Hola! aquí estoy con un nuevo capítulo. gracias a todas las que me leen, aunque mi historia no parecer tener mucha aceptación, pero bueno, quiero terminarla porque esa era la principal. espero que os guste! besossss
Capítulo 9: Fidelidad.
Había llegado el momento. Estaba al pie de las escaleras de la gran casa de los Swan esperando por su prometida. Se le formaba un nudo en la garganta y le costaba hasta respirar solo de pensar que a partir de esa noche ya no solo sería oficial para ellos, sino para todo el mundo que Edward Cullen estaba prometido y que en solo unas semanas se casaría.
Miró de nuevo el reloj, ya llevaba esperándola 10 minutos, ¿pero qué pensó que pasaría? ¿Que la orgullosa Bella Swan iba a estar esperando por él ansiosa? Eso sería demasiado para ella. Pero él le dijo muy claro por teléfono que a las 7 llegaría a por ella, a su casa y que se irían juntos a la fiesta que se celebraría en la mansión Cullen.
Se estaba impacientando, ya pasaba de 15 minutos esperándola, recargaba su peso en uno y otro pie o daba pequeños paseos de un lado a otro de la escalera, su pequeña se hacía de rogar demasiado. Mas le valía bajar pronto porque sino él mismo subiría, se la echaría sobre los hombros y la metería en su volvo.
De pronto una diosa de mitología comenzó a bajar las escaleras, o al menos eso le pareció a él. Más que caminar parecía bajar flotando, un halo de belleza la envolvía. Edward se quedó deslumbrado mirando a Bella. Su cabello largo caía en suaves y naturales hondas sobre sus hombros, su maquillaje era suave, el vestido de un color crema resaltaba sus pechos, su delgada cintura, la cola le hacía parecer una sirena de cuento. Estaba bellísima. En ese momento comprendió que esa noche, mas que todas las veces anteriores en que la había visto le iba a resultar realmente difícil apartar sus manos de ella. Necesitaría de todo su autocontrol.
Bella llegó al final de las escaleras y miró divertida a Edward. Lo traspasó con sus ojos chocolates. Sabía que él se había quedado con la boca abierta. Nunca había pensado en ella como una mujer bella, se creía mas bien del montón, pero como toda mujer de vez en cuando sabía sacar partido a sus atributos. Y eso había hecho esa noche, se había arreglado más de lo normal y solo para él, quería que esa noche la mirara, quería su atención y quería ver brillar sus ojos dorados de deseo. Lo había conseguido. Edward Cullen no apartaba sus ojos de su cuerpo, su respiración no era del todo regular, sus puños estaban cerrados y su mandíbula apretada.
- ¿Nos vamos? Es tarde.- Dijo Bella pasando por delante de él con la cabeza bien alta.
- La culpa es de cierta hermosa mujer. Me encanta tu vestido, sobre todo por la espalda.- Edward puso su mano en la parte alta de la cintura de Bella, que se encontraba descubierta. Con eso no contaba ella, con el contacto de él, porque de pronto allá donde su mano la tocó ardió y un cosquilleo se instaló en su vientre, junto con un intenso rubor en sus mejillas que no pasó desapercibido para Edward, él sonrió satisfecho. Resopló un par de veces y siguió su camino hasta el volvo de Edward. Esta iba a ser una noche muy larga.
Bella comenzó a sentirse nerviosa de nuevo de camino a la mansión Cullen, ni siquiera había hablado con Edward para ponerse de acuerdo sobre qué iban a decir y esta noche ellos serían el centro de atención de todas las miradas y las preguntas también. Bella odiaba ser el punto de mira en cualquier circunstancia y las fiestas de sociedad a las que se veía obligada a asistir de vez en cuando no eran para nada de su agrado. Esta era una de ellas, además ahí estaría Aro y sabía de sobra que su objetivo sería analizarlos hasta comprobar que todo era una farsa y así invalidar la clausula del matrimonio. No lo conseguiría, no iba a dejar que todo lo que Marco había conseguido se derrumbara y que decenas de personas se quedaran sin su trabajo y todo por un rencor estúpido y sin fundamento. Dydime nunca amó a Aro.
