Capítulo 9: Su paciente inglés

Si te sientas y piensas en ello, dormir es una cosa sobrenatural. En ciertas culturas, despertar es sinónimo de volver de la muerte. Para ellos la conciencia era vida, y todo lo demás no lo era.

Lo cual era muy apropiado, porque cuando me desperté esta mañana estuve seguro de que no había hecho la transición completa y la mitad de mi alma seguía atrapada en la otra vida. Me sentía como si fuera una de esas tablas de piedra que albergaban las almas de monstruos hechos de criminales egipcios y magos o como sea. [1]

En retrospectiva, quedarme sentado deprimido bajo la lluvia después de llevar varios días trabajando horas extras no fue una buena idea. ¿La recompensa por mis heroicos actos de anoche? Una fiebre y una dolorosa tos por la gripe.

—Me quiero moriiiiiiiiir. —Me quejo en mi almohada, mis paranasales obstruidos me hacían sonar como una oveja gruñona.

Llamé al jefe para informarle de que estaba enfermo, quien aprobó gustoso que me quedase en casa. Me dijo que durmiera un poco, el cual es un consejo que sigo con gusto. Me envuelvo como un caracol entre las sábanas de mi cama y trato de ignorar la incomodidad que mi adolorido cuerpo y mi cabeza congestionada me estaban causando. Me sentía como si alguien estuviera usando mi cuerpo como un tambor y lo estuviera golpeando repetidamente, tocando la línea de percusión de "He's a Pirate" con toda la pasión del mundo. [2]

Cuando era más joven, mis padres nunca estaban en casa, así que Komachi y yo nos cuidábamos mutuamente cada vez que nos enfermábamos. Fue una de las muchas cosas que solidificó nuestra relación fraternal. Sonrío al pensar aquello. Tal vez debería llamarla cuando me sienta mejor…

Cierro mis ojos y oigo el tictac del reloj de mi sala de estar desde el dormitorio. Aquel sonido me adormecía como si estuviera contando ovejas. El apartamento se siente mucho más grande y frío de lo que recordaba.

Pierdo la consciencia hasta la tarde. Cuando me levanté para sonarme la nariz tapada y beber un poco de agua de una botella que tenía cerca de mi lado, noté que el LED de notificación de mi teléfono parpadeaba. Tenía muchos mensajes de texto e incluso algunas llamadas perdidas. Algunos eran de Haruno preguntando sobre la información de un caso para la preparación de un juicio. Shizuka y Rumi ambas enviaron mensajes deseándome una recuperación rápida y prometiéndome aparecerse más tarde. Y… espera…

Yukinoshita me envió un mensaje también.

[Querido Hikigaya-kun, por favor llámame tan pronto recibas este mensaje]

Vaya, ¿sigue escribiendo los mensajes así? Hablando de rígida.

[Querido Hikigaya-kun, este es un mensaje urgente, por favor responde]

Suena muy impaciente, debe ser algo serio. ¿Es en relación al caso?

Había algunos mensajes más de ella.

[Querido Hikigaya-kun, me disculpo. Me he puesto en contacto con la estación de policía y el jefe Tsurumi me ha hecho saber amablemente que estabas enfermo hoy. Espero que te estés cuidando, no te preocupes por contactarme. El mensaje puede esperar]

Muy amable de su parte, aquella incómoda consideración que realmente te hace apreciar lo que ella hace.

[Querido Hikigaya-kun, me retracto de lo anterior. El jefe Tsurumi me ha contado que llevas trabajando 18 horas al día durante las últimas dos semanas. Me ha dicho que contacte a Hiratsuka-sensei y me ha dado su número]

Mi corazón deja de latir y estoy seguro de que estuve clínicamente muerto por un segundo.

La terrorista emocional iba a tener pronto a un nuevo camarada.

¡JEFE, TRAIDOR!

[Querido Hikigaya-kun, he tenido una encantadora conversación con Hiratsuka-sensei. Quería que te pasara un mensaje. Dice que no podrá visitarte durante el día. Me ha pedido que vaya yo en su lugar]

¡MAYDAY! ¡MAYDAY! ¡MAYDAY! ¡MAYDAY! ¡MAYDAY!

Las bocinas estallan en mi cabeza. Intento convencerme de que no había manera de que Shizuka fuera así de cruel. Esto tenía que ser una broma. No, probablemente sigo dormido.

Jajaja, que sueño tan tonto.

Oh, espera, ¿hay otro mensaje?

[Querido Hikigaya-kun, estaré allí en 20 minutos]

El mensaje fue enviado hace 19 minutos.

¡DEFCON 1! ¡ESTAMOS EN DEFCON 1!

