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Capítulo 9
Encontrando el verdadero valor
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Sasuke abrió los ojos lentamente, sin necesidad de que el despertador sonara para saber la hora. Ya tenía su reloj biológico lo suficientemente adaptado como para despertar sin mayor problema que frotarse los ojos. Alborotó su cabello y mantuvo su mano sobre la frente hasta que notó que estaba usando la izquierda. Parpadeo de nuevo, enseguida giró su rostro hacia el cuerpo que tenía apresada su otra mano, incluso el resto de su brazo, demasiado cerca a su pecho. Frunció el ceño acariciando los mechones rubios que cubrían parte del rostro dormido de Naruto y poco a poco los recuerdos de la tarde anterior volvieron, como una especie de sueño borroso.
Luego de encontrarse en la escuela, había logrado convencer a Naruto para que se quedara a dormir en su casa. Y tras horas de jurarle que no haría nada sospechoso, aceptó dormir en la misma habitación, porque definitivamente Sasuke no permitiría que durmiera con Itachi, pero terminó armando una improvisada cama en el suelo. Apesar de que anteriormente no tenía problema en que compartieran la cama, ahora Naruto se mostraba muy receloso con el asunto. Demasiado para el gusto de Sasuke, que en cuanto se aseguró que el otro dormía, se coló entre su espacio para dormir abrazándolo.
Resistió estoicamente por varios minutos la simple cercanía, apresando el pequeño cuerpo entre sus brazos frotando su espalda con calma antes de colar sus manos bajo la playera. Pero terminó cediendo a sus impulsos empezando a repartir pequeños besos entre su rostro, cuello y un poco más abajo, cerca de los hombros. No pudo mantener sus manos quietas, acariciando tanta piel como pudo sin llegar a despertarlo. Naruto apenas gemía entre sueños murmurando palabras sin sentido. Sasuke terminó aquella tortura, que terminó siendo peor para él mismo, con un último beso antes de volver a enredar sus cuerpos. Poco a poco terminó dormido aspirando el dulce aroma que despedía el rubio.
Y así había amanecido, Naruto durmiendo incluso más profundo y Sasuke ensimismado con una escena matutina que ya aspiraba a repetir, de forma permanente si era posible. Retiró su mano lentamente cuidando de no despertar al rubio, usando su codo como apoyo para poder mirarlo. Acarició con cuidado sus mejillas, deslizó la mano hacia su barbilla rozando sus labios con el pulgar. Pronto, Naruto comenzó a balbucear de nuevo, bajo la mirada atenta del moreno que parecía hipnotizando frotando cada rincón del rostro ajeno.
De momento, Naruto se mostraba muy accesible a todos sus avances. Ni siquiera se había molestado en averiguar la razón de semejante cambio. Luego que los primeros días se empeñara en desaparecerse a si mismo o a la causa de su supuesto problema, ahora, Naruto había dejado las quejas de lado, e incluso se mostraba muy participativo. Para Sasuke, eso era todo un alivio, y aunque debería sentirse intrigado, no podía negar la tranquilidad que lo mantenía como si flotara sobre una nube. Como si hubieran pasado años desde que decidiera mantener en secreto sus sentimientos hacia Naruto. Y de pronto un día, en ese momento, podían estar juntos… al fin.
Dejo sus pensamientos al sentir un curioso cosquilleo en el pecho. Bajó la mirada hacia Naruto que enterraba la cara entre su camiseta para mordisquear su pecho, muy cerca del pezón. Sasuke frunció el ceño tratando de calmarse al sentir los labios del otro succionando su piel, llevó las manos a los hombros del rubio aferrándolo con fuerza en un debate interno entre alejarlo o dejar que continuara.
– Ramen… –murmuró Naruto soltándolo para reír entre sueños.
Suficiente. Sasuke lo empujó contra la almohada quedando encima, con ambas manos a los lados de su cabeza. Se inclinó hacia su cuello lamiendo alrededor de la oreja.
– Naruto –ronroneo acariciando su vientre, apenas sobre la ropa, un poco más abajo entre sus piernas– sino despiertas no me haré responsable… –sintió al rubio quejarse y apretar los ojos antes de abrirlos lentamente pero no dejo el suave movimiento arriba y abajo que lo obligó a arquearse.
– Sa-Sasuke… espera –trató de detener su mano con la propia pero el moreno se deslizó un poco más abajo rozando en medio de sus nalgas.
Naruto respingo ahogando un quejido, arqueó su espalda de modo que su cadera se presionó lo suficiente contra Sasuke para sentirlo sobre el pantalón de la pijama. Los colores subieron rápidamente a su rostro, entre la vergüenza y el miedo se levantó de golpe tratando de empujar a Sasuke pero lo único que logró fue sentarse. Su respiración agitada y la intensa mirada oscura le hicieron olvidar sus propios pensamientos.
Sasuke se inclinó atrapando sus labios en un pequeño roce, tomó su rostro con una mano inclinándolo para tener más espacio en su cuello. Reanudó las caricias en aquella zona tan sensible y cuando volvió a escuchar los gemidos quedos volvió a mover su otra mano acariciando entre las piernas del rubio, quien volvió a tensarse tratando de empujarlo.
– Sa-suke… espera… no…
– Tranquilo –susurró en un tono tan bajo que volvió a enviar una descarga al cuerpo de Naruto. El rubio volvió a arquearse aferrándose a su espalda.
– ¡Sasuke! –esta vez fue un grito ajeno el que los obligó a detenerse. Naruto, muy quieto, escondiendo el rostro en el pecho de Sasuke, pudo reconocer la voz de Mikoto– ¿ya despertaste?
– Si, no te preocupes –respondió el moreno, calmado como siempre, aferrando el cuerpo entre sus brazos, sabiendo que de darle la oportunidad saldría corriendo.
– Entonces bajen, el desayuno esta casi listo –esperaron un poco más hasta que los pasos en el primer piso se alejaron lo suficiente.
– Emm… ¿ya vas a soltarme? –murmuró sin alejarse.
– No pareces convencido –sonrió acariciando la parte baja de su espalda– y podemos continuar.
– ¡La práctica! –chilló mirándolo, al fin, sonriendo al encontrar una excusa– ¡no voy a faltar a una práctica por más innecesaria que sea! –bufó tratando de mostrarse serio, aunque el rojo aún brillaba en su rostro.
– Como si no hubieras faltado antes.
– No puedo evitarlo, sé que soy el mejor –sonrió aprovechando para levantarse– ¡me bañaré primero! –sin esperar más, tomó el uniforme, ya limpio que Mikoto se había ofrecido a lavar, antes de desaparecer tras la puerta contigua.
Sasuke permaneció en su sitio, mirando hacia la puerta pero con sus pensamientos recreando lo que acababa de suceder. Volvía a percibir aquella sensación de déjavu, la ansiedad una vez más ausente, convirtiéndose en un nuevo hábito. Quizá sus sentimientos por Naruto habían existido desde su infancia, no con el mismo significado que tenían en ese momento, pero solo ese razonamiento podía explicar lo que pasaba. No era lógico sentir tanta ansiedad y tanto miedo al mismo tiempo, como si el simple hecho de que Naruto y él estuvieran juntos fuera malo. Y entonces solo tenía que acercarse al rubio para mandar toda excusa al fondo de su mente y la necesidad por sentirlo comenzara a crecer.
Casi con pereza se levantó acercándose a la puerta que resguardaba el sonido de la regadera. Apoyó la frente contra la madera, cerró los ojos respirando muy lentamente. Y del mismo modo, una sencilla sonrisa adorno su rostro. Tenía la palpable sensación de que estaba soñando, que existía algo que había olvidado, casi como una tarea pendiente pero mucho más importante, y un poco atemorizante. Estaba consciente de haberlo olvidado, incluso aceptaba que no quería saberlo, sabía que al decirlo perdería el sueño que estaba viviendo.
Quizá un poco más…
Solo un poco más…
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Apenas terminó de bañarse, Naruto se apresuró a desayunar sin esperar a Sasuke. Llegó al primer piso guiado por el intenso olor de los hotcakes, encontrando a Mikoto inmersa en algo que hervía sobre la estufa.
– Buenos días –sonrió esperando en la entrada.
– Buenos días, siéntate –apenas se giró para mirarlo sin despegar su atención de la olla– ¿y Sasuke?
– Bañándose. Dijo que me adelantara –mintió aumentando la mueca alegre.
– Suena a algo que él diría. Puedes servirte.
– Gracias. ¿Dónde esta Itachi?
– Creo que salió muy temprano, cuando desperté ya se había ido. Aunque… –agregó algunas hojillas verdes a su preparado– tampoco lo vi anoche, debió llegar tarde.
– Debería dormir más… –murmuró ausente sin dejar de masticar. No podía evitar ese sentimiento fraternal hacia quien era, prácticamente, su hermano. Pero quizá se debía más al extraño comportamiento que mostraba de varios días atrás, que a alguna razón académica.
– ¿Ya rara vez lo vemos, cierto? –sonrió divertida acercando un vaso de leche– sé que tiene que esforzarse mucho entre sus estudios y la competencia pero últimamente lo noto muy preocupado.
– Creo que sé a lo que se refiere, parece muy interesado en el tema de los ninjas –paso un bocado más y dio un sorbo rápido a su vaso antes de continuar– ¿de eso trata su investigación? –en realidad ya sabía que ese no era el tema principal pero quizá Mikoto supiera el por qué Itachi estaba tan interesado en ello.
