NI ONCE UPON A TIME NI SUS PERSONAJES ME PERTENECEN, ESTE FIC ESTA HECHO SIN FINES DE LUCRO PERO SI CON FINES DE ENTRETENIMIENTO PARA QUIEN LO LEE Y PARA QUIEN LO ESCRIBE

El reino era imponente, no había dudas de ello. Bastaba con darle solo un vistazo al enorme y lujoso castillo que se erguía al pie de la montaña, una colosal construcción cuyo único fin y propósito era alzarse, para demostrar cual poderosa y rica era la persona que fuese dueña de tal morada.

La ciudad no se quedaba atrás en cuanto a dedicación y acabados se refería. Una ciudad bien construida, esmeradamente diseñada para el confort y facilidad de sus habitantes. Con sofisticados sistemas de Drenaje, de caminos, y de ocio tal ciudad no podía decir que estuviese desamparada.

Cualquiera que viera la ciudad a lo lejos, podría jurar y perjurar que tal reino estaba lleno de esplendor y gloria, y que su monarca era sin lugar a dudas, alguien justo y cabal digno de gobernar sabiamente sin dejar de lado a sus súbditos.

Pero la triste realidad de las cosas, es que nunca son como aparentan ser. Y esta no era la excepción a la regla.

La ciudad que poco a poco se adentraba en el crudo invierno, esa época en la cual las cosechas y los campos están vacíos, los costos de la alimentación aumentan sin cesar, los vientos fríos y húmedos van repartiendo enfermedades a diestra y siniestra, los señores ricos se esconden en sus lujosas casas sin querer saber del mundo. en esos tiempos de hambruna, la ciudad pasaba su peor crisis posible.

Los ricos ya no eran tan ricos como consecuencia de los altísimos impuestos que habían alcanzado niveles desquiciantes. Como respuesta a eso, el desempleo en la ciudad había aumentado. la gente viéndose sin trabajo, y sin posibilidades para subsistir había recurrido a la manera mas fácil en esos días, el robo.

La inseguridad en las calles era pan de todos los días, lo mismo que encontrar a unos ancianos y niños desamparados muertos de hambre en las calles.

La ciudad estaba enfermando, las fosas ya no daban mas abasto. Los médicos y especialistas hacian todo lo posible para controlar el brote de alguna peste. Pero las cosas no pintaban exitosamente. Los intelectuales aseguraban que era cuestión de semanas, quiza meses para que todo explotara. Todos veian lo mal que estaba el reino, todos estaban debatiendo que era lo mejor que podia hacerse, pero sin el respaldo real, no podia realizarse nada.

La corte se preguntaba, ¿Qué habia pasado con su Majestad? ¿Dónde quedaba esa Reina Inteligente, Astuta para gobernar, y justa, la cual muchos pensaban que llegaría a ser la mejor soberana de su dinastía? ¿desde cuando a la Reina Regina le importaba un carajo lo que pasara en su ciudad?

La reina parecia abstraída, cada orden egoísta que dictaminaba solo servía para arruinar aun mas su posición entre los ciudadanos, que habian comenzado a dejar de amarla, para dejar paso al odio desmedido.

-no veo razón para tratar este asunto con Urgencia Sir charles—

-Pero…pero majestad—protesto el Medico estupefacto. Acababa de encontrar signos de gente asolada por la peste y el hombre esperaba que en la corte pudieran dar solución al problema. –si usted aprobara un plan de saneamiento en la ciudad creo que…-

-no hay necesidad de tal cosa, el reino tiene bastantes deudas que pagar, se elegirá un regimiento para que vigile la ciudad, a la mas minima señal de peste, deberán quemar al afectado. —la corte enmudeció ante la frialdad de su soberana.

-su majestad, eso solo resolvería el problema unas semanas, con las condiciones que tenemos no creo que…— el doctor se detuvo cuando la reina alzo su mano impaciente.

-es la única solución posible para tratar este problema, no se puede hacer mas—

-su majestad, el conde Jefferson solicita una audiencia—Regina alzo la vista hacia su sirviente bastante sorprendida. Los días habían sido tediosos, aburridos y asfixiantes. Y el recibir noticias del único tema que le interesaba, era siempre un cambio más que bienvenido. Sin contar con la urgencia de la situación.

-hazlo pasar, de inmediato—apresuro la reina. El consejero corrió a cumplir la orden y un apurado hombre entro a paso acelerado hasta llegar a la reina. Ni siquiera respeto el protocolo de reverenciar a la soberana pero eso a Regina le importaba un bledo. -¿y bien?—pregunto sin rodeos.