¡ESTO NO ES UN SIMULACRO!

¡GUERRA NUCLEAR INMINENTE! ¡REPITO, GUERRA NUCLEAR INMINENTE! [3]

Llaman a mi puerta y todas las alarmas mentales se funden en el vacío.

Me levanto de la cama lentamente y uso las paredes para sostener a un mareado yo que iba tropezando hacia la sala de estar. Considero por un instante no abrir, fingir que no estaba en casa. Los golpes continúan a lo largo de mi deliberación y, en contra de mi mejor juicio, abro la puerta.

Sorpresa, es Yukinoshita.

Estaba de pie ante mí con un atuendo informal, lo cual era raro de ver. Llevaba una blusa blanca con pantalones azul marino que estaban cubiertos por botas de lluvia de color amarillo brillante que le llegaban hasta las rodillas. Estaba cubierta con una chaqueta impermeable mojada de color verde oscuro, con un paraguas a su lado en las mismas condiciones. Rayos, ¿había comenzado a llover de nuevo? ¿Y acaso no tenía un auto? ¿Vino en tren?

Da lo mismo, tengo preocupaciones más urgentes. Y con eso me refiero a mí mismo.

—Lo que sea que esté vendiendo, no voy a comprar, —digo con rapidez, con la intención de ahuyentar esta molestia—. Por favor, váyas-

Su mano vuela hacia mi frente y yo tiemblo al contacto. Su mano se siente relajantemente fría contra mi piel.

—Tu frente está ardiendo. —Me mira fijamente—. Me decepcionas, Hikigaya-kun, ¿no puedes ni siquiera evitar caer enfermo por microorganismos más débiles que los tuyos?

—Déjame en paz, ya tengo más que suficiente con dos madres acosadoras en mi vida. —En realidad, si incluyes a Shiba, serían tres. Trato de apartar la mano de Yukinoshita, pero parece que estoy mucho peor de lo que pensaba. Apenas tengo fuerzas.

Yukinoshita toma mi débil resistencia como señal de que me había dado por vencido, y se mete a mi apartamento. A pesar de mis protestas, se las arregla para empujarme hacia mi habitación. Después de haber sido metido a la cama, ella me esponja las almohadas y coloca otra colcha encima de la que tenía. Busca en su bolso y saca una botella de medicina.

—Ten, paracetamol. Te ayudará con la fiebre.

—¿Llevas esto siempre contigo? —Pregunto desconcertado.

—Siempre es bueno estar preparada.

¿Preparada? ¿Qué eres tú? ¿Una navaja suiza? ¿De verdad fuiste a Inglaterra? Estoy empezando a sospechar que en realidad viajaste a Suiza y te convertiste en la unidad de apoyo, Yuki-no-Suiza.

Ella insiste en que lo reciba, y estoy demasiado hecho polvo como para resistirme, así que me trago las pastillas seguidas de un poco de agua para que se quedase tranquila. Para mi decepción, ella no abandona mi apartamento.

—Volveré con algo de comida, intenta descansar.

Y se va, caminando hacia las profundidades de mi casa. Sin siquiera pedir permiso para usar la cocina. Ni sabe donde están las herramientas. Pero de nuevo, probablemente se dará cuenta. Es Yukinoshita de quien estamos hablando. Sacando esos pensamientos de mi cabeza, trato de dormirme, pero la pura incredulidad de la situación hacía que mi mente funcionara a velocidades absurdas.

En mi estado de delirio, apenas puedo notar cuánto tiempo pasa antes de que Yukinoshita regrese con un tazón de avena. Ah, sí, la amigable bazofia blanca que está en los corazones de muchas recuperaciones en este país insular. Me da un tazón y una cuchara. Alcanzo la cuchara primero. Tan pronto como traté de apretar los dedos alrededor del utensilio, mis músculos protestaron de dolor y cedieron. La cuchara cae al suelo y Yukinoshita se inclina para recogerla.

—¿En serio? —Deja salir un suspiro exasperado que me hace rehuir un poco—. ¿No hay nada que puedas hacer por ti mismo?

—… Lo siento. No pretendía ser una carga.

Yukinoshita me mira con los ojos como platos—. En verdad debes estar enfermo como para que te estés disculpando conmigo.

Ehhhhhh… eso fue un insulto, ¿cierto?

Limpia la cuchara con una servilleta y se sienta al borde de mi cama, sobre las sábanas. Sumerge la cuchara y saca un poco de la avena.

Para luego acercar la cuchara a mi cara.

Oh, no. Claro que no.

—¡NO vamos a hacer esto! —Bufo—. ¡Es embarazoso!