– ¿Sobre ninjas? –apagó la estufa y tomó el lugar al lado del rubio– no lo creo. Aunque suena interesante, ¿no? Las vidas de los ninjas no eran muy diferentes de lo que somos hoy. ¿Sabías que vivían en clanes? Era una forma de referirse a las familias.
– Si, creo que… –suspiró bajando su tenedor.
– Y había cientos de ellos. Unos más fuertes que otros. Creo que se clasificaban por su fuerza –apoyó el mentón sobre la palma de su mano con la mirada ausente– pero sus vidas debían ser muy tristes, vivían en constante guerra… Las personas no han cambiado tanto como creen, ¿cierto? –giró para regalarle una sonrisa al rubio que había palidecido mirándola con pesar– ¿estás bien?
– Si… creo… que comí muy rápido –alejó el plato discretamente con una sonrisa forzada, justo en el momento en que Sasuke entró. Mikoto no despegó la vista del rubio claramente preocupada, temiendo que se desmayaría en cualquier momento. El moreno paso la mirada de uno a otro, pero cuando Naruto cruzó sus miradas frunció el ceño incómodo.
– Debemos irnos –terció acercándose al rubio, obligándolo a levantarse. Aferró su brazo ganándose una mirada molesta del menor.
– Pero aún no desayunas –intervino la mujer sin inquietarse. Ya estaba demasiado acostumbrada al lenguaje mudo de ese par.
– Descuida, no tengo hambre. Vamos –empujó a Naruto tomando las mochilas de ambos que había dejado en la entrada.
– ¡Tú no tendrás, pero yo quiero comer! ¡Déjame! ¡Ya estoy harto de tus cambios de humor! ¡¿Ahora que hice…? -Mikoto dejo de escuchar los gritos de Naruto cuando la puerta principal se cerró tras ellos y la sonrisa divertida en su rostro solo pudo ensancharse más.
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Naruto apenas había faltado al entrenamiento un par de días pero la sensación en sus manos se asemejaba a una falta de semanas. O al menos eso suponía porque apenas podía coordinar dedos y brazo para ajustar la flecha. Era casi obvio que fallaría y se sentía estúpido por estar tan nervioso pero la mirada inquisidora de Kakashi no ayudaba en nada. Se mantuvo largos segundos mirando la diana, juzgando qué sería peor; lanzar y fallar o tratar de acertar a la cabeza de Kakashi. Apretó los dientes tratando de no reír. Bien, al menos eso había reducido un poco la tensión en sus hombros. Ladeo la cabeza alternadamente, respiró hondo y volvió a intentarlo. La tensión en la cuerda se sentía como siempre, pero la punzada en el brazo izquierdo le recordó que se estaba tardando. Apuntó concentrando la mirada en la diana y respiró nuevamente antes de detener el aire en sus pulmones. El disparo corrió entre sus dedos con un sonido silbante un poco diferente a lo usual y terminó en la diana un par de líneas lejos del centro. Casi dos más separada de lo que Lee había logrado. Frunció el ceño mordiéndose el labio inferior.
– Muy bien –soltó Kakashi levantándose del cómodo rincón que había ocupado mientras observaba los avances de Lee y Naruto en un examen sorpresa– ¿hace cuánto tiempo practicas?
– No lo sé… contando los días que Sai intentó enseñarme… ¿dos semanas?
– Dos semanas… ¿y pareciera que no mejoras? No digo que alguno lo haga mejor que el otro pero… queda apenas una semana para que logren algo mejor que solo lanzar flechas. ¿Dónde esta Sai?
– No ha venido desde ayer –informó Lee resintiendo el regaño por ambos, pues Naruto apenas parecía escuchar.
– Estoy pensando seriamente en sacarlo a él del equipo y dejar que ustedes dos se queden, pero eso es casi un suicidio –dio un profundo suspiro y los miró– de acuerdo, el próximo jueves tomaré mi decisión, pero ambos vendrán, puede que necesitemos reservas o algo así… –giró llevando consigo el papeleo que había revisado mientras los observaba– díganle a Sai que necesito hablar con él.
Apenas puso un pie fuera del entarimado cuando Lee retomó su entrenamiento alentando a Naruto para mejorar antes de la próxima evaluación. El rubio lo observó lanzar varios tiros seguidos en un tiempo más rápido del que lo había visto la última vez. Bajó la mirada hacia el arco en su mano. Solo entonces fue consciente de lo poco que parecía importarle la competencia, mientras que Lee se lo tomaba con tanto cuidado como para asistir puntual a cada práctica, con o sin Sai y, a juzgar por su mejoría, más tiempo del que debería.
¡Estúpidas voces internas y ninjas muertos! Él no debería estarse preocupando por vidas imaginarias, ¡tenía una competencia que ganar! ¡Tenía que vencer a Lee! Preparó una nueva flecha, tensando la cuerda hasta el limite mínimo de que se rompiera. Por varios segundos se olvidó de respirar y fijó la mirada en el centro de la diana. ¡Tenía que demostrar a todos que era el mejor! ¡Y finalmente convertiste en Hokage!
Soltó la flecha con más fuerza de la que pensó que tenía. El golpe seco de ésta se enterró en la madera muy cerca del centro sacudiendo la diana. Asemejándose al golpe interno que recibió al comprender sus propios pensamientos, miró su objetivo con los ojos muy abiertos bajando los brazos lentamente. Lee, muy cerca del blanco, recogía las flechas cercanas vitoreando con gestos su logro.
– Dudo que en el equipo de mi escuela alguien tenga semejante fuerza –Naruto se giró con rudeza al escuchar la voz de Itachi, varios pasos tras él con los brazos cruzados.
– Si… supongo… ¿qué haces aquí?
– Pasaba a saludar, y saber un poco sobre los rivales –dijo sin cambiar su semblante. Como siempre, Naruto no sabía si hablaba en serio.
– No te imagino como espía –sonrió decidiéndose por la opción más fácil, ignorar. Preparó una nueva flecha notando que la tensión finalmente había desaparecido de su cuerpo. Aprovechó para agitar los hombros un poco, estiró el cuello y movió la cabeza de adelante hacia atrás antes de intentar un nuevo tiro.
– Haz mejorado bastante –elogió el moreno revisando los últimos tiros varios metros delante.
– Por supuesto, esto es muy sencillo –tensó el arco una vez más consiguiendo una línea recta con su brazo derecho, no tardó más en lanzar la flecha.
– Me refiero a que… nunca haz sido del tipo pasivo –murmuró como si no quisiera ser escuchado, pero Naruto lo miró de reojo– siempre haz sido muy hiperactivo. ¿Por qué no entraste en la sección de combate?
– Ya me habías preguntado eso –sonrió lanzando una flecha que apenas llegó al borde de la diana. Lee volvió a su lado con un puñado de flechas tomando su propio arco.
– Es extraño que no estén juntos. Creo recordar que han compartido todo tipo de actividades extra-curriculares –Naruto bajó el arco con todo y flecha girándose para encararlo.
– ¿Sasuke… te ha dicho algo? –preguntó mirando sus manos, en un intento por ocultar el calor que ya sentía en su rostro. No pudo ver la mueca, casi una sonrisa, que Itachi dejo escapar.
– No sé a que te refieres. Solo pienso que tienen un nivel muy parecido. Creí que cuando lo acompañabas en sus prácticas lo ayudabas a entrenar.
– No… en realidad me comía su almuerzo… –murmuró sonriendo casi como un gato– digo, no. Gaara es mejor para eso que yo. Tiene una facilidad para desquiciar a Sasuke –se burló retomando el último tiro. Tras él, Itachi arqueó una ceja. ¿Alguien mejor que Naruto para desquiciar a su hermano? Casi había olvidado lo ingenuo que podía ser ese rubio.
– ¿Gaara?
– Si, el de la arena –dejó escapar la flecha entre sus dedos sin inmutarse antes de prepararse una vez más.
– De la aldea de la arena –respondió el moreno con firmeza. Se acercó un poco más solo para confirmar que Naruto no acababa de notar el brusco giro de su conversación.
– Si, es muy fuerte. Causó muchos problemas cuando recién lo conocí pero ahora es kazekage, ¿puedes creerlo?
Itachi lo miró un largo momento antes de enfocar su atención en la diana con la mirada distante. Ese era el Naruto que estaba buscando, el que tenía ese intenso brillo en sus ojos, que irradiaba una fuerza más allá de la existencia del kyubi, el mismo a quien alguna vez le confió la vida de Sasuke. Un nuevo golpe se unió a los varios tiros que ya marcaban la diana, todos bastante cerca del blanco pero que Naruto detuvo cuando Lee le hizo una seña para retirarlas.
– No puedo creer que lo lograra antes de que yo me convirtiera en Hokage –murmuró con una sonrisa triste– pero me da gusto, realmente estoy feliz por él.
– ¿Es tu amigo?
– Si. Creo que nos parecemos mucho, su vida y la mía… no son tan diferentes.
Su voz se había apagado lentamente hasta convertirse en un murmullo que Itachi ya no pudo descifrar. Finalmente el silencio los envolvió pero Naruto no pudo negar lo que veía más allá del campo y la presencia de ese Lee que era apenas una copia de su viejo amigo.