Edward mantenía silencio, en su mente rondaban los mismos pensamientos que en los de Bella, pero él estaba tranquilo, nadie podría imaginar que todo era un simple acuerdo entre ellos. Además Edward estaba decidido, si Bella no rompía su palabra de casarse con él, la boda se llevaría a cabo, no se decidiría ante el altar, sabía que una vez allí ambos sabrían que la vuelta atrás se haría imposible. Tendrían que discutir, resolver algunos puntos y llegar a un acuerdo de cómo sería sus vidas una vez casados, aunque él ya tenía unas ideas bastante buenas en la cabeza. Notaba como Bella se retorcía las manos y se mordía el labio inferior de vez en cuando, ella estaba nerviosa, quizás él podría tranquilizarla, pero no supo cómo y se dio cuenta de que en realidad no conocía demasiado de Isabella Swan.
Por supuesto no sabía que ella no había tardado demasiado en arreglarse por ser impuntual o por fastidiarlo a él, sino porque se había pasado media hora sentada en el suelo del baño temblando con solo pensar en lo que iba a hacer. Ella no quería casarse, nunca lo había querido. En el momento que vio su vestido para la fiesta de su compromiso sobre la cama le entró el pánico. Aunque su matrimonio no fuese de verdad, sería un matrimonio a la cara de todos y ella no tenía ni idea de cómo se debía de comportar. No sabía cómo sería su vida de casada, tendría que preocuparse de llevar una casa, pero ¿qué casa? Ni siquiera habían hablado de dónde vivirían.
El ruido del móvil de Bella comenzó a sonar. "Renné estará impaciente" pensó Bella, pues sabía que llegaban un poquito tarde. Pero no era Renné. Suspiró resignada y descolgó, intentó poner una voz amable y simpática. Mike no tenía la culpa de ser tan pesado, era inevitable para él.
- Hola Mike.
A su lado Edward Cullen se tensó y puso en alerta sus cinco sentidos. ¿Mike llamando a Bella la misma noche de su compromiso?
- ¡Hola cielo!- Bella puso los ojos en blanco ante la efusividad de Mike. Ella no era su cielo y le fastidiaba bastante que la llamase así.- Estoy en un sin vivir, dime que no es verdad que te vas a casar con Edward Cullen.
- Si Mike, es verdad.- ¿Para qué mentirle? Además, su matrimonio con otro hombre era la razón perfecta para que él no volviese a molestarla ni a imaginarse un futuro inexistente con ella. Edward a su lado se tocó el puente de la nariz, no soportaba al estúpido de Mike Newton, ¿cómo podía gustarle a Bella?
- Me estas matando Bella, yo creía que entre nosotros había algo.
- Mike…- Bella puso una cara apesadumbrada y culpable. Si ella no se hubiera liado con Mike ese par de vergonzosas veces ahora el chico no tendría esas ilusiones puestas en ella. Edward malinterpretó esa cara como culpa por no poder verle. Sintió que a Bella le gustaría estar con Mike en ese coche en vez de con él.
- Pero no importa, como tu siempre has dicho el matrimonio es solo un papel. Estaría bien que quedáramos esta semana o quizás esta noche después de la fiesta, ¿qué dices cielo?
- ¿Qué…?- Bella iba a decirle que qué estupideces se le ocurrían, que ella no iba a quedar con él nunca, que se iba a casar y que no le interesaba para nada verse con él, pero una fría mano le arrancó el móvil de la suya. Se volvió y vio a un Edward realmente enfadado.
- Hola Mike, soy Edward. Debes saber que Bella no va a estar disponible para ti nunca más. Debes saber que es conmigo con quien ella ha elegido casarse y te agradecería que no la volvieses a llamar.
La aterciopelada voz de Edward se mantuvo en un tono bajo, casi podría decirse que cordial pero tan peligrosamente amenazante que Bella se quedó petrificada por unos segundos. No conocía esa faceta de Edward, podía ser un hombre intimidante, peligroso e imponente solo con su voz. Y le sorprendió aún más que esa parte de él le resultara tan atractiva. Cuando reaccionó lo hizo realmente enfadada, le arrancó su móvil de las manos.
- ¿Quién te ha dado permiso para interrumpir mis llamadas Cullen?
- Yo mismo.- bella soltó un gritito de rabia. ¡Estaba de los mas tranquilo!- No me parece bien que tengas citas con otros hombres y menos con Mike.
