¡Hola! ¿Qué tal?

Sí, bueno, ya sé que ha pasado... ¿Cuántos meses? Desde el primero de Mayo [1/5/12]... (sumando con los deditos porque el verano ha frito mis neuronas...) ¿Qué día es hoy? ¡Ah, sí! diez de Julio [10/7/12] ¡Dos Meses! LET'S CELEBRATE! Nah, ahora seriamente.

Explico: Terminé clases. Sí, me "gradúo" de la Secundarioa Obligatoria, great deal, pero me siento feliz. Me gusta este fic, personalmente, aunque ahora haya casique abandonado Twilight. Y Hetalia. Y todo lo demás que no sea Shugo Chara! Jeje... pere este va a acabar. Y no, no habrá más secuelas. Lo siento mucho, pero creo que ya está bien de esta historia. Si no lo habéis leído en mi perfil, tengo pensado reescribir la primera parte porque pienso que mi forma de escribir ha cambiado bastante. No sé. Lo estaba leyendo hace un par de días y me pareció un muermo de leer. xDDD

Vale, pasamos a la música.

Simplemente incrustad aquí Rammstein. O SOAD. Muchas canciones me han acompañado para este cap y ya ni me acuerdo de todas. Pero bueno, hay una parte, al final, en la que pega una canció triste y tranquila, de las que te hacen llorar. Sí, lágrimas *ríe malvadamente(?)*


Monstruoso

Las personas en el lugar todavía no se creían lo que ocurría.

La Reina había vuelto pero, ¿A qué precio? Su aspecto había cambiado, acercándose más a una especie de demonio o un vampiro de película de terror, con las orejas puntiagudas, garras atemorizantes, colmillos prominentes y unas alas que ahora mantenía cerradas, pegadas a su cuerpo.

Un gruñido había soltado no mucho antes y ahora observaba con el ceño fruncido a los cuatro vampiros de pie frente a ella. No eran humanos, no eran inofensivos. Eso estaba claro en la forma en la que habían plantado cara a Bella en una situación así, además de la transformación de su aspecto. ¿Quiénes eran ellos? ¿Qué sabían ellos de esto? ¿Por qué Bella se comportaba así con ellos? ¿Por qué besó y casi muerde a ese tal Matteus?

Estaban quietos, nadie respiraba, todos se mantenían expectantes al siguiente movimiento. Bella sonrió más y saltó hacia atrás, cayendo grácilmente unos cuantos metros más allá. Los observó atentamente antes de girar su vista a los asustados espectadores que sólo habían acudido a ese lugar para ver la coronación de la nueva Reina, ahora muerta y sin corazón entre los brazos de Edward. Éste observaba sorprendido todo lo que ocurría, al igual que los Cullen, estupefactos. Esto nunca pensaron que ocurriría. Pero pasó.

El silencio cesó cuando escucharon al monstruo tomar aire, inspirando hondo. No sabían para qué, pero algunos tenían sospechas. Bella, o al menos lo que quedaba de ella en ese cuerpo, mantuvo el aire en sus pulmones unos momentos antes de dejarlo atravesar sus cuerdas vocales, produciendo un sonido agudo, como un canto; pero pronto esa nota continuada fue aumentando en volumen e intensidad progresivamente, quizá demasiado rápido, ya que no hubo tiempo suficiente para la gente se tapase los oídos y tuvieron que soportar el aullido agudo. Muchos creyeron que se les romperían los tímpanos, pues comenzaron a escuchar un pitido en sus cabezas, incesante y molesto. Cuando ella se detuvo, sonrió ligeramente y observó cómo las personas allí presentes se miraban algo desorientados los unos a los otros antes de percatarse de que las ventanas se habían quebrado por el grito y ahora caían al suelo, creando una alfombra de cristales rotos, afilados y brillantes bajo la luz de las estrellas solitarias, sin luna. Era luna nueva.

Entonces las cosas se pusieron en marcha a la vez. No supieron exactamente quién hizo el primer movimiento, pero para cuando se pudieron dar cuenta, Bella ya estaba corriendo por las caras interiores de los altos muros de hormigón y cristal. Corría a cuatro patas, como un animal muy grande, ondeando la cola desnuda con cada movimiento y llevándose trozos de las paredes entre sus garras cada vez que saltaba un tramo debido a la potencia y la fuerza que ejercía con cada paso. Los rodeó un par de veces antes de que se dieran cuenta de que estaba corriendo, huyendo de las balas. ¿Balas? Sí, los cuatro vampiros a los que se enfrentaban habían sacado armas de fuego de donde nadie supo pero, en realidad, a nadie le importó ese en aquel momento, sólo era imperativo acabar con Bella y el peligro que representaba. Ana portaba una minigun en un brazo y una ametralladora desproporcionada para su tamaño en el otro, y apuntaba con ojo profesional a la vampira en fuga, fallando apenas por centímetros. Su mirada fría y calculadora parecía no moverse cada vez que miraban, pero si te fijabas bien, las pupilas se movían sutilmente, siguiendo a Bella, en un rostro serio, pálido. Se le acababan las balas, sacaba más; pero quizá lo más sorprendente es que no había interrupción entre cada tiro ya que se las ingeniaba en recargar el arma a la velocidad de la luz. Rémi no se quedaba corto ya que tenía en cada mano una pistola de tamaño considerable, una blanca y la otra negra, y aunque disparara con menos frecuencia que su compañera, cada tiro era letal y atravesaba el hormigón armado como si fuese un queso. A su vez, Lillie y Matteus ofrecían su apoyo con sus propias armas, pero era obvio que quienes llevaban la voz cantante en cuanto a armas en esa batalla eran Ana y Rémi.

Una persona gritó de horror al ver pasar a Bella junto al grupo de humanos y vampiros que observaban la lucha desde su posición unos metros delante de la tarima de madera. Las balas plateadas no se hicieron esperar, cortando el aire a su paso y rozado las cabezas de algunas personas, causando más gritos y jadeos. Entonces, ante las miradas sorprendidas del público, los muros comenzaron a ceder por su propio peso al estar destrozados los pilares que los sostenían gracias a la batalla. Horrorizados, observaron grandes trozos de hormigón caer inexorablemente hacia ellos, sólo pudiendo cerrar los ojos y esperar lo peor. Mary, Benjamin, Matthew y los demás sólo pudieron esperar a los peor ya que, aunque se moviesen lo más rápido que pudiesen, no llegarían a tiempo.