Gaara… Sabaku no Gaara. Aquel pelirrojo que solo vivía para matar a otros. Sin darse cuenta cerró los ojos mirando dentro de si el recuerdo de una pelea, había enfrentado a Gaara tratando de ignorar el miedo que le producía mirarlo a los ojos, el aura de muerte que lo cubría, todo por salvar… a Sasuke. No pudo evitar que una ligera sonrisa adornara su rostro, al parecer su mundo siempre empezaba y terminaba con Sasuke. Porque de no haber sido él su motivación, nunca se hubiera enfrentado a Gaara, nunca hubiera conocido el dolor que vivía como un arma humana para su propia aldea. En aquella ocasión utilizó toda la fuerza que poseía pero más que golpes y técnicas sorprendentes, la verdadera pelea fue vencer sus propios demonios, tan parecidos a los de Gaara que casi lo hicieron dudar de si mismo.
Dentro de aquel curioso estado de trance, pudo revivir cada sensación, cada dolorosa herida física, cada golpe en el pecho que llegaba desde el corazón, cada momento de miedo en que pensó que moriría. Y el momento justo en que Sasuke le confesó su miedo a perderlo. Finalmente ni él ni Gaara podían moverse más, ya todo había sido dicho, lo que no solo podía leerse a través de sus ojos. El odio impreso en la mirada verde de Gaara dudando al encarar sus ojos azules al borde del llanto, compartiendo su dolor, tratando de curarlo. Porque ambos eran iguales, ambos habían sufrido por las intenciones de otros.
Existía algo que solo ellos podían comprender… porque tenía forma y nombre.
Cuando Naruto volvió a abrir los ojos aún pudo reconocer la sombra negra y naranja que cruzó el último rastro de su recuerdo. Aquel monstruo aún seguía vivo, podía sentirlo, pero en esta ocasión ya no había miedo. Nunca le había temido.
Levantó el rostro encontrando frente a si a Lee, quien le tendía parte de las flechas que acababa de recolectar. Su mano se quedó estática frente al rubio asombrado por aquella mirada que no recordaba haber visto antes. Itachi notó el cambio en el menor y miró de reojo a Naruto ensanchando su sonrisa. Quizá no pudiera ayudar a deshacer el jutsu como quisiera, pero si lo único que podía hacer era impulsar al rubio, entonces le daría la oportunidad de resolver el problema muy a su estilo.
– ¿Hablaban sobre Gaara? –se animó Lee recuperando su humor. Naruto asintió.
– Itachi quiere saber qué tan fuerte es.
– ¡Es increíblemente fuerte! –vitoreo exagerando sus ademanes– tanto que por eso se volvió un rumor tan fuerte lo de su lesión.
– ¿Se lastimó? –finalmente Naruto dio por terminada su práctica, se dejándose caer en la tarima. La preocupación visible en su rostro aunque frenó el impulso por salir corriendo a investigar.
– Eso escuché. Ayer por la tarde, según dicen, fue un accidente menor mientras entrenaba en casa, pero nadie ha confirmado nada. Es posible que no asista a la práctica de hoy.
– Que interesante… –murmuró Itachi girando para marcharse, sin la menor intención por despedirse. Naruto lo siguió con la mirada dándole vueltas a ese último comentario.
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Para cuando Naruto terminó de ducharse, Lee ya había vuelto al salón, así que una vez más salió corriendo con la mochila a medias entre el hombro y el codo, masticando la mitad del sandwich que había conseguido del moreno. Cortó camino atravesando el sendero de árboles por un lado que lo llevó al patio principal. Un último salto en seco mirando el ir y venir de los que llegaban puntuales. Miró el reloj en lo alto del edificio principal, sin poder negarse una enorme sonrisa a si mismo. Por primera vez iba a llegar temprano. Comió lo último del pan y acomodó su mochila justo para ver a Sai en la entrada buscando algo, hasta que sus miradas se encontraron.
– ¡Buenos días! –sonrió acercándose.
– No sé ni por qué me molesto en buscarte lejos de aquí –murmuró para si, aunque el rubio pudo escucharlo, frunció el ceño casi haciendo un puchero.
– ¡Es cierto! Kakashi-sensei te estaba buscando. Parecía un poco molesto porque has faltado a las prácticas.
– Claro, la competencia. Creí que ya no te interesaba –sonrió, aunque era tan obvia la falsedad con que lo hacía que incluso Naruto pudo percibirlo.
– Si… creo que tenía demasiadas cosas en la cabeza, ¡pero ahora solo pienso en vencer a Lee, y después a Sasuke! Pero… ¿supiste lo de la lesión de Gaara? Dicen que tuvo un accidente menor…
– ¿Estás seguro que fue un accidente? Siempre esta practicando con Sasuke, ¿cierto?
– Si, pero…
– Ya antes habían tenido problemas, no sería extraño que tuvieran otro enfrentamiento serio.
– No es así –cortó bruscamente– Sasuke no lo haría –su tono era firme y la decisión en sus ojos solo logró enfurecer a Sai.
– Pero si ya una vez intentó matarte… –siseo apretando los dientes para no continuar. La mirada de Naruto había vuelto a transformarse. Ahora ya no sabía si se estaba conteniendo para golpearlo o por qué no sabía como debatirlo. No le gustaba la idea de "atacar" sus recuerdos por un camino tan doloroso pero su paciencia era cada vez menor y ¡Naruto no dejaba de pensar en ese bastardo!– olvídalo… ya lo recordarás.
– De hecho, no –soltó justo cuando Sai se dio la vuelta– tú deberías olvidar ese asunto de los "recuerdos". Ya no me interesa y no quiero volver a hablar sobre ello –ahora fue su turno para girarse, dejando la mueca aturdida del moreno que tardó demasiado en reaccionar.
– ¡Sai! –no pudo evitar que la voz de Kakashi lo detuviera permitiendo que Naruto se internara en el edificio.
– ¿Ahora qué? –murmuró cansado mirando de reojo al antiguo ninja. Cuando lo tuvo frente a si se distrajo enseguida con el reloj del edificio principal, justo detrás de Kakashi.
Siempre marcando la hora correcta.
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Itachi caminaba a paso tranquilo por la acera que rodeaba "Konoha", planeando su siguiente movimiento cuando alcanzó a escuchar un movimiento brusco tras él. Las hojas de una frondosa tira de arbustos se agitaron de golpe hasta que poco a poco cesó el ruido, pero nada más se movió por encima, debajo o alrededor de la zona. Se detuvo ampliando su campo de visión, pero la calma se mantuvo apenas agitada por el sonido típico del viento. Retomó su camino hasta la esquina siguiente, doblando en ella para perderse entre la gente.
Repentinamente Deidara saltó en medio de un arbusto, con el cabello alborotado y varias hojas y ramas enredadas entre los mechones y su ropa. Se puso de pie, cansado, con la pierna derecha soportando el peso de ambas al haber conseguido un largo rasguño entre la rodilla y el tobillo izquierdo. Su camisa era un desastre e inoportunamente recordó que no había desayunado.
Aquella mañana se había apresurado a llegar con suficiente tiempo a la casa Uchiha, sabiendo que de permitirlo, Itachi se saltaría un día más de trabajo obligatorio. Pero apenas supo que ya había salido, se olvidó de sus propias clases para llegar a la secundaria Konoha. No tuvo que esperar demasiado cuando la campana de inicio de clases sonó y el motivo de su persecución apareció. Tal y como había esperado, de unos días atrás, Itachi pasaba demasiado tiempo en esa escuela. Deidara podía agregar a su hipótesis que el asunto al que ponía tanto interés no podía ser su hermano, ya que nunca se había mostrado tan preocupado por los asuntos del menor. Debía existir algo, o alguien que lo mantuviera tan apartado de sus obligaciones.
Y ese alguien apareció poco después del Uchiha. No iban juntos pero no podía tratarse de otro si fue el mismo Itachi quien se detuvo en la puerta principal para dirigirle una última mirada a ese pequeño rubio.
Rubio… ojos azules… esa forma tan llamativa de desenvolverse. Le tomó un poco recordarlo pero estaba seguro que era el mismo rubio que siempre acompañaba a Sasuke. ¡Por supuesto! Ya lo había visto antes, y también estuvo presente durante la exposición. En la que, por cierto, Itachi se había mostrado muy atento con él. ¡¿Por ese niño lo estaba ignorando? ¡Y más aún, ignorando su proyecto!
Terminó de sacudirse las últimas hojas del cabello antes de fruncir el ceño con una mueca claramente molesta.
– ¿Está enamorado de él? –chilló sin poder evitar que sus pensamientos escaparan. Afortunadamente estaba en una zona raramente transitada, aunque tampoco le hubiera importado que alguien lo observara, eso no evitaría que se sintiera indignado. ¡Estaba hablando de un niño menor que Itachi!– ¡Del mejor amigo de tu hermano! ¡Demonios!
Ese comentario mordaz fue lo último que Itachi escuchó mientras el rubio emprendía el camino de regreso. A dónde sea que éste fuera. De pie sobre la rama media de un árbol, el mayor de los Uchiha irradiaba una aura tan tensa y casi asesina que ni siquiera el extenso follaje podía cubrir. ¡¿De dónde, demonios, ese bastardo de Deidara lo creía capaz de acosar a alguien menor que él?
