os personajes de este maravilloso manga no me pertenecen, son propiedad de Katsura Hoshino. Todos aquellos que no conozcan son de mi propiedad. Esto es solo por diversión y no lucro de ninguna manera con esto.


Capítulo 8

Hine E Hine

Irlanda (unos días antes)

Ariel y Mickoll viajaban en el tren, de casualidad porque casi lo pierden por culpa de unos akumas. Una de las cosas que más odiaba Ariel era esperar, era impaciente a un nivel alto y los viajes en tren lo molestaban y cansaban aunque no lo demostrara mucho. Mickoll por otro lado estaba más que acostumbrado y por otro lado estaba contento de poder ir de nuevo a su madre patria después de más de dos años que había llegado a la Orden Oscura.

— ¿De que pare eres, Mickoll?

—De la parte más sur, señor.

—Llámame Ariel, señor me hace sentir como viejo decrépito—dijo el rubio sin dejar de ver la ventana— ¿extrañas tu hogar?

—Sí, hace tiempo que no venía—acababan de salir de Londres y luego un ferri hacia Irlanda lo cual les tomaría menos de 1 día si todo iba bien.

Ariel había hablado con Annia y al parecer Avia aún seguía sin despertar. No le preocupaba mucho ya que sabía que su hermana era fuerte y que no se dejaría vencer por nadie pero aun así no podía dejar de sentir que algo iba a pasar, algo grande.

—Mickoll, ¿Qué expectativas tienes de este viaje? —Ariel se cruzó las piernas, unió sus manos y miró fijamente a Mickoll a los ojos. El chico se tensó al ver esa mirada azulina, igual a la de Annia, mirarlo fijamente y con un semblante un poco duro—te escucho.

—Yo… pues… espero cumplir con lo ordenado y…

— ¿Por qué te pones nervioso? —Ariel levantó una ceja y lo miró intrigado—yo no te voy a hacer daño si hablas, no soy Kanda—Mickoll se puso a analizar la situación y tal vez ese era el motivo por el cual tenía cierta distancia con Ariel, desprendía un aura idéntica a la de Kanda pero más amable—cuéntame de tu familia, ¿Cómo son?

—Ah… ellos murieron en un ataque Akuma hace dos años, por eso me uní a la orden—Ariel quedó mudo ante lo dicho por el chico—descuide, ya paso mucho tiempo de eso.

—Sí pero…

¡Ariel! —la conversación de ambos fue interrumpida por una voz que Ariel toleraba con mucha paciencia divina que él llegaba a suponer venia de su sangre porque no había otra explicación para su sagrada paciencia— ¡responde!

—… —Mickoll le hizo señas para que se calmara y hablara con tranquilidad—aquí estoy Supervisor, ¿ocurre algo?

¿Ya llegaron?

—No, apenas vamos saliendo de Londres y en la noche directo a Irlanda.

Espero que todo vaya bien, es preferible que avancen rápido la misión y que regresen con la persona lo más pronto posible.

— ¿Y si no lo encontramos? —preguntó Ariel con seriedad.

¿A qué te refieres, Ariel?

—A que si el Conde llega primero, la cantidad de akumas que hemos visto camino al tren en Londres no ha sido normal, Supervisor. He destruido unos cuantos edificios gracias a ellos, tengo el presentimiento de que el Conde ya sabe nuestros movimientos.

Eso sería imposible, nadie debería sabe sobre los apóstoles.

—Es solo un presentimiento, señor. Haremos lo posible por completar nuestra misión.

Eso espero, cuídense mucho—la comunicación se cortó y el golem volvió a su lugar sobre la cabeza de Ariel.

—Que desastre.

— ¿En verdad cree que sea así? —preguntó Mickoll cortando la concentración de Ariel—¿Cómo sabe que no está muerto? —Ariel abrió un ojo y lo miró seriamente para después soltarle una sonrisa un poco fuera de situación.

—Déjame contarte una pequeña historia Mickoll. Hace mucho tiempo, después de la crucifixión de Jesucristo, los apóstoles se reunieron e hicieron un pacto de sangre, un pacto que se había repetido cuando Judas estaba ahí antes de su tración, un pacto que se volvió a repetir en la última cena con todos ellos ahí—Mickoll levantó la ceja con extrañes—antes de todos ellos partir de tierra santa hicieron un pacto junto con María Magdalena y ese pacto los mantenía unidos estuviesen donde estuviese, siempre podrían sentirse entre ellos. Con el pasar del tiempo ese pacto se desligó pero aún queda algo de él y por eso que podemos encontrarlos. Si algo les hubiera pasado créeme que alguno de nosotros ya lo hubiéramos sentido. Todo esto lo descubrí hace poco y ni el Supervisor lo sabe.

—Pero… ¿Por qué me lo cuenta? —Ariel sonrió con mucha paz viendo por la ventana del tren.

— ¿Tú crees que yo soy eterno, Mickoll? —el buscador entendió a que se refería—si algo me pasa al menos tengo la calma de que alguien podrá informarles a mis hermanas de esto.

—… gracias por su voto de confianza pero aun no entiendo ¿Cómo sabe que están vivos?

—Porque lo puedo sentir.

— ¿Cómo lo sabe?

—Porque yo sentí el dolor de Delta, siempre lo siento ya que ella ahora está con nosotros. Cosas terribles pasan cuando llevas en tus venas esta sangre, la gente cree que ser un ser santo es la salvación, que en especial nosotros encontraremos la salvación… eso es pura mierda Mickoll, la salvación solo se encontrará si nosotros, los exorcistas, seres elegidos por Dios, la buscamos.

—Entonces usted tiene un sueño, ya que pelea por lo humanos.

—Mi sueño… no lo veo como un sueño, más bien como un deber que tengo que cumplir y si lo logro solo lo estaré pagando con el resto de mi vida.

— ¿Qué sería eso?

—Soy la cabeza de la familia Delacroix, soy un representante de Dios en la tierra pero un exorcista no es puesto en el que te consideres alguien de autoridad para poder lograr cambios—Mickoll aburó los ojos, sorprendido.

—No me diga que usted piensa…

—Quiero convertirme en Papa. Sería lo más lógico que alguien como yo estuviera a la cabeza pero no para hacer cumplir lo que yo quiera sino porque sé que incluso dentro de la Orden hay más pecadores y falsos que la gente común con la que nos rodeamos. Escúchame bien, y te lo digo porque me caes bien, mantén los ojos bien abiertos y las orejas alerta siempre. Durante la historia se han cometido pecados que vienen del mismo Vaticano, yo quiero hacer que eso pare de una vez por todas.

—Entonces no dejare que nada le pase, cuente con ello.

—Gracias Mickoll… y hablando de no dejar que pase nada—Ariel señaló hacia la ventana para que el buscador viera—tenemos compañía.

— ¿Ah? —dos akumas nivel 2 iban a la misma velocidad del tren mirándolos por la ventana.

— ¡Exorcista!

—Hay que movernos… ¿Ariel?... —Mickoll se sorprendió al ver que Ariel no movía ni un musculo— ¿está bien?

—Perfectamente—subió la cara y Mickoll se asustó mas que sorprenderse al ver una expresión sádica en el rostro del exorcista— ¡Vengan pedazos de mierda, se metieron con el exorcista equivocado! —Ariel tomó la cruz en su pecho aun con su sonrisa en el rostro—"Cruz de los Cielos"

Lo último que se vio fue una luz dorada muy fuerte salir de la ventana, varios vidrios rompiéndose y un cuerpo salir desde la ventana en dirección a los akumas con un báculo en la mano.

Orden Oscura (tiempo presente)

— ¡Annia espera!

—Ahora no Vangelis, necesito verlo—Annia comenzó a correr. Vangelis fue tras ella y la tomó de la cintura atrayéndola hacia él—déjame ir por favor, necesito verlo… necesito ver al maestro… por favor—arrancó a llorar en el pecho del griego con mucho dolor— ¿Por qué él? De entre tantos… ¿Por qué el maestro?

—No lo sé… no hay nada que yo pueda hacer.

—… acompáñame a la enfermería—Annia tomo la mano de Vangelis y lo jaló.

—Annia… aun no lo han traído.

—No es eso, Avia está ahí y tengo que volver.

— ¡¿Qué le pasó a mi dulce Avia?!

—… —Annia lo miró de reojo con fastidio mientras se limpiaba las lágrimas—nada… solo está agotada.

3 horas después.

