Hola :) ¿Cómo están? Quiero agradecerles a todos por sus hermosos comentarios, de verdad me da tanta alegría que la historia este gustando mucho.

Debo confesar que tengo la intención de hacer un libro con esta historia… por supuesto, tengo que editarla, cambiar algunas cosas y pulirla para ver si me la publican, pero solo quería hacerles el comentario :D

Quiero darle las gracias a mis amigas de la pagina "Soy Greysessed Porque Puedo" por la portada que me hicieron, muchas Gracias :D

Bueno, espero que disfruten el capitulo y me dejen sus hermosos comentarios que siempre son los que me animan :D

Antes que nada quiero darle las Gracias a Claudia Gazziero mi beta :D

Disclaimer: Los personajes le pertenecen a la escritora E.L James yo solo los utilizo con el fin de entretener :) la historia me pertenece :D

Capítulo 9:

Mientras me debatía una y otra vez en lo que debía hacer, Taylor me esperaba paciente y con la mano extendida, pero yo no me podía mover, ni siquiera para salir corriendo, y aunque pudiera salir de ese lugar ¿A dónde iría? Estaba sola en una ciudad desconocida, y también estaba Teddy, quien confiaba en mí.

Por más que me repetía una y otra vez las razones por las que me casaba no dejaba de tener dudas. Cuando Taylor vio que no tomaba su mano y que no hacia ademán de moverme, se embarcó conmigo en el coche y cerró la puerta. Lo miré a los ojos, él tomó mis manos y cuando me miró preocupado fue que me di cuenta que estaba temblando.

— ¿Está bien, señorita Steele?

Negué con la cabeza y un sollozo se escapó de mi garganta, los ojos me picaban por el cúmulo de lágrimas que yo me negaba a dejar salir. Quería ser fuerte y seguir con todo, pero las dudas y el temor al futuro me azotaban al mismo tiempo.

— ¿Qué pasa?—Miré a Taylor, su forma de preguntarme fue tan dulce y paternal que me obligué a encontrar mi voz y a dejarla salir.

—Es que…—dije casi en un susurro—, tengo miedo… No sé, qué va a ser de mi vida ahora y… sé que Christian ha hecho mucho por mí y por mi hermanito, pero… no lo conozco muy bien y tengo miedo…

Taylor me levantó la cara, tomándome por el mentón, y subió el velo para limpiar una lágrima que había caído por mi mejilla, después me sonrió.

—Él es un gran hombre, Señorita Steele; comprendo que tenga dudas. Es lógico después de lo que acaba de pasar, pero créame cuando le digo que no pudo caer en mejores manos que en las del señor Grey. Sé que ustedes apenas se conocen, pero lo único que él quiere es protegerla y yo puedo asegurarle que estará completamente a salvo a su lado.

Sus palabras tuvieron un gran efecto en mí, tal vez era porque Taylor debajo de su apariencia ruda tenía un instinto paternal y me hacía confiar. Respiré hondo tres veces tratando de tranquilizarme, él tenía toda la razón, Christian era un gran hombre, uno que sin conocerme bien y sin conocer a mi hermanito estaba comprometiendo todo por nosotros. Teddy estaba esperando por mí, no tenía tiempo para las dudas, mi hermanito era todo lo que importaba y tenía que hacer eso para poder tenerlo conmigo pronto.

Le sonreí a Taylor y le di un abrazo, él me correspondió y luego besó mi frente y acomodó mi velo antes de abrir la puerta. Me tendió la mano y esa vez se la tomé sin vacilar, no había más dudas, estaba segura de mi decisión.

Al entrar a la capilla pude ver a Christian, se veía increíble con su esmoquin negro, su cabello cobrizo estaba tan rebelde como siempre y una sonrisa adornaba su rostro; dudaba que pudiera haber un hombre tan atractivo como él. Su hermano Elliot estaba a su lado y en medio nos esperaba un hombre vestido de Elvis.

Se suponía que caminaría sola hasta Christian pero no quería hacerlo, así que le pedí a Taylor que me acompañara, él aceptó gustoso y caminé colgada de su brazo hasta el hombre que en pocos minutos sería mi esposo. Christian miró a Taylor desconcertado cuando le entregó mi mano, pero después sonrió y el hombre vestido de Elvis comenzó la ceremonia.