—No hay otra opción. Estás demasiado débil como para hacerlo tú mismo, y tienes que comer.

—…

Miro la cuchara con incertidumbre. Esto era una trampa, ¿verdad? Yukinoshita estaba tratando de envenenarme y tomar mis posesiones, debe ser eso. Espera, ella sabe que no tengo nada. ¿Era premeditado? ¿Haruno envió a su hermana menor como asesina? ¡No le he dicho a nadie sobre tu novio, de verdad!

—Tampoco es agradable para mí. Pero es lo mejor.

Me quejo un poco antes de abrir la boca y aceptar la comida. Mi lengua estaba absolutamente hervida por la gripe, y con mi nariz congestionada, no podía saborear nada. Aunque probablemente fue bueno. Tragar fue un poco doloroso, pero me las arreglé. Mis ojos observan a Yukinoshita. No estoy seguro si sus mejillas estaban tan rojas por la vergüenza como las mías, o mi cerebro con fiebre estaba me estaba haciendo ver cosas.

El ciclo continúa hasta que oigo la cuchara golpeando el fondo del tazón, señalando que estábamos al final de este extraño ritual. Siendo que algo me golpea en la mejilla, y miro fijamente a la cuchara vacía dándome golpecitos con una Yukinoshita despistada sosteniéndola.

—Yukinoshita…

—¿Mmm? ¿Ocurre algo, Hikigaya-kun?

—No puedo comer porcelana.

Se levanta tan rápido como un rayo, recoge el tazón y los utensilios, y sale de la habitación como si los Perros de Tíndalos estuvieran tras ella, tartamudeando apresuradamente y haciéndome saber que iba a limpiar el tazón. Puedo escuchar el grifo abierto y los sonidos de los platos guardándose.

Dejo descansar la cabeza sobre las almohadas. Con el estómago lleno y mi resistencia al límite debido a la gripe, mis párpados empiezan a sentirse pesados y a caer lentamente. Sin nada más que hacer, me permito dormir.


¡Sr. Soldado! ¡Sr. Soldado!

Escucho el golpeteo de sandalias en el suelo mientras una niña me llamaba y corría a mi lado, interponiéndose entre mí y un compañero soldado con el que estaba teniendo una conversación. Comienza a tirar de mi manga para disgusto de mi compañero a quien le doy una disculpa rápida.

Me agacho y me pongo a la altura de los ojos de la entrometida—. ¿Sucede algo? —Pregunto en mi rudimentario cingalés.

La chica sacude la cabeza y empieza a arrastrarme hasta el centro de la aldea, donde observo una reunión de mujeres sentadas en círculo con un montón de cáscaras de paja en el centro.

¡H-hey!

¡Estamos haciendo cestas para granos! —Dice alegremente, sonriéndome. Mi corazón se derrite un poco. Me recordaba mucho a una Komachi más joven, y no soy lo suficientemente macho como para decir que no estoy nostálgico. Se siente como si hubieran pasado décadas desde la última vez que vi a mi adorable hermanita o a mi amada Chiba.

La niña hace un espacio para mí dentro de la reunión, dando palmaditas en el suelo a su lado. Con una seriedad adorable, comienza a enseñarme cómo tejer una canasta de paja. Las mujeres nos miraban con sonrisas divertidas, mientras que otras regañaban a la niña, diciéndole que dejara de molestar al soldado. Trato de asegurarles de que no había problema. Mis dedos se mueven torpemente, a pesar de las claras instrucciones de mi tutora. Las tejedoras más experimentadas lo hacían como máquinas en una línea de montaje; sacando canasta perfecta tras otra fácilmente cinco veces más rápido que yo.

Noto que otros niños nos miraban desde los huecos de las casas y los árboles. Estaban asombrados de la niña por tener la valentía de hablar con el más temible de los temibles soldados. Olfateo la idea de que incluso los otros niños pensaron que mis ojos eran un indicador para que mi persona fuera sospechosa. El mundo era un lugar cruel.

Mi primera cesta de paja quedó fea y deforme, con la parte inferior doblada hacia dentro por el pobre soporte que tejí en ella. Iba a tirarla e intentar de nuevo, pero la niña me la arrebata de los dedos.

¡Puede usarse, no importa cómo se vea!

Me dirige una sonrisa brillante que iluminó los rincones más oscuros de mi corazón.

¿De verdad? —le digo.

Su cara se contrae en confusión de repente y me hace otra pregunta.

Siempre llamo al Sr. Soldado, "Sr. Soldado" …pero ¿cuál es el verdadero nombre del Sr. Soldado?