-su majestad, he traído la información que pidió personalmente, se que por carta o paloma mensajera hubiese sido más rápido pero…-

-no me importa, ¿Qué es lo que averiguaste?—

-creo que le gustara escucharlo en privado—Regina le indico a Jefferson que lo siguiera.

-nadie se mueve de aquí hasta que yo regrese— ordeno la reina a su temerosa corte. Y guio a Jefferson a su salón privado. -¿bien? ¿Qué tienes para mí?—

-como ordeno majestad, no despegue la vista ni de la princesa ni de su sirvienta, al principio solo pude observar una estrecha amistad, la princesa y su sirvienta…-

-se llama Emma—

-exacto Emma, se reunían en los jardines o en paseos por el pueblo, nada que pudiese notarse sospechoso. Hasta que mis hombres y yo nos dimos cuenta de que existían unas largas ausencias de ambas. Más o menos a la misma hora. Nos costó trabajo adivinar el paradero exacto pero al final lo logramos y nos pudimos dar cuenta de que…-

-deje de alardear y diga que averiguo—Jefferson parecía ofendido con el cortón pero asintió.

-tanto la princesa como…Emma, son amantes. Mis propios ojos vieron los besos, las caricias y bueno… Todo lo demás. Al principio no reaccionaba en mí, del asombro. ¿Cómo lo sospecho?—

-eso da igual—

-pero mi pregunta favorita es ¿Por qué tanto interés?—

-quería ver si Emma cumplió mis órdenes, yo le mande a seducir a la princesa—

-claro, seguro—se burlo Jefferson.—y como cumplió tan bien tiene usted esa cara de furia-

-¿y cómo se que lo que me dice es verdad?— Jefferson abrió los ojos con una sonrisa, como si estuviera esperando la pregunta. Saco de su fina gabardina un extenso paquete de cartas y papeles. Con ceremonia se lo entrego a la reina.

-la correspondencia de su sirvienta, créame me costó mucho conseguirla, comprenderá que la tuve que leer por motivos investigativos, tenía que saber si concernía al caso—se excuso Jefferson. Regina extendió la mano para tomar el paquete pero Jefferson se lo quito del alcance –ahora…mi hija—

-ah sí, claro. Tu hija. Sígueme— Regina salió del salón, llego a la corte y ordeno a los guardias que fueran por la hija del conde. En unos minutos una pequeña confundida llego al lugar y al ver a su padre corrió hacia el emocionada.

-espero que la haya tratado bien majestad Regina—amenazo Jefferson.

-tranquilo, tu hija recibió trato de reina. Le di la mejor habitación y mis sirvientes cumplieron todas sus órdenes, ahora dame esa correspondencia. —Jefferson encantado con la respuesta le entrego el paquete a Regina. Acto seguido salió sin decir una palabra más. Regina le hizo señas a su general para que se acercara.

-síganlos y mátenlos a todos—

-¿incluyendo a la niña?— pregunto el Graham con aprehensión .

-a todos, saben demasiado—repitió. El oficial asintió contrariado.

Después de dadas las ordenes Regina se adentro a su habitación y se dispuso a leer la correspondencia que había sostenido Emma este tiempo con su "Princesita"

"mi amada Emma:

Estoy en la soledad de mi habitación y lo único que he podido hacer estas horas en vela ha sido pensar en ti, dime ¿Qué me has hecho? pues la única persona que conozco ahora es a ti. No sé de los demás. Me has dado los meses más hermosos de mi vida, y la felicidad más completa que he tenido en mi vida. Y no puedo evitar preguntarme.

¿Era feliz antes de conocerte?

¿Cómo podía decir que era feliz si ni quiera te había conocido? ¿Había vivido engañada?

Es lo más seguro, después de todo, conocerte ha venido a cambiar el paisaje que ha sido mi vida, y no puedo evitar agradecerle a todos los dioses por haberte puesto en mi camino.

Siempre tuya: Snow"

Regina arrugo la carta con molestia, así que la princesita estaba seduciendo a Emma con esas boberías romanticonas, típico de princesitas bobas.

"mi amada Emma:

Que cruel ha sido el destino con nosotras, pero a veces suceden así las cosas. Muchas veces me he preguntado por qué te puso en mi camino justo ahora. Cuando llego David a mi vida lo acepte por la ilusión de vivir mi vida a lado de alguien que me amaba, pero no sabía que era ese vacío que me embargaba cuando estaba con él. Hoy que te veo, hoy que estoy a tu lado lo puedo comprender. Y sé que nunca hubiese sido feliz a lado de el. Porque yo estaba esperando a la persona amada. Y esa persona llego en quien menos pensaba.