—Estas Hermosa, Anastasia.

—Muchas Gracias, tú estás muy guapo también.

Él sonrió y seguimos prestando atención a la ceremonia, al momento de decir nuestro votos me puse nerviosa porque no tenía nada que decir. Christian tomó mis manos y comenzó él.

—Anastasia, quiero agradecerte por confiar en mí y permitirme cuidarte. Te juro que mientras estés conmigo nada te va a faltar… porque mi misión será que tú estés bien y seas feliz. Ya no pasarás más angustias ni sufrimientos, no mientras yo pueda cuidarte.

El corazón comenzó a latirme con rapidez mientras él me sonreía y sus ojos grises resplandecían. ¿Me estaba pidiendo que me quedara con él, o solo era una forma de salir del paso con sus votos matrimoniales? De cualquier forma no pude seguir analizando sus palabras porque era mi turno de decir mis votos.

—Christian, sólo quiero decirte Muchas Gracias, por haber llegado a mi vida para cambiarla. Eres un rayo de luz y gracias a ti puedo ver lo que antes no veía… mi futuro. Te prometo que seré una buena esposa el tiempo que estemos juntos.

Después de intercambiar nuestros votos llegó la hora de intercambiar las alianzas. Elliot se acercó con una pequeña caja de terciopelo roja y cuadrada, la abrió y le dio el anillo más pequeño a su hermano. Christian tomó mi mano derecha y deslizó la banda dorada en el mismo dedo en donde estaba mi anillo de compromiso, luego me dio el otro anillo. Tomé la mano derecha de Christian para repetir lo que él había hecho. No había pensado en lo que pasaría al final de la boda hasta que el hombre disfrazado de Elvis nos sonrió y dijo:

—Ahora, los declaro marido y mujer. Puede besar a la novia.

Christian se acercó un paso a mí, apartó mi velo y tomó mi cara entre sus manos, sus dedos cálidos sostenían mi rostro provocando un hormigueo. Acarició una de mis mejillas con su pulgar y se acercó lentamente a mí; mi cuerpo estaba atento ante la expectativa, quería sentir sus labios en los míos ya, era tanta mi urgencia que pensé en moverme un poco para acercarme a sus labios. Él parecía saber lo que estaba pensando por la sonrisa pícara que esbozó. Cuando estuvo a escasos centímetros de mí susurró.

—He estado esperando este momento.

No me dio tiempo de pensar en lo que había dicho, sus labios ya estaban sobre los míos, apartando de mí todo pensamiento coherente. Se movía despacio y con toda maestría esperando que yo me adaptara a su ritmo; mi corazón empezó a latir a toda velocidad mientras lo seguía, nunca me habían besado así que trataba de seguirlo con mis torpes movimientos. Miles de sensaciones desconocidas se dispararon en todo mi cuerpo. Christian interrumpió el beso y yo me asombre al ver que quería más.

— ¡Es un placer para mí presentarles por primera vez al Señor y la Señora Grey!

Elliot, Taylor y el hombre vestido de Elvis nos aplaudieron y se acercaron a felicitarnos. Christian me tomó por la cintura, atrayéndome hacia él para darme un beso en la frente. Yo miré mi mano derecha donde se encontraban los anillos y observé la mano de Christian, que estaba en mi cintura y lucía un anillo dorado. ¡Santo dios, estaba casada!

Salimos de la capilla y ambos nos deslizamos por el asiento trasero sin preocuparnos demasiado. Taylor se embarcó y Elliot hizo lo mismo ocupando el asiento del copiloto. Christian pasó uno de sus brazos por encima de mi hombro y comenzó a acariciar mi hombro, ese simple gesto desató reacciones inesperadas en mí, sentía un intenso hormigueo donde él me acariciaba.

—Lamento que no haya fiesta después de la boda —me dijo sonriendo

—No te preocupes por eso —respondí en un suspiro.

—Pero eso no quiere decir que no vayamos a celebrar —agregó Elliot riendo—. Podemos ir al Hotel a cambiarnos y después ver que hacemos.

—Elliot, Anastasia debe estar cansada —le dijo Christian, también cansinamente.

