Mascara vs. Cabellera.
Vegeta salió de la cocina pisando fuerte rumbo a la puerta principal con toda la clara y mala intención de convertir en cenizas al remitente del mentado regalo de bodas.
Un muchachito delgado, vestido con el uniforme de la empresa de paquetería esperaba parado en el pórtico de la mansión Briefs mirando con asombro a través de la puerta, que Pita había dejado emparejada, se preguntaba para qué querrían una chimenea encendida a mediados de agosto o una cabeza de alce disecada o un señor con cara de general mal pagado por mayordomo "los ricos sí que coleccionan cosas innecesarias" se dijo a sí mismo.
El principie se vio en la penosa necesidad de aclararse la garganta teatralmente con el fin de sacar de cualquier estúpida ensoñación en que estuviera flotando el puberto que estaba parado delante de él sosteniendo una caja.
El adolescente pego un brinquito hacia atrás y después de pestañear repetidas veces se dispuso a llevar a cabo su trabajo "Conchita paqueterías" "lleva a usted la cajita que le cambiara la vida, nos distinguimos por entregar solo alegría y buenos augurios"
-¿el señor Vegeta?- pregunto el muchachito
-aja- respondió secamente el noble saiya
- es un paquete para usted, un paquete que le cambiara la vida por que en Conchita paqueterías nos distinguimos por… - lamentablemente el jovencito no pudo concluir la frase que durante sus cursos de capacitación le habían hecho repetir una y un millón de veces por que Vegeta le arrebato la caja, estampo la puerta en sus narices sin la mas mínima muestra de cortesía y sin la mas obscena de las propinas "siempre es lo mismo en las casas de los ricos" pensó el mensajero volviendo sobre de sus pasos tristemente.
-¿Quién prendió la chimenea?- pregunto Bulma que había ido tras de su ficticio marido para evitar la prematura muerte del mensajero.
-yo- contesto simplemente Vegeta mientras buscaba el nombre de la atentísima persona que enviaba el obsequio para anotarlo en su lista de victimas a corto plazo.
-¿para qué?- cuestiono la heredera sorprendida por el repentino interés del príncipe en la chimenea y aparentemente en el regalo.
-para quemar esto- contesto el guerrero angostando los ojos para ver mejor las letras chiquitas de la etiqueta en la caja
-¿no vamos a ver qué es?- pregunto la peliazul buscando con sus ojos celestes los oscuros de Vegeta
-seguramente es cualquier baratija hecha en Taiwán- respondió el noble saiya a un tris de perder la paciencia, de nuevo tenía frente de él la prueba una prueba irrefutable de su mala suerte, todavía se encontraba en ayunas y ya había sido victima de una enferma mental, de la estupidez de Kakarotto y de un chistosito que no era bueno ni de dar la cara en la cual estrellarle su regalito de bodas y ni siquiera eran las diez de la mañana
-Veggie- le nombró Bulma poniendo su fina mano sobre el hombro del príncipe tratando de ganar la atención del saiya- quizás dentro de la caja venga una tarjetita con el nombre de quien envía el paquete
-no quiero abrir la maldita caja, no me interesa lo que tenga dentro, sólo quiero saber quien la mandó- los nervios de Vegeta comenzaban a anudarse
-¿le enviaras una tarjeta de agradecimiento?- cuestiono Bulma con carita de inocente, como si no supiera con quien estaba hablando.
-lo que recibirá será mucho mas bonito que una simple tarjeta, mujer
Bulma dirigió sus ojos hacia otra parte; a ella no le interesaba lo que Vegeta planeara hacer con el que se atrevía a mandar un presente al fin y al cabo pasadas unas horas cuando ya estuviera bien desayunadito se olvidaría de sus sanguinarios planes y se concentraría en su entrenamiento, aún no era un súper saiyajin y eso lo frustraba, así que aquello era una obsesión pasajera. Lo único realmente preocupante era la supervivencia del contenido de la caja. Ella debía de ver lo que había dentro, por orgullo de su curiosidad de fémina, si no le gustaba permitiría que Vegeta desquitara todo su coraje con el obsequio recién llegado.
-Vegeta, ¿no es esa la tarjeta que quieres?- pregunto Bulma señalando con su dedo índice el guardapolvos de la puerta.
