Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la Saga y la trama son de mi completa autoría.


CHAPTER 9

BELLA POV.

Un fuerte y desagradable olor inundo mis fosas nasales, olor que ayudó a disipar la densa oscuridad que me rodeaba; abrí los ojos y parpadeé una cuantas veces tratando de aclarar mi nublada visión. Me incorporé y bajé de la camilla, algo nada acertado ya que todo se movió a mí alrededor, Carlisle se acercó a mí y me sujetó para que no me cayera.

—Tranquila hija, espera unos minutos o te marearas de nuevo —sí, creo que esa advertencia llegó un tanto tarde, cerré los ojos y respiré profundo esperando que el nuevo mareo pasara, me sentía como si estuviera en una montaña rusa.

—Doctor Cullen, aquí están los análisis de la señorita Swan —dijo una enfermera entrando y entregándole a Carlisle un sobre y... un momento, ¿análisis? ¿Tanto tiempo estuve inconsciente?

—Bien, veamos que dicen —Carlisle abrió el sobre y sus ojos se abrieron desmesuradamente, lo cual me asustó, y demasiado debo añadir. ¿Tan malo era lo que tenia?—. A Charlie le dará un infarto, pero primero matará a Edward —susurró dándome la espalda pero aún así lo escuché.

—¿Por qué mataría mi padre a Edward? —suspiró y pasó una de sus manos por su cabello, tal como lo hacía Edward cuando está nervioso.

—Bella, estás embarazada. ¿Ahora entiendes por qué tu padre matará a Edward? Y merecido se lo tiene por no ser más responsable... —Carlisle seguía hablando y dando vueltas por toda la habitación, pero yo había dejado de escucharlo. ¿Él había dicho embarazada? Ah bueno, eso no están grave y... ¿Embarazada? ¡Oh por Dios! ¡Estoy embarazada! Voy a tener un hijo de Edward. Con la mirada pedida y aún en shock, me dejé caer en la silla más cercana—. ¿Bella, me estás escuchando?

—¿Eh?... Sí... No, la verdad es que no —él me miro con comprensión y soltó un sonoro suspiro.

—Lo entiendo, debes de estar aún procesando la noticia. Te decía que tengo que hacerte un ultrasonido, tenemos que ver cómo está mi nieto —asentí y de forma mecánica me puse en pie, e igualmente volví a recostarme en la camilla.

Cuando Carlisle tuvo todo listo, subí mi blusa dejando mi vientre al descubierto, puso un poco de gel que me provocó escalofríos y comenzó a esparcirlo con el aparatejo ese. Una imagen un tanto confusa, al menos para mí, apareció en la pantalla, Carlisle veía fijamente la imagen con el ceño fruncido.

—¿Pasa algo malo? ¿El bebé está bien? ¡Por todo lo sagrado Carlisle, respóndeme! —apartó la mirada de la pantalla, me miro con una sonrisa y sus ojos brillaban con emoción.

—Escucha esto —me dijo y un sonido llenó la habitación, era el corazón de mi bebé.

—Es su corazón lo que estoy oyendo, ¿verdad? —asintió como respuesta a mi pregunta, mis ojos estaban llenos de lágrimas, lágrimas de pura emoción; hace unos minutos me enteré de que estoy embarazada, y aunque la noticia me desconcertó un poco, ya deseo tener a mi pequeñito entre mis brazos. Pero la emoción se esfumó dando paso al miedo, miedo ante lo que estaba escuchando—. Carlisle. ¿por qué el corazón de me bebé se escucha así? Hace unos días fui con Rose a su chequeo y el sonido no era igual.

—Claro que no es igual. Bella, ve esto, es tu bebé —observé la parte del monitor que Carlisle señalaba y mi corazón dio un vuelco dentro de mi pecho—. Ahora ve esto, es tu otro bebé.

—¿Otro bebé? ¿Son dos? —pregunté con voz ahogada por la sorpresa sin dejar de ver el monitor.

—Bueno, de hecho... son tres —me respondió señalándome donde estaba mi tercer bebé.