Pero ellos no murieron aplastados. Al notarse vivos y de una pieza, abrieron los ojos para observar que una especie de barrera los protegía. Era incolora a simple vista y, aunque pareciese débil, era resistente al haber soportado todos los impactos de los muros del edificio. Pero eso no acabó allí. Del suelo comenzaron a salir placas de metal, como si fueran las escamas de un gran reptil, brillantes y gruesas, causando un gran estruendo de chirridos y rozamiento cuando iban pasando unas encima de otras como si tuviesen vida propia, recubriendo la cúpula protectora. Cuando terminó, notaron que dos barreras se habían formado; una, rodeando a los Cullen y a los Siete; la otra, protegiendo a los vampiros y humanos que observaban. Sólo quedaron fuera los cuatro vampiros armados y el monstruo, Bella.

— Mirad lo que habéis hecho...- escucharon el susurro de Bella en el aire antes de la pudiesen ver acuclillada junto a unos escombros y admirando los destrozos.

— Muérete- contestó Ana con el rostro para nada dulce o amistoso, lejos de lo que estaban todos acostumbrados. Había bajado sus armas, quizá quedándose definitivamente sin balas o quizá porque no era el momento de disparar.

— Me asombran vuestro poderes- dijo sin nada de sorpresa- ¿Dónde los habéis conseguido?- preguntó con el mismo tono.

— No te incumbe- dijo esta vez Lillie, con el rostro crispado en una mueca de rabia. Bella soltó un bufido y se dio la vuelta, una sonrisa en los labios que quizá en algún momento fuese dulce, pero ahora era una mueca torcida que enseñaba los dientes.

— No era necesario ese tono, Lillie...- susurró con la voz dulce, pero el resultado empeoró las cosas, como su sonrisa. Sintieron el ambiente cambiar ligeramente, como si cambiase de color o incluso sabor... Vieron que alrededor de las barreras que los protegían se arremolinaba una especie de niebla rojiza, formando círculos y serpenteando hacia las cuatro figuras que encaraban valerosamente a la criatura, pero nada ocurrió.

— No puedes afectarnos con esos poderes- advirtió Rémi.

— Ya veo...- susurró Bella antes de dejar caer la sonrisa y arremeter contra ellos.

De igual modo que con las pistolas, no supieron de dónde Matteus había sacado una espada y había detenido unos segundos la embestida de Bella, desviándola de su ruta inicial y echando a perder lo que seguramente pretendía. Pero ella no se inmutó, más bien parecía que lo esperaba.

Saltó hacia el cielo nocturno y se fundió con la oscuridad al no haber ahora lámparas que iluminasen el lugar, quedando ya destruidas con el chillido agudo del principio. Mientras esperaban a que reapareciese, los cuatro vampiros en la batalla parecieron cambiar de táctica. Ana soltó sus armas y Lillie se irguió en su sitio, pronto una tenue luz se formó entre sus palmas, permitiendo a los humanos asistir al espectáculo que ofrecieron después. Rémi soltó sus pistolas y se mantuvo quieto en el sitio, cerrando los ojos para concentrarse. Pronto, vieron estupefactos cómo las muñequeras negras que tenía literalmente se fundían con su piel e iban extendiéndose como el agua por sus brazos hacia arriba, de forma antinatural; pero observaron que no sólo eran las muñequeras, sino que también se "fundieron" su camiseta, pantalones, botas y cinturón, de manera que poco a poco se fue formando un traje, como una segunda piel, elástica y flexible para permitir la movilidad. Sólo permaneció su cabeza libre de aquel traje unos momentos antes de que ésta fuese a su vez cubierta por el gel negro y dejase ver aquellos atemorizantes irises rojos sobre la piel negra.

Ana, por otra parte, sonrió cuando sacó de ninguna parte unas largas garras de metal, probablemente el mismo material de las balas, y se las colocaba en las muñecas. Lilie esbozó una mueca torcida mientras se arrancaba el collar que usaba para revelar que en realidad era más largo que parecía, ya que estaba enrollado varias veces alrededor de su cuello. Cuando lo desenrolló, lo dejó entre sus manos y muñecas como desinteresadamente, pero se notaba que esas cadenas (porque era lo parecían, más que un collar) pertenecían a ese lugar, más como un arma que un adorno.

Sin que nadie pudiese adaptarse a los cambios, Bella reapareció entre los cuatro combatientes y ellos respondieron sin sorprenderse, ya la estaban esperando. Lillie alzó sus cadenas sobre su cabeza y comenzó a hacer círculos con ellas a cada vez más velocidad, esperando; y casi al mismo tiempo Ana sacaba dos pistolas y apuntaba directamente a la criatura disparando con la misma velocidad de antes, incesantemente y con una puntería impecable. Mientras tanto, Rémi corría en dirección a Bella y buscaba alcanzarla con cada puñetazo, cada patada, fallando por milímetros.

Claro, todo esto podría parecer poco si se cuenta de uno en uno, pero todo ocurría tanta velocidad que el ojo humano no era capaz de registrar por completo la batalla. Ellos veían algunos destellos aquí y allí, el ruido de las pistolas al disparar las balas, el sonido como rocas chocar cuando Rémi fallaba y golpeaba el suelo... Una y otra vez vieron trozos de roca salir despedidos, ya sea por el choque de las cadenas contra el suelo o los golpes que Matteus daba contra los escombros que había allí.

Bella saltaba, esquivaba y golpeaba con sus garras lo más rápido que podía. Los vampiros que sí podía apreciar todo, o al menos su gran mayoría, se quedaron pasmados ante la danza que Bella les ofrecía cuando, por ejemplo, saltaba varios metros para evitar que las cadenas de Lillie la atravesaran mientras giraba su cuerpo ligeramente a la izquierda, lugar por donde dos balas de plata pasaron rozando, para luego dejarse caer boca abajo para poner una mano en el suelo para impulsarse hacia arriba de nuevo realizando una voltereta hacia atrás esquivando las embestidas de Rémi hacia ella. Ignorando la espada que apenas hizo un corte leve en su mejilla, la criatura cuadró los hombros y abrió las garras y echándose hacia delante, encontrándose con Rémi y consiguiéndose que no era capaz de atravesar la extraña piel negra que lo cubría. Entrecerrando los ojos, se giró con si fuese un acto involuntario y detuvo la espada de Matteus a tiempo y la volteó con fuerza, lanzando al vampiro unos metros más allá. Ana le disparó de nuevo, una y otra vez, pero no pareció inmutarse cuando tomó con un movimiento veloz un extremo de la cadena que venía hacia su rostro. Enrolló el metal en su muñeca antes de tirar fuertemente de él y hacer que la vampiresa que sostenía el otro extremo saliese despedida hacia delante, pero no cayó al suelo porque logró equilibrarse antes.

