Disclaimer: la obra no es mía sino de Rosamund Hodge, es un adaptación de la saga Cruel Beauty, Gilded Ashes . Pero he cambiado cosas en la historia para que corresponda a las personalidades de los personajes del mundo de Naruto, los cuales tampoco me pertenecen, sino a su creador, Masashi Kishimoto.


CAPÍTULO NUEVE

ERRORES DEL PASADO

Él está a salvo. Es todo lo que importa. Me digo que es todo lo que importa cuando la rabia de Madrastra cae sobre mí, como hace estragos en Sakura, mientras que ella nos da bofetadas, nos sacude y nos arrastra por las escaleras para encerrarnos en el sótano.

Sasuke está seguro, y no puedo dejar de pensar en sus ojos y su voz mientras lo traicionaba, pero él está a salvo. Se alejó de la casa y nunca, nunca volverá a ella, nunca más volverá a mí.

Dedos invisibles acarician mi cabello. Me recuesto, curvo mis labios hacia arriba, y susurro—: Estoy tan feliz de estar aquí, Madre.

—¿Qué? —dice Sakura, y me estremezco al recordar que ella está aquí conmigo.

Nunca he estado encerrada en el sótano con nadie antes.

—Dije que estoy tan contenta de que me puedo quedar aquí —le digo—. Hablo con mi madre cada vez que me siento sola. ¿No dicen que los muertos velan por nosotros?

Sakura mira por encima de mi hombro, y luego sus ojos se encuentran con los míos.

Puedo ver que está adivinando, y temerariamente, sigo diciendo—: Es por eso que siempre estoy alegre. Debido a que ella está cuidándome. Y sé que ella querría que yo sea feliz.

El aire vibra a mí alrededor con una indudable risa afectuosa.

Los ojos de Sakura se ensanchan ligeramente. Puedo ver que está juntando mis sonrisas y los rumores de demonios y da con la verdad, y siento un giro repentino de miedo porque si ella entra en pánico…

Pero ella sólo asiente ligeramente y endereza los hombros. Incluso en cuclillas en el sótano con un moretón en la mejilla, ella se parece a una obra de arte: una princesa de Troya, tal vez, el luto y toda majestuosa entre las cenizas de su pueblo.

Por primera vez, no creo sobre su porte y belleza como una mentira. Ha vivido durante años entre los demonios y las cenizas del amor de su madre sin llorar. Ahora sabe sobre el fantasma de mi madre, y ni siquiera parpadeó.

En verdad, ella es tan valiente como una princesa. Y merece algo mejor que esta casa, pero no puede darselo.

—Lo siento —le digo—, que eso no funcionó.

—Voy a encontrar otra manera de salvar a Ino —dice Sakura, y le creo.

El aire a mi alrededor todavía está frío y húmedo. Me doy cuenta de repente de que mi madre está preocupada; que piensa que yo he estado frustrada, decepcionada. El miedo me pone el corazón desbocado y a mi voz parloteando.

—Pero fue tan divertido —le digo alegremente—. Ver a Madrastra enojada por una cosa tan, tan pequeña. Y entonces ella nos encerró aquí abajo, como si pensara que no lo disfrutaría. Me hace amarla más que nunca.

Sakura encuentra mis ojos. Y entonces ella sonríe, la imagen perfecta de una niña dulce con un secreto feliz. —Ella nunca ha entendido cómo es dulce y tranquilo aquí abajo —dice, con la misma voz elegante, y modulada que utiliza para practicar la toma de una pequeña charla con los invitados que nunca llegan.

Nadie ha conspirado conmigo antes, y es una emoción casi tan deliciosamente embriagadora como decir la verdad.

Nunca voy a dejar esta casa, jamás seré libre, y Sasuke me odiará por siempre. Pero mis ojos se encuentran con los de Sakura, por un momento nuestras sonrisas son casi reales, y un rastro de felicidad se enrolla en mi garganta.

Encerradas bajo tierra, nuestra única luz constante, es el tenue resplandor de una lámpara hermética, es difícil de marcar el paso del tiempo. Pero estoy segura de que han pasado horas hasta que Ino llama a la puerta y dice vacilante—: ¿Sakura? ¿Estás ahí?

