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Buscándote

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Capítulo 9

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Hijikata apunto con su arma.

Hoy mataría a la mujer que amaba su compañero, Okita Sougo, hermano de su amada.

― ¿realmente crees que no te matare?―la pregunta quedo en el aire. Ella no le respondió, lo miro más seria, segura, estaba determinada a vivir.

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´´Toshi´´

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La voz de Mitsuba volvió a resonar en su cabeza, era un arma que apuntaba su propio cuerpo contra su psiquis. Recordarla en estos momentos era una desventaja, su mente no podía seguir concentrándose en el combate.

Era algo tan común imaginarla a su lado, caminar junto a ella hasta la oficina de la policía, verla tocar la cabeza de Sougo cuando este se acercaba a él, incluso despedirse como solía hacerlo cuando estaba viva.

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´´presenta estrés post-traumático´´ ese había sido el diagnostico que recibió de su psicóloga. Estrés post-traumático, rememorar hechos dolorosos de su pasado. Aunque había una solución, un importante y extenso tratamiento de días y días de sesiones con la psicóloga. Pero ¿por qué lo haría? Si su mente le estaba dando la posibilidad de recordarla todo el tiempo, de sentirla siempre, ¿Por qué haría que desaparezca?

Al principio había sido un alivio para su alma, ella seguía a su lado aun si fuese todo una ilusión. Pero un tiempo con estas alucinaciones, le demostraron lo equivocado que estaba. Las noches en que la veía hablar pidiendo ayuda y el sin llegar a tiempo. Las pesadillas de ella muerta en un calabozo, de verla llorando, de pedir ser salvada.

´´ ¿Por qué dejaste que muera, Toshi?´´ el reclamo en su cabeza, tan insistente e insufrible. Su psiquis comenzó a romperse, a sentir que esas palabras fueron reales, una dedicación a su persona, un reclamo al hombre que ella había amado.

Hijikata comenzó a confundir la realidad con sus ilusiones, llegando casi al borde de la locura.

Seguir en la policía, pasar a ocupar el puesto de kondo, sentir la presión de las responsabilidades mientras ese mocoso seguía pareciéndose a ella. Sougo le recordaba a ella, era un estigma que sentía alojado en su corazón.

´´ ¿por qué?´´ se encontró odiando el que Sougo viviera y no Mitsuba. Ambos habían sido abordados en la casa, secuestraron a Mitsuba, pero Sougo estaba bien, sin siquiera presentar lesiones. Sintió odio por el menor, pero así como aparecía volvía a negar esa ira, él no había sido así, él se preocupaba por Sougo.

¿tú eres Hijikata-san?―Sada Sada había contactado con él por vía de un móvil imposible de rastrear―quiero hacer un trato… con un alma desdichada como la tuya―

Había sido de lo más repugnante y traicionero que había hecho, lo aceptaba, pero quería respuestas. ¿Por qué se llevó a Mitsuba? ¿Por qué no fue él? No negó la invitación, escucho la dirección y partió hacia allí. Llevo el arma reglamentaria, tal vez perdería su puesto y su libertad, pero el tormento acabaría. Quería matar a ese corrupto.

sabía que vendrías―aseguro el anciano. Hijikata sostuvo con más decisión su arma, estaba preparado para matarlo―conozco tu situación, perder a un ser querido por la nación debe ser muy trágico, ¿no?―dijo burlón.

Hijikata no aguanto más y levanto el arma, ¿se reía de él? Ese bastardo fue quien mato a su amada. Sada Sada calmo sus facciones dejando una sutil sonrisa de lado.

¿ME ESTAS JODIENDO? ¡POR TU CULPA MURIO!― grito irritado. Sentía como su cuerpo estaba lleno de adrenalina, en cualquier momento dispararía y arrebataría esa patética vida frente suyo.

te equivocas Hijikata-san, ella murió culpa de las políticas de la nación―su sonrisa se ensancho―estamos en un gran problema económico, nuestro futuro pende del dinero. El efectivo y el crecimiento de armamento, somos una sociedad materialista. Tu esposa murió porque nos investigaste, estabas destruyendo la principal fuente de ingresos que Edo había armado con mucho sudor…―