Hey, vamos… Llevo aquí un mes ya, y me lo has preguntado tantas veces.

Mi nombre es…


Una sensación de humedad y frío en mi frente me despierta del sueño. Veo un par de manos sobre mis ojos, unos dedos delgados de color blanco pálido en una palma de aspecto suave. Me quitan una toalla de la cabeza y la sumergen en el agua de un tazón antes de estrujarla y volver a aplicarla.

—Oh. —Dice Yukinoshita con suavidad, notando mis ojos abiertos—. Lamento haberte despertado.

Me sentía peor que antes de mi breve siesta. Todo me dolía y la cabeza me daba vueltas a pesar de estar tumbado de espaldas. La forma en que ella me miraba me hizo sentir aún más nauseabundo, como si algo me sostuviera boca abajo y me diera vueltas. Esos ojos me recordaban a los que aquella vez en el tribunal.

Mi mano se extiende y agarra suavemente su muñeca. Me mira sorprendida, pero no se libra de mi agarre.

—Fue horrible… —Susurro, inseguro de dónde estaban viniendo estas palabras y pensamientos. Todo lo que sabía era que tenía esta urgencia de explicarme—. Teníamos que sobrevivir… no había otra manera… mucha gente buena… puedo haber muerto.

—Lo sé. —Me dice en voz baja y me sonríe con suavidad—. Probablemente hiciste algún plan horrible en el que sólo tú hiciste las cosas malas. Así es como eres.

Parpadeo. ¿Quién creía que era yo? ¿Angra Mainyu? [4]

—La confesión de Tobe-san. Los problemas de Isshiki-san con el consejo estudiantil. Mis propios problemas… —Se calla por un momento, con la mirada nublada—. En todos esos, nunca te preocupaste por ti mismo. Al convertirte en el objetivo, puedes lanzar tu cuidado al viento. Las opciones que no tenías antes se abren para ti… y en algunos casos, esas podrían ser las únicas opciones que tienes.

Esas palabras… ¿ella sabía?

¿Sabía lo de Sri Lanka? ¿Del año que pasé en la jungla?

—Yo… yo no estuve de acuerdo con muchas de tus decisiones. —Dice lentamente como si probara cada palabra con su lengua antes de dejarla salir—. Pero no creo que eso te haga una mala persona.

Un sentimiento extraño llena mi corazón. Como aquella vez con las canastas, mi corazón fue iluminado. ¿Qué era esta sensación? ¿Nirvana? ¿Iluminación? ¿Esplendor? ¿Asombro?

No, ninguna de esas era lo suficientemente descriptiva.

Me quedo en silencio, incapaz de responder a sus poderosas palabras. Yukinoshita sigue colocando la toalla mojada en mi frente rítmicamente durante unos minutos antes de hacerme tomar otra pastilla.

—Deberías dormirte. —Ella dice y me cubre con las mantas hasta la barbilla.

—… Gracias… por hacer todo esto… —Digo, respirando con dificultad.

—Está bien. —Me contesta y se da la vuelta, con su largo cabello negro moviéndose con ella.

Yukinoshita murmura algo más en voz baja, algo que no pude captar. Pero no pienso demasiando en ello para dejar que el sueño me reclame una vez más.


La mañana siguiente llegó, y mi cabeza ya no se sentía más como un globo sobreinflado. Ya no me sentía mareado sólo por estar de pie, por lo que me las arreglo para entrar al pasillo con relativa seguridad. Mis oídos captan los sonidos de las ollas y el chisporroteo de la cocina.

Curioso, ¿había alguien en mi apartamento esta mañana?

Me dirijo a la entrada de la cocina y me encuentro con una vista extraordinaria. Dos figuras de cabello largo y negro estaban paradas una al lado de la otra frente a la encimera. ¿Mi gripe había evolucionado a una enfermedad aún más loca? Porque estoy viendo doble.

—¿Está la singularidad aquí? ¿Alguna inteligencia artificial fuera de control inventó por fin la clonación? —Gruño, frotándome los ojos.

Las dos se voltean.

—¿Qué tonterías estás diciendo, tan temprano en la mañana? —Ah, ese tono severo, debe ser Yukinoshita.

—Yo. —Esa voz indiferente, esa es Rumi.

—Buenos días a las dos.

—Buenos días, Hikigaya-kun.

—Hachiman, buenos días.

Se miran la una a la otra con curiosidad.

Mi cerebro finalmente se despierta y hace una observación astuta—. Espera, Yukinoshita, ¿por qué sigues aquí? Deberías haberte ido hace rato.

