Escala de Grises

Por: Niteryde

Traducción: Mya Fanfiction.

Capítulo 09: Secuelas.


Vegeta abrió los ojos de golpe y se sentó inmediatamente, sobresaltando a todos los que estaban en la habitación. Se echó hacia atrás para pegarse a la pared, estirando su mano derecha, que brillaba con ki azul, en un movimiento defensivo que tenía arraigado desde que era un niño. La máquina que había estado monitoreando sus latidos repentinamente aceleró su ritmo, pero se detuvo cuando él se arrancó todo de su pecho con la mano libre.

En la camilla de al lado, Gohan abrió los ojos también. Intentó levantar una mano para sujetarse su adolorida cabeza, pero estaba amarrado. Le tomó un segundo darse cuenta de que estaba otra vez en el laboratorio de Bulma, antes de tomar consciencia de que el poder de Vegeta estaba ascendiendo rápidamente. Bizqueó hacia el príncipe que lucía visiblemente alterado para después echarle un vistazo a todos en el lugar.

—Vegeta, cariño, está bien. Sólo cálmate —dijo Bulma calmadamente, llamando la atención de su esposo mientras levantaba una mano para apuntarle directamente a ella, ésta comenzó a brillar mortalmente. Yamcha dio un paso al frente instintivamente, no gustándole ese gesto amenazador de Vegeta ni un poco, pero Krillin lo tomó por el brazo con rudeza antes de que pudiese.

—Deja que Bulma se encargue —le susurró Krillin a su amigo.

Yamcha protestó. —Pero, él-

—Haz lo que te dice —gruñó Píccoro.

El Namek miró de reojo a Gohan. El muchacho estaba luchando por liberarse de sus amarres, pero no podía hacer nada para romperlo. Todos en la habitación observaban a Vegeta, que tenía la mano izquierda en la frente mientras veía a Bulma por el rabillo del ojo, como si estuviese intentando reconocerla. Su mano derecha seguía estirada, y continuaba reuniendo energía. Bulma apenas parecía pasmada por la demostración, pero Krillin, Yamcha, y Píccoro estaban tensos. El único en la habitación que podía hacerle frente físicamente hablando a Vegeta era el muchacho que seguía amarrado.

—Esto no es real —murmuró Vegeta, haciendo una mueca mientras hablaba. Cerró los ojos por unos segundos, y luego los reabrió lentamente. Se sentía horriblemente mareado, nauseabundo, y descompuesto. Recordaba vagamente haber estado en esa habitación, pero sólo con Gohan y Bulma. Que los otros estuviesen ahí le hacía preguntarse si todavía estaba atrapado en su propia mente.

Es real, Vegeta —le informó Gohan. Éste, muy lentamente, volteó la cabeza para mirar al adolescente, entrecerrando los ojos mientras lo hacía. Gohan le brindó una sonrisa cansada—. Ya salimos. Se terminó.

Vegeta lo estudió por unos segundos más, mientras Gohan le asentía tranquilizadoramente. El príncipe arrugó el entrecejo mientras el ki en su mano derecha comenzaba a debilitarse de a poco. Bulma dio un paso vacilante hacia él, y Vegeta inmediatamente le dio toda su atención, aumentado su ki otra vez por puro instinto mientras mantenía su mano apuntada hacia ella.

—Está bien, soy yo —le dijo Bulma con gentileza, intentando aliviar esa mirada de desconfianza que no le había visto a Vegeta en años. Se veía pálido y enfermo, pero no estaba sorprendida. Un mareo leve era un efecto secundario común cuando se usaba el simulador por sólo unos minutos –y él había estado allí por mucho más tiempo. Ella podía notar, por la manera como sus ojos no estaban completamente enfocados, que él sin duda sentía algunos efectos. Pero su mayor preocupación en ese momento era la mano brillante con ki mortal que seguía apuntándole. No era la primera vez que estaba en esa posición con Vegeta, pero desde luego había pasado bastante tiempo desde la última vez.

Krillin tenía fuertemente atrapado a Yamcha por el brazo mientras Bulma se acercaba lentamente a su esposo. Mientras tanto, Píccoro se movía sutilmente para acercarse a Gohan. Si Vegeta se volteaba, entonces podía liberar a Gohan en un segundo para así poder neutralizar la situación antes de que se saliera de las manos.