—Christian, no seas amargado… podemos ir a un restaurante a cenar y luego a tomarnos unas copas, nada del otro mundo. ¿Qué dices, Ana? ¿No te gustaría dar un paseo por Las Vegas?

—Bueno sí, pero… no empaque más ropa que la de mañana.

—Tú no te preocupes, cuñadita, que yo ya me encargué de todo. Iremos a cambiarnos y a dar un paseo.

—Sólo a cenar y un par de copas, Elliot. No te pongas a inventar… —advirtió Christian.

—Sí, ¡Dios, relájate que acabas de casarte!

Christian me miró y yo asentí sonriendo, no quería amargarle la noche a Elliot. Además, estaba más que segura que no podría dormir aunque lo intentara. No había hablado con Christian sobre lo que pasaría esa noche, ni siquiera sabía si tenía alguna expectativa para la "Noche de bodas". Christian me gustaba y me gustaba muchísimo, pero aún no me sentía lista para algo así, mucho menos si mi situación con él era algo temporal. Tomó mi mano y la llevó a sus labios para besarme los nudillos. ¿Era eso algo típico de él, o sólo lo hacía conmigo?

Al llegar a la recepción todas las miradas se posaron en nosotros, otra vez era el maldito centro de atención. Quería quitarme el vestido lo más rápido posible para que la gente dejara de mirarme con curiosidad. Subimos hasta la Suite y Elliot me dio un vestido negro de Strapless, con una caja y un bolso.

Me metí en la habitación y me deshice del velo con cuidado de no estropear mi peinado. Revisé lo que me había pasado Elliot: el vestido negro era corto, en la caja habían unos zapatos de tacón rojos y en el bolso unos zarcillos largos y una pulsera del mismo color; me deshice del vestido de novia y me arregle rápidamente.

Cuando salí de la habitación ya me esperaban aquellos tres impresionantes hombres en la pequeña sala de la suite. Los tres eran muy atractivos, pero Christian los opacaba completamente. Estaba vestido con un jean, una camisa blanca y una americana negra. Elliot estaba a su lado con un suéter azul marino y Taylor se había quitado su chaleco y la corbata.

Christian se acercó a mí, sus ojos grises me recorrieron y pude distinguir el brillo en ellos, mi cuerpo tembló al sentir su mano en mi espalda. Elliot emocionado nos apresuró a salir y Taylor nos llevó de paseo por Las Vegas.

Como era de esperarse, el lugar era elegante; dudaba que ellos entraran a cualquier sitio, yo hubiera sido feliz con una hamburguesa y un refresco, pero obviamente eso no entraba en los planes de ellos. El mesero nos llevó hasta una mesa reservada por Elliot.

Christian miró a su hermano con reproche y él sólo le sonrió, yo contuve mis ganas de reír porque era obvio que Elliot tenía todo planeado y que solía salirse con la suya. ¡Era tan cómico ver cómo Christian parecía el mayor de ellos! El mesero volvió luego con una botella de champagne y nos sirvió a todos. Elliot alzó su copa y nosotros lo imitamos con una sonrisa, entonces nos miró a Christian y a mí y brindó:

—Por el Señor y la Señora Grey. Yo te doy la bienvenida a la familia, Ana.

Christian rio y alzó su copa. —Porque un día tú también te cases.

—Óyeme, que soy tu hermano… ¡No me desees mal!

—Yo sólo espero que sean felices, Señor y Señora Grey.

—Ahora menos me llamaras Ana a secas. ¿No es así?

Él sonrió y asintió, yo suspiré relajada. Me gustaba mucho el apellido de Christian y también me gustaba el apelativo de Señora Grey, aunque eso de "Señora" no iba exactamente conmigo. ¡Sólo tenía diecinueve años!¡Acababa de dar mi primer beso, por dios! Aún así, algo me decía que tendría que acostumbrarme a todo eso.

La velada fue bastante amena, Elliot me contó que era constructor y me comentó un poco de su trabajo, también sobre su familia. Se notaba que eran una familia bastante unida, porque su plática era muy ligera y llena de confianza. Cuando Elliot me dijo que estaba seguro de que pondrían en grito en el cielo cuando se enteraran de nuestro matrimonio no me sorprendió, era de esperarse.

—Y Mía será la peor, ella es la consentida de Christian. Seguramente no dejara de reprocharle que me haya dicho a mí y a ella no.