—¡Tres! ¿Qué voy a hacer yo con tres bebés? —de mis ojos comenzaron a desbordarse incontables lágrimas.

—Bella, ¿tú no quieres tenerlos?

—¡Claro que quiero! —chille sin pensarlo dos veces, ¿cómo podía tan siquiera pensar que yo sería capaz de abortar?—. Yo nunca, nunca pensaría en dañar a mis bebés. Es que me ha tomado por sorpresa y... —suspiré y limpié las lágrimas que seguían cayendo por mis mejillas.

—Te entiendo, sé que esto es difícil de asimilar hija, y que cuando tu padre se entere arderá Troya. Pero sabes que cuentas con nosotros, tienes nuestro apoyo incondicional a pesar de tus problemas con Edward, con el cual supongo tendrás que hablar.

—Carlisle, de verdad te agradezco tu apoyo, pero estoy muy confundida como para hablar con Edward ahora, hay tantas cosas en mi cabeza en este momento que... la verdad no sé qué hacer —me acababa de enterar que entre Edward y Tanya no había pasado nada, y tenía que aclarar eso con él, también sé que él no me dejaría sola con un bebé... bueno, con tres, pero a penas han pasado unos meses desde que regresó y estábamos juntos. ¿Estará conmigo porque me ama? ¿O por nuestros hijos?

—Él te ama Bella, y lo sé porque veo cómo brillan sus ojos cuando te ve. Te ama, incluso desde que ustedes no podían estar cinco minutos cerca sin terminar pelando —no supe qué contestar y me limité a suspirar con pesadez.

Carlisle me quitó los restos de gel y me ayudó a bajar de la camilla. Me dijo que tenía alrededor de diez semanas de embarazo y que mis bebés estaban perfectamente bien, me dio una receta para que comprara unas vitaminas y ácido fólico, me despedí y salí de ahí lo más rápido que pude, necesitaba aire fresco y lo necesitaba con urgencia.

En el pasillo me encontré con Jacob, el cual me preguntó si había visto a su bebé, tuve que decirle que me había perdido y no pude llegar a los cuneros, con todo lo pasado me había olvidado por completo de mi ahijado.

Salí de hospital y comencé a caminar sin rumbo, necesitaba aclara mis ideas; después de rato busqué un taxi para irme a casa, ya que mi coche se había quedado en casa de Jacob y Leah. Al llegar a mi casa subí a mi habitación y me acosté, aún no terminaba de asimilar por completo la noticia, pero estaba feliz, no sólo iba a tener un hijo de Edward sino tres. ¡Tres! ¡Ay Dios! ¿Seré una buena madre?

—No sé si seré una buena madre, pero les aseguro que haré mi mayor esfuerzo por serlo, ustedes son mi mayor tesoro y los amo —les dije a mis bebés y acaricié mi vientre, deseando poder acariciarlos a ellos.

Un par de días después mis padres regresaron de su viaje, y no les paso desapercibido mi cambió de humor, ellos esperaban encontrarme deprimida o triste por lo de Edward, pero no se imaginaron que estaría tan tranquila y feliz; y aunque trataron de que les dijera el por qué, aún no era el momento, tenía que hablar con Edward primero.

Dos semanas más pasaron y yo no encontraba el momento para hablar con Edward, o tal vez no tenía el valor de hacerlo. El día del bautizo del bebé de Leah y Jake llegó, me levanté temprano y me duché, por varios minutos estuve observando el vestido que reposaba sobre mi cama, tras suspirar comencé a arreglarme. Salí de la habitación y en la sala mis padres me estaban esperando.

—Te vez muy linda, hija —me dijo Renée y Charlie asintió, llevaba un lindo vestido de color rosa pálido y tipo halter, era corto y holgado, estaba en la semana doce y ya se comenzaba a notar un pequeño bultito en mi vientre.

Al llegar a la iglesia me sorprendió ver a Jacob hablando, nada más y nada menos, que con Edward, me acerqué a ellos y Leah me dio una mirada de disculpa.

—¡Bells, te ves hermosa! —chilló Jacob en cuanto me vio llegar, se notaba demasiado nervioso y sabía que algo me ocultaba.

