Disclaimer: Los personajes de Card Captor Sakura no me pertenecen, son autoría del grupo CLAMP y esta historia se realiza sin fines de lucro.

-Comentarios entre guiones-

"Pensamientos en cursivas y entre comillas"

CAPÍTULO 8

"DESEO"

De pie en el espacioso nicho acristalado que había en un rincón del amplio invernadero del Conde Shaoran Li, Sakura observo a Touya acercarse al Herschel con expresión reverencial.

El chico lanzó una exclamación que la hizo sonreír, y se concentró en la emoción y el entusiasmo de su hermano, un sentimiento que ella misma debería experimentar también... si no fuera porque era casi dolorosamente consciente de la presencia de aquel hombre alto y de cabello castaño oscuro que contestaba con suma paciencia la avalancha de preguntas que le hacia Touya sin cesar.

Cielos, ¿era posible que un hombre pudiera dejarla a una sin respiración? Jamás lo hubiera imaginado. Hasta aquel momento. Hasta que se encontró en su casa, intentando centrar la atención en lo que decía, en su magnífico telescopio, y fracasando estrepitosamente. Hasta que él volvió la vista hacia ella y todo el oxígeno pareció desaparecer del aire.

Vestido totalmente de negro salvo por la camisa y la corbata de lazo, blancas como la nieve, tenía un aire elegante y al mismo tiempo daba la sensación de que por debajo de aquel afinado barniz bullía una energía apenas contenida.

Una fuerza reprimida que sugería que aquel hombre era más de lo que indicaba su impecable apariencia.

- Ahí esta Sagitario -dijo Touya sin aliento debido a la emoción, mirando por el visor-. Y el Águila. ¡Ya las había visto antes, pero no de esta forma! Parecen al alcance de la mano. -Se volvió, agarró a su hermana de la mano y tiró de ella-. Mira, Sakura, nunca has visto nada parecido.

La castaña hizo un esfuerzo para apartar la vista de su inquietante anfitrión y se recordó que estaba deseosa de experimentar el esplendor de un telescopio tan magnífico, de modo que se acercó al instrumento. Tras efectuar ciertos ajustes en el enfoque, lanzó una exclamación de sorpresa.

Las estrellas titilaban como diamantes contra terciopelo negro, con un brillo cercano que le hizo desear alargar la mano para cogerlas y jugar con ellas entre los dedos.

- Es como si el cielo estuviese a unos metros de mí.

- Ciertamente las estrellas son fabulosas-comentó Shaoran a su espalda-, pero si mira aquí...

La frase quedó en suspenso cuando él se acercó un poco más y Sakura sintió que la rodeaba el calor de su cuerpo. Shaoran apoyó una mano en su hombro y extendió la otra por delante para hacer girar lentamente el telescopio.

- Ya está -dijo con voz profunda, junto al oído de la ojiverde-, ahora debe poder ver Júpiter.

Sakura observó cómo cambiaba el cielo adornado de diamantes conforme él ajustaba el telescopio, con la respiración atascada en la garganta al sentir el roce de su cuerpo.

Su aroma limpio y masculino inundó sus sentidos, y tuvo que luchar por reprimir el impulso de reclinarse contra él, de envolverse en él como en una manta cálida y aterciopelada.

Sintió un leve hormigueo allí donde la mano de él le tocaba el hombro, al tiempo que un estremecimiento de placer le bajaba por la columna vertebral.

Entrecerró los ojos al notar las sensaciones que la recorrían de arriba abajo e hizo un esfuerzo por inhalar aire. Pero aquel comportamiento ilógico y nada científico por su parte no podía ser. Abrió los ojos, parpadeó, y entonces lanzó una exclamación ahogada.

- Oh, cielos -jadeó- Es un milagro ver algo que se encuentra tan lejos.

- Cuénteme qué ve -dijo el Conde Li con suavidad.

- Es... increíble. Rojo. Ardiente. Misterioso. Demasiado distante para imaginar siquiera cómo es.

Con el cuerpo del conde tan cerca de su espalda, observó el lejano planeta y trató, sin éxito, de convencerse de que el rápido latir de su corazón se debía únicamente a la emoción de aquel descubrimiento.

Respiró hondo para recuperarse y se reprendió interiormente. Luego se volvió hacia Touya, que casi daba saltos de alegría. Se ajustó las gafas y le dirigió una sonrisa claramente temblorosa.

- ¿Es grande, Sakura? -preguntó Touya.

- Es lo más grande que he sentido... digo, visto nunca.