—Lo superará… —dijo Christian restándole importancia.

Elliot siguió conversando alegremente mientras yo me reía de sus chistes, me había caído extremadamente bien y esperaba que el resto de la familia de Christian se pareciera a él. Aquel era uno de mis temores: conocer a la familia Grey, pero decidí alejar el pensamiento de mi mente por esa noche. Seguí conversando con Elliot animadamente, Christian comentaba en una que otra ocasión y Taylor solo se limitaba a responder cuando le preguntaban algo; la cena estuvo muy bien.

Cuando terminamos de comer, Christian trató de hacer que Elliot desistiera de la idea de ir a un bar, pero no tuvo éxito así que después Taylor nuevamente fue guiado por Elliot por las calles de la ciudad.

Obviamente el Bar era de lujo, no como el prostíbulo que tenía Elizabeth y que ella llamaba bar. La música estaba a todo volumen y vibraba en mi cuerpo, las luces alumbraban la pista de baile y a las parejas que se movían al compás de la música. Christian me llevaba de la mano y seguíamos a su hermano hasta una mesa en el área más privada.

Pidieron unas bebidas mientras por primera vez estaba comenzaba a disfrutar el ambiente, me sentía cómoda y relajada con ellos tres. Muchas chicas se acercaban a nuestra mesa pero todas se retiraban al instante al ver que Christian me pasaba su brazo derecho por los hombros y me tomaba de la mano. Taylor las ignoraba estoicamente, era incluso gracioso. Elliot se levantó pronto por otra bebida con una de las chicas, pero Christian lo detuvo un momento.

—Sólo estaremos un momento, Elliot. No te pierdas porque te dejo.

—Ya entendí, capitán. ¿Por qué no sacas a bailar a tu esposa? Diviértete un rato.

Después de eso se fue tras la rubia que lo esperaba. Christian suspiró negando con la cabeza y yo contuve mi risa, era tan gratificante ver lo bien que se llevaban. Mi esposo me dirigió una mirada, se acercó a mi oído y me susurro.

— ¿Quieres bailar?

—No sé hacerlo.

—Yo te guío.

Me tomó de la mano para guiarme hasta la pista de baile. No sabía cómo bailar, jamás había salido a un bar o a algún sitio parecido sólo para divertirme. El único local nocturno que había pisado era el de Elizabeth y lo que menos hacia era disfrutar. Tal como me había dicho, él me guió suavemente; moví mi cuerpo delicadamente al ritmo de la música y me gustó aquella libertad. Le di la espalda imitando a una de las parejas que estaba en la pista y me tomó por la cintura para pegarme a él. Hundió su nariz en mi cuello mientras aspiraba fuertemente, mi corazón comenzó a latir cuando le dio un beso a mi hombro desnudo.

Entonces, me volteó y quede frente a él, me tomó de la cintura con las dos manos y comenzamos a movernos a un mismo ritmo. Se acercó lentamente y sus labios rozaron los míos, quería un toque más profundo, que me besara de nuevo pero no lo hizo. Sus labios recorrieron mi mejilla y mordió despacio el lóbulo de mi oreja.

Mi cuerpo comenzó a palpitar y de repente sentía mucho calor y un hormigueo justo por donde habían pasado sus labios. Mi piel reaccionó cuando me acarició la espalda, no sabía qué era lo que me pasaba, era una reacción desconocida para mí, miles de sensaciones desconocidas me inundaban en ese momento.

Christian besó mi frente y una música lenta comenzó a llenar el ambiente. Me pegó a él y yo sólo me dejé guiar mientras la música de fondo sonaba. Lo miré a los ojos y descubrí que él tenía la vista fija en mí, sus hermosos ojos grises brillaban. Finalmente, se acercó a mi rostro y por fin posó sus labios en los míos.

Tal y como en el baile sus labios eran los que me guiaban, mientras mi corazón parecía que fuera a salirse de mi pecho. Me dejé llevar por el momento y disfruté de la sensación de sus suaves labios sobre los míos. Bailamos toda la canción lenta mientras nos besábamos a cada momento, sólo parábamos para recuperar el aliento y luego nuestros labios se volvían a encontrar.

