Chan chan chaaaaaaaaaaaán! Volví rápido y es porque hoy tuve un GRAN GRAN GRAN día *O* En fin, como sea, este capítulo me ha encantado escribirlo, es tan asdfaersdkaf *-* amorocho *O* si, vais a descubrir la parte tierna de los habitantes del distrito dos e.é que no son todo piedra, aunque sus músculos digan lo contrario (?) Okno, espero que os guste y espero reviews de esos molones que me alegran la vida (?)

OS QUIERO 3


¿Se podía decir que todo era perfecto? Por primera vez y desde que ambos habían sido nombrados tributos del distrito dos habían dormido tranquilamente, abrazados el uno a otro, como si los Juegos nunca hubiesen existido en sus vidas, como si solo tuviesen que preocuparse de estar así, abrazados y disfrutando de un sueño tranquilo. Pero la felicidad y tranquilidad duraban poco, y más si eras un tributo.

–Clo…-dijo una voz quedándose quebrada al ver la escena. Parpadeó varias veces, tratando de pensar si lo que estaba viendo era real o no lo era. ¿Qué había pasado aquí? Carraspeó ligeramente y se cruzó de brazos, se alegraba sí, pero ella era la mentora de ambos, quizás más de la muchacha, y tenía que encauzarles porque uno de los dos tenía que ganar. –¿Alguien me puede explicar qué narices está pasando aquí?-preguntó con un tono bastante irritante, era muy buena actriz, quizás demasiado.

Clove era de esas que se despertaban con el ruido de una mosca, ¿por qué no se iba a despertar con aquella voz de enfado? La muchacha abrió lentamente los ojos, a medida que su cerebro le decía a quién pertenecía esa voz los iba abriendo como si algo la estuviese atravesando el corazón. La habían cagado, ese fue su primer pensamiento. Dando un pequeño codazo a Cato para que despertase, escuchando el quejido de este, se tapó como pudo y se separó del rubio el cuál se negaba a soltarla.

–¿Y bien? ¿Esto no es lo que parece o… Qué?-dijo Enobaria golpeando el pie contra el suelo.
–Yo… Enobaria…-dijo la morena. En cuanto ese nombre salió de los labios de Clove, el rubio al fin la soltó, sentándose en la cama y mirando con aire dormido a la mentora. ¿Acaso no le importaba? No, era Enobaria, si fue Brutus ya estaría muerto.
–Si es lo que parece.-dijo atajando Cato, con la voz dormida. Clove le miró fijamente y luego a su mentora, mientras trataba de tragar saliva.
–Que no se entere Brutus. O estamos los tres muertos.-dijo Enobaria mostrando media sonrisa y luego negando lentamente. –Será mejor que te largues a tu cuarto antes de que vaya a buscarte.-dijo para Cato. Este asintió, pero no se movió del sitio. En cuanto la mentora lo comprendió salió de la habitación para entretener a Brutus.
–Pensaba que me iba a matar…-dijo la morena dejándose caer despacio sobre el colchón.
–Es Enobaria… Mucho morder, pero luego es buena gente.-dijo riéndose.

Poco después, estaba saliendo de la habitación obligado por Clove. Esta se metió en la ducha y cuando salió se encontró a Enobaria sentada en el sofá y mirándola fijamente. Clove parpadeó, no había cosa que más odiase en el mundo que los interrogatorios.

–¿Desde cuando?-empezó a preguntar Enobaria.
–Supongo que desde siempre.-dijo la morena mientras se secaba el pelo a mano. Odiaba el calambre que pegaba la puñetera ducha, prefería secárselo a mano, ya que tenía el pelo liso y no necesitaba nada más.
–¿Te será difícil?-preguntó de nuevo, era una pregunta retórica. ¡Claro que la iba a resultar difícil! Solo uno podría volver.
–Si.-dijo ella secamente. Se sentó en el sillón de en frente y miró el suelo. –No quiero hacerlo.-dijo ella.
–Pero tienes que hacerlo.-dijo Enobaria suspirando a lo último. –Tienes madera de ganadora, y él hará que ganes.-dijo la mentora, haciendo que Clove levantase la vista, en su mirada se veía reflejado que ya lo sabía, que tenía muy claro que si ambos llegaban a la final él se quitaría de en medio, a pesar de que la gente le viese como un peligro y que iba a ganar. –Otro ocupará su lugar.-dijo siendo bastante dura.
–No quiero que otro ocupe nada.-dijo la morena casi enfadándose. –Sin él, no vuelvo.-dijo totalmente segura.