Se apresuró a apartarse del telescopio para que el pelinegro acercara el ojo a la lente. Su exclamación de asombro resonó por toda la habitación, y Sakura se atrevió a espiar a Shaoran; éste la estaba observando, y cuando sus miradas se encontraron, le sonrió.

- ¿Está emocionada?

- Oh, muy emocionada, mi lord. –"Cielos, ¿aquella voz fue la mía?" – Se dijo a sí misma Sakura y luego señaló con un gesto a su hermano, completamente absorto y dirigiendo la mirada a Shaoran dijo -. Y diría que Touya está a punto de ponerse a dar brincos.

Shaoran rió reservadamente.

- Yo reaccioné del mismo modo la primera vez que miré por el telescopio.

A la castaña le pasó por la mente una imagen del Conde Li dando brincos con juvenil despreocupación, imagen que le provocó una sonrisa.

- Cielo santo, esto es increíble –exclamó Touya en tono bajo y respetuoso. Luego se volvió hacia ellos, hurgó en su chaleco y extrajo una libreta con tapas de cuero-. ¿Le importaría que tomase algunas notas, mi lord?

No tengas prisa y anota todo lo que quieras muchacho -respondió el aludido con una cálida sonrisa-. Se volvió hacia Sakura-: Quizá, mientras Touya disfruta del Herschel, a usted le gustaría conocer mi hogar, señorita Kinomoto.

La castaña titubeó. Se trataba de una invitación teóricamente inocente, y sin embargo le dio un vuelco el corazón ante la idea de estar a solar con el conde.

-"Estas loca Sakura"-se dijo a si misma y estuvo a punto de romper a reír por su estupidez; por supuesto, no iban a estar solos, una casa de aquel tamaño tendría decenas de criados.

Además, no se atrevía a quedarse allí para mirar por el telescopio y arriesgarse de nuevo a tenerlo a él tan cerca de su espalda. Y tampoco deseaba apartar a su hermano del Herschel.

- Espero que un paseo por mi casa no sea un asunto de tanta importancia -comentó Shaoran en tono bromista. Le ofreció su brazo y dijo-: Vamos. He pedido que sirvan el té en la salita. De paso, le enseñaré la galería de retratos y la mataré de aburrimiento con tediosas historias sobre mis numerosos antepasados.

Haciendo un esfuerzo para dar a su voz un tono ligero que distaba mucho de sentir, Shaoran aceptó su brazo y murmuró:

- ¿Cómo podría resistirme a tan tentadora invitación?

Y mientras salían del invernadero, rogó que, en efecto, el conde la matara de aburrimiento; pero mucho se temía que el Conde Shaoran Li ya le resultaba demasiado fascinante.

Se detuvieron junto al último grupo de retratos de la galería.

- Supongo que esta dama será su madre, tiene sus mismos ojos -dijo ella.

Shaoran contempló el bello rostro de su madre, que le devolvía una sonrisa serena y cuyo semblante no reflejaba rastro alguno de la amargura y la infelicidad que había padecido.

- Sí

- Es encantadora

Al ambarino se le hizo un nudo en la garganta

- Sí lo era. Murió cuando yo tenía quince años.

La pequeña mano que descansaba en su manga le dio un leve apretón de comprensión.

- Lo siento. No hay un buen momento para perder a un progenitor, pero ha de ser especialmente difícil para un chico en el umbral de convertirse en un hombre.

- Sí.

Shaoran consiguió pronunciar aquel monosílabo con dificultad. Lo asaltaron los recuerdos, como le ocurría cada vez que miraba el retrato de su madre. Voces airadas, su padre lanzando pullas verbales que herían profundamente, y su madre, desesperada en su desgracia, prisionera de la infelicidad de su matrimonio.

- ¿Quién es esta mujer? -preguntó la castaña tirando de él y sacándolo de sus turbadores recuerdos.

Shaoran miró el siguiente retrato, y experimentó el dolor que siempre lo acompañaba al pensar en Meiling. Aquel retrato había sido pintado para conmemorar su decimosexto cumpleaños.

Parecía joven y tan dulce e inocente con su vestido de muselina color marfil... ,el castaño se acordó vívidamente de cuando se colaba en la biblioteca durante las larguísimas horas que su hermana pasaba en ella posando, para hacerla sonreír.

-"¿Qué cara es esa, Meiling? Parece que te has comido un pimiento picante. Sonríe, o cogeré un poco de pintura roja y te dibujaré una gran sonrisa en la cara". A modo de respuesta, Meiling encogía las mejillas y ponía cara de pez.