Dio un profundo suspiro tratando de calmarse. No era tan grave, tal vez el malentendido le serviría para que Deidara dejara de molestarlo. Bajó de la rama con un salto silencioso. Como si la mayor cualidad de Deidara no fuera ser obsesivo.
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Para sorpresa general, a la hora del almuerzo, Kakashi llegó apenas quince minutos después de iniciar la práctica. Un tiempo récord para la hora en que acostumbraba llegar, y justo en el momento en que Gaara y Sasuke terminaban el calentamiento. Neji se les unió en cuanto se ajustó la playera holgada que solía utilizar para entrenar, mirando al "entrenador" con la misma pregunta muda que sus compañeros, mientras depositaba una sencilla caja de un metro de largo contra la pared.
Los tres se reunieron en torno al mayor cuando éste hizo una seña para detener la práctica, comentando su desempeño, falta de actitud, ego demasiado elevado y poca integración como equipo. El mismo discurso aburrido a modo de regaño que impartía en lugar de un simple saludo de cortesía. Y que casi estaba grabado a fuego en las mentes del trío, aunque después de la molestia que les produjo la primera vez que lo escucharon, ahora ya carecía de cualquier efecto, incluyendo la atención.
– …aún así, estoy tratando de confiar en que no insultaran el nombre de su escuela –terminó. Dio un hondo suspiro y los miró alternadamente con su único ojo visible. Durante un imperceptible segundo casi extrañó a Naruto– en fin. Gracias a la oportuna intervención de Asuma, vamos a hacer una pequeña modificación a la práctica de siempre –dejó su lugar obligando al resto a seguirlo, acercándose a la caja con la que había llegado al dojo.
No tardó demasiado en abrirla y extraer una espada en apariencia de bambú. Una pieza sencilla, sin adornos y con el color de la madera, aunque ligeramente oscura en las orillas. Sostuvo la espada con ambas manos ofreciéndola a Gaara, quien esperaba a su lado. El pelirrojo dudó un momento antes de sostener el mango pero apenas Kakashi retiró su mano, el menor tuvo la precaución, o quizá el presentimiento, que debía usar la otra mano, así que imitó la forma como su sensei le mostró. Kakashi sonrió con algo de malicia alejándose un paso cuando Gaara tuvo la espada entre sus manos y enseguida se vio impulsado al frente, apoyó un pie para mantener el equilibrio mirando el arma con auténtico cuidado. Era quizá tres veces más pesada que una espada común, no demasiado para volverla imposible de sostener pero si lo había tomado por sorpresa. Volvió a enderezarse usando ambas manos en el mango para tratar de blandirla.
Mientras, Kakashi había regresado a la caja mostrando una segunda espada exactamente igual a la primera, pero que en esta ocasión ofreció a Sasuke. El moreno la aceptó tomando precauciones similares, comprobando por si mismo lo que ya Gaara había mostrado.
– Durante los siguientes días, utilizaran estás espadas. Según tengo entendido, a ambos les hace falta un cierto toque de destreza que será un punto importante a calificar –caminó alrededor de Sasuke y Gaara, que se mantenían a una distancia prudente entre si agitando las espadas para acostumbrarse– Neji no lo necesita, ya hemos comprobado que se desenvuelve bastante bien, así que él se encargará de practicar con cada uno por separado, y de momento tienen prohibido pelear entre si. Ya tuvimos suficientes lesiones, ¿cierto? –al decirlo se detuvo junto a Gaara golpeando ligeramente su tobillo con la punta del pie. El pelirrojo volvió a perder el equilibrio evitando la mirada del mayor– estás exento de la práctica de la tarde. Quiero que atiendas eso antes de que empeore –murmuró volviéndose a Neji– ¿cómo va tu rutina?
– Casi la termino.
– Bien. Toma esto –extendió una de las espadas de bambú que acostumbraban utilizar– Sasuke, acércate –el aludido dejó descansar su propia espada muy lentamente antes de mirarlo– empezaremos contigo.
– Pero…
– No te preocupes –interrumpió el comentario de Neji– las espadas que les di solo son pesadas, no tienen filo. Tendría que golpear con mucha fuerza para romper el bambú –sonrió acomodándose en la pequeña banca cuando Sasuke llegó frente al castaño empuñando la espada.
Neji observó con calma a cada uno. No era que tuviera miedo de Sasuke pero ya había visto suficiente de su entrenamiento como para saber que el Uchiha era de cuidado. No podía decir con certeza que ya se hubiese acostumbrado a la espada, pero si ésta era tan pesada como se veía, un mal golpe o una reacción tardía, aunque no cortara si podría dejarlo lesionado. Inhaló profundo encarando al otro con el pequeño trozo de bambú que tenía. Si Kakashi podía llamar a eso "evitar lesiones", se alegraba de no haberse unido al equipo cuando las "lesiones" eran válidas.
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Sai empezaba a cuestionarse la gravedad de sus sentimientos por Naruto, no en el sentido de que quisiera olvidarlos pero si en que cedía con demasiada facilidad a las peticiones del rubio. Se terminó el agua de una botella pequeña y suspiró tratando de no dejarse llevar por sus propios pensamientos. Levantó la vista hacia el responsable de sus problemas que ya había vuelto a la práctica. Cuando debería estar aprovechando los inconstantes cambios de tiempo del genjutsu para encontrar una solución, de algún modo obvio, Naruto lo había convencido para volver a ese absurdo entrenamiento. Así, una vez más, dirigía al par que todavía intentaban quedarse con el último lugar del equipo. Aunque según la amenaza de Kakashi, si volvía a faltar tanto Lee como Naruto ocuparían su lugar.
Apoyó la nuca contra la pared tras su espalda. ¿Cómo podía preocuparse por algo que no existía si en cualquier momento alguien de fuera podría matarlos. Cerró los ojos evocando una vez más sus recuerdos del momento antes de que se activara el jutsu. Él estaba persiguiendo a Naruto cuando éste corrió tras la pista de Sasuke. Pero en ese momento no estaban solos, también estaba cerca Sakura… Kakashi y Lee, Kiba. ¿Existía la posibilidad de que ellos también fueran absorbidos por el genjutsu?
Cuando volvió a abrir los ojos se enfocó en Lee, tan motivado como Naruto hablando sobre su nuevo progreso. Si ellos también fueran ninjas quizá sería más fácil cortar el flujo de chakra que los detenía. Pero, siendo sincero, aunque no fuera él único real, no podía negar su falta de interés hacia sus vidas.
– Buenas tardes –giró intrigado por la vocecita que surgió a la entrada del campo. Lee y Naruto detuvieron sus lanzamientos para hacer lo mismo, detrás de ellos Kurenai ingresó seguida de cerca por Hinata que procuraba no mirar a ninguno– lamento interrumpirlos, pero solo será un momento. ¿Pueden acercarse?
Extrañados por las visitas, Naruto y Lee acomodaron los arcos antes de acercarse a la morena quien ya tenía la atención de Sai. Sin dejarse intimidar por las miradas interrogatorias, Kurenai les pidió que se sentaran en torno a ella, pero en su caso, Hinata tuvo que acercarle un banco. Naruto fue el último en reunirse mirando la complicada forma como la mujer se sentaba. Hasta ese momento nadie la había visto lidiar con su embarazo, pero al parecer el ligero abultamiento de su vientre que apenas se había notado hacia un par de semanas, no era el único cambio. Esperaron un poco hasta que ella estuvo cómoda y Hinata se hincó a su lado, tan servicial como acostumbraba.
– Por la expresión de sus rostros imagino que Kakashi-sensei no les dijo nada –comento divertida.
– Tampoco es que acostumbre mantenernos informados –sonrió Naruto con las piernas cruzadas meciéndose adelante y atrás– de eso se encarga Sai.
– Pero no me dijo nada sobre su visita –sonrió el moreno con la típica expresión que había aprendido de los libros.
– En realidad no es una visita. Estoy aquí como su nueva entrenadora –compartió la sonrisa de los otros que ahora cambiaban su expresión por un mutismo casi insultante– el motivo es obvio. Kakashi-sensei apenas tiene tiempo para dedicarle a su propio grupo, entre sus clases y la competencia en una semana, no pueden culparlo si parece que olvida todo.
– Es que en realidad lo olvida todo –intervino Naruto– pero ¿por qué usted?
– ¿Por qué no?
– Porque… estamos practicando arquería y…
– Hasta donde sé, tú aprendiste del tema hace una semana.
– En realidad tres si consideramos… –agitó su cabello un poco antes de notar la mirada paciente de Kurenai.
– ¡Entonces usted debe ser una gran arquera! –gritó Lee emocionado ante sus propias suposiciones.
– En realidad no –sonrió nerviosa logrando que los otros tres ladearan la cabeza– por eso le pedí a Hinata que me acompañara –bajo la mirada hacia la aludida obligando al resto a imitarla. Con la atención, ahora sobre ella, Hinata no pudo más que ruborizarse y bajar un poco más la cabeza.
– ¿En serio? –preguntó Naruto notoriamente sorprendido. Cuando Hinata lo miró notó el brillo de emoción en sus ojos, sintió que ahora si se desmayaría. Para su mala suerte, Sai comprendió esa mirada.
– Por favor, Hinata –intervino Kurenai haciendo un ademan para que se acercara a la tarima.