La criatura saltó hacia atrás de nuevo grácilmente aterrizando con suavidad. Por un momento se detuvo, cerró los ojos y respiró como tranquilizándose. Apenas duró un segundo, pero fue suficiente para que incluso los humanos pudiesen ver cómo los otro cuatro vampiros se aprovechaban de esto y se lanzaban hacia ella. Bella abrió los ojos y miró hacia donde estaban los Cullen sólo para encontrarse con los rostros sorprendidos de los que llamó su familia y el rostro iracundo de Edward, todavía aferrado a lo que quedaba del cuerpo maltrecho y sin corazón de Claire. Torció la boca hacia abajo ligeramente antes de volver a saltar para esquivar los ataques de sus contrincantes.

Los Siete observaban estupefactos todo lo que ocurría. ¿Por qué? Se preguntaban, pero no había respuestas. ¿Por qué tenía que ser de este modo? ¿Por qué Bella? ¿Por qué luchaban? A esa última pregunta escuchaban la respuesta en sus mentes, casi como una voz suave que había estado con ellos en las últimas semanas. La duda, habían preferido llamarla, se dedicaba a recordarles una y otra y otra vez todo aquello que era obvio pero que no querían admitir, como el hecho de que Bella haya asesinado a todas esas personas. La voz les decía que esa batalla era del bien contra el mal; la lucha más antigua y ancestral que ha estado en el mundo desde siempre. Los buenos contra los malos, el héroe y el monstruo... Era obvio quiénes eran los buenos aquí y quiénes... bueno, quién era el "malo", pero no podía ser cierto. No. Bella no era el "mal". Anabelle cerró los ojos y suspiró. Todo esto la estaba matando, en sentido figurado. Todo el estrés, toda la tensión... Pero, de algún modo, y no sabía por qué, tenía la impresión de que todo aquello que los molestaba se iba a acabar ese día.

Antes de que ninguno de sus amigos pudiese responder que también pensaban lo mismo, escucharon el estruendo de las cadenas chocar entre sí antes de siquiera procesar la imagen que tenía delante: Bella había sido atravesada por un par de las cadenas. Eso no fue lo más impresionante. Lo que de verdad parecía ir mal de la imagen fue que de las heridas abiertas salía sangre. Sí, sangre roja y brillante, como si ella fuese humana de nuevo. No sólo su corazón palpitaba de nuevo, sino que además sangre corría por sus venas a toda velocidad, llevando quién sabe qué a todas las células de su cuerpo que también deberían estar muertas. Con un gruñido, ella luchó por liberarse, sin éxito. Los otros tres aprovecharon la oportunidad para arremeter contra ella. Bella aleteó con fuerza para liberarse y, tras unos segundos intentándolo, consiguió romper el trozo de las cadenas que la mantenían cautiva justo a tiempo de evitar que la red de telaraña que los "hilos" afilados que formaban los cabellos de Ana la alcanzaran. A pesar de que la batalla continuara, Mary sintió que algo no iba igual... Algo era distinto, algo estaba fuera de lugar. Entonces se dio cuenta. Los movimientos de Bella no eran igual de rápidos, apenas reaccionando un par de milésimas más tarde de lo que hacía antes, pero milésimas que casi le cuestan que la atrapasen de nuevo unas cuantas veces. Frank estuvo de acuerdo con ella y apuntó que Bella parecía respirar con algo más de dificultad, aunque quizá fuesen sólo imaginaciones suyas.

De un lado a otro se perseguían mutuamente sin utilizar nada más que la fuerza física, garras, colmillos, cadenas, pistolas... pero ningún poder extraordinario salió de los combatientes. A algunos les sorprendió, pero simplemente pensaron que, por lo menos con Bella, había perdido los poderes aquel día en que perdió el control.

Isabel simplemente observaba, horrorizada. Cuando ya no podía soportar más el ver a su tía en esa pelea, luchando por su vida, luchando por asesinar a esos vampiros, ella miraba al público silencioso y horrorizado que observaba desde el otro escudo en medio de un montón de escombros que se rompieron gracias a la barrera. Odiaba verlos mirar con desprecio a la criatura alada, una abominación, una criatura horripilante. Vio sus sentimientos y deseos en sus auras, y no le gustó lo que vio. Era triste, muy triste todo lo que ocurría en esos momentos (en realidad todo lo que llevaba pasando desde un mes atrás, sólo que no querían darse cuenta), pero... ¿Qué podía hacer ella? Era "sólo" una niña. No podía cambiar nada ni convencer a nadie. Y se sentía atrapada.

Otra de las dudas que más acuciaba era, ¿Quién habría hecho la barrera? Habían preguntado algunos, sobreentendiendo que habían sido los Siete ya que tenían todos los poderes, incluso se habrían copiado el de Bella original: su escudo físico. Pero Isabel observó con atención de nuevo el escudo. No era el de su tía, ella no tendría nada que ver con las escamas metálicas, brillantes y de aspecto peligroso que habían aparecido para reforzar la barrera. Alargó una mano hacia el borde desde su posición junto a su primo Junior sólo para tocarlo y comprobar de nuevo. Estaban todos tan atentos que nadie se dio cuenta. Unos centímetros más y lo tocaba con la punta de sus dedos... Hasta que lo rozó. Al principio una sensación fría y húmeda la recorrió desde las yemas de los dedos hasta los pies, acompañado de un estremecimiento de la sorpresa. Pero luego sintió algo cálido latir contra su piel, como si fuera el corazón de un animal realmente grande. Acompasadamente el escudo gritaba "vida", pero a su vez gritaba quietud, muerte y desesperación, sentimientos tan negativos que la obligaron a apartar violentamente la mano del escudo y estremecerse de nuevo del miedo.

Entonces escuchó un disparo que llamó su atención de nuevo hacia la lucha y observó a su tía (o al menos de eso quería convencerse) esquivar una oleada de disparos por parte de la española. Miró a Bella inspirar hondo y cerrar los ojos para concentrarse como había visto ya tres veces desde que casi la capturan. Porque también se había dado cuenta de ello. Oh, vaya que si lo hizo. Y quizás fuese la única en hacerlo.