A pesar de aquellas travesuras, el artista había logrado captar a su hermana con una sonrisa serena y una chispa de malicia en los ojos.

- Ésta es mi hermana Meiling Li

Ella se sorprendió

- No sabía que tuviera usted una hermana, mi lord

Shaoran la miró fijamente. Habría apostado a que casi todas las mujeres del pueblo conocían a los miembros de las familias de la nobleza.

- Meiling es la vizcondesa de Cambridge. Vive allí.

- Yo siempre he deseado visitar Cambridge. ¿Cuánto tiempo lleva viviendo allí?

-Desde…"Desde que mi padre la vendió como si fuera un saco de harina"- Cinco años. Desde que se... casó

Ella notó la rigidez de su tono y sus ojos brillaron con un sentimiento de amistad.

- ¿No es feliz en su matrimonio? -preguntó con suavidad

- No

- Cuánto lo siento. Es una lástima que no haya podido salvarla el Ladrón de Novias.

Aquellas palabras lo atravesaron como un relámpago de culpabilidad

- Sí, es una lástima

- ¿La ve con frecuencia?

- No lo bastante, me temo

- Yo echaría mucho de menos a mis hermanas si vivieran tan lejos -comentó la ojiverde.

- Tiene dos hermanas ¿me equivoco?

- En efecto, todas casadas. Tomoyo y Rika.

Rika vive aquí en Tunbridge Wells. Tomoyo, que acaba de casarse con el barón Hiragisawa, vive a una hora a caballo. Todas nos vemos muy a menudo.

- Recuerdo haberlas conocido en una velada musical, hace varios años.

La señorita Kinomoto sonrió brevemente.

- Y estoy segura de que no se olvidaría de ellas. Mis hermanas son todas preciosas; pero juntas dejan sin aliento a cualquiera.

Shaoran no pudo discutir. Sin embargo, la hermana que a él le resultaba inolvidable era ella.

- Pero lo más asombroso y maravilloso de mis hermanas -continuó Sakura- es que por dentro son tan encantadoras como por fuera.

El ambarino no detectó envidia en su voz, sólo un profundo orgullo. Estudió su rostro vuelto hacia arriba mientras decidía si debía o no decirle que ella era igual de encantadora.-"¿Aceptaría el cumplido como un sentimiento sincero, o creería que no es más que una cortesía superficial?"- pensó Shaoran.

Incapaz de decidirse, dejó pasar el momento. Entonces dio media vuelta y condujo a la señorita Kinomoto a la salita donde se había dispuesto el té. Cerró la puerta tras de sí y observó como ella cruzaba el suelo de parqué y se dirigía al centro de la habitación.

Al llegar allí se volvió lentamente, mientras recorría con la mirada las paredes cubiertas de seda color crema, el mullido sofá, el diván y los sillones de orejas, las cortinas de terciopelo azul oscuro, los apliques de bronce que flanqueaban el gran espejo, el fuego acogedor que crepitaba en la chimenea y el conjunto de porcelanas antiguas que amaba su madre y que adornaban las mesitas auxiliares de caoba.

- Una estancia encantadora, mi lord -dijo completando el círculo para situarse nuevamente frente a él- Al igual que toda su casa.

- Gracias –Shaoran señaló el servicio de té-. ¿Le apetece una taza de té? ¿O preferiría algo más fuerte? ¿Un jerez, quizá?

La señorita Kinomoto lo sorprendió al aceptar un jerez. Mientras ella tomaba asiento sobre el diván, él sirvió la bebida, se preparó un coñac para sí y acto seguido se sentó en el otro extremo.

Sakura bebió un pequeño sorbo de jerez, gesto que atrajo la mirada de Shaoran hacia sus labios. Al instante se imaginó que se inclinaba y tocaba su labio inferior con la lengua para probar su dulzor. Pero cerró los ojos y apuró su bebida de un trago para borrar aquella sensual imagen.

Cuando volvió a abrir los ojos, depositó la copa vacía sobre la mesilla y tomó una jarra de vidrio que descansaba junto al servicio de té. Se la tendió diciendo:

- Es para usted

- ¿Para mí? -la ojiverde dejó su copa sobre la mesa y cogió la jarra. La sostuvo en alto para captar la luz del fuego y exclamó-: Pero si parece miel.

- Y lo es. Recuerdo que Touya mencionó que casi se le habían agotado las existencias, de modo que he...

Su voz se perdió al ver que ella esbozaba una delicada sonrisa, una sonrisa que lo hechizó por completo y le provocó una oleada de calor en todo el cuerpo, una sonrisa que no se debía a que le regalasen flores y que sospechaba que no se podía conseguir con ninguno de los demás presentes por los que suspiraba la mayoría de las mujeres.