La menor asintió con la cabeza y se puso de pie tan rápido como sus nervios le permitieron. El intenso color jamás abandonó su rostro pero hizo todo lo posible por concentrarse en cuanto tuvo el arco entre sus manos. Lee le acercó una flecha y no tardó en adoptar la posición adecuada, la flecha firme en posición perpendicular a su cuerpo y la mirada fija en el blanco. Eligió una de las dianas vacías y respiró profundo con la esperanza de que su corazón se calmara un poco pero saber que era Naruto quien estaba mirando cada uno de sus movimientos no la ayudaba a tranquilizarse. Lo intentó una vez más e ignorando el calorcito en su rostro lanzó la flecha.
Sus observadores siguieron la ruta de la flecha que terminó en la tercera línea de la diana. Lee dejó escapar el aire en un silbido, Naruto frunció el ceño pero la dura mirada de Sai fue la única que no cambio. Kurenai se mantuvo tranquila mientras Hinata volvía a respirar tranquilamente preparándose para el siguiente tiro. Acomodó la flecha, tensó el arco, en movimientos más rápidos y precisos que en el primer intento dejó escapar la flecha. E incluso el sonido al deslizarse resultó un poco más fino antes de llegar al centro de la diana.
En esta ocasión si fue merecedora de los gritos eufóricos de Lee y Naruto, aunque fue Sai quien se puso en pie tomando un arco. Se situó al lado de la Hyuga acomodando los pies con la separación adecuada, estiró los brazos un par de veces y apoyó el arco entre sus manos con la flecha perfectamente alineada, apuntando a la diana contigua. No necesitó acompasar su respiración antes de lanzar la flecha. La segunda en el centro. Naruto y Lee volvieron a los vitoreos y la sonrisa en el rostro del rubio se ensanchó. Hacía tanto tiempo desde la última vez que lo vio practicar que por un momento creyó que se había lesionado o que hasta había olvidado cómo se hacía.
– Es una pena que el equipo oficial deba ser tan pequeño –habló Kurenai dejando su silla– pienso que todos tienen un alto potencial. Según tenía entendido, tú estabas ausente –continuo dirigiéndose a Sai– pero Kakashi-sensei omitió decir que eres bastante hábil.
– Si es así no veo la necesidad de que ella esté aquí –murmuró logrando que solo Kurenai lo escuchara.
– No estoy de acuerdo. Hinata nos ayudara durante la última semana de su entrenamiento. Ya la has visto, seguro que nos aportará algo –Sai ni siquiera se molestó en disimular su expresión sombría, pero a Kurenai no le importó. Le sostuvo la mirada con una gran sonrisa antes de girarse a su silla donde había soltando un par de hojas– según las instrucciones de Kakashi-sensei, mantendremos el entrenamiento intensivo durante la próxima semana. Y el viernes se elegirá entre ustedes dos –miró un momento a Naruto y Lee quienes asintieron en silencio– también nos sugiere una alternativa para el tiro especial contra un objetivo vivo –releyó las últimas líneas del resumen impreso– pero sigue sin agradarme, me parece demasiado arriesgado. Mientras decido que haremos sobre ese tema, practicaremos un poco la distancia y el control de la altura. Sai, Hinata, quiero que hagan un tiro de prueba, cualquier diana, lo más cerca que puedan de la orilla.
Hinata asintió y rápidamente se preparó para acatar la petición, mientras Sai la miraba de reojo sin intenciones de moverse. Naruto se acercó a su lado susurrando algo que las espías camuflajeadas por el pasto no pudieron escuchar. Sakura, Ino y Tenten observaban lo más silenciosas que podían el avance del entrenamiento. Según palabras de Ino, quien había escuchado que Hinata se uniría, alentó a las otras dos para comprobar con sus propios ojos si la menor de los Hyuga era tan hábil como decían los rumores. Llevaban hincadas en diversas e incómodas posiciones cerca de media hora y apenas la habían visto tirar un par de veces, aunque la primera no fuera buena y la segunda pareciera cosa de suerte, se veía que tenía cierta habilidad. Por ello decidieron esperar hasta que la práctica terminara y por fortuna, Hinata volvía a tener una oportunidad para defenderse.
Sakura fue quien terminó por levantarse un poco más cuando vio el arco tensarse entre las manos de la chica, decidida a no perderse ningún detalle. Ino seguía mostrándose un poco inquieta, pero eran los ojos de Tenten los que brillaban con ansias. Finalmente la flecha cruzó los casi treinta metros que había de distancia deteniéndose en la última línea de la diana a unos cinco centímetros de la orilla.
– ¡Lo sabía! ¡Lo sabía! –chilló Tenten tratando de mantener el volumen bajo– ¡Ella debería competir en lugar de Naruto o Lee!
– Creí que solo podían participar hombres –comentó Ino quien estaba tan interesada en los logros de Hinata como en la competencia en si. Era obvio que no conociera las reglas.
– ¿De dónde sacaste esa idea?
– Pues… todos en este equipo son hombres –continuo como si fuera obvio. Sakura rodó los ojos reprimiéndose su comentario.
– Es cierto… –sonrió reconsiderando las palabras de la rubia– a este equipo le hace falta cierto encanto femenino.
– ¿Ahora vas a unirte? Creí que Kakashi ya te había rechazado.
– No me rechazó –retó apretando los dientes– yo le dije que estaba demasiado ocupada. ¡Pero ese no es el punto! ¡Podemos formar un equipo de porristas! –pero la expresión de Ino era todo un poema cuando escuchó la última palabra.
– ¿Porristas? –habló Tenten apartando su atención de Hinata quien ya preparaba un segundo tiro– ¿eso esta permitido?
– No lo sé, pero como escuela podemos apoyar a nuestro equipo. Qué mejor opción que porristas.
– Suena a algo innecesario –murmuró Tenten e Ino asintió enredando un mechón de su cabello entre sus dedos.
– Pero… –Sakura bajó la mirada tratando de encontrar otro argumento. En realidad solo quería hacer algo especial por Sasuke y que le valiera su atención. Tenía que admitir que se le estaban acabando las ideas.
– ¡Miren! ¡Hinata lo logró! –chilló Tenten– ¡esta prácticamente fuera de la diana!
Pero su voz fue tan alta que ahora si las descubrieron. Desde la tarima, Naruto y Lee las miraron apenas un segundo antes que Kurenai los llamara, pero Sai se quedó en su sitio aún con la mirada hostil que ya parecía grabada en su rostro. Ninguna de las espías necesito otro incentivo para salir corriendo coreando algo sobre la actitud tan fría que el moreno había adoptado en los últimos días.
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Con los exámenes a la vuelta de la esquina, Iruka aceptó cambiar un poco la dinámica de sus clases, aprovechando la segunda hora para un repaso general. Se consultaban dudas o repasaban temas en pequeños grupos que él mismo asesoraba uno por uno.
Una vez más, Shikamaru estaba haciendo esfuerzos inhumanos por retener la atención de Naruto quien, mágicamente, parecía haber recuperado su interés en la competencia y ahora no se callaba hablando sobre el tema. Los primeros minutos, Shikamaru intentó cambiar la conversación, pero el rubio siempre encontraba el modo de evadirlo. Luego, optó por dejarlo hablar hasta que se le terminara el impulso pero ya llevaban casi veinte minutos y "Hinata" seguía siendo el tema. Ahora solo podía frotarse la sien sin animarse a ver el libro abierto que no habían usado los últimos días. Mismos que ya llevaban de retraso.
– Naruto…
– Y ahora sé que Lee esta en desventaja. Sabía que solo sería cuestión de tiempo para que yo resultara ganador. ¿Sabías qué…?
– ¿Qué pasará si repruebas algún examen? –al fin interrumpió cortando abruptamente la voz del rubio en un tono monótono como si preguntara la hora. Ni siquiera levantó la vista del texto aún cerrado.
– ¿Si repruebo…? Eso no pasará –sonrió nervioso– soy demasiado… yo… –a falta de un argumento sólido terminó bajando la mirada hacia la mano de Shikamaru que le mostró el libro abierto en una página con ejercicios terminados a medias– esto es fácil –siseo molestó arrebatando el libro en donde pronto hundió su atención.
Shikamaru sonrió satisfecho, y se contuvo para no suspirar. Cruzó los brazos esperando que pudieran terminar al menos esa página sin una nueva interrupción.
Cuatro días más. Solo tenía que resistir cuatro días más y podría dejar ese estresante asunto con nombre. Apoyó el mentón sobre la palma siguiendo el movimiento de la mirada azul a través de la página. Gracias a esa extraña convivencia a la que se vieron obligados, ahora sabía que Naruto no era tan torpe como casi todos creían, solo era distraído. Demasiado distraído. Pero realmente se esforzaba en lo que hacía. Era un consuelo ver que podía resolver los ejercicios sin problemas, eso quería decir que si lo escuchaba cuando explicaba las reglas. Aunque aún no se sentía del todo seguro de cómo lo había logrado.
Finalmente dejo escapar el aire en un profundo suspiro. A su lado, Chouji acercó una silla mirando de reojo a Iruka, se acomodó silenciosamente.
– ¡Quiero mi dinero! –terció rompiendo la concentración de Naruto quien lo miró arqueando la ceja– ¿de la apuesta? –acentúo ayudándolo a recordar.
– ¡Oh! ¡El ramen! –sonrió– pero yo gané.