Horrorizada observó, como si fuese a cámara lenta, cómo Bella abría los ojos y la observaba a ella como lo había hecho antes cuando había poseído a sus amigos, ojos de un ser con corazón y alma, al mismo tiempo que Lillie parecía volverse de piedra allí de pie en medio del claro artificial en el bosque que habían creado y del suelo salían una especie de ramas verdes que parecían de un nuevo tipo de árbol. Eran espinosas y anchas, en la punta perfectamente podrían tener la anchura de un brazo de un adulto, y se dirigían silenciosamente hacia Bella, quien no se había movido. ¿Es que no iba a hacer nada? ¿¡Por qué no se movía! ¿Acaso se estaba rindiendo?

— ¡No!- chilló Isabel antes de salir corriendo con todas sus fuerzas hacia su tía y rezando para llegar a tiempo.

— ¡Isabel!- gritó Alice dando un paso para ir hacia ella, pero Junior se le adelantó dándole un empujón hacia atrás y saliendo a correr tras su prima, apenas entreteniéndose para extrañarse por la extraña pero familiar sensación al cruzar el escudo.

Todavía como en cámara lenta, Isabel sintió que no llegaría a tiempo. No podría salvar a su tía. No podría preguntarle por qué no había vuelto. Por qué no se quedó a jugar con ella. Por qué cuando se fue aquella vez hacia La Push parecía que iba a llorar. Por qué había roto tantas promesas.

No le importó que estuviese peligrosamente cerca de los cuatro vampiros que les habían engañado, o los gritos de su familia, o los jadeos de horror del público ante la situación. Pero sí le importó el rostro de sorpresa de su tía y la expresión tan humana que hubo en su rostro. Ella sí lo vio. Ella sí lo sintió. Isabel sabía que Bella tenía razón, que era inocente. Y Bella sabía que Isabel sabía. Pero antes de que Isabel pudiese hacer o decir nada, sintió un fuerte empujón que la desequilibró y la lanzó varios metros más allá. Sorprendida, logró posicionarse en suelo de manera que pudiese ver lo que la había empujado a tiempo de observar cómo su primo, Emmet Junior, era atravesado por aquellas ramas en vez de ella. Ah, por eso es que la gente estaba tan horrorizada, pasó por su mente inconsciente, apenas registrándolo. Entonces su rostro fue iluminado por una especie de descarga eléctrica color púrpura que se dio cuenta provenía de las ramas.

Isabel intentó levantarse, intentó mover un sólo músculo para ayudar a su primo a salir vivo de ésta, pero ya era demasiado tarde. Estupefactos, todos los presentes observaron cómo Lillie retiraba las ramas sin que su rostro cambiase expresión y el cuerpo muerto e inerte del semivampiro caía con un golpe seco en el suelo. Hubo un segundo de silencio, pero entonces todo se puso en marcha a toda velocidad.

— ¡Junior!- se esparció por todo el lugar el grito horrorizado de Rosalie al ver a su hijo morir ante sus ojos. Quiso moverse para ir a por él, pero fue retenida por su familia y por Emmet, quien con el rostro ensombrecido y algo en shock negaba con la cabeza.

Si dar más tiempo de tregua, Lillie volvió a enviar sus ramas mortíferas y eléctricas hacia Bella, quien todavía permanecía inmóvil en su sitio. Pero entonces ella ya no estaba allí. Esquivando a toda velocidad se las ingenió para recoger el cuerpo de Junior del suelo y, bien apretado y asegurado entre sus garras, salir en busca de una muy sorprendida Isabel, todavía conmocionada. Uno en cada brazo, echó a volar para evitar que nuevas balas, ahora de una ametralladora, y las ramas, junto a los cabellos de la española, la alcanzaran con tan valiosos pasajeros. Haciendo piruetas y fintas logró acercarse lo suficiente a lo que quedaba de la tarima para en un celaje lanzar ambos semivampiros hacia los Cullen de manera que ellos rodasen por el suelo y llegasen a sus pies intactos.

Isabel estaba impávida. No se movía ni parpadeaba. Inmóvil en el suelo, apenas alargó una mano hacia la figura alada de aquella criatura que tan cálida le había parecido cuando estuvo en sus brazos. Intentó alcanzarla con sus pequeños dedos, esperando quizá que ella tomase su mano y se la llevase lejos de tanto dolor y odio, pero sus ojos abiertos sólo pudieron admirar cómo venían más ramas espinosas hacia su tía, incapacitada a gritarle que tuviese cuidado o avisarle de que venían más ramas al haberse quedado repentinamente muda. Muy en el fondo sabía que Bella era perfectamente capaz de darse cuenta del ataque por sí misma, pero esta vez tampoco se movió con velocidad como en los últimos cinco minutos. Vio de nuevo ese rostro marcado de cicatrices desencajado en desesperación como aquella vez, que tan lejana le parecía ahora, en la que un vampiro se coló por su barrera e intentó asesinar a los Cullen. Pero sus colmillos la hacían atemorizante en cualquier expresión y las garras que todavía estaban alargadas hacia ella y su primo tras haberlos lanzado hacia la familia no ayudaban a que pareciese inocente o algo parecido.

Finalmente, después de lo que le parecieron décadas, las ramas llegaron a su destino y como antes hicieron las cadenas, atravesaron a Bella en varias partes, enrollándose sobre sí mismas para rodear los miembros de la vampira y evitar el máximo movimiento posible. Bella aleteó con fuerza como antes había funcionado con las cadenas, pero nada ocurrió. Ni una sola rotura. Ni siquiera consiguió volar hacia arriba más que un par de metros antes de ser violentamente golpeada contra el suelo, a merced de la voluntad de Lillie, para luego ser alzada encarando a los Cullen una vez más para que admirase sus rostros entre sorprendidos e iracundos. De la boca de la vampira salió esa sangre, tan extraña e impropia de su especie, salpicando el rostro de una estupefacta Isabel, que se había quedado de piedra en el sitio, muda. Entonces las ramas la comenzaron a arrastrar hacia un lugar central en el claro, a la vista de todos, mientras la criatura intentaba impedirlo con sus garras clavadas en el suelo, dejando surcos a su paso. Bella siguió aleteando sin parar, luchando para liberarse a pesar de que supiese que era inútil. No podría liberarse. La habían atrapado. Pero ningún grito salió de sus labios.

