Tegan parpadeó un par de veces.

—Se ha esfumado.—dijo Aris mientras chasqueaba los dedos.

Aquello no andaba bien. Se levantó de la cama con el hielo aun puesto y se encaminó hacia la administración central.

—¿Dónde vas? —preguntó Aris mientras la cogía del brazo.

—Necesito hablar con Thomas, él…

—No necesita más gente que le atosigue. —dijo el chico.

Tegan le desafió con la mirada.

—Eso lo decidirá él.

Salió del hospital y corrió hasta la administración central y no encontró a Thomas allí. Se sentía un poco absurda. Estaba claro que ella no tenía nada que hacer. Entonces escuchó voces detrás del edificio de madera.

—¡Thomas basta! —gritó Brenda.

Tegan rodeó el edificio silenciosamente y vió a Thomas pegándole patadas a un trozo de madera. Parecía que se había vuelto loco, la furia brillaba en sus ojos. Detrás de él, Brenda estaba a punto de llorar.

Entonces, una mano tapó la boca de la chica y la llevó fuera de allí.

—Pinjaga cotilla.—dijo Minho—¿Qué hacias?

Ella se quitó la mano del chico de la boca y se dio la vuelta.

—Yo no quería espiarles.—se justificó.

—¿Y que hacías? —preguntó cruzándose de brazos y con media sonrisilla en la cara.

Tegan sonrió. La habían pillado.

—Solo les observaba sin que se dieran cuenta. —convino ella.

—Claaaaro y eso no es espiar.

Tegan asintió.

—¿Qué le pasa a Thomas? —preguntó.

Minho hizo una mueca. Estaba sudado y el sol se reflejaba en su piel.

—Está enfadado.

—¿Por culpa de lo del robot?—preguntó Tegan.

Minho parpadeó un par de veces.

—¿Cómo lo sabes? —preguntó un poco más serio.

Tegan se mordió el labio inferior.

—Me lo dijo Aris…—dijo mirando al suelo.

Minho se llevó las manos a las sienes.

—Está bien, está bien… ese carafuco va a tener unas palabras conmigo.

La chica sonrió al ver a Minho así, se acercó a él y le puso la mano en el hombro.

—Tranquilo jefe, no diré nada. Ni una palabra. —cerró sus labios como una cremallera y él casi sonríe. —Jefe esto no estáis bien.

Minho frunció el ceño y cruzó los labios ¿de que hablaba esa verducha?

—¿Cómo?

Tegan se separó de él y cerró los puños.

—Tu, Thomas, Brenda, Harriet, Aris… ¿entiendes por dónde voy?

El joven cada vez estaba más confuso, su cara era bastante graciosa.

—¿¡Que nos pasa!? —preguntó alarmado.

-—Sois bastante… raritos. Es mejor que os lo diga yo antes que otra persona. —se sonrojó ella.

Minho abrió los ojos.

—¿Qué quieres decir con raritos?- —casi gritaba.

—Quiero decir que sois un grupo de personas extrañas! Solo habláis entre vosotros mismos, no coméis junto a otras personas, tenéis cambios de humor bastante extraños, sois un poco amargados y muchas veces os quedáis mirando al infinito. Admítelo jefe, sois unos raritos.

El chico que estaba totalmente serio, empezó a reírse estrepitosamente.

—¿¡De que te ríes!? —preguntó Tegan, entre extrañada y mosqueada.

Minho detuvo su risa.

—Tienes razón verducha.

Tras decir esto, se dio la vuelta y empezó a andar. Tegan se quedó allí parada.

—¡¿Y ya está?!—gritó.

—Sip. —contestó Minho, mientras se alejaba con una sonrisa.

—¡Pero no puedes dejarme aquí…!

Tras dos días, ya estaban listos para volver a correr. A Tegan le empezaba a causar fascinación el sentimiento de nervios en la barriga, al saber que iba a explorar. No podía estarse quieta en la habitación junto a Valentina.

Su amiga no había vuelto a hablar sobre el tema de Aris. Aunque había tenido ocasiones para hacerlo, porque el par de días que había pasado allí, los había pasado enteramente con él: practicando, hablando, comiendo y paseando. Habían ido al artesano y él le había entregado a Tegan su collar con el diente de cocodrilo.

Aris decía que le quedaba muy bien. Pero todos los cuentos de hadas tienen un final y el suyo era ese: Aris volvería a su pueblo y cuando Tegan volviera de la excursión no estaría.

Así que aquella noche no pudo aguantarlo más y salió a escondidas a la casa del chico. Tocó la ventana e instantes después se asomó el chico.