Pero entonces, Píccoro sintió que el poder de Vegeta comenzó a decrecer. Cuando Bulma tomó lentamente la mano de su esposo a la altura de la muñeca, y la luz que la rodeaba desapareció con el contacto, Píccoro finalmente se relajó. Cruzó los brazos sin cambiar la expresión mientras observaba al adolescente que le estaba brindando una sonrisa forzada.

—Bueno, definitivamente te ves mejor —murmuró Píccoro.

—Me siento mejor —admitió Gohan, antes de echarle un vistazo a sus amarres—. ¿Podrías soltarme?

—¿Estás seguro de que puedes manejarlo?

—Sí, sí puedo.

Píccoro lo estudió de cerca, antes de asentir y finalmente confiar en su palabra. Comenzó a encargase de liberar al muchacho de sus amarres, y Krillin se acercó para ayudarlo rápidamente. Yamcha arrugó el entrecejo, brindándose a Bulma y a Vegeta una última mirada antes de ir a ayudar a sus otros amigos. En el fondo, le parecía que liberar a Gohan era la mejor jugada para todos. Por si acaso.

No obstante, Bulma apenas había notado la desconfianza de Yamcha con Vegeta. El príncipe finalmente había extinguido su ki y permitido acercarse más él, pero sus venas estaban visiblemente tensas mientras ella tomaba gentilmente el rostro masculino entre sus manos. Él apenas se enfocó en ella antes de que sus ojos se movieran lentamente hacia los otros en la habitación mientras ellos se encargaban de quitarle todos los amarres a Gohan. Había algo fuera de lugar en la manera como él los observaba, y eso le dio escalofríos a la mujer.

—Vegeta, mírame —le ordenó Bulma gentilmente, haciendo un gran trabajo en oírse calmada aun cuando estaba ligeramente preocupada. Cuando él no le respondió, ella se sentó al borde de la camilla en la que él estaba sentado y lo intentó de nuevo—, Cariño, puedes mirarme, ¿por favor?

Vegeta apenas podía oírla. Estaba intentando entender con todas sus fuerzas por qué Gohan estaba amarrado. Sabía que había una razón, pero no podía recordar cuál era. Sus recuerdos eran un desastre, estaban entremezclados, y estaba costándole muchísimo clasificarlos.

—Vegeta-

Bulma se estremeció cuando los ojos de Vegeta volvieron a enfocarse a su derecha mientras instintivamente retiraba sus manos de él con una sacudida de brazo, su labio se curvó en un gruñido amenazante mientras lo hacía.

Todo después de eso pasó en un borrón que Bulma no pudo seguir. Todo lo que reconoció fue el resultado: Vegeta tenía el antebrazo enterrado en el cuello de Yamcha, teniéndolo pegado de la pared después de que éste hiciera un movimiento para defenderla a ella. El príncipe tenía la mano libre cerrada en un peligroso puño que estaba halado hacia atrás, brillando con ki dorado, pero Gohan lo tenía sujeto con un agarre de acero. El agarre del adolescente era literalmente la única razón por la que Yamcha seguía con vida.

—No pasa nada, Vegeta —dijo Gohan con cordialidad, como si no acabara de evitar que el príncipe matara a Yamcha con frialdad. Puso su mano libre sobre el hombro del saiyajin—. ¿No te sientes bien, verdad? Yo tampoco. ¿Te sientes como si siguiéramos encerrados?

Vegeta no dijo nada, pero la luz comenzó a abandonar su puño, para el alivio de Yamcha. Gohan apretó su agarre en el hombro del príncipe, tironeo de él un poco mientras lo hacía.

—Vamos. Si te duele la cabeza como a mí, entonces deberías ir a asegurarte de que te den aspirinas, antes de que yo me las tome todas —bromeó Gohan, aun cuando tenía un agarre de acero en el hombro de Vegeta mientras continuaba conteniéndolo.

Para su alivio, Vegeta no presentó mucha resistencia y liberó a Yamcha, quien al instante comenzó a toser. Vegeta se dio la vuelta lentamente para quedar de frente al adolescente. Gohan mantuvo un contacto visual calmado con él, aun cuando el príncipe se veía horrible. Quizá él también, se dijo silenciosamente. Porque sin duda se sentía así.