- ¡Yo no te pido explicaciones asi que tú no tienes por qué pedírmelas a mi!- A este punto Bella gritaba. Ella sabía que él se había visto con una rubia en Londres, mas cara no podía tener.
- Me da igual lo que digas, no vas a ver a Mike y punto. ¡Es un imbécil!
- Pues ya sois dos.- No le iba a decir que Mike no era imbécil porque eso sería una mentira demasiado grande. Y ella no quería ver más a Mike, pero Edward no podía llegar a su vida de un día para otro y darle órdenes.
- Quiero que sepas una cosa Isabella Swan. No voy a dejar que mi prometida y mucho menos mi esposa esté por ahí con otros hombres, así que ve olvidándote de Mike, de Black y de todos tus amiguitos.
- ¿Qué? ¡Eres un machista! ¿Y cuántas veces voy a decir que Jacob es mi mejor amigo y que no voy a dejar de verlo?- Edward conducía a toda velocidad, faltaba poco para llegar a la casa de sus padres. "Perfecto", pensó "haremos una entrada en escena triunfal".
- Pues no me gusta tu mejor amigo.
- ¿Te he pedido tu opinión? No.
- No voy a consentir estar en boca de todo el mundo porque mi mujer me es infiel.
- ¡Ja! ¿Serás hipócrita? Yo no me metí en la cama de ningún otro a los pocos días de nuestro "compromiso" pero, ¿qué hiciste tú en Londres? ¡Te fuiste con la primera rubia que se te cruzó por camino!
- ¿De qué estás hablando loca?- A este punto Edward también estaba enfadado. Él no se había metido en la cama de ninguna mujer desde que piso Edimburgo, es más, ahora que hacía cuentas hacía tres semanas de su última conquista y por entonces ni siquiera conocía a Bella. Había sido un lío de una noche y la verdad, no le quedaron ganas de llamar a la chica, no recordaba ni su nombre.
- ¡De que todos saben lo mujeriego que eres! ¡Además Lauren te vio en Londres con una rubia del brazo en una fiesta de caridad!
La dichosa fiesta de caridad a la que acompañó a Tanya. Bella hablaba de su loca amiga, de su loca y rubia amiga. Sin más Edward empezó a carcajearse, era absurda la idea de él y Tanya. Entre ellos nunca había ocurrido nada, no porque Tanya no le resultara una mujer atractiva, sino porque era su mejor amiga, una sesión de sexo con ella estropearía la relación que tenían y porque si él intentara algo con ella, Tanya no dudaría en patearle sus partes nobles.
-¡Para el coche!- Bella estaba indignada, encima Edward Cullen se estaba riendo de ella.
- ¿Qué?- Edward paró de reír y miró a la chica sentada a su lado para encontrarse con una Bella realmente enfadada, sus ojos cafés brillaban y lanzaban dagas asesinas a través de ellos.
- Que pares el coche Edward. Vamos a hablar.
Edward volvió a reír para más frustración de Bella, pero estacionó el coche en el alcen de la carretera por la que iban y paró. Bella sin pensarlo se desabrochó el cinturón y salió del volvo plateado. Pero no fue muy lejos, caminó unos cinco pasos y se detuvo, cuando se volvió se encontró a Edward casi a su lado. Él había hecho lo mismo que ella y la seguía de cerca, como si acaso fuera a escapar.
- Te voy a decir una cosa Bella Swan. Este matrimonio podrá ser todo lo falso que tú quieras pero no voy a tolerar que mi mujer esté por ahí con otros hombres. Así que ve haciéndote a la idea de que esos juegos a los que acostumbras se te van a acabar.