Finalmente se rindió de aletear al tiempo que las ramas continuaban enrollándose a su alrededor, aprisionando sus músculos incómoda y dolorosamente y separando sus brazos para que estos quedasen a sus lados formando una cruz con su cuerpo. Su piel ya casi no era visible entre tanta rama, sólo su cabeza, manos y pies quedaban a la vista de los presentes. Poco a poco, vieron pequeños hilillos de sangre colarse por entre las ramas, bajar y gotear con lentitud hacia el suelo de tierra.

Bella inspiró profundamente y cerró los ojos, esperando lo peor.

Y pareció que habían pulsado un interruptor porque entonces todos en el público comenzaron a gritar. Gritaban de todo. Insultos, recriminaciones y blasfemias para ella, vítores y alabanzas para los valientes que la habían atrapado. Pero las voces se mezclaban las unas con las otras formando una cacofonía de voces ininteligibles que no podían separar unas de las otras. Aún así, hubieron unas voces que se alzaron por encima de los demás.

— ¡Mi hijo!- escucharon la voz de una vampiresa- ¡Lo has matado!- chilló con la voz rota antes de comenzar a sollozar palabras aleatorias.

Algunos se giraron para observar a los Cullen, todavía protegidos por tan extraña barrera. Rosalie agarraba el cuerpo frío e inmóvil del semivampiro con el rostro desencajado y adolorido. Sostenía con una mano el rostro del cadáver y con la otra sujetaba su hombro con fuerza desde su posición arrodillada en el suelo húmedo. Si puede llorar, lo estaría a mares, pero su rostro era suficiente para expresar su dolor. Los gritos continuaron y continuaron sin parar, cada vez más altos y más fuertes, gritando tantas cosas y echándole en cara a Bella tantos asesinatos que ella había cometido, pero su rostro se mantenía impasible.

— Calma, calma...- susurró Matteus pero, extrañamente, todo el mundo pudo escucharle.

— ¡Juicio!- gritó alguien.

— ¡No, matadla inmediatamente!- chilló una mujer, furiosa.

— ¡Sí, hay que hacerle sufrir por lo que ha hecho!

— ¡Torturadla hasta que confiese!- gritó alguien. Los labios de Matteus se arquearon ligeramente hacia arriba, pero sólo Isabel lo notó al estarle observando fijamente.

— ¿Oyes eso, Bella?- le dijo el vampiro a la apresada- Ellos eran los que te alababan, y míralos ahora.

— Vete al infierno- contestó ella con un gruñido.

— ¡Muerte!- seguían gritando.

— No estamos llegando a ninguna parte, Bella- dijo él dándole una señal a Lillie, quien asintió a pesar de estar mirando fijamente las ramas que ella misma había creado- O confiesas, o lo pasarás muy mal.

—...- ella lo observaba fijamente a los ojos, los labios sellados en una gruesa línea- No me das miedo- susurró, apenas audible en medio de tanto griterío. Los cuatro vampiros sonrieron.

— Bien.- contestó él y chasqueó los dedos. Inmediatamente todos escucharon un crujido por encima del ruido de los gritos y observaron el rostro de Bella, el cual no mostró cambios. Otro chasquido. Otro más.

Tardaron unos chasquidos estruendosos más para darse cuenta de que estaban rompiéndole los huesos a la vampira, uno por uno, pero ella no se quejaba ni mostraba el dolor en el rostro. Apenas saltaba imperceptiblemente con cada chasquido, o cerraba ligeramente los ojos, o los dedos de una de sus manos se movían de manera que un humano no era capaz de verlo. Casi nadie se dio cuenta de ello, sólo los Siete e Isabel. Mary cerró los ojos queriendo llorar ante lo que iban a presenciar. Estaba segura de que apenas acaban de ver una milésima de lo que ese grupo de vampiros que habían aparecido de la nada tenían preparado para su amiga...

Observaron cómo las ramas se movían un poco más para poder romper más huesos, supuso Marty. Notaron a Bella cerrar sus puños y los ojos, como haciendo un gran esfuerzo, quizá para soportar las roturas, pero la voz de Lillie interrumpió sus pensamientos.

— No puedes romperlos, Bella- dijo mirándola fijamente con algo de burla en los ojos- Sus células poseen una capacidad de regeneración superior a la de un vampiro, de manera que aunque lo rompas se recuperará el tejido antes de que puedas separar dos trozos siquiera.- la otra vampira sólo le respondió con una mirada fulminante.

— No me dais miedo- repitió Bella allí apresada, como si no tuviese multitud de ramas rodeando y atravesando su cuerpo, como si no estuviese fluyendo su propia sangre al suelo con lentitud y como si no estuviesen la mitad de sus huesos rotos.

— Françoise- dijo Matteus. Ella asintió de nuevo y se prepararon para escuchar nuevos crujidos, si es que le quedaban más huesos a la vampira por romper.

Pero esta vez además tuvieron que presenciar otra cosa. Más de esos resplandores violetas que habían matado al semivampiro Junior hicieron acto de presencia, rodeando el cuerpo aprisionado de Bella, y haciéndolo brillar como una lámpara gigante. Pero la gente seguía gritando. No les era suficiente.

— ¡Matadla! ¡Matadla!- gritaban algunos fuera de sí.- ¡Más!

— ¿No veis que no le hace efecto?- gritó alguien entre la multitud señalando el rostro impasible de la vampira- ¡No es suficiente!

— ¿Oyes eso, Bella?- repitió Matteus con una sonrisa complacida cuando Lillie detuvo la corriente violeta.- No te hagas la mártir porque no funcionará. Sabes que vas a morir- dijo en voz baja con una sonrisa.- No puedes liberarte.

Ella lo observó fijamente con la mirada más fría y homicida que le habían visto. Inspiró hondo como si fuese a decir algo, apenas haciendo una mueca, pero no dijo nada. A cambio, le escupió al vampiro sangre a la cara.

— No me das miedo- repitió también-. Y todavía no es mi hora.

Él frunció el ceño mientras se limpiaba la sangre y admiró la sonrisa de medio lado, cansada pero satisfecha de la vampira. Giró la cabeza para mirar al público enfadado que comenzaba a tomar objetos entre sus manos y lanzarlos hacia la vampira en medio del claro. Piedras de distinto tamaño, trozos de metal de los escombros cercanos e incluso algunos se habían aventurado a salir del círculo que les protegía para buscar trozos más afilados y piedras más grandes. Matteus se giró de nuevo para ver cómo algunos objetos alcanzaban a Bella, pero ella no se inmutaba. Sus ojos ya no lo observaban, sino que se mantenían fijos en algún punto del espacio, viendo a través de él. Y eso le cabreó. Sabía que estaba concentrándose para mantener la mente en blanco y huir de esa realidad. Sabía que imaginaba que estaba en un lugar distinto, feliz, un lugar donde no estaba pasando por aquella tortura que le imponían. Un lugar lleno de sueños y deseos.