Sakura, quien se había inclinado dormitando contra la pared, se sobresalta en posición vertical. —Ino —dice ella, y por primera vez escucho la urgencia en su expresión calmada.

—Yo… Madre está encerrada en su cuarto ahora, está hablando consigo misma… voy a dejarte salir.

—No —dice Sakura—. Déjalo. Estamos bien aquí, y Madre se calmará lo suficientemente pronto.

Ella está de pie junto a la puerta, sin tocarla, pero su cabeza se inclina una fracción de anhelo infinito hacia su hermana, y me pregunto cómo en todos estos años nunca he visto el desesperado cuidado en cada línea de movimiento. Vi que ella amaba a Madrastra, tontamente y sin esperanza, pero no de lo mucho que amaba a su hermana.

—Nunca la había visto así —dice Ino.

—Ella siempre está enojada —dice Sakura—, y siempre está bien.

—Ya no está enfadada —dice Ino—. No creo que esté hablando sólo para sí misma. Ella esta... hablando con Padrastro. —Oigo un grito ahogado de vacilación; ella está casi llorando—. Tengo miedo.

—Entonces ve a tu habitación y cierra la puerta —dice Sakura—. Pero Madre no te hará daño. ¿No te das cuenta de que tú eres la favorita en este momento? —Hay un sesgo irónico en su voz.

—Por favor, déjame sacarte —dice Ino.

—No —dice Sakura—. Estoy teniendo una fiesta de té con Hinata y no me pueden molestar. Vuelve mañana por la mañana.

Hay un pequeño golpe que estoy segura es Ino inclinando su frente contra la puerta. —¿Hinata? —pregunta con nostalgia—. ¿Puedo sacarte a ti?

Y yo me pregunto qué está pasando con mi corazón, porque escucho la añoranza en su voz y me dan unas terribles ganas de ir a abrazarla; en su lugar pienso en el aplomo de Sakura, la crueldad de Madrastra, y en mis propios silencios, y me doy cuenta de lo mucho que ella ha estado esperando que alguien, cualquiera, volteara hacia ella y sonriera.

—Mañana —le digo—. Y entonces todas tendremos el té juntas en el jardín.

La mirada de Sakura se ajusta a mí, pero ella sólo dice—: Sí. Ahora vete.

Con un resoplido y un suspiro, Ino se va. Sakura se queda de pie, mirándome.

—¿Sabes lo que estás haciendo? —pregunta.

—Voy a tomar el té en el jardín —le digo—. Madrastra no se va a enojar con ella por eso.

—Media bondad —dice rotundamente—, es peor que nada.

He sabido por años que Ino anhelaba ser mi amiga, que le molestaba que sólo obedeciera sus órdenes. Pero ahora me doy cuenta de que en realidad podría haberle hecho daño. El odio de Sakura conmigo podría tener más de una razón y aunque en el fondo yo de verdad apreciaba a esa pequeña rubia mi miedo por Madre me dejaba ser totalmente sincera con ella.

Por supuesto, eso no importa. No cuando es tan peligroso para cualquier persona amarme. Sakura, por fin, entiende cuánto.

—Sólo voy a verter su té como una hermana obediente —digo—. Y, espero, bailar en su boda.

—Si llega a quererte más —dice Sakura—, ella te va a echar demasiado de menos.

—Va a tenerte a ti —le digo, y por lo que se instaló entre nosotras que voy a ser amable con Ino, pero no la alentaré, y juntas Sakura y yo haremos el esquema de una manera para que puedan escapar, y cuando mis hermanastras se hayan ido, ellas nunca miraran hacia atrás.

Entonces voy a estar completamente sola, a excepción de mi madre y los demonios. Es el final más feliz que jamás podría desear, y pensando en ello ya no me hace feliz.

Pero por ahora, Sakura está sentada a mi lado y acurrucándose contra mi hombro en busca de calor. Por ahora, existe la promesa de té en el jardín y maliciosas medias verdades comprendidas. Por ahora, tengo hermanas, sólo un poco, y eso es demasiado reconfortante mientras me duermo.

Los gritos nos despiertan.