¿ACASO PIENSAS QUE TE CREERE? TU SOCIEDAD CORRUPTA NO TIENE NADA QUE VER CON…―al lado de Sada Sada, una pantalla se prendió. Cientos de imágenes, políticos respetables, medianamente conocidos y muchos de un honor impecable, extranjeros, empleados minoristas y policías, muchos eran conocidos de él.―pero que…―

ellos…―Sada Sada llamo la atención del capitán de la jefatura de Edo―ellos son todos los que pelean por una economía estable en Edo, todos aspiramos a algo mejor, tu estuviste a punto de acabar con ello―Hijikata estaba estupefacto―el único culpable de la muerte de tu esposa, eres tu―

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Kagura lanzo el primer disparo, mientras Hijikata se había acercado rápido a ella para golpearla con fuerza en el estómago sacándole un quejido de dolor mientras terminaba chocando contra el concreto. Antes de que vuelva a golpearla con un puñetazo en la cara, ella consiguió esquivarlo y lanzar una patada por sobre su cabeza mientras que con una de sus manos gatillaba su arma en su dirección. Una bala roso su mejilla alejándolo mientras este disparaba sin miramientos hacia su persona. Kagura escapo rodando y cubriéndose detrás de uno de los árboles. La pelirroja tenía una herida de bala en su brazo derecho.

Volviendo a cargar el arma, salió a hacer frente a la situación, pero Hijikata…

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No le había creído una sola palabra a Sada Sada, ¿Qué era por el bien de la nación? ¿El sustento económico que manejaban? Esas eran calumnias, descreía totalmente de él.

te daré lo que quieres― Sada Sada quería un trato con Hijikata y lo conseguiría de algún modo. Hijikata rio ante esas palabras, ese corrupto no podía darle lo que él quería, ya no podía―se quien disparo contra ella―

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Hijikata tenía un caño oxidado en sus manos que levanto para golpear con todas sus fuerzas contra ella. El impacto fue algo que Kagura no pudo prever. Gracias a un impacto de bala en su abdomen, cerca de las costillas, Kagura pudo alejarse mientras Hijikata se sujetaba el área afectada.

Ensangrentada, Kagura sentía como la sangre escurría por toda su frente, nublando su vista. Estaba por perder la consciencia, el golpe había sido fuerte, no se sorprendería si le dijeran que tenía un corte en la cabeza. Limpiándose con la manga de su camisa, observo como Hijikata volvía a apuntar con esfuerzo hacia ella. Kagura volvió a levantar el arma, preparada a no perder.

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Días habían pasado desde aquel encuentro con Sada Sada. Hijikata comenzó a analizar las posibilidades de aceptar el trato. No dudaba que el culpable de su tragedia sea principalmente él, pero…

Sus pesadillas, sus alucinaciones seguían insistiendo, pero con un matiz distinto. Sus sueños olían a corrupción.

Solía verse caminando alegremente con Mitsuba de la mano, rodeándola de la cintura y besándola con muchas ganas. No era muy demostrativo en público, pero tenía noción de que aquello era una simple ilusión y quería aprovechar lo más que podía.

El sueño comenzaba como todos los demás, una clara visión de sus más ansiados deseos, la dicha lo embriagaba. Los pétalos de cerezos, recuerdo de la proposición que le hizo el día de su reencuentro, y las sonrisas celebres de los vecinos por verla feliz. Mitsuba hacia brillar su mundo.

´´mátenla´´ la luz radiante se opacaba y las risas se volvían en gritos de pánico ´´mi hijo no tiene que comer´´ gritaban los transeúntes mientras tironeaban de ella alejándola de su lado.

La persecución comenzaba y en medio de la desesperación encontraba un callejón oscuro y sucio donde el cuerpo sin vida de Mitsuba gritaba desde su fuero interno que él había sido el culpable.

Despertar sudoroso y con el blanco cadavérico en su tez era cosa de todas las mañanas.

si la sociedad…―comenzaba a decir con esfuerzo―… ellos me la arrebataron―sudaba mientras sentía su cabeza explotar―Mitsuba murió por el egoísmo… de ellos―

Hijikata había caído en la trampa.

Sentía como máximo culpable a todos aquellos que estaban en esa lista, eran sus enemigos, pero debía ir contra la sociedad que le arrebataron a su querida Mitsuba… él se encargaría de destruirlos a todos.

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Después de un intenso tiroteo, Kagura termino sin balas al igual que Hijikata, pero sentía la desventaja que había entre ambos. Ella no tenía otra arma a su disposición como él. Busco a por los alrededores pero no hallo nada.

―te estoy esperando, Kagura―escuchar su voz burlona le dolió, no se escuchaba como el Toshi que ella había conocido. Realmente había estado agradecida que no haya hablado durante la pelea, su voz la afectaba y el cariño que le tenía y seguía teniendo la hacían dudar.

