Capitulo 9

Capitulo 9.Estalla la Revolución, Cae la monarquía.

Paris, Septiembre de 1792

Saitô Boticelli no podía estar más preocupado. Todo intento de hacer entrar en razón a Luis XVI se había ido al traste y así se lo había comunicado a los suyos.

Por desgracia, la noticia llego pronto a los jacobinos (miembros de la Asamblea de pensamiento radical) que dieron paso a la Convención, tomaron el poder y encarcelaron a Luis XVI y su prole.

En definitiva, era inevitable la caída de la monarquía y seguramente venía un periodo de caos total.

Por desgracia para Francia, el líder jacobino que estaba llevando el levantamiento contra la monarquía no era otro que Naraku Robespierre. Así comenzó la época de "el Terror".

Las calles de Francia se convirtieron en ríos de sangre y se formaron colas en ellas de gente que iba a ser guillotinada.

Cuando Naraku fijo su vista en ellos y propuso salvar la vida de Saitô si Kagome contraía matrimonio con él, Saitô menciono:"Mi hija se casara con quien ella ame" y los Boticelli desaparecieron. Para desgracia de Robespierre, se esfumaron en la nada.

Muchos dijeron que habían sido guillotinados, otros que se habían ocultado, pero lo cierto es que fue imposible dar con ellos.

Enero, 1793

Luis XVI, el que sería el último monarca francés, murió en la guillotina, procesado por los jacobinos.

Pasaron 9 meses y Francia seguía sumida en las tinieblas, en ese lapsus de tiempo, murieron más de 40.000 personas en la guillotina.

1794

Los girondinos (miembros de la Asamblea de pensamiento moderado) dieron un golpe de estado y se hicieron con el poder, proclamando un DIRECTORIO (gobierno en el cual el poder lo ejercen 5 senescales o miembros).

(N.Autora: A partir de aquí voy a jugar con la historia a mi antojo, más que antes, lo que pasara en general es cierto, pero lo que les pasa a los protas en particular no)

Fue entonces cuando se alzaron numerosas voces en el Norte de Francia y se comenzó a oír el nombre de Saitô Boticelli como el Senescal Principal, los girondinos, al oír de nuevo el nombre de tan admirado colega, usaron todos los medios a su alcance y descubrieron que los Boticelli seguían vivos, fingían ser una familia de clase media en una ciudad norteña.

Saitô fue convocado ante el Directorio y él decidió acudir. Retomo sus posesiones en Francia y se instalo de nuevo en la capital.

Poco después fue nombrado miembro del Directorio y gozo de gran poder, que utilizaba de forma eficiente y tranquila.

Por su parte, Kagome se alegraba de que "el Terror" hubiera pasado, aunque lo que ella no pasaba por alto eran las miradas de deseo y posesividad que le lanzaba Naraku Robespierre. Había sido muy feliz durante el destierro, pues alejada de la burguesía, no tenía posibilidades de casarse con "alguien adecuado".

Ya apenas recordaba a Sesshômaru, pero su corazón estaba cerrado a cal y canto. El breve tiempo que había pasado con él había sido olvidado, los recuerdos poco a poco habían perdido fuerza con el tiempo, hasta volverse leves imágenes incompletas.

Lo único que tenía era aquel colgante y su promesa. Y solo por eso, seguía esperando.

El amor había acabado ahogado en miles de lágrimas de añoranza y pensar en ellos aún le partía el alma.

A pesar de todo, continuaba rechazando uno a uno a cualquiera que le propusiera matrimonio o cualquier otra cosa menos decente. Por que, en el fondo de su esencia, seguía creyendo que tarde o temprano, volvería a nacer ese amor. Y ella esperaba, esperaba ver florecer de nuevo algo que ahora estaba apagado.

Al volver a Paris, se alegro de saber que tanto Rin como Sango estaban bien y...Como no, sin compromisos, aunque Rin había comenzado a fijar su vista en un muchacho girondino llamado Kohaku.

Aquel fue un año tranquilo, con algunas victorias importantes en Prusia, Austria, Italia y Egipto.

1795

Había sido convocado ante el Directorio, muy consciente de que su fama ya era demasiado importante.

El general Sesshômaru Bonaparte llego a Paris una tarde de Primavera, llamado por los miembros del Directorio y con un único anhelo en su corazón: Volver a verla.

Había recibido dos cartas más de Kagome durante esos 4 años, una a finales de 1791 y otra a principios de 1792, sabia que los Boticelli habían desaparecido después y ya no había tenido más noticias de ellos.

En aquel momento, se sintió desolado y poco a poco su esperanza murió. El tiempo había echo estragos en su alma y dudaba que nadie jamás fuese capaz de repararla.

Le acompañaba su buen amigo Miroku y su hermano Inuyasha, recién llegado de las campañas españolas.

Miroku venía a "Acabar de una vez con todas con su maldito compromiso" e Inuyasha a "Buscarse esposa". Es decir, ambos iban a montarse varias de las famosas fiestas parisinas con varias parisinas.

El joven general paseaba por las céntricas calles de Paris, mientras pensaba que iba a hacer, mañana debía asistir a una reunión con los senescales y después a un encuentro social con la burguesía que no podía eludir, por desgracia.

