DEFENSORA DE LA HUMANIDAD

NOTA DEL AUTOR – ¡Bueno! Esta vez no he tardado tanto en actualizar. ¿Seguro que ya habéis leído el capítulo anterior?

Y un saludo para Miss Jaeger-Cypher, que está siguiendo ahora esta historia. ¡Gracias!


CAPÍTULO 9 – CONTRADICCIÓN

Publicado el 9 de abril de 2019, con una extensión de 2.684 palabras.


"Eren tiene unos ojos muy bonitos." Grises, brillantes, con una intensidad penetrante.

Eso fue lo primero que pensó Sasha, al ver de nuevo consciente al moreno; lo segundo, que no había pánico en aquella expresión, más bien aturdida sorpresa.

"Teniendo en cuenta la situación, se lo está tomando bastante bien… La verdad es que no me cuesta mucho ponerme en su lugar. ¿Quizás porque yo también pasé antes por algo parecido? Abrir de pronto los ojos y encontrarte justo enfrente con una titán de quince metros que te está mirando…"

Aun así, la cazadora quería tranquilizar a su compañero, asegurarle que ella no suponía un peligro. "Al menos para él."

Recordó entonces que la frente del muchacho había brillado, justo al tocarla Sasha con uno de sus dedos. "Igual que ocurrió con Ymir y Marco, antes… Y luego resultó que podía comunicarme con ellos mentalmente, sin necesidad de palabras. ¿Podré hacer ahora lo mismo? Bueno, por probar que no quede…"

Trató de imaginarse lo que estaría sintiendo Yeager en ese momento; lo que habría preferido escuchar ella, en esa misma situación.

"¿Eren? ¡Hola! Qué tal estás. Sé que no lo parece, pero soy yo, Sasha. Resulta que puedo transformarme en titán. ¡Acabo de cargarme a uno! ¿Lo has visto?"

La joven sintió el vago impulso de llevarse una mano a la cara; le daba la impresión de que podría haber elegido mejor sus palabras… Por otro lado, era mayor su expectación, sobre cuál sería la reacción del moreno.

–Ah, no estoy seguro de haberlo visto… –Eren contestó al fin, titubeante, todavía con un aire de confusión en el rostro–. Pero creo que sí lo he oído, debió ser eso lo que me despertó. –Meneó la cabeza–. Espera, entonces… ¿De verdad eres tú, Sasha? –El chico sonrió con incredulidad, alzando momentáneamente las cejas–. ¿Desde cuándo puedes transformarte en un titán?

"¡Oh! Pues igual que tú, supongo. ¡Resulta que somos cambiantes! Al parecer, podemos cambiar a voluntad entre una forma humana y otra titán. ¡Tú también eres capaz!" La cazadora indicó con una mano el cuerpo del Rebelde; sonrió un poco, llevada por su entusiasmo, aunque procuró no enseñar los dientes para no intimidar accidentalmente al muchacho.

Parte de ella dudaba. ¿Acaso había revelado demasiada información, demasiado rápido? Y sin embargo… "Eren acaba de decir que puedo transformarme en un titán, no que yo sea uno de ellos. Creo que, a cierto nivel, él mismo sabe que también es capaz de hacerlo."

Miró a su alrededor y se fijó de nuevo en todos aquellos titanes abatidos, ya prácticamente desaparecidos; en comparación, el Rebelde, aunque continuaba emitiendo vapor, todavía se conservaba mucho mejor… al margen de las numerosas heridas que se había ganado en combate.

"No sé si Eren podría meterse ahí dentro, en su nuca, otra vez… ¿Su titán se regeneraría? ¿O sería más fácil dejar que se desintegrase y crear otro cuerpo? ¿Es posible formar varios al mismo tiempo, o tiene que ser sucesivamente? ¿Cuáles son los límites, si los hay? ¡Tantas cosas que no sabemos!"

A todo esto, el joven soldado había ido siguiendo los movimientos de su gigantesca compañera; sus expresivos ojos grises se abrieron aún más sorprendidos, al ver que tenía las piernas metidas en la nuca del Titán Rebelde. Eren fue saliendo cuidadosamente, tambaleándose, con vacilación; aquella misma perplejidad de antes, todavía pintada en su rostro.

Sin embargo, la perplejidad se convirtió en otra cosa bien distinta, ya mucho más reconocible en él, al contemplar los cuerpos de todos los enemigos caídos a su alrededor.