– No. Te fuiste antes de terminar así que yo gané y tuve que pagar lo de ambos. Ahora quiero mi dinero.
– ¿Me fui? –ladeo la cabeza tratando de recordar– mmm… cierto. Pero fue un asunto importante, y es como si hubiera ganado. Tú ya no podías comer más.
– Naruto… –una vez más, Shikamaru trató de intervenir al comprender la absurda lógica en esa discusión.
– ¡Eso es mentira! Comí dos tazones más después de que te fuiste.
– Llevabas uno menos que yo, aunque eso fuera cierto, sería un empate.
– Naruto.
– ¡El caso es que me quede sin dinero por el resto de la semana!
– Pero si estamos a jueves, ¿cuál es el problema?
– Naruto.
– Entonces quiero tu palabra de que la próxima vez pagarás todo.
– Solo si es en una apuesta.
– Pero eres un tramposo.
– Es…
– ¡Naruto!
– ¡¿Qué? –ambos gritaron al mismo tiempo callando por un momento el resto de voces en el salón.
– ¿Algún problema? –Iruka llegó junto al rubio mirando a Chouji quien obviamente sobraba.
– Solo algo que no entendía –sonrió Naruto mientras el castaño se escurría hacia su asiento. Iruka compartió una mirada cansada con Shikamaru antes de continuar su recorrido. Apenas pudo dar un par de instrucciones más mientras la campana que anunciaba el fin de las clases aumentaba el alboroto de sillas, golpes y gritos.
– ¡Naruto! –Chouji volvió arrastrando su mochila a medio cerrar– ¡quiero mi di…!
– Espera –Shikamaru lo interceptó mostrando las palmas en señal de paz– quiero que me hagas un favor –sonrió con calma logrando que olvidara sus quejas– busca a Sai y dile que Naruto llegará un poco tarde. Prometo invitarte a comer de regreso –Naruto detrás de Shikamaru sonrió masticando una tira de gomita. Su última bolsita que había guardado del descanso.
– ¿En serio? –sus ojos no podían hacerse más grandes brillando como si fuera un niño– ¡de acuerdo! ¡Vuelvo enseguida! –salió dejando su mochila a los pies de Nara pero no tardó más de un par de segundos en volver casi abalanzándose contra Naruto quien sorprendido permitió que le arrebatara la bolsa de gomitas– esto ya es algo –sonrió corriendo de nuevo.
– ¿Qué…? ¡Espera, Chouji! ¡Eso es mío!
– ¡Naruto! ¡Tú tienes que quedarte! –pero Shikamaru reaccionó demasiado tarde. Corrió tras el rubio pero se le escapó por un par de pasos. Entonces lo observó andando por el largo corredor, cambiando su expresión muy lentamente. Casi apostaría que si la parte racional de su cerebro no fuera tan grande ya se hubiera golpeado contra una ventana o algo aún más absurdo.
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Luego de una curiosa persecución en tres tiempos, Shikamaru se resignó a continuar el repaso en el dojo, donde Naruto había terminado molesto murmurando su falta de azúcar a un sonriente Chouji que apenas y lo miraba desde afuera del entarimado, descansando entre el pasto. Incluso habían llegado antes que el resto del equipo 7, aprovechando varios minutos de silencio para que Naruto recuperara la concentración. Sasuke y Neji aparecieron después iniciando el calentamiento, prácticamente ignorando la presencia de sus "visitas". Cada uno ocupó una esquina diferente del cuadro, Neji estiraba brazos, piernas y cada músculo de su cuerpo; mientras Sasuke ajustaba su espada aprovechándola para estirar los brazos.
Por primera vez, Shikamaru pudo verlos entrenar. Ahora entendía un poco el por qué Naruto buscaba excusas para estar ahí. Viéndolos era imposible pensar que no ganaran, era un pensamiento agradable. Que no restaba la falta de responsabilidad en Naruto pero se suponía que él debía controlar eso. Volvió la mirada hacia el rubio quien había logrado acomodarse tendido en el entarimado releyendo el texto en susurros entrecortados. Ya antes lo había pensado, pero había algo diferente en Naruto. Había algo que parecía cambiar en su aspecto, o quizá en personalidad.
– ¡Naruto! –escucharon la voz de Chouji un par de metros alejado– ¿ya no tienes más gomitas?
– ¡No! –frunció el ceño sin mirarlo– todas están en tu estómago.
Shikamaru se frotó la sien en un acto reflejo. Naruto jamás cambiaría. Miró su reloj, aún podían quedarse entre quince y veinte minutos más. Apoyó la espalda contra la pared cerrando los ojos, en cualquier momento podría dormirse. El dojo tenía un ambiente muy tranquilo, apesar de los que entrenaban que casi no hacían ruido, la suave brisa que se deslizaba por ambas puertas casi invitaba a dormir.
Naruto terminó un par de páginas más sin mucho problema en completa concentración hasta que escuchó un movimiento más rápido y constante de las espadas. El sonido que producían al cortar el viento no era normal. Alzó la vista. Sasuke era el más alejado desde su perspectiva pero no había nada extraño en su técnica, tenía la misma fuerza de siempre. A su derecha, un poco más cerca, Neji lucía una espada de bambú, aunque sus movimientos eran un poco más lentos, no como si peleara. Supuso que se debía al estilo por el que iba a participar, pero se veía un poco extraño. Se incorporo quedando de rodillas.
– ¿Dónde esta Gaara? –su voz despertó a Shikamaru del ensueño pero apenas lo miró con un ojo entreabierto antes de volver a su letargo.
– Ni idea. Te quedan diez minutos –murmuró sin importancia.
Pero Naruto no pudo dejar de darle vueltas a la supuesta lesión del pelirrojo. Por un momento incluso consideró la posibilidad de que hubiera vuelto a pelear con Sasuke. Negó con la cabeza poniéndose de pie, esa solo era una idea extraña de Sai. Él sabía que Sasuke no era capaz. Se acercó a Neji esperando que detuviera sus ejercicios pero el otro apenas lo miró de reojo sin detenerse.
– ¿Gaara no va a venir? –se decidió a hablar cuando fue obvio que el otro solo escuchaba.
– No. Kakashi-sensei le dijo que se fuera a casa por su lesión.
– ¿Es grave?
– Supongo que no. Podía caminar bastante bien.
– ¿Cómo paso?
– No lo sé. Llegó así en la mañana… –su voz bajo a un tono ahogado cuando realizó una estocada más brusca. Dejó el brazo en tensión respirando con fuerza.
– Tú… ¿estás bien?
– ¿A qué vienen tantas preguntas? –finalmente se detuvo, mirándolo molesto.
– Es que… –sonrió apoyando la mano en su cabeza– en la mañana escuché sobre la lesión de Gaara, sonaba grave pero no pude venir a verlo. Y ahora, creo que te ves un poco cansado.
– ¿Estás… preocupado? –arqueó la ceja un tanto escéptico.
– ¿No es lo normal? Somos del mismo equipo –Neji le sostuvo la mirada un largo momento debatiéndose el cómo debería reaccionar, pero no pudo reprimir una sutil sonrisa.
– Eres muy extraño –volvió a darle la espalda estirando el brazo varias veces– creí que solo te preocupabas por Uchiha –por suerte para Naruto, Neji no pudo ver su reacción ante el comentario.
– ¿Por él? No. A él solo quiero vencerlo. Siempre se cree demasiado.
– Ya somos dos –revisó su brazo y codo una vez más antes de retomar los ejercicios.
– ¿Por eso entraste al equipo? –se emocionó como si hablara de su propia situación.
– Supongo. Pero al final es Gaara quien tendrá esa oportunidad.
– No hablas en serio. Eso no tiene nada que ver. Yo sé que puedo vencerlo, por eso no me importa estar en arquería pero cuando todo esto terminé voy a demostrarle quien es el mejor. Si lo hago ahora, podría lastimarlo y Kakashi-sensei me mataría –Neji se detuvo una vez más mirando los gestos con que se explicaba.
– Kakashi-sensei piensa que es el mejor de nosotros tres.
– ¿Y por eso te estás limitando?
– ¿De qué…?
– Creo que eres más fuerte de lo que muestras –interrumpió las palabras del castaño corriendo hacia la bodega para tomar otra espada. No tardó demasiado en volver junto a Neji adoptando su posición de ataque– tal vez te ayude dejar de pelear contra un fantasma.
Neji lo miró con el coraje dibujando sus facciones, sintiendo que se pondría peor con la sonrisa tan animada del rubio. Por un momento no pudo evitar verlo en la misma actitud arrogante que tanto odiaba en Sasuke, casi al mismo tiempo comprendió su error. La mirada de Naruto irradiaba tal fuerza y seguridad que hubiera apostado podía leer su mente. Entonces se dio el lujo de sentirse avergonzando, quizá se menospreciaba a si mismo. Se había dejado llevar por las palabras de Kakashi que lo dejaban en una tercera posición con respecto a Sasuke o incluso a Gaara. E intento sentirse cómodo con esa decisión. Pero…
Bajó su espada golpeando la de Naruto para descansar ambas, cuando el rubio frunció el ceño en una pregunta muda, Neji sonrió tratando de tomarlo por sorpresa con una repentina estocada. Naruto alcanzó a retroceder volviendo a reír y enseguida se defendió. Ahora si tenían la atención tanto de Shikamaru como de Sasuke, siendo el primero quien intento detenerlos. En algún momento incluso Chouji trato de disuadir a Naruto pero solo se ganaron comentarios algo burlones del rubio, asegurando que terminaría el libro en cuanto venciera a Neji.