- Es usted muy atento -dijo ella- Gracias.

- De nada. No obstante, debo admitir que mi regalo va acompañado de una petición.

- Con sumo gusto se la concederé, si está en mi mano.

- Usted ha dicho que la crema de miel que fabrica alivia los dolores de su amiga.

- Eso parece, en efecto, incluso sin las propiedades caloríficas que espero incorporarle.

- Uno de mis ayudantes sufre de rigidez en las articulaciones y quizá su crema pudiera ayudarlo. Será un placer suministrarle varias jarras más como ésta si usted consiente en fabricar un poco de crema para él.

La sonrisa se ensanchó.

- Ya le estoy proporcionando mi crema al señor Wei.

- ¿En serio?

- Pues sí. Llevo varios meses. Si bien no es una cura, le proporciona cierto alivio pasajero. No tendría inconveniente en fabricar un lote de más para él.

No es necesario que me dé más de una jarra, mi lord, una ya es bastante generosidad. Es usted muy... amable.

- Estoy seguro de que no será su intención parecer demasiado sorprendida -sonrió él.

- No estoy sorprendida, mi lord. -Se apreció un brillo travieso detrás de sus gafas- Por lo menos, no mucho. -Su diversión disminuyó lentamente- Agradezco su amabilidad conmigo, pero deseo expresarle mi gratitud por la generosidad que ha demostrado hacia Touya. -Extendió una mano y lo tocó ligeramente en el brazo- Gracias.

- No ha supuesto ningún esfuerzo. Touya es un chico estupendo, y posee una mente aguda e inquisitiva.

- Sí, así es, pero muchas personas simplemente... lo tratan con desdén.

- Hay muchas personas necias.

Una lenta sonrisa, llena de inconfundible admiración, se extendió por el rostro de la señorita Kinomoto y Shaoran tuvo la sensación de haber sido agraciado con un regalo de valor incalculable.

Contempló la pequeña mano de la joven apoyada en su manga y se maravilló que un contacto tan inocente fuera capaz de prender semejante fuego en él. Alzó la mirada y la clavó en los ojos de la castaña, que lo contemplaban a su vez con un afecto que no hizo sino abrasarle aún más la sangre.

Ella bajó la mirada al lugar donde descansaba su mano, sobre la manga de él. Con una tímida exclamación ahogada, retiró la mano, y él apenas pudo resistir el impulso de aferrarle los dedos y apretarlos contra sí.

De repente pareció hacer demasiado calor en aquella habitación cerrada. Shaoran necesitaba poner distancia entre ambos, pero antes de que pudiera moverse, ella dejó la jarra sobre la mesa y se incorporó. ¿Habría notado también el calor?

Fue hasta la chimenea y contempló el enorme retrato que colgaba sobre la repisa de mármol.

- ¿Es su padre? -preguntó

- Sí -el ambarino miró desapasionadamente al hombre que lo había engendrado.

Hien Li había proporcionado la semilla para crear a su hijo, y hasta allí llegó su labor de "padre".

Supuso que muchos hombres habrían retirado el retrato, pero a él nunca se le ocurrió tal cosa; el imperdonable trato que dio su padre a Meiling era la fuerza motriz que alimentaba la misión del Ladrón de Novias.

Se aseguraba de mirar todos los días la cara de su padre para no olvidar que... que aquel codicioso bastardo había negociado con una hermosa joven como si ésta fuera un objeto, ni que sus imprudentes infidelidades habían avergonzado a su madre, ni que había tratado a su hijo con una cruel mezcla de indiferencia y desprecio.

No, jamás olvidaría la clase de hombre al que había jurado no parecerse nunca.

Sin embargo, el retrato lo obsesionaba cada vez que lo miraba, porque no se podía negar que el parecido físico existente entre su padre y él era enorme, un hecho que le dolía. -"Puede que me parezca ti, pero no soy en absoluto como tú, cabrón".- Pensaba Shaoran mientras miraba el retrato con desdén.

La señorita Kinomoto examinaba el retrato con gran interés.

- Me doy cuenta de que ha advertido el parecido -dijo él, haciendo acopio de fuerzas para la inevitable comparación, aunque de nuevo se dijo a sí mismo que no importaba; el parecido era tan sólo físico.

- En realidad -respondió ella al tiempo que se volvía a mirarlo a él- no lo veo.

Shaoran se quedó perplejo.