–Sasha, estos titanes que se ven aquí… –No llegó a terminar la frase; como si aún le costase creer todo lo que estaba viviendo.

"¡Ah, qué va! No he sido yo, alguien se me adelantó."

–Entonces… ¿Fui yo? ¿Yo lo hice? ¿Maté a todos estos titanes?

"¡Pues sí! Los que se ven aquí, y otros cuantos más con los que te topaste, por toda la ciudad."

Hubo un instante de silencio.

Bien. Me alegro.

Aquella expresión, tan apropiada en él, tan reconocible… Una furia ya tranquila, una ferocidad satisfecha, tras haber aniquilado a sus enemigos.

Y a pesar de sus quince metros, en aquel momento, Sasha sintió un poquito de respeto… y también algo más; todavía no supo qué.

Eren Yeager, aquél al que algunos llamaban idiota suicida, terminó de salir de la nuca de su titán; ya sin más vacilaciones, como un conquistador que hubiese alcanzado una cima largo tiempo deseada-

Y entonces aquella impresión se vino abajo, con la misma rapidez con la que de pronto le fallaron las piernas.

El chico tuvo que apoyarse con las rodillas y las manos, imitando sin pretenderlo la postura de su compañera, para no caer rodando hasta estamparse contra la calle.

En realidad, tenía un aspecto un tanto desmadejado: en algún momento, había perdido la chaqueta de su uniforme, además del equipo de maniobras y los contenedores con las espadas, si bien aún conservaba el correaje en torno a su pecho.

"Y qué raro, le falta la manga izquierda de la camisa, también la bota y la pernera izquierda del pantalón… ¿Cómo se las habrá apañado para perderlas?" Armin no les había contado muchos detalles cuando le encontraron abandonado en mitad de Trost, sólo que el resto de su unidad había muerto; pero viendo ahora aquellos desgarrones en la ropa del moreno, no era tan difícil imaginarse lo que habría pasado.

Naturalmente, antes de que Sasha pudiese ayudar a su compañero, Mikasa ya había aparecido junto a él, casi como por arte de magia. El moreno enseguida volvió a estar de pie… aunque la oriental todavía siguió sosteniéndole con sus manos, un poco más de lo estrictamente necesario.

"Lo que me extraña es que no le haya abrazado ya otra vez," pensó para sí la de Dauper, sonriendo enternecida por aquello. "Debe de estar conteniéndose, para no agobiarle."

Sin embargo, a juzgar por la exasperación de Eren, aquel contacto ya le resultaba bastante prolongado. "No me atosigues," parecía decir con su ceño fruncido; aun así, no llegó a apartar a Mikasa a empujones (algo que había hecho más de una vez en el Cuerpo de Cadetes), sino que ella misma le soltó antes y retrocedió unos pasos.

La joven mantenía una expresión cuidadosamente neutra, pero estaba claro que en aquellas circunstancias era una máscara. Sus brillantes ojos negros traicionaban una frustración resignada, un intenso torbellino consistente en todo lo que quería y no podía decir; una situación indeseada, a regañadientes aceptada.

Y por un momento, Sasha volvió a ver a Mikasa, sollozando abrazada a Eren, cuando todos le creían muerto-

La chica titán ni siquiera lo pensó: colocó uno de sus enormes dedos, con cuidado, justo debajo de la barbilla del muchacho… y negó suavemente con la cabeza, sin dejar de mirar a su compañero.

Aquellos ojos grises, ahora mucho más abiertos y por completo centrados en ella, parecieron arder por un instante, a caballo entre la sorpresa, la indignación y el miedo. Braus podía sentir la nuez de Yeager, desplazándose al tragar saliva; por alguna razón, acariciar así su garganta le hacía sentir de manera muy distinta a cuando le había tocado antes la frente.

Parte de ella se sentía fascinada, por la facilidad con que, con un solo gesto, tenía de pronto tanto poder sobre alguien; otra parte (¿o acaso era la misma?) se preguntaba si cambiaría esa emoción, acariciando de diferentes formas aquel cuerpecillo tan frágil y que sin embargo albergaba tanto potencial en-

Una mano se posó, firme, sobre su titánico dedo; el pañuelo que cubría esa muñeca resultaba inconfundible.

La mirada de Mikasa era intensa, otra vez, pero… Había ahora algo distinto, en sus ojos; una expresión que, aun teniendo un poco de ese "te asesinaré mientras duermes" característico de ella, parecía dividida entre decir "gracias" y "déjale en paz".

