Solo un beso

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Isabella se sentó a la mesa principal a la derecha de su padre mientras Edward y el Príncipe Garrett compartían una fuente a la izquierda de él. Parecía la comida mas triste a la que hubiera asistido en muchos años. Su padre apenas gruñía como todo reconocimiento a sus esfuerzos de establecer una conversación y Edward desviaba su mirada. Ocasionalmente podía sentir los ojos del Príncipe Garrett en ella, pero eso era de poco consuelo. Su hermana Jessica charlaba incesantemente con Leah. Se sentía pequeña e insignificante en su vestido verde claro.

-¡Maldición, niña! - su padre estalló. -¡Vaciaste la copa! - Rellenó la copa y volvió su atención a Edward y al príncipe. Ella puso mas miel como Garrett le había enseñado y tomó un trago. No tenía ganas de comer, y el vino dulce parecía calmar su dolor.

Las mesas fueron despejadas y algunas antorchas estaban encendidas mientras los músicos comenzaban a tocar una melodía. Los juglares se juntaron para proveer el entretenimiento de la noche. Isabella tambaleante se puso de pie, pero nadie pareció notarla. Se sintió descompuesta de repente.

El cuarto giraba locamente, mientras cerró sus ojos brevemente para recuperar el equilibrio. La poca comida que había comido parecía subir incómodamente a su garganta. Se dio cuenta que tendría que partir o se desgraciaría enfrente de todos. Pasó al lado de un niño de servicio y fue hacia la entrada.

-Por favor-, susurró antes que pudiese cubrir la boca.

El niño asintió con la cabeza. Y la ayudó a salir del cuarto. En la entrada, él llamó a una de las criadas. Isabella apoyó su cabeza contra las piedras frías de la pared mientras luchaba con las oleadas ascendentes de náuseas. Una mujer llamada Gerda salió y se unió al niño y a Isabella.

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El Príncipe Garrett fue el primero en notar su falta cuando se dio la vuelta. Con la luz parda, pudo verla siendo ayudada fuera del salón. Sin llamar la atención de Edward, la siguió. Cuando la alcanzó, estaba dentro del privado vomitando. Se quedó de pie con los criados, esperando.

Finalmente, cuando los sonidos pararon, él puso su cabeza contra la puerta y llamó,

-¿Estás bien, mi Lady?

-Si-, vino la respuesta amortiguada.

Sabía lo que pasaba, había bebido mucho. A Él le había pasado muy frecuentemente y no podía condenar una joven niña salida de un convento. Allí, las monjas probablemente rebajaban el vino. Lo que precisaba era un paseo al aire libre, decidió.

Estaba blanca y temblorosa cuando finalmente salió, pero había conseguido salvar su ropa. Antes que los criados pudiesen moverse para ayudarla, Garrett caminó hacia adelante y sacó un pañuelo, frotando los restos de vómito de su cara. Él escupió en un rincón del pañuelo y limpió suavemente su boca como una madre haría con su hija. Los criados retrocedieron inseguros, asombrados ante la imagen del hijo de Anthony, el Conquistador, limpiando a su ama.

-Consíganme un poco de agua -ordenó secamente. Ambos corrieron para hacer lo solicitado. -Lo que necesitas, mi Lady, es aire.- puso un brazo alrededor de su cintura y la apoyó contra él. -¿Estás bien como para caminar?

-Si.- asintió con la cabeza débilmente.

-Entonces vayamos fuera, al jardín.

Él consiguió llevarla a la fuente y sacó un balde con agua. No había ninguna señal de criados. Vertió agua en el pañuelo, lo retorció y le lavó la cara.

-Aquí, bebe esto-, le dijo mientras le ofrecía una jarra con agua del balde. Cuando lo rechazó, él insistió, -Si no bebes, enjuagate la boca, eso te ayudará. No hay nada peor que el gusto del vino cuando vuelve del estómago.

Ella asintió con la cabeza agradecida e intentó tragar el agua. Por un terrible momento pareció que el líquido frío la haría vomitar nuevamente y tragó con fuerza.

-No, escúpelo -, le aconsejó. -Tragarlo es peor.

Lentamente las oleadas de nausea cesaron y asintió con la cabeza agradecida.

-Muchas gracias, Su gracia. Me temo que quedé como una estúpida ante tus ojos.

-¿Porque te pasaste con el vino? No-, respondió suavemente. -¿Cómo puedo culparte por lo que yo hago tan frecuentemente?