Cuando llegamos a la mesa, Elliot aún no había regresado. Tomé mi bebida para tratar de refrescarme, pero mi corazón aún seguía acelerado y mi cuerpo continuaba aturdido con las sensaciones que había experimentado. ¡Me había besado con Christian en la pista de baile! No tenía por qué hacer escándalo sobre eso, me dije; no había nada de malo, era mi esposo. Aún así no podía quitarme los nervios de encima. Christian me acarició el hombro, lo miré y me dio un beso casto en los labios. Elliot regresó al momento, riendo junto a la rubia que lo había acompañado a buscar las bebidas, Christian lo miró con reproche y tomó un poco de la suya.

—Mira, Kathy… Te presentaré a mi hermano Christian y a su esposa Anastasia.

—Mucho gusto —dijo la rubia estrechándonos las manos, miró a Christian por unos minutos y después abrió la boca—. ¡Oh, por dios! ¿Tú eres Christian Grey?

Christian se removió incómodo en la silla al ver que lo habían reconocido, la rubia me miro asombrada y luego volvió su vista a mi marido.

— ¿Tu esposa?

—Anastasia y yo nos vamos —dijo Christian levantándose, Taylor y yo lo imitamos, me tomó de la mano y luego observó a su hermano—. ¿Te vas o te quedas?

—Me quedaré un rato más —dijo besando a la Rubia en el hombro. Christian suspiró.

—Me voy mañana a las nueve de la mañana, si no estás en el Hotel te quedas aquí.

—Sí, lo sé.

Salimos del bar y nos embarcamos en el auto. Al llegar a la suite, Taylor se despidió de nosotros deseándonos buenas noches y se metió a su habitación. Habían tres habitaciones por lo que me pregunté si Christian dormiría con su hermano o conmigo.

Mis dudas se disiparon en cuanto me llevó a la habitación que estaba usando y entró conmigo. Cuando vi que su maleta también estaba allí mi corazón comenzó a palpitar rápidamente, tragué fuerte y lo miré fijamente, él me sonrió.

— ¿Estas nerviosa?

—Yo… Es que… —Las palabras parecían no querer salir—. Yo nunca…

—Shhh… ya lo sé, no te preocupes, sólo vamos a dormir.

Asentí y me metí al baño a cambiarme. Tomé la maleta que me había preparado la señora Taylor y saqué el pijama, una hermosa bata negra de tirantes que me llegaba a la rodilla. Me lavé la cara y me desmaquillé. Salí de la habitación y descubrí que Christian ya estaba en la cama con su pijama de franela blanca. Quito el edredón del lado que yo ocuparía y me acosté dándole la espalda. Él me cubrió, se acercó a mí, y planto un beso en mi cabeza y otro en mi hombro.

—Buenas noches, Anastasia.

—Buenas noches, Christian.

Cerré los ojos tratando con todas mis fuerzas de encontrar el sueño, pero teniendo a ese hombre maravilloso a mi lado me era muy difícil. Él comenzó a acariciarme el cabello y a tararearme una melodía, al poco tiempo me había quedado dormida.

XX

Todo estaba silencioso en aquel lugar, mientras la luz se filtraba por las cortinas blancas que adornaban la ventana. Traté de moverme pero estaba completamente aprisionada, podía sentir la respiración acompasada de Christian en mi cabello, su brazo derecho me tenía agarrada por el costado y sus piernas estaban entrelazadas con las mías.

Me moví sólo un poco, él soltó un suspiro y se echó un poco para atrás, siguió durmiendo. Se veía tan relajado, era un hombre hermoso. Levanté la mano para acariciar su rostro, pero la dejé a mitad de camino cuando divise a Taylor, que había entrado en la recámara luego de golpear muy despacio.

Me llevé el dedo índice a los labios y le pedí silencio, él sonrió haciéndome señas hacia el reloj que estaba en su muñeca y se fue. Me volteé hasta la mesita de noche donde estaba el reloj digital que marcaba las siete de la mañana. Me moví un poco para apartarme de él y zarandeé su hombro un par de veces hasta que abrió los ojos.

—Buenos días.

—Buenos días… —me respondió confundido, miró la habitación y luego a mí de nuevo—. ¿Qué hora es?

—Las siete. —El asintió y se levantó.

— ¿Cómo dormiste?

