Antes de dejarles continuar con este capítulo, quiero mandar un gran saludo a Stefy, quien espero no sea la única lectora jajajaja Pero te agradezco mucho tus palabras, ya que me alienta a seguir escribiendo el saber que a alguien le interesa esta historia. De antemano te digo que tampoco quiero que Tim se meta en la OTP jajajajaja
Y bien, ahora veremos a unas mujeres muy interesantes.
Capítulo 9. Las Arpías
Durante el desayuno del día siguiente, Cassandra Cain llegó a la mansión Wayne, acompañada por Harper y, asombrosamente, Selina Kyle. Las primeras dos mujeres llevaban sencillas mochilas a sus espaldas, mientras que la otra, enfundada en un impactante vestido de tres piezas, se veía rodeada de un baúl, dos maletas de viaje y un bolso compacto. Alfred las saludó a todas con una sonrisa cortés, aunque Bárbara vislumbró una extraña conexión entre el mayordomo y la elegante mujer felina.
— ¡Hola, Alfred! —Saludó Harper con entusiasmo. Era la primera vez que visitaba el lugar por la entrada principal y no por la baticueva, y el cambio parecía venirle de maravilla. Llevaba su característico estilo punk con naturalidad y confianza; las perforaciones y el cabello corto color violeta y azul parecían ser su marca registrada.
— Kyle. —Bárbara no sabía cómo sentirse respecto a Catwoman, quien a pesar de todos los dolores de trasero que le dio en el pasado, era lo más cercano a la mujer de Batman.
— Gordon. —Por su sonrisa, era evidente que ella no tenía tantos conflictos internos.
Cassandra entró con las demás en silencio, comunicándose con el silencioso lenguaje corporal que su padre le había inculcado a la fuerza. Stephanie y Harper llegaban a tener algunas conversaciones con la muchacha, pero eran siempre breves y muy significativas. La reunión de todas las mujeres produjo un repentino sentimiento de confianza.
— ¿Dónde está Steph? —Preguntó Harper, recorriendo el inmenso recibidor de la mansión con la vista.
— La señorita Stephanie se encuentra ocupada en estos momentos. —Le explicó Alfred, mientras metía el equipaje se Selina. — Ayuda al amo Timothy en su… higiene personal.
Las tres recién llegadas compartieron una mirada sorprendida.
— ¿Tim volvió? —Inquirió Selina, dirigiéndose directamente a Bárbara.
— Sí, anoche… —admitió ésta—, pero no sabe dónde están los demás.
— Supongo que escucharemos la historia completa durante el desayuno. —Apostilló Harper, sin reparar en la expresión decepcionada de Selina. De pronto, arrugó la nariz con un sobresalto. — Momento, ¿soy la única a la que le parece sospechoso que Steph actúe como ayuda de cámara de Tim?
— Yo, sinceramente, prefiero no saberlo. —Musitó Bárbara con sequedad. Después de que Alfred acordara llevar el desayuno al comedor en breves instantes, ella condujo a las tres mujeres a dicho salón. Una vez acomodadas, continuó: — Tim no nos ha dado detalles desde que llegó anoche. Sé que Stephanie está preocupada por él y su estado de salud, pero a mí me resulta incomprensible; ha dicho "una historia muy larga", pero parece más relajado que un gato en la hierba.
— Bueno, no puedo negar que yo habría soltado todo apenas pisara la baticueva. —Admitió Harper con una mueca incómoda. — Pero quizás él todavía no está repuesto.
— La cuestión es, querida, que hay otros hombres valientes ahí afuera que necesitan nuestra ayuda. —Repuso Selina con seriedad. — Lo que Tim Drake vivió durante los últimos días podría sernos de vital importancia para encontrarlos. Estoy con Bárbara, esto es demasiado irregular.
— Entonces… —Concluyó Harper, dudativa— ¿Ver para creer?
Cassandra interrumpió a su compañera con un suave toque en el brazo, haciendo que mirara, como ella, en dirección a la entrada. Un muchacho moreno, que claramente no había alcanzado su máxima estatura, verificaba la hora en su muñeca mientras rodeaba la mesa para llegar a Catwoman. Una vez a su lado, le dedicó una mirada de respetó y besó el dorso de su mano con algo muy parecido al cariño.
— Selina.
— Damian Wayne, hace más de un año que no te veía. —Dijo la engañosa felina, observándolo de pies a cabeza. — Cada día te pareces más a tu padre.
— Me honra que seas tú quien me lo diga. —Admitió él con una ligera sonrisa. Igual que había sucedido con Alfred, observó Bárbara, Damian parecía reconocer algo en la expresión de Selina, y se hizo más evidente cuando la suave caricia se convirtió en un apretón reconfortante. — Y esta vez te prometo que lo encontraremos. A él, a Grayson y a Todd.