-¿Dónde está Gerda?

-¿La muchacha de servicio? Fue por agua, creo.- Él volvió a poner su brazo alrededor de sus hombros. Y enlazó su cintura. -Ven, vamos a caminar hasta que tu cabeza se despeje, mi Lady.

La sentía liviana entre sus brazos, liviana como una niña, pero no había nada de infantil en los pechos redondeados debajo de su mano. Ella era la muchacha mas bonita que podía recordar haber visto, y estaban solos. Y era la hermana de un hombre que él consideraba un amigo. Decididamente la dirigió de vuelta al salón.

Su zapato se enganchó en una laja de piedra suelta y ella se cayó contra él. Él la tomó con su brazo libre y la abrazó. Era suave, pequeña y adorable. Instintivamente se inclinó para besarla, sus labios al principio sólo se rozaron; luego, con un gemido, él tomó posesión de su boca. Tan pequeña como era, se ajustaba contra él en todo los lugares correctos. Sus manos se deslizaron por su espalda acercándola aún mas contra el calor de su cuerpo.

Isabella estaba totalmente desprevenida para su primer beso real. Sus ojos se abrieron de repente con sorpresa y luego los cerró firmemente mientras saboreaba el contacto de la boca de un hombre sobre la suya. Su cuerpo era fuerte y caliente contra el suyo y la estaba haciendo sentir vértigo. Él olía al jabón de lejía de Charlie y era un olor mas fuerte que un perfume. Permitió que sus manos fueran a sus hombros, sintiendo los músculos debajo de la tela suave de su túnica. No era tan grande como Edward, pero era un hombre bien formado.

-Lord Garrett-, Edward habló fríamente desde la entrada. -Yo no levantaría mi mano contra vos, pero, por todos los santos, lo haré si no quitas tus manos de Bella.- Isabella se sobresaltó culpable, pero Garrett no se movió.

Edward dio un paso hacia adelante con sus puños apretados.

-No la saqué de Fontainebleau para verla deshonrada.

Garrett enfrentó al hombre delante de él. Finalmente liberó a Isabella y dio un paso atrás.

-Edward... - Isabella tomó una mano de su hermano.

-Vuelve adentro. Gerda te espera en la puerta.

Por el tono de su voz sabía que estaba extremamente enfadado con ella.

-Hermano-, lo clamó, -no es lo que parece, yo estaba enferma

-Si. Entra.

Habría intentado decir algo mas, pero Garrett asintió con la cabeza.

-Déjanos, mi Lady, yo le explicaré a tu hermano.

Edward aceptaría todo lo que Garrett dijera. Gerda y el niño podrían confirmar que Isabella estaba descompuesta. Pero, Edward no había estado preparado para el modo en que se había sentido cuando vio a Isabella en los brazos de Garrett. No dudaba de su inocencia, pero lo había irritado verla responder al beso de otro hombre. Por un momento muy breve deseó matar a Garrett. Y habría querido arrancarla de sus brazos y arrastrarla a su propia cama. ¡Jesús! Si quería saber lo que era un hombre, él quería ser ese hombre.

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-Edward.- Garrett entró en la habitación pequeña que compartían. Elevó sus manos en súplica y entonces las dejó caer. -¿Qué puedo decirte? Ella es muy bonita y yo alguna vez la quise, pero no pretendía ninguna deshonra esta noche.

-Te creo-, Edward respondió cansadamente. Él se sentó y se sacó las botas. -Mi príncipe y Lord, estoy cansado y dormiré.- abrió las cortinas y se recostó en la cama sin quitarse el resto de su ropa.

Garrett se desvistió y se metió en la cama cerca de él. Edward, tenía sentimientos contradictorios sobre el momento breve pasado con Isabella. Ella había despertado sentimientos viejos dentro de él y sentía cierta tristeza porque no estuviera a su alcance. Había dicho la verdad cuando le dijo a Edward que quería deshonrarla, sabía hacia mucho tiempo que no podría tenerla como esposa. Y ella, obviamente era una dama muy refinada para ser la amante de cualquier hombre.

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Edward yacía quieto y despierto al lado de él. Garrett se dio la vuelta e intentó acomodar su cuerpo en el colchón de plumas. Después de varios intentos de ponerse confortable él lo rindió.