El príncipe giro sus talones en la dirección en que la peliazul apuntaba, a simple vista no vio nada –aquí no hay nada mujer- observo Vegeta aguzando su vista.
-yo la estoy viendo desde aquí, Vegeta, no la ves por que la caja obstruye tu campo de visión o quizás por que necesitas ir al oculista, muchos dicen que pasados los treinta comienzan a perder la vista- argumento la heredera sabiendo que daba en el blanco: el ego de su príncipe.
El saiya respiró profundo, él no necesitaba ir a ningún oculista veía perfectamente bien, a lo mejor la mujer era la que veía cosas que no existían al fin y al cabo por algo fue al psiquiatra un tiempo.
-estás loca, no hay nada- respondió el guerrero reticente a bajar la caja de la discordia.
-¡Dios mío! Vegeta allí está hasta puedo ver que tiene letritas azules pero mañana vamos a que te revisen la vista, serás todo un intelectual- garantizaba Bulma maldiciendo por dentro la suspicacia del noble saiya.
Vegeta gruñó como siempre que cedía, dejó la caja lentamente en el piso viendo de soslayo que Bulma permaneciera en el mismo lugar en que estaba, esa mujer era peligrosa y mentirosa. Dio tres pasos pequeñitos para mirar mejor el guardapolvo y constatar lo que su instinto le gritaba. Era una ruin… era una bruja… era Bulma Briefs huyendo a toda velocidad pero de puntillas (para no hacer ruido) con la caja en las manos.
-¡mujer!- le llamó
-¿dime Veggie?- contesto la peliazul apretando el paso sin perder el contoneo de sus caderas (era un importantísimo aliado en caso de persecución), sin volver los ojos y esquivando las mesitas y los sillones que se entrometían en su camino.
-¡vuelve aquí con esa caja!- ordenaba el príncipe siguiéndola a grandes zancadas
-¡No!- respondió Bulma mientras entraba corriendo a la cocina; después de un vistazo encontró lo que buscaba: Goku embadurnando de mantequilla los panecillos que Milk pretendía cocinar a modo de disculpa por irrumpir en propiedad privada, por herir a los guardias de seguridad y por tratar de exorcizar a Vegeta.
-¡Maldita sea mujer!- exclamo el príncipe abriendo con un puntapié la puerta de la cocina
-no- dijo Bulma tratando de recuperar el aliento ahora que utilizaba por escudo a Goku, sabía que si no estaba completamente segura al menos ganaría un poco de tiempo.
Vegeta puso un poco de atención a su alrededor buscando algo con que chantajear a Bulma pues infinidad de veces le había quedado completamente en claro que la mujer no apreciaba el don de la vida propiamente dicho; sin embargo necesitó ver dos veces para darse cuenta de que en la cocina había demasiada gente ahora además de Kakarotto y su harpía, de Bunny y su secuaces y Piccolo, hacían acto de presencia el Dr. Briefs, todos los críos de la tía Pola y por supuesto la tía Pola que despedía con desmedida candidez a Sancho Panza.
-vuelva pronto doctor, aquí nos gustan mucho las visitas- aseguraba la jarocha al mismo tiempo que soltaba una de sus sonoras carcajadas marca registrada.
Y contoneando sus amplias caderas anduvo hasta donde se encontraba Pita para poder ponerse al tanto de la situación, pues por estar despidiéndose del guapísimo loquero no entendía muy bien lo que ocurría.
-pss... Pss... Guadalupe- soplo la jarocha al oído de su hermana haciendo un hueco con su mano para cubrir los movimientos de su boca- por que Bulmita se esconde del joven Vegeta detrás del joven Goku
-no sé- respondió por lo bajito Pita –cállate para escuchar lo que dicen
-ya me callé- dijo la tía Pola fijando toda su atención en el triangulo compuesto por Goku, Bulma y Vegeta
-Kakarotto quítate de en medio esto no es de tu incumbencia- ordenaba el príncipe
-si ya sé- respondió Goku- pero es que ella me sigue, mira yo me muevo para acá –derecha- y ella se mueve, yo me muevo para allá –izquierda- y ella se mueve yo floto- Goku comenzó a levitar lentamente
-y ella no flota, por que Dios no le da alas a los alacranes- completo con tono triunfal el noble saiya
-¡gracias Goku!- ironizo Bulma al sentir que Vegeta la atraía hacia él por el antebrazo
-entrega la caja, mujer, no tienes alternativa- comento el príncipe con una media sonrisa
-no- respondió la peliazul retando a su virtual esposo con la mirada
La cocina había ido llenándose del humo producido por los panecillos que comenzaron por pegarse a la sartén, que después se fueron tostando y finalmente se convertían solo en piedras negras frente a los ojos de todos sin que nadie siquiera notara que no era casualidad la tos que de un momento a otro se escapaba de todas las gargantas.