Ella no tenía derecho. No podía dejar de sufrir. Tenía que sufrir como él sufrió.

Gruñó chasqueando la lengua sin apartar la vista de los ojos idos de Bella. Entonces Lillie puso en marcha de nuevo sus ramas haciendo que se incrustasen aún más en la carne de la vampira y reabriendo heridas que comenzaban a cerrarse. Más sangre brotó de las heridas y Bella cerró los ojos para la satisfacción de Matteus. Sonriendo, el vampiro asintió con la cabeza hacia la vampira francesa y ella sonrió cómplice. Ahora, en vez de hacer aparecer el resplandor violeta, ella alargó las manos hacia Bella y abrió las manos que tenía en puños, de algún modo causando que las ramas hagan que las espinas aumentaran en longitud y grosor como si hubiese un mecanismo que hiciera salir cuchillas automáticamente en su interior. La vampira apresada siseó de dolor con los ojos entreabiertos antes de comenzar a toser más sangre y retorcerse del dolor. La vampira abrió los ojos y observó con furia a los cuatro vampiros a sus pies que la observaban con sonrisas complacidas en los otros al compás de los gritos de la multitud. Estaba cansada, muy cansada. Sus energías eran drenadas de su cuerpo con velocidad cuanto más sangre salía de su sistema, formando ya un charco color carmín en el suelo cada vez mayor. Mientras intentaba ignorar el dolor de ser atravesada por las espinas encima de las heridas antes causadas, miró más allá de los vampiros que la estaban asesinando para observar a los humanos y vampiros gritar, pero ella no los oía. Sentía como si alguien estuviese tapando sus oídos amortiguando los gritos y chillidos, pero todavía era capaz de ver la llama de ira en los ojos de las personas, el odio plasmado en sus auras, los gestos y expresiones de aquellos que la deseaban muerta. Ya lo había vivido antes, muchas veces, desde que surgió el caso "ángel" hacía ya muchísimos años y luego cuando la acusaban de asesinar a todas esas personas públicamente la semana anterior. No le importaban ellos, ni sus vidas. Ya nadie le importaba por ella no les era importante. No podía sufrir por cada una de las personas que habían en el mundo o se moriría, lo comprendió mucho tiempo atrás. Entonces su única fuerza fue su familia, los Cullen, ya que sus padres murieron tiempo atrás y lo que quedaba de su familia biológica no tenía casi contacto con ella. Sólo importaban ellos, sus vidas, su bienestar. Lo daría todo por ellos, su cuerpo, su alma, su vida, su sangre... Porque sabía que ellos harían lo mismo por ella y por el mismo motivo. Se amaban.

— ¡Debe morir!- escuchó entonces por encima de todas las voces furiosas haciendo que desviase su vista y la dirigiese hacia la familia y sus amigos, del lado contrario al público. Era la voz de Edward.

Lo que vio la dejó impávida. Allí se encontró primero con el rostro pálido y aterrorizado de su sobrina, salpicada con su propia sangre, que la observaba con los ojos bien abiertos y sin pestañear, inmóvil en su sitio. A su lado estaba el cuerpo de Junior siendo apretado y abrazado por una histérica Rosalie que lloraba sin lágrimas y gritaba de dolor por su pérdida; y ella a su vez era abrazada por su marido, quien observaba a Bella fijamente con rabia en los ojos, como echándole la culpa de la muerte de su hijo. Luego estaban Esme y Carlisle, siempre allí con sus hijos en las buenas y en las malas, uno intentando consolar a Rosalie y el otro con una mano en el hombro de Edward. Él a su vez estaba rodeado por Jasper y Alice, esta última a medias mirando a un desconsolado vampiro o a Bella en medio del claro. Edward tenía entre sus brazos el cuerpo ya frío de la humana, Claire. La sacudía con gentileza hasta que internalizó que había muerto, cosa que ni siquiera el agujero en el pecho era capaz de hacerle ver. Estaba como en negación hasta que gritó esas palaras llenas de ira y rabia, destinadas a nadie más que la mujer con la que se había casado.

— ¿Por qué lo has hecho?- gritó haciendo callar a los demás, quienes únicamente observaban el intercambio entre ambos vampiros.- ¿Por qué tenías que matarla?- dijo con la voz rota. Bella lo miraba fijamente con la misma expresión neutra de antes aunque se estuviese muriendo por dentro. Quería decirle, contarle y confesarle. Consolarlo mientras llorase a pesar de que ella fuese la causa de su pesar. Pero no podía. Y eso la desgarraba por dentro- ¿No podías soportar que la quisiera? ¿Que ya no te amara? ¿Tan bajo has caído, Bella?- escupió su nombre con desagrado mientras empuñaba las manos con fuerza.

— Edward...- susurró Esme en voz baja, apenada. No odiaba a Bella, pero debía ponerse de parte de la familia... Y ya no veía a Bella como parte de la familia nunca más, no después de todo lo que les había hecho.

— No, Esme,- contestó poniéndose de pie con Claire en sus brazos, pálida y fría, el rostro todavía con la expresión de sorpresa pero con los ojos cerrados.- no puedo callar ante esto. Ya ha sido suficiente, Bella. No creí que convertirías en esto. ¡Eres una maldita asesina!- gritó dando unos pasos hacia la vampira- ¿Por qué?- repitió.

Pero Bella simplemente lo observaba. No podía hablar. Sentía que iba a desmayarse del dolor y el cansancio, sentía sus fuerzas irse de su ser con más velocidad que antes debido a lo que él le decía. Él, por quien había dado todo. Él, a quien amaba con todo lo que tenía y más allá. Él, Edward, quien había jurado amarla por toda la eternidad. ¿Una asesina? ¿Un monstruo? ¿Una aberración? Esas palabras ya no le dolían con nadie más excepto él. Quería llorar.