-No puedo dormir-, murmuró, -si estás así, como una virgen ofendida, Edward-. No hubo ninguna respuesta. Finalmente Garrett giró. - Yo valoro tu amistad y tu servicio pero quiero a la niña.- Con un suspiro agregó, -Y te ayudaré para escapar de Rouen.- Como Edward no habló ni se movió, Garrett bajó las mantas con exasperación. -Por Dios, no sé que es peor, tratar de dormir con vos cuando te mueves toda la noche o cuando estás despierto e inmóvil como una piedra -La cama comenzó a sacudirse con la risa repentina de Edward. -¿Qué es tan divirtiendo? - Garrett exigió con exasperación.

- Seguramente es la primera vez que me llaman virgen ofendida.

Garrett apoyó su cabeza, suspirando.

-Si, lo siento mucho, amigo. Una vez que tengas a tu hermana segura, lo mas sabio será hallarle un marido. Mi Lady ya está preparada.

-Planeo hacerlo, sin la bendición de Charlie.

-¡Jesús! -Garrett contuvo el aliento mientras recordaba la sensación de Isabella en sus brazos. -Le digo al hombre que se la lleve, que lo envidiaré.- Cuando Edward no hizo ningún comentario, él suspiró nuevamente. -Creo que debería partir a Rennes mañana, para no estar cuando Charlie oiga hablar de esto.

-Si, creo que es lo mejor- concordó- Y creo que yo me iré con vos. Cuanto mas tiempo estoy en Swan, mayor es el riesgo de estropear mis planes

-Pero pensé que vos la escoltarías a Rouen.

-Dejaré que Charlie lo haga, cuanto menos esté en compañía de ella, mejor para todos.- Él podía sentir la desaprobación de Garrett. -Seguramente nada malo puede acontecer

-No sé -, respondió lentamente, -por mucho que considere a mi hermano débil, y, perdóname por decir esto, yo preferiría enviar a mi hermana en compañía de una mujer vieja que con Charlie.

-¡Dios! - Edward dije suavemente. -¿Quién se atrevería a interferir con la esposa de Hall?

-El punto es que muchos no conocen del contrato de matrimonio-, le recordó.

-Entonces deja que Charlie les informe- ,replicó irritado. -Si no deseas mi compañía, cabalgaré a mis propias tierras, pero no puedo quedarme aquí.

-Como quieras Edward.- Garrett se encogió de hombros - Parezco un hombre viejo por tanto preocuparme, tienes razón. Eres bienvenido a montar conmigo.

Considerando el asunto cerrado, el príncipe rodó a un costado y se durmió fácilmente. Edward permaneció quieto por mucho tiempo en la oscuridad, todavía pensando en Isabella e intentando ordenar sus pensamientos y sus preocupaciones. Todas sus esperanzas dependían de su habilidad para sacar a Isabella de Rouen, él no se atrevía a correr el riesgo de traicionarse a si mismo o a ella. Cuanto mas tiempo pasaba con ella, mas difícil era no revelar sus sentimientos. El plan ya era bastante arriesgado como para agregarle complicaciones adicionales, y su futuro dependía de su éxito.

Lentamente comenzó a adormecerse. Isabella venía a él, sus ojos chocolate, su cabello oscuro cayendo como una cortina sedosa que brillaba contra su piel desnuda. Su boca curvó en una sonrisa suave cuando ella se inclinó para besarlo, y su piel era tibia a su contacto. Con un gemido, se forzó a despertarse. Si todo saliese como estaba planeado, ponto Bella estaría con él, y tendrían una vida juntos.

-No te fallaré, Bella, te lo juro-, medio susurró en la quietud de la noche.

Bueno… los celos en estos casos me encantan… mi frase predilecta es… "Yo no levantaría mi mano contra vos, pero, por todos los santos, lo haré si no quitas tus manos de Bella." Que hombre… jejejejeje. Mira que cada año me pido UNO para reyes y no hay manera. Jejejeje. Y ahora Edward dice que se va para no tirarse encima de Bella... puaj, tienen que entenderlo... a mi, mi hermano me dice que no es mi hermano y que me quiere de otra manera (puajjj) y me da un sincope, el esta esperando a tenerla a salvo para decirselo y de paso que no salga corriendo... jejejeje. Bueno mis niñas espero de corazón que disfrutasen de este cap, son las cuatro de la mañana hora española..para que vean que las mimo...nos leemos mañana (por la tarde)jejeje,… besotes.