- ¿No lo ve? Todo el mundo dice que me parezco mucho a mi padre.

Ella se tocó la barbilla con los dedos y lo estudió con expresión ceñuda.

- Físicamente, supongo

- ¿Y de qué otro modo puede ser?

La joven se ruborizó y desvió la mirada. Shaoran se levantó y se acercó a ella. El resplandor del fuego la iluminaba desde atrás y dejaba su rostro en sombra. El conde le alzó la barbilla suavemente con un dedo hasta que los ojos de ambos se encontraron.

- Dígamelo -la instó, sorprendido por la extraña necesidad de saber a qué se refería la joven- Se lo ruego.

- Sólo he querido decir que su padre parece... es decir, por lo visto poseía cierta... aspereza de carácter. Se aprecia ahí, en sus ojos. Alrededor de su boca. En su postura. Usted no tiene un espíritu tan severo.

- ¿Lo cree así? –Shaoran rehusó preguntarse por qué le latía tan fuerte el corazón, y también el placer que le produjeron aquellas palabras.

Su sorpresa debió de verse reflejada en su rostro, porque de inmediato la señorita Kinomoto compuso una mueca de remordimiento.

- Perdóneme, mi lord. Me temo que soy demasiado directa al hablar, pero no pretendía ofenderlo. Lo que intentaba decir es que usted es mucho más apuesto.

- Entiendo -La comisura de su boca se curvó hacia arriba y no pudo resistirse a tomarle el pelo- ¿Me considera apuesto, señorita Kinomoto?

Ella abrió los ojos con sorpresa y se humedeció los labios.

- Bueno... sí. Estoy segura de que la mayoría de la gente estaría de acuerdo en que es usted... agradable a la vista. Desde luego muchas mujeres.

- Ah. Y resulta innegable que usted es una mujer. Pero es bastante corta de vista, ¿no es así?

- Sí, pero...

El conde la interrumpió y cedió al impulso que le perseguía desde la primera vez que la vio: le retiró las gafas de la nariz. Luego retrocedió unos pasos y le preguntó:

- ¿Y ahora qué piensa, señorita Kinomoto?

Ella lo miró entornando los ojos y apretó los labios como si reprimiese una sonrisa.

- Estoy segura de que sigue siendo apuesto, aunque no lo vea con nitidez.

- En ese caso, acérquese

Ella dio un vacilante pasito y volvió a entornar los ojos.

- ¿Y bien? -inquirió Shaoran

- Me temo que sigo viéndolo borroso, mi lord. Pero la lógica científica indica que su aspecto no ha cambiado.

- Ah, pero en la ciencia siempre hay que poner a prueba las teorías. -El castaño dio un paso hacia ella- ¿Me ve ahora?

Sakura se esforzó por no sonreír.

- Continúa siendo un simple borrón, me temo.

Ella dio otro paso más. Ahora ya no los separaba ni un metro. Shaoran la miró fijamente, preparado para hallar nerviosismo, esperando ver ansiedad, anhelando contemplar el deseo arder en sus ojos; pero, en cambio, ella se limitó a observarlo con mirada firme, con lo que parecía una distante frialdad, con las cejas levemente alzadas, como si él fuera una especie de... "¿Espécimen científico? ¡Diablos!"- Pensó Shaoran.

- ¿Sigo siendo un... cómo me ha llamado... ah, sí, un simple borrón?

- Se está volviendo más nítido, pero todavía lo veo borroso en el contorno.

- En ese caso, avíseme cuando consiga enfocarme.

Se inclinó hacia delante, muy despacio, observándole fijamente, deseando que reaccionase al calor que sabía que ardía en su mirada. Supo el instante exacto en que quedó enfocado; las caras de ambos estaban a no más de quince centímetros la una de la otra. La ojiverde respiró hondo y sus pupilas se dilataron.

- ¿Me ve ahora con nitidez? -preguntó Shaoran suavemente

Ella tragó y afirmó con la cabeza.

- Eh... sí. Está aquí. Aquí... mismo. Tan... cerca.

Su voz contenía una nota ronca y falta de alimento que el conde sintió como una caricia. Y sus ojos... sí, ahora brillaban en ellos la conciencia de la situación, el nuevo ardor que él buscaba. Alargó una mano para tomarle la muñeca y quedó complacido al comprobar que el pulso de ella latía acelerado.

Posó la mirada en su boca y en ese momento sintió el fuerte golpe de deseo. Lo embargó aquel dulce aroma a miel, anegó sus sentidos. Simplemente, tenía que saber si sabía tan dulce como olía. Tenía que comprobarlo. Sólo una vez.