— ¿No es una promesa muy grande para tus manos? —Inquirió ella, ladeando la cabeza, aunque había un deje de ternura bajo la picardía de sus ojos.
— He crecido —dijo él, encogiéndose de hombros—, ahora en mis manos caben promesas más grandes. —La soltó y se sentó en un extremo de la mesa, encabezando la comitiva. De pronto volvía a ser el arrogante mandamás "Señor Wayne". — Muy bien, mis queridas arpías, todas saben que esta es una misión de rescate. Una que requiere precisión, determinación y…
— ¿Un don natural para los discursos? —Probó Bárbara, levantando una ceja.
— ¿Nos llamaste "Arpías"? —Dijo Harper, indignada.
— Iba a decir que necesitamos un agudo sentido de los detalles. —Repuso el muchacho, pasando de la chica de pelo violeta. — Por no decir que tendremos que dejar atrás muchas cosas que creemos saber.
— Drake. —Fue lo único que dijo Cassandra, tomando por sorpresa a las otras mujeres.
Damian, por otro lado, parecía complacido.
— Exacto.
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Stephanie ya había dejado un cambio de ropa sobre la cama cuando Tim salió del baño, limpio y sin la ridícula barba que le había quedado de los últimos días.
— Sé que es de Dick. —Dijo ella, de pie junto a la puerta. — Pero creo que a estas alturas serán más o menos de la misma talla. —"Además", pensó para sus adentros, "Damian se pondría furioso si te ofreciera su ropa o la de Bruce".
— No pasa nada. —Respondió él, restándole importancia. Llevaba toalla blanca en torno a su cintura y ocupaba otra para secarse el cabello. — Sólo creí que estarías desayunando con Bárbara.
— Iré después. —Aseguró con una sonrisa, encogiéndose de hombros. — Quería asegurarme de que estuvieras bien. Anoche te veías tan débil y pálido que por un momento temí que hoy no despertaras; estuve a punto de entubarte.
— Eso habría sido excesivo, Steph. —Rió él, dejando la toalla del pelo sobre el respaldo de una silla. — Pero… te lo agradezco. Ha sido difícil volver, estaba exhausto y un poco enfermo, si te soy sincero. Sé que Bárbara me está esperando abajo para que le cuente todo con lujo de detalle.
— Sí, bueno… —Stephanie deformó su sonrisa en una mueca incómoda, sintiéndose un poco culpable con su amiga. — Está muy preocupada por los chicos, por Bruce. Sé que quiere solucionar esto lo antes posible, ¿y no es lo que todos queremos?
— Sí, claro. —Respondió Tim, pero la rubia no pudo ignorar el sarcasmo en su voz. — Ella está preocupada por Jason y Bruce, eso es obvio, pero tanta desesperación se debe única y exclusivamente a Dick. No lo dudes.
— Eso es injusto y lo sabes. —Le recriminó ella, sorprendida de sus palabras.
— Si hubiese sido Dick quien volviera anoche —replicó él con amargura—, Bárbara no tendría tanto apuro en que hablara. Lo dejaría descansar y luego lo escucharía con infinita paciencia, creyendo cada una de sus palabras.
— Que es lo que yo estoy haciendo contigo. —Le recordó Stephanie con sequedad.
Por un momento pareció que Tim volvería a decir algo hiriente, pero entonces se tragó sus palabras y se volvió hacia ella, derrotado.
— Sí, tienes razón. —Se le acercó hasta que la distancia entre ambos fuera apenas decente. — He pensado en ti día y noche mientras estaba en esa bodega. Ni el hambre ni la sed me atacaron tanto como tu recuerdo; sólo quería… —Sacudió la cabeza, tomando el rostro femenino entre sus manos. — Sólo quería besarte. Quiero hacerlo.
— ¿A pesar de las circunstancias? —Preguntó ella con voz débil.
— Nunca me han importado mucho las circunstancias. —Rió él con toda la intención de tomar sus labios, pero entonces, ella se apartó.
— ¿Qué? —Stephanie lo miró detenidamente, tratando de encontrar algún rastro de ironía en Tim, pero sólo vio un rastro de confusión. ¿Estaba jugando con ella?
— Steph, deja de pensarlo tanto. —Le oyó decir mientras tomaba sus brazos. Su cercanía era cálida, familiar… pero había algo que no encajaba. — Hemos tenido tantas oportunidades… No quiero perderte de nuevo.
Stephanie no podía imaginarse palabras más hermosas, palabras que sólo había escuchado en esos sueños donde añoraba a Tim, donde deseaba creer que él pudiese necesitarla tanto. Pero siempre había despertado sola, se obligó a recordar, disipando las fantasías y conformándose con una realidad en la cual su relación con el inteligente petirrojo jamás llegaría a una conclusión.