― ¿por qué haces esto?―pregunto. Kagura quería una explicación del porqué de sus actos. Quería saber si el desea ayuda, si quería esa ayuda.

―no lo entenderías― su voz sonó gruesa y apagada.―porqué aun crees en la ilusión de ´´Toshi´´. Y ese hombre no existe.―

Kagura se mantuvo en silencio, esperando que la voz que salga de su garganta no se quiebre al momento de hablar. Cuando comenzó a sentir pasos a su espalda, se mostró ante él.

―creí que eras fuerte―su voz se oyó a reproche, pero su mirada era nostálgica―pero resulta que eres solo un bebe llorón―

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Sougo no podía evitar sentir dolor por la herida en su mano. Crispo por unos segundos sus facciones esperando a que el sujeto frente de él no lo vea.

El hombre rio divertido y a pesar de tener todas las de ganar con su arma, este sujeto la guardo.

― ¿sabes que es mejor que matar con un arma de fuego?―pregunto sacando tres navajas de su chaqueta―esto provocara más dolor para ti y más placer para mí―paso su lengua por el filo de la hoja disfrutando del bello arte que vería a continuación. Sougo no parpadeo esperando el ataque, la confrontación que ese psicótico llegaría a hacer.―veré la carne expuesta del hermanito de esa mujer. Sabes, deberías agradecerme por llevarte junto a ella―

El asesino enfrente de él ataco con agilidad empuñando dos armas blancas en cada mano, Sougo esquivo una estocada, pero la que continuaba, con un movimiento fluido de su muñeca, consiguió rasgar su ropa en el lado izquierdo del abdomen sacando gotas de sangre. Fue un corte limpio y superficial, pero le daba a Sougo el indicio de que no era un sujeto para tomárselo con calma. Ágil como pocos había visto y sin noción del propio dolor que sentía. Y es que, Jiraiya se mantenía inmune en su posición a pesar de que Sougo había golpeado el lado derecho de su cabeza. La sangre fluyo llegando hasta sus canales auditivos y parte de su rostro. Jiraiya sintió más aun la excitación al oler sangre humana.

Sougo se quedó quieto para observarlo lamer unas gotas de sangre de su rostro. A pesar de verse retorcido, no podía sacar su vista de la herida expuesta que tenía en el rostro. Su globo ocular derecho estaba expuesto, ´´ ¿quemado?´´, ´´ ¿tuvo un incidente con ácido, quizás?´´ no podía dejar de pensar en ello.

―una herida de guerra―dijo comprendiendo hacia donde iba su mirada―después de que conoces el frio y el hambre, no te importa mucho entrar en un edificio, a hurtadilla por las noches, para encontrar calor. Claro que nunca esperas que los vecinos lo prendan fuego por una queja insignificante―hundió sus dedos en la carne expuesta infringiéndose daño a su propio cuerpo―los humanos estamos podridos, la sociedad lo está. Piensan solo en lo superficial, expresar su ira como se les da la gana y terminan haciendo cosas estúpidas―el sonido gutural de su risa, puso en alerta a Sougo que de inmediato dio un paso hacia atrás―si tan solo hubiese sido una marca lo que destruyeron…― recordar el cuerpo calcinado de su hermana menor gritando de dolor aun cuando seguía siendo consumida por las llamas, lo llenaba de rabia y dolor. Quería devolverle el mismo sufrimiento que la sociedad le había provocado.

Sougo no decía nada, el recuerdo de su hermana y lo que ella era para él, la importancia de su presencia en su vida y la desolación que dejo al irse. Aún estaba procesando el hecho de que la enfermedad no había sido lo que la alejo de él. El asesino estaba frente suyo.

Sin importar que estuviese más armado que él, ataco sin miramientos golpeándolo cada tanto, mientras Jiraiya seguía rasgando su cuerpo con cada rose de sus navajas. Moviéndose con mucho esfuerzo consiguió patear la cabeza de ese desquiciado, tirándolo en el piso inmovilizándolo. Pero él tenía otro as bajo la manga. Aun con las navajas alejadas de su ser, este consiguió a pesar de estar tirado y sometido por Sougo, dislocarse el brazo para llegar a un Tanto escondido entre sus prendas. Sougo no pudo prever eso y de un movimiento fluido consiguió hacerle un tajo profundo en el pecho llegando hasta el hombro.