Vegeta lo miró por unos segundos, antes de llevarse una mano a los ojos para quitarse el mareo que estaba sintiendo otra vez. Se obligó a poner sus pensamientos en alguna clase de orden racional, aun cuando hacía que su cabeza se sintiera como si iba a explotar. Apenas notó a Bulma moviéndose detrás de él para ayudar a Yamcha a ponerse de pie, reprendiéndolo todo el tiempo por ser un idiota.

Finalmente, tras un tenso silencio, Vegeta remarcó: —Estabas luchando con la sed saiyajin.

—Sí. —Gohan asintió—. Pero ahora me siento mejor. Después de que… bueno, tú sabes.

—Así que funcionó.

—Eso creo.

Vegeta bajó la mano. Él y Gohan se observaron por un breve período de tiempo antes de que el más joven finalmente sonriera. El príncipe asintió cortamente, antes de voltearse. Posó con desinterés los dedos sobre la camilla donde había estado acostado, haciéndolo lucir como un acto trivial. La verdad era que sentía como si necesitara tocar algo que estuviese estacionario en un esfuerzo por detener el mareo. Gohan le dio una palmada en el hombro. Vegeta gruñó ante el contacto, pero el adolescente ya le había dado la espalda.

—Vamos muchachos, salgamos. Me gustaría respirar aire fresco —dijo Gohan, incapaz de ocultar la fatiga en su voz. Estaba agotado mental y físicamente, pero no obstante, ahora quería algo de aire fresco más que nada. Le ayudaría a recuperar sus fuerzas. Tampoco había sido fácil para él, ni por asomo. Píccoro asintió, y siguió de cerca a su antiguo pupilo. Krillin miró entre ojeó de ellos hacia Bulma, Vegeta, y Yamcha, y rápidamente decidió seguir a Gohan y Píccoro.

Yamcha estaba ahora de pie, masajeándose el cuello y aniquilando a Vegeta con la mirada, pero éste no le estaba prestando atención alguna. Bulma miraba enfáticamente a su ex y le hacía un ademán con la cabeza para que se fuera con los otros. Yamcha le frunció el ceño, y ella dijo por favor en con los labios. Cuando él tercamente miró desconfiadamente a Vegeta, Bulma suspiró, emitiendo un sonido en exasperación.

—Yamcha —dijo en advertencia. Yamcha arrugó un poco la nariz, pero reconoció ese tono, e hizo reluctantemente lo que ella quería.

Tan pronto como quedaron a solas, Vegeta cayó de rodillas, su careta de fortaleza se desvaneció ahora que los otros guerreros se habían ido. Se movió para quedar sentado mientras Bulma se ponía de cuclillas a su lado.

—Estoy bien —le dijo inmediatamente mientras ella le pasaba una mano por la frente.

Bulma suspiró cuando sintió el sudor frío de su piel. Negó con la cabeza. —Te dije que necesitaba hacer unas pruebas más. ¿Pero me escuchaste? Nooo. —Vegeta resopló mientras ella lo obligaba a mirarlo. Estudió sus ojos con preocupación mientras continuaba—, es la última vez que permito que te salgas con la tuya.

—No me mientas. ¿Este era el plan que orquestaste para matarme? Qué pena que no funcionó, mujer. Sigo vivo, aunque tú no lo estarás tan pronto como este maldito dolor de cabeza se me pase.

Bulma sonrió cuando vio que ya casi se le había pasado la desorientación, antes de abrazarlo fuertemente. Ella lo besó con gentileza en la frente. —Te extrañé tanto.

El príncipe frunció el ceño levemente confundido. —¿Cuánto tiempo estuve inconsciente?

—Tres días.

Los ojos de Vegeta se ampliaron en sorpresa. ¿Tres días enteros? Maldición. De verdad ella casi lo mataba. Resopló ligeramente ante la ironía; la persona más peligrosa para él era su propia esposa. ¿Quién lo habría pasado?

—Al menos funcionó. El niño parece estar bien —murmuró, cerrando los ojos cuando la habitación comenzó a darle vueltas.

—Sí, así parece. Gohan se ofreció voluntariamente a regresar y sacarte de allí. —Vegeta no dijo nada a eso. En respuesta, Bulma sugirió alegremente—. Quizá podrías agradecerle cuando te sientas mejor. Si, tú sabes, no te mata en el instante hacerlo.

—Hn. Nunca.

Ella puso los ojos en blanco. —Qué más podía esperar.