Al llegar a la habitación la enfermera jefe la devolvió y dejó entrar solo a Vangelis entrar. Annia podría entrar cuando hubiera recuperado fuerzas y era una orden estricta de parte de la mujer. Llevaba bastante tiempo en el comedor, ya había oído toda la bulla referente a la llegada del general y no podía ir, debía estar bien para poder verlo y afrontar la realidad que vería.

—General… ¿Cómo pasó esto? —se cubrió su rostro con sus manos y derramó lagrimas por el hombre—Dios… ¿Por qué me haces esto?

Se levantó del asiento y se dirigió hacia la capilla, era necesario despejar su mente de todo lo malo que estaba pasando, necesitaba estar sola en esos momentos pero aún seguía preocupada por Avia y Delta que aún no reaccionaban.

El camino fue silenciosos, sentía que su cuerpo pesaba, como si un peso en sus hombros la estuviera intentado aplastar contra el piso y hacerla rendirse en todo. Cada paso era como llevar unas bolas de hierro en cada tobillo, su cara debía de ser un desastre también. Con cada paso iba pensando en qué hubiera pasado si ellos tres hubieran rechazado la vida que llevaban.

—El camino de Dios… puras mierdas… —llegó hasta la puerta de la capilla y la abrió con lentitud—si este es el camino de Dios entonces… ¿Por qué es así?

Se arrodilló y comenzó a rezar con lentitud y paz. Tenía que poner sus ideas en orden y calmarse a tal punto que pudiera pensar con claridad y tomar decisiones ya que, como se dijo antes, ella era la líder de la familia en esos momentos.

—Ariel… te necesito… —Annia se puso a pensar si eso era verdad. No, no era a Ariel a quien necesitaba—mamá… mamá estoy perdida… te necesito, mamá—lloró aún más pensando en esa hermosa mujer que hace muchos años ya se había ido de su lado, que los habían dejado o eso pensaba ella— ¿Por qué te fuiste?... mamá te necesito…

—Un niño perdido es una de las cosas más tristes de la vida… un niño que lo tenga todo y que este perdido es como un laberinto sin salida, solo caminas en soledad dentro de paredes de piedra fría—Annia levantó su rostro lleno de lágrimas y vio la figura de Komui sentada en el banco de atrás—no tiene nada de malo sentirse así, lo malo es que vivas con eso todo el tiempo y que no encuentres una salida a ese laberinto, Annia.

—Supervisor… —la chica se limpió las lágrimas del rostro— ¿Qué hace aquí? ¿No debería estar con… con…?

—Ya estuve y por ahora está estable pero tanto tu como yo sabemos que eso no durara, Annia. Está mal, no lo negare.

—No se puede hacer nada… y todo por culpa de esta guerra, de esta maldición con la que tenemos que cargar.

—Vamos, Avia despertó y quiere verte—Komui la ayudo a levantarse con cuidado porque a pesar de todo, Annia no se veía bien.

— ¿Lo sabe?

—No, aun no, creo que es preferible que seas tú la que hable con ella—Annia asintió con pesadez y siguió derramando lágrimas—después de todo eres su hermana.

El camino de regreso también fue silencioso, Komui miraba a la rubia caminar a su lado y pareciera que se fuera a caer con apenas el más mínimo tropiezo que encontrara en el camino. Algo en ella la hizo ver de lo más normal y en menos de tres horas parecía un cadáver andante.

— ¿Te encuentras bien, Annia?

—Sí Supervisor, me siento bien—Komui no lo creyó ni de chiste, tan solo verla se podía notar un semblante triste y puede que enfermo.

Al llegar a la enfermería Annia miró por todos lados a ver si lograba localizar la figura del General pero por desgracia para ella, el General no estaba ahí y Komui notó muy bien la actitud de Annia.

—No está aquí y no lo vas a ver.

— ¿Por qué? —Annia dio media vuelta y Komui no pudo sentir más esa afilada mirada en su espina dorsal porque si lo hacía entonces los cortaría en dos, en esos momentos Annia era peor que Kanda— ¿Por qué no puedo ir a verlo? ¿Dónde lo tienen?

—Está en otro lado, no dejare que lo veas así aun si tengo que usar a todos los exorcistas que tenga aquí para evitarlo. Entiende que no estás en condiciones de sobrellevar esto si no quitas tus sentimientos fraternales hacia el General, las relaciones de ese tipo aquí afectan el desempeño de los exorcistas y por los momentos estoy planeando una misión para todos ustedes que los mantendrá alejados de aquí bastante tiempo y necesito que tú tengas tu mente en blanco—la mirada de Annia calmó luego de haber escuchado a Komui decir eso—cuando logres hacerlo lo veras.

— ¿Y si ya es tarde para entonces?

—Eso ya es asunto tuyo, Annia. Lógralo y lo veras.

La joven exorcista miró al Supervisor emprender su marcha hacia la salida y respiró mas tranquila. Por primera vez, desde que llego a ese lugar, Annia le daba la razón a Komui. Debía poner sus sentimientos en otra parte pero era difícil y contarle a Avia todo lo sería mucho más.

— ¿Hermana? —Anna se tensó al escuchar la voz de Avia detrás de ella—pensé que te habías ido a una misión o algo.

—No, no podría irme, Delta y tu están a mi cuidado—Annia tomó una silla y se sentó al lado de su hermana— ¿Cómo te sientes?

—Bien pero ¿Por qué había tanto alboroto? Vi a la enfermera jefe salir corriendo por la puerta y aun no vuelve—Annia miró hacia el suelo. En su cabeza no sabía cómo contarle a Avia lo que había pasada—Annia, ¿Qué sucedió?

—Avia…

— ¡Ya despertó mi dulce niña!

— ¿Qué demonios hace él aquí? —ambas voltearon al ver entrar a Vangelis a la enfermería— ¿desde cuándo está aquí?

—Desde hace tres horas más o menos—dijo Annia.

—Sé que me extrañaron—dijo el griego sentándose en otra silla a un lado de la cama de Avia.

—Créeme, si Ariel estuviera aquí te respondería a su manera y tú sabes muy bien, Vangelis, que las maneras de Ariel no son las mejores ni las más dulces—dijo Avia mirando al griego a los ojos.

—Es bueno que me lo recuerdes, aun me duele el lugar de donde me tumbó la muela.

— ¿Dónde estabas? Pensé que estarías aquí con ella.

—Fui a ver a Hevlaska un rato, quería ver mi sincronización—Vangelis les mostró una sonrisa a ambas, de esas que provocaba tumbarle el resto de los dientes—88% nada mal.

—No me sorprende en realidad, tu sincronización con "Athena" siempre ha sido buena—dijo Annia haciendo mención del nombre de la Inocencia de Vangelis.

—Sí, soy el mejor pero no me lo tienes que decir.

—Te juro que si tu Inocencia no fuera el palo ese que cargas en la mano ya te lo hubiera roto en la cabeza—dijo Avia mirando al hombre de manera amenazante—aun no me has dicho qué demonios hace Vangelis aquí.

—…

—… —Annia y Vangelis se miraron las caras no sabiendo que decir.

—Sí el idiota este está aquí eso significa que el maestro también está aquí, ¿no? —ambos cambiaron de expresión y fue muy notorio—¿Qué paso?... ¿Annia?... ¿Vangelis?

—... Avia por favor, hay que ser fuertes y…

— ¡¿Qué le paso al maestro?! —Avia se comenzó a alterar de sobremanera— ¡¿Qué le hicieron?! ¡¿Dónde está?!

—Avia por favor escúchanos, no hagas más escandalo… ya es suficiente con todo lo que está pasando.

— ¿Qué le paso? —Vangelis la tomó de las mano para que evitara hacerse dañó con las uñas, un caso que ya había pasado antes estando de viaje con ellos. Una crisis fuerte que sufrió Avia la dejó con marcas en su rostro por un buen tiempo.

—Avia escúchame, nos atacaron… el maestro y yo nos separamos y cuando lo encontré alguien lo había atacado, yo no llegue a tiempo, juro que intente todo lo que pude para ayudarlo pero mis recursos eran limitados, no podía hacer mucho por él en nuestras condiciones y no supe que más hacer además de traerlo aquí.

— ¿Quién fue?... —estaba molesta, Annia conocía ese tono de voz en su hermana— ¡¿Quién demonios le hizo esto a nuestro maestro?!

Dos horas después

Annia estaba nuevamente en la capilla, no rezaba pero miraba el altar con recelo. Avia había tomado la noticia tan mal que tuvieron que sedarla y menos mal que estaba Vangelis ahí para hacerlo o sino su hermana hubiera salido corriendo a buscar al culpable.

