Disclaimer: Todos los personajes de—Amour Sucré—pertenecen a ChinoMiko y Beemoov, por lo que no obtengo beneficio alguno al escribir esta historia además de pasar un buen rato de ocio.

Resumen: Sobre Kentin, hay algo que quiero decir.

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Galletas

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Era un día de lo más normal, pensó Ken, era un típico día donde nadie le pidió ser su compañero para el proyecto de Ciencias, donde lo golpearon un sin número de veces con la pelota durante la clase de educación física y donde ¿Cómo olvidarlo? Le habían quitado el dinero para el almuerzo. Ken suspiró afligido—Al menos—pensó—Esta vez no me encerraron en el casillero—y sorbió por la nariz sintiéndose tan afortunado como miserable. Ahora tendría que hacer la tarea de matemáticas para aquel par de abusones que le habían robado pero valía la pena; la última vez que lo encerraron en el casillero quien lo había encontrado al final de la jornada escolar llorando y temblando dentro de aquel minúsculo espacio había sido una de las chicas de su clase y si había algo que Ken odiara más que ser el constante blanco de abusos era que las personas lo vieran con pena.

Se frotó los ojos de forma brusca en un vano intento por contener las lágrimas, los pocos amigos que tenía y que no era muy diferentes a él le aconsejaban siempre que pidiera ayuda al consejero pero él sabía que si hablaba ya fuera con el consejero o con algún maestro su padre terminaría por enterarse de su situación y si su padre se enteraba, cumpliría aquella amenaza de sacarlo de la escuela e internarlo en la Academia Militar en la que él mismo había crecido.

Y a Ken la simple idea le aterraba.

Suspiró—Todo hubiera sido mejor si no me pareciera tanto a mi madre—Dijo mirando con pena al cielo, ciertamente él amaba a su madre pero si tan solo fuera más como su padre, rudo e inflexible, con facciones toscas e intimidantes, nada delicadas y hasta femeninas como lo era él, quizás su vida podría ser mejor. Quizás tendría más amigos con los cuales bromear y pasar el tiempo e incluso podría tener una adorable novia.

— Decir eso es un poco rudo ¿No crees?

Kentin saltó en su lugar y observó con las mejillas sonrojadas a la misma chica que lo había ayudado a salir del casillero días atrás. Ella le sonrió y Ken sintió sus mejillas tornarse mucho más calientes de lo que ya estaban. Ken observó atento a la chica sentarse un escalón más arriba de donde él estaba, normalmente los alumnos no solían ir almorzar por los alrededores de la biblioteca ya que justo enfrente se encontraba la oficina del Prefecto por lo que para Ken era (en los días que no le robaban el dinero) el lugar perfecto para almorzar además había un pequeño jardín que le gustaba observar.

— Siempre almuerzas en las escaleras de la biblioteca ¿Verdad?—Preguntó ella mientras tomaba una manzana de su pequeña bolsa verde. Él asintió demasiado nervioso para decir algo, mirando a su alrededor completamente abochornado y sin poder hacer contacto visual con aquella chica.

Ken la conocía, estudiaban juntos en la mayoría de las clases, ella era una de las chicas más atractivas y populares de la escuela aunque a Ken siempre le pareció mucho más bonita y agradable que aquellas otras chicas que siempre andaban en manada y se burlaban de otros chicos menos atractivos…como él.

— No te molesta si me siento contigo ¿Verdad?—Preguntó ella y él negó de forma rápida—Este lugar es agradable, incluso el Prefecto parece feliz—Y apuntó al hombre que se encontraba sentado en una silla blanca fuera de su oficina.

— Creo que es porque las rosas acaban de florecer, desde que iniciamos clases se dedicó a cuidar de ellas—Dijo él observando al hombre que silbaba una curiosa melodía.

— Oh, no sabía que él las había sembrado

— En realidad, él fue quien sembró las flores alrededor de la biblioteca.

— ¿En serio? Eso es genial, siempre he pensado que la biblioteca es el lugar más bonito de la escuela…

— ¡¿Verdad que si?!—Exclamó emocionado y volteó a ver a la chica— ¡La escuela debería tener un club de Jardinería para así poder llenar la escuela de flores y…!

Ken se sonrojó de forma violenta cuando su mirada se cruzó con la de ella quien le sonreía de forma amable—Eres lindo…—Dijo la chica de pronto y el sintió su cabeza tan caliente que juraba había comenzado a salir humo de sus orejas.

Ella soltó una risilla ante su bochorno y luego dio una mordida a su manzana— ¿No vas a comer algo?—Después tenemos clase de Matemáticas y necesitaras energía para entender esas letras que no son solo letras por que sirven como números pero no son números—Dijo con una curiosa mueca.

Ken sonrió—No tengo problemas con las matemáticas—murmuró—Y… bueno…n-no tengo hambre—Mintió, no había comida nada desde el desayuno antes de ir a la escuela.

Ella arrugó el entrecejo y lo miró fijamente. Ken pensó que si ella lo seguía observando de aquella forma, pronto terminaría por derretirse en un patético charco de quien sabe qué.

— Claro…—Dijo enarcando una ceja y sacó algo más de su curioso bolso—Toma—Ken miró extrañado lo que la chica le estaba dando—No es lo más nutritivo del mundo pero te dará energías para acabar la jornada.

Ken tomó el paquete de galletas príncipe con cuidado y las observó por un momento, luego volvió su mirada hacia ella—Gracias—dijo con voz suave y las mejillas sonrosadas. Ella le sonrió de forma encantadora.

— ¿Te gustan las Príncipe?—Preguntó ella dando otra mordida a su manzana.

— Si—respondió el sintiéndose de pronto más ligero—Me gustan las galletas Príncipes.

La jornada escolar terminó sin más novedad y cuando Ken pensó que nunca más volvería a cruzar palabra con aquella chica, que el haber almorzado juntos y el que ella le regalara unas galletas había sido solo una casualidad, suerte y nada más, sin embargo, ella se despidió de él con un animado gesto y un "Nos vemos mañana, Ken" y él se sintió emocionado, estúpidamente emocionado. Esa noche, cuando su padre le preguntó por la escuela Ken pudo decir por primera vez de forma sincera que su día en la escuela había sido encantadora y con ese mismo pensamiento se fue acostar temprano, esperando ansioso la mañana siguiente.

Ken nunca había estado tan feliz con la idea de ir a la escuela.

Era verdad que mucho antes de que ellos dos almorzaran juntos sus ojos ya la buscaban, Ken desde el primer día de clase la había admirado por ser amable, divertida y por aquel brillo que siempre la caracterizaba más nunca pensó que alguna vez podría compartir el mismo espacio con ella, sin embargo, ahora había una voz en su cabeza que lo animaba a saludarla, a hablarle y seguirla tanto como pudiera, él quería formar parte de su vida, quería ser su amigo y ella no lo rechazaba, incluso, almorzaba con él de vez en cuando. Solos los dos, como la primera vez en los escalones de la Biblioteca. Y cuando eso pasaba ella siempre le regalaba un paquete de galletas.

Al final de ese año Ken decidió que las Galletas Príncipes serían siempre sus favoritas.

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