Chapter 9: Desafío

La frustración de Anna Green cada vez se había hecho más prominente. Caminaba hacia su casa, oscilando entre un paso lento y un paso quizá demasiado rápido. La actitud de "White" (como le había nacido llamarla cuando se encontraba enfadada) la había confundido y al mismo tiempo la había hecho sentirse estúpida. Quizá demasiado estúpida...

Por no hablar de Tommy. Tommy... él era muchísimo peor. Ella no sabía nada de Elsa. O eso creía... Ella creía no haber notado nada raro en Elsa. No quería pensarlo, en realidad. En ese momento tan solo quería arrancárselos a los dos; tanto de sus pensamientos, como del interior de su ser.

Pateó una botella de plástico, que aseguraba que antes contenía agua mineral. Miró hacia el cielo... y quiso dejar que la brisa la calmara, pero a plena luz del día, en vísperas del verano... lo único que encontró fue el calor sofocante que arrastraba consigo la luz del sol. Penetraba por cada rincón de su cuerpo. Se sentía aún peor. Y ya era mucho decir.

"Maldita Elsa White y maldito Tom Snell..." Se repetía una y otra vez, mientas sus ojos adoptaban una pose de rabia resentida. ¿Y si no debía luchar por Elsa? Si Elsa White era demasiado y no lo merecía. Lo pensó una vez más; Con criterio. Pero en el fondo, muy en el fondo quizá... sabía que esa no era la realidad.

Suspiró hondamente. Se agarró la cabeza con ambas manos. Desde luego, no estaba pensando con claridad en ese preciso instante. Sabía que ella había tenido que oír algo. Algo como...

"Y si es así... ¿realmente no hubiera reaccionado de otro modo? ..." Volvió a suspirar entrecortadamente. "Vamos, Anna... eso es ridículo. Si Elsa White quisiera... si ella sintiera... Espera. ¿He dicho si ella sintiera? ... Si ella sintiera algo... ¿Quizá habría reaccionado de otro modo completamente diferente?".

Y de repente, una voz interior que no supo reconocer muy bien, le dijo: "¿Y no has pensado en la probabilidad de que siendo así, hubiera sido todo relativamente fácil?".

Frunció el ceño. Tuvo una batallita con aquella voz interior. Ambas pelaban. Y así siguieron, hasta que llegó a casa y la voz de su madre interrumpió sus pensamientos para proporcionarle un aceptable respiro.


Arrojó con fuerza la mochila grisácea al centro de la cama. Intentó contener por un instante el éxtasis y las ganas de gritar que la poseían en ese momento, antes de cerrar la puerta.

"¡ANNA GREEN SIENTE ALGO POR MÍ!", era lo que le gritaba su interior con una fuerza sobrehumana.

Dio saltitos leves que creyó contenidos; pero realmente el suelo podía comprobar con facilidad todo lo contrario. Se agarró la cara. Gritó de emoción para sus adentros y conteniendo exteriorizarlo, mientras repetía todos los anteriores gestos, al mismo tiempo. Se dejó invadir por un sentimiento que creía desconocido hasta ese momento, justo antes de caer tumbada en la cama de un salto, abandonándose a las frías sábanas (misteriosamente), y aquel frescor no hizo más que aumentar su expresión de felicidad, que se vio contrastada con sus ojos cerrados. No estaba en ese mundo... Anna Green había confesado como si del final de una película romántica americana se tratase, que sentía algo por ella. "Ya lo veremos", le había dicho a Tommy.

"¿Ya veremos qué?" Había pensado Elsa... "Si sabes que eres la única... que siempre lo fuiste".

Y, como si fuera realmente una adolescente, más aún, se giró y agarró con fuerza las sábanas, (en ese momento no notó la ausencia de su almohada, algo a lo que ya se había acostumbrado) inhalando el olor a extrema limpieza que de éstas se desprendía.

Elsa sonrió. Sonrió como nunca antes, se sintió en paz. Se sintió... plena.

Quiso pensar en Anna, quiso pensar... en imaginársela esta vez a plena consciencia de que era cierto, dándole la mano. Hablándole bonito. Dándole un tierno beso... en los labios. Y se sonrojó. Se encogió en su cama. Agarró más fuerte las sábanas. Era demasiado... demasiado para ella. Besar, rozar los labios de Anna Green con los suyos. Esos labios rosados que tan solo eran equiparables con el éxtasis que proporcionaba la sensación de estar cerca del puro fuego...

Y, por un momento, eso fue lo que sintió. Un fuego que recorría todo su cuerpo, poniéndola roja de la cabeza a los pies. Después le agarró la cara con las dos manos. Quería decirle tantas cosas bonitas... tantas cosas que se había callado por tanto tiempo... que temía que aquello fuera un sueño. ¿Y si se había confundido? Aunque todo estaba claro, eso solo había ocurrido, ciertamente, en sus mejores sueños. Y, ella creía... los sueños no se hacían realidad.

Volvió a cerrar los ojos. Automáticamente y a voluntad, Elsa recordó esas palabras. Las sintió cobrar vida en lo más profundo de su pensamiento. Ese llanto... todo alrededor, por supuesto, de su querida pelirroja, de su adorada Anna Green. Sonrió, pensando que le encantaba repetirse su nombre completo.

Recordó también su encuentro con ella... su "mini encuentro", dado que en ese momento ninguna de las dos tuvieron mucho que decirse. Era más, (o era todo) lo que el corazón callaba, opacando las muestras de cariño correspondido en ese mismo instante. Elsa no lo habría hecho así en ese momento.