Durante los primeros momentos, creo que es un sueño. Nadie ha sido herido en tanto tiempo. He sido tan cuidadosa. Madre, estoy muy, muy feliz…

Entonces me doy cuenta de que Sakura está de pie, lanzándose contra la puerta y esto es real. Los gritos de Ino son reales.

Ya es demasiado tarde. Nadie nunca se ha curado de ver a un demonio, y mientras pienso esto, los gritos desaparecen.

Si Ino está de suerte, ella está muerta ahora. Mi corazón se oprime de solo imaginármela así.

Pero Sakura todavía está tratando de derribar la puerta, y no puedo estar quieta y ver su desesperación. Juntas empujamos hasta que el viejo oxidado candado cede y tropezamos al pasillo.

Me apoyo en la pared, respirando con dificultad, pero Sakura inmediatamente camina hacia las escaleras. Ella sólo encontrará a Ino muerta… o peor, arañando su cara mientras sus ojos miran en silencio, con agonía incesante. Debo advertirle, pero probablemente lo sabe, y de todos modos, nada va a detenerla.

Yo era feliz, pienso. Siempre estaba contenta con Ino. ¿Cómo puede Madre haberse vuelto contra ella?

Tal vez fue un accidente. Y no importa, porque hay una sola razón para que haya demonios en la casa, y esa soy yo. Con el estómago revuelto, mi boca seca, me tambaleo después de Sakura.

La alcanzo en el segundo piso. La voz de Madrastra se hace eco de su habitación en un nivel elevado, con una perorata quejumbrosa. No suena como si estuviera hablando consigo misma, y empujamos nuestro camino hacia la sala juntas.

—Sakura —dice Madrastra—, tal vez tú puedas hacerla entrar en razón a la niña tonta.

Pero ninguna de nosotras puede hablar.

Porque yo estoy tendida acurrucada a los pies de Madrastra.

En el pasillo del palacio del duque había un espejo, y atrapé una mirada iluminada por velas de mí misma en él mientras caminaba hacia el baile. Es como si esa mirada cayera en el espejo a los pies de Madrastra. Esas son mis delgadas y agrietadas manos; esas son las líneas afiladas de mis clavículas. Así es como los demonios peinaron mi cabello, domando el lío marrón ondulado en bucles y rizos; ese es el vestido de oro brillante que tejieron alrededor de mi cuerpo; esa es la cinta roja de la máscara que me dieron para atar alrededor de la cara.

La niña levanta la cabeza, y esa es mi barbilla puntiaguda, esos son mis labios finos y pálidos. La sangre resume por el lado de su cara desde el borde de la máscara.

—Sakura —susurra con voz ronca en mi voz. Pero la manera en que le da forma a la palabra con desesperada añoranza…

Es Ino, la imagen que tengo frente a mí es Ino.

—La máscara se ha quedado atascada y no se queda quieta mientras yo la rompo —dice Madrastra—. No se ha hecho mucho daño.

La sangre gotea de la cara de Ino al suelo. Una gota. Dos.

—Negociaste con el Señor Benévolo —dice Sakura, con la misma voz sin vida, culta con la que ella dice: Me gusta el clima últimamente.

—Ahora es exactamente la misma chica que era cuando el Señor Sasuke se enamoró de ella —dice Madrastra—. Él no puede dejar de casarse con ella una vez que la máscara sea quitada, pero no dejará de gritar. Lo hice todo por ella y por el honor de nuestra casa, pero es tan ingrata.

Ino se encoge lejos de ella. Pero no corre, porque sabe que sólo haría peor el castigo, y mi garganta se cierra con el horror. Deberíamos haberla salvado antes de que empezara a temblar así.

Sakura inclina la cabeza como si quisiera examinar la habitación desde todos los ángulos. Entonces ella se apodera de mi brazo, y antes de que pueda recuperar mi equilibrio para resistirme, me empuja hacia el armario de Madrastra y golpea las puertas cerradas detrás de mí. El pestillo hace clic.

—¡Sakura! —le grito, pero mi voz es ahogada por la de ella, fuerte y terrible y hermosa.