Bella retrocedió un paso, Edward acababa de utilizar con ella casi el mismo tono amenazante que usó con Mike. Su tono aterciopelado era bajo, solo susurros, pero claro, conciso, sin dejar dudas. ¿Qué sería capaz de hacer Edward si ella le era infiel una vez casados? No tenía la respuesta pero en ese momento le pareció mejor, porque quizás esta le diera miedo. Bella no quería irse con otros hombres, ni siquiera tenía idea de a qué se refería con eso de sus jueguecitos. Ella no era virgen desde hacía ya unos años, pero eso no significaba que tuviera sexo con cualquiera, de hecho se consideraba bastante poco experimentada en ese tema. En su vida sexual aparte de Jacob, con el que solo se acostó una vez, tan solo había habido un par de chicos más. Intentos de relaciones que luego fracasaron. Pero Edward Cullen parecía tener otro concepto de ella. Si supiera que desde que la besó en lo único que pensaba era en probar esos labios de nuevo… sabía que el día que besase a otro hombre no le sabría a nada y sabía que no sería fácil olvidar esa manera de besar tan dulce, tierna y arrebatadora a la vez. Y sentía que habría más besos entre ellos y su cuerpo, traicionando a su mente, estaba ansioso y dispuesto a recibir todo lo que él quisiera darle. Así que mientras no olvidara los besos de Edward tan solo un poco no podría siquiera besar a otro. Supo que para que eso sucediera tendría que pasar mucho tiempo, pues ¿cómo olvidar a un hombre como Edward Cullen? Pero si se dejaba dominar por él, entonces podría hacer con ella lo que quisiera. ¿Cómo le hablaba así?
- ¿Yo no puedo estar con otros hombres pero tú si con otras mujeres? No Cullen. Si yo te soy fiel entonces tú también me tendrás que ser fiel. Así que ve haciéndote a la idea de decirle adiós a tu rubia amiguita.
- Para tu información mi rubia amiguita se llama Tanya. Ella es mi mejor amiga y no voy a dejar de verla. Estaré encantado de presentártela el día de nuestra boda.
- ¡Eres un cara dura! ¿Yo he de entender tu relación con esa Tanya pero tú no la mía con Jacob? Él es mi familia.
- ¿Cómo Mike?- Edward la miró con incredulidad y burla.
- ¡No! No se por qué razón estás tan obsesionado con Mike, ¡por Dios! ¡Solo le he besado en dos ocasiones y casi nada más! ¡Las dos porque estaba borracha y de las dos me arrepiento! ¡No aguanto a Mike!
Sin duda Bella no pensaba ni lo que decía sino no le hubiese dado esas explicaciones y además a gritos. Edward supo que decía la verdad, quizás a ella no le interesara tanto Mike como le dijeron, aún así lo había besado, eso era un hecho. Y otro era ese "y casi nada más". Si Mike en ese momento apareciera, Edward lo hubiese fulminado, lo hubiese matado con su simple mirada. Nadie tocaría a Bella hasta que todo terminara entre ellos, de eso se aseguraría él.
La miró y se encontró con que la chica caminaba de un lado a otro con la cola de su vestido medio agarrada y tiritando de frío además, seguía enfadada, de eso no tenía duda y también supo que en su cabeza rondaban mil y una ideas, su ceño estaba más fruncido que de costumbre, sus manos estaban unidas y se retorcían sin parar.
- Te seré fiel, si es lo que quieres pero a cambio quiero la misma fidelidad de tu parte y quiero que sea real.
- Soy Edward Cullen, cariño, tengo compromisos, obligaciones. No voy a dejar de llevar la vida que siempre he llevado por tus caprichos.
Edward sonó bromista, no se estaba tomando en serio nada de lo que ella le decía y eso hacía que se enfureciera aún más. Pero Bella aún no conocía al verdadero Edward. Él la estaba escuchando y tras su aparente máscara de tranquilidad escuchaba y barajaba todas sus posibilidades. Bella le pedía fidelidad, él nunca le había sido fiel a ninguna mujer y sinceramente no sabía si sería capaz. Por otro lado quería a la mujer que tenía en frente en su cama, sabía que hasta que no estuviera entre sus piernas no le interesaría estar con ninguna otra, siempre había sido así, cuando se fijaba un objetivo no paraba hasta conseguirlo y aunque no quería casarse con Isabella ni muchos menos tener una relación seria, no había cosa en este mundo que deseara más ahora mismo que desnudarla, besarle todo el cuerpo, poder acariciar esos senos que prometían ser perfectos y que se le insinuaban en ese vestido tan provocador que llevaba e introducirse en ella tan hondo, tan adentro hasta que no fuera capaz de hilar ningún pensamiento racional. Cuando tuviera a Bella Swan así, podría pensar en estar con otras mujeres, pero en ese momento la fidelidad era algo factible para él.