—Doce… doce—Annia tampoco podía sacarse de la cabeza eso de los doce Arcángeles, era una locura que no tenía precedentes y eran algo tan misterioso que se sentía con miedo de lo que pudiera venir de ese tema—espiar es malo.

—Lo siento, lo siento—Daisya salió de detrás de un pilar y se sentó al lado de Annia—vi que has estado de aquí para allá todo el día. Sé que no debe ser fácil para ti ni tu hermana pero…

—Daisya… ¿Por qué te volviste exorcista?

—Pues yo…

—Yo lo hice por deber, porque me obligaron y me hicieron parte de mi Inocencia a golpes a pesar de que ella y yo éramos 100% compatibles. Tal vez ese no sea tu caso pero mi vida está llena de situaciones complicadas y difíciles, he perdido a seres amados antes y el General no es la excepción… sé que morirá… pero solo quiero que mi mente lo asimile hasta que me digan que… que ya no está—Daisya se sorprendió con la calma que hablaba Annia en esos momentos—te confesare algo… tengo miedo.

—Eso es normal, si no lo tuvieras no serias humana.

—No es eso, este miedo es diferente… es muy oscuro y asfixiante.

—Todo estará bien, venceremos—Annia asintió lentamente aun con su expresión perdida—oye, escuche todo lo que le gritaste a Kanda en las escaleras y…

—Qué pena.

—No es eso, me pareció extraño que no te gritara de vuelta.

—Opino lo mismo pero él sigue siendo el mismo—Daisya rió y le dio unos golpecitos en el hombro—siempre tuve malos pensamientos de este lugar pero no es tan malo… excepto por Kanda, el resto está bien.

—Eso es bueno de oír. Vamos, el Supervisor Komui va a dar un anuncio importante en unos días, ¿crees que estas lista para eso? —Annia soltó una media sonrisa sin dejar de mirar el altar.

—Siempre lo estoy.

A medida que pasaban las horas Annia iba poniendo su mente más en blanco porque quería ver al General, debía ver su estado y también quería saber si podía hacer algo por él. Incluso trató de preguntarle a Uriel al día siguiente pero no hubo respuestas para nada. La buena noticia fue que Delta logró despertar pero sin recuerdos de lo ocurrido y no sabían nada de Allen o Lenalee desde hacía ya unos días.

Pasó otro día y un nuevo exorcista llegó, se llamaba Marie y al parecer era discípulo del General Tiedoll. Annia se dio cuenta que habían más exorcistas de lo normal en la Orden, eso no eran buenas noticias. El tiempo se estaba agotando y el General estaba cada día peor.

—Supervisor, por favor, se lo ruego… déjeme verlo.

—Aun no lo logras, Ann…

— ¡Por favor! Déjeme verlo, necesito solamente verlo… solo yo, Avia no quiere entrar y Vangelis está ayudando a la enfermera.

Dos días habían pasado de la llegada del General y sin mencionar que habían sido días difíciles para todos en la Orden. Annia iba en uniforme todo el tiempo, esperando ordenes al igual que todos ahí, se había dicho a si misma que el asunto de los apóstoles había pasado a segundo plano, no era importante. Llevaban ya dos días intentando conectar con Allen y Lenalee pero nada, y eso preocupaba mucho a Komui.

—Está bien, solo a ti.

Annia soltó un suspiro con fuerzas y sintió que su cuerpo podía relajarse ahora.

—Gracias, Supervisor.

A los pocos minutos Komui comenzó a caminar hacia un lugar de la orden que Annia no conocía. Era un pasillo largo y un poco oscuro para su gusto. Un horrible sentimiento se comenzó a apoderar de su cuerpo, era el miedo que estaba latente en su corazón, tenía miedo de ver que encontraría en el lugar a donde se dirigía.

Cruzaron hacia la derecha en un pasillo y justo a un camino sin salida se encontraba una puerta.

—Hay algo que quiero que sepas antes de entrar—Annia despegó su vista de la puerta y miró al Supervisor—como bien sabes él estaba en una misión, buscando nuevos exorcistas. Tenía 8 Inocencias con él… todas perdidas y se cree que destruidas junto con la de él.

— ¿Destruyeron… la Inocencia del General? —Annia no creía eso, la Inocencia del General era muy poderosa—no es posible…

—Fue crucificado y brutalmente torturado… Annia, lo que vas a ver no es el General, es lo que queda de él. Desde que logramos medio estabilizarlo comenzó a cantar y no ha parado desde entonces—Annia sintió un escalofría por su espalda—quiero que escuches que canta, por si sabes algo.

—Está bien.

Komui abrió la puerta y un aire helado salió de adentro. El cuarto estaba bien iluminado y había una cama de hospital, varios aparatos y una silla donde estaba sentado el General.

—… —la exorcista se sostuvo del abrigo de Komui porque sintió que sus piernas no aguatarían tanto. Más bien, su cordura ahí adentro pudiera no aguantar tanto.

— "El Conde Milenario… está buscando… está buscando un hermoso corazón…" —al escuchar la bajas palabras del General, Annia se tapó la boca. Era como escuchar una voz sin vida, como si el General fuera solo un muñeco— "No lo tenía yo… quizá el próximo lo tenga…"

— ¿Qué significa esto? —Annia se acercó poco a poco. La silla estaba espaldas a ella—Maestro… —al llegar al frente se llevó una enorme sorpresa al ver el tan deplorable estado de su maestro. Sin dudas, ese ya no era Kevin Jaeger—maestro… no debimos irnos de su lado… ¿Por qué? —Annia se apoyó en la pared que estaba al frente del General y se dejó caer.

—"El Conde Milenario… está buscando… está buscando un hermoso corazón… no lo tenía yo… quizá el próximo lo tenga…" —Komui seguía en la puerta viendo todo y el General solo siguió cantando viendo la nada.

—Esta tras el Corazón… eso es seguro… —Annia cortó el hilo de sus pensamientos al sentir que alguien la estaba mirando, era como si unos fríos ojos la observaran. Poco a poco levantó la mirada y se encontró con los ojos del General—…

—"El Conde Milenario… está buscando… está buscando un hermoso corazón… no lo tenía yo… quizá el próximo lo tenga…" —siguió cantando mientras la veía a los ojos. Annia tragó grueso y no se movió de su lugar—"El Conde Milenario… está buscando… está buscando un hermoso corazón… ¿Quién lo tendrá?... solo una persona lo supo… y ahora ella duerme en un camino de rosas… la mujer de Magdala" —Annia se levantó del golpe del suelo— ¿Lo tendrás tú, mi pequeña Annia?

—… —tenía el grito atorado en su garganta, esos ojos muertos no le quitaban la vista de encima. La canción había cambiado.

— "Cabellos como el sol… ojos como el cielo… corazón de oro… ella guardó el secreto y ahora todos pagamos… El Conde Milenario… está buscando… está buscando un hermoso corazón… no lo tenía yo… quizá el próximo lo tenga…"

—Supervisor… ¡AH! —Annia sintió arder su mano de repente y cayó al suelo, el General dejó de cantar para sorpresa de Komui y observaba a Annia fijamente—Libro de los Días… —Annia sacó su Inocencia y la abrió en una página que, extrañamente, estaba en blanco. Komui se acercó a Annia y vio como sus manos temblaban.

—Annia, ¿Qué sucede?

—Sáqueme de aquí Supervisor, rápido—Komui la ayudó a levantar y ambos salieron del cuarto rápidamente.

—Annia, ¿podrías explicarme que fue eso?... ¿Qué haces? —Komui quedó sorprendido cuando vio a la chica sangrar justo donde estaba las venas cerca de su manos—hay que llevarte a la enfermería.

—No, no es necesario… —Annia tomó la página en banco y colocó su herida sangrante en la página—será solo un momento, no se preocupe.

— ¿Qué haces? —Annia quitó la mano y Komui quedó sorprendido al ver que toda la página se había llenado de palabras que parecía que los hubieran escrito con tinta roja— ¿Qué es esto, Annia?

—Por favor señor, no vaya a decirle esto a nadie—la mirada de Annia era de miedo, parecía una niña pequeña—esto es un deber que debo llevar hasta que la siguiente persona que herede esta Inocencia llegue… esta biblia contiene la historia verdadera señor, no es muy diferente de la que todos conocemos pero si hay cosas que no aparecen… están escritas en hebreo antiguo y nadie puede leerlo a menos que sea de nuestra familia… esto que acaba de ver es el Testamento de los Cielos.