—Era demasiado tarde para irme, los autobuses y los trenes cerraron. —Explica con calma—. Me quedé en la habitación para invitados; me disculpo, me tomé la libertad de buscar y tomar algunas mantas de tu armario.

—No pasa nada. —Me alegro de que tomara la opción segura y se quedara—. Era mejor que te quedaras a que te fueras. —Las cosas se estaban poniendo inciertas en Tokyo después de todo.

Yukinoshita se limpia las manos en el delantal antes de acercarse repentinamente e invadir mi espacio personal con la velocidad de una maestra kunoichi. Aparta mi flequillo y mide la temperatura de mi frente con el dorso de su mano. Escucho a Rumi hacer un sonido parecido a un delfín sofocado que tenía su espiráculo tapado.

—Hmm, todavía tienes un poco de fiebre, pero está más baja que la de la noche anterior. —Ella nota, antes de asentir con la cabeza—. Ve y lávate, el desayuno se servirá pronto.

—V-vale.

Cuando vuelvo del baño me encuentro con un desayuno japonés tradicional. Inhalé el aroma distintivo de la nostalgia.

—¿A qué viene el estilo clásico? —Le pregunto a las dos mujeres, sentadas en la mesa en lados opuestos, obligándome a sentarme en el suelo, por el bien de feng shui.

—Tsurumi-san vino por la mañana afirmando que preparaba el desayuno los viernes. Se negó a dejarme hacer el trabajo sola así que nos comprometimos a trabajar juntas.

—"Juntas" es decir mucho. —Gruñe Rumi mientras da un bocado de arroz.

—Podría serlo. —Yukinoshita asiente, concordando—. Tsurumi-san es incapaz de cocinar algo más que platos japoneses así que nos vimos obligadas a hacer una comida enteramente tradicional.

—¡Tch! —Rumi chasquea la lengua y mira hacia otro lado, avergonzada.

Desayunamos en un ambiente relativamente confortable. Yukinoshita tiene una pequeña charla con Rumi, diciéndole cuán agradable era volver a verla después de tantos años, y preguntándole sobre su vida en la preparatoria.

—No está tan mal, supongo. Tengo algunas amigas al menos. Es divertido estar con ellas. —Dice Rumi sin emoción.

—¿Oh? Me alegro por ti. —Dice Yukinoshita, y había genuina alegría en su voz. Rumi había conseguido lo que nosotros no pudimos por nosotros mismos.

Me meto en la conversación con arrogancia—. Sí, por supuesto. Rumi ha crecido mucho, y espero recibir algunas gracias por mi papel en eso.

—¿De verdad? —Yukinoshita me mira con sospecha y Rumi simplemente hace rodar los ojos. Mocosa descarada.

—Hablando de mejorar, Hikigaya-kun, tu apartamento está sorprendentemente limpio. —Los ojos de Yukinoshita observan la sala mientras ella hablaba.

En realidad, todo estaba relativamente impecable. Unas cuantas capas de polvo aquí y allá por el desuso, pero aparte de eso, todo estaba ordenado y organizado.

—No soy tan inútil, —le digo.

—Sí claro. —Se mofa Rumi, derribando mi respuesta—. Sólo está limpio porque nunca estás en casa para empezar.

—¿Es eso cierto? —Los ojos de Yukinoshita se entrecierran en ira—. Tiene sentido, pero al mismo tiempo es paradójico. ¿Qué pasó con el hombre que deseaba ser amo de casa para evitar trabajar? ¿Esa misma persona ahora se sobreexplota a sí mismo?

Sentí la ventisca que se avecinaba y rápidamente decidí que entre "pelear" y "huir", "huir" era la mejor opción.

—¡Aún lo hago, lo juro! Sólo fui un poquito lejos esta vez. No volverá a pasar, ¡lo siento! —Una de mis 108 habilidades de solitario: rogar por mi vida.

—¿Ehhhh? Esta no sería la primera vez que él se enferma por el cansancio. —Interrumpe Rumi con una mirada de autosuficiencia, complacida por cobrar venganza.

El semblante de Yukinoshita se enfría aún más.

—E-eh, ¡R-Rumi! ¡Estás aquí más temprano de lo habitual! —Tropiezo con las palabras, intentando desesperadamente cambiar el tema por mi propia seguridad—. ¿Qué sucede?

—Shizuka dijo que quería que comprobara como estabas, estando tú enfermo y todo eso. Salí de la casa antes.

Oh Shizuka, si no te odiara por lo que hiciste ayer, me sentiría tan agradecido por tu preocupación.

