Se bajaron del carruaje, caminaron hasta la entrada de la casa, Alfred sacó las llaves e introdujo una en la cerradura, giró la llave y finalmente la perilla, al abrir vieron a dos figuras sentadas en los sofás de la sala, una estaba sentada cruzando la pierna, mostrándose algo desafiante, mientras que el otro estaba sentado normal mientras bebía café.
- Buenas noches Isabel, ¿Cómo has estado?- preguntó con cierto tono malicioso el primero hombre. La mexicana se quedó petrificada al verlos, no podía creerlo, intentó decir algo pero su garganta simplemente se lo impidió, estaba muy nerviosa, tanto que hasta que se notaba que ligeramente temblaba.
- ¿Q-qué hacen aquí?- preguntó y al finalizar tragó saliva.
- Isabel… ¿Por qué estas así?- preguntó Francisco, se levantó de su asiento y caminó hasta donde estaba su hermana.- Isa ¿Qué tienes?-
- Y-yo… yo… es solo que… Antonio… ¿q-qué haces aquí? D-deberías d-de estar en tu casa… no aquí…- el mencionado se levantó de donde estaba y se acercó a la chica, le tomó las manos y las besó suavemente, un escalofrío recorrió su espina dorsal, pues sintió la mirada de Alfred sobre ella, con delicadeza retiró sus manos y las situó detrás, con algo de miedo volteó a ver a su marido, a quien no le había gustado esa pequeña escena en lo absoluto.
- ¿Puedo saber que se te ofrece?- preguntó serio, mirando al español, tan serio que Isabel sintió más escalofríos recorrer su espalda. Ambos se miraban retadoramente, Francisco no sabía qué hacer, no era el momento oportuno para que se peleasen, así que lo primero que se le pasó en mente fue lo que tomó.
- ¿Y si mejor platican mañana? *sonrisa nerviosa* Creo que sería mejor, además ya es tarde y lo mejor sería descansar.-
- Es una buena idea.- apoyó Isabel la idea de su hermano.- Deberíamos ir a dormir… vengan… síganme, los guiaré hasta sus habitaciones.-
- Jane, llévalos tu por favor.- dijo Alfred, la señora estaba en la cocina, ya se iba a ir a su casa cuando llegaron ambos hombres, obviamente no podía dejarlos solos en la casa, sería muy inapropiado por lo que se quedó con su sobrina Gaby, sin hacerlos esperar llevó a cada uno, a una habitación. Gaby estaba parada cerca de la puerta de la cocina viendo hacia los lados, no sabía qué hacer ni que decir, fue entonces cuando escuchó que Isabel la llamó, caminó hasta donde estaba ella.
- ¿Qué se le ofrece?- preguntó Gaby con un tono sutil ya que ahí estaba el señor de la casa.
- ¿Podrías ayudar a quitarme el vestido? Por favor.-
- Claro, vayamos a su habitación.- ambas mujeres se dirigieron en silencio hasta la habitación de la mayor, al entrar Isabel cerró la puerta y se dejó caer al suelo liberando un gran suspiro. Gaby no pasó eso por abajo, pues rápidamente supo que algo debía de andar mal.- ¿Pasa algo señora?-
- No sé si vaya a pasar… Antonio y Francisco están aquí… debería de estar feliz de poder verlos pero… simplemente tengo una mala sensación… creo que lo mejor es que se vayan lo antes posible, antes de que causen problemas…-
- Pero se ve que son unas personas muy encantadoras.-
- Lo son, pero cuando se "enojan" cambian por completo… *suspira* mejor hay que olvidarnos de eso… aunque sea solo un momento… ayúdame a quitarme el vestido.- sin más Gaby la ayudó, al cabo de un rato ya se había bañado y puesto ropa mas cómoda, miró el reloj y se dio cuenta de que ya era muy tarde y Jane y su sobrina estaban aún en la casa. Decidió bajar en contra de su voluntad, no quería que estallase una revolución, cerró la puerta de su habitación y se recargó en esta, dejó escapar un gran suspiro y se mordió el labio, unos segundos más tarde bajó las escaleras y caminó hasta la sala, se sorprendió por lo que encontró ahí: un aura espesa cubría la mayor parte de la sala mientras que Alfred y Antonio se miraban de una manera amenazadora, Francisco simplemente tenía una sonrisa realmente nerviosa en su rostro, estaba arrepentido de no haberlo detenido, ahora, si algo pasaba, sería su culpa ¿Para qué abrió la boca?- Disculpen…- comenzó Isabel, al oír la voz de la chica los tres hombres voltearon a verla, Francisco no soporto más y corrió a abrazar a su hermana, estaba feliz de verla de nuevo.