—Ya suéltalo, ¿qué pasa?

—Bueno... es que... Edward será el padrino. No te molesta, ¿verdad? —la verdad es que no me molestaba, así que negué como respuesta y, tanto Jacob como Leah, suspiraron aliados.

Después del bautizo, Esme y Carlisle nos dijeron que habían preparado una pequeña recepción en su casa. A los pocos minutos de que llagamos a casa de Esme y Carlisle, llegaron Rose y Emmett, poco después lo hicieron Alice y Jasper. Estábamos todos en el jardín, los hombres estaban hablando de no sé qué cosa y las mujeres estábamos un tanto alejadas de ellos.

—¡Ay Leah! Es tan lindo mi sobrinito, porque eso es lo que este pequeño será para mí —dijo una emocionada Alice, que no dejaba de hacerle graciosas muecas a mi ahijado.

—Pues deja de acaparar a nuestro sobrino y déjame cargarlo, ya me toca a mí —Alice y Rosalie comenzaron a discutir pues ambas querían cargarlo, Esme y Renée intercambiaron miradas y, sin darle tiempo a Alice de reaccionar, Esme le quitó a mi ahijado y se alejó seguida de Renné; Alice y Rosalie se levantaron para seguirlas.

—Leah, ¿por qué decidieron que Edward fuera el padrino?

—La idea fue de Jake, creo que hay una especie de tregua entre ellos. Además, Jacob esté muy agradecido, porque de no haber sido por él, no habría llegado al hospital antes de que naciera nuestro hijo.

—¡Rosalie! Ya déjame cargarlo a mí —le exigió Alice a Rosalie—. Además, tú pronto tendrás a tu hijo y podrás abrazarlo cuanto quieras.

—Pues te recuerdo que tú también tendrás un hijo, Alice. Anda, ve diles que ya vamos a comer —le dijo señalando con su cabeza hacia donde estaban los hombres, Alice soltó un bufido y se alejó dando grandes zancadas—. Bella, Leah, ya vamos a comer —nos dijo cuando estuvo cerca de nosotras.

—Claro vamos, pero antes dame a mi ahijado, no es justo que yo sea la madrina y ni siquiera me dejen verlo —Rosalie iba a replicar, pero al final sólo suspiró rendida.

—Está bien, a ti no te puedo decir que no, para que tú tengas un hijo aún falta mucho —me dijo entregándome al pequeño Jacob y yo reí por sus palabras, si tan sólo Rose supiera que dentro de unos meses tendré no uno, sino tres.

Cuando entramos a la casa ya todos estaban sentados en sus lugares, yo me senté junto a mis padres aún con mi ahijado en brazos, tenia sed y le di un sorbo a mi agua.

—Ay hija, te vez tan hermosa como mamá. Pero espero que aún falten muchos años para que tengas a tus propios hijos —comentó Charlie y casi me ahogó con el agua, la cual escupí y comencé a toser.

Leah tomó al bebé mientras mi ataque de tos pasaba, Carlisle me veía con reproche, pues no estaba de acuerdo en que aún no dijera nada de mi embarazo. Esme se percató de la mirada que su esposo me daba y nos miraba a ambos con el ceño fruncido, el timbre comenzó a sonar y yo me ofrecí para ir a abrir, lo cual no fue una buena idea, pues al abrir la puerta mis bajos instintos asesinos salieron a flote al ver a la zorra de Tanya.

—¿Qué diablos haces tú aquí? —le pregunté cruzándome de brazos, en pose desafiante.

—Vengo a buscar a Edward, él y yo tenemos que hablar de nuestro hijo, así que hazte a un lado —respiré un par de veces para calmarme, si no lo hacía cometería un asesinato en este mismo momento, y no quiero que mis hijos nazcan en prisión.

—¡Por Dios, deja de mentir! Tú no estás embarazada, eso es solamente una más de tus mentiras.

—¡Claro que estoy embarazada! Aunque te pese, yo le voy a dar un hijo a Edward —esta maldita mujerzuela esta buscando que la deje calva, y eso, donde bien le vaya.