—Una cosa, Hikigaya-kun, ¿por qué está Tsurumi-san en tu casa? Me parece extraño que una chica de preparatoria te haga visitas personales. Aunque ella ya sea legal, la diferencia de edad deja mucho que desear. Oh, a menos, claro, que esto pruebe mi teoría de que eres, en efecto, un lolicon. ¿Se ha degradado tu moral junto con tus ojos?

—Absolutamente no. —Niego al instante—. Sólo resulta que conozco bien a los Tsurumi.

—¿Oh? —Enarca una ceja—. Por favor explícate.

—Bueno, Shizuka se casó con el tío de Rumi, Tsurumi Kenji, el jefe de policía. También serví con el padre de Rumi en la JSDF, era mi comandante. Fue él quien me recomendó este trabajo de hecho, dijo que su hermano estaba buscando contratar o entrenar a un detective. Aparentemente, yo cumplía con los requisitos, así que cuando fui… dado de baja, me vine a Tokyo.

—Hachiman… —Rumi me tira de la manga con preocupación. Ella sabía que mi desastrosa carrera militar no era mi tema favorito de conversación.

—Está bien, no es gran cosa, Yukinoshita ya lo sabe, —le aseguro, revolviéndole el pelo por si acaso. Rumi me aparta la mano y me mira fijamente. Yukinoshita nos mira con calidez.

Cuando acabamos el desayuno, las dos se preparan para irse. Pero antes de hacerlo, Yukinoshita me dice que volverá más tarde al anochecer para comprobar cómo estaba yo. Rumi menciona que Shizuka también vendría más tarde. Yukinoshita sonríe y dice que sería agradable verla de nuevo.

Huh, ¿saben?, ahora que lo pienso, Yukinoshita ha estado sonriendo mucho últimamente. Esto debe ser algún tipo de nuevo récord mundial.

Y como prometieron, las tres mujeres se presentaron en mi puerta al anochecer, con una botella de champaña en los brazos de Shizuka.

—¡Hachiman! —Llama mi ex-profesora mientras abría la puerta de mi habitación—. ¡¿Estás vivo?!

—¡No, no lo estoy! —Le grito— ¡¿Y en serio trajiste alcohol cuando hay una menor de edad?!

—¡Este de aquí no tiene alcohol! —Dice con orgullo, como si su adhesión básica a la responsabilidad fuera digna de reconocimiento. Los adultos vienen en todas las formas y tamaños, supongo.

Yukinoshita y Rumi le siguen, y mi habitación fue oficialmente invadida y ocupada. Shizuka me empuja y me da un pequeño codazo, dejando claro con la mirada de que quería saber qué había pasado ayer. Aparté la mirada a su sonrisa, la cual me decía que intuía lo que pasó.

Yukinoshita empieza a hacer la cena, y nos reunimos con ella en la cocina, conversando mientras ella hacía su magia. Todo esto era ruidoso e irritante… pero divertido.

La cena iba bien hasta que Rumi hace el comentario insípido de que yo me estaba comportando de forma letárgica. Shizuka confirmó que mi fiebre había regresado y me metió de nuevo en la cama como si todo esto fuese una especie de rutina de sitcom.

Después de taparme con las mantas y apagar las luces, se me acerca y me susurra al oído.

—Kenji me contó sobre los muelles. Estoy orgullosa de ti.

Le susurro de vuelta fingiendo enojo—. Cierra la boca, mujer. Quiero dormir.

—¡Vale, no hace falta que te cabrees conmigo! Idiota desagradecido.

No había veneno alguno en sus palabras y me encuentro a mí mismo sonriendo mientras ella se iba, cerrando la puerta por fuera. Puedo oír las voces amortiguadas de las chicas charlando en la sala de estar. Capto algunas frases sobre programas de TV y alguna charla sobre comida. Me quedo dormido pensando que mi apartamento ya no se sentía tan grande y vacío.


Me levanto a la mañana siguiente sintiéndome completamente renovado. Estaba seguro de que me había recuperado por completo así que le envié un mensaje al jefe diciéndole que iría a trabajar hoy, para luego salir del dormitorio. Salto de la cama, con la intención de desayunar rápido y salir corriendo a trabajar.

En cuanto salgo de mi habitación me doy cuenta de que una vez más, sonidos extraños vienen de la cocina, lo cual era extraño. ¿Rumi está aquí otra vez? Hoy no era uno de los días en los que normalmente venía. Vaya, qué buena chica, casi tanto como Komachi. Si acaso un poco más inteligente. Sin ofender, Komachi. Pero no temas, mi adorable hermanita de sangre, ¡eres definitivamente más linda! Camino a la cocina y miro adentro como si fuese un ladrón de dibujos animados, a pesar de estar en mi propia casa.