Antes de que pudiera olvidar todas las razones por las que no debía hacerlo, bajó la cabeza y rozó suavemente los labios de la señorita Kinomoto con los suyos. Suaves. Melosos. Una pizca de jerez. Con la curiosidad apenas satisfecha, la atrajo a sus brazos y la besó de nuevo, probando sus labios, envolviéndolos, jugando con ellos.

-"Cálidos. Dulces... Más. Quiero más….no, necesito más.

Con la punta de la lengua recorrió el contorno del labio inferior para instarlo a abrirse para él. Ella dejó escapar un leve jadeo que llevó hasta él una ráfaga de su respiración tibia y perfumada con jerez. Shaoran lanzó un gemido y deslizó la lengua al interior del sedoso terciopelo de su boca.

-"Calor, miel…..El paraíso."

Shaoran se llenó de su sabor dulce, y todas las cosas desaparecieron excepto ella. Dios, sabía maravillosamente, hasta el punto de que se sintió abrumado por un fuerte impulso de simplemente devorarla. La estrechó un poco más contra sí, apretándose a sus exuberantes curvas, saboreando su suavidad, enardecido por el modo sobrecogedor en que encajaba entre sus brazos.

Así la había sentido el día en que la raptó, sólo que este abrazo era mucho más, porque esta vez ella se lo estaba devolviendo... con una sorpresa titubeante que se convirtió rápidamente en un creciente entusiasmo, el cual disolvió todo vestigio de autodominio que conservase.

Ella imitaba todas sus acciones, al principio tímidamente, como un estudiante al que se le presentara una nueva ecuación, pero aprendía deprisa. Y con resultados devastadores. Mientras él la saboreaba, ella exploraba su boca con gesto igual de minucioso, deslizando su suave lengua contra la de él.

Incluso cuando sus dedos se hundieron en su sedoso cabello esparciendo horquillas, los de ella le acariciaron el pelo de la nuca; cuando sus brazos la estrecharon por la cintura, ella se elevó de puntillas y acercó la boca aún más.

Un grave gemido retumbó entre ambos ¿Procedente de él? ¿De ella? Shaoran no lo supo. Lo único que supo fue que la sensación de tocarla era increíble, que sabía de manera increíble, y que quería más, mucho más.

Mientras con una mano le sujetaba la cabeza, con la otra bajó lentamente por su espalda deleitándose en sus curvas suaves y femeninas. Acarició con la palma sus glúteos y después la apretó más contra sí, sabiendo que notaría su erección; pero en vez de retroceder, ella se tensó más contra su cuerpo.

Un remolino de calor recorrió al ambarino de arriba abajo, como una llamarada sobre hojas seca. Su pulso se disparó y batió en sus oídos, borrándolo todo excepto a ella: la textura de su cabello, la fragancia de su piel, el sabor de su boca.

-"Más". Tenía que probar más. Le separó los labios y le recorrió el cuello dejando un rastro de besos, saboreando las vibraciones que percibía en la boca cada vez que ella dejaba escapar un ronco gemido.

- Sakura...

El nombre le salió como un susurro entre los labios, incapaz de contenerlo. Acarició con la lengua el frenético latir de su pulso en la base de la garganta.

-"Miel. Dios, ¿todo su cuerpo olería a miel? ¿Tendría en todas partes aquel sabor?" Pasó instantáneamente por su mente una imagen de ambos, desnudos en su cama. Ella con los ojos vidriosos a causa del deseo y las piernas extendidas, expectante. Él aferrado a sus caderas, tocando con la lengua su entrepierna humedecida...

La frente se le perló de sudor. Tenía que poner fin a aquella locura. Ahora, mientras todavía pudiera hacerlo. Aspiró aire, tembloroso y se obligó a incorporarse y finalizar el beso.

Al mirarla fijamente contuvo un gemido. Diablos, ella estaba tan excitada como él; sus labios húmedos e inflamados exhalaban breves suspiros y permanecían entreabiertos, como si le rogasen que los besara otra vez.

Tenía los ojos cerrados y las mejillas teñidas de carmesí. Shaoran posó la mirada en el pulso que latía veloz en la base de su cuello y luego en los senos, que aún seguían apretados contra su pecho. Imaginó sus pezones erectos y ansió introducir los dedos por debajo de la blusa para tocarla.

En ese momento se abrieron sus párpados, y todo el control del ambarino estuvo a punto de desmoronarse ante aquella expresión turbia y lánguida. Notó que la asaltaba un estremecimiento y se apresuró a envolverla en su abrazo para absorber su temblor y empezar a sentirlo él mismo. Le apartó un mechón castaño de la mejilla carmesí y esperó a que su mirada borrosa se enfocara en él.