- ¡ISABEL! ¿Estás bien? ¿Por qué estás vestida así? Te veías muy femenina.- le preguntó y comenzó a revisar sus brazos y cara para asegurarse de que no hubiera ningún moretón ni nada fuero de lo común.
- Ja ja ja *sonrisa sarcástica* Mentira que te estas burlando… Además por supuesto que estoy bien ¿Qué te hace pensar lo contrario?-
- Es que… ammm… pues tú ya sabes cómo es Alfred… y temí que pudiera hacer algo.-
- No creo que lo haga, recibió una buena lección *cruza brazos*-
- O sea que… ¡¿YA INTENTÓ GOLPEARTE?! *se voltea* ¡MORIRAS!- con esa palabra corrió hasta su cuñado para demostrarle su afecto, pero su hermana lo detuvo abrazándolo.
- ¡No le hagas nada!- esas palabras sorprendieron a Francisco, no opuso resistencia y volteó a verla, se puso de frente y la miró a los ojos, ella no mostró más que seriedad, él con su mano derecha le tocó la frente y preguntó:
- ¿Te sientes bien?- lo cual causó un sonrojo en la chica.
- ¡C-claro que me siento bien!- gritó, cruzó los brazos y volteó a ver a otro lado para ocultar lo sonrojada que estaba.
- ¿Segura? Porque… cuando te trajo no parecías tener ganas de defenderlo.-
- Solo cállate… venía a decirles que ya es muy tarde y necesitan descansar… por favor… sigan a Jane… ella… los llevará a sus habitaciones, ya mañana platicaremos… que tengan buenas noches.- no dijo nada más, se dio la media vuelta y caminó hasta su habitación. El aura negra había desaparecido, al parecer ahora solo había calma, Jane caminó hasta los huéspedes y los condujo a cada uno a su habitación, Alfred se quedó parado viendo directamente a las escaleras, una vez que sus "familiares" desaparecieron del corredor caminó a su habitación, giró la perilla y entró, tan pronto como estuvo cerca de su cama se tiró a esta y dejó salir un gran suspiro.
- Toc toc.- llamaron a la puerta, Alfred se sentó en la cama.
- Adelante.- dijo y la puerta se abrió lentamente, revelando a su esposa, ella entró de manera cuidadosa, casi sin hacer ruido.
- Alfred…- dijo algo apenada y al parecer, por el tono de su voz, estaba nerviosa y algo asustada.- Y-yo… yo no… yo no les dije que vinieran por mi… si es lo que piensas… se suponía… que Antonio no iba a saber de esto… no sé cómo es que él…-
- Tranquila, lo entiendo.- le dijo con una sonrisa, rápidamente la mirada de la chica se levantó y con ojos brillosos volteó a verlo.- No creo que fueses capaz de eso, ya tendremos tiempo para hablar mañana, te recomiendo que vayas a descansar, ya es tarde.-
- E-está bien… hasta mañana… que descanses…- se despidió y cerró la puerta, entró a su habitación y se recargó en la pared, dejándose caer lentamente, no podía creerlo, no podía creer la calma con la que le había dicho esas palabras, pensó que se pondría celoso y muy molesto, tal vez le sirvió la lección que le había dado esa mañana, sobre eso, tenía que esconder muy bien las heridas causadas por ese pequeño incidente, no quería más problemas de los que se le acercaban.
- Ya mañana pensaré que hacer *suspiro*- dijo y se acostó en su cama.
~~~~~ á ~~~~~
Al día siguiente se levantó temprano, no quería ver a su hermano y mucho menos a Antonio, así que fue a hacer las compras sin avisarle a Alfred. Por su parte, el estadounidense ya estaba listo para comenzar su rutina, solo que hoy cambiaria un poco, tenía que atender a sus huéspedes y no le agradaba que el español viviese en el mismo techo que él y su esposa.