—Yo sé que eso no es verdad, como también sé que entre Edward y tú no pasó absolutamente nada —una sonrisa se pintó en mis labios al ver su cara de horror.

—¿Es eso verdad? —preguntó Edward detrás de mí, me giré lentamente y todos estaban ahí.

—Edward, claro que no es verdad, es un invento de esa porque está ardida —se aprovechó de que me sorprendí al ver que todos nos habían escuchado y me empujó a un lado para entrar a la casa, ahora sí, Tanya Denali va a conocer de lo que es capaz Isabella Swan.

Me acerqué a ella lentamente, tal como un león, o en este caso leona, lo haría a su presa y le pegué un puñetazo, que le dolió hasta a su abuela, haciéndola caer al suelo. Carlisle me detuvo tomándome del brazo cuando me iba a lanzar sobre ella.

—Escúchame muy bien Tanya. En primera, no te vuelvas a referir a mi como esa, para ti soy Isabella; y en segunda, yo no miento y mucho menos estoy inventando algo, yo te escuché hablando con tu amiguita del hospital el día que nació el bebé de Jake y Leah. Tú misma le confesaste, que le habías hecho creer a Edward, que habían tenido relaciones y...

—¡Callate no sigas! —me gritó, fue entonces cuando me di cuenta de que su nariz sangraba y se estaba hinchando—. ¡Está bien! Lo admito, todo fue un invento mío, pero lo hice porque te amo Edward.

—¿Me amas? Tanya, tú no sabes lo que significa la palabra amor, mucho menos puedes amar a alguien. Lo mejor es que te vayas y no te vuelvas a cruzar por mi camino, porque no sé de lo que podría ser capas —Tanya se levanto del suelo y salió de la casa llorando.

Edward cerró la puerta con más fuerza de la necesaria, pasó su mano por su cabello y apretó el puente de su nariz, una clara señal de que estaba un poco, o mejor dicho, demasiado molesto.

—¿Por qué no me lo dijiste antes? —me preguntó con voz contenida.

—Edward, yo...

—Dejaste que todo este tiempo me sintiera como un miserable —me interrumpió, haciendo un esfuerzo por no comenzar a gritar—, como una basura por haber traicionado a la mujer que amaba. No entiendo cómo pudiste hacernos esto Bella.

Edward dio media vuelta y se fue como si estuviera poseído por el mismísimo satanás, ¡genial! Ahora resulta que la culpa de todo es mía. Todos se fueron, sólo nos quedamos Carlisle y yo.

—Bella, creo que deberías decirle a Edward sobre tu embarazo.

—No es el momento Carlisle, está muy molesto conmigo y... si ahora le digo que estoy embarazada, no sé cuál pueda ser su reacción.

—¿Entonces, qué piensas hacer?

—Irme, al menos por unos días. Edward necesita un poco de espacio para digerir lo que pasó, y yo necesito pensar cómo le diré a él y a mis padres, sobre todo a Charlie, de mi embarazo —no muy convencido asintió y sacó un juego de llaves del bolsillo de su pantalón.

—Ten, ve a la finca, estas son las llaves de la casa. Hay estarás sola y podrás pensar en todo lo que quieras. Llamaré a la señora Weber, ella y su hija se encargan de la limpieza, para que todo esté en orden cuando llegues —tal vez no era buena idea que fuera precisamente a la finca de los Cullen, pero era la mejor opción que tenía, además nadie iba mucho por allá, así que tomé las llaves.

Al día siguiente metí mis maletas en la cajuela de mi coche y me fui a la finca. Mis padres no estaban muy de acuerdo en que me fuera, y mucho menos, en que fuera sola pero terminaron por aceptarlo. No les dije a dónde iba, no quería que, si por casualidad Edward preguntaba, le dijeran.

Llegué a la finca y bajé del coche, no pude evitar que los recuerdos de la ultima vez que estuve aquí con Edward golpearan mi mente, sacudí mi cabeza y me acerqué a la entrada, las luces del interior estaban encendidas pues ya estaba oscureciendo. Si fuera una chica con sentido común me abría asustado, pero no había porque asustarse, de seguro la señora Weber dejó las luces encendidas para cuando yo llegara. Abrí la puerta con sigilo, entré y me encontré con una chica que bajaba por las escaleras.