— ¿Un nuevo Testamento? —Annia asintió.

—Son… los registros de la historia presente, cosas que deben quedar para los siguientes herederos de la familia. Cada que haya un evento importante en esta guerra El Libro de los Días manifestara cuando registrarlo y solo se puede hacer con nuestra sangre.

—Pero… me imagino que puedes leerlo, ¿no?

—Es extraño pero no… puedo leer los otros dos testamentos con normalidad a pesar de estar en hebreo antiguo pero… es como si cuando plasmara algo nuevo no pudiera leerlo a pesar de estar en hebreo antiguo y… —Annia abrió la biblia y comenzó a pasar las páginas con normalidad, Komui vio que todas las palabras eran en tinta roja—pasan con normalidad pero cuando llegó al Testamento de los Cielos… —Annia tomó la página y la intentó pasar pero nada pasó, volvió a intentarlo y nada—no me deja pasar la página, así que no puedo ver nada.

— ¿No hay alguna forma? —Annia negó con su cabeza y ambos se sentaron en el suelo apoyados en la pared. Estaban cansados y todo lo que habían visto los había dejado agotados—con respecto al General, ¿Qué lograste entender?

—Lo mismo que usted, el Conde busca el Corazón.

— ¿Y la parte nueva de la canción? ¿Qué puedes decirme de eso?

—… no puedo decir nada porque no sé nada, señor. Hablaba de María Magdalena, eso es obvio, pero entonces es cierto que… si sabía algo, se lo llevó con ella.

— ¿El camino de rosas? ¿Qué quiso decir con eso?

—Es una zona de Paris, ella está enterrada en una zona secreta menos para nosotros. Solo se tiene que seguir el camino de rosas para encontrarla, señor.

—Entiendo… no logramos nada—Komui se quitó los lentes y se masajeó el puente de la nariz.

—Señor… ¿puedo entrar otra vez? —Komui se sorprendió con la petición—quiero… estar con él hasta que muera, siento que será muy pronto. No le diga nada a Avia.

—… lo prometo… —Annia se levantó del suelo, abrió la puerta y quedó sola con el General.

La rubia respiró hondo y miró la silla donde estaba sentado su maestro, solo se escuchaba su lamentable canto.

—"El Conde Milenario… está buscando… está buscando un hermoso corazón… no lo tenía yo… quizá el próximo lo tenga…" —Annia se acercó y se volvió a sentar en el suelo. Apenas lo hizo, los ojos del General fueron hasta ella.

—No le puedo tener miedo maestro, no importa como luzca, no importa si no es usted… yo jamás le tendría miedo—Annia soltó unas cuantas lágrimas al verlo—recuerdo cuando usted nos aceptó como sus alumnos y no solo nos enseñó a luchar sino que nos enseñó también muchas cosas más. Nos enseñó de la vida, de las personas, que no todo es color rosa… nos enseñó cosas como si fuéramos aquellos alumnos que usted perdió por culpa de los akumas… ¿Cómo podría yo tenerle miedo a una persona que fue como un abuelo para mí? Sé que no puede contestarme… pero quisiera pensar que podría escuchar su voz una vez más… no me interesaría si fuera un regaño de su parte.

—… —el General había dejado de cantar apenas Annia comenzó a hablar.

—Todos los días… todos los días nosotros nos esforzamos para ser grandes personas, alguien como usted… —Annia bajó la mirada y se abrazó a sus piernas—usted sabe muy bien que lo queremos mucho… ¿verdad? —el General continuó mirándola fijamente pero su semblante parecía distinto—gracias maestro, gracias por ser nuestros guía… gracias por ser más que nuestro amigo y maestro… —Annia cayó y sus gimoteos se incrementaron—… gracias por salvar a mis hermanos… gracias por salvarme a mí… gracias por salvarnos a los tres…

—"E tangi ana koe… Hine e Hine…" —Annia levantó la mirada y notó que el General la miraba con lágrimas en los ojos—"E ngenge ana koe… Hine e Hine…"

El General comenzó a cantar una canción muy conocida para Annia, una canción que les enseñó él en unos de sus tantos viajes. Fue una época donde ellos recién fueron aceptados como sus pupilos y en uno de esos días Annia llegó a su límite en una de sus crisis con los estigmas, tanto así que casi llegó a suicidarse.

—"Kati to pouri ra… Noho i te aroha… te ngakau o te matua… Hine e Hine… Hine e Hine…" –Annia cantó el resto de la canción con él y las lágrimas del General no dejaban de caer.

—Perdóname, mi pequeña Annia… —la voz del General sonó por última vez antes de apagarse para siempre.

Annia se tomó de la cabeza y se jaló los cabellos con todas sus fuerzas y gritó todo el dolor que tenía.

— ¡Maestro! —intentó levantarse pero cayó de rodillas—no se vaya… —el General había cerrado los ojos pero su expresión no parecía de sufrimiento ahora, tal vez el verla por última vez le hizo bien.

Annia salió del cuarto con cuidado, debía buscar a Komui e informarle que el General Kevin Jaeger había muerto. Le dolía bastante y no se podía imaginar cómo le dolería a Avia o a Ariel el enterarse de todo esto, porque esa era otra cosa… Ariel no sabía nada aun.

Desde que tenían sus Inocencias sus vidas se convirtieron en la guerra, solo oscuridad los rodeaba y no solo ellos, todos aquellos que vivían la guerra desde jóvenes y a pesar de no recordar mucho de su infancia sentían que desde esa inocente edad ya sus vidas se encontraban rodeadas de esa aura oscura. Todo eso hasta que llegó el General a sus vidas y los ayudó.

1 hora después.

Annia sabía que su hermana reaccionaria así. Era común en ella que cuando se enfadaba lo que más quería hacer en momentos así era pelear, pelear hasta quedarse sin energía. Annia no podía así que Vangelis tomó ese lugar por ella.

— ¡Avia cálmate! —Vangelis esquivaba los ataques de Avia de un lado al otro con su Inocencia activada también. La Inocencia del griego se componía de una lanza de doble punta dorada que tenía inscripciones en griego grabadas a lo largo de toda su superficie. No usaba su poder con Avia, solo la usaba para bloquear los ataques que le lanzaba con su espada.

—Está muy afectada—dijo Delta mientras veía la pelea.

— ¡¿POR QUÉ DEMONIOS TOMÉ TU LUGAR ANNIA?! —gritó Vangelis pasando por un lado de la rubia— ¡SE SUPONE NO ACTIVARIAMOS LAS INOCENCIAS, AVIA! —Vangelis iba de un lado al otro también con su Inocencia activada, solo por prevención.

Annia no decía nada, solo se limitaba a ver a su hermana descargar su rabia con Vangelis, que no tenía la culpa pero el único que se ofreció a ayudarla sin saber las consecuencias de su terrible decisión. No podía hacer nada para detenerla, después de todo todos tenían su forma de lidiar con el dolor de una perdida, la de Annia era no hablar. La única vez que habló fue para decirle a su hermana que el General había muerto.

— ¿Crees que vaya a estar bien? —Annia solo encogió los brazos—sé que te debe doler mucho pero… ¿no es mejor dejar salir tu dolor y ya? —Annia negó y siguió sin emitir ni un sonido— ¿necesitas algo?

—No—se levantó y se fue rumbo a la salida de la sala de entrenamientos—voy a la capilla, dile a Avia que se acuerde que hoy es la cremación.

—Sí…

Camino a la capilla se dio cuenta de algo, había algo que la estaba siguiendo. Una cosa pequeña y volaba a gran velocidad apenas lo vio al voltearse. Volaba de un lado al otro como si estuviera desesperado.

— ¿Qué…? —la cosa negra, que parecía un murciélago tamaño bolsillo, se estrelló contra la frente de Annia haciendo que echara dos paso hacia atrás—que demonios… ¿un golem? —el pequeño comenzó a volar alrededor de su cabeza vuelto loco—¿Qué pasa pequeño?

¡Annia!

—… ¿Ariel? —la rubia tomó al pequeño golem y lo acercó un poco más a ella—¿eres tú, hermano?

¿Quién más va a ser? ¿Santa Claus? —al voz de Ariel sonaba llena de angustia—Annia… dime que no es verdad lo que dijo Komui… hermana… dime que el maestro no está muerto.