Cuando por fin sucedió, tuvo que apretar los dientes para resistir la expresión de sorpresa que se leía en sus ojos.

- Cielos -dijo ella-. Ha sido...

- Delicioso, deleitable, divino -Una sonrisa curvó la comisura de sus labios-. Cuántas letras d para describir a una mujer. O tal vez fuera mejor utilizar palabras con e.

- No puedo negar que me viene a la cabeza la palabra "embriaguez"

Shaoran sintió pura satisfacción masculina. Tocó con el dedo el seductor lunar que tenía ella junto al labio superior y murmuró:

- Yo estaba pensando en exquisita. Y encantadora.

Sakura se quedó inmóvil. De sus ojos fue desapareciendo lentamente todo vestigio de deseo, hasta que lo miró fijamente con una expresión vacía. No, no estaba vacía del todo; se apreciaban sombras de decepción en sus ojos. Casi le pareció oírla decir: "Yo no soy encantadora. Usted es como todos los demás que han pasado estas últimas semanas soltándome cumplidos hipócritas".

Su expresión provocó en Shaoran una sensación de dolor que no supo describir. Antes de que pudiese encontrar una manera de borrar aquella mirada de desilusión, ella apretó los labios y dio un paso atrás para liberarse de sus brazos.

- ¿Puede darme mis gafas, por favor? -dijo en un tono sin inflexiones.

- Por supuesto

El castaño tomó las gafas de la repisa de la chimenea y se las entregó. Ella se apresuró a ponérselas y acto seguido se rodeó con los brazos como si quisiera protegerse de un súbito frío. Aspiró hondo varias veces y después levantó la barbilla y se encaró de frente a Shaoran.

Él se sintió golpeado por un sentimiento de culpa. –"Maldición, ¿en qué estaba pensando para haberla besado de una manera tan apasionada? ¿Para haberla besado, siquiera? Un caballero jamás haría nada semejante" – Se debatía mentalmente Shaoran y sabía que debía excusarse con sinceridad. Pero ¿cómo podía pedir disculpas por algo que parecía tan... inevitable? ¿Y cómo hacerle entender que de veras la consideraba encantadora? Y muy a su pesar, además.

Antes de que pudiera decidirse, ella dijo:

- Creo que lo mejor será que vaya a buscar a Touya y me marche enseguida, Conde Li

Ella tenía razón. Las cosas entre ellos se habían salido de control, y él aceptaba toda la responsabilidad de la situación. Pero de todos modos se sintió abrumado por una aguda sensación de pérdida al percibir la frialdad de su tono.

Apretó los puños mientras la miraba salir de la habitación; sí, lo mejor sería que se fuera. Pero, diablos, en su interior todo su ser deseaba que se quedase. No podía negarlo.

-"¿qué diablos puedo hacer al respecto?".

The London Times:

El baile anual de máscaras celebrado en la casa de campo en Devon de la condesa de Ringshire constituyó, como siempre, un evento memorable. Varios caballeros se disfrazaron del infame Ladrón de Novias, lo cual llevó a muchos invitados a especular, entre risas, con la idea de que tal vez se encontrara entre ellos el auténtico Ladrón de Novias, ¿Sería posible que fuera tan osado? Muchos invitados señalaron, además, que el Ladrón de Novias llevaba varias semanas sin ser noticia.

Uno no puede por menos de preguntarse dónde y cuándo atacará de nuevo. Sin embargo, dado que todos los hombres no imposibilitados del país se hallan deseosos de cobrar la recompensa de siete mil libras que han puesto como precio a su cabeza, es seguro que el próximo secuestro del Ladrón de Novias será el último de su infame carrera.

Shaoran arrojó el periódico sobre la mesa de cerezo de la salita y lanzó un suspiro.

Toda aquella especulación e interés por sus actividades constituía un arma de doble filo. Si bien llamaba la atención sobre el calvario de las mujeres que eran canjeadas mediante un matrimonio como si fueran posesiones de la familia, hacía que sus esfuerzos por rescatarlas fueran todavía más peligrosos. ¿Una recompensa de siete mil libras? Nadie resistiría a semejante suma. Si cometía el menor error, era hombre muerto.

¿Cómo iría la investigación? ¿Se habría descubierto alguna pista más acerca de la identidad del Ladrón de Novias? Wei no le había comunicado nada, pero quizás fuera ya hora de acudir directamente a las fuentes.

