Capítulo 9: El color de los héroes.

–Dos semanas ya…

Dos semanas habían pasado desde que esos tres niños entraron en su casa, y en todo ese tiempo las cosas simplemente no mejoraban. Realmente estaba intentándolo, con todo su empeño, buscando día a día la forma de acercarse a ellos, de cumplir su sueño de ser la hermana mayor. Sueño egoísta si lo pensaba bien…

Había esperado que el espíritu navideño ayudara, que fueran capaces de compartir con su nueva familia algo de ese cariño que sólo se demostraban entre si… Pero esa fecha había pasado como un día cualquiera, o peor aún ya que la pasaron solos, cada uno en su habitación sin importarles la cena navideña o los regalos que Santa les dejó bajo el hermoso árbol que ninguno quiso decorar con ella.

Todas las actividades que se le ocurrieron para acercarse a sus hermanos durante ese tiempo habían fallado miserablemente, algunas terminaban con uno de ellos molesto, llorando o huyendo, otras simplemente les eran indiferentes y no se prestaban a jugar, y las pocas que parecieron atraerles tampoco habían salido bien… Como esa vez que jugaron al "Dígalo con mímica", y ninguno de ellos entendió el chiste del juego, ya que Kousuke adivinaba todas las palabras al instante.

Ese día descubrió que su hermanito peli-negro podía leer la mente… O algo así le explicaron sus padres cuando corrió a contarles acerca de la habilidad del pequeño… Y no sólo era él, su hermana podía desaparecer de la vista de cualquiera y pasar así durante horas, y su otro hermano sólo sabía mentir, aunque esta última no le parecía una gran habilidad.

Le dijeron que se trataba de algo relacionado con esos ojos rojos que ellos tenían, pero no lo entendió bien, sólo le quedó claro que no debía contárselo a nadie fuera de la familia o los niños tendrían muchos problemas.

Se levantó de su cama, apenas había despertado minutos atrás, pero tanto pensar en esa situación ya la había agotado, y luego de arreglarse un poco, bajó a la cocina.

–Hola mamá– la saludó sonriendo, pese a ello su tristeza no pasó desapercibida para Ayaka.

–Buenos días Ayano… Sigues preocupada por ellos, ¿verdad?– le preguntó dejando de hacer el desayuno por un momento para dedicarle toda su atención a su hija.

–Lo he intentado todo…– murmuró después de asentir –Creo que me daré por vencida…

–Ayano…– su madre caminó hacia ella secando sus manos –Tú no eres así… No eres el tipo de chica que se rinde fácilmente…– aseguró poniendo las manos en sus hombros.

–Es que…– exhaló tristemente –Siento que mis intentos han dañado su relación…– confesó con angustia obteniendo la mirada sorprendida de su madre –Cuando llegaron no se separaban, pero ahora están distantes de todo… Apenas si hablan entre sí…

Ayaka no quiso reforzar las sospechas de su hija contándole que ella también sentía como los tres niños se marchitaban poco a poco, como si estar en esa casa les hubiera quitado todo lo que su vida en el orfanato no pudo –Lidiar con niños no es fácil… Lamento no poder ayudarte, ya te dije todas las ideas que se me han ocurrido, pero tal vez conozcas a alguien que tenga hermanitos y pueda darte un consejo…

–Alguien que tenga hermanos…– murmuró pensativa –¡Si, si hay alguien!– asintió recobrando algo de esperanza –¡Creo que tiene una hermana de la misma edad que ellos!

–¡Pero qué conveniente! Entonces inténtalo de esa forma– le sonrió.

Esa misma tarde llamó a esa persona.

–Por favor necesito que vengas mañana a mi casa… Si, si es muy necesario– asintió mientras los niños sentados en silencio la observaban –Jeje… lo siento si es una molestia… Te lo recompensaré de alguna forma… ¡Pero pensaré en algo!– Luego de unos intentos más logró convencer a esa persona y colgó el teléfono girándose para encarar a los tres –Mañana tendremos una visita muy especial– les aseguró sonriendo ampliamente recibiendo como respuesta esas miradas vacías de sentimiento… Odiaba que la vieran de esa forma.


Los tres niños estaban sentados en el sofá grande en silencio observando a esa persona cuya visita emocionaba tanto a Ayano. Mientras que esa persona sentada frente a ellos, a un lado de ella... Simplemente estaba ahí viéndolos sin expresión en su rostro.

–¿Podrías decirme de nuevo qué esperabas que sucediera?– le preguntó él volteando a verla.