—… —Annia hizo silencio y comenzó a llorar—lo siento Ariel…

—… —su hermano tampoco dijo nada, solo logro oírse como soltaba un suspiro pesado—no sé qué decir hermana, esto es… inesperado de sobremanera.

—Tu solo concéntrate en tu misión, ¿has logrado algo?

En realidad Mickoll y yo vamos en camino a un pueblo cerca de las costas Irlandesas, sea quien sea que este ahí lo encontraremos. Por ahora tú concéntrate y cuida a las chicas…

—Ariel… nos iremos de misión, una larga misión—dijo Annia interrumpiendo a su hermano.

¿De qué hablas?

—No sé muy bien, esas fueron las palabras de Komui.

Cuídense entonces, el ataque al maestro no es cosa de juegos Annia. La guerra comenzó hace tiempo y la familia de Noé hizo su primer movimiento.

— ¿Cómo sabes que fueron ellos?

La pregunta real es, ¿Por qué no pensar que fueron ellos? Han sido nuestros enemigos desde hace tanto que no me sorprendería nada de ellos a pesar de que no habían rastro de ellos desde hace ya tantos años.

—Eso… no es asunto nuestro, tu solo concéntrate y ten cuidado… van tras las Inocencias.

Descuida, tengo a Miguel de mi lado, ¿Qué podría salir mal?

Annia escuchó una explosión dentro de la Orden Oscura, justo del lugar donde estaban Avia, Delta y Vangelis. Conocía a Avia muy bien y a veces podía escapársele de las manos un ataque con una potencia nada normal y al parecer esa era la explosión que había escuchado. Un hilo de humo se divisó saliendo del pasillo donde había cruzado Annia antes de que el golem impactara contra su frente.

—Hablamos después hermano—dijo Annia sin dejar de ver el hilo de humo.

¿Qué…? —Annia cortó la comunicación rápidamente.

—Gracias pequeño, ve a donde tu dueño ahora—el pequeño golem asintió y se fue volando en dirección a lo que parecía ser la oficina de Komui—Supervisor desquiciado…

— ¿Sabes algo, mocosa? —un escalofrío recorrió la espina dorsal de Annia al escuchar esa afilada voz detrás de ella. No giró su cara pero sabía de antemano quien estaba ahí—sentimientos como esos solo harán que tengamos pérdidas y este lugar no está para tener más perdidas.

—Cierra la boca Kanda—Annia se volteó y lo enfrentó—que tú seas una piedra no significa que yo lo deba ser. Ya quisiera ver cómo te pondrías tu si tu maestro…

—Yo detesto a ese hombre así que no compares tu caso con el mío—Annia quedó en blanco y solo se quedó viéndolo.

Ambos tenían una guerra de miradas, a ver cuál de las dos era la más fría. No se soportaban, eso era obvio para cada persona de la orden, incluso habían tenido peleas durante los entrenamientos junto con otros exorcistas que no habían terminado bien y Ariel tenía que interferir para pelear él… lo cual parecía un deporte muy entretenido para el hermano mayor.

—Ya que te molesto la existencia, ¿Por qué me hablas?

—Porque Komui dijo que teníamos que irnos de misión y no dejare que tu lloradera y estúpidos sentimientos arruinen la misión. Esto es importante y si haces algo para arruinarlo yo mismo me asegurare de sacarte del camino—la mirada amenazadora de Kanda asustó un poco a Annia, lo debía admitir.

— ¿Qué demonios te hice para que me trates así? —esa era otra duda que tenía Annia desde el primer roce de espada que tuvo en su cuello gracias a Kanda—había decidido ignorarte porque en verdad no vales la pena Kanda, pero me dejas curiosa. ¿Por qué demonios me tratas como tu enemiga si somos del mismo bando?

—Porque tu cara me molesta, es parecida a la de alguien que conocí hace mucho tiempo… y juré que acabaría con esa persona si lo volvía a ver.

—Que bien, me alegra saber que tienes amigos y que los amenazas de muerte. Eres una porquería de persona, Kanda. Ni sé qué haces aquí, tú parecieras ni pertenecer aquí.

—Eso no es asunto tuyo, mocosa. Limítate a que no te maten o que no me hagas salvarte la vida como tantas veces lo he tenido que hacer. O te concentras o mueres, esto es guerra, no entrenamientos estúpidos con tu maestro. Komui dará una reunión después de la cremación del General Jaeger—Kanda siguió de largo y la dejó ahí sola con sus pensamientos.

—Sea quien sea que te está causando ese dolor, Kanda… puedo ver que fue una persona horrible y que no te valoró como amigo… perdón por meterme porque normalmente no lo hago pero… —ambos se daban la espalda, en ningún momento voltearon—personas así no deberían existir y menos si hacen daño… si yo fuera tú opinaría lo mismo.

Kanda reanudo sus pasos dejando a Annia sola en el pasillo. La exorcista continuó con su camino a la capilla, ahí estaría ya el cuerpo del General y quería dedicarle una oración final… algo para ayudarlo a descansar y confesar sus pecados antes de que lo cremaran.

La cruz en la capilla estaba más brillante que antes y Annia se sorprendió al ver que no solo estaba el ataúd de su maestro cubierto por un manto negro con la cruz característica de la orden en dorado sino que había cinco ataúdes más. Había estado tan enfrascada con la muerte de su maestro que no había oído sobre otras muertes.

—Pobre gente… lamento mucho que tuvieron que vivir esto… seguir un ideal que tal vez jamás llegaron a comprender a profundidad y que terminaron muriendo por él—Annia se acercó a las otras cinco ataúdes y las acaricio—lamento que tuvieran que morir…

Vio una figura de la Virgen ahí con sus manos juntas en oración y mirando el suelo con una sonrisa maternal. Muchas veces sintió desprecio por esa imagen, por la vida que tenía y aun así alababa a esa mujer como si fuera su propia madre.

—Rezare por ustedes… Confiteor Deo Omnipotenti Beatae Mariae Semper Virgini Beato Michaeli archangelo. Santics apostolis ómnibus sanctis—Annia caminaba por los ataúdes mientras pasaba su mano sobre ellos—Et tibit Pater. Quia peccavi nimis… Cogitatione…

Verbo et opere… —Annia volteó rápidamente y se encontró con Avia. Estaba con sus ropas de entrenamiento, mugrosa y con un hilo de sangre que le salía de la boca y otra de la sien—Mea culpa… Mea culpa… —Annia se acercó a su hermana al ver que Avia comenzó a golpearse el pecho con fuerza— ¡Mea máxima culpa! —al instante Avia lanzó su Inocencia al suelo y cayó al piso en llanto—¡Es mi culpa! Yo quería venir para acá porque quería conocer a más personas como nosotros, porque tenía la esperanza de que nuestras vidas serían un poco más normales a estar rodeados de personas como nosotros… que podríamos tener un hogar al cual volver… que ya no tendríamos que estar viajando… —Avia lloraba como una niña pequeña a un lado del ataúd del General.

—No podemos dejar la oración así, Avia—Annia se acercó a ella y pasó un brazo por sus hombros—el maestro jamás lo perdonaría.

Kyrie… Eleison… —dijo la joven Delacroix es el refugio que había hecho con sus piernas.

Amen.

Dos horas después los cuerpos de las seis personas ya eran cenizas que arrojaron desde lo más alto de la Orden. Era ley que aquellos que tuvieran familia debían solo ser informados del deceso de la persona, los cuerpos quedarían ahí para evitar la creación de más akumas y eso era una buena solución pero al mismo tiempo las dos hermanas sintieron tristeza por aquellos que tenían familia.

Había sido duro para todos, no era cualquier personas, era un General… uno de los más fuertes y sabios se había ido y ahora solo quedaba poner en marcha el siguiente paso de la Orden. La reunión comenzó al instante, todos aquellos exorcistas que estuvieran ahí estaban reunidos en la oficina de Komui, esperando las órdenes para partir.

—Van tras los generales—todos asintieron con valentía—es hora de ir dos paso adelante de ellos, búsquenlos, traigan a los generales y vuelvan con vida. Es una orden.

— ¡Sí!

—Aquellos que hayan tenido los mismos maestros búsquenlos en el último lugar donde reportaron estar. Cada uno sabe esa información—todos asintieron nuevamente—Annia, Avia y Delta, ustedes tendrán que separarse de ahora en adelante y puede que esta misión dure bastante tiempo pero si les es posible a todos, jamás estén solos y traten de reencontrarse en el camino de vuelta. Annia tu iras a España con Marie, Daisya y Kanda—Annia asintió con el ceño fruncido, no le agradaba la idea de ir con Kanda pero estaría Daisya y puede que el otro chico fuera simpático—Avia tu iras con Allen y su grupo en busca del General Cross.