Sin embargo, la advertencia que pudiese haber en aquellos orbes oscuros, quedó eclipsada por la reacción de Eren, bastante menos sutil.

–¡Os podéis ir a tomar por culo las dos! ¡Ya es lo que me faltaba! ¡Como si no me bastase con tener a una-!

Justo en ese momento, el exaltado mozo trató de apartar aquel enorme dedo con un manotazo airado… sin demasiado éxito; más bien fue él quien terminó moviéndose, tambaleante, a punto de perder el equilibrio otra vez.

Sasha podría haberle agarrado. No lo hizo.

Al final, casi sin poder evitarlo, Mikasa reaccionó antes: soltó el dedo de la cazadora gigante y sujetó rápidamente a Eren de un hombro, sin muchos miramientos.

La expresión de la joven, tranquila y neutra, contrastaba considerablemente con aquel aire de dignidad ofendida del muchacho; algo que habría resultado cómico en otras circunstancias.

La tensión podría haberse cortado con un cuchillo; más aún, cuando Yeager se encaró de pronto con su compañera, agarrándola de los hombros al mismo tiempo que se apoyaba en ella, hasta quedar mucho más cerca que antes.

Por un momento, la de Dauper temió que fuese a soltarle un mordisco: enseñaba todos los dientes, pero no era precisamente una sonrisa.

–Ya no sé cómo tengo que decírtelo para que me entiendas –masculló él, con un brillo peligroso en sus ojos grises–. Mikasa, no necesito que estés pendiente de mí, las veinticuatro horas del día. ¿No te das cuenta de que-?

Eren se interrumpió de súbito; la penetrante mirada, posada sobre su propio brazo izquierdo, allí donde le faltaba una manga.

En su cara fue apareciendo algo más, aparte de la persistente furia: una expresión vagamente desquiciada, que no decía mucho a favor de su cordura.

Sasha intercambió rápidamente una mirada inquieta con su compañera. Mikasa disimulaba bastante, pero en los ojos se le notaba cierto desasosiego. "Ella también lo ha visto."

Yeager se pasó aquella misma mano por la cabeza, echándose hacia atrás los cabellos. Las comisuras de sus labios se torcieron de repente en una mueca que tampoco ahora llegaba a ser una sonrisa; daba la impresión de estar dividido entre las ganas de reír y soltarle un puñetazo a alguien.

–Perdí este brazo, ¿sabes? –susurró con perturbadora calma–. También perdí una pierna… Y aquí estoy. Como si no me hubiera pasado nada. Es irónico, ¿no? Que me llamen "suicida" cuando en realidad… Quizás ni siquiera puedo morir.

Braus tuvo un mal presentimiento al oír aquello. Todavía recordaba (nunca se le olvidaría), cuando había estado tirada en el suelo, mirando al cielo, con un agujero de bala en el estómago… "Me da la impresión de que que podemos morir." O por lo menos ella, en ese momento, había estado segura de que iba a hacerlo. "Me parece que no somos precisamente inmortales, ni Eren ni yo."

Y sin embargo.

¿Acaso podía saberlo a ciencia cierta? ¿Y si efectivamente era así, y ninguno de los dos iba ya a morir jamás?

"Vivir para siempre, ser capaces de regenerar cualquier herida, transformarnos en gigantes de quince metros, con el poder de someter y destruir a cualquiera que se interponga en nuestro camino… ¿En qué nos convertiría eso?"

"En dioses."

Sasha sintió un escalofrío bajando por su espalda, hasta extenderse por todo su cuerpo. Tuvo que hacer un esfuerzo consciente, para no temblar ni saltar allí mismo; con suerte, sólo la delató un ligero respingo. Trató de disimular para los demás, aparentando mirar a su alrededor por si había más titanes cerca. Pero sabía que no iba a encontrar nada fuera: aquel enemigo estaba en su interior.

Cuando volvió a calmarse un poco, se fijó de nuevo en el chico, que la observaba extrañado; y la cazadora de Dauper, también para tranquilizarse ella, intentó aclarar algunas cosas, comunicándose mentalmente con su compañero.

"A ver, Eren… No creo que sea como tú dices. ¿Que no podemos morir? Imagínate que te cortan la cabeza, o que te pegan un tiro en la frente y esparcen tus sesos por todas partes. ¡Ni tú ni yo podríamos recuperarnos de algo semejante!"