Él se quejó en voz baja por estar casado con una mujer que tenía la habilidad de hacerle daño físicamente, pero no se quejó cuando Bulma lo ayudó a levantarse. Mañana estaría molesto por su debilidad, pero ahora, se tragó el orgullo y aceptó su ayuda. Aunque no mucha, sólo un poco de contacto en el brazo para ayudarlo a mantenerse orientado mientras caminaba.

Por supuesto, Vegeta nunca le dijo que él ya le había agradecido a Gohan telepáticamente antes de que se marchara, y que él muchacho había regresado el sentimiento.

Después de todo, algunas cosas era mejor dejarlas entre Saiyajin.


Al siguiente día, Gohan no podía quitarse la sonrisa del rostro aún si lo intentaba.

Se sentía bien. No estupendo —si hacía ciertos movimientos demasiado rápido, comenzaba a dolerle la cabeza. Pero comparado con antes, se sentía mil veces mejor. Controlaría los irritantes dolores de cabeza inducidos por el movimiento así como los dolores penetrantes en la sien que había tenido antes. Desde luego era un avance.

La mejor parte era que incluso se había aventurado a tomar el desayuno con Bulma esa mañana, no había estado tan mal. De acuerdo, después de treinta minutos, necesitó retirarse. Pero una hora de entrenamiento en la cámara de gravedad de Vegeta seguido por otra hora de combatir intensamente con Píccoro, y todo era paz en el mundo otra vez. Finalmente se había logrado controlar.

Fue en el momento oportuno, dado que Chi-Chi llegó más tarde ese día acompañada de Trunks y Goten. El menor no perdió tiempo en buscar a su hermano. De inmediato dio un salto y se le tiró al pecho, casi tirándolo al suelo.

—¡Guao! Con calma —dijo Gohan con una sonrisa cuando su hermanito lo agarró con la guardia baja—. También te extrañé.

—¿Gohan, volverás con nosotros? —gritó Goten mientras se bajaba—. Por favor, por favor, por favor regresa a la casa-

—Lo haré, pronto —respondió Gohan, revolviéndole el cabello al pequeño—. Lo prometo.

—¡Yay!

—Secundo ese sentimiento —dijo Chi-Chi, haciendo que Gohan volteara hacia ella mientras la mujer se acercaba. Le brindó una sonrisa tímida, rascándose un poco la cabeza—. Veo que te sientes mejor.

—Un poco —admitió, antes de abrirle los brazos.

—Qué bueno, porque tengo mucha comida en la casa y no sé qué hacer con ella. Tú sabes que yo no como una cantidad tan descabellada de comida como ustedes los saiyajin —le dijo Chi-Chi en broma mientras se acercaba a él y lo abrazaba.

—Genial, porque mi apetito regresó. Demonios, me estoy muriendo de hambre en este momento —rió Gohan.

Chi-Chi se separó de su hijo mayor, y después de observarlo por un momento, le dijo: —Sabes, Gohan. He estado pensando en lo que me dijiste acerca de Goku…

La sonrisa de Gohan desapareció con eso. Bajó los brazos y miró a Goten quien se había movido para estar a su lado mientras él abrazaba a su madre. Gohan le volvió a revolver el cabello a su hermano, encogiéndose ligeramente de hombros. —Au, no te preocupes por lo que dije. No era importante.

—Goten, ¿por qué no vas a buscar a Trunks? —Ordenó Chi-Chi, recibiendo un puchero del pequeño—. Bulma me dijo que sus abuelos le compraron un videojuego nuevo…

—¡Oh guao! —chilló Goten, antes de irse corriendo para ver cuál era ese juego.

Gohan y Chi-Chi lo vieron correr hacia el complejo, antes de que el adolescente cruzara los brazos defensivamente sobre el pecho mientras su madre se daba la vuelta.

—Mamá, lo sé. Papá hizo lo que hizo por el bien de la Tierra, y yo no debería estar molesto por ello. Lo sé —susurró Gohan.

—Pero lo estás —mencionó Chi-Chi. Gohan se encogió de hombros, desviando la mirada—. Está bien si es el caso. No me molestará si lo admites. Yo también lo estaba.

Él volvió a mirarla, intentando con todas sus fuerzas no mostrar su confusión. —¿Pero ya no? ¿A pesar de que nos abandonó?

—No estoy molesta con él, así como no lo estoy contigo.