—¡O Príncipe del Aire y la Oscuridad! ¡O Lenguado-Plateado Impostor! ¡O Suave Señor de toda la Fuego! Déjame hacerte una propuesta.

Y él está allí. Yo no lo veo, la oscuridad es absoluta a mí alrededor, a excepción de un hilo de luz tenue donde las puertas se encuentran, pero sé que está allí por la forma en que el aire se tensa a mí alrededor, la forma en que el frio quema contra mi piel.

—No —dice Ino—, Sakura, no lo...

Al mismo tiempo, comienza Madrastra—: ¿Qué estás haciendo, tú…?

—Silencio —dice el Señor Benévolo.

Y se hace el silencio. No puedo mover mi lengua, ni mis dedos, ni cambiar la cabeza de donde se inclina contra la puerta, porque su poder se ha envuelto a mí alrededor, plantándome en mi lugar hasta que Sakura complete su oferta.

—Entonces —dice después de un momento interminable—. Sakura Hyuga. ¿Estás lista para ser la hija de tu madre?

Su voz no es un rugido aterrador, ni un susurro escalofriante. Es cálido, salado y dulce, como la mantequilla, la sangre y la miel, y la risa se estremece en los bordes de sus palabras.

—Dejemos de irnos por las ramas —dice Sakura. Su voz suena como una estatua de mil años, desgastada y cansada pero erguida—. Quiero que se lleve lo que mi madre le hizo a Ino.

—¿No has oído las historias? Nunca podré deshacer un deseo.

—Entonces —dice Sakura—, déjeme robarlo.

—¿Cómo se imagina que eso funcionará? —pregunta el Señor Benévolo.

Hay un breve silencio. Sé lo suficiente como para tener esperanza de que sea porque Sakura lo está reconsiderando. Ella ya sabe cómo va a funcionar esta oferta. Ha visto a su madre; ella me ha visto. Sabe lo que está llamando sobre nosotros, pero está dispuesta a hacerlo de todos modos.

Siempre hay alguien dispuesto a hacerlo.

—Libera a Ino de esta familia. —La voz de Sakura es baja, deliberada—. Déjela irse saludable y completamente sana, para que no pueda ser atrapada en esta casa de nuevo. Y por mi precio, deme la máscara y el cuerpo que Madrastra le compró. Yo los usare hasta el final de mis días.

El Señor Benévolo se ríe en voz baja. —¿Tu precio será de la mitad de su mayor deseo? Eso es una equivocación inteligente. Pero no es suficiente. Si quieres que te conceda ese deseo, debes pagar con tu vista también.

—Con mucho gusto —dice Sakura.

—Entonces besa mi anillo —dice el Señor Benévolo—, y así será.

Oigo pasos. Un susurro de movimiento. Y luego dice—: Adiós, Sakura Hyuga.

El aire a nuestro alrededor suspira. Me estremezco y grito cuando mi cuerpo me pertenece para moverse de nuevo. Alguien se cae al suelo.

Madrastra habla de nuevo, su voz chillona discordantemente humana—: ¿Qué has hecho?

Hay un poco de ruido jadeante. Como si alguien se asfixia en la sensación repentina de una nueva boca y garganta.

Entonces oigo que Ino dice en su verdadera voz—: ¿Quién…? ¿Quién eres tú?

Una voz como la mía dice débilmente—: Soy yo. Sakura. Tú hermana.

—Yo no tengo una hermana. Yo no… Yo no tengo una familia. —La voz de Ino es alta y entrante en pánico—. ¿Dónde estoy? ¿Quién eres?

Ha tomado sus recuerdos. Él la liberó de nuestra familia.

Mi garganta se aprieta mientras empujo la puerta del armario. No sé por qué mi corazón late con fuerza con este horrible sentimiento triste. Ino nos ha olvidado. Ha dejado su estúpido anhelo de ser amada, el deseo idiota que la mantenía atrapada con nosotras. Me debería alegrar.

El pestillo cede y caigo del armario al suelo. Ino se encuentra en la puerta, luchando con Madrastra; cuando me ve, da un gritito y se libera. Sus pasos resuenan mientras huye por el pasillo.

Madrastra se bambolea, luego se sienta en gran medida por Sakura, que todavía está de cuclillas en el suelo.