El mayor de los Hyuga ni siquiera los escuchaba, estaba demasiado concentrado en comprobar que las palabras de Naruto eran ciertas. Todo el tiempo que había dedicado a entrenar habían sido días perdidos, convencido en que su esfuerzo era suficiente había renunciado a la idea de mejorar. Pero ahora podía sentir que su fuerza y velocidad eran mayores, incluso su resistencia, ya no sentía el cuerpo tan pesado como hacía tan solo unos minutos. No estaba seguro de cuánta era la diferencia de su fuerza con respecto a la de Naruto, pero si pudo notar cuando rebaso su limite auto-impuesto. Logró golpear varias veces a su oponente, sin recibir uno solo de regreso, esto no parecía molestar a Naruto y para él realmente había sido de gran ayuda.
Finalmente la paciencia de Shikamaru se terminó, dejo a Chouji esquivando golpes perdidos y volvió para recuperar el libro en el que Naruto debería estar trabajando. Giró para cruzar el dojo hacia Sasuke, que podría decirse estaba entretenido con la pelea improvisada, pero su expresión era demasiado fría como para que alguien se arriesgara a acercarse. Que no era el caso de Shikamaru, quien sencillamente había encontrado una nueva solución.
– Ahora es todo tuyo –sentenció arrojando el libro que Sasuke atrapó en el aire– desde un principio le dije a Kakashi-sensei que era imposible. Naruto no escucha a nadie, ni siquiera a si mismo. Y como tú pareces estar en un universo paralelo porque a ti si te escucha, te harás cargo de que apruebe los exámenes.
– ¿Y se supone que debe ser mi problema?
– ¡Por supuesto! Ya no me importan las amenazas de Kakashi-sensei. Estoy harto de perseguir a Naruto y que él no muestre el mínimo interés. Los exámenes empiezan el lunes. ¡Suerte!
Y sin más salió del dojo dejando a Sasuke con varias preguntas en el aire aunque no pudo negar que quizá no fuera tan mala idea. Abrió el pequeño libro que contenía una guía, un calendario y un amplio examen a manera de simulación del verdadero, el cual apenas tenía resuelto ocho páginas de las treinta y cinco totales. Volvió a levantar la vista encontrando a Chouji, finalmente, derribado con una curiosa marca roja en ambas mejillas, y sin más rastro de la pelea. Naruto parecía muy animado explicando algo al castaño quien ajustaba la espada para guardarla. En medio de su aturdimiento, Chouji logró salir del dojo, sin que ninguno le prestara atención.
– En serio. ¿Por qué estás en arquería? –comentó Neji con un marcado tono irónico tras dejar la espada que había usado Naruto de regreso a la bodega. Se entretenía ajustando la suya para continuar solo.
– Me han hecho esa misma pregunta muchas veces –sonrió desabotonando la mitad de su camisa. Agitó un poco la tela refrescando su piel– ahora ya no sé por qué fue –Neji arqueo una ceja apenas mirándolo.
– ¿Al menos eres bueno en arquería?
– Por supuesto que si. Solo compito contra Lee porque Kakashi-sensei quiere entretenerse, pero todos sabemos cuál será el resultado –sonrió orgulloso golpeándose el pecho.
– Hablando de eso, ¿no deberías ir a tu práctica?
– Si… eso creo, ¿qué hora es? –giró mirando a su alrededor pero no había relojes en el dojo– oh, bueno… –entonces notó que Neji volvía a revisar su brazo– ¿en serio no estás lastimado? –de nuevo, el castaño lo miró con cautela– sigues revisando tu brazo…
– Solo es por precaución…
"Los puntos de chakra" El resto de lo que Neji estuviera explicando se perdió cuando Naruto creyó ver un brillo nacarado en los ojos del castaño. Rápidamente lo asoció con la herencia de los Hyuga, cuyos ojos podían ver el chakra que fluía por el cuerpo. "El byakugan" pensó asintiendo a lo que fuera que el otro dijo. Y no tardó en reconocer el pensamiento como un recuerdo más. Bajó la mirada justo cuando Neji volvía su atención a la espada así que no pudo ver el cambio drástico en su actitud. Casi dejo escapar una sonrisa triste sabiéndose víctima de una situación a la que ya no quería ignorar. De nuevo volvía a sentir la curiosidad que lo asaltó con los primeros recuerdos, aunque ahora estaba enfocada en saber qué pasaría si llegaba al final de esa vida.
Inhaló profundamente dejándose llevar por las imágenes que se abrían paso en su mente. Una vez más, la prueba chunnin, en su tercera etapa. El enorme estadio donde se llevaron acabo los combates finales, que por suerte había terminado peleando contra Neji. Neji y su afán por clasificar a las personas entre fuertes y débiles, con su filosofía imposible de romper sobre aceptar el lugar que la vida elige para cada uno sin posibilidades para cambiarlo. Su constante lucha interna que lo había llevado a lastimar a Hinata en una pelea previa. La intensa lucha que afrontaron defendiendo ideales opuestos. Neji probando que su forma de pensar era la correcta y Naruto luchando contra cada persona en el estadio que daba por obvia la victoria del Hyuga.
Pero al final…
"Eres el único que puede detener a Sasuke…"
Las últimas palabras que escuchó se perdieron en el eco al sentir un golpe en el hombro que lo devolvió a la realidad, nublando el recuerdo que termino por desvanecerse. Parpadeo un poco antes de girar para encontrarse con Sasuke quien aún mantenía la mano sobre su hombro. Su expresión era tan seca como siempre, pero podía ver en su mirada un ligero atisbo de molestia. Ni siquiera se preocupo en aclararlo, solo pudo sonreírle como siempre notando la mirada de Neji que también se mostraba intrigado.
– Kakashi pidió que fueras a la sala de maestros antes de que terminara la práctica –hablo Sasuke dirigiéndose a Neji.
– ¿Y decidiste decírmelo hasta el último minuto?
– Si. Acabo de recordarlo.
Naruto miró de un lado a otro casi viendo la tensión que sentía como una pesada forma alrededor.
– Deberías apresurarte –intervino dándole la espalda a Sasuke para evitar el contacto visual entre ellos– ya conoces a Kakashi-sensei. Puede que sea una tontería pero al menos podrás irte temprano –Neji lo miró de reojo sin cambiar su expresión molesta pero cedió. Giró para devolver la espada y tomó su mochila encerrándose en las duchas. Naruto dejo escapar el aire antes de encarar al moreno– ¿cómo pretenden llevarse bien si siempre son tan hostiles?
– ¿Y quién dijo que eso es lo que buscamos? –Sasuke se separó de él para devolver su propia espada– sabes que este equipo solo es un capricho del director.
– No por eso tiene que ser tan aburrido –murmuró para si.
– Por cierto, –hablo despacio como si tratara de cuidar sus palabras. Naruto se alertó en seguida, eso no era normal en Sasuke. Cuando enfrentó su mirada ya no había enojo– ¿qué viste esta vez?
– ¿Ver…? –se permitió un momento de confusión antes que el tono en su voz lo alertara. Apretó los labios negándose a hablar, incluso desvío la mirada pero su mente lo traicionó devolviéndole el recuerdo de la tarde anterior. Frunció el ceño sorprendido por lo rápido que la sensación de miedo había vuelto apoderarse de sus sentidos. No tardó demasiado en controlarlo pero quizá no lo suficiente para que Sasuke no lo notara. Sintió la mano del moreno tomando su rostro por el mentón girándolo hasta que sus ojos se encontraron.
– ¿Qué fue?
– No… tengo idea –sonrió murmurando como si se tratara de un secreto– no lo entiendo –tomó la mano de Sasuke apartándola de su rostro entrelazando sus dedos– había… una… creo que era un animal, algo como un oso. No lo sé, era enorme, pero no era normal. Tenía una especie de manto cubriéndolo, algo naranja que lo protegía. Ya sé que piensas que todo esto es estúpido pero… –podía ver claramente el escepticismo de Sasuke a través de sus ojos, aunque no lo aceptara sabía que se moría por criticar su ingenuidad. Pero no fue eso lo que detuvo sus propias palabras. Por un momento creyó ver el mismo destello rojo que ya había confundido antes en los ojos del moreno pero fue tan rápido que lo asoció con algún reflejo de luz. Aún así no pudo despegar la mirada de esas orbes que le dieron una respuesta que no esperaba– el kyubi…
Sasuke frunció el ceño ante la mirada perdida del rubio que se llevó una mano a la frente. La aferró con más fuerza de la que pretendía pero Naruto ni siquiera lo notó, luchando por no estrujarlo hasta que se olvidara de todo. ¿Por qué estaba tan aferrado en recordar? ¿Por qué…? Detuvo sus propios pensamientos cuando la forma del kyubi se hizo presente. Podía recordar ese enorme… zorro. Era un zorro, una bestia gigante con un chakra enorme… Necesitaba ese chakra, necesitaba volverse más fuerte. Solo así los haría pagar. Matarlos apenas bastaría para compensar una mínima parte de la traición a su familia. Su clan había muerto por su decisión, ahora debían pagarlo. Matarlos…
– Sasuke –la voz de Naruto lo devolvió a la realidad. Notando que sus manos temblaban, atrapadas entre las del rubio, tratando de contener el odio que nacía desde lo profundo de su corazón. No podía evitarlo, la sensación era más fuerte cada vez. El odio. Solo podía pensar en ello– Sasuke, ¿estás bien? –Naruto se acercó un poco más soltando una de sus manos para tomar su rostro. Acarició ligeramente su mejilla provocando un escalofrío en el moreno que por un momento lo hizo dudar. Dio un paso más hacia él apoyando ambas manos en su rostro obligándolo a mirarlo, y a su vez, obligándose a si mismo a sonreír.