Se alejó unos centímetros para sujetar su herida mientras este se volvía a acomodar el brazo y pateaba su cuerpo gravemente herido lejos de allí.

―creo que ya me canse―comenzó a hablar. Palpo su ropa sacando el polvo de su chaqueta―fue divertido, oficial Okita Sougo―se acercó a su desplomado cuerpo. Sougo aun hacia esfuerzos por mantenerse consiente de la situación―pero creo que es momento de terminar con esto―el de ojos rojizos ya no recordaba cuantas veces lo habían apuntado con un arma ese día.

― ¡DETENTE, BAJA EL ARMA!―el grito de Shinpachi llamo la atención de ambos. El pobre oficial había sido el único que había quedado con vida después de que mataran a todos sus compañeros.

Sougo hizo un último esfuerzo por patear su arma de la mano de su agresor con mucho éxito. Claro que, Jiraiya, no se quedaría tan tranquilo con ello. Sacando nuevamente su Tanto se acercó peligrosamente al pecho de Sougo, lo que desencadeno el deceso inminente del mismo Jiraiya. Shinpachi había disparado contra su pecho, rompiendo su aorta, traspasando un hueso de su caja torácica y terminando de incrustarse en su corazón, dándole una muerte instantánea.

Muerto, ambos consiguieron suspirar de alivio, aunque un quejido por parte de Sougo alarmo al oficial Shinpachi, quien se acercó a socorrerlo.

― ¿se encuentra bien, Okita-san?― examino su herida en el pecho, debían de hacerle una sutura pronto.

―no es nada―le restó importancia, estaba más interesado en otras cosas, como…― ¿Cómo sabes que…?― quiso preguntar pero un ardor en el pecho al ser cubierto por un vendaje con alcohol lo saco de sus divagaciones.

Shinpachi lo estaba curando, o eso intentaba con las herramientas que tenía a mano, debía ir directamente al hospital.

―soy miembro de la policía de kabuki-cho que entro para investigar la corrupción de la jefatura de Edo, conozco bien su trabajo oficial Okita. Aunque seguramente tenga muchas preguntas, podríamos dejarlo para más tarde. Sus heridas están primero―incoó su pie en la tierra para ayudar a que se levante poniendo un brazo de Okita Sougo alrededor de su cuello.

―´´ ¡Shinpachi!´´―la voz de su jefe estaba sonando por el radio trasmisor que colgaba de su cinturón―´´Shinpachi, responde''― dejando a Sougo sentarse en una roca tomo el radio para hablar con su superior.

―sí, te escucho Gin-san, ya encontré al oficial Okita. Todo está en orden―respondió esperando una respuesta.

―´´Shinpachi, hay otro oficial en la zona´´―el de anteojos se sorprendió, había revisado todos los alrededores y no encontró a nadie. Por su parte Sougo no pudo pensar muy claramente cuando escucho ese mensaje, lo primero que pensó fue que Kagura…

―Gin-san, no he visto a nadie más. ¿Estás seguro?―dijo por la radio.

―´´la oficial Yato Kagura se encuentra en la zona´´―Sougo se movió por pura inercia, manchando sus vendajes con gotas de sangre por el movimiento brusco al levantarse de su sitio.

― ¿qué?―pregunto aturdido al woki-toki.

―´´ve rápido Shinpachi, Hijikata Toushirou esta con ella´´―

Hijikata consiguió herir a Kagura en el brazo derecho. El arma blanca que portaba se incrusto en su hombro provocando un chillido en la chica que de inmediato, y con el rostro crispado por el dolor, dio un puñetazo en su pecho, seguido de una patada en su hombro. Estaba en desventaja, sí. Pero era una profesional en combate cuerpo a cuerpo, no permitiría que un arma la detenga.

El combate no duro mucho más, Kagura estaba exhausta y con sus pensamientos nublados, la hemorragia en su cabeza volvía después de un esfuerzo por querer golpearlo o, incluso, salvarse.

Un corte superficial en su mejilla, seguido de una apuñalada en su pierna, termino dando la victoria al hombre, quien sonrió al ver como no podía conseguir levantarse.

―acabare con esto de inmediato―explico con su rostro vacío de emociones.

Kagura se arrastró lejos de él, sin saber que podría hacer. Estaba en desventaja. El alzo el cuchillo con el impulso de clavarlo en su cuello, pero la ansiedad de vivir la consumió.

Con mucho dolor se giró a un costado. El arma de Hijikata quedo clavada en la tierra momento en que ella aprovecho para patearlo y escapar de la zona.