— Llevo tanto tiempo esperando esto… —Susurró, destrozada por su sonrisa. — Pero tengo que aceptar que lo nuestro nunca ha funcionado, Tim… y dudo que funcione. Lo siento.
— ¿365 días han sido demasiado para ti, Steph? —Gruñó él de pronto, ejerciendo más presión en su agarre, hasta que le hizo daño.
Sorprendida por aquel cambio de actitud, la rubia recordó la noche en la que Tim y ella discutieron sobre el mismo tema. Él había puesto su trabajo por encima de todo, y ahora quería echarlo todo por la borda; él había recordado el número exacto de días que habían pasado separados, y ahora…
— ¿Quién demonios eres tú? —Espetó con incredulidad. Vio con horror que una sonrisa ascendía lentamente por su rostro.
— Me pregunto cuántas veces me han hecho ya esa pregunta.
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Harper no conocía demasiado a Damian Wayne, pero le impresionaba su capacidad para dominar a las masas. Especialmente cuando las masas eran, en su conjunto, un grupo de mujeres letales. En menos de media hora había expuesto con la más absoluta calma la razón por la cual Tim Drake era, a esas alturas, el primer sospechoso de la desaparición de Richard Grayson y Jason Todd.
— Interrogarlo será sólo una medida preventiva. —Aclaró cuando Alfred les llevó el desayuno. — No me fío de su palabra, aunque seguramente Brown le crea cada mentira que salga de su sucia boca.
— Damian, ¿no te has puesto a pensar que acusar a Tim de algo así sin pruebas pueda ser peligroso? —Le advirtió Bárbara.
— ¿Lo dice la mujer que inspeccionó de punta a punta la motocicleta en la cual llegó Drake anoche? —Replicó él con mala cara. Las otras féminas miraron a Bárbara al oír aquello, pero ella no mostró vergüenza alguna.
— Sospecho de él tanto como tú. —Admitió la pelirroja. — Pero no podemos olvidar de quien estamos hablando. Tim Drake fue Robin antes de que tú llegaras; fue pupilo de Batman y nos salvó el trasero en muchas ocasiones. Desconfiar de él nos lleva a la inevitable conclusión de que no podemos confiar en nadie.
— Bueno, Gordon, yo te llevo mucha ventaja en eso. —Atajó el menor con una sonrisa altanera.
— Damian tiene un punto importante aquí. —Intervino Selina. — Si Drake está ocultando algo, y a todas luces es así, no puede ser nada bueno.
— Claro, porque Batman siempre fue el hombre más accesible y honesto del planeta. —Bufó Harper sin poder evitarlo.
— Si fuese Batman quien estuviera en el lugar del chico, no dudaría en atarlo boca abajo para que confesara todo. —Le aseguró la mujer con una sonrisa burlona. — Se puede confiar hasta cierto punto en ciertas personas, pero engañarse a uno mismo en honor a esa confianza me parece demasiado estúpido.
Damian no podía estar más de acuerdo, y creyó saber por qué su padre estaba loco por ella.
— De acuerdo. —Suspiró Bárbara, pasándose una mano por la espesa melena rojiza. — Ya hemos discutido todo lo que podíamos discutir… aunque me duela decirlo, habrá que tomar acciones en contra de Tim, si está mínimamente implicado en…
De pronto, un grito agudo la hizo callar, y a éste le siguió el característico sonido de una pelea. Todos menos Bárbara se pusieron de pie, pero fueron Damian y Cassandra los que llegaron más rápido al segundo piso, desde el cual provenía la inconfundible voz de Stephanie.
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No recordaba nada que tuviera peor sabor, nada que fuera tan desagradable. El hombre que hasta hacía sólo unos minutos le parecía el sujeto más irresistible, ahora era todo lo contrario. Tim, o quien quiera que fuera, la había acorralado contra una esquina de la habitación y había recorrido su cuerpo con las manos, igual que lo habría hecho un vulgar criminal. La obligó a besarlo, metió su lengua en su boca. Y ella lo golpeó tan fuerte en la nariz que hizo brotar un chorro de sangre.
— ¡Serás zorra! —Gritó él, furioso. Stephanie apenas tuvo tiempo de esquivarlo cuando él hubiese cogido unas tijeras. Nada en su rostro revelaba la gentileza de Tim Drake, aunque sus movimientos eran tan ágiles como el ex Robin. Después de violentas piruetas a lo largo de la habitación, el pelinegro pudo cogerla del brazo, lanzándola con tanta fuerza contra la cómoda que la rubia no pudo levantarse. Sonriendo, él se acercó y se acomodó entre sus piernas, tomándola por las muñecas con tanta fuerza que la hizo gritar. — Follarme a la amiguita de Batman, ¡eso sí está mejor! —Exclamó entre carcajadas.