Se moría por Anna Green. Sí, lo hacía. Pero... pero no podía, de buenas a primeras, decirle que ella también le correspondía. Primero tenía que ver qué tan en serio habían surgido de sus labios aquellas palabras que dirigió a Tommy directamente y a ella indirectamente. Era una chica prudente, no quería que el corazón la dominase hasta un punto de no retorno. Sabía que, un posible golpe por equivocación o por "rollito transitorio" la sumiría demasiado en la miseria. Y eso no estaba dispuesta a consentirlo...

Porque ella con Anna quería todo. Quería la vida. Quería la muerte. Quería el amor. Quería la confianza. Quería la plenitud... La quería a ella; la quería toda.

Volvió a sonreír... "Toda..." se pisó sensualmente y al mismo tiempo tímidamente el labio inferior. "Una Anna Green al sentido... toda para ella". Curioso concepto.

Se levantó de la cama, algo pesadamente. Sus lentos, provocativos y sensuales pasos, (que hacían justicia a lo que iba pensando en ese momento, mientras se mordía levemente su dedo índice y rozaba el gordo con su labio inferior) iban directos al baño, puesto que no se puede negar que ese fuego la había consumido: ese fuego que tenía mucho que ver con el concepto "toda".

¿Pero cómo iba a evitarlo? Después de todo... ahora tenía más derecho que antes a imaginarla e incluso a hacerlo realidad, y... y realmente quería hacerlo. Quería sentir a Anna, quería... quizá dominarla. Era tanto tiempo el que había esperado, mirando a escondidas tras las puertas de uno de los baños del vestuario, tras las estanterías de la biblioteca, tras la mesa de clase, tras los arbustos en el patio del receso... esos ojos verdes, su pelo y esas trenzas pelirrojas que siempre le hacían sacar un suspiro; aquel brillo y extremo cuidado, en un pelirrojo casi puro, que se había notar aún más cuando se lo soltaba... Era todo eso, era tanto, que ahora sentía que no podría esperar mucho más. Necesitaba a Anna. Y la necesitaba mucho.

Se sumergió casi del todo en las tibias pero más frías aguas de la bañera... mientras los pensamientos se apoderaban de su mente. No quería equivocarse... y era por eso que debía guardar la compostura. Aunque en ello se le fuese la vida, podía sentir en ese momento. Y se volvió a sumergir aún más.


Faltaban pocos días para que el baile de graduación llegase,y con él el final del curso, pero las clases se le estaban haciendo pesadas de igual manera. Era solamente pensar en "White"... y querer quedarse en la cama todo el día.

Se cubrió hasta la cabeza con la fina sábana que la había estado custodiando casi toda la noche, en cuanto escuchó el estridente sonido del despertador. "El maldito ya me está recordando que ya es la hora de ir a Preston" pensó a regañadientes, pero ya muy despierta. La noche no había sido fácil.

Su madre, que solía visitarla antes de irse a trabajar, asomó la cabeza por la puerta.

–Anna, cariño, ya me voy a trabajar –comenzó a decirle, pero enseguida se percató de que su hija era ahora un bulto blanco, parecido en demasía a una crisálida que no quería salir de su encierro.

Se le escapó una dulce pero confusa risita. No solía ver a Anna hacerse la remolona de ese modo, a falta de media hora para las 8:00.

A paso lento se dirigió a ella y le dijo al oído, retirando despacio la sábana que su hija volvió a agarrar con fuerza para volver a arroparse hasta los límites.

–¿Te ocurre algo, hija?

Anna frunció el ceño bajo la sábana, y tan solo se quejó en un gruñido. Todo su cuerpo le temblaba de... un enfado que todavía no había podido explicarse con claridad. Había dado también una patada al aire.

–Vas a llegar tarde a clases...

El tono de su madre, había podido apreciar la pelirroja, era entre confuso e inquisidor. No era fácil hacer enfadar a su madre, pues era una mujer tranquila de cabeza fría, pero eso no significaba que "inalterable".

Suspiró entonces y a la velocidad del rayo se apartó la sábana y se incorporó sentándose en la cama. Su aspecto era cómico para ser benevolente, pues tenía algunas ojeras y todo el pelo extremadamente revuelto.

Su madre contuvo la risa que ya amenazaba con escaparse. La miró después con ternura.

–Cuéntame, ¿qué te pasa? –le agarró la mano–. ¿Te encuentras mal? ¿Tienes dolor de estómago?

Anna la miró... suspiró y trató de tranquilizarse. El tacto de su madre siempre era reconfortante para ella.

–No, mamá... –finalmente optó por dar la cara–. Es tan solo que siempre llego antes de lo previsto levantándome a esta hora, y esta vez decidí esperar un poco. Sabes que me suelo arreglar relativamente rápido.

Su madre rió y repitió su mismo diálogo, enfatizando eso de "relativamente rápido", haciendo el gesto de las comillas con las manos. Aquella broma mañanera sonsacó a Anna una dulce sonrisa, mientras bajaba su mirada y su rostro.

Su madre volvió a cogerla de la mano, tras que terminó de reír. Atrajo a ella su cabeza con la otra, acercó sus labios a su frente y le depositó un beso en la misma.

–Más vale que te des prisa si quieres llegar a tiempo al instituto, tesoro. Yo ya debo irme.

Y, posteriormente, se levantó.