–Shintaro, tú tienes una hermana pequeña, ¿verdad?– le preguntó sonriendo nerviosamente al ver que su plan se iba a pique –Sabes como tratar a los niños, ¿no?

Lo vio levantar una ceja –¿De verdad me ves cara de buen hermano?

–P-Pues…– tal vez había cometido un error –Yo creo que tu hermanita debe quererte mucho– aseguró.

–De nuevo te equivocaste– comentó tranquilamente volviendo a mirar a los niños –. ¿Has intentado llevarlos a un parque o una feria?

–N-No les gusta demasiado el exterior… Ni los lugares con muchas personas…

–¿Juguetes?

–No les interesan…

–¿Películas?

–Tampoco…– aún recordaba el desastre cuando puso el DVD de Bambi.

–¿Dulces?

–¡No puedo entretener niños dándoles dulces!– exclamó frustrada –Además les saldrán caries.

–Al menos se mantendrán callados mientras tengan la boca llena…– se encogió de hombros.

–¡No quiero que estén callados! ¡Quiero que lo pasen bien!– no solía molestarse con facilidad, pero la situación actual sumada a la actitud de Shintaro estaban sacándola de sus casillas.

–No puedes obligar a nadie a pasarla bien…– murmuró él dejándola sin palabras.

¿Obligarlos...? ¿Eso estaba intentando hacer? Esas palabras la hicieron sentir aún peor, él tenía esa increíble habilidad para hacer sentir mal a los demás muy fácilmente –Creo… que tienes razón… Lamento haberte hecho venir para esto…– murmuró sin atreverse a mirarlo a él o a los niños.

–Si no necesitas algo más de mi, me voy– avisó poniéndose de pie.

–Gracias por venir… Nos vemos en la escuela…

–Si, hasta pronto– se despidió y se marchó.

Sumergida en su depresión ni siquiera intentó acompañarlo. Tiempo después sabría que seis meses antes su padre había muerto por salvar a su hija, y él se sentía el peor hermano del mundo por no haber sido capaz de apoyarla en esos momentos. Definitivamente esa había sido una mala idea, pero él era tan reservado que nunca pudo imaginarlo.

–Lo siento…– murmuró una vez más a los niños aunque sin levantar la mirada, y se fue también, dejándolos solos en la sala.

Tres miradas fugaces se cruzaron…


El último día del año había llegado, esa noche toda la familia salió al jardín para disfrutar de los fuegos artificiales, fue la primer vez que vio una pequeña sonrisa sincera en el rostro de esos niños.

El día siguiente las hojas y los crayones regresaron, pero esta vez dibujaron las luces que vieron la noche anterior, y en esta ocasión todo salió bien… Esa noche se durmió con una sonrisa, luego de mirar una vez más los tres hermosos dibujos que ellos realizaron, ahora descansando en ese panel de corcho de su habitación donde colgaba todos los recuerdos bonitos. El año había comenzado bastante bien, seguramente era un buen augurio.


Esa mañana bajó a saludar a su madre como siempre.

–Buenos días mamá– la abrazó por la cintura con una sonrisa.

–Buenos días cariño, estás muy feliz hoy– comentó la mujer respondiendo el abrazo.

–Si, creo que las cosas están mejorando– aseguró ella separándose para sonreírle aún más.

–Me alegra muchísimo escuchar eso… ¿Por qué no vas a despertar a tus hermanos? En un minuto saldré a comprar unas cosas, estaré para la hora del almuerzo, el desayuno ya está servido, confío en que puedas ocuparte de ellos un rato.

Ayano asintió –Si mamá, ve tranquila– y corrió a la habitación de Tsubomi.

Pero al llegar notó la puerta entre-abierta, y voces saliendo desde dentro. Sabía que no estaba bien espiar, pero miró por la apertura intentando no hacer ruido para no ser descubierta.

–¡¿Por qué me dan regalos?!– escuchó decir a Tsubomi viendo la piedrita con forma de corazón que le ofrecía Kousuke y la flor amarilla que Shuuya tenía en su mano.

–¡Porque es tu cumpleaños!– exclamó Kousuke –En los cumpleaños se regalan cosas, ¿verdad?– preguntó viendo a su amigo quien negó con una sonrisa de oreja a oreja –Él dice que si– lo señaló.

–Sólo es una fecha… no es importante…– murmuró Tsubomi.

–¡Claro que no lo es!– aseguró Shuuya antes de darse un puñetazo muy fuerte en el rostro ante la expresión asustada de los otros dos –¡Quise decir que si es importante porque hoy festejamos que tú naciste!– explicó mientras Kousuke asentía muchas veces.