―maldición― Hijikata miro con sus ojos oscurecidos la dirección en la que Kagura se había ido, pensó en buscarla, pero como siempre ese viejo volvía a llamarlo por su woki-toki.

―´´retírate de la zona. Hemos sido descubiertos´´―dijo el viejo fastidiado―´´Jiraiya ha muerto y los datos están en manos de la policía de Edo´´― sin expresar asombro o incredulidad, respondió a su llamado.

―entendido―

Por otra parte, Kagura se encontraba exhausta de tanto correr. Su peinado había quedado desarmado y su cabello se mezclaba con el olor fétido de la sangre seca. Las sensaciones la abrumaban, por un momento se había olvidado su principal propósito de ir allí. Sougo estaba en algún sitio. Camino un par de pasos antes de sentir la bilis dándole una advertencia de que vomitaría si seguía esforzándose.

Pensó que no lo encontraría jamás, hasta que escucho el grito de Shinpachi ´´ ¡Kagura-chan!´´, la chica apuro sus pasos para encontrarlo, tal vez el sabia donde se encontraba ese perdedor del que se había enamorado.

― ¡china!, ¿dónde estás?― la voz llena de esfuerzo de ese bastardo la impulso a seguirlos. Pero su bilis ya había hablado, a su tercer paso no pudo evitar que su estómago devolviera la comida de la tarde junto con pequeños hilos de sangre. Sus piernas flaquearon y sentía sus ojos perder la visión.―mierda―maldijo Sougo al no poder encontrarla.

―quédate aquí, iré a buscarla―Shinpachi podría abarcar más espacio al no tener impedimentos para moverse. Sougo se maldijo por su estado sin saber que estaba a centímetros de Kagura.

―Sougo―la voz floja y debilitada de la chica lo volvió a la realidad. Miro a sus alrededores hasta encontrarla. Estaba muy mal herida y sus ojos parecían cerrarse pronto.

Olvidándose del dolor que podría llegar a sentir, se acercó lo más que pudo, la abrazó calmando su preocupación. Kagura no pudo evitar suspirar al encontrarlo. Ella era una chica que podía encariñarse con alguien en muy poco tiempo, eso había ocurrido con Hijikata. Pero Sougo fue un asunto aparte. Jamás pensó en tomarle tanto cariño –y a su vez, odio- a un sujeto como él.

En medio del abrazo más afectuoso que se pudieron haber dado, ambos terminaron arrodillándose sobre la tierra buscando confort en su cuerpo magullado. Si fuese por ellos se hubieran quedado un rato más, sintiendo el alivio en sus hombro y pecho, pero Shinpachi había llegado. Con incomodidad forzó su garganta para toser un poco dando indicios de su presencia. Ambos se separaron, manteniendo el contacto.

―la ambulancia está llegando, Kagura-chan, debo revisar tu herida―la chica asintió y Sougo se alejó un poco para que pueda ser curada, aunque mantuvo el rose de sus manos en una búsqueda de contacto.

Para cuando la ambulancia llego, Kagura no había podido evitar perder la conciencia. Por otro lado, Sougo llego bastante lucido hasta el hospital. Dio, junto a Shinpachi, el reporte y los nombres de los acusados en todo aquel complot.

Gintoki, también había hablado, mostrando los papeles que había conseguido de la fuente de datos de Shimaru Saitou. Por otro lado el hacker, se encontraba en estado crítico por deshidratación, había sido un milagro que sobreviva durante todo ese tiempo.

Las autoridades comenzaron a drenar, junto al apoyo de Shige Shige, las jefaturas de policía de todo policía corrupto. Así como todos los involucrados en este caso, el cual se volvió famoso, terminaron apresados.

El cuerpo de Jiraiya fue encontrado y sepultado al lado de su pequeña hermana menor. Pero el instigador de todo esto, el principal perpetrador, Sada Sada no había sido encontrado aún, así como el ex-oficial de policía, Hijikata Toushirou.

― ¿Qué planea hacer?―había preguntado Hijikata al ver como el viejo Sada Sada esperaba en la azotea de un antiguo edificio.

―nosotros no tenemos nada que hacer aquí, la principal fuente de nuestros recursos, el Tendoshu nos ha dado la espalda. Lo único que nos queda es irnos a otro lugar―explico el anciano. Un helicóptero arribaría allí con una clara indicación del anciano corrupto.

―yo no tengo nada que hacer en otro lugar―Hijikata hablo taciturno―no me iré de Edo―aseguro.