Por alguna razón el ambiente se puso pesado y un poco sombrío.

—Sera una tarea dura pero no imposible—dijo Komui con un semblante oscuro—iras conmigo a Alemania, el grupo está ahí y desde ahí partirán. Delta tu iras con Avia, necesitaran bastante ayuda con este trabajo y creo que estando con ellos lograras aprender muchas cosas así que considera esto entrenamiento más que tú primera misión para la Orden. Nosotros tres partiremos hoy en la noche.

—Sí, señor.

— ¡Los demás partirán mañana, todos prepárense!

— ¡Sí, señor!

Todos se retiraron de la oficina incluyendo a las chicas.

—Vangelis, quédate un momento—el griego se sorprendió al escuchar a Komui pedirle eso—te preguntaras por qué no te nombre.

—No, en realidad así es mejor para mí—dijo el griego con una sonrisa pícara—aunque sí me parece raro, lo confieso.

—Eres muy útil aquí en realidad, tus conocimientos de medicina serian indispensables también en el campo pero… tengo un presentimiento sobre algo.

— ¿Un presentimiento, señor? —Komui tenía sus manos entrelazadas y los codos apoyados sobre su desorganizado escritorio.

—Sí, ¿Qué tan rápido puedes llegar a Irlanda? —Vangelis solo le respondió con una mirada y una sonrisa que denotaban satisfacción al ver escuchado lo que dijo el Supervisor.

—Déjeme eso a mí.

Irlanda (tiempo presente)

— ¡Aun no entiendo por qué debo hacer esto!

—Usted inicio la pelea en el pub—dijo Mickoll desde su posición—aquí eso se paga con trabajo y esto es peor aún porque es el desastre que usted causo ayer.

—Lo sé Mickoll, lo sé… —Ariel dejó la pala con la que recogía el barro a un lado del pub de pueblo donde habían llegado—no sé controlar mis emociones, por lo que viste.

—Definitivamente son familia—dijo el buscador haciendo memoria al incidente de Kanda y Annia en Alemania.

— ¿Dijiste algo?

—No, nada. La notica de la muerte del General Jaeger fue un golpe inesperado.

—Lo sé, mi maestro… él… no lo entiendo, ¿Cómo se dejó vencer? —Ariel miraba el cielo azul y respiraba profundamente—ayer hable con Annia y dijo que tendrían una misión que duraría bastante, no me preocupa porque sé que estará bien pero me preocupa más el asesino de mi maestro.

—…

—Mickoll… tenemos que darnos prisa—dijo el rubio volviendo a tomar la pala para seguir quitando el lodo—odio esto…

— ¿Quién lo manda a haber golpeado al dueño del pub?

Desde el día que salieron de la Orden su viaje se vio envuelto en múltiples ataques akuma de camino a Londres lo cual termino con unos cuantos edificios destruidos. Durante el viaje en tren para tomar el ferri que los llevaría a Irlanda se encontraron con mas akumas nivel 2 y los ataques no se hicieron esperar a pesar de que Ariel los podía borrar de una solo golpe pero el agotamiento había comenzado a tocar su cuerpo y esa no era buena notica, se estaba agotando rápidamente.

Al llegar a Irlanda nada fue distinto, mas akumas aparecían y más de una vez tuvieron que huir envés de pelear. Ariel quedó sorprendió con la buena condición física de Mickoll ya que al momento de huir se le adelantaba bastante.

—He estado pensando en algo, Mickoll—dijo Ariel mientras colocaba la pala en su sitio— ¿y si abortamos la misión?

—… ¡¿Ah?! ¡¿Está loco?!

— ¿Por qué, Mickoll? ¿Por qué tenemos que arrastrar a alguien a un destino cruel? Ellos tienen la oportunidad de salvarse de esto, nosotros no. Odio las muertes, si me es posible evitar las que pueda me hará sentir bien pero esto es el colmo.

—No podemos hacerlo, puede que tenga razón pero ¿Cómo sabe que el Conde no estará detrás de ellos también? A mi parecer esto es un juego, hay que tener la estrategia y cumplir con los objetivos poco a poco pero nosotros no tenemos tiempo. Entiendo perfectamente lo que quiere decir con evitar arrastrar a las personas a la muerte pero ¿Qué podemos hacer? Véalo donde lo vea… puede que los maten también.

—Eso lo sé y lo que más me aterra es que ya comenzó y no hay manera de pararlo. Estoy seguro que el Conde también los busca.

— ¿Qué quiere hacer entonces? —Mickoll se quedó viendo a Ariel mientras pensaba.

—Vamos a buscar a la persona—Mickoll se sorprendió por la decisión de Ariel—y vamos a advertirles, que se escondan y que no dejen que los encuentren. Si todo se torna grave entonces nos lo llevaremos, ¿Qué te parece? —Ariel sonrió ampliamente y el buscador solo asintió.

—Me parece bien.

—Muy bien, ahora toma tus cosas y vámonos como alma que lleva el diablo de aquí—Ariel tomó sus cosas y salió corriendo dejando a Mickoll ahí.

—… ¿Ah?...

— ¡Oigan! ¡Vuelve van aquí mentirosos, farsantes! ¡No han terminado de limpiar sus desastres! —el dueño del pub había salido a supervisar y solo se encontró con la casi línea de tierra que dejaba Ariel al correr y Mickoll que no espero a que el sujeto les disparar con la escopeta.

— ¡Esto no es un plan fiable! —dijo Mickoll logrando seguirle el paso a Ariel— ¿No debería…? ¡AH! —a Mickoll no le dio tiempo de frenar al ver que Ariel se había detenido de golpe— ¿Qué sucede ahora?

—Miguel…

— ¿Ah? —Mickoll se levantó todo adolorido y se encontró con que la imponente figura de alas estaba parado entre un cruce que llevaba a dos direcciones.

— ¿Izquierda o derecha? Miguel nos quiere ayudar—Miguel asintió y señaló hacia la derecha antes de desaparecer de forma rápida—así que derecha.

— ¿Está seguro de eso? —dijo Mickoll con un poco de duda en la voz.

—Sí Mickoll, ese es el camino al éxito y a la aventura así que cabezas arriba, pecho afuera y a paso de militares—Ariel comenzó a caminar lleno de confianza y Mickoll solo pudo seguirle el paso por ese camino.

El camino al éxito y a la aventura se tornó en tres horas de camino con puros campos verdes y laderas repletas de más verde y animales de granja. Había bastantes pero no había ni un solo pueblo. Ariel se había quitado su chaqueta de exorcista porque no quería llamar la atención, si ya habían varios akumas detrás de ellos era preferible que se mantuvieran los más discreto posible.

—Esto es la nada—dijo Ariel mientras se sentaba en una roca cerca del camino sobre una colina— ¿será que Miguel me quiso jugar una broma? —Mickoll se había sentado en otra roca al otro lado del camino y solo dejó caer sus hombros—esto es un desastre. ¿Es que acaso Dios me odia?

—… —Mickoll apretó los labios y miró el suelo sin responder. No parecía una pregunta seria sino una de desesperación y cansancio.

— ¿Es que nada puede ser peor…? —Mickoll no le dio tiempo de actuar cuando vio que Ariel se enredó con su chaqueta de exorcista haciéndolo tropezar y ver como lentamente caía por la colina.

— ¡ARIEL!

El rubio rodó por la colina dando muchas vueltas hasta que un charco de lodo paró su caída. Mickoll no quería bajar, algo que había aprendido en esos días de viaje con el rubio era que tenía un carácter sádico/jodido/bipolar con una condición de grandeza y sarcasmo… todo unido. Sabría Dios como reaccionaria al levantar la cabeza.

— ¡MICKOLL! —gritó Ariel al levantar un poco más la cabeza del barro. Mickoll intento hacerse uno con la tierra pero ni haciendo brujería lo lograría— ¡ven y ayúdame! ¡Creo que me rompí algo!

— ¿Se encuentra bien, señor? Pasaba por aquí y escuché un grito, luego lo vi caer de la colina—Ariel levantó la mirada al escuchar esa voz. Como le hubiera pedido a Dios que devolviera el tiempo para no haber hecho el ridículo y evitar esta escena—se cayó desde muy alto, ¿no le duele nada?

—Ah… no, estoy bien… muy bien, de maravilla en realidad. Jamás me he sentido mejor—Mickoll bajó la colina con cuidado y escuchó todo lo que decía Ariel, cosa que estaba muy lejos de la realidad.