— ¿No vas a decir nada?- preguntó ya a su lado todavía con el cuerpo de Claire en los brazos. Bella no se movió- Eres una cobarde- siseó con desagrado-. No creí que fueses así en realidad. Me llevas mintiendo toda la vida. Eres un asqueroso monstruo. ¡Me arrepiento de siquiera haberte conocido!- gritó una vez más alzando la mano para propinarle una bofetada que sonó por todo el lugar, con tanta fuerza que le volteó el rostro a la vampira. Su cabeza se cayó por su propio peso hacia delante, el rostro oculto tras el cabello sucio y enmarañado.- Muérete.- dijo antes de darse la vuelta y entrar en la barrera, apenas notando cuando ésta tembló ligeramente al pasar por la pared invisible.

Miraron a Bella sólo para encontrársela temblar levemente, sollozando en voz baja casi inaudible. Matteus no podía evitar que se notase la sonrisa de suficiencia que tenía en el rostro. ¡Todo había salido a pedir de boca! Miró el cuerpo de Claire todavía con la sonrisa antes de girarse a Lillie y asentir de nuevo. No fue hasta que el resplandor violeta apareció otra vez que las personas volvieran a gritar, pidiendo más y más de aquella tortura para la vampira que se mantenía cabizbaja en su prisión de ramas espinosas. Pero, a diferencia de las veces anteriores, hicieron caso a esos gritos. Más fuerte, pedían; y las ramas apretaban con más firmeza el cuerpo maltrecho y roto, enrollándose más y más hasta que escucharon el fuerte crujido cuando partieron la columna en varios trozos. Más doloroso, gritaron; y el resplandor que causaba la corriente violeta se hacía cada vez más brillante y potente mientras aumentaba la intensidad, llegando a parecerse a una estrella enana que hubiese caído en medio del claro. Y todo ello al compás de los gritos desgarradores que soltaba Bella, incapaz de mantenerse ajena más tiempo al dolor de su cuerpo, de su alma. Era como si las palabras de Edward hubiesen abierto la puerta que mantenía a raya el dolor y el sufrimiento.

En un principio parecía que los únicos que se horrorizaban por esa tortura eran Isabel y los amigos vampiros de la torturada, pero pronto, tras escuchar unos momentos de los alaridos con la voz rota de Bella, algunas personas dejaron de gritar primero, para luego observar a la vampira como sorprendidos, palideciendo conforme pasaban los segundos, y mirando con los ojos abiertos de par en par.

Todo se detuvo, la luz, los gritos y el dolor, dejándole a Bella unos momentos para jadear en buscar del aire, pero no podía dar dos inspiraciones cuando ya estaba escupiendo más sangre y tosiendo. Pronto, más pronto de lo que Bella necesitaba, regresaron las descargas y los apretones, cada vez más fuertes, más intensos y más insoportables.

No pudiendo aguantarlo más, la vampira echó la cabeza hacia atrás y comenzó a gritar con toda la fuerza de sus pulmones maltrechos y rasgados en su interior, liberando la angustia y el dolor de su corazón y su cuerpo. Ahora más personas se detenían y simplemente observaban, algunas mostrando lágrimas en los ojos y cerrándolos en algunas ocasiones para no tener que ver más. Cuanto más aumentaba el volumen y la intensidad de los chillidos y aullidos de Bella, más silencio se formaba, de modo que al final ya nadie decía una sola palabra ni lanzaba objetos. Todos miraban fijamente a la vampira en medio del claro.

Entonces hubo silencio absoluto y cesaron los resplandores violetas. La vampira jadeaba en busca de aire con el rostro bajo y mirando al suelo fijamente, rojo y manchado por su propia sangre. Escupiendo y tosiendo más líquido rojo, observó cómo Matteus, el vampiro, iba hacia ella y le sonreía mirando sus ojos fijamente. Y ambos sabían lo que estaba viendo. Exactamente lo que él quería ver: el sufrimiento, el dolor y la rabia. Ira hacia él, odio más animal y profundo, contrayendo su rostro en una expresión asesina donde sus pupilas se afilaban para aumentar el efecto atemorizante.

— ¿Oyes eso, Bella?- dijo por tercera vez, sabiendo que ella no iba a contestar. A cambio de palabras, recibió más jadeos en busca de aire y ligeros gemidos de dolor.- Ya te has dado cuenta, ¿verdad? Hemos ganado esta guerra.

— No has... ganado... nada- logró decir con esfuerzo.

— Mírate- dijo él con burla- y míralos- señaló con un gesto a las personas que la miraban con horror- Se preguntan cómo es que sigues viva después de todo esto. Y lo sabes tan bien como yo- soltó una risa corta.

— Mírate tú- dijo ella-. Tú eres el que se oculta tras una máscara de amabilidad, de gentileza. Tú eres el que quiere acabar con todos. Tú eres el mons...- tosió antes de poder acabar con sus acusaciones. Más sangre salió de su boca, uniéndose a la que ya estaba en el suelo. Antes de que pudiese recuperar el aliento, sintió un nuevo dolor en su cuerpo, cortando su respiración y haciéndole soltar un grito ahogado. Miró hacia abajo, lugar de procedencia de la nueva agonía.

Y allí se encontró con el brazo del vampiro incrustado en su pecho a la altura del corazón. Podía sentirlo en su interior, moviendo los dedos de la mano derecha buscando algo... hasta que lo encontró: su corazón latiente. Cerró los dedos entorno al órgano y, de un tirón, lo extrajo de su cuerpo para mostrarlo a todo el mundo. Con una sonrisa, apretó el agarre más y más, como las ramas hicieron con ella, hasta que su corazón quedó hecho trizas literalmente. Ella observaba atónita, al igual que todos los allí presentes, exceptuando a los tres vampiros, Rémi, Ana y Françoise, que mantenían los rostros impasibles. Observaron los trozos caer al charco en medio de un silencio sepulcral antes de desviar la vista hacia Bella, quien tenía los ojos abiertos en sorpresa y la boca entreabierta por el grito que soltó.

Entonces su cuerpo se dejó caer, flácido, y por un momento todos creyeron que había muerto por fin al no tener un corazón que bombease la sangre. Pero el líquido vital seguía fluyendo todavía cuando el cuerpo de la vampira era sacudido por espasmos como olas que se propagaban por todo su sistema.

— ¿Acaso está llorando?- susurró alguien entre el público, pero antes de que nadie pudiese responder Bella levantó la cabeza y orientó el rostro hacia el cielo.

Había lágrimas transparentes en sus ojos, pero no estaba llorando de la tristeza.

