parecer estaba de lado de Michael. - De acuerdo, vamos. - Me rendí. No debí haberlo hecho.
Heidi nos dirigió al gran salón; en el camino vimos pinturas, artefactos, muebles y armaduras sacadas de una película sobre la época medieval, todo tan elegante y antiguo. Después del desfile sobre las alfombras de seda, nos detuvimos por unas grandes puertas de roble. Poco a poco, todos entramos a donde se suponía sería la cena, en lugar de ello, llegamos a una sala donde había 3 tronos; estaban ocupados por lo que parecían fantasmas. Lo que daba miedo, era que había como 11 personas más en el sitio, todas vestidas de túnicas negras y con ojos rojos. No había nada que indicara que estábamos en el lugar ni situación correcta.
Uno de los que estaban sentados en los tronos, de cabello negro y largo, tomo la palabra. - Que comience la cena. - Dijo alegremente.
Y comenzó la masacre, los que tenían los ojos rojos atacaron a las personas del hotel. Clavaban sus dientes en ellos, provocándoles gritos de agonía. Como pude, traté de correr hacia la salida, pero me detuvo uno de los fantasmas, era de cabello rubio.
- ¿Te vas tan pronto? - Me golpeo en el estómago, sofocándome al instante.
- Hermano, deja a ese hombre, será mejor dárselo a nuestro nuevo recluta. - Dijo de nuevo el fantasma de cabello negro. Pero el rubio no se vio muy feliz, y me comenzó a patear. No sé cómo, pero termine del otro lado del salón, sentía mi cuerpo desfallecer. Mi vista estaba nublada, pero logre ver cuando cayeron muertos mis amigos y los demás que nos acompañaban. Esto era una mala idea.
Desperté abruptamente cuando sentí el suelo contra mi espalda. Alcé mi mirada, vi al ser fantasmal, junto con una adolescente y un hombre corpulento.
- Supongo que debes estar sediento, ¿No es así, Carlisle? - Pregunto mi secuestrador.
Por lo que, al fin note a un hombre rubio, con piel pálida, no como el de mi secuestrador, que parecía de ultratumba; era solo inusual. Me miro y dijo. - Parece que lo haz olvidado, mi dieta no es esta. - Y en ese instante aulló de dolor, pero no sabía porque, nadie lo estaba tocando.
- ¡Oh! Carlisle, Carlisle, no recordaba que fueras tan delicado. - Respondió mi secuestrador con falso lamento. - ¿A caso rechazas el alimento de tu amo? - En ese instante comenzó a gritar más fuerte, su garganta soltaba sonidos desgarradores. - Jane. - Y hubo calma. - ¿Sabes? Creí que serías más inteligente, Carlisle. - Se acercó al rubio y le tomo de la barbilla con delicadeza. - Las cosas serán distintas, y empezaremos con tu dieta. - Sonrió de una forma dulce que asustaba.
Vi cómo con dificultad, Carlisle apartaba la mano de aquel hombre y le dijo desafiantemente. - No. -
No sabía que significaba exactamente, pero sería algo grave, seguramente. - ¿No? - El hombre corpulento tomo con fuerza a Carlisle del cuello y lo estampo varias veces contra el suelo; se oía un crujir potente en cada golpe, como si 2 rocas impactaran entre sí. De pronto se detuvo. - Podemos hacer las cosas más sencillas; puedes tomar el camino que todos nos conviene, que es, levantarte y simplemente alimentarte con este presente. - Pateo a Carlisle para que me mirara. - O puedes tomar el camino difícil que te llevara al mismo fin. Tú eliges. - Dijo aquel ser, perdiendo la paciencia.
- No lo haré. - Escupió Carlisle con determinación. - Prefiero morir de sed, antes que tocarlo. - No podía creer lo que acababa de escuchar, sentí pánico.
- Si eso quieres. - Mi secuestrador vio a la adolescente. - Todo tuyo querida. - Ella solo sonrío. Y Carlisle comenzó a gritar de nuevo. Así que era ella quien lo lastimaba. No sabía que eran, definitivamente, no eran humanos, y que, moriría, tarde o temprano.
Pasaron 4 días, y el vampiro Carlisle no cedía ante la orden de matarme y beber mi sangre, yo le dije que podía hacerlo. De todas maneras, ya no había nadie que me esperara en casa. No sabía cómo es que seguía vivo, incluso mis secuestradores me daban comida "regularmente", pero sabía que era cuestión de tiempo, para que ya no me alimentaran.
Después del ataque de Jane contra mí, Carlisle me había contado anteriormente, varias cosas de su existencia; parecía un buen hombre, me dijo que tenía una "familia", que todos llevaban ese estilo de vida como "vegetarianos", y que, eso le permitía ser un médico exitoso. Incluso un no-muerto, tenía mejor vida que yo, que triste.
Aun así, en una ocasión, pareció que al fin me mataría, ya que sus ojos se tornaron negros y me mostro sus colmillos, pero se detuvo. Y luego apareció Aro, después de las rutinas de tortura de Jane, tenía un plan entre manos, seducir a Carlisle para que cambiara de opinión, acostándose con él. Lo que vi, fue totalmente incómodo para mí. Y pareció funcionar, ya que Carlisle me ataco, sentí sus colmillos atravesando mi cuello, este era mi fin.
Yo esperaba la muerte, pero en lugar de ello, llego la agonía, Sentí una quemazón horrible. Ahora la muerte no parecía tan mala idea. De un momento a otro estaba en brazos de una chica con cabello negro y alborotado, me miro con dulzura. - Sé que duele, pero pasara pronto. - Y le creí. Aceptando el dolor que me provoco Carlisle. Por lo que entendí, me estaba transformando, quizá venir aquí, si significaba el comienzo para una nueva vida.
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Gracias por leer el capítulo, me es de mucha ayuda. Cualquier review es bien recibido.