–Gracias…– susurró ella con lágrimas en los ojos y ellos la abrazaron exclamando un "Feliz cumpleaños" bastante bien sincronizado.

Se alejó unos pasos de la puerta con una mano en su pecho.

Cielos… ¡Lo olvidé por completo!– pensó sintiendo el peso de la culpa.

Dos de enero, sus padres se lo habían dicho unos días atrás… ¿Qué clase de hermana mayor olvida los cumpleaños? Estaba pensando en huir de la ciudad, meterse a un templo budista, y dedicarse a orar lo que le quedara de vida por tan gran error, cuando Tsubomi abrió la puerta y se quedó viéndola sorprendida por encontrarla ahí.

–¡Ahh! Ho-Hola…– la saludó forzando una sonrisa –Venía a despertarte... ¡Y saludarte por tu cumpleaños por supuesto!– sonó tan forzado, nunca había sido buena mintiendo.

–Gracias– fueron las débiles palabras de Tsubomi, quien llevaba la piedrita en una mano y la flor en la otra.

–¿Esos fueron tus regalos?– le preguntó obteniendo un asentimiento –Si pones la flor en agua durará mucho más– le recomendó.

–Tienes razón– volvió a asentir Tsubomi corriendo por el pasillo hacia las escaleras.

Una vez que su hermana se perdió de vista ella exhaló tristemente.

–Tsubomi no se enojará por eso– escuchó la voz de Kousuke quien junto a Shuuya la miraban.

Por estúpido que pudiera resultar, en ese momento comprendió las consecuencias de tener un hermanito que lee la mente.

–Soy una hermana horrible… lo sé…– murmuró poniendo una mano en su rostro.

El sonido de pasitos apurados por la escalera seguido del de un vaso rompiéndose la sacó de sus pensamientos y antes de darse cuenta tanto ella como sus hermanos estaban corriendo hacia el lugar del cual se escuchó el grito de la niña. Era más grande y rápida que los demás, por lo que fue la primera en llegar al pie de la escalera y levantar a Tsubomi quien había caído sobre el vaso.

–Tranquila…– le susurró abrazándola mientras tomaba el bracito cortado y con vidrios incrustados sin saber bien qué hacer.

Las lágrimas caían por el rostro de su hermana, ella intentaba no quejarse o sollozar pero claramente estaba muy adolorida, y ahora se daba cuenta del tajo en su mejilla.

–¡PAPÁ! ¡MAMÁ!– gritó asustada, sus padres eran quienes curaban sus heridas cuando pequeña, pero nadie respondió, entonces recordó que su padre trabajaba en el colegio ese día y su madre acababa de salir.

Estaban solos en la casa... Tsubomi herida, Kousuke llorando asustado, Shuuya estático en su sitio sin decir palabra, y ella abrazando a su hermana sin saber qué hacer...

¡Era hora de comportarse como una hermana mayor!

–¡Shuuya! ¡Trae el botiquín del baño!– le pidió consiguiendo que el niño reaccionara y corriera a cumplir con su pedido –Kousuke, ven conmigo, vamos al sofá– le indicó poniéndose de pie con Tsubomi en brazos y caminando hacia la sala –Ten cuidado con los trozos de vidrio, no vayas a pisarlos.

Él asintió y siguió a sus hermanas con cuidado, una vez que Shuuya llegó con el botiquín ella se dispuso a curarla. Podría decir que le dolía más a ella cada trozo de vidrio que retiraba de la piel de su hermanita, le partía el alma escuchar esos gemidos reprimidos que salían de ella cuando desinfectaba sus heridas antes de vendarlas, sin embargo luego de varios minutos terminó.

Limpió la escalera con cuidado, debía quitar cada fragmento de vidrio para evitar otro accidente, mientras ordenaba escuchaba las voces de sus hermanos desde la sala.

–¿Te duele?– ese era el inconfundible tono de voz risueño de Shuuya.

–Un poco...– murmuró Tsubomi –Por favor Kousuke, ya no llores, estoy bien...

–Es... que me asusté mucho– podía escucharse los sollozos del niño.

–Kousuke es un tonto– escuchó decir al otro niño.

–Puedo golpearte con mi otro brazo– le advirtió Tsubomi.

–¡No me das miedo jajaja!

–¡Por favor no peleen!

Sonrió para si misma, escucharlos gritar y reír la llenaba de felicidad y orgullo... Orgullo porque ahora si se sentía como la hermana mayor.