Me equivoqué, de pie en la cocina con un delantal amarillo sobre su ropa de trabajo estaba Yukinoshita Yukino.

—Buenos días, Hikigaya-kun.

—Buenos dí- no, espera, ¡esto está totalmente mal! —Exploto a mitad de la frase—. ¡¿Por qué estás- no, cómo entraste?!

—Hiratsuka-sensei me dio su juego de llaves de repuesto. Ambas estuvimos de acuerdo en que eras inútil por tu cuenta.

Debí saberlo.

—… Es demasiado temprano para que me aplasten la autoestima. —Suspiro derrotado—. Haz lo que quieras.

Tomo un libro y me siento en mi asiento habitual al pie de la mesa, y empiezo a leer para pasar el tiempo. Miro adelante cuando escucho a Yukinoshita salir de la cocina con una bandeja en la mano.

—¿Oh? Me alegro de ver que seguiste con el pasatiempo. —Dice Yukinoshita mientras pone un tazón en la mesa, frente a mí—. ¿"La Conquista de la Felicidad"? ¿Al fin has reconocido que tu deplorable estilo de vida es insatisfactorio, Hikigaya-kun?

—Al contrario, simplemente estoy obteniendo pruebas de que la felicidad requiere mucho más esfuerzo que la felicidad, por lo que no hacer nada es lo mejor que se puede hacer.

—Veo que has vuelto a ser una babosa de la eficiencia. —Suspira Yukinoshita, decepcionada—. Por lo menos es literatura de verdad, no esas fantasías de auto-inserción juveniles que solías leer tan a menudo. Y en inglés, además.

—Sí, bueno, es sorprendente lo mucho que puedes aprender cuando sólo tienes un libro para leer durante un año de despliegue y que resulta estar en un idioma extranjero. Creo que lo memoricé antes de entenderlo siquiera.

¡Y sigo leyendo novelas ligeras! ¡Claro que son "literatura de verdad", maldición! ¡Sólo estoy esperando el siguiente volumen de Black Bullet! [5]

—¿De verdad? Impresionante.

—¿Es eso sarcasmo?

—Los dioses me libren. —Yukinoshita llena su plato de comida antes de sentarse.

—"Gracias por la comida" —Susurramos. Espero a que ella de un mordisco para empezar a comer yo.

—¿Está bien para ti venir aquí? ¿No estás ocupada y todo eso? —Pregunto, preocupado de que pudiera estar causándole problemas.

—No es un problema. —Niega Yukinoshita, segura—. Mi padre está consciente del caso, y está gustoso de permitirme dedicarle todo mi tiempo.

—¿Sí? Es un poco raro, si te soy honesto.

Yukinoshita se ríe con suavidad—. Creo que mi padre aún sigue intentando agradecerte. Por mantener a Nee-san a salvo. Oh, y Nee-san también te envió sus mejores deseos con respecto a tu enfermedad.

—Dile que no los necesito… —De repente me golpea la curiosidad— ¿Dónde trabajas entonces?

—Trabajo en la oficina del fiscal del distrito, bajo la dirección de mi hermana, temporalmente. ¿Irás a la comisaría hoy?

—Tengo que terminar un papeleo. Probablemente me iré pronto.

—Ya veo, deberíamos irnos juntos entonces.

Levanto una ceja, pero no digo nada.

Terminamos el desayuno y regreso a mi habitación a vestirme para el trabajo. Con una camisa y pantalones puestos, me coloco la funda de hombro. Mi pistola le sigue. Tras el evento en el barco hace dos noches, desarmé el arma para limpiarla y engrasarla. Todavía no junto el receptor superior e inferior con la empuñadura. Alineo las ranuras y las coloco en su lugar, para encontrarme con un clic satisfactorio.

—¿Hikigaya-kun? ¿Te encuentras bien? —La voz de Yukinoshita viene de fuera de la puerta.

—Estoy bien, —le digo—. Puedes abrir la puerta, tengo problemas para oírte.

La puerta de mi habitación se abre lentamente y Yukinoshita entra con paso cauteloso.

—¿Hay algún problema? —Pregunto.

—No, era sólo que te estabas demorando un poco. Estaba preocupada de que quizá siguieras enfermo.

—Oh. Lo siento por eso. Sólo estaba recogiendo mis cosas. —Deslizo la H&K dentro de la funda, acción que atrae la atención de Yukinoshita. La forma en que sus ojos se abren me saca una risa.

—¿Asustada? —Bromeo.