La mirada de Sasuke era un cúmulo de emociones, podía ver la tristeza, el odio, y el miedo reflejados en una mezcla que a su perspectiva era dolorosa. Ver a Sasuke en tal estado de pavor no era algo que sucediera todos los días, no podía evitar que un hueco se abriera en su pecho sin saber qué hacer. Se esforzaba por mantener la sonrisa y tratar de calmarlo pero no sabía qué decir, o si acaso debía decir algo. Movió un poco su mano acariciando la piel, entonces notó un leve rastro de sangre que nacía en el ojo de Sasuke. Ya no pudo disimular más su propio miedo e intentó limpiar la mancha pero Sasuke por fin reaccionó rodeándolo por la cintura, cerró los ojos y apoyó su frente en la de Naruto.
– Sasuke… tu ojo…
– Estoy bien –murmuró sin hacer otro movimiento, aferrando su agarre en el cuerpo del rubio.
– Al menos deberíamos limpiarlo –se animó a empujarlo un poco, lo suficiente para que pudiera encaminarlo al cuarto de duchas, y Sasuke se dejo hacer aumentando la preocupación de Naruto ante su extraña actitud.
De momento no le preocupó la ausencia de Neji solo se concentró en llevar a Sasuke a uno de los lavabos, tomó una toalla y tras mojarla levemente volvió a su lado para limpiar su rostro. Lo que fuera que hubiera detonado el sangrado se había detenido, ahora no podía asegurar si había iniciado en el ojo o en algún corte debajo del cabello pero no quiso averiguar más temiendo que Sasuke dejara de comportarse como "un buen niño".
El moreno se mantenía quieto con los ojos cerrados pero en cuanto sintió que Naruto había terminado miró a su alrededor. Aún podía percibir los recuerdos asaltando sus sentidos. No quería pensar, empezaba a ser molesto. Inquietante y molesto. Naruto volvió a su lado tras dejar la toalla en el cesto. Le tendió una mano que el rubio dudo en aceptar y cuando entrelazó sus dedos lo haló hacia si atrapando sus labios.
Rápidamente entrelazo sus lenguas explorando la boca ajena obligándolo a retroceder hasta arrinconarlo contra la pared. El golpe lo obligó a entrelazar las manos alrededor de su cuello estrujando su camisa en un remolino de jadeos y caricias. Sasuke no tardó en tomar su pierna y levantarla para acercarse más, lo suficiente para rozar sus miembros y desatar la temperatura entre ambos.
Naruto se las ingenio para quitarle la camisa al mismo tiempo que Sasuke abría la suya de golpe acariciando sus pezones, besando y succionando tanto como tuvo a su alcance. Sus manos descendieron rápidamente entre el abdomen hasta llegar a su cintura. Los jadeos se hicieron más fuertes entre sus bocas unidas cuando Sasuke logró desabrochar su pantalón apretando con fuerza el miembro endurecido de Naruto quien arqueo la espalda dejando su cuello expuesto. Comenzó un suave movimiento arriba y abajo que le valió los balbuceos incoherentes de Naruto.
El rubio apenas podía respirar, solo podía jadear atrapado por la abrumadora sensación, y su raciocinio se perdió en algún lugar donde solo podía obedecer a su cuerpo que le pedía por más. Se aferró a la espalda de Sasuke enterrando el rostro en su cuello dispuesto a dejarse llevar. En algún momento escuchó la voz del moreno, como algo lejano pero no entendía lo que le había dicho hasta que éste tomó su mano llevándola hacia abajo, entre sus cuerpos donde Sasuke había logrado desabrochar su propio pantalón. No pudo reprimir un nuevo gemido cuando lo obligó a presionar su miembro incitándolo a imitar sus acciones. Continuo masturbándolo y sin saber qué más hacer, imitó el mismo movimiento logrando un jadeo ronco en el moreno que disparó su propio urgencia.
Sasuke mantenía los labios fuertemente apretados sintiendo la suave respiración de Naruto en su cuello. Volvió a tomar su mano uniendo sus miembros en una caricia más íntima dejando que su otra mano se deslizara por sus nalgas recorriendo la firmeza de esa piel tan deseada.
– Sas-Sasuke… ya… voy a…
Se separó lo suficiente del rubio para volver a unir sus labios aumentando el movimiento entre sus cuerpos hasta que lo sintió tensarse dejando escapar un último gemido que cubrió sus manos del espeso líquido blanco. Continuo el vaivén tratando de mantener a Naruto en pie por un momento más antes de terminar con un gemido ronco.
Solo podían escuchar sus respiraciones aún agitadas y la mirada algo adormilada de Naruto que volvió a aferrarse a su cuello mientras se deslizaban hasta el piso. Sasuke recorrió su espalda con movimientos circulares besando su frente ligeramente perlada por el sudor. Acarició su cabello removiendo los mechones que se habían adherido a su rostro.
Sabía que no estaba dormido, aunque mantuviera los ojos cerrados y su respiración se hubiera normalizado, pero era agradable verlo así. Tranquilo. Y suyo. Porque estaba seguro que Naruto no le permitiría esa cercanía a nadie más. Y tampoco él lo permitiría.
– Naruto, hay que limpiarnos –el rubio se removió un poco antes de mirarlo.
Por un momento Sasuke olvidó lo que estaba pensando cuando notó el intenso brillo en la mirada azul. Ni siquiera sonreía pero había algo que detuvo su respiración. Naruto frunció el ceño tratando de reincorporarse pero el moreno no dio señas de moverse.
– No vuelvas a irte –su tono era cortante pero el conflicto en sus ojos había vuelto.
– ¿De qué hablas?
– No quiero volver a caer… así que, no te vayas…
Naruto consiguió librarse de su agarre. Por un momento pensó en ignorar el asunto pero cuando sus ojos se encontraron pudo sentir su desesperación. Era un dolor muy grande, el de saber algo perdido y que nunca volvería. Pero no era justo, ninguno tenía la culpa, ninguno había sido responsable pero fueron obligados a tomar decisiones que no debían…
– Está bien –sonrió evocando al pasado– en algún momento tenemos que volver.
Naruto tuvo la sensación de haber dicho algo. Y Sasuke creyó escuchar lo mismo pero ninguno se atrevió a confirmarlo. Porque no existían las reencarnaciones. Como tampoco podía existir un ser tan atemorizante como el kyubi. Ni una fuerza más allá de la vida como el chakra. Como tampoco era lógica la marca oscura que había empezado a formarse en el estómago de Naruto.
Continuará…
N/A: Ta-tán xD Creo que ahora si me tarde un poquito más de lo prometido pero al menos ahora sabrán que solo causas de fuerza mayor me impedirán actualizar a tiempo; entiéndase, me enferme . waaa, hasta me da pena decirlo, pero fue horrible, aún ahora todavía me queda la molesta resequedad en la garganta… El caso es que en compensación tenemos un capítulo laaargo y con un poco de suerte terminaré el próximo antes de navidad, con sorpresita y laaaargo también ^^
Pero sigamos, lo importante. Un capítulo más, donde ya vamos abriendo un poco más el camino. Ya había amenazado con que se terminaban los "momentos felices". Ahora solo nos queda seguir hacía el punto de la historia que todos conocemos y que no es tan agradable, pero se supone que Itachi "compró" una oportunidad para esta parejita así que… ya veremos qué sucede.
Creo que me salieron dos o tres escenas medio confusas, espero que no haya sido demasiado.
Ya casi llegamos al momento esperado xP que además nos librara de la actitud Ooc de Naruto y Sasuke…
Que por cierto, me costo trabajo la última escena de este cap, no sé por qué, espero que no haya quedado muy tenso . jejjej, ¿ItaNaru? O.o ese Dei esta más loco que yo…
Respondo a los reviews "anónimos" ^: ^
Kami Uchiha: Gracias por tu comentario, espero que sigas al pendiente, ya me dirás que tal quedo el cap. Besos!
sAsUnAru 43ver: No fue una escena exactamente fuerte pero ya es algo, no? . Paciencia, habrá más, lo prometo. De momento, capítulo largo para que no extrañes leer mucho. Gracias por el review!
tsuki-chan666: Me agrada eso de un Naru pelirrojo XP jejje, pero temo que no lo veremos. Nos acercamos cada vez más para descubrir al supuesto Naruto-gemelo, ya lo verás. Gracias por el review. Cuídate!
angel19: Tarde un poquito, pero por fin llego el cap ^^ Gracias por el doble review. Temo que nos acercamos a un final trágico, no lo sé, intento hacerlos felices y no se dejan . Besos!
Es todo por hoy, si las estrellas se alinean adecuadamente nos leeremos antes de navidad. Pórtense mal. Besos!
Yui-chan