—Muy bien, gracias… ¿Y tú? —le pregunté sintiendo como las mejillas se me encendían.

—De maravilla —me dijo sonriendo—. Es hora de volver a Seattle, me daré un baño para que luego te metas tú.

—De acuerdo… ¿Vas a decirle a tu familia?

—No, al menos no todavía… Quiero esperar hasta que tengamos a Teddy.

Asentí y lo vi meterse en el baño, me puse el albornoz negro que estaba en la silla y salí de la habitación. Taylor estaba sentado terminando de desayunar, se levantó al verme y yo le sonreí. Me senté pidiéndole que hiciera lo mismo.

—Buenos días, Taylor.

—Buenos días, Señora Grey. ¿Quiere una taza de café?

—No, muchas gracias, prefiero tomar jugo.

Él tomo la jarra de vidrio y vertió el zumo en el vaso de vidrio, le agradecí y tomé unas tostadas para comerlas con el huevo y el tocino. Christian salió de la habitación ya listo, con un jean y una camisa azul marino.

—Buenos días, Taylor —dijo sentándose a mi lado y sirviéndose café.

—Buenos días, señor Grey.

— ¿Mi hermano llegó anoche?

—Sí, señor. Aún está dormido.

—Pues ve y levanta a ese vago… si no, juro que lo dejaré aquí.

Taylor se levantó y fue hasta el cuarto de Elliot. Christian suspiró, se llevó la taza de café a los labios para tomar un poco, luego tomó el periódico que estaba enrollado. Yo no dejaba de mirar cada cosa que hacía, me sentía idiotizada por ese hombre, apenas podía creer que era mi esposo. De hecho, apenas podía asimilar mi nueva vida.

— ¡Mierda!

Su exclamación me tomó por sorpresa, lo miré mientras él mantenía la vista fija en el periódico y comenzaba a maldecir. Elliot y Taylor venían saliendo del cuarto cuando Christian se levantó para encender la televisión. Cambió los canales una y otra vez hasta que se detuvo en uno de ellos. Una rubia estaba sentada en una silla alta con las piernas cruzadas, a un lado se encontraba la foto de Christian en un evento benéfico mientras la chica sonriente daba la noticia.

"La noticia más reseñada esta mañana por todos los medios del país tiene que ver con el Magnate más joven de los Estados Unidos y el soltero más cotizado de todo Seattle. Les hablo nada más y nada menos que de Christian Grey"

La rubia cambió de cámara y siguió sonriendo mientras hablaba.

"Anoche nos llegó la noticia de que este exitoso y guapo empresario se había casado en secreto en la ciudad de Las Vegas. Aún desconocemos la identidad de la joven afortunada, pero un testigo afirma haberlos visto juntos en un bar".

Christian apagó el televisor y comenzó a maldecir de nuevo mientras caminaba de un lado a otro, llevándose las manos hacia el cabello, dejándolo más rebelde de lo que era. Elliot bostezó, se sirvió una taza de café y se la tomó, puso los ojos en blanco cuando vio que su hermano maldecía tan de mañana...

— ¡Tú sabías que esto iba a pasar!

—Por supuesto que lo sabía, por eso te pedí que fueras discreto y que hicieras todo lo posible porque nadie se enterara.

—Ya da igual… no pretenderás mantener a Anastasia en secreto, ¿cierto?

—Por supuesto que no, pero quería mantener esto tranquilo hasta tener la custodia de Theodore, los medios van a comenzar a meter sus narices y él puede quedar en medio de todo.

—Pues llama a tus abogados y a tus contactos para acallar a los medios. Es algo que puedes controlar.

Christian lo miró con reproche y apretó la mandíbula, tomó un respiro hondo, se tocó los bolsillos del pantalón y sacó su BlackBerry, frunció el ceño al mirar la pantalla y después miró a su hermano.

—Aquí hay algo que no puedo controlar… es mamá.

Se metió a la habitación para contestar la llamada y yo dirigí mi vista al periódico que estaba sobre la mesa. Lo tomé y en la primera plana había una foto de Christian en algún evento; en letras negras y grandes se leía "CHRISTIAN GREY SE CASA EN SECRETO". Dejé el periódico a un lado y suspiré.

¿Eso afectaría en algo la adopción de Teddy?

CONTINUARÁ