Vegeta clavo sus ojos negros en los celestes de la mujer.
-también es mi regalo de bodas- argumento Bulma levantando la barbilla y sacando el pecho en muestra de valor
"eso si es cierto" se oyó venir de la audiencia que extasiados habían formado un circulo alrededor de los recién casados dejándolos en el centro como un par de niños listos para pelear a la hora del recreo.
El príncipe le lanzo una sonrisa seductora a la heredera antes de tirar de una de las pestañas de la caja hacia él, Bulma sostenía su botín con todas las fuerzas de que era capaz su pobrecito cuerpo, a ella no la amilanaría ni la fuerza ni la guapura de Vegeta, claro que no.
-Cien pesos a que gana Vegeta- soplo Milk a Piccolo, el nameku le tendió la mano derecha a la señora de Son para sellar el trato, él hasta se podía jugar la capa a que Vegeta perdería con el simple hecho de que Bulma le cerrara un ojo.
Cornelio masticaba chicle frenéticamente sin quitar la vista de encima al estira y afloja que escenificaban su amor platónico y el amor de su amor platónico mientras con codazos les indicaba a sus hermanitos que se callaran para ver mejor lo que pasaba.
"la arena estaba de bote en bote, la gente loca de la emoción, en el ring luchaban los cuatro rudos ídolos de la afición"* salía del viejo radio forrado de cuero que descansaba en una de las repisas de la famosa cocina ambientando de modo casi providencial la disputa que allí se sostenía.
El combate era realmente cerrado por que aunque Vegeta mantenía el dominio sobre la dirección en que se moviera la caja, Bulma por su parte le clavaba las uñas a los laterales del contenedor por lo que terminaba convirtiéndose en lastre de la caja.
Goku por su parte guardaba discretamente el serrucho y el martillo en una de las puertitas de la alacena, por si acaso, solo por si acaso Bulma se desesperaba y se olvidaba de que los enfrentamientos tenían que librarse a mano limpia.
Bunny fruncía el entrecejo sin comprender muy bien de donde su dulce hijita podía sacar la fuerza suficiente para luchar contra Vegeta y de pasada hacerlo apretar los dientes y sudar copiosamente.
-¿eso también cuenta como violencia intrafamiliar?- pregunto la Tía Pola a Mamá Lorenza
-no, se le dice bienes mancomunados- ilustro sabihonda Mamá Lorenza a la jarocha
-se va a romper- pronostico el Dr. Briefs encendiendo un puro cuando vio que el fondo de la caja se rasgaba
Piccolo chasqueo la lengua imaginando que quizás Trunks hubiera sobrevivido diecisiete años pese a la amenaza de los androides por la simple y única razón de que Vegeta no estaba allí para reclamarlo, en caso contrario lo mas probable era que a los pocos días de nacido tuviera el mismo fin que estaba teniendo la inocente caja por donde ya se asomaba la oreja floreada de una tacita de porcelana.
Las ochenta y tres piezas de la bonita vajilla se estrellaron contra el suelo de forma consecutiva sin que nadie atinara a salvar siquiera un platito.
Cuando la última azucarera cayó produciendo cinco segundos de silencio, Goku se abrió paso entre la asistencia moviendo los brazos sobre los hombros mientras declaraba un empate.
Algunos del público aplaudieron, otros se dieron media vuelta decepcionados.
-¡Por tu culpa!- grito Bulma en la cara de Vegeta
-La culpa es tuya, por no entregarme la caja cuando te lo ordene- replico el príncipe señalando con el dedo índice a la mujer
-ordenes, siempre das ordenes, nunca puedes pedir nada por favor- reprochaba Bulma con aspavientos
-tú no quieres que las personas te pidan las cosas por favor, tú pretendes que la gente te ruegue, mujer, eso no lo vas a tener de mí- corrigió Vegeta con el semblante serio
Bunny le lanzo una miradita preocupada a Mamá Lorenza quien se encogió de hombros.