Justo cuando el imitador de Tim tiraba de sus pantalones, la puerta se abrió con un chasquido y, de un momento a otro, ya no lo tenía encima. Stephanie inhaló torpemente, como si se hubiese estado ahogando, y fue auxiliada por Cassandra para incorporarse.
— Cass. —Susurró, conmocionada, antes de abrazarla con fuerza. La pelinegra correspondió con gesto protector, sin mediar palabra.
Tras escuchar el característico crujir de los huesos rompiéndose, Steph levantó la vista hacia Damian, que se había lanzado con todo sobre el falso Tim. Muy en contra del entrenamiento que había recibido, el muchacho desahogaba toda su furia contra el imitador, golpeándolo y rompiendo cada una de sus extremidades.
— Damian… —Quiso llamarlo la rubia, pero el muchacho no la escuchaba.
Fue Selina quien detuvo al hijo de Batman, apresándolo contra la pared. Stephanie vio que la madura mujer le susurraba algo, pero no pudo oír qué era. Tras lo que pareció ser una eternidad, Damian desistió y bajó los puños. Su expresión era más siniestra de lo que ella hubiese visto jamás.
— No era Tim… —Fue lo que pudo decir. Sintió la mano de Cassandra recorriendo su espalda.
— Ciertamente. —Dijo Selina, mirando con fría repugnancia el cuerpo inerte del imitador. — Si no está muerto, me gustaría hacerle algunas pruebas. Quizás Bárbara y Alfred pudieran ayudarme en la baticueva.
— Haz lo que tengas que hacer. —Accedió Damian, pasando de todas las mujeres y saliendo del cuarto. — Pero quiero que lo mantengas con vida. Cuando vuelva, yo mismo lo mutilaré. —Prometió suavemente antes de desaparecer.
Harper, que iba llegando en esos momentos, se hincó junto a Cassandra y Stephanie.
— Que mocoso tan encantador.
— Lleven a la pequeña Batgirl a su recamara, niñas. —Les pidió Selina, dándoles la espalda. Tenía demasiado interés en el imitador. — Los grandes tenemos trabajo que hacer.
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Harper insistió en acompañar a Stephanie mientras ésta tomaba un baño, y ella no opuso resistencia dado que temía quedarse dormida por el calor del agua caliente. Todo era demasiado frenético para procesarlo sola, y temía que de un momento a otro cometiera una locura por su cuenta. Las desventajas de ser impulsiva en momentos así, eran obvias.
Cassandra también se hallaba presente, sentada junto a la bañera con un silencio acogedor. Stephanie adoraba aquellos ojos castaños, claramente orientales, que la miraban con todo el sentimiento acumulado.
— Es increíble que algo así suceda. —Masculló Harper para sí misma, apoyada contra la pared y cruzada de brazos. Casi parecía un perro guardián. — Puede que se tratase de un robot, como en las películas donde suplantan identidades, y…
— No. —La cortó la rubia, encogiéndose la bañera. — No era un robot. Tomé sus signos vitales cuando llegó. El estómago le gruñía. Apestaba como sólo un hombre puede apestar.
— Entonces… ¿Control mental?
— No era Tim. —Insistió ella con el ceño fruncido. Sólo se relajó cuando Cassandra le acarició la rodilla que le sobresalía del agua. Suspiró. — No sé quién era ni cómo rayos era idéntico a Tim Drake, pero si tenía sus recuerdos, parecía tener algunas lagunas mentales…
— ¿Cuánto tiempo? —Preguntó de repente Cassandra, para sorpresa de las otras dos. Generalmente sólo hablaba cuando la palabra era de suma importancia.
Stephanie lo pensó.
— Actuaba como el Tim de toda la vida… pero eso es lo raro. Después del último año, cuando Red Robin apareció para salvarme, actuaba diferente… más frío, reservado. Dijo algunas cosas que, hoy, parecía no recordar en absoluto.
Cassandra frunció el ceño con una mueca propia de ella cuando se concentraba. Harper la miró, divertida, encogiéndose de hombros.
— Después de conocer a Batman, estas cosas ya no deben sonar tan extrañas. —Suspiró largamente y alzó la mirada al techo.
— Dos. —Dijo Cassandra, mirando directamente a Stephanie. Al principio, a la rubia le fue difícil entender a su amiga. — Imitador. Dos.
— ¿Dos imitadores? —La rubia abrió los ojos con sorpresa cuando la otra asintió. Harper también se mostró conmocionada. — Eso explicaría la falta de congruencia, pero significa…
— Que pueden haber cientos de Tims en Gotham. —Concluyó Harper, horrorizada. — Dios, el mundo apenas está preparado para uno de ellos.
— Dick y Jason investigaban el caso de cerca. Tal vez hallaron algo. —Musitó Stephanie, pensativa. — Si seguimos la pista del falso Tim, quizás podríamos dar con ellos.
— Y con Batman. —Añadió Harper, y las tres muchachas se miraron con esperanza.