—¿Conmigo? ¿Qué hice? —preguntó Gohan, parpadeando un poco mientras intentaba recordar qué podía haber hecho para molestar a su madre. Además de ignorar completamente sus estudios de un tiempo para acá y perder los estribos hace uno o dos meses, estaba en blanco.

—Bueno, simplemente tomaste un gran riesgo al ayudar a Vegeta. ¿Sabes que pudiste no haber despertado de eso, verdad? Estuve esperando toda la noche a que Bulma me llamara para decírmelo. Pero eso no evitó que igual continuaras con ello, no importa lo que eso significara para mí o para tu hermano, de una u otra manera.

—Yo… —Gohan se quedó sin palabras. Sacudió la cabeza—, eso no… no era lo mismo…

—¿No? —Preguntó Chi-Chi a sabiendas—. Sabes, nadie puede llenar el vacío que dejó tu padre. Pero tampoco puede llenar el tuyo, especialmente para Goten. —Gohan se rascó la nuca un poco mientras ella continuaba—, no intento hacerte sentir culpable, Gohan. Hiciste lo que pensaste fue lo mejor. Goku también. Sólo tienes que aceptarlo. Así es él.

Hicieron un breve contacto visual, antes de que Gohan finalmente asintiera en acuerdo. Chi-Chi sonrió. —Bien. Ahora, te traje algo para el resto de tiempo que estarás aquí.

Fue sólo en ese momento cuando el adolescente se dio cuenta de que su madre cargaba su mochila. Gruñó ligeramente mientras ella se la quitaba, y él bajó los hombros. —Mamá…

—No, Gohan, no quiero oírlo —interrumpió Chi-Chi, poniéndole la mochila directo contra el pecho—. Te has retrasado demasiado. Traje todos tus libros, así que será mejor que te pongas a trabajar. ¡Puedes ser mitad Saiyajin y haber salvado el mundo o lo que sea, pero aun así vas a educarte! ¿Quedó claro?

Gohan sintió como si tuviera la edad de Goten mientras tragaba y asentía, aferrando la mochila contra su pecho.

—Bien —dijo Chi-Chi en satisfacción, su voz volvió a la normalidad—. Dime cuando vayas a regresar a la casa para poder prepararte una gran cena.

—De acuerdo —cedió, antes de seguir a su madre hasta el complejo. Goten estaba sentado con las piernas cruzadas en frente de la TV, mientras Chi-Chi inmediatamente volteaba directo hacia ella para ver qué estaba observándole niño. Gohan mientras tanto subía a la habitación de huéspedes en la que se estaba quedando, para dejar sus libros, cuando su oído sensible captó a Bulma susurrando en el pasillo.

—…bebé, ahora no puedes —estaba diciendo la heredera mientras Gohan se asomaba para verla junto a Trunks parados afuera de la habitación que ella compartía con Vegeta.

—¿Pero por qué? —chilló Trunks.

—Porque le duele la cabeza, así que está descansando. Sé que quieres verlo, pero podrás hacerlo mañana-

Ambos voltearon cuando la puerta se abrió. Gohan no podía ver a Vegeta, pero pudo oír su voz ronca gruñir algo. No escuchó lo que dijo, pero Bulma puso los en blanco mientras los de Trunks se iluminaban. El pequeño no titubeó e inmediatamente se metió en la habitación con su padre. Gohan sonrió ligeramente, antes de girar sobre sus talones para marcharse a la suya.

Al final del día, había valido la pena el riesgo.


Vegeta se había rendido y pasado algo de tiempo con su hijo por la salud mental de él, pero sólo había durado unos veinte minutos con Trunks antes de mandarlo a salir de la habitación. Unas horas después, y la cabeza le dolía más de lo que había hecho en todo el día. No se arrepentía de hablar con Trunks, pero sí de no haberlo mandado a callarse antes; la emoción del niño y su voz chillona era demasiado para soportar en ese momento.

No se había sentido tan mal desde hacía mucho tiempo. Bulma le había dicho que los dolores de cabeza y los mareos pasarían en uno o dos días, así que muy poco podía hacer excepto aguantarse. Aunque tercamente, el príncipe había intentado no guardar reposo y volver a su antigua rutina, desobedeciendo las órdenes de su esposa de permanecer en cama, y se levantó tempranito para entrenar un poco. Desafortunadamente, ni siquiera había llegado a las escaleras cuando la náusea y los mareos lo abrumaron y vomitó justo donde estaba. Pudo haber llamado a Bulma en ese momento, pero no quería oírla reclamándole por no haberla oído. Por puro orgullo, se obligó a buscar un robot de limpieza para borrar la evidencia, antes de meterse derrotado y a rastras otra vez en la cama. Al menos Bulma no se había despertado, así que nunca tendría que saberlo.