- Bien, era solo una idea. Diviértete todo lo que quieras, tírate a todas las mujeres que quieras, pero si mañana sale en todas las revistas sensacionalistas que han visto a tu prometida poniéndote los cuernos en la misma noche de tu compromiso que no te sorprenda. Y si no te gusta siempre puedes llegar a la fiesta y contar que todo es una falsa. Total, solo se trata de ser sincero.
Edward gruñó y agarró a Bella por el brazo. Ambos ignoraron la corriente eléctrica que recorrió sus cuerpos. Se fulminaron con la mirada. Ambos pares de ojos brillaban con furia.
- ¿Quieres fidelidad Bella Swan? Bien, la tendrás. No lo dudes ni un solo momento. Pero no soy un hombre nacido para el celibato. Tú calentarás mi cama.
- Eso ni lo sueñes Edward Cullen.
Bella se soltó de un tirón del brazo de Edward y se dirigió hacia la puerta del copiloto del volvo de su prometido.
- Estaré entre tus piernas, pequeña. Es un hecho.- Edward se interpuso entre ella y la puerta del vehículo acorralándola con su cuerpo, haciéndola prisionera. Ella respiró hondo, alzó la cabeza y le miró a los ojos. Las orbes doradas del hombre que la traía loca estaban oscurecidas, le traspasaban la piel y la aturdían más de lo que a ella le gustaría.- Tenemos un trato preciosa, acabamos de hacer otra promesa, fidelidad.
Bella estaba mas nerviosa que nunca, veía que posiblemente sucumbiría a una seducción de Edward demasiado fácilmente y rápido. Él parecía tan seguro de si mismo, tan fuerte…
Sin más Edward le abrió la puerta del vehículo y casi la metió dentro y la sentó en el asiento del copiloto, cuando Bella salió de su aturdimiento el coche ya se había detenido de nuevo y su prometido le estaba abriendo la puerta para que bajara. El resto del camino había estado sumido en un silencio demasiado tenso por parte de ambos, en el que trataban de no mirarse sin conseguirlo.
Estaban frente a la mansión Cullen que se alzaba ante ellos imponente y majestuosa, reflejaba el mismo poder que la familia tenía. Todas las luces de la planta baja estaban encendidas, varias decenas de vehículos estaban aparcados a las afueras de la vivienda, una tenue música sonaba de fondo. No muy a lo lejos podía distinguirse Cartron Point.
Edward le tendía la mano, Bella suspiró y pensó que era el momento de actuar, ¿podría? No le quedaba mas remedio, tenía que hacerlo pues Edward no estaba dispuesto a acabar con toda esta locura de boda. Agarró la mano de él que de pronto se le antojó cálida y gentil. La ayudó a bajar del volvo y cerró la puerta, todo sin soltarle la mano, Bella tampoco lo hizo. Su mano no la molestaba, a la vez que le parecía suave le daba seguridad y la sensación de que no estaba sola. Comenzó a caminar hacia la entrada de la casa. Algunas ocasiones había acudido allí para discutir algún tema de negocios con Carlisle, esta noche volvía allí por los mismos motivos, pues su matrimonio no dejaba de ser una estrategia empresarial por parte de ellos. Y saldría ganadora, era buena en los negocios, esto era otro más, le restregaría a Aro en la cara que no tenía nada que hacer, que su plan era tan estúpido como descabellado.
La mano de Edward tiró de ella, deteniéndola y haciendo que se diese la vuelta para verlo. Al salir del coche Edward vio a varias Bellas distintas. La primera estaba demasiado nerviosa, aturdida y desconcertada, parecía perdida, después por su cara se reflejó una nota de seguridad para dejar paso a una claridad y, por qué no decirlo, obstinación, perseverancia, decisión. Toda la vulnerabilidad había desaparecido y una mujer fuerte y decidida tiraba de su brazo conduciéndolo a la casa. No pudo resistirse, le gustaba demasiado ese tipo de Bella, la imparable, la fiera, la impenetrable pero a la vez traviesa, sonrojada, apasionada y también, un tanto tímida y vergonzosa. Tiró de ella y la besó con toda la fuerza que pudo. Sus labios atacaron los de ella dejándola sin aire. Un pequeño gritito de sorpresa se escapó de los labios de Bella, pero no lo apartó, sino que entrelazó sus brazos en el cuello de él tratando acercarlo más a si misma. Acarició su cabello y cuando Edward delineó sus labios con su lengua pidiendo acceso, ella se lo concedió gustosa. El beso feroz se volvió inmensamente apasionado. Él jugaba con su lengua, acariciaba sus labios, no le daba tregua. Sus manos recorrieron muy suavemente la espalda al descubierto de Bella y ésta se estremeció. Sentía la pasión recorrerle el cuerpo. A su vez Bella, en un momento de atrevimiento quiso también tocarlo a él, aunque fuera por encima de la ropa. Bajó sus manos por sus brazos, maravillándose de lo fuertes y sólidos que parecían, aun con el traje que llevaba, pasó a su espalda y disfrutó de recorrer toda su anchura. Dios, parecía el hombre perfecto.