—Esta todo… sucio—dijo la chica intentando esconder una sonrisa la verlo todo lleno de barro desde la cara hasta los pies—ya es tarde y no hay lugares para dormir aquí así que, ¿Qué les parece una noche en mi casa? —ambos se sonrojaron bastante y más Mickoll por ciertos recuerdos que le llegaron de golpe—no piensen mal, mis padres están ahí también.

—Muchas gracias… ah…

—Éabha, Éabha McCornish.

—Mickoll Tanner.

—Ariel Delacroix—Ariel estiro su mano pero notó que estaba muy sucia—creo que mejor nos vamos moviendo, necesito un baño con urgencia.

—No hay problema, vamos.

Mickoll ayudó a levantar a Ariel de su humillación, del suelo, y se pusieron en marcha siguiendo a la misteriosa chica. Si bien era raro que ella estuviera ahí sería entonces una de esa casualidades de la vida porque si hubiera sido un akuma entonces él estuviera hecho polvo en esos momentos.

— ¿Qué opina? —preguntó Mickoll en voz baja. Ambos iban detrás de la chica y caminando por los campos verdes, justo al frente de ellos se divisó un puente de piedra sobre un pequeño arrollo—no sé usted, yo tengo poca experiencia en identificar akumas.

—No sé, es sospechoso en realidad pero… —Ariel miró a la chica, al menos su espalda. Cabellos largos, pelirroja y tampoco tenía la contextura física ni el tamaño de alguien que les pudiera hacer daño pero nada era seguro—hay que esperar, ya sabes cualquier cosa que pase sales corriendo.

—… que maravilloso plan…

— ¿Se encuentran bien? —ambos se detuvieron al escuchar a la chica—¿no tienen frío? En esta época el campo se vuelve un sitio muy solitario y helado.

—… —no querían sospechar pero las palabras de la chica no les dejaban otra opción.

—Fue bueno que hubiera pasado por aquí al volver de mi día de lectura, normalmente este lugar es muy solo y toma mucho tiempo llegar al pueblo más cercano. No hay nadie en más de tres kilómetros de casa—los chicos se miraban las caras y las sospechas crecían cada vez más.

—Es… un lugar muy bonito.

—Sí, lo es—dijo la chica con una tierna sonrisa.

—Entonces… Éabha… ¿Cuántos años tienes —dijo Mickoll para sacarle más información a la chica. No tenía sus ropas de buscador así que no levantaba sospechas.

—Tengo 17 años, toda mi vida he estado aquí—Mickoll asintió y le sonrió de vuelta por cortesía—miren, ahí está mi casa, mamá ya debe de estar preparando la cena—ambos se tocaron el estómago y vieron la idea de comida caliente como una salvación del cielo—creo que hoy hay tripas—la salvación de Ariel se lo llevó el arroyo pero Mickoll ya estaba acostumbrado a ese tipo de platillos, después de todo venia de ese país.

La casa era mediana, nada muy extravagante pero se veía acogedora. Ariel notó que tenían un pequeño establo y logró ver unos caballos. Por la pinta de todo se notaba que eran granjeros pero no parecían vivir del todo mal. Notaron el humo salir de la chimenea y un aire de calor de hogar los invadió. Ariel se sintió extraño, jamás había sentido algo así porque nunca había tenido un hogar muy bien hecho que se diga.

— ¡Éabha! Mi linda, ¿dónde estabas? Ya tu padre iba a salir a buscarte—una hermosa mujer de cabellos del mismo color que su hija salió recibirla. Iba vestida con una vestido color azul y un delantal blanco, se podía decir que estaba cocinando— ¿Por qué tardaste tanto, querida?

—Perdón mamá, es que me encontré a estos dos viajeros y, como ves, necesitan ayuda—la mujer los miró y lo primero que hizo fue arrugar la frente al ver la pinta de Ariel.

—Ya veo que necesita un baño y con urgencia. Entren, siéntanse como es su casa.

—… muchas gracias señora… ah…

—Bria, Bria McCornish—dijo la mujer con una sonrisa muy dulce. Ariel sintió un dolor en el pecho al ver esa mujer. El único lugar donde recordaba a su madre era en fotos que habían heredado de sus abuelos y por alguna razón esa mujer se le hizo muy parecida—ve y dile a tu padre que deje al caballo en su lugar mientras yo me encargo de estos jóvenes.

—Sí madre—la joven salió corriendo hacia el establo.

—Vamos chicos, hace frío y tu joven necesitas un baño con urgencias.

Bria los guió a una habitación de la casa donde había dos camas y una pequeña calefacción. Sin dudas que apenas se ocultó el sol detrás de las verdes colinas la temperatura bajó estrepitosamente. La mujer los dejó en la habitación mientras iba a buscar algo.

—Son buenas personas—dijo Mickoll mirando la habitación.

—Sí, pero no hay que confiarse de ellos, no sabemos que…

—No es mucho pero es lo mejor que podemos darles—la conversación fue interrumpida por la mujer que entró a la habitación con un par de cestas de mimbre en mano—esto es para su ropa sucia y adentro hay un cambio de ropa limpia. Pueden bañarse y yo me encargare de lavarlas.

—No es necesario señora, con dejarnos entrar en su hogar fue suficiente y con todo esto ya nos da pena—dijo Ariel.

—No se preocupen, la cena está casi lista y pueden bañarse ahora si quieren.

Los chicos asintieron ya que al parecer no encontrarían manera de convencerla de lo contrario. La mujer salió de la habitación y fue directo a la cocina para encontrarse con que su esposo le estaba metiendo el cucharon a la comida.

— ¡Falan! Deja eso, no es de buena educación—el hombre soltó el cucharon y solo río ante el regaño de su esposa.

—Descuida amor, el sabor está muy bueno—la mujer suspiró y apartó al hombre de la cocina— ¿Cómo están los inquilinos? Éabha me contó todo.

—No parecen perdidos—dijo la mujer mientras veía la comida—pobres, ambos estaban muy sucios.

—Entonces sería como nuestros días, aquellos…

—Sí, éramos un desastre—el hombre se acercó a su esposa y la abrazó por detrás.

—Te amo.

—Yo también.

—Mamá—ambos se soltaron al escuchar a su hija llegar. Eran un poco penosos con lo que se trataba a las muestras públicas de afecto aun si fuera su propia hija—aquí está la ropa de los viajeros.

—Muy bien, después la voy a lavar, por ahora ve preparando la mesa.

La hora de la comida se pasó rápido entre risas y anécdotas de algunos viajes del señor Falan. Un hombre alto y de contextura musculosa, tenía una barba no tan larga y grandes ojos verdes, iguales a los de su hija. Mickoll y Ariel por unas horas olvidaron su misión y tal vez esa era la mejor opción para ellos. Ariel estaba totalmente negado en buscar al apóstol así que quedarse esa noche ahí e inventarle algo a Komui luego no era mala idea.

— ¿Y ustedes de donde vienen, viajeros? —preguntó el hombre luego de darle un trago a su vaso de cerveza—no parecen de estos lados.

—Yo soy de Francia señor—dio Ariel.

—Yo en realidad soy de Irlanda, de la parte más norte—dijo Mickoll recordando su hogar.

—Oh, es muy hermoso por aquellos lados—el buscador asintió y siguieron hablando.

Ya era tarde y todos habían decidido ir a dormir. Ambos chicos agradecieron mil veces a esas personas, luego de ayudarlos a limpiar la cocina se fueron al cuarto que les habían dado por esa noche. Ariel no había despegado su vista de la chica, era muy alegre y linda.

—Recuerde su sueño—dijo Mickoll antes de quitarse la camisa para colocarse otra para dormir.

— ¿De qué hablas? —preguntó el rubio.

—No crea que soy tonto, no se le salía la baba porque tenía la boca la mayoría del tiempo cerrada mientras la veía—Mickoll rió la ver la cara sonrojada de Ariel.

—Perdón, mirar no es pecado.

—Pero pensar en matrimonio sí cuando usted quieres ser el próximo Papa.

—… es solo una chica, no pienso hacer nada con ella y cuando nos vayamos no la volveremos a ver… ¿de dónde demonios sacaste que pensaba en matrimonio? No estoy tan loco como para pensar en eso al ver una chica que apenas conozco, admito que es linda pero nada mas—Mickoll solo le dio una mirada de tristeza—creo que el habernos encontrado con esta familia me hizo aclarar la mente, Mickoll. Volvamos a la Orden, creo que nos necesitan más allá que acá.