Aquellas palabras traspasaban las paredes de la habitación, llegando a oídos del susodicho, haciéndole sonreír. La anterior noche había dado un cambio radical, ahora sabía que no podía vivir sin ella, y que eso era recíproco. ¿Qué iban a hacer? Sabía que proclamar su amor por su compañera en la entrevista haría que todos fuesen a por ella directamente, él no le dejaría que ella hiciese algo parecido. Tendrían que mantenerlo en secreto, sería lo mejor. O quizás esperar hasta la Arena y allí, sí allí ya se vería todo.

El desayuno había sido movidito… A Cato no se le había ocurrido otra cosa que decirle lo que había pasado aquella noche a Brutus, y que ya no pensaba seguir con la trola de querer conquistar a la cabeza hueca del uno. Tuvo varias repercusiones: que Brutus golpeara con fuerza la mesa, que Enobaria tratara de calmarle y que Clove se atragantase con el zumo de melocotón que bebía en esos momentos. Por suerte, cuando Brutus se enfadaba, no chillaba, arrastraba las palabras y eran muy dañinas, peor que los cuchillos de Clove. Tras esto, Brutus abandonó la sala diciendo que acababa de condenar a la morena a una muerte segura si lo iba contando, a lo que Cato respondió "es un secreto."

Una mañana más de entrenamientos, pero esta fue diferente. Cato pasaba olímpicamente de Glimmer, y esta parecía darse cuenta pero según la escuchaba Clove, ella pensaba que lo hacía para que los Vigilantes no le tomaran por un débil. Cuando la morena escuchaba las palabras "Cato" "débil" en la misma frase, se ponía enferma. Ella sabía que él de débil tenía lo que Glimmer de inteligente, o sea, nada. Pero si saltaba, todo se iría a la mierda y por eso era que lanzaba más cuchillos, cada vez más y más rápido, sin fallar ni una sola vez en todas las dianas, dándoles a todas en el centro, donde tendría que estar el corazón. Todo el mundo la miraba fijamente, incluso Cato se había parado a verla. Los vigilantes la miraban fijamente asombrados, jamás se habían encontrado a una "cría" que manejase de esa forma los cuchillos.

Tras esto, el niño pequeño del cuatro se acercó a ella y le dijo que lo que hacía era flipante. Clove alzó la ceja y sonrió de lado, casi una sonrisa de triunfo. Era la primera vez que le decían aquello, y que viniera de uno del cuatro, aunque fuese un mocoso, pues era algo… ¿Inspirador? ¿Halagador? Si, todas esas cosas. Cuando terminaron los entrenamientos, Cato se puso a su lado y la sonrió de lado, ella le devolvió la sonrisa.

–Pensaba que no ibas a mostrar tu don.-dijo él apoyándose en el ascensor.
–Cambié de opinión…-dijo riéndose la morena.
–Ya vi… Todos se pararon a mirarte.-dijo él alzando una ceja, haciendo que ella se voltease para mirarle.
–¿Eso es bueno o malo?-preguntó ella frunciendo el ceño. Para ella, eso era bueno, ahora era temida, o eso esperaba.
–Bueno.-dijo riéndose. En cuanto llegaron a su planta, ambos mentores les estaban esperando, junto con sus estilistas. Clove puso mala cara al ver una percha entera con vestidos. –Oh… Genial.-dijo Cato tragando saliva y posicionándose detrás de Clove.

Ni tiempo les dieron y ya les estaban probando cosas, unas tras otras. Esta vez no irían iguales, irían diferentes. Quizás demasiado. A Clove la harían resaltar, llamar la atención de los patrocinadores. A Cato le harían parecer más fuerte, eso ya era algo que había llamado la atención de varios, según decían los estilistas de este que podían visitar la zona de apuestas. El favorito era él, eso era algo claro. Después estaba el chico del seis, seguido muy de cerca por Clove. Que obviamente, remontaría puestos debido a su exhibición de esta mañana con los cuchillos.

Los vestidos de las entrevistas estuvieron seleccionados antes de la cena. Después se fueron a cenar tranquilamente, otra vez sin los del uno. A Clove ya se le estaba haciendo algo raro el no cenar con sus aliados, pero prefirió no preguntar, ya que, aunque le caía bien Marvel, no tenía ninguna gana de compartir mesa con la estúpida de Glimmer. Nada más terminar de cenar, se pusieron a ver el resumen del entrenamiento de hoy, donde hablaron rápido de todos, pero se extendieron mucho más de la cuenta con Clove, algo que a Brutus y a Enobaria les alegró.