Anna la observó salir de la habitación, y emitió al cerrarse la puerta un hondo suspiro... y entonces fue cuando los pensamientos y los recuerdos de nuevo se le amontonaban irremediablemente en su torturada mente. Presente estaba White, presente estaba Tommy... presentes estaban todos, en cierto modo.

Se incorporó del todo levantándose, y se dirigió al baño. Sabía que esta vez no tenía mucho tiempo para ducharse, pero sin duda alguna optó por ello. Nada mejor que el agua semi-fría para acallar los pensamientos...


La clase de arte ahora no pintaba como su favorita. De hecho, estaba pensando que ahora ninguna eran sus favoritas... porque tenía que compartir la misma aula con aquellos dos indeseables, los cuales había bautizado en ese preciso instante.

Michael Dallas se le cruzó en su camino de repente, justo cuando iba a entrar a clases. Llevaba su mochila sujeta en una sola asa y hacia el lado, y era de color negro, con filos y algunos adornos rojos. No le había dado tiempo de trenzarse el pelo, así que se lo dejó suelto, y una fina diadema blanca lucía entre medio de sus cabellos, haciendo contraste a su camisa de manga corta azulada y a su falda del mismo color que la diadema.

Prestó atención entonces a las palabras de Dallas, que habían roto su estado de ensimismamiento severo.

–Anna Green, ¿no?

Ella asintió.

–¿Puedes decirle algo a Tommy de mi parte? –el tipo hizo una brevísima pausa, se le notaba la respiración algo entrecortada–. Dile que se nos ha adelantado el partido que teníamos previsto jugar el próximo día, y que lo tenemos esta misma tarde. Por lo tanto el entrenamiento será hoy en el recreo. No se lo digo yo personalmente porque no le he visto aún, y además me ha tocado la ardua tarea de avisar a todos los miembros del equipo y estoy que no doy abasto. –Hizo otra pausa breve–. Y como tú eres su novia, pues he pensado que tarde o temprano lo verás.

Anna trató de reaccionar, aún andaba algo espesa. Pero el tipo iba tan apurado que apenas le dio tiempo a decir un "pero..." y entonces éste se evaporó, tras decirle aquello de... "¡Gracias, nos vemos!". Ella gritó un "¡Eh, espera!" que fue inútil, puesto que se notaba que era un atleta.

Suspiró de nuevo tras eso, y entonces rozó el picaporte de la puerta, notando que ésta ya se encontraba abierta. Apenas le dio tiempo a levantar la vista, cuando ya se le atragantó algo a través de lo que vieron sus ojos.

"¿Tan temprano y ya tan juntitos?"

Sus pensamientos fueron instintivos y su gesto resonó en su interior con recelo.

Tom y Elsa se encontraban enfrente suyo, bromeando y riendo, como si nada. Elsa aún llevaba su mochila colgada al costado, así que dedujo que habría llegado hace poco. O... había llegado pronto, pero no quería separarse de "su amorcito".

Esos propios pensamientos suyos en plan irónico incluso le hicieron daño, así que lo que hizo fue algo tan sencillo como apartarse y sentarse en las últimas filas de la clase.

La profesora entró al poco tiempo después, cuando Anna aún estaba acomodando las cosas que sacaba de su mochila para depositarlas en los bordes de la mesa.

¿Por qué tenía que mirarlos sonreír? ¿Por qué no podía sencillamente mirar hacia otro lado...?

... Pero lo cierto era que aquello no fue posible... pues sus ojos se iban solos, sin que ella pudiera controlarlos. Fruncía el ceño, con gran expresión recelosa. No podía apartar la vista de ellos, ni siquiera cuando sacaba a tientas las cosas.

"Maldito Tommy".


Su dibujo había sido el de un dragón que escupía fuego, dado que las clases de arte particularmente ya eran de ejercicios libres.

Lo custodiaba un enorme castillo, alto y de gran profundidad. Sus ojos eran rojos y la línea vertical que se hallaba en el centro de ellos era muy prominente. Ella había puesto especial esmero en ese detalle. Posiblemente así se sentía... dividida y ennegrecida por dentro.

El rojo representaba su rabia, y con la espada del caballero quería hacer justicia. El fuego era el símbolo de la magnitud del asunto al que se enfrentaba, y entonces metafóricamente se vio pequeña ante tal enemigo.

¿Era Tommy un dragón gigante que escupía fuego? ¿Era cierto que ella no era más que una noble dama o caballero con una simple espada afilada como única arma de defensa? ¿Era Elsa la princesa a la que debía rescatar? ¿O tal vez debería arrojarla a las fauces de aquella fiera con alas, y ojos de serpiente?

Por un momento creyó sentirse mejor. Visualizar la situación a la que se enfrentaba de forma metafórica la ayudaban a ver las cosas un poco más claras. Entonces pensó que lo que realmente importa no es el músculo del cuerpo, sino el músculo de la mente. Ese es el mejor de todos. Tenía que pensar algo para salir airosa de todo eso.

Recordó entonces cuando sonó la campana a los pocos segundos de acabar su dibujo que tenía un mensaje de aquel "otro indeseable" de Dallas para Tommy. Realmente no tenía deseo alguno de dirigir palabra alguna a él, pero pensó que era lo correcto.

Se tragó como pudo su enfado cuando ellos dos volvían a salir de clase cargados con las mochilas y juntos; entonces se acercó a ellos a sus espaldas. Era la primera vez que veía a Elsa sentarse en las primeras filas...

–Eh, tú, Tommy. –Dijo la pelirroja de forma seca y medio desafiante, cuando el chico estaba a punto de salir hacia afuera, pero aún no llegaba a la puerta.