—Ella no se merecía el honor de nuestro nombre —dice, su voz tranquila y viciosa—. Nunca lo merecerá. Mucho menos esa mocosa. —Ella me lanza una mirada venenosa; a continuación, la mano baja hasta el hombro de Sakura—. Pero tú eres fiel a mí, querida. Fuiste lo suficientemente valiente como para dar la cara a lo que el Señor Sasuke quiere. Tu vendrás conmigo al palacio y…

—No. —Sakura empuja la mano de su madre a un lado. Su voz es baja y sin brillo—. No me casaré con él.

—Harás lo que te digo, jovencita.

—Ino ya no está más aquí para que la proteja, ella ahora es libre. —Los ojos de Sakura están ocultos por la máscara, pero puedo ver el giro de su boca en una parodia de una sonrisa indefensa—. Yo no tengo que hacer nada.

Y me doy cuenta que lo que ella quiere decir sobre no hacer nada más, incluye ni siquiera vivir. Sakura no es tan fuerte como yo. Sé esto, creo que siempre lo he sabido.

Ella puede vivir con el dolor, pero no sin esperanza. No va a sobrevivir a esta pérdida.

Madrastra se apodera de los lados de la máscara y lanza a Sakura hasta sus rodillas, dibujando un grito ahogado de dolor de su garganta.

—Tú eres mi hija —dice ella.

—Estás muerta —dice Sakura—. Moriste hace siete años. Al igual que yo.

Estoy en silencio. Soy papel tapiz. Estoy sonriendo. Soy exactamente la misma que en cualquier otro momento en el cual Madrastra nos ha retado, pero me siento como que estoy hecha de telarañas y vajilla rota. Porque recuerdo cruzando mis ojos con los de Sakura en el sótano y la voz de Ino por la puerta, la promesa del té en el césped, y solo ahora me doy cuenta que las amo. Ahora que Ino se ha ido y Sakura se está muriendo, creo que siempre pude haberlas amado, y siempre quería que volvieran a mí. Y ahora es demasiado tarde.

—Tú moriste muy valientemente —susurra Sakura—. Lo siento, Madre. Debí haberte detenido. Pero tenía miedo.

Madrastra gruñe y la jala por la máscara; la sangre gotea desde la costura donde la carne se une a ella, pero Sakura no hace ningún ruido, excepto pequeños jadeos cortos.

No me muevo. No puedo. Las palabras de Sakura se han envuelto a mí alrededor, sosteniéndome tan rápido como el poder del Señor Benevolo. Las palabras que debería haber dicho hace años, pero nunca fui lo suficientemente fuerte como para decir: yo debería haberte detenido. Lo siento. Estás muerta.

Mis mejillas están húmedas.

Debería ser lo suficientemente fuerte. Siempre soy lo suficientemente fuerte. Pero ahora las lágrimas corren por mis mejillas, porque he perdido a Sasuke y mis hermanas, porque han sufrido tanto por mí y ninguno de ellos lo necesitaba. Nadie tenía que sufrir de la locura de mi madre. No si yo hubiera sido valiente o lo suficientemente fuerte como para decir lo que Sakura acaba de expresar.

Por años me había estado dando lastima a mí misma porque no tenía forma de hacer que el espíritu de mi madre descansara. Porque su deber de hacerme feliz nunca estaría hecho. Y me lleve a mí misma cerca a la locura tratando de proteger a la gente de ella. Pero nunca me permití pensar que tal vez debería decirle que descansara. Tal vez debería decirle que su deber estaba terminado, que era el momento para que ella esté muerta.

Tenía miedo de ella, pero también tenía miedo de perderla, incluso a los últimos restos, desesperados de ella. Y ahora estoy llorando y esas lágrimas llaman a los demonios en mi familia.

Me levanto. Mi cuerpo se siente adormecido y hueco, pero no dudo. Agarro el brazo de Madrastra y lo jalo hacia su espalda; se aleja del lado de Sakura y tropieza en la pared junto a la ventana.