Cornelio se detuvo en la puerta de la cocina esperando que sus oídos no lo engañaran, aquella discusión se oía de verdad, no como las otras muchas veces en que los había visto gritándose mutuamente, con suerte y hasta se pedirían el divorcio y allí estaría él para consolar en sus brazos a Bulmita.
-y ¿Cuándo voy a tener algo de ti, Vegeta?- cuestionaba la peliazul con las manos sobre las caderas
Piccolo le hizo una seña de silencio a Goku por que le vio toda la intención de salir en defensa del príncipe y decirle a Bulma que pronto tendría un hijo de Vegeta.
Pita transcribía a toda velocidad el dialogo en un cuadernillo de taquigrafía por que aquello era de verdad serio, ora si cualquiera pensaría que estaban casados por todas las de la ley.
-cuando estés lista para recibirlo, Bulma, ese día- contesto Vegeta lo suficientemente alto para que Bulma y nadie más escuchara
-¿me puede repetir lo último que dijo, Don Veggie?- peticionaba Pita mientras perseguía a su patrón con la libretita y el lápiz en la mano como si fuera un paparazzi.
-¡No!- rugió el príncipe cerrando tras de sí la puerta
Bunny se acerco despacito a donde estaba su hijita para ayudarle a levantar los restos de la otrora vajilla.
Milk se giro hacia la sartén para evaluar los daños causados en sus panecillos malogrados.
Goku desenvolvió los planos de la cuna sobre la barrita desayunadora los observo por un minuto y luego volvió a envolverlos, mejor le dejaría todo el trabajo a su imaginación, todas aquellas líneas le parecían confusas y la cuna no necesitaba para nada líneas, con los barrotes y los clavos sería más que suficiente.
-Todos los matrimonios tienen sus problemas- anuncio la Tía Pola mientras sostenía el recogedor de la basura para tratar de borrar los ojitos tristes que le habían quedado a Bulma después del encuentro matutino que acababa de tener.
Bulma miro por un momento a su tía postiza.
-si ya sabemos- dijo Mamá Lorenza mientras prendía el ventilador para hacer que el humo de los panecillos quemados se fuera- por eso no te has ido de la casa
-es que el matrimonio no es fácil- explicaba la jarocha ignorante del agrio comentario de Mamá Lorenza- para tener un matrimonio exitoso se debe tener paciencia, comprensión
-y una casa que invadir cuando te enojes-interrumpió Pita queriendo hacer que su hermana dejara de dar un montón de consejos que no era capaz de seguir
-seguramente Vegeta se molestó por que todavía no ha desayunado- opino Goku rascándose la cabeza mientras pasaba una lija por la madera con la que construiría la cuna.
La peliazul sonrió enternecida por el intento que Goku hacía para consolarla pensando que era cierto, que Vegeta se irritaba más fácilmente cuando tenía hambre. Bulma se dirigió al refrigerador buscando lo que necesitaba para preparar un desayuno espectacular…
-Bulma, ¿puedo preguntarte algo?- interrogo Milk cuando se percato de que en la cocina solo quedaban ellas dos
-si- contesto la peliazul mientras esculcaba un cajón
-¿Por qué te casaste con Vegeta?
Bulma volteo para todos lados cerciorándose de que solo estuvieran ellas dos en la habitación y pensó muchas veces en si debería o no decir lo que iba a decir – tengo que confesarte algo- susurro la peliazul en el oído de Milk…
*El santo, el cavernario. La sonora Santanera.
Hola, llegue de mis vacaciones la semana pasada pero me contagié de dengue y la verdad es que me costo mucho trabajo hacer este capitulo, por que me lloran mucho los ojos y por eso quedo cortito pero sustancioso ¿a poco no? por eso espero que lo hayan disfrutado ya merito se acaba la tia Pola yo creo que tres o cuatro capitulos mas y espero tambien en ya no tener mas contratiempos y verlos por aqui el proximo viernes. Como siempre gracias por sus reviews. Que Dios los cuide y los proteja. NOMICA