No me arrepiento, se que estos errores y aciertos que ambas cometimos fue con un solo fin: encontrarnos. Y hoy te digo en esta carta que ahora que lo hice no pienso dar un paso atrás. Te amo con pasión. Te amo con locura, te amo con el alma.

Siempre tuya: Snow."

"mi amada Emma:

Caminar a tu lado hoy tomadas de la mano y en silencio por la tarde ha sido una experiencia maravillosa, si, suena estúpida y simple plasmada en papel y sé que si alguna otra persona llegara y me dijera que eso fue lo que hizo el día de hoy me burlaría y lo tildaría de loco y romántico sin remedio. Pero hacerlo contigo fue algo muy diferente, fueron segundos de felicidad en estado puro, así que llego a la conclusión de que no es lo que haces ni como lo haces, es la compañía la que hace que ese momento valga la pena. Me declaro completa y tontamente enamorada de ti Emma. No tengo remedio a lo que siento y no quiero tenerlo. Esto nos condenara lo sé, pero me quiero fundir en esto que siento.

Siempre tuya Snow"

Regina arrugo el papel de nuevo… Emma era la que tomaba su mano en las noches, a ella, no a esa princesa mosca muerta… ¿Emma iría todas las noches a apaciguar sus miedos como lo hacía con ella? Presurosa abrió la siguiente carta.

"mi amada Emma:

No estés triste, si. He aprendido a conocerte y sé que la partida de la reina Regina es un golpe fuerte en tu corazón. Es tu señora y lo comprendo. Aunque no puedo evitar ponerme algo celosa. ¿Cómo era tu vida con ella? ¿Te demostraba afecto? ¿Te quería y respetaba? ¿ o es tan temible como parece? Sea como sea se ve que la quieres y respetas. Pero no importa, tu historia con ella es una muy diferente a la que tienes conmigo. Sé que a ella la vez como a algo superior a ti, pero conmigo quiero que me veas cómo alguien igual. Como tu equivalente, tu alma gemela. Tu amada. Porque créeme Emma, no pido de ti sumisión solo amor. No pido de ti reverencias, el respeto mutuo me basta, no espero a alguien que me sirva fiel, solo quiero una caricia al final del día, un beso en la noche y una sonrisa en las mañanas. Solo quiero amar y amarte.

Siempre tuya Snow"

Ahora la maldita zorra se atrevía a compararlas… Regina se rio, quizá ella era la amada de Emma pero ella era Su reina, su señora, y sobre todo…ellas eran amigas desde la infancia, y un simple romance de cuarta no borraría eso jamás, ella tenía a su favor las risas desde niñas, los juegos, los secretos, las travesuras, la complicidad…el cariño y esa princesa no se lo podía quitar NUNCA.

"mi amada Emma:

Hoy se cumplen seis meses desde que te vi en aquel claro en el bosque, bendito momento que siempre llevare conmigo.

Siempre tuya Snow"

"mi amada Emma:

Fue el día mas importante de mi vida, te amo Emma y mientras lo escribo quiero saltar de felicidad, gritar a los cuatro vientos mi amor. Pero sé que debemos callarlo por un tiempo.

Te notaba afligida por la partida de la reina y en parte lo entendía, mis inseguridades hacia tu relación con su majestad Regina se fueron hoy cuando en medio del bosque me hiciste mujer….

¿tu aun tienes inseguridades respecto a David?

Eres inteligente Emma, sensible y perceptiva. Sabes que hay cosas que no se pueden fingir, la emoción que sentí en tus brazos fue sincera, respondí con pasión a tu pasión. Cuando me diste amor te entregue amor verdadero, y en la cima de nuestro placer, yo…."

Regina arrugo la carta enfurecida, tanta desvergüenza por parte de quien se decía llamar una princesa le daba asco.

-es una zorra- susurro Regina. –capaz de recurrir a cualquier cosa con tal de quitármela. -

Algo exploto en el interior de la reina. Toda la rabia contenida en esos meses exploto en contra de la princesa Snow. Ella acabaría con la princesa, no dejaría rastro de ella. La odiaba. La aborrecía….la quería muerta. Muerta, muerta y a cien metros bajo tierra.

Tomo el puño de cartas y comenzó a romperlas, así como rompía el papel y la tinta que plasmaban amor eterno con gran facilidad, así ella rompería toda la felicidad de la princesa Snow, así como separaba el papel así separaría a Emma y a la princesa. Así como esa joven desvergonzada la hacía sufrir ella le regresaría el sufrimiento al mil por uno.