Fue a su casa en Paris, recién adquirida e impresionante, muy lujosa, algo que a el nunca le había interesado tener, pero que siempre había sabido iba a necesitar si...Quería casarse con Kagome.

Aunque el pensamiento era ridículo, puesto que aunque ella estuviese viva, seguro que estaba casada.

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Kagome amaneció asqueada. Hacia unos días había sido convocada al "evento social del año" según Kikyô y demás pardillas. Se trataba de una reunión en donde iba a ser presentado no se sabe que general, pues los senescales deseaban sorprender a los invitados.

No quería ir, pero por desgracia y por la posición de su padre, debía asistir.

Así que se tomo un largo baño perfumado, fue al sastre a recoger su vestido, un diseño único para la ocasión, como había dicho su madre y después visito a su amiga Sango, que estaba muy agobiada por sus padres, pues su prometido estaba en la ciudad y pronto iban a aclara cuentas.

Poco después llego Rin y quedaron para ir juntas al aburrido evento.

Kagome regreso a su casa al atardecer y se paso el resto del tiempo arreglándose con su madre, cosa que odiaba hacer, pero como siempre, la posición de su padre era más importante que sus gustos.

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La reunión del día anterior le había dejado claro lo débil que era el gobierno actual.

De momento y tras el pánico sucedido durante "el Terror" el pueblo apoyaba este tipo de gobierno, pero se veía venir que a la larga habría muchas revueltas.

Sin embargo, pese a todo, aquella no era en absoluto su mayor preocupación, ni una pequeña, de hecho, desde qué había visto a Saitô Boticelli como miembro del Directorio, su única preocupación había sido hablar con él. Y justo aquella mañana, antes de la "presentación social" lo había logrado.

Se habían encontrado por casualidad mientras él visitaba los salones del parlamento y él lo había reconocido casi al instante. Recordaba cada una de las palabras dichas en aquella breve charla.

-Sesshômaru Bonaparte, si que has llegado lejos desde la ultima vez que nos vimos.

-¿Me recuerda, señor Saitô?

-Por supuesto, ¿quien iba a olvidar a un joven tan arrogante?

-No es de mi agrado que me recuerde de tal forma.

-No lo hago, nos salvaste la vida, así te recuerdo.

-¿Nos? ¿He de presuponer que su mujer e hija se encuentra bien, con usted?

-Vaya, tu también tienes buena memoria, si, mi esposa e hija se encuentran aquí en Paris.

-¿Y el marido de su hija?

-¿Marido? ¡Ja ja ja! Veras, mi hija lleva la nada despreciable cifra de 453 rechazos de todas las clases sociales en todos los sentidos; matrimonio, noviazgo, incluso una pequeña cita ha rechazado.

El corazón de Sesshômaru dio un vuelto y comenzó a latir alocadamente. ¿Le había esperado durante 6 años?

-¿Y a usted no le preocupa?

-En absoluto, yo se y no me cansare de decirlo, que Kagome merece lo mejor.

-¿Y para usted que es lo mejor?

-Lo que ella ame, yo aceptare a cualquiera que ella ame de corazón, sin importar la clase social, el dinero o la fama.

Entonces un senescal llamo a Saitô y este tuvo que retirarse inmediatamente. Sesshômaru solo acertó un pensamiento: "No debería haberme ido".

La fiesta se desarrollo en total normalidad, con el problema de que el carruaje del general volcó y se anuncio un retraso.

Kagome se aburría mientras tanto y lo único que lograba distraerla eran los pequeños cortes que le daba a Kikyô cuando esta trataba de dejarla por ignorante.

Cuando ya no lo soporto más, abandono la sala y se dirigió a los servicios. Estaba a punto de llegar cuando una mano la tomo de la muñeca y, sin ninguna delicadeza, le estrello contra la pared.

-Hola, bonita, llevas mucho tiempo evitándome, ahora vas a saber lo que es bueno.

-Maldito Robespierre, ¡Suélteme!

El paso su pulgar por los labios de ella.

-Llámame Naraku, después de esto, vas a tener que casarte conmigo, ¿sabes?

-¡¡Suéltame!! ¡¡Suéltame!!

El la tomo del mentón fuertemente y la obligo a abrir la boca mientras introducía su lengua lentamente por ella.

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Había llegado tarde a la maldita fiesta y ahora, a parte de no ver a Kagome por ninguna parte, se encontraba rodeado de "admiradoras" que sin duda buscaban su posición y su fama.

Cuando logro zafarse de ellas, y constato que Kagome no se encontraba en la sala, se dispuso a largarse de allí.

Estaba a punto de girar al pasillo a la derecha, que conectaba con el pasillo central que daba a la salida, cuando escucho un grito, aquella voz le era tan familiar que el corazón se le paro en seco.

Cuando lo escucho por segunda vez, echo a correr hacia su lugar de procedencia.

Y justo se fue a encontrar con la persona que más quería en el mundo, llorando, mientras un desgraciado que reconoció como Naraku Robespierre la desnudaba y lamía su cuerpo. (N.a: En medio del pasillo, que escandalosos, pero lo que le interesa es que lo vean)

Tardó tres segundos en lanzarse contra él y lanzarlo contra la pared de enfrente de un puñetazo.

Kagome no le miro, se cubrió lo más rápido que pudo y echo a correr a la salida. Sesshômaru echo a correr tras ella.