― ¿qué dices Toushirou? Estamos siendo buscados, no seremos libres por mucho tiempo―

―lo sé―se acercó al anciano clavando su Tanto en su estómago. Entre toda su locura solo pudo escuchar un ´´ ¿qué?´´ de parte de Sada Sada―no tengo objeciones, viejo―explico―ni lamentaciones, pero no me iré, aun no término con esto. Además, no se me olvida que tú eres parte del asesinato de Mitsuba― Sada Sada cayó al piso aterrado.

―pe… pero tu comprendiste lo podrido de la sociedad, estabas de acuerdo con destruirla…―su voz temblorosa dejo en claro su pavor a morir.

―y no cambiare mi camino―aseguro el hombre de ojos azules―pero… no dejare que te vayas. Mitsuba merece paz. Jiraiya, tu…―lo miro penetrante―y seguramente seré el próximo―

―espera… podemos arreglarlo―comenzó a rogar con desesperación tratando de tocar sus pies implorando misericordia.

―lo siento, pero Mitsuba ruega que te mate―alzo su arma empuñándola con fuerza. Un tajo descendiendo por todo su cuerpo hasta el abdomen, un corte profundo y mortal.―el siguiente seré yo, kondo-san―

La puerta que daba a la terraza del viejo edificio se abrió dejando ver a un hombre adulto con facciones rígidas y un semblante que destellaba seguridad. El antiguo jefe de la policía de Edo, Isao Kondo, se encontraba parado a sus espaldas.

―deberías rendirte, Toshi. Tu realmente necesitas ayuda―su voz suave y comprensiva intentaba apaciguar el ambiente y hacerlo entrar en razón― Mitsuba no volverá sin importar lo que hagas―

´´Toshi´´

El susurro volvía a su cabeza, y la imagen de Mitsuba se materializaba a su lado, solo que esta vez ella le extendía su mano. El sonrió al verla tan viva, una contradicción de la realidad.

―Kondo-san―comenzó a hablar tranquilamente―yo no busque nada más que destruirlo todo―aseguro―incluso Sougo, yo realmente quise matarlo. No me arrepiento de mis decisiones a pesar de que todo lo que haya hecho haya estado mal―Hijikata hurgo entre sus bolsillos sacando una pequeña pistola, abrió el cañón y observo una bala. Sonrió de manera divertida.

― ¿Toshi…?―

―no quiero escuchar excusas por mis acciones, psicológicamente puedo no estar bien, pero no me gustaría quedar absuelto y terminar en un neuro-psiquiátrico―explico entre suspiros―además… estoy cansado. Quiero verla―Kondo se preocupó, su mirada se veía nostálgica y llena de añoranza.

―detente, no puedes…―

―Kondo-san―lo detuvo en medio de sus palabras―realmente necesito un tiempo a solas―pidió. Kondo no quería retirarse, quería ayudarlo, pero…

―Toshi―se acercó para abrazarlo―Mitsuba-chan no desearía que hagas esto― Hijikata se separó y espero a que él se vaya. Se lo agradecía profundamente, pero él ya había tomado su decisión.

El cuerpo de Kondo comenzó a esfumarse como siempre lo hacía. La presentación de su antiguo capitán había sido, desde el principio, la materialización de lo poco que quedaba de su cordura. Ya no le quedaba razonamiento, solo la necesidad de cumplir sus deseos. La imagen de Mitsuba volvió a aparecer delante de él, extendiendo su mano para irse, ella era quien representaba sus más profundos deseos, toda la locura que tenía en su cuerpo se materializaba, irónicamente, en la mujer más pura que había conocido en la faz de la tierra.

Tomando esa mano ficticia, apunto su sien con seguridad. Formo una sonrisa, de esas que solo le daba a ella y gatillo cerrando sus ojos para siempre.

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Creo que fui muy malvada con Hijikata, recién me estoy dando cuenta.

Me disculpo, hare algún one-shot que termine feliz y con Mitsuba XD

Bueno, dejo una aclaración:

Tanto: Es una especie de puñal fino con un solo filo y se llevaba escondido. Solamente se usaba en caso de emergencia. Generalmente se carga en el obi (cinturón), y se utiliza para efectuar ataques sorpresivos.

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Dejando esto de lado, espero que les haya gustado, ya llegamos al clímax de la historia. El desenlace se dará en el próximo capitulo, el cual será el último.

Lo publicare en cinco días, o al menos eso es lo que quiero.

Nos estaremos leyendo, cuídense.

¡Bye!