Cesaron las risas y tanto Tommy como Elsa, o "White", se giraron hacia ella.

–¿Qué quieres? –le respondió en el mismo tono, tras mirarla por unos segundos breves.

–Tengo un mensaje para ti. De un tal Dallas. –Levantó su cabeza con gesto altivo.

Tommy se cruzó de brazos y frunció el ceño.

–Dispara.

Ella lo miró por poco tiempo.

–Bien, resulta que ese tipo me ha parado en la puerta de la clase para decirme que tienes un entrenamiento por un partido adelantado o algo así para este mismo recreo.

Él no alteró su gesto, ni movió un músculo.

–Este receso no puedo. He quedado con Elsa.

Ella se puso sus manos en su cintura, y le respondió al instante.

–¿Y a mí qué me cuentas? Es lo que él dijo.

El caballero de la edad moderna y chándal a rallas se paró a reflexionar por unos segundos. Puso su mano en su barbilla, murmurando un "hmmm" continuado.

Entonces Elsa intervino.

–Tommy, no te preocupes por mí si tienes que hacer algo. Me pasaré por la biblioteca.

Anna miró entonces por primera vez a Elsa, pues había evitado dirigirle la mirada hasta ese momento en que lo hizo por instinto. Recelosa...

Elsa no la miró.

Tommy si lo hizo, miró a la rubia, y después miró a Anna, que recobraba la compostura y volvía a poner su gesto altivo, tratando de salir de su comienzo de ensimismamiento.

–¿Era muy importante el partido?

Ella frunció el ceño. Aquello le estaba resultando ya ridículo y demasiado pesado. ¿Dónde estaba la espada del noble caballero de la brillante armadura?

–¿Y yo qué sé? ¿Me crees tu secretaria? Tan solo me dijo lo que te he dicho, no sé nada más, pues ese Dallas carece un poco de modales, ya que se piró a toda leche tras decirme que te comunicara el mensaje.

El tipo se quedó un poco aturdido, pero enseguida reaccionó y volvió a mirar a Elsa. Anna la miró a ella de nuevo, de forma impulsiva y se decía, ajena a su voluntad.

–Voy a aclarar este asunto. –Dijo Tommy, de forma seria–. ¿Me esperas para la próxima clase?

Elsa asintió y sonrió...

Tommy sonrió a su peculiar estilo de levantar una ceja, y rápidamente, y sin pensar demasiado debemos recalcar, salió de la clase, dejándolas a las dos completamente solas.


Pasaron unos leves segundos... y Elsa no podía evitar mirar a Anna frente a ella, con su cabeza dándole el perfil y sus brazos cruzados. Aún ninguna se había movido del sitio inicial y... una sonrisa dulce se le dibujaba en el rostro a la rubia.

Su pelirroja todavía no había dado señales de vida, hasta que bruscamente giró su cabeza hacia ella. Entonces Elsa, sorprendida, se atragantó casi con su sonrisa, que trató de esconder pero Anna había logrado vislumbrarla por un segundo.

Se descruzó de brazos... irguió sus hombros.

–¿Qué miras tú con esa sonrisa? –el tono aparentaba y trataba de ser inquisidor, pero en realidad era confuso.

Elsa no pudo evitar entonces reír un poco de forma pícara ante esa postura de su chica, y enseguida se llevó su mano a la boca, tratando así de ocultar su curvatura. Su risita asomó entonces de entre sus labios con ese gesto, antes de decir un "nada" un poco burlón.

Anna la miró frunciendo el ceño y apenas inclinándose un poco hacia ella.

"No puedo creer que encima te burles..."

Suspiró para sus adentros.

–Tan solo... –el tono de voz de la rubia la sorprendió y volvió a mirarla de forma automática. Su gesto ahora era más confuso que antes–. Tan solo me hizo un poco de gracia benévola tu actitud tan... desafiante y tan quisquillosa.

Anna abrió su boca en plan sorpresa casi extrema.

–No es mi culpa que tu querido Tommy sea corto de entendederas. –Puso de nuevo su gesto altivo.

Elsa volvió a reír del mismo modo que antes. Anna se desesperó.

–¿Corto de entendederas? –repitió la rubia aún ocultando su sonrisa tras su mano.

–Por lo visto tú también lo eres. –Se defendió como pudo la pelirroja y se volvió a cruzar de brazos mirando hacia el lado.

Elsa se puso entonces seria, y sin pensarlo nada, sus palabras se salieron de su boca, en un tono neutral y al mismo tiempo concienciado.

–Tú me impediste que entendiera.

Anna, que comenzaba a blasfemar casi para sus adentros entreabrió su boca, y a los pocos segundos se giró lentamente hacia ella. La miró frunciendo el ceño, pero de forma confusa, en lugar de forma enfadada. Puso sus manos alrededor de sus caderas, dejando su mochila detrás de sus brazos.

–¿Qué quieres decir con que "yo te impedí que entendieras"?

Miró distraídamente hacia el lado... ¿creía entender aquél tono, o era cosa suya?

Elsa la volvió a mirar apenas sonriendo... y agarró el asa de su mochila ejerciendo apenas un poco de presión.

–Me dijiste que olvidara lo sucedido.

Ahora la mirada de Elsa hacia Anna era apenas recelosa, y al mismo tiempo un pelín suplicante.

La pelirroja no pudo ocultar su cierta sorpresa, pero tan solo se quedó seria y apretó levemente los dientes.