—¿Tegan? —preguntó con cara de sueño.

—Vístete rápido y sal fuera. —ordenó.

Un cuarto de hora después (tras sortear a varios guardianes) Aris y Tegan salieron del pueblo con rumbo al bosque. Allí subieron a una cascada que habían descubierto en una de sus excursiones y se sentaron.

—¿Qué crees que hay fuera? —le preguntó al chico.

Aris se quedó mirando el horizonte. Desde allí arriba se podían ver las luces de su pueblo.

—No lo sé, pero a partir de ahora será mi trabajo. —dijo mirando a la chica.

Tegan no sabía a lo que se refería y Aris sonrió tristemente.

—Voy a ser el administrador de los corredores del pueblo de la playa.

Tegan sonrió y le cogió de la mano.

—¡Felicidades! ¡Eso es fantástico! —gritó.

El joven negó con la cabeza.

—Los administradores no pueden tener una relación con otra persona que que sea de su mismo trabajo.—dijo él.

A la chica se le descompuso la cara.

—¿Y eso que significa? —preguntó descorazonada.

—Significa que dentro de poco no podré hacer esto..

Aris se acercó y la besó en los labios. Tegan no sabía como reaccionar, porque hacía años que no la besaban, pero pronto olvidó sus problemas y le devolvió el beso. Aris la cogió de la cabeza para acercarla más y puso su mano en la rodilla de la joven, por su parte, Tegan le agarró el hombro.

Un poco rato después, se reclinaron y Tegan acabó echada con Aris encima de el. Ella sabía que el ambiente se estaba caldeando, pero no podía (¿o no quería?) pararle. El chico empezó a sobarle los pechos y ella no hizo nada al respecto.

Era virgen y eso era algo que le disgustaba, no se sentía con plena libertad, como si siempre tuviera que ir con miedo. Por eso cuando metió la mano dentro de su pantalón, ella se escabulló.

Aris se quedó con la boca abierta.

—Lo siento Aris, yo…

Él se levantó y le cogió de los hombros.

—No importa. —dijo.

Tegan se volvió a acercar a él.

—No es que no quiera. Es que…

—No importa, en serio. Pero ya jamás podremos volver a hacer esto. —dijo cogiéndola entre sus brazos.

Tegan notaba como empezaba de nuevo a hiperventilar y estaba a punto de ceder.

—No… yo te conozco desde hace dos días… yo no puedo. Lo siento.

Avergonzada, se fue de aquella roca a su casa dispuesta a enterrarse en una pila de mantas y no volver a salir de allí jamás.

Al dia siguiente Brenda, Minho y Tegan habían pasado el rio y estaban en la llanura. Brenda no dejaba de jugar con un cuchillito.

—Hay que coger provisiones. —dijo Minho—Verducha, ve con Brenda a buscar frutos.

—Si jefe.—dijeron las dos chicas a la vez de forma retórica.

Minho frunció el ceño y se alejó de allí. Brenda y Tegan se rieron y empezaron a buscar algo de comida.

—Te vi ayer con Aris. —dijo Brenda—¿Lo habéis hecho?

Tegan no se esperaba esa pregunta.

—¿¡Que!? —preguntó sobresaltada.

—Ya sabes, que si os habéis acostado. —dijo más clara.

—No.—respondió Tegan, un poco avergonzada.

—Pero te gustaría ¿verdad? —dijo Brenda.

Tegan suspiró y asintió.

—¿Y porque no lo hicisteis?-preguntó de nuevo.

—Porque yo no quise, no quería hacerlo con alguien a quien acababa de conocer y…

—Pero él ahora se va a convertir en un administrador de corredores y no vais a tener ocasión de nuevo. Tenlo en cuenta.-dijo Brenda.

Siguieton buscando frutos, pero solo encontraron unas cuantas plantas que podían comer raíces de ellas. Cuando volvieron junto a Minho, él no estaba.

-—¿Dónde demonios se ha metido…?—estaba preguntando Brenda, cuando de repente alguien la cogió por detrás.

—¡Brenda! —gritó Tegan.

Pero al segundo también la cogieron y la amordazaron. Le taparon la boca y los ojos y las dos chicas no pararon de patalear, entonces la voz de una mujer dijo:

—Si no os estáis quietas mataremos a vuestro amiguito chinito. —dijo la mujer.

Entonces Tegan logró quitarse de la boca la mordaza.

—¡Es coreano! —gritó mientras intentaba quitarse las cuerdas.

Alguien se rió y después, notó como le pegaban un puñetazo en el vientre que la hizo gritar.

—Llevadlos al campamento.