—N-no, no lo estoy… es sólo que nunca había visto una tan de cerca…

Las leyes japonesas para las armas son estrictas. Para obtener una licencia tienes que tomar una clase de día completo, pasar un examen físico y mental, y también someterte a una verificación de antecedentes. Incluso entonces, sólo podías comprar escopetas y rifles de aire comprimido, no armas cortas.

Para las fuerzas del orden, era algo diferente, pero las restricciones de poder seguían vigentes. Los oficiales de policía japoneses tradicionalmente llevan un New Nambu M60, un revólver de doble acción que aceptaba la bala especial 0.38 Smith & Wesson.

Junto con eso, algunos oficiales optan por llevar pistolas modernas como su arma principal. Se trata en su mayoría de armas que cumplen con el estándar Parabellum de 9 milímetros. Con el aumento del crimen, esta opción se hizo más popular entre las fuerzas del orden últimamente. Mi propia Hecker & Koch P30L usa esa bala de 9 milímetros, aunque raramente verás este modelo en este país. Como detective, también tengo la aptitud para conseguir una licencia de portación oculta.

Los japoneses rara vez ven armas, así que es una novedad.

Saco mi chaqueta de su percha y estoy a punto de ponérmela cuando soy interrumpido por Yukinoshita.

—¿Dónde está tu corbata?

—No uso una.

—¿Por qué no? —Sus ojos se entrecierran con desagrado—. ¿No eres un detective? Deberías lucir como tal.

—No puedo atar una. Además, me atrasa la mañana. —Respondo a la defensiva.

Yukinoshita suspira y camina energéticamente hacia adelante, empujándome fuera del camino. Saca una corbata negra del estante dedicado del armario—. Quédate quieto.

Se me acerca y me agarra el cuello antes de que yo pudiera protestar, comenzando el proceso de ahogarme con la cuerda plana de colores conocida como corbata.

¿Qué demonios?

El sonido de sus tacones en el suelo de madera me hace mirar hacia abajo y mirar fijamente sus piernas, que hoy estaban cubiertas de medias negras. Estaban más largas y mejor formadas de lo que recordaba en la escuela.

Podía oír sus suaves respiraciones, haciéndome cosquillas en el cuello. A esta distancia podía oler el champú de su cabello. Era floral, quizá gardenia blanca con un toque de coco. Sus manos pasaron varias veces por mi cabeza mientras me ponía la corbata alrededor del cuello, y también podía oler el jabón que usaba en sus manos. Era una picazón refrescante, como la sal marina en la brisa que fluye en la playa.

Cometo el error de mover mis ojos un poco hacia arriba y estos son capturados por la forma de su nuca. Me apresuré a mirar a otro lado, hacia sus labios. Eran de un bonito color rosa, con un suave brillo en ellos. ¿Llevaba pintalabios? No parece su estilo, ¿tal vez bálsamo labial?

Me pregunto de qué sabor era.

La siento tirar de la corbata completa, haciéndome saber que había terminado—. Ahí, todo listo.

Antes de que yo pudiese registrar qué pasaba, ella ya tiene mi chaqueta en sus manos y me ayuda a ponérmela.

Esto debería avergonzarme. Y digo avergonzarme de forma extrema por las cosas que estábamos haciendo. Pero no sé como sentirme. Ella regresó a mi vida como un segundo huracán que devastó una tierra que ya había sido golpeada por una tormenta anterior. Fue tan caótico que lo acepté.

¿Estoy perdiendo el control de mi vida?

¿Me estoy convirtiendo en un "herbívoro", como se quejan esos expertos en la televisión? De alguna manera, yo era parte de la razón por la que la taza de natalidad estaba disminuyendo. Y yo aquí pensando que por fin me había convertido en un miembro productivo de la sociedad.

—Te acompaño a la estación, —le digo de repente, sorprendiéndome incluso yo mismo.

Yukinoshita me mira con curiosidad—. Está bien, puedo arreglármelas.

—No, —digo con firmeza—. Te la debo por todo lo que hiciste esta última semana.

—Si tú insistes…


-El título del capítulo es una referencia a la película "El paciente inglés".

[1] Referencia a Yu-Gi-Oh!

[2] "He's a Pirate" es el tema icónico de Piratas del Caribe.

[3] DEFCON 1 es un nivel de alerta militar, el máximo que hay. Significa que ya se acerca una guerra nuclear. Nunca se ha alcanzado este nivel.

[4] Referencia a Fate Hollow/Atraxia. Angra Mainyu fue humano durante los tiempos del Zoroastrismo, y fue sacrificado al azar en una aldea para tomar todo el mal del mundo, y absorberla para que la aldea pudiera ser buena.

[5] La novela ligera de Black Bullet lleva en hiatus desde el 2014.