Pero nada dura para siempre, y la situación volvió rápidamente a ser la de antes, así que pocos días después estaban nuevamente en la sala... Los tres niños sentados en el suelo en silencio y ella intentando animarlos de alguna forma.

–¿Tampoco quieren cantar...?– preguntó finalmente sentándose en el piso resignada –¿Por qué no pueden actuar como niños normales...?– pensó tristemente.

–Porque... no lo somos...– murmuró Kousuke –No somos niños normales...– aclaró luego de que ella lo viera confundida.

–¡Y-Yo no quise decir eso...!– exclamó, nuevamente había metido la pata.

–Pero es verdad...– esta vez fue Tsubomi quien habló.

–Somos monstruos...– declaró Shuuya viéndola fijamente con sus ojos brillando en ese rojo intenso, y esta vez... no era una mentira.

–¡E-Eso no es verdad!– negó de inmediato, pero algo en esos tres pares de ojos rojos que la observaban la hicieron callar.

–Estos ojos... nos hacen monstruos...– sollozó Kousuke.

–No entiendo por qué nos trajeron aquí, estábamos bien en el orfanato...– murmuró Shuuya.

–Sólo le estamos causando problemas a Ayano y sus padres, no deberíamos estar aquí como si fuéramos niños normales...– fueron las palabras de Tsubomi.

–¡Eso no es verdad!– se puso de pie de inmediato –¡Ustedes no son monstruos y el rojo de sus ojos es lindo!

–Odio el color rojo...– dijeron los tres en perfecta sincronía.

Se quedó unos segundos viéndolos, tomando consciencia de lo que estaban sufriendo esos niños... Alguien les había inculcado que no eran normales, que eran monstruos... Y mientras ella intentaba animarlos sólo los hacía sentir peor, ya que ellos la veían como alguien a quien le causaban problemas.

–¡No deberían!– exclamó finalmente sonriéndoles y corrió a uno de los estantes tomando unos tomos de comics viejos –¡El rojo brillante es el color de los héroes!– aseguró poniendo las revistas en el piso frente a ellos, en todas se veían súper-héroes en cuya vestimenta predominaba el color rojo.

–¿Héroes...?– preguntó Shuuya gateando hasta una de las revistas para verla más cerca.

Kousuke la miraba con una pizca de emoción en su rostro, pero Tsubomi continuaba reticente, viendo los tomos frente a ella sin decir palabra.

–¡Los héroes son fuertes y tienen poderes como ustedes!– continuó contándoles.

–¿Poderes?– preguntó Kousuke cada vez más emocionado –¿Crees que somos fuertes?– ella asintió sonriéndole.

–¿Mentir es un poder?– preguntó Shuuya.

–Ehh... si... ¡Si que lo es!– asintió sin creerlo realmente, pero eso ahora no importaba –¡Ya lo sé!– gritó con tanta emoción que los tres dieron un salto asustados –¡Ya regreso no se muevan!

Sin esperar respuesta corrió a su habitación y tomó una bufanda roja, su padre se la regaló por su cumpleaños, pero nunca la usaba porque era demasiado grande y llamativa, sin embargo en esta ocasión era perfecta.

Apareció frente a ellos con la bufanda ajustada en su cuello tal como uno de esos súper-héroes haciendo incluso una de sus poses de batalla.

–¡Hey, mírenme! ¡Parecemos una organización secreta!– Exclamó observando satisfecha esa mirada de emoción en el rostro de los tres...

Entonces si había algo... Una cosa en el mundo que era capaz de emocionarlos... Pero no podía quedarse allí o todo acabaría quedando en la nada como sus otros intentos.

Se arrodilló frente a ellos viéndolos con complicidad –Este será nuestro secreto...– les susurró –No debemos decírselo a nadie– acompañó estas palabras con el clásico gesto de poner el dedo índice frente a sus labios –. Shh...– susurró viendo como ellos asentían e imitaban el gesto.

Esa tarde a escondidas de sus hermanos abordó a su padre.

–¡Papá sé que es tarde pero necesito algo de dinero y que me lleves al centro comercial ahora!– le resultó muy graciosa la cara que puso su Kenjiro, ella no era el tipo de niña que pidiera cosas y menos que quisiera molestar a sus padres por un antojo.

–¿Es muy urgente, Ayano? Papá está cansado... y mantener tres bocas más va a dejarme en la ruina.

–¡Si lo haces no le diré a mamá sobre el experimento fallido que resultó ser ácido, derramado sobre sus rosas favoritas!

–¡¿Cómo sabes eso?!– chilló aterrado –Está bien... me tienes...– murmuró derrotado tomando su abrigo y billetera.