La puerta se abrió entonces, y apareció el joven Snell interrumpiendo el momento. Venía susurrando algo. Anna y Elsa se seguía mirando.

Anna fruncía el ceño levemente, y denotaba cierta batalla concienciada interior que no dejaba lugar a dudas: su rostro era de algo que se contenía y que no quería decir. Elsa la miraba un poco seria, como haciéndole saber que ella ya sabía lo que era. Trataba de persuadirla de ese modo para que lo soltara todo.

Pero cuando Tommy se acercó y su voz se hizo un poco más nítida en el lugar, Anna desvió su mirada, y entonces dirigió sus pasos alrededor de ellos encaminándose hacia la puerta, dejando un aire de frío en el corazón de Elsa, que se sintió ultrajada y frustrada.

Su pelirroja perfecta de ojos verdes y trenzas estructuradas se había marchado... otra vez. Un suspiro contenido quería salir de su interior. Quería dejar escapar así todo lo que estaba sintiendo en ese momento. La tristeza la invadía. Tanto, que ni siquiera escuchaba las palabras de Tommy...

–Elsa, ¿me estás escuchando? –añadió el chico confuso, con el ceño fruncido, ante el estado hipnótico y alejado de la chica con poderes telequinéticos.

Reaccionó entonces.

–Sí, Tommy... entiendo que ese partido es importante, no te preocupes, nos veremos si eso en otro momento...

La miró. Le pasaba algo. Estaba distante de repente. Entonces pensó que la había visto con Anna... Anna.

–¿Ha ocurrido algo que yo no sepa? –su tono era de claro "suéltalo ya".

–No. –Respondió la rubia con tono algo abatido pero al mismo tiempo recompuesto, y entonces sonó la campana que indicaba el final del descanso entre clases y el próximo comienzo de la siguiente–. Debemos irnos, o llegaremos tarde a la próxima clase.

La siguió mirando serio, pero Elsa todavía no había levantado la vista.

–Creo conocerte hasta el punto de saber cuándo te ocurre algo y cuando no. –Breve pausa. Meditación–. ¿Es por Anna?

Elsa lo miró de repente. Saltó como una percha.

–¿P-por qué tendría que ser por Anna? –su gesto ahora de preocupación y sus nervios ya afloraban.

Seguía el gesto bastante serio de Tommy. Quería dejar de sentirse como un estúpido y entender de una vez por qué siempre salían las dos vapuleadas cuando estaban juntas.

–Porque has estado a solas con ella. ¿Verdad?

–No hemos estado hablando de nada, Tommy. –Elsa recuperó la compostura relativamente rápido.

–Eso espero, porque siempre parece que te afecta en cierto modo lo que ella hace.

Elsa entreabrió la boca.

–Te equivocas. –Se irguió y salió de la clase.


"¿Tú me has impedido que entienda? ¿Qué carajos significa eso, White?"

Se repetía Anna, mientras caminaba a rumbo perdido por el patio del recreo de Preston. Su cabeza se encontraba bajada, y su ceño fruncido en un claro estado de confusión.

Un panorama interesante, seguramente habrían pensado algunos, hasta que levantó la vista de forma inconsciente y se percató de que enfrente tenía a Christine Hamilton.

–Oh, no. –Murmuró lamentada Anna, mientras la mirada fría de la morena se había clavado en ella.

–¿Irás al baile? –soltó sin previo aviso. Tono endurecido, casi no parecía una pregunta.

–No. –Su respuesta fue certera. Casi al mismo tono. No se iba a dejar intimidar por esa niñata malcriada.

–Bien, porque la santurrona si piensa ir, y con tu novio. ¿Qué te parece? –Provocaba, o intentaba, con su tono. Parecía divertirle bastante.

Sus ojos verdes se alzaron. Su expresión se tornó neutral.

–Me parece que me da igual porque Tom ya no es mi novio.

Un aire sorpresivo surgió del rostro de la morena, y se rió levemente con la boca abierta.

–¿Has roto con él?

–Sobra la respuesta. –Gesto altivo.

Hamilton repitió el mismo gesto de antes.

–No puedo creer que esa estúpida de White haya conseguido tanto.

Había estado alucinando...

Anna se quedó quieta y callada por unos breves segundos más, y entonces hizo el amago de irse.

–Tengo que irme. –Dijo, y se encaminó.

Giró a unos metros y vio como Hamilton estaba hablando por teléfono.

"Menuda chismosa entrometida..." pensó Anna.


No habían pasado ni dos segundos que había girado su cabeza hacia delante tras mirar a Hamilton, y para su sorpresa, Elsa White estuvo a punto de derribarla justo delante de ella. ¿Qué demonios?

Se miraron. Gesto serio de ambas. Mucho que decirse y poco que decían.

Anna hizo el amago de irse sin más, pero entonces Elsa volvió a interponerse en su camino, alzando levemente el pie. Ya estaba un poco cansada del juego del gato y el ratón.

–¿Qué crees que haces? –golpeó primero Anna, y la miró de forma seria.

–Es muy fácil. Solo tienes que olvidarlo. –Una bomba de relojería se apoderó de la boca de Elsa. La miraba con gesto bastante serio. Estaba muy resentida. Pensó que podría aguantar, pero... el caso es que era más fácil decirlo que hacerlo.

–¿Qué tratas de d-decirme con eso? –Anna perdió el control levemente, pero recobró la compostura de nuevo.

–Creo que tú lo sabes bien.

Se volvían a mirar...

"¿Que lo sé bien?" pensaba confusa.