—Nos arruinaste —gruñe ella—. Con tu astuta cara, fresca, como si su retrato volviera a la vida. ¿Cómo podría él amarme? ¿Cómo podía amarlo? ¿Contigo allí para recordarnos todos los días que yo era la segunda mejor?

—Lo siento —le digo—. Lo siento. Por favor, deja la casa. Esto ya no es seguro.

—Te gustaría eso, ¿no es así? Ahora que estamos arruinadas, tú nos expulsas. Pero no voy a ser ninguna mendiga. —Ella abre la ventana—. Yo te voy a mostrar cómo la señora de esta casa puede morir.

—¡Madre! —grita Sakura. Me lanzo hacia Madrastra, pero es demasiado tarde: se lanza a sí misma por la ventana, y yo sólo logro llegar a tiempo para ver su cuerpo tendido en el empedrado de abajo, la sangre esparcida alrededor de su cabeza.

Horror se clava en mi garganta. No puedo dudar ahora. Agarro el brazo de Sakura y tiro de ella hacia arriba. —Vamos —le digo, y la saco de la habitación conmigo.

Tropieza y se aferra a mí: ella tiene miedo porque no puede ver nada.

No me gusta que tenga miedo, ahora es mi hermana, mi preciada hermana.

Pero nada importa ahora, excepto el mantenerla cerca de mí, porque puedo ver las sombras arrastrándose y retorciéndose en los bordes de mi visión, y si mantengo a mi nueva hermana gemela lo suficientemente cerca, tal vez mi madre y los demonios se confundirán por tiempo suficiente.

Nos tropezamos en la cocina. Encuentro una lata de aceite y un paquete de cerillas, y luego me arrastro con Sakura fuera de esta, hacia el jardín. Hacia el manzano, cuyas flores pálidas son más brillantes de lo que la luna debe hacerlas, cuyas ramas proyectan sombras más oscuras que la noche. Es hermoso, terrible y hogareño, y me dejo caer de rodillas en medio de las raíces retorcidas. A mi lado, Sakura cae en sus manos y rodillas.

—Madre —susurro—, mi madre querida, has cuidado tan bien de mí. Me has dado todo lo que he pedido.

Las hojas se mueven ligeramente mientras se acurruca a mí alrededor, acariciando mis mejillas, mi cuello, mis brazos. Pongo una mano en la áspera corteza del árbol.

—Por favor, sólo hay una cosa más que quiero. Lo quiero más que a nada en el mundo.

Y esta es mi última mentira. Porque ahora es que me doy cuenta que quiero que se quede conmigo, aún así, siendo un retorcido fantasma cruel sin sentido. Lo he querido, si no más que todo el mundo, más que la vida de mi enfermera, el mayordomo y la camarera. Lo he querido más que a Sakura, Ino y Madrastra. Incluso más que Sasuke. Pero ahora es el momento de detenerme.

—Por favor, muere —digo.

Su frío toque se tensa. Mi corazón late errático en mi garganta, pero derramo mis palabras como si fueran azúcar y crema—: Ya estás muerta, pero has trabajado tan duro y tanto tiempo para mí de todos modos. Por favor, descansa. Por favor, deja este árbol y descansa para siempre.

Espero. Por unos instantes de agonía, su toque no se mueve; descansa frío y pesado como culpa alrededor de mi cuello. Entonces ella comienza a acariciarme de nuevo, al pasar sus dedos sin cuerpo por mi cabello como lo hacía cuando era una niña, y ella me lo desenredaba antes de acostarme.

Tal vez no puede parar. Tal vez no puede entenderme. O tal vez mi verdadera madre nunca ha estado en este árbol en absoluto; tal vez su alma descansa en el Elíseo, y lo que perdura en este árbol no es ni siquiera su fantasma, sólo un idiota torbellino de amor y protección y mío, mío, mío.

Los dedos de Sakura aprietan alrededor de mi mano, humanos y con el corazón roto y cálido.

—Lo siento —le digo a la que era mi madre—. Te amo.

Mis dedos son constantes mientras vierto el aceite por el tronco del árbol, mientras enciendo una cerilla y la lanzo hacia este.


Notas de la autora: Gracias por leer, dejen un reviews sobre esta fantástica adaptación, ejejje que creída XD

Ya no leemos :D