Estaba riendo. A carcajadas. Con la boca bien abierta, rió con todas sus fuerzas del mismo modo en que antes gritaba hacia el cielo nublado y oscuro de la madrugada. Tenía los ojos abiertos de par en par, mostrando todo lo blanco de los globos oculares, y sus pupilas habían vuelto a la normalidad redonda. Las manos en puños y mostrando los dientes en su totalidad, Bella inspiró hondo para seguir soltando carcajada tras carcajada mientras de sus ojos salían más y más lágrimas sin control, las cejas alzadas en una expresión que no supieron descifrar.

No sabían por qué, pero esa risa no era animada en ningún sentido. Mandaba estremecimientos de horror a todos los que la oyeron y les heló la sangre en las venas (los vampiros sintieron congelarse aún más) mientras la inmovilidad en sus miembros les impedía taparse los oídos para dejar de escuchar tal risa para nada alegre.

Bella tosió un poco más tras dejar que la última carcajada muriese entre sus labios y volvió a bajar el rostro y taparlo tras el pelo enmarañado y lleno de barro y su sangre. Seguía sacudiéndose por risitas bajas y vieron gotas cristalinas, saladas caer hacia el charco carmesí, chapoteando y formando ondas que alteraban la perfección de la superficie roja.

— No sé por qué no me di cuenta antes...- escucharon el susurro bajo. Había dejado de reír, y su voz estaba rota- Ah...- suspiró-. ¿Cuántas veces lo he oído? ¿Un monstruo?- preguntó a nadie en particular- ¿Un demonio? ¿Una bestia con forma humana? ¿Una criatura que debe ser erradicada?- rió un poco, torciendo el gesto aunque nadie lo viese.- ¡Yo lo soy! ¡Soy todo eso!- comenzó a reír de nuevo, pero ahora con un tono de demencia- ¡Ni siquiera tengo corazón!- rió más fuerte todavía- ¿POR QUÉ NO ME DI CUENTA ANTES?- repitió chillando repentinamente echando a varios unos pasos hacia atrás, asustados. No entendían lo que estaba pasando, pero de algo estaban seguros. El ambiente no era el mismo, Bella no era la misma.- Ah...- suspiró de nuevo, bajando la voz.- Sí, lo soy... Yo lo soy... ¿Siempre lo fui? Sí, lo fui... Lo fui... ¡Já!- soltó alzando el rostro. Los ojos desenfocados mirando a nadie en particular y a todos al mismo tiempo. Seguía llorando sin control, una sonrisa que pretendía a todas leguas mostrar los colmillos y las cejas alzadas, recordándole a los Siete de algún modo a la estatua en su "puerta". Los miró a todos y cada uno en el lugar con el rostro congelado en esa mueca demente, uno por uno, haciéndolos encogerse en su sitio.

» Nada de lo que hice importa, no... Ninguno de todos esos años importa ya... ¿Verdad? No... - dijo con una sonrisa de medio lado, cerrando los ojos. Suspiró otra vez y abrió las manos que tenía cerradas en puños.- Bueno, si tanto quieren un monstruo... -se reacomodó en su prisión para poder mirar al cielo con más comodidad sin que pareciese importarle ya el dolor de las heridas- un monstruo es lo que obtendrán.

Cerró los ojos todavía con lágrimas y abrió la boca al cielo. Una vez más, escucharon el sonido agudo de su grito, pero esta vez la voz formaba un aullido claramente animal, como el de un lobo que canta a la luna llena en la noche. El sonido se mantuvo unos cuantos segundos más hasta que Bella se detuvo para tomar aire y volver a producir el sonido lastimero pero fuerte y firme.

Finalmente, se calló por completo y, todavía con el rostro mojado por el líquido cristalino, sonrió a los cuatro vampiros a sus pies y les dijo.

— Preparaos para el infierno- sus pupilas volvieron a afilarse como los ojos de un felino y ella soltó otra carcajada antes de apretar los puños y concentrarse.

La temperatura del lugar descendió drásticamente y a toda velocidad, concentrándose el frío sobretodo en el lugar donde Bella estaba. Pronto vieron cómo las ramas eran tapadas por una fina capa de escarcha, congelándose y solidificándose a toda velocidad en torno al cuerpo maltrecho de la vampira hasta que ya no quedaban rastros del verdor que tenían y se volvía un sólo bloque de hielo. Haciendo un último esfuerzo, Bella hizo fuerza y el hielo en que las ramas se habían convertido comenzó a agrietarse hasta que se pulverizaron en miles de pedazos irreconocibles, liberando por fin a Bella, cuyos trozos que antes formaban su cuerpo caían al suelo rojo por la sangre. Pero nadie la vio caer al suelo trozo por trozo, porque era más importante ver a la figura que irrumpía en el claro rodeado por escombros en medio de una nube de polvo producida por su llegada.

CONTINUARÁ...


Vale, he puesto referencias a un montón de cosas en este cap xDD La más obvia, desde mi punto de vista, es la de las pistolas de Rémi. Son las de Alucard, de Hellsing. No puedo evitarlo, vino a mí efusivamente y tuve que ponerlo. xDDD

Otra es la de Ana con las armas de fuego. Referencias banales hacia Seras Victoria, nada importante.

MOAR ANIMÉ! Rémi tiene un aspecto similar a Greed, de FullMetal Alchemist, la primera serie. Ya sabéis, un traje de carbono impenetrable que era como una segundapiel y todo eso. Se me ocurrió un día y quise ponerlo. Por otro lado, Lo del pelo de Ana es un guiño a Jasdevi, de D-Gray Man. Cabello largo que puede mover a voluntad y tal.

De este capi quiero decir que lo hice más corto a propósito. Mi querido hermano me dijo que es mejor que haga capítulos cortos pero seguidos porque puedoc ansarme al ser mis capis taaaaan largos. Y creo que tiene razón. Llega un momento en que te cansa y ya no me quedan ganas de escribir... Por ello, lo corté donde está :D El siguiente capi será la batalla final, MAS NO EL FINAL. Todavía queda un poco, aclarar algunas cosas y bla.

PD: Los reviews que no contesté no es porque no los leyese, es que no tengo ganas de contestar. Me canso un poco al tener ya 10 fics en marcha, algunos acabados, pero siguen mandando reviews. No creo que conteste más reviews. Si acaso los que me cuenten algo de sustancia y no me pidan más capis y tal. Aún así, amo todos y cada uno de mis bebés, digo... reviews.

PD2: TENGO TWITTER! Está en mi perfil ^^ allí subo divagaciones y bla bla bla... además de que podéis hablar directamente conmigo, porque lo miro todos los días. Tengo la app en mi iPod ^^ *risa malvada**frota manos*