- Creo que iré mientras a mi despacho.- dijo y al salir de la habitación se topó de frente con su cuñado y vecino.- Buenos días Francis…-
- No me digas así, no soy como el estúpido francés pervertido, odio que nuestros nombres se parezcan y por cierto… buenos días… ¿Dónde está mi hermana?-
- No sé, me acabo de levantar, como veras ella no duerme conmigo.-
- ¿Enserio? Creí que la ibas a obligar a estar en la misma habitación.-
- Es una pequeña historia… pero su habitación está allá.- le señaló la puerta de la habitación de María y Francisco caminó hasta esta.
- ¿Es la que tiene el letrero?-
-Este… ammm… si… es esa…- contestó algo apenado y volteó a otro lado.
- Prohibido entrar a esta habitación sin permiso alguno. Personas autorizadas a entrar: Jane. Si eres Alfred tienes estrictamente prohibida la entrada, si desobedeces, atente a las consecuencias.- leyó el mexicano casi murmurando, cuando volteó a ver de nuevo a su cuñado notó que una aura negra estaba apareciendo alrededor, eso hizo que se pusiera más nervioso y tropezara con una maceta que había por ahí.- Creo que alguien me debe una explicación… pienso que será mejor que Antonio no vea esto, pues estallará y las cosas no acabaran nada bien.-
- ¿Qué relación tiene él con tu hermana?- preguntó Alfred serio ante el comentario de Francisco mientras se levantaba del piso y acomodaba de nuevo la maceta.
- Ammm… nada malo, solo que el tipo cree que es el único que puede casarse con ella.-
- Está loco.-
- Bueno, es más normal que llevarse a una chica a la iglesia para casarla a la fuerza y… mejor me callo…- fue lo que dijo al ver la mirada de Alfred sobre él.- Mejor iré a quitar el cartel antes de que lo vea el idiota español.- justamente cuando lo estaba quitando un tercero iba llegando al lugar donde estaban conversando, Francisco pegó un gran brinco y quedó al lado de Alfred, le sonrió nerviosamente al español.- Buenos días Antonio ¿Cómo amaneciste?-
- Muy bien, de maravilla, pero estoy ansioso de ver a María ¿Saben dónde está? Creí que estaría con ustedes.-
- Pues ya ves que no *le entrega de una manera sigilosa el letrero a Alfred*-
- ¿Tienes algo?- preguntó Antonio.
- ¿Por qué la pregunta?-
- Es que te notas demasiado extraño ¿Pasó algo malo o… le diste a Alfred una bomba para que nos matara?-
- ¡ESTAS LOCO! ¡NO PONDRIA MI VIDA EN PELIGRO POR LA TUYA!-
- ¡PERO SI VI QUE LE ESTABAS ENTREGANDO ALGO!-
- ¡Pero no era una bomba! Lees demasiados libros… en fin… ¿bajamos a desayunar? Tengo hambre.-
- Apoyo la idea de Francisco, vamos a desayunar.- contestó Alfred y los tres bajaron a desayunar, se sentaron en el comedor y esperaron a que les sirvieran, todo se mantuvo en silencio, nadie se atrevía a hablar. Por su parte Isabel ya iba llegando a la casa, tenía pensado entrar por el frente pero ¿Y si Antonio y su hermano estaban ahí? No quería dolores de cabeza, aunque pensándolo bien, tarde o temprano tendría que enfrentarlos, sin más abrió la puerta con cuidado para toparse con un trio que estaba a las carcajadas.