–Eso lo tenías que haber hecho desde el primer día. ¿Ves que así conseguirás gente?-dijo Brutos sonriendo de lado. Clove asintió, si él supiera que se había imaginado a la rubia en cada una de las dianas… No estaría tan contento.
–¿Cuándo vamos a tener que romper la alianza?-saltó la morena, haciendo que Enobaria se atragantase, Brutus la mirase con los ojos como platos y Cato soltase una risa.
–Yo…-dijo Brutus tratando de concentrarse. –Estaría bien que si veis que vuestra vida peligra, sigáis vosotros dos solos.-dijo él tratando de buscar palabras y sin encontrarlas.
–¿Crees que Marvel dejaría sola a la estúpida de su prima?-preguntó de nuevo la morena, esta vez, la que se rió fue Enobaria.
–¿Tu dejarías solo a Cato?-rebatió Brutus, haciendo que la cara de la morena quedase desencajada. –Pues algo me dice que Marvel no dejaría sola a su prima.

Con eso, la conversación quedó muerta. Clove al poco rato se levantó y sin decir nada se fue a su cuarto. Bien, ahí tenía la respuesta perfecta. No iba a poder separarse de Cato, ¿y si alguien le hería? ¿Y si alguien conseguía acabar con él? Suspiró por el camino, cogió aire y se paró en frente de la puerta de su cuarto, entró y cerró lentamente, dejándose caer rápido en la cama.

Por otra parte, Brutus le dijo a Cato que dejase que se tranquilizase y no fuese detrás, no hoy. Cato fue a rechistar, pero vio que era inútil discutir con Brutus, así que se levantó y se encerró en su cuarto. Poco después, cayó totalmente rendido. Clove había conseguido meterse en la cama dormida, pero a cada rato se despertaba con pesadillas. Era raro que ella soñase cosas malas, muy raro, era fuerte hasta en sueños. Pero todo había sido por culpa del "¿Tu dejarías solo a Cato?", si… Brutus tenía la culpa. Sus sueños eran formas en las que algún tributo, como el del seis, el del once o incluso el niño del cuatro mataban a Cato. ¿La peor? Mutos. Ella odiaba esos seres con su vida, no le gustaban, prefería ver como los tributos se atacaban entre ellos, esos bichos solo quitaban la diversión a gente como ella. Se despertó de golpe, con sudores, no quería volver a dormirse. Se levantó y se mojó la cara con agua bien fría, dejándola caer por su cara varios segundos. Se secó y salió descalza al pasillo, caminando lentamente hasta la habitación del rubio. Giró el pomo, entró y despacio cerró la puerta.

Si, estaba completamente dormido. Esa respiración no la conseguía durante el día, no cuando estaba despierto. Se acercó despacio a él, rodeó el lado de la cama que sabía que iba a estar vacío, y gateó hasta él, abrazándose lentamente, sobresaltándole.

–Pesadillas.-dijo ella únicamente. Cato asintió y la rodeó con un brazo y acariciándole el otro. Cerraron los ojos y, aunque Brutus había visto como ella se metía en el cuarto de Cato, prefirió dejarles. Eran jóvenes, uno podría morir, o los dos. ¿Quién era él para impedirle disfrutar de sus últimos días? Unos brazos le abrazaron por detrás. Él había tenido suerte, mucha suerte. Había sido mentor de Enobaria, y se esforzó en sacarla de allí con vida, traicionando a su propio mejor amigo, el compañero de Enobaria. Se giró con una sonrisa y la besó.

–Déjales que sean felices.-dijo Enobaria mirándole y sonriendo. –Solo tienen estos días.-añadió suspirando.
–Lo sé, y los dejaré… Me dará pena. No se lo merecen.-dijo apoyando su frente sobre la de ella.
–No. No son como los de siempre. Serán grandes asesinos, pero… Se aman.-dijo cerrando los ojos.
–Hay que encontrar alguna forma… Algo.-dijo Brutus, Enobaria asintió y ambos entraron al cuarto del mentor.

Poco después, todo quedó en silencio. Los cuatro habitantes del distrito dos dormían tranquilos. Ellos abrazándolas a ellas. ¿Por qué el tiempo no se podía detener? Faltaban cuatro días para que los tributos fueran soltados en la Arena. ¿Cuántos días faltaban para que uno de los tributos del dos muriese? ¿A manos de quién?