El día siguiente los tres agentes secretos recibieron sus uniformes, tres sudaderas que no tenían nada de particular, sólo que las tres eran diferentes y cada una representaba un poco la personalidad de sus hermanos... No había encontrado nada mejor en el centro comercial, sin embargo para ellos significaban mucho... Se notaba claramente en sus rostros...

Una de ellas púrpura, sus colores eran vivos y vibrantes, perfectos para encontrar más fácilmente a su hermanita. La otra completamente blanca, ideal para el niño más sincero y puro que hubiera conocido. Y la tercera negra con puntos blancos y sus colores invertidos del lado del revés, como su hermano que por dentro era totalmente diferente a lo que demostraba en el exterior.

–Ayano, por favor encárgate de regar las plantas de la casa– le pidió su madre desde la cocina.

–Ohh... parece que tenemos nuestra primer misión– le dijo a sus hermanos quienes asintieron emocionados.

–Shuuya y Kousuke encárguense de la planta baja, Tsubomi y yo nos ocuparemos del piso de arriba– sugirió, de alguna forma se había auto-proclamado la comandante de esa organización secreta, sin embargo a ninguno de ellos parecía molestarle.

Después de esta vinieron muchas otras misiones, misiones que no hacían más que unirlos... Disfrutaba profundamente de conocer a sus hermanos, sus personalidades, su gustos e intereses.


Una de esas noches lograron finalmente ver una película juntos. Era algo tarde así que Kousuke se quedó dormido con la cabeza en su regazo, Tsubomi y Shuuya se habían dormido juntos, recostados hombro con hombro. Sonrió al verlos en esa actitud tan tierna mientras acariciaba el cabello de Kousuke.

–Te quiero, hermana...– murmuró él aún dormido acomodándose mejor en su regazo.

Si eso no era la felicidad... ¿Qué lo era...?

Continuará.

Hola gente... Perdón por la demora y el capítulo tan corto... Fue bastante más complicado para mi que los anteriores y quedó bastante peor también. Quería representar bien como los pequeños se sentían incómodos en esa casa "normal" con esa hermana que intentaba alegrarlos cuando sólo le causaban problemas. Pero me topé con que la mente de Ayano al contrario de lo que se pudiera pensar es bastante... compleja.

Por otra parte agradezco los comentarios, respecto a lo que pregunté en el anterior me topé con la sorpresa de encontrar dos respuestas opuestas... Así que me quedé en las mismas, estuve averiguando y en los lugares que encontré una cronología dicen que Seto conoce a Mary antes que Ayaka muera, así que supongo que me guiaré por ella. (Aunque me gustaba más la otra opción).

Ahora si paso a responder comentarios:

Jeffy Iha: Hola, y si, a mi también me molesta ese cuento... No sé, el príncipe es un idiota, ¿no podía recordar el rostro de la chica de quien se enamoró? Me caían bien las hermanastras... u.u. Creo que de los tres Seto es el más adorable y adoptable, y ellos sólo querían uno para sus estudios, pero son buena gente así que terminaron adoptándolos a todos. Menos mal que no eran las 10 serpientes las que estaban en el orfanato... Eso habría sido gracioso. Respecto a los chicos del orfanato... No sé si llamarlo hipocresía... creo que al cara de sapo le terminó gustando la fantasmita... No sé... son hipótesis mías. Y los niños son sinceros... Supongo que si se comportaron así es porque así lo sintieron en el momento... Muchísimas gracias por el comentario. Saludos.

Anónimo: Muchas gracias por la información, igual estoy casi segura de que quien muere cuando ellos tienen 14 es Ayano, Ayaka muere un año antes así que ellos tendrían 13. Pero de todas formas sí es luego del encuentro con Mary.

Yin-princesa-del-olvido: Si, los niños son inocentes y por más que se dejen llevar en sus "juegos", a la hora de la verdad saben lo que realmente es importante. En este capítulo como esperabas Ayano logró ganarse el cariño de sus tres hermanos, me hubiera gustado que quedara más dulce, pero no fue un capítulo fácil. Y respecto al tema de Mary en los dos lugares que averigüé fue antes de la muerte de Ayaka, me gustaba más tu teoría, pero no puedo ir tanto contra el canon... Un poquito si, pero ya me enteré de que fue después así que así será. Besos y muchísimas gracias por el comentario.

Espero que hayan disfrutado del capítulo.

Próximo capítulo: El poder de salvar corazones -Seto-

Gracias por leer.

Trekumy.