Sin embargo, no estaba de buen humor esa noche. Estaba acostado en su cama, boca arriba y cubriéndose la cabeza mientras intentaba dormir. La habitación estaba a oscuras ya que Bulma había bloqueado toda la luz debido a que la exposición a ésta lo hacía sentirse peor, pero todavía se sentía como una mierda. Vegeta puso mala cara debajo de la almohada cuando oyó que la puerta se abría.

—Hey, Vegeta —dijo Gohan en voz baja, asomando la cabeza por la puerta—. ¿Cómo estás?

Todo lo que obtuvo como respuesta fue el dedo medio de Vegeta. El adolescente sonrió ligeramente.

—No muy bien, ¿uh? Supongo que tendré que regresar más tarde.

—¿Qué carajo quieres, muchacho? —gruñó Vegeta por debajo de la almohada. A él normalmente le incomodaba que alguien más además de Bulma lo viera con la guardia baja, pero había lidiado demasiado con los problemas de Gohan el último mes para molestarle en ese momento.

—Sólo quería hablar contigo un minuto.

Vegeta respiró profundamente, antes de darse la vuelta lentamente para quedar de espalda al muchacho. Movió la almohada para taparse la cara con ella, cubriéndola con una mano. Gohan esperó a que dijera algo, pero cuando el príncipe no lo hizo, calculó que la falta de rechazo significaba que su presencia era tolerada por ahora.

El adolescente entró en silencio y cerró la puerta detrás de él. Se acercó a la cama y se sentó en el suelo, para que su espalda quedara apoyada a ésta. Gohan apoyó su barbilla en la mano mientras miraba a la puerta. No había pasado por alto el repentino intercambio de roles, pero sabiamente no lo comentó. Se quedaron callados un rato, de hecho ambos se sentían mucho más cómodos sin mirarse.

—He estado teniendo pesadillas sobre lo que vi la primera vez, cuando estaba viviendo a través de tus recuerdos —admitió finalmente Gohan—. Han sido algo intensas…

—Hn.

—No es que me arrepienta. No lo hago —corrigió Gohan—. Fue sumamente útil. Pero he querido preguntarte, ¿es normal que me sienta de esa manera?

—¿De qué manera?

—Es como… se siente…

—¿Bien?

Gohan guardó silencio, aunque su rostro estaba rojo de vergüenza. Se había sentido bien, y él no estaba ni un poco cómodo con eso.

—Claro que se siente bien. Eres mitad saiyajin. Era lo que necesitabas —murmuró Vegeta, con la voz amortiguada por la almohada—. No te hace malvado como yo, niño, a menos que planees asesinar desde ahora.

—¡No! —respondió Gohan inmediatamente mientras sacudía la cabeza. Vegeta hizo una mueca de dolor, pero el muchacho no lo notó mientras continuaba—. No. no lo haré. Nunca. No soy así, lo sabes.

—Hn.

—Y tú no eres malvado, ya no —dijo Gohan, estirando las piernas. Después de un minuto de silencio, añadió—: ¿Nappa y Raditz se preocupaban por ti, uh?

—Por supuesto. Sin mí, estarían muertos —corrigió Vegeta amargamente.

—Nah. En serio se preocupaban. —Gohan pausó mientras organizaba sus ideas, antes de preguntar—: Vegeta, ¿puedo preguntarte algo?

—No.

—¿Cómo era mi tío?

—¿Por qué? Está muerto —fue la franca respuesta.

—No lo sé. Sólo tengo curiosidad, es todo.

El príncipe suspiró contra su almohada. No sabía por qué le molestaba responder, pero calculó que quizá parte de él estaba agradecido de que el muchacho le hubiese regresado el favor y ayudado. No muchos se molestarían en hacerlo, mucho menos tomar el riesgo que Gohan tomó. Si todo lo que él quería a cambio era la respuesta a algunas de sus preguntas, entonces él podía seguirle la corriente. Igual sería sólo por hoy.

Vegeta, después de pensarlo un momento, finalmente respondió: —Era débil. Irascible. Insensato. No tenía estrategia en la batalla.