–N-no me apetece estar perdiendo el tiempo, tengo cosas que hacer, ¿sabes?

Elsa soltó una risa irónicamente. Anna ya se encontraba casi derribada... ese fuego era demasiado potente para ella. Esos ojos... eran esos ojos azules, estaba segura.

–¿Ah, sí? ¿Cosas como eludir tus responsabilidades sobre tus actos? –arqueó la ceja. Su cara no podía ser más irónica...

Anna entonces, medio ofendida, frunció también el ceño.

–Yo no he hecho nada de lo que tenga que responsabilizarme.

Otra risita incrédula.

–¿Ah, no? –breve pausa–. Joder... no sé cómo Tommy aguantó cinco meses contigo.

Ahora sí se había formado una buena.

Anna abrió la boca y arqueó la ceja. La encaró al instante. ¿Quién se creía que era?

–¿Qué tienes tú que decir de eso? ¿Acaso crees que eres perfecta, Elsa White?

Ya la miraba con fuego en sus ojos...

–No soy perfecta, pero sí soy más prudente que tú, Anna Green... –La miró de arriba abajo, con despotismo. Su tono también era de desdén altivo. Ahora si que había colmado el vaso.

–Oh sí, muy prudente. –Hizo una pausa, irónica–. ¿Entiendes por prudencia mencionar cosas que no vienen al caso y actuar como si nada?

Ahí sí que la había dejado completamente K.O... ¿mencionar cosas que no vienen al caso? ¿actuar como si nada?

–¿Qué me quieres decir con eso? –preguntó la rubia.

–Creo que lo mismo que tú a mí. –Respondió la pelirroja.

Ambas estaban una de perfil a la otra, lado a lado, y mirándose desafiantes y serias.

–Ilumíname.

Sonrió de forma irónica y bajó la cabeza, negando.

–Eso es algo de lo que tendrás que darte cuenta tú solita, no me apetece tener que estar recordando.

Hizo el amago de irse, pero Elsa la agarró del brazo con fuerza. Más que la de Tommy, si cabía...

Anna sintió la presión, tanto en el brazo como en el corazón por la mirada de Elsa, y se sintió al instante derribada. Ya eran dos veces en tiempo récord que la obligaban a quedarse en un lugar donde no quería estar.

–No. Esta vez no voy a permitir que te escurras, como es tu especialidad.

Se quedaron mirándose por unos breves instantes... Anna tenía su boca abierta, gesto preocupado y un incontrolable deseo que la quemaba ya por dentro. Tenía que escapar de él, o...

–¡S-suéltame! –se zafó de forma brusca–. No te atrevas a mancharme con tus manos llenas de reproche.

Se sacudió el brazo, seria, y entonces Elsa negó con la cabeza... retrocedió para marcharse y dijo algo que jamás pensó que diría en toda su vida.

–¿Sabes qué? Que te den mucha morcilla, Anna Green.

Y se retiró; enfadada, colérica, frustrada, incrédula. Ya no podía hacer más... casi le estaba suplicando que le dijera si aquello de que le gustaba era cierto, pero ella no cedía y no estaba dispuesta a insistir más.

Anna la miró totalmente sorprendida, no pudiendo evitar el gesto pertinente para este tipo de sensaciones.

"¡¿Ha dicho que me den mucha morcilla?! ¡¿A mí?!"

Algo se apoderó de ella del mismo modo, y corrió hacia Elsa, a los pocos segundos.

Mientras que la rubia iba meditando y maldiciendo todo a su alrededor, las manos frías y cargadas de rabia de Anna la giraron a 360º hacia ella, y eso la pilló por sorpresa.

No vio venir por culpa del aturdimiento de ese giro el enorme golpe con la palma de la mano que le removió todo su moflete, y que ahora le ardía de forma espantosa.

–A mí nadie me dice que me den mucha morcilla y después se piensa que se va de rositas.

Elsa se agarró su moflete por unos segundos con su cara de asombro y rabia total. ¿Qué demonios estaba sucediendo? ¿En serio la había golpeado? ¿Es que era eso posible?

Se lanzó hacia Anna para devolverle el guantazo, pero entonces Anna que fue rápida de reflejos le agarró su brazo y la detuvo. Ambas quedaron a la par, una enfrente de la otra, y Elsa imposibilitada casi prácticamente en sus movimientos, a pocos centímetros del rostro de Anna Green.

La pelirroja emitió un sonido negativo con su boca, el mismo que hacen las madres cuando tratan de dormir a sus bebés, y negó con el dedo índice de su mano libre.

–No pienses que vas a devolverme el golpe. Es el que tú te mereces por ser tan atrevida.

Los latidos del corazón de Elsa iban en aumento de forma muy considerable, y entonces el pánico de nuevo se apoderó de sus ojos, y de todo su ser. Sabía lo que pasaba cuando se alteraba en demasiado...

Trató de tranquilizarse. Lo trató con todo su ímpetu, el que era capaz de sonsacarse en ese momento y bajo esas circunstancias, pero el empujón que le otorgó Anna para alejarla de forma brusca, la hicieron descontrolarse 100%. Algo se había roto dentro de ella.

Casi cayó al suelo. Se contuvo de hacerlo, y entonces observó como Anna la seguía mirando. Elsa no se encontraba incorporada del todo, ella estaba encorvada, con el moflete rojo y los dedos ligeramente señalados en su mejilla. Sus ojos azules contenían un alto líquido que se moría por dar rienda suelta a su fluidez, y entonces... entonces fue cuando levantó la vista, y a través de su pelo algo descolocado, la miró.