Sí, tal vez fuera una acertada idea tener una charla informal con el magistrado; Yue Amamiya y él eran conocidos desde hacía mucho tiempo. Tal vez aquel mismo día o al siguiente se acercase hasta el pueblo, y de vuelta a casa...

Su mirada voló hasta la jarra de miel que descansaba sobre la mesa, al lado del periódico arrojado con descuido. La señorita Kinomoto la había olvidado la noche anterior, en su prisa por marcharse.

Había pensado en la posibilidad de recordárselo, pero luego descartó la idea; devolverle la jarra era la excusa perfecta para verla una vez más, y por mucho que él deseara lo contrario, por alguna razón le era necesario hacerlo.

Se levantó y comenzó a pasear por el parqué con expresión ceñuda. Maldición ¿cómo podía un simple beso, que había durando sólo unos instantes, haberlo afectado tan profundamente?

Se acordaba de cada segundo vivido, de cada uno de los matices de aquella boca, de la huella del cuerpo de Sakura apretado contra el suyo, del modo en que aquellas suaves curvas encajaban en sus manos.

Maldición, a lo largo de los años había pasado incontables horas disfrutando de los sensuales encantos de otras mujeres. Y siempre, una vez saciada la pasión y completado el acto, simplemente las había... olvidado.

Sin embargo, el beso que había compartido con la castaña, aquel encuentro ardiente y sin aliento de dos bocas, había quedado en su memoria como una marca grabada a fuego.

La noche anterior apenas había dormido. Acostado en su cama y dolorosamente excitado, revivió aquel beso una y otra vez. Después se torturó aún más imaginando lo que podría haber sucedido si ella no se hubiera marchado.

Con un gemido, aferró la repisa de la chimenea con ambas manos y bajó la cabeza para perder su mirada en las alegres llamas. Lo estaban bombardeando las imágenes que había intentado apartar durante toda la noche, y cerró los ojos con fuerza para hacerlas desaparecer.

Pero en lugar de eso, se vio a sí mismo quitándole el vestido a Sakura y desnudándola centímetro a centímetro, sus bellos ojos al principio agrandados por la sorpresa, luego cerrados mientras él la besaba larga y profundamente.

Acto seguido la llevaba hasta el sofá y abría la jarra de miel para introducir el dedo en ella. Luego, muy despacio, dibujaba un círculo dorado alrededor de su pezón erecto. Oyendo los roncos gemidos que le evocaban sensaciones habituales para sus oídos, lamía la delicia que acababa de crear.

Cuando por fin levantaba la cabeza y volvía a introducir el dedo en la jarra, ella lo miraba con un brillo especial en sus ojos nublados por el deseo. "¿Qué piensa saborear a continuación, mi lord?" "Todo tu cuerpo. Y luego..."

En ese instante unos golpes en la puerta lo sacaron de su fantasía erótica. Se pasó las manos por la cara, que le ardía. Bajó la vista y sacudió la cabeza al ver la protuberancia que mostraban sus pantalones.

-"Diablos". Se trataba de, por lo visto, nunca calmada erección que le provocaba la señorita Kinomoto. Se ajustó los estrechos pantalones con una mueca y regresó casi cojeando al sofá. Se deslizó hasta sentarse sobre el cojín, cogió el periódico y lo situó estratégicamente sobre su regazo.

- Adelante

Entró un criado que le tendió una bandeja de plata en la que descansaba un sobre sellado.

- Acaba de llegar esto, excelencia. El mensajero ha indicado que es urgente y que debía aguardar respuesta.

Shaoran tomó la carta y se quedó de una pieza al reconocer su nombre escrito con la inconfundible y elegante caligrafía de…..

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Wow eso fue….

Mañana actualizo el preludio de lo inevitable, ya saben un capítulo más y vendrá lo que todos desea…..!Lemon!.

Como se darán las cosas ahora que el trato de la castaña con el conde tomo un cambio drástico….y de quien era la carta que recibió Shaoran.

Gracias a todos por sus buenos deseos, sobre todo a LIRIO23, aquí esta una parte de lo que deseas, ya veras como se ponen las cosas mas adelante, además veremos una cara de Sakura que pocos conocen ja ja ja(truenos y risas malvadas de fondo)

A por cierto no publicare el lemon hasta llegar al review número 100 jajajajaja, tienen 2 capitulos para llegar a la meta, así que para los lectores que dejan reviews y para los que no, empiecen a escribir.

No es por mala, pero es bueno alimentar el ego de los escritores un poco jajajaja.