- Tal vez se están llevando mejor.- Pensó ella. No quería llamar la atención así que con el mayor sigilo posible fue al patio y le entregó las compras a Jane.- Ten, traje lo que me pediste, perdona por hacerte trabajar de mas, puedo llevarlo a la cocina pero… no quiero hablar con Antonio ahora.-
- No te preocupes mi niña, no es nada.-
- Es que anoche te fuiste demasiado tarde, debo de compensar eso.-
- Ya déjalo, será mejor que busques una explicación para el castaño, preocúpate por eso y olvídate de lo de anoche, además tienes que hablar con ellos ¿no?-
- Tienes razón… bueno… iré a leer un poco… nos vemos.- dijo y salió corriendo a su habitación, una vez dentro le puso seguro a la puerta, aventó a la cama y tomó el libro que tenía en el buró, tal vez leer la relajaría un poco, eso deseaba, olvidarse, aunque fuese solo por un momento, de que los problemas se acercaban. Comenzó a leer, así estuvo por escasos minutos, no lo soportaba, esa extraña sensación no la dejaba en paz, sentía que debía de salir e ir a hablar con ellos, sabía que sola se atormentaba la existencia ¿Por qué? ¿Por qué tenía que pasarle eso a ella? Si tan solo se hubiera quedado callada ese día, nada de esto estaría pasando, debía de estar en los entrenamientos con sus amigos, no ahí sufriendo.- Será mejor que vaya de una vez y arregle este problema.- dijo decidida.
~~~~~ á ~~~~~
Ahí estaban, divirtiéndose como si nada, como si se llevaran muy bien y fuesen amigos de años, el único que estaba algo serio era Francisco, él solamente sonreía nerviosamente, con ganas de que todo eso acabara, era extraño.
- Ayer tenía ganas de matarlo y míralo, está hasta riéndose con él, realmente es un tipo raro, creo que ni siquiera es humano, tal vez en realidad es un unicornio, un unicornio que se disfrazó de humano y que está conspirando con sus demás amigos unicornios para dominar el mundo y destruir a la raza humano *comienza a sudar frio* No puede ser eso, no… mi ex-hermano es un unicornio malvado, tengo que advertirle a todos antes de que haga un movimiento… *mira el tenedor*-
- Úsame, úsame, debes de matar a ese bastardo antes de que haga algo malo, anda ¿Qué estás pensando? No pienses más ¡y mátalo!-
- ¡No puedo! ¡No puedo!- comenzó a gritar Francisco como loco, inmediatamente al oírlo Alfred y Antonio dejaron de reírse y voltearon a verlo extrañados.
- ¿Te sientes bien?- preguntó el norteamericano.
- E-estoy completamente bien… no pasa nada… solo… solo sigan divirtiéndose… creo… creo que necesito algo de aire fresco, iré al patio.- contestó con algo de nerviosismo.
- Tranquilo, así se pone por los viajes largos.- comentó el español.- Le afectan, necesita estar siempre en casa, además no trajo el osito con el que duerme y le faltó esa pijama de…-
- Cállate.- lo interrumpió Francisco mientras lo miraba súper serio.
- Está bien… ya no diré nada.- Francisco se levantó de su asiento y caminó al jardín, ahí vio que estaba su hermana, sentada en una banca contemplando las plantas, no quiso sacarla de sus pensamientos por lo que llegó de una manera silenciosa y sigilosa, para sentarse al lado de ella.
-¿Qué? ¿Quién…?- preguntó María algo asustada al sentir la presencia.
- Soy Francisco, tu hermano, no debes de ponerte así, tú no eres así.-
- *Baja la mirada* Lo sé pero… es que… en cualquier momento puede venir Antonio y pedirme explicaciones… y… para empezar ¿Por qué están aquí? Se supone que deberían de estar en Puebla, en la hacienda.-
- No es que quisiera venir a molestarte en tu alegre vida de casada, pero no podía dejar que ese idiota viniera solo, podría haberse perdido en el desierto y tal vez muerto… ahora que lo pienso… no es una mala idea…-
- Deja los juegos Francisco, no estoy molesta de que tu estés aquí, al contrario estoy feliz de poder verte, pero ¿Antonio? Por favor, sabes cómo es él, aun no acepta que no somos sus colonias, intentó reconquistarnos y míralo ahora, esta junto con Inglaterra y Francia, que por cierto ¿Cómo esta ese asunto? ¿Se arregló?-
- C-claro…- contestó Francisco sumamente nervioso.- Ese problema ya se arregló, Juárez les propuso que se les pagaría dentro de dos años y ellos aceptaron esa propuesta, en realidad Antonio no se ha ido porque dice que quiere visitar algunos lugares de la Republica, pero… se enteró de que tú te habías casado y según él te vino a salvar.-
- Que se deje de estupideces, esto lo puedo arreglar sola. *se levanta de la banca* No voy a permitir que se meta, además no es su asunto, no somos nada, no desde la Independencia. Por eso iré a hablar con él ahorita, en privado.- comenzó a caminar rumbo a la casa, estaba dispuesta a resolver eso, tenía que entender que no tenía por qué meterse en su vida, su vida era su vida y nadie, ni su hermano, tenía el derecho a meterse. Francisco no sabía qué hacer, en ese momento estaban conviviendo muy bien y que llegase María no sería muy apropiado.