Los latidos de su corazón eran fuertes, y al mismo tiempo eran certeros y a un ritmo regular. Palpitaba de forma aparentemente normal, pero la realidad era que si alguien tocaba a Elsa en ese momento, seguramente sintiera la fuerza conque su corazón se manifestaba dentro de su cuerpo. Podía oírlo perfectamente en sus oídos, tanto que ya no escuchaba nada del exterior.

Anna se congeló al apreciar esa mirada desgarrada que no supo interpretar proveniente de Elsa, y entonces su gesto se le suavizó. Se rompió.

Con una mueca, Elsa se irguió del todo y continuó su camino.


A Anna se le había detenido el tiempo por unos instantes... y entonces fue consicente. Se había pasado... se había pasado siete pueblos.

Había cargado toda la frustración que tenía con Elsa, con ella misma, con el mundo, tal vez, con todo... todo lo que había estado sintiendo las noches anteriores, los días anteriores, toda esa rabia había sido depositada y manifestada ahora en el moflete de Elsa.

"Dios... ¿Qué he hecho?"

Y corrió. Corrió de nuevo hacia Elsa... corrió cuando la campana a su paso había sonado y los alumnos se interponían entre ella y su rubia. Corrió más... levantó la vista entre el gentío...

–¡Elsa! –Había gritado sin poderlo evitar.

"Dios... ¿qué hice?" se volvía a repetir... mientras un nudo se le cogía en su garganta, y otro en lo más profundo de su interior.

No consiguió alcanzarla, hasta justo antes de la entrada de clases... pero la profesora llegó en ese mismo instante. Maldita sea. Anna la miró con rabia.

Se adentraron... tuvo que dejar que Elsa se alejase. Volvió a sentarse en la última fila. Ella, en cambio, se sentó en las primeras.

La clase fue pésima, no podía dejar de mirar furtivamente a Elsa, tanto que nisiquera estaba escuchando a la profesora. No hacía caso, hasta que las palabras de la mujer de mediana edad llamaron su atención.

–Y ese ejemplar del que quiero hablaros se encuentra en la biblioteca... –breve pausa–. Srta. White. ¿Podría ir a buscármelo? Tengo entendido que usted es bien conocedora de esos pasillos, y yo la verdad es que no me atrevo a dejar la clase sola. –Los miró a todos, y todos la miraron a ella, cómplices entre ellos de sus propias travesuras.

Elsa, que había tenido su cabeza bajada y su mente vagando en otro mundo, levantó entonces la vista. Se tapó la cara del lado de los dedos marcados (que ya habían dejado un pequeño arañazo) levemente con su pelo, y entonces asintió, mientras acariciaba brevemente su bolígrafo.

–Bien. Toma la tarjeta de autorización.

Elsa se levantó... su cuerpo perfecto se puso entonces delante de Anna, a lo lejos. Pero no la miró. Anna sintió como todo se le venía a la boca, y tenía ganas de "vomitarlo". Quería soltarlo todo... había visto a Elsa tan vulnerable.

Entonces se le ocurrió. ¿Por qué no intentarlo?

–Profesora. –Dijo mientras levantaba la mano.

Ésta la miró por encima de sus gafas en forma de luna.

–¿Sí, Srta. Green?

–¿Puedo...? ¿Puedo ir al baño?

La profesora la miró cual banquero de Gringotts.

–Usted sabe que en horario de clases, no esta permitido ir al baño, a menos que sean casos de...

–...Extrema urgencia. Lo es. –Interrumpió Anna con dobles sentidos y cierta impaciencia.

La profesora meditó por un momento, sin alterar su gesto que ya parecía cómico, y entonces hurgó en su bolso.

–No tarde, por favor. –Extendió la última tarjeta de autorización.

–Gracias, no lo haré.

Ocultó como pudo su sonrisa, su gesto, y entonces cogió la tarjeta y salió de la clase.


Corría y se paraba, todo conforme a si veía algún profesor o no por aquellos lares. El camino a la biblioteca parecía ahora alguna secuencia de un videojuego de ninjas, puesto que ella no estaba autorizada para ir a la biblioteca precisamente, pero, ¿quién lo sabría?

Pasaron unos cuantos minutos hasta que llegó al lugar indicado, y con algo de prisa se adentró en él.

Si Elsa hubiera salido, puesto que el camino era único de un lado a otro, ella, en teoría, tendría que haberla visto. Así que...

Osciló asomando su cabeza de forma rápida por cada hueco entre estante y estante, con la precisión de un detective de las películas de Scooby-Doo. Escudriñaba cada hueco rápida y certeramente, hasta que llegó al oportuno...

Elsa se encontraba de espaldas a ella, de lado mejor dicho, ojeando un libro, seguramente comprobando si era el ejemplar que la profesora le había indicado. Aunque, por el gesto, ella estaba leyendo. Leyendo como si nada. ¿Por qué siempre daba la cosa de que se perdía en los libros? Casi parecía una especie de "adicción" para ella.

Tragó saliva... lo que estaba a punto de hacer era tan complicado... tanto que sintió que se le congeló la garganta. Y el cerebro, y todo lo restante...

–E-el...sa... –dijo como pudo, de forma entrecortada y su voz ronca.

La rubia se giró asustada. Se le cayó el libro al suelo. Se cerró. Así como ella pretendía que se cerrase ese momento. Anna Green... ¿Cómo demonios?