— ¿Esta seguro?

—Mickoll… mi abuelo vio que estoy no funcionaria, algo en él lo hizo pensar que… ellos pudieran haber sido una luz en la oscuridad pero no fue así, solo quedamos nosotros de nuestra familia y estoy aquí arriesgándolo todo por esa luz. No es que no crea que ellos sean útiles pero creo más en la paz que sus vidas deben tener para que venga yo a arrebatárselas.

—… entonces mañana mismo comenzamos nuestro viaje de regreso.

Al día siguiente.

Ambos se levantaron temprano para dejar todo listo y así poder irse con calma. Ariel había hablado con Annia, le dijo que estaba en España con dos exorcista que no conocía y con Kanda, su nemesis.

—Buenos días—dijeron ambos al llegar a la concia. Se habían despertado porque, además del olor a comida, alguien estaba cantando.

'S é'n trua ghéar nach mise, nach mise. 'S é'n trua ghéar nach mise bean Pháidín. 'S é'n trua ghéar nach mise, nach mise. 'S an bhean atá aige bheith caillte—escucharon a Bria cantar mientras cocinaba y a Ariel le llamó mucho la atención la canción.

— ¿Qué idioma es ese? —preguntó a Mickoll con una sonrisa.

—Gaélico Irlandés.

Rachainn go Gallaí' go Gallaí'. Is rachainn go Gallaí' le Pháidín. Rachainn go Gallaí' go Gallaí'. Is thiocfainn abhaile sa mbád leis—vieron a Éabha entrar con las cestas mientras cantaba junto con su madre—'S é'n trua ghéar nach mise, nach mise. 'S é'n trua ghéar nach mise bean Pháidín. 'S é'n trua ghéar nach mise, nach mise. 'S an bhean atá aige bheith caillte—la chica sonrió al verlos levantados—buenos días.

—Buenos días.

Oh I got to go, got to go, got to go away with Páidín. Oh we get to go, we're together. And say the way home in the Páidín—Bria se volteó y les sonrió a todos—buenos días chicos, ¿durmieron bien?

—Excelente señora, pero por desgracia nos tenemos que ir—la mujer y la joven dejaron de sonreír de golpe—han sido muy amables con nosotros y no sabemos cómo agradecérselos pero debemos seguir nuestro viaje.

—Pueden visitarnos de vez en cuando—dijo Bria mientras se acercaba a su hija— ¿lavaste todas, Éabha?

—Sí pero a la chaqueta del señor Ariel fue difícil quitarle el barro—dijo la chica mientras sacaba la chaqueta de la Orden.

—Quedó bien—dijo Ariel con emoción al ver su chaqueta limpia—se ve estupenda.

—… ¿Qué es eso?—la voz de la mujer cambió drásticamente y su mirada se volvió severa—Éabha, ve afuera a ver a los animales, tráeme unos huevos para el desayuno por favor—los chicos se quedaron sorprendidos y la joven salió sin rechistar—saben… sabía que era raro que chicos como ustedes de países tan distintos y de lugares tan lejanos estuvieran juntos pero lo que menos me imaginé es que fueran de la Orden Oscura.

—… —ambos se quedaron sin habla.

—Lárguense de mi casa y no vuelvan. Hace ya muchos años mis esposo y yo nos alejamos de esto para que vengan a seguir persiguiéndonos—la mujer tomó las cestas y se la tiró— ¡Lárguense!

—Cálmese por favor, nosotros no venimos por usted ni tampoco pretendemos llevarla a la Orden—dijo Ariel asombrado por el cambio de actitud de la mujer.

— ¿Ah no? Eso mismo dijeron hace más de 9 años cuando ese hombre nos reunió a todos.

— ¿De qué habla? —dijo Ariel.

—Hablo de ese desgraciado de Godric Delacroix, tal vez no lo conozcas pero él y su familia son la miseria más grande que hay aquí. Mi esposo y yo éramos exorcistas, dejamos nuestras Inocencias para poder vivir una vida normal junto a nuestra hija sin convertirnos en Caídos pero desde el día que ese hombre dijo que yo era una descendiente de un apóstol y que nuestra hija debía luchar nos fuimos de ahí.

— ¡No hable así de mi abuelo! Por favor escúcheme…

—Solo esto me faltaba… un nieto de ese hombre. Lárguense de aquí, no quiero verlos más nunca por estos lados y ni se atrevan a acercarse a mi hija.

—Es verdad, lo admito señora, nosotros fuimos mandados a buscar un descendiente de un apóstol que estaba aquí pero jamás pensamos que sería Éabha. Estando aquí con ustedes yo estoy desobedeciendo las ordenes porque me iba a ir… pero aun si hubiera sabido que Éabha era la persona que buscábamos tampoco iba a llevármela.

—… la Orden son puras mentiras… nosotros no tenemos nada para ellos, ni siquiera tenemos nuestras Inocencias y ella tampoco tiene una.

—Eso no importa, Éabha se quedará aquí… pero… le ruego que me perdone si mi familia le hizo algo en el pasado—Ariel se arrodilló y pegó su frente al piso—en verdad los siento, ustedes han sido personas muy amables y… en verdad, no haría nada para dañarlos.

—… tú…

— ¡Mamá! —los tres se espantaron al escuchar a la joven gritar afuera—hay unas extrañas criaturas en el cielo—Éabha entró a la casa de golpe con cara de miedo—son varios.

—Demonios… nos encontraron—dijo Ariel—quédese aquí, me desharé de ellos. Mickoll cuídalas—Ariel salió de la casa con su Inocencia sin activar en la mano y se encontró con Falan. Habían más de 10 akumas, varios de nivel 1 y otros pocos del 2—Señor Falan, entre a la casa por favor.

—Tuve mis sospechas de ustedes pero me dije que era muy estúpido que fueran de la Orden, al parecer mis instintos no están tan mal. Cuando creí ver el símbolo en la chaqueta que Éabha estaba lavando… no quise créelo—dijo el hombre.

—Yo me encargo de esto usted vaya con su familia.

—Chico… dentro de cinco minutos entra a la casa, no importa cuántos hayas matado o si quedan, en ese tiempo entra a la casa—a Ariel no le quedo más que asentir y el hombre ido media vuelta y salió corriendo hacia su casa.

— ¡Vengan asquerosas criaturas! —Ariel activó su Inocencia y la enorme cruz dorado apareció en su mano—atrevan a acercarse a esa casa.

Continuara.


Holiiiis!

Sí, el capi es súper largo peor lo hice así a propósito para cerrar este ciclo de la historia y pasar ya a uno más movido :3 en el siguiente ya los tiempos estarán en su lugar y se verá el lado de Annia y el de Avia… puede que un poco el de Ariel pero eso ya es una sorpresa que tengo por ahí guardada. No sé cuánto tarde en publicar el siguiente sinceramente, me dicen la Hoshino Latina por mala y porque tardo tres meses en publicar :p aunque no creo ser tan mala como Hoshino-sensei… aunque aprendo de ella.

Obvio algunas de mis lectoras más cercanas y hermosas saben que van a sufrir con esta historia y yo encantada la escribo para ustedes. También me he tardado porque estoy en una fase de dibujo digital, es adictivo y no puedo evitarlo hahahhah estoy con algunos dibujos del fic pero que serían spoiler y no los puedo poner en mi deviantart aun.

Sé que todas estamos con la pelvis vuelta loca por el nuevo anime, espero actualizar antes del estreno en Julio y este mes (creo) sale el nuevo capi del manga. Así que este años es de este anime y hay que celebrar que por fin veremos la escena de la mudanza de la Orden donde todos son zombies por culpa de ¿Quién?... de Komui como siempre. Un dato, el nombre Éabha es un nombre irlandes y su pronunciación es Ay-va, solo que se ve extraño ahhahaha

Por ahora me despido, mando besos y abrazos. Comenten y si alguna ha dado a follow o fav perdón por no agradecer pero es que sigo con el mismo problema del correo que parece jamás se arreglara pero doy gracias a aquellas que han dado fav y follow.

Nos leemos pronto… (espero)

Althea de Leo.

PS: Las canciones que se ven en este capí son Hine E Hine, es una canción en maorí y si quieren escucharla pueden buscarla y la cantante es Hailey Westenra. La segunda es Bean Phaiden y la canta Celtic Woman. Ya saben, si quieren escucharlas ya saben dónde buscarlas :3