- ¡MARIA ISABEL!- al escuchar su nombre, la chica volteó a ver al dueño de la voz.
- ¿Qué quieres?- preguntó extremadamente seria y con una mirada que daba miedo.
- No puedes ir…-
- ¿Por qué no?-
- Porque… están platicando y una mujer no se puede meter en los asuntos de hombres.-
- Ah… claro… como soy mujer no estoy al mismo nivel que ellos ¿verdad? Pero cuando estoy vestida de hombre puedo hacer lo que se me dé la gana ¿no?-
- ¿Qué quieres decir?- preguntó Francisco algo temeroso, cuando hablaba de esa manera era casi imposible detenerla, era lo que tenía, era muy dispuesta y tenía experiencia más como hombre que como mujer, hablar podía ser inútil.- Francisco, te hice una pregunta y quiero que contestes.-
- Solo te meterás en problemas, deberías dejar que Alfred arregle este asunto y…-
- ¡NO DEJARE QUE EL ARREGLE NADA!- estalló, estaba harta de eso, cuando era mujer casi nadie la tomaba en cuenta y en parte estaba agradecida con su Francisco y Antonio por haber ocultado su verdadero genero.- ¡Estoy harta de que los demás arreglen las cosas por mí! ¡Podrá ser mi esposo pero aun así soy libre! Si no me metí en la política de nuestro país fue porque no quería problemas para nosotros, solo por eso me alejé y me escondí tras los libros, así que no dejaré que los demás hagan lo que me corresponde… no al menos lo que pueda defender… algún día… algún día… a nosotras nos darán los mismos derechos que ustedes, no seremos tratadas como amas de casa nada más, ya verás… estaremos en un lugar que no sea la cocina, nuestra voz será escuchada, contigo no tengo nada en contra, me has tratado mucho mejor que lo haría cualquier otro hermano…-
- Eso es obvio, eres mi hermana y no quiero que nadie te haga daño, por eso yo… por eso yo intenté protegerte de todos los demás, no sabes cómo se siente estar con las demás naciones, aún hay unos que no nos reconocen, que ambicionan nuestro territorio, por eso te pido que si vas a hablar hagas lo posible por quedarte aquí, sé que estando al lugar de Alfred estarás bien, no quiero que los problemas lleguen a ti, para los demás Mario estará atendiendo asuntos lejos de donde estoy yo… así nadie te buscará… te lo ruego María, quédate aquí, por lo que más quieras.- ante esas palabras no sabía ni que decir, pero sería como huir de todo… si, de todo, por el momento su prioridad era que Antonio se fuera, de Alfred, aunque no le gustaba la idea de estar casada con él, podía soportarlo un tiempo más, ya vería como se zafaría de él.
- Puedo zafarme de dos problemas ahorita *susurro*-
- ¿Eh?-
- Pensándolo bien… podría sacar a Antonio de la casa y a la vez irme con ustedes de regreso a México… podría hacer eso.- continuó hablando de una manera alegre y con una gran sonrisa en su rostro.
- ¿De qué hablas? Te dije que estarás mejor aquí.-
- ¿Sucede algo malo?- interrumpió una tercera voz, la cual no dejó que Isabel continuara hablando.- Oímos lo que gritó María, por eso venimos.- dijo Alfred. Los hermanos se quedaron estupefactos al ver a ambos hombres en la entrada al patio.
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Perdonen la demora para subir este capítulo, Microsoft me secuestró :3 esas partidas en línea son adictivas, tanto que ni anime vi. Además como ya íbamos a acabar el curso nos atacaron de tareas, pero como ahora son vacaciones tengo tiempo tanto para jugar como para escribir ^^ Gracias por seguir leyendo esta historia, ya saben comentarios, sugerencias, todo es bien recibido. Que tengan unas bellas vacaciones.