—¿No tenía nada bueno?

—Ninguno de nosotros era bueno, muchacho —dijo el príncipe con desprecio.

—Oh.

—Pero —añadió Vegeta un momento después— era leal. Ambos lo eran.

—Porque eran amigos.

—Porque era su deber. Nada más.

—No tiene que ser de mutua exclusividad.

—Los amigos son una debilidad.

—¿No somos amigos?

Hubo un gruñido amortiguado de puro desdén. —No, no somos amigos. Me robaste la esfera del Dragón en Namek, me fracturaste las costillas, casi matas a mi hijo, hiciste que quedara atrapado dentro de mis recuerdos por días, y luego evitaste que matara al idiota de cara cortada cuando pudo haber sido justificable hacerlo.

—Bueno, yo igual te considero mi amigo, Vegeta —admitió Gohan, mirando sobre su hombro hacia el príncipe.

—…Debí matarlos a todos cuando tuve la oportunidad… —murmuró Vegeta mientras se volteaba lentamente para acostarse de lado, dándole la espalda a Gohan y haciendo un débil ademán para despedirlo—. Fuera, y déjame en paz, muchacho.

—Está bien —cedió Gohan mientras se ponía lentamente de pie. Dejó las esposas que le había dado Bulma sobre la mesa de noche—. Ya no necesito estas. Prácticamente lo tengo bajo control.

—Hn.

—Gracias otra vez, Vegeta. De verdad aprecio la ayuda.

—Oh, me las vas a pagar todas, eso te lo garantizo —gruñó el príncipe. Tan pronto como los efectos de haber estado en el simulador pasaran, iba a hacerlo su compañero regular de entrenamiento por el próximo mes o dos. Era lo menos que podía hacer el muchacho.

Gohan no estaba del todo seguro de si le gustaba como se oía eso, pero igual se encogió de hombros. —Lo que digas. Que te mejores, ¿vale?

Vegeta no dijo nada. Se le había agotado el habla por esa noche. Guardó silencio mientras Gohan salía y cerraba suavemente la puerta detrás de él, antes de suspirar. Logró seguir el ki de Gohan por cerca de un minuto mientras él salía para encontrarse con Píccoro, quien seguía por los alrededores para asegurarse de que todo estuviese bien. Vegeta nunca lo admitiría bajo la peor tortura imaginable, pero estaba muy agradecido de que el Namek siguiera merodeando cerca del complejo. No que no confiara en Gohan, pero le daba ese peso extra de reconfirmación que su esposa e hijo estuviesen a salvo para que él pudiese descansar tranquilamente.

Con lo próximo que estuvo consciente, fue con una mano suave contra su frente unas horas después, antes de moverse a un lado de su cuello. Puso mala cara y se quitó la mano débilmente.

—Aléjate de mí, bruja endemoniada, antes de que intentes matarme otra vez —gruñó.

—Oh, deja de ser tan dramático. Tu temperatura corporal ya regresó a la normalidad. ¿Ves? Muy pronto, ya no tendrás que ocultar más servo-bots de mantenimiento de mí.

El frunce de Vegeta se hizo más profundo mientras se daba la vuelta para alejarse de su esposa y gruñía: —No tengo ni idea de lo que me estás diciendo.

Bulma bromeó. —Claro que no. Entonces, ¿hablaste con Gohan?

—¿Lo enviaste?

—Sí y no. Quería hablar contigo, así que le dije que viera si podías hacerlo.

—… De verdad estás intentando matarme.

—Entonces sí hablaste con él. —Bulma sonrió.

—El muchacho cree que somos amigos —gruñó. Habría puesto los ojos en blanco si eso no le causara mareos—. Tendrá suerte si no lo mato en los próximos días.

—Creo que el único con suerte en ese aspecto es Yamcha.

—Hn.

—¿Sabes que no va a venir al menos por un mes?

Vegeta se puso la almohada sobre la cabeza y procedió a ignorarla completamente, hasta que ella finalmente captó la indirecta y lo dejó solo. Cuando sintió que Bulma se marchó otra vez, se quitó la almohada mientras una sonrisa se formaba en su rostro. Al menos un mes, había dicho ella.

Bueno, por lo menos algo bueno había salido de todo esto.


Nota de Niteryde: Un Capítulo más. :O :) Ya casi terminamos.

04/05/2014