–Bueno, eso habría que verlo –refunfuñó Yeager, dudando, con el ceño arrugado; en sus ojos centelleó una chispa de tozudez y desafío–. Si se supone que podemos alternar entre un cuerpo humano y otro titán… –sonrió con ferocidad–. No creo que, midiendo quince metros, sea tan fácil matarnos con un tiro en la cabeza. Sabes que los titanes aguantan incluso cañonazos, se regeneran a toda velocidad… ¿Por qué iba a ser distinto en nuestro caso?

"Dudo mucho que algo así salga gratis, Eren. Siempre hay un coste, un precio que pagar… Todas las acciones tienen consecuencias." Sasha sintió otro escalofrío, al recordar (como un eco oscuro) las mismas palabras que Eso había dicho antes; no se le debió notar, por fortuna, porque el muchacho no parecía muy impresionado. "¿O es que no te cansas si te pasas todo el día dando vueltas a la pista, o haciendo ejercicios con el equipo de maniobras? Pues digo yo que será lo mismo, con nuestra habilidad de transformarse en titán… Deberíamos tener cuidado con lo que hacemos."

Recordó entonces la expresión de Mikasa: tantas cosas que habría querido y no podía decir, se le había notado en la cara… Y por alguna razón, a Braus no le costaba mucho ponerse en el lugar de su compañera (su amiga). Tuvo un impulso, casi una necesidad; y se dejó llevar… Quizás, si era ella quien lo decía, le haría algún efecto al "idiota suicida", en vez de entrarle por un oído y salirle por otro.

"Eren, es normal que Mikasa se preocupe de ti. Incluso si crees que no puedes morir, te aseguro que aún puedes sufrir. Hay destinos peores que la muerte."

El moreno había ido frunciendo cada vez más el ceño, conforme le escuchaba; por la expresión de sus entrecerrados ojos grises, se veía que no estaba nada contento.

–Vaya, no tenía suficiente con una… ¡Otra aguafiestas! ¿Pasas mucho tiempo junto a Mikasa? Porque te vas pareciendo más a ella…

Sasha se obligó a respirar hondo; una vez, dos veces. La corriente de aire agitó los cabellos del chico, que de pronto ya no parecía tan seguro de sí mismo. La joven gigante sintió cierta satisfacción al ver aquello; y por un momento (un instante de debilidad), pensó que sería muy fácil, mandar volando al impertinente mozo de un guantazo.

"Pero no lo haré. Luego habría que salir a buscarle, menudo rollo… además de que estaría mal." Aunque de algún modo, no dudaba que él sobreviviría algo así.

Mikasa debió intuir en parte aquellas tentaciones, porque enseguida volvió a colocarse delante de Eren, protectora. Sin embargo, en su actitud no había hostilidad alguna; en su mirada oscura, de ojos serenos y firmes, se reflejaba más bien una expresión acusadora.

La cuestión era… ¿De qué le acusaba exactamente? "Venga ya. ¡Como si ella nunca hubiese querido soltarle también una bofetada al otro!"

Yeager ya estaba apretando de nuevo los dientes y los puños, pero no era el único allí que se sentía frustrado. "¿Tan difícil es hacerle comprender?" Braus procuró seguir respirando hondo, aunque cada vez le iba costando más mantener la calma.

Los tres años de instrucción le habían servido, entre otras cosas, para darse cuenta de lo temerario (por decirlo con suavidad) que podía llegar a ser su obstinado compañero. "Y ahora, con semejante poder, de salir algo mal… Habría grandes y graves consecuencias."

No sólo le preocupaba lo que podría pasarle a él, y a quienes le rodeaban; en realidad, le preocupaba más todavía que ella misma no entendiese. "Porque que yo también suelo hacer eso de no pensar antes de actuar. Por mucho que se suponga que debo confiar en mi instinto… ¿Y si el instinto me falla? ¿Y si pierdo el control?"

Porque en el fondo, lo que más le aterraba era que Eso se hiciese con el control; aún tenía la impresión de sentirlo ahí agazapado, al acecho, esperando su oportunidad.

"Si cometo un error y por mi culpa… ¿Es algo que se puede evitar? ¿O sólo es cuestión de tiempo que-?"

–Por cierto, Armin está bien –interrumpió de pronto otra voz, completamente distinta–. Vamos, lo digo por si le interesa a alguien.