Hizo el amago de irse, la verdad es que se había vuelto de repente tan evasiva como antes, volviéndose a cerrar en banda, pues todo lo que Anna había construido en ella Anna lo había destruido del mismo modo cuando le propició aquel golpe, y eso había hecho traer de vuelta a la Elsa insegura, triste y cerrada de antes.

Anna... era ella quien había conseguido poco a poco devolverle a ilusión de aquel tiempo perdido, y ahora... ahora pensaba que ya no tenía motivos para verle atractivo alguno a todo lo que ahora se avecinaba con Tommy. Su sentido era ella. Y ella... ella la había despreciado.

Caminó de forma rápida y precisa a su lado, pero por fortuna Anna contaba con buenos reflejos.

–¡Espera! –dijo al mismo tiempo que la agarró del brazo y enseguida la soltó como si de un calambrazo se tratase, cuando se hubo detenido. Su gesto se rompió.

Elsa la miró con el alma rota. Se podía ver en sus ojos que de nuevo amenazaban con estallar.

Anna bajó la cabeza.

–Por favor, perdóname.

... Se hizo un silencio.

Elsa se congeló... pudo sentir como el sonido de unos cristales rotos resonaron sin motivo alguno en su mente, y entonces abrió su boca y frunció su ceño, con sorpresa, preocupación, y... todos sus sentimientos amontonados y desordenados. ¿Ella le había pedido... perdón?

Se echó a llorar. No pudo contenerse más. Había pensado que aquello eran tan irreal, estaba tan dolida y... estaba mal. Eso era. Estaba mal y tan vulnerable, sin ganas de luchar, y mucho menos con ella.

–Déjame, por favor... –su tono era quebrado.

Anna levantó la vista entonces. Su gesto se concienció y se percató de sus lágrimas, entonces volvió a bajar la vista. ¿Demasiado tarde...? No podía pensar en ese momento.

Elsa pasó por su lado con una ráfaga de aire y un aroma que la hicieron reaccionar, y entonces la vio levemente agachada cogiendo el libro del suelo, y posteriormente haciendo de nuevo el amago de irse, y fue cuando todo lo que había estado conteniendo en clase y lo largo de todos esos últimos días, salió de ella como un misil imparable.

–¡Sé que lo he hecho mal! –gritó, y su gesto se quebró. Elsa se paró en seco. Anna alzó su mano a la altura de su cintura y suspiró. Ya no había marcha atrás con todo eso...

La rubia la miró entonces, con sus ojos cristalinos. Frunció el ceño, descolocada.

Su pelirroja suspiró fuertemente.

–Yo... –y no dijo nada más.

–¿Crees que puedes utilizarme cuando se te antoje? –dijo de repente Elsa, totalmente destrozada por dentro.

Anna levantó la vista de nuevo con gran sorpresa.

–¡No!, yo... –ahogó un suspiro.

–Por mí te puedes ir al infierno otra vez, Anna Green. –La interrumpió y, por primera vez, se sintió... libre. Libre de todo... mientras se volvía a girar de forma decidida.

–¡Sí, joder, sí! –exclamó de forma desesperada Anna–. ¿Contenta? ¡SÍ!

La pelirroja ladeó su cabeza y Elsa se giró con gesto serio ante ella. No había llegado aún a la puerta. Pero lo sabía.

–Sí, ¿qué? –le dijo en tono de... "¡vamos, dilo!" mirándola con cierta expectación. Entonces Anna se fijó en su mejilla marcada.

–Ya no me hagas esto más difícil –Anna hizo el amago de hacer un puchero con la boca y en lugar de eso se estremeció levemente. Sus ojos también estaba amenazando con explotar y dejarlo todo correr.

–Pero si no me has dicho nada... –dijo Elsa más respuesta. Bastante más repuesta. Ahora sí sentía que estaba hablando con la auténtica Anna, y no con la que pretendía ocultarse entre las sombras. Quiso ser más benevolente, sonreía por dentro de forma contenida, y su corazón latía rápido de pura expectación y felicidad.

Anna la miró entonces, y su gesto se tornó entre neutral y ceñudo, todo en plan concienciado.

–Te lo he dicho todo...

Elsa levantó su vista, y al encontrarse con la de Anna, se puso nerviosa. Su corazón latía ahora con la fuerza de los mares embravecidos y fue consciente entonces de la magnitud del asunto. ¿Su pelirroja trenzada estaba declarándole directamente su amor? No, eso no podía ser... ¡Pero todo parecía indicarlo! Joder...

Ahora Anna parecía tener las de perder. Es lo que pensaba la chica pelirroja. No sabía si había hecho bien en decir todo aquello, no sabía las intenciones de Elsa, y sus acercamientos con Tommy no eran nada...

–Anna... –dijo Elsa con dulzura, al mismo tiempo que negó con la cabeza e interrumpió la meditación de la pelirroja.

Nerviosa, retrocedió unos cuantos pasos y una enorme ansiedad se apoderó de ella.

–Bueno, yo... –la miró con terror. "Yo... ¡¿qué demonios acabo de hacer?!"– T-tengo que irme.

Y salió corriendo como alma que lleva el diablo.

Elsa reaccionó todo lo más rápido que pudo, levantando su cabeza y mirándola con la boca abierta.

–¿Eh? –miró rápidamente a una Anna que se era puro correcaminos–. ¡ESPERA! ¡ANNA!

Gritó en vano Elsa, mientras Anna una vez más se le escapaba, y entonces se acomodó el libro y salió tras ella. Igual deberían volver a clases.