—Usted debe de ser la señorita Swan, ¿cierto? —me preguntó sonriendo con amabilidad, se nota que es una chica agradable.

—Sí, soy yo pero llámame Bella, mucho gusto —le ofrecí mi mano como saludo y ella la tomó.

—El gusto es mío, soy Ángela Weber. Mi madre y yo nos encargamos de mantener limpia la casa, y yo me quedaré aquí por si necesitas algo.

Yo sólo asentí, de seguro Carlisle le pidió que se quedara aquí para que me vigilara. Ángela me acompaño para mostrarme la habitación que ocuparía, me ayudó a desempacar y estuvimos hablando mucho, era una chica realmente agradable y estoy segura que seremos buenas amigas.

Tres semanas habían pasado ya desde que llegue a la finca y, tal como lo sospechaba, Angela y yo nos hicimos buenas amigas. Le conté el porque estaba aquí y ella me había ayudado mucho, a planear cómo decirle a Edward y mis padres de mi embarazo. Aunque no había mucho que planear, ya que en cuanto me vieran se darían cuenta sin necesidad de decirles nada, mis cuatro meses de embarazo eran ya más que notorios, sobre todo al tratarse de un embarazo de trillizos.

—Bella, así no es, de nuevo lo estás haciendo mal —hace dos días Ángela me estaba tratando de enseñar a tejer, pero en definitivo eso no era lo mío. Ese día habíamos decidido salir al jardín, hacía un día hermoso y había que aprovechar.

—¡Ay Angie! Creo que nunca me enseñare a tejer —le dije dejando el tejido sobre la mesa.

—Sí, creo que tienes razón. Por eso tengo esto para ti, bueno, para tus bebés —me entregó una caja envuelta en papel color plata con un moño rojo.

Abrí la caja y ahogué un jadeo al ver lo que contenía, eran tres hermosas mantas para mis bebés, una era color rosa pastel, otra blanca y la tercera era de un hermoso verde agua. Acaricié con las puntas de mis dedos las mantas y no pude evitar soltarme a llorar, las hormonas me tenían muy sensible.

—Muchas gracias, están hermosas. ¿Tu las tejiste?

—No tienes nada que agradecer, y sí, yo las tejí. La rosa y la verde agua son porque estoy segura que tendrás una niña y un niño, la otra es blanca porque no estoy muy segura, y como es un color neutral, se puede usar para ambos —no pude evitar abrazarla, la echaría mucho de menos cuando me fuera.

Una hora después entramos a la casa para comer, estábamos por entrar a la cocina cuando unos ruidos llamaron nuestra atención.

—De seguro es mi mamá, Bella, anda vamos —Ángela tenía razón, ¿quién más podría estar aquí?

Pero sí había alguien más que podía estar en la casa, y lo comprobé al entrar a la cocina, pues no nos encontramos precisamente con la madre de Ángela, sino con Edward, que soltó el vaso que sostenía en sus manos y me veía con los ojos como platos.

Continuará...


¡Hola! Aquí está un nuevo capítulo de esta historia, espero que les haya gustado. Tanya al fin está fuera del juego, por ahora, les toca a Edward y Bella disfrutar de el embarazo con tranquilidad.

Cualquier duda, queja, sugerencia, etc, haganmela saber...

Muchas gracias a quienes han agregado la historia a alertas y favoritos, así como también a quienes se toman un poquito de su tiempo para alegrarme el día con sus lindos review's, no los respondo por falta de tiempo pero sepan que leo todos y cada uno.

¿Algún review? =)

Por cierto, estaré actualizando de la siguiente manera:

Lunes: Volver a Sonreír.

Martes: Juegos del Destino.

Miércoles: Odio o... ¿Amor?

Jueves: Siempre te Amaré.

Viernes: Caminos Cruzados (a este Fic le quedan pocos capítulos, y una vez termine, continuaré con la secuela)