Pronto varias de las cartas se vieron transformadas en miles de papelitos. Pero la reina aun no estaba satisfecha. Aun no había desquitado un poco su coraje. Con tres pasos decididos arranco las cortinas y las hizo jirones. Se acerco a la mesita de centro y la aventó contra la pared. Pero no fue suficiente. Agarro el jarrón y los múltiples floreros y los aventó contra las ventanas. A eso le siguieron las sillas que estrello contra las paredes. La reina se lastimo pero no le importo. Ella quería seguir destruyéndolo todo. Así como destruida estaba su alma.

Grito de rabia, de coraje. Pero no fue suficiente para ella. Se acerco a la chimenea y agarro el atizador de acero.

Su elegante y enorme ropero quedo irreconocible ante la atiza que le propino Regina. Uno tras otro. La reina perdió la noción del tiempo mientras lo hacía. Los que antes habían sido muebles finos de incalculable valor ahora solo era un cumulo de astillas y madera rota sin valor alguno.

Ante tal escándalo entro una sirvienta que se quedo de piedra al ver la locura de la reina.

-¿majestad, necesita algo?—

La reina se volteo a ver a la desgraciada con acero en mano.

-quiero que te largues ahora mismo—amenazo. Alzando el acero en dirección a la sirvienta que se cubrió la cara espantada.—quiero que desaparezcas de mi vista—la reina se acerco a la mujer—porque si te quedas un segundo mas—la mano de Regina tembló –te mato—dijo dándose la vuelta para seguir atacando los pilares de su cama con el atizador, la mujer salió despavorida de la habitación.

Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

Un aura de hostilidad reinaba en el palacio de la reina Regina y la inseguridad en el reino había aumentado, un pesado silencio se habia hecho presente en toda la ciudad. Su majestad hace días tuvo un ataque de locura el día que llego ese mensajero misteriosa una semana atrás y no había salido de su habitación desde entonces. Todos los sirvientes estaban preocupados, era un secreto a voces que la reina llevaba pidiendo botellas de licor a diestra y siniestra. La gente se lamentaba la ausencia de la señorita Emma. Si ella estuviera aquí, tendría controlada la situación con la reina pues todos sabían lo mucho que escuchaba su alteza a la señorita Emma.

El día de hoy el ambiente se cortaba con un cuchillo pues la reina le había dicho a la criada que le llevaba la comida que quería ver al ministro a las tres. La mujer asintió y comento que casi le había dado un infarto pues ella estaba acostumbrada a deslizarle la comida a la reina por una rendija, pero hoy la reina había espantado a la joven abriendo la puerta de par en par con un aspecto deplorable y una mirada de pocos amigos.

Un ministro nervioso entro a la recamara de la reina. Y fingió no sorprenderse ante el desastre que ahí había. Todos los muebles destrozados, la cristalería hecha añicos en el suelo, la alfombra rasgada. La cama hecha jirones, y el colchón arrumbado en un rincón. Las cortinas medio colgando. Esa no parecía la habitación de una poderosa reina, una emperatriz gobernante de siete reinos, eso era la habitación de una mujer enloquecida. La reina estaba de espaldas a él. Mirando el paisaje.

-a sus ordenes majestad—

-destruye el reino del rey Leopold— ordeno con calma Regina

-¿perdón?—

-quiero a todas las tropas, todos los cañones, todas las armas, y todos los hombres arrasando el reino, no me importa el precio—

-no veo sentido a destruir un reino que nos ha servido tan bien durante…-

-Cállate, quien te pidió tu opinión—espeto la reina. El ministro se cuadro.

-si majestad, disculpe usted—

-mándale una carta a la señorita Swan, debes decirle que quiero que venga lo antes posible. Con carácter urgente—

-enseguida.—

-no escatimaremos en gastos, quiero ese reino arrasado por las llamas, la cabeza del rey Leopold y toda la corte real, a todos los que se rindan los tomaremos por esclavos, mujeres hombres y niños, todos por igual, toda la nación del rey Leopold deben pagar. —

-si, majestad—contesto el Hombre con la garganta seca, reparando en lo que significaba obedecer a la reina ante tal capricho.

El reloj había marcado las cinco de la tarde Regina volteo a ver al ministro sonriente.

-¡vaya! Pero si es la hora de mi Merienda, me pregunto ¿esta vez que postre será? — se pregunto Regina en tono goloso. El hombre alzo las cejas pensando que la reina había perdido el juicio.

CONTINUARA….