Edward sintió el deseo apoderarse del cuerpo de Bella y se sonrió a si mismo. No le era indiferente a esa mujer. Su piel era suave como seda, su sabor era el más exquisito que alguna vez probara en sus veinticinco años, su olor mezcla de fresa, fresias y ¿había algo más? Violetas y azahar. Con ese vestido estaba demasiado atractiva, dejaba poco y mucho a la imaginación, se le ocurrían miles formas de quitárselo. Pero tenía que controlarse, el objetivo era que ella perdiera el control, no él. Muy suavemente bajó una de sus manos otra vez por su espalda, recorrió su cintura y comenzó a ascender por la seda del vestido hasta los senos de Bella. Efectivamente no llevaba ropa interior. Mientras que con su otra mano acariciaba su cuello, su cabello, con la otra comenzó a rozar levemente los pechos por encima del vestido en varias ocasiones. Gruñó de satisfacción cuando Bella gimió y pronunció levemente su nombre. No la soltó y no le dio tregua. Masajeó con mas intensidad sus pechos, de uno a otro, sin dejar de besarla, no podía apartarse de esa boca tan apetecible. Eran perfectos, pensó él. Tenían el tamaño justo, ni demasiado grandes ni demasiado pequeños. A través de la fina tela notó como los pezones de ella se endurecían y en el momento en el que los tocó, los succionó y los masajeó un "Edward" cargado de pasión y lujuria se escapó de los labios de Bella mientras él seguía besándola. Entonces Edward, dejó de masajearle los senos, dejó de acariciarle el cuello. La agarró de la cintura y muy suavemente y de la manera más cariñosa y amorosa posible terminó el beso voraz. Miró a una Bella que tenía los ojos cerrados, los labios hinchados, las mejillas maravillosamente sonrojadas, su pecho subía y bajaba tratando de encontrar la calma de nuevo. En ese momento le pareció la mujer más atractiva y sexy de todas con las que se había encontrado en su vida. Hizo fuerza de su autocontrol de nuevo.
- Tú serás la que suplique que esté entre tus piernas, pequeña. Lo estás deseando, no te engañes. Acéptalo y por favor, que sea pronto. Presiento que tener sexo contigo será una experiencia que nunca olvidaré. Te prometo que tú tampoco podrás borrarme de tu cabeza, ni de tu cuerpo. Ahora vamos, tenemos invitados a los que atender.
Edward la soltó y comenzó a caminar hacia la casa. Bella se quedó allí parada, al lado del volvo jadeante, con el corazón palpitándole a mil por hora y totalmente confundida. ¿Qué había sido eso? Nunca en su vida se había sentido tan llena de deseo, de pasión, ni tan confundida como en ese momento, tampoco tan viva.
Tras unos segundos reaccionó. Edward Cullen había vuelto a jugar con ella.
- Eres un engreído.- le dijo cuando lo alcanzó, pero ni se atrevió a mirarlo. Sus mejillas todavía estaban sonrojadas, sus labios hinchados y su cuerpo acalorado. Sin embargo Edward parecía el hombre más frio y calmado del mundo. O tenía un autocontrol único y envidiable o ella, contrario a lo que en un principio había pensado, le era total y completamente indiferente. No sabía por qué pero esta idea le oprimió el pecho e hizo que su alocado corazón que antes latía desenfrenado se detuviera tan solo un latido.
bueno, en un principio, esta parte del trato de fidelidad iba a ser mucho más corto y en este capítulo se iba a desarrollar la fiesta de compromiso. pero he decidido cortarlo aquí porque sino se alargaba mucho